Big sur

Un último tranvía surgido de la penumbra me invita a subir para llevarme a casa. Un libro bajo el brazo que abro en su interior cómodamente sentado y dispuesto para el viaje. Buena luz en el interior del vagón para crear contraste con la neblina de fuera.

Los que han fracasado no han ganado.


O se practica la vida perfecta o se fracasa.


Big sur y las naranjas de El Bosco es el libro para este viaje por la ciudad. Henry Miller vivió en Big sur alguna de las amargas experiencias de su vida, hoy el autor de su historia recuerda que alguna de esa vida de amargor también se la hace recordar a sus lectores cuando piensan en Cástulo y en esas prendas que nunca se desprendieron. Con Henry Miller es como si tuviese algo ya en común, escribir sobre cómo nos las arreglaríamos para mantenernos a flote.

Hay que vivir retirado para comprender esa verdad.


Ahora es el momento de contar tu vida en Big sur.

Cuando el convoy inicia su descenso por Bernabé Soriano vuelvo a pensar en Cástulo y su recuerdo convertido en vida escrita, pienso que cuando escribimos no buscamos beneficio alguno, sólo mero testimonio que sirva de terapia. En ese encierro extraño nos quedó a los dos unirnos al culto del sexo y de la anarquía, otra cosa no servía, quedarte esperando y no sucumbir al arrojo.
Big sur es demasiado filosófico, lo narra el autor en primera persona, suficiente para vivirlo de jueves tarde a lunes tarde, hoy por fin lo voy a cerrar en pleno viaje. Vivo el laberinto de Henry Miller como si fuese el mío, deprimente todo, no hay salida fácil, su interior se profundiza en sí mismo hacia un imaginario núcleo con cada vez menos opciones de salida, la única carta que nos queda es elegir entre lo inane o lo dañino, esto último atrae más, ese incesante revoloteo y contoneo te sube la libido, la mirada te destroza, imposible vivir en ambos términos de paz y soledad, mejor no hacer caso a Miller.

Si existe una necesidad auténtica, será satisfecha.


Creo que por aburrimiento me enseñará los dientes, pero no, es puro hielo, perpetuamos durante el día y se perpetúan éstos junto con sus semanas, nos convertimos en un extraño animal para vagabundear permanentemente a su alrededor, la habitación es el transformado campo de batalla de una cruenta guerra silenciosa, para colmo a los dos nos gusta la lectura, no es una religiosa de los pies a la cabeza como a la que le gustó interpretar cuando era actriz de reparto el papel teatral de ser su mejor amiga.
Repetir y repetir la misma desdicha, la culpa es de los libros y del deprimente estilo literario que busco últimamente. Cuando llego a la estación me bajo, por el tiempo transcurrido absorto en la lectura me siento trasladado desde Big sur.

10 comentarios:

Miquel dijo...

No se si escribiendo como él nos las arreglariamos, yo me conformo con leerlo...

Kay dijo...

Me gustaría leer este libro, parece interesante...

Lola dijo...

Me gusta llevarme trocitos de ti de viaje hsta Pasos Adelante... "Si existe una necesidad auténtica, será satisfecha"

Wilhelm Kay dijo...

Toda la razón en que mejor no hacer mucho caso a Miller.
Saludos a Kay. Yo soy Wilhelm, Wilhelm Kay.

Lansky dijo...

Sólo podemos aspirar, la mayoría, a 'Litle Sures'

El magnetista dijo...

Un tranvía es un sendero de reflexiones, hasta el final, donde la reflexion deja de ser tranvia.

un abrazo

Céfiro dijo...

Escribir como terapia. No hay otra forma de entender a Miller ni a tantos otros.

Antonio de Castro dijo...

Curiosamente, el otro dia pusieron en la tele franchute un programa sobre Big Sur, lugar impresionante donde los haya, y donde Kerouac situo un libro que aun no he leido, pero que debe de ser tan tortuoso como el de Miller.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

La culpa no: la salvación.

Juanjo dijo...

No sé si es una terapia escribir. Yo me pregunto desde hace tiempo por qué escribo y no encuentro una respuesta satisfactoria.