Indicadores que no indican nada

Al cerrar el libro me acordé que aquella mañana de día laboral de hace ya más de dos meses me sentí como El perro que comía silencio – Isabel Mellado, pero no quiero hablar de este magnífico libro de relatos editado por Páginas de espuma sino de otro extraño café que tomé con dos amigos en la Colombia 50 junto a la Diputación.
Mi amigo sigue existiendo, mi otra amiga de sexo femenino también, pero a veces he pensado que la reunión o encuentro no era tal, como si no estuviese sucediendo. También me sentía como el protagonista de algo a pesar de que cuando a los pocos días desayunando en la Cafetería Batallas en la zona judicial con los ya habituales me lo encuentro por sorpresa provocándole que su saludo hacia mí fuese comprometido, como si mi persona hubiese venido de repente mucho más a menos de lo que normalmente está.
Cuando me alejo de la cafetería vuelvo a pensar en él, no sabe que en otro contexto también lo tengo cerca, lo guardo en un cajón junto a otros en su misma situación, quizás el primer café que menciono arriba en la Colombiana era la excusa perfecta para el punto de partida de un guión, aunque si se sintieron guionistas por unos minutos no imaginaban que el dueño de mis guiones soy yo, como mucho pueden aspirar a inspiradores, pero nada más.
Total que como decía antes es como si guardase a mi amigo en el interior de un cajón y lo contemplo cuando me place sentado en el sofá del salón mientras permanece introducido en un tarjetero de dos tiempos o épocas con visión transparente gracias a un plástico protector. Me entregan tarjetas de visita y las guardo como si las coleccionase, en algunas de las que aparecen cuando abro el tarjetero la situación sigue actualizada y permanente donde el que figura sigue siendo lo que es y ofrece impreso en la misma, en otras se ha llegado a un estado extraño del sujeto con respecto a la posición obsoleta reflejada en la tarjeta debido seguramente al transcurrir del tiempo, simplemente dejó de ser lo que era y anunciaba en su tarjeta, como si en esta se leyese un nombre y cargo que se mantienen guardados en una especie de silencio sepulcral. Este último tipo de tarjeta de visita me provoca una honda tristeza unida al abandono, ver lo que un día fueron y ahora ya no son, observar una caduca representación de gabinete vicepresidencial, una gestión municipal cultural, entre muchos ejemplos. En uno de los casos nunca imaginé que acabaría con mis huesos antes o después en el Sanatorio Mental de Cástulo, en el otro sucedían las cosas durante mi época de paciente. Estas caducadas tarjetas de visita siguen y seguirán reflejando lo que no es por culpa del discurrir de las horas y de los días, una información plasmada pero detenida como un reloj de estación por la que dejaron de pasar lo trenes y que nadie fue capaz de poner en hora. Tarjetas de visita que quedan sin reinventarse mientras nosotros por un lado envejecemos persistiendo en nuestro propio silencio como testigo de todo mientras ellas se quedan encerradas en su tarjetero en calidad de indicadores que ya no indican nada.

9 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Mejor que en cajón llévalo en un bolsillo. Estará siempre más a mano.

Kay dijo...

Es triste ver lo que fueron y lo que acaban siendo...bueno, no siempre tiene por qué ser triste

Miquel dijo...

Otra manera de ver las cosas...

Lansky dijo...

los demás, tarjetas de vista en un tarjetero...

Lola dijo...

Indicadores que muestran intencionadamente.... De vez en cuando limpio el tarjetero de nombres que ya no dicen nada, sus teléfonos nunca fueron útiles, sus nombres resultan desconocidos a lo largo del tiempo y ante la falta de referencia las archivo en la papelera. Un besito

entrenomadas dijo...

Muchas gracias por tu comentario en el blog. Ahora me quedo yo navegando en el tuyo.

Un saludo,

Marta

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

son solo tarjetas de visita que nunca haremos...salud

Juanjo dijo...

Somos lo que hemos sido, la mezcla de todas nuestras tarjetas de visita. Y, sin embargo, es cierto lo que apuntas: esa información caducada ya no dice nada de nosotros.

Magnífico texto.

jpg dijo...

Hay tarjetas de visitas que solo dan para cinco minutos, otras en cambio dan para algo más. ¿Hay alguna que no caduque?