Museo 2.0

Me despierto en el sanatorio con nula lucidez, leo las noticias locales en versión escrita donde Raphael el cantante dedica en el nuevo Museo de Cástulo El Pósito una sala relacionada con las musas, museo interactivo con carácter de 2.0, lo más emotivo del sentimiento en retrospectivas con la figura de la musa como una de las señas de identidad de la ciudad y como labor de imaginario de los escritores que pasaron alguna época de su vida anterior en Cástulo, y todo con especial referencia a los condenados a permanecer en situación de invisibilidad cuando se organizaban conversaciones de sociedad.
Consigo como siempre un permiso de salida, me dirijo al Museo de Raphael a ver si ha quedado algo digno de mención de la inauguración. Al entrar en la primera sala el vacío que observo me invita a ampliar el suspenso terapéutico del sanatorio con el mismo efecto secundario de la necesidad de coger un bloc o cuaderno y tras poner en orden las ideas ponerme a narrar el estilo de vida del que soy objeto por la voluntad colectiva de otros. Imagino a Raphael un rato antes en la inauguración, le hubiese sugerido en broma una sala de lectura con libros de Robert Walser, Enrique Vila – Matas o de Michel Houellebecq, no limitar el museo a la exposición permanente de los objetos supuestamente personales del autor, pero una vez más había llegado tarde. Dejo la sala de Raphael y paso a la dedicada a Carmen de Cástulo, me emociono, no creo ni he vivido nunca en el mundo de la taranta, pero la atmósfera me transforma acompañándome al contemplar en otro módulo contiguo todo lo relacionado con el tranvía de la loma o el yacimiento de Cástulo.
Entro en el salón de proyecciones, permanece como es habitual en este tipo de salas en permanente estado de oscuridad, al igual que en el museo ya no quedan espectadores, aún así un dispositivo que detecta el calor humano pone en marcha la película con supuesta invitación a sentarme a contemplar su visionado.
Cuando empieza la película y a pesar de estar ya de por sí la sala en penumbra ésta se torna más oscura, aparece un sujeto en el filme que no reconozco como actor de ninguna clase, se pone a hablar al aforo y en este caso sólo a mí como único espectador.

Usted y yo siempre tuvimos en común que somos dos sujetos despreciables.

A pesar de la oscuridad me giro y miro a mi alrededor por si hay algún espectador más, no veo a nadie, pienso que el protagonista me está hablando a mí.

¿Es a mí?

Hablo solo en voz alta en una sala de cine solitaria. Si se enteran los del sanatorio me encierran un mes en la celda de castigo.

Sí, usted, el único espectador ahí sentado.

Sigo sin conocer al artista de la película, a pesar de la nulidad que arrastro desde por la mañana o desde hace muchas mañanas suelo tener buen gusto por el cine y más por la comedia, nunca imaginé vivir una escena de cine interactivo, vuelvo a recordar que en el sanatorio antes de salir de paseo de visita al Museo Raphael había leído en el Cástulo Información durante el desayuno que se trataba la inauguración del primer museo 2.0 del país.

¿Por qué va usted por la vida como un autor destruido y mortificado entre las paredes grises de un sanatorio?

Me animo en la conversación y le contesto.

Vivo mi presente de forma mitad resentida y mitad melancólica. Sueño muchas noches con unas bragas negras volando por encima de mi cabeza al ser arrojadas a la arena de la playa por su dueña. Vivo también en una especie de zona incierta mientras espero el día que me den el alta.

El artista tras la pantalla carraspea, espero que me diga algo más ahora que hemos abierto debate.

Usted y yo tenemos en común que llevamos a nuestras espaldas una existencia ridícula.

Al repetir mi interlocutor la mitad de las palabras de su primera frase con la otra mitad sacada de alguna de las obras de Enrique Vila – Matas concluyo que el papel del protagonista de la película está viciado, como si viviese en permanente estado monocorde y sólo supiese expresar una y otra vez la misma retórica de su gris existencia, como si quisiese aumentar el odio de los que ya de por sí le odian a pesar de los extraños adictos a su lectura interpelativa. No sé qué contestarle, aún así me esfuerzo en hacerlo.

Mi vida no es una guerra de perdedor humillado ante las ganadoras que ahora buscan revancha, mi vida es una especie de expresión de sentimientos por el puro vacío legal del que soy objeto en la institución sanitaria en la que me hallo recluido.

En esto nos diferenciamos, yo sí tengo deseos de vencer.

Prefiero no seguirle más el juego, esta última frase parece una metáfora dudosa para eludir mi explicación anterior, no le menciono que a veces me siento perseguido por si me saca el tema del holocausto sin venir a cuento y por ponerme yo mismo un ejemplo que tampoco viene a cuento.

Se siente usted narcisista por relatar sus vivencias.

No lo pregunta el protagonista de la película, lo afirma, no quiero contestar, empiezo a elucubrar sobre la posibilidad de que como quizás esta película esté grabada y quede mucho todavía para el the end, de abandonar la sala de cine sin esperar a saber el final, volver al sanatorio a seguir viviendo la muerte en vida, situación abstracta en forma de dibujo el cual es representado al resto. Aprendo un nuevo capítulo con la visita al museo de la representación de mi propia vida, la que eligieron mis musas y mis futuros fantasmas.

14 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Raphael siempre estuvo ahí. No me extraña lo del diálogo.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Es algo que se merece tu paisano...algo tontorrón pero una magnífica voz...como dijera aquel: genio y figura hasta....saludos.

Miquel dijo...

Ostras Raphael..¡¡¡¡ es como para volverse a dormir ¡¡¡

Siona dijo...

debería volverlo a leer para poder dejarte un comentario con un poco de sentido...no tengo tiempo....me ha gustado...aunque me he quedado con una sensación removida y extraña....quizás vuelva, saludos!

Antonio Aguilera dijo...

Excelente escrito. El cine está presente en nuestras vidas desde el Alfa al Omega

Antonio de Castro dijo...

Recuerdo dos hermosos ejemplos de cine interactivo: "La rosa purpura del Cairo" y "El moderno Sherlock Holmes".
Entiendo que el protagonista-narrador todavia no esta curado si en su ultima salida del Sanatorio para visitar el Museo se encuentra con que este esta dedicado a Raphael.
Las prisiones de las que es mas dificil escapar son las que crea nuestra propia mente.

Juanjo dijo...

Para una vez que uno tiene oportunidad de interactuar con un protagonista de alguna película, resulta que éste es el típico necesitado de dar lecciones a todo el mundo.

Yo me paso al Museo 3.0

Lola dijo...

Me encantó el dialogo, me has metiddo más que nunca de cabeza en Cástulo. Un beso

Lansky dijo...

tan malo como hablar con desconocidos -como nos advertían nuestras mamás- es hablar con conocidos, sobre todo famosos

Céfiro dijo...

A veces el mundo que está ahí fuera asusta más que las autoprisiones interiores... yo me quedo en Cástulo!

Sombras Chinescas dijo...

Se confunde la causa con el efecto: uno no se siente narcisista por relatar sus vivencias, sino que el narcisismo es la causa de que las relate. Qué sería de los escritores sin él.

Saludos.

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

Me hubiera gustado estar también ahí, de espectador.

¿Como haces para crear esa atmósfera tan particular?

¡Feliz lunes!

NURI▲ dijo...

todo lo que publicas lo escribes tú? está todo muy bien!:)
gracias por pasarte por mi blog.
un beso

Ico dijo...

Falto Pessoa entre ese conjunto de escritores adictos a la locura, fingida o cierta...¿ quién sera ese Cástulo?