La tarde del jueves se presenta diferente, pocas veces la dedico a dar alguna vuelta por la ciudad abandonando el sofá y los papeles escritos junto con los todavía sin escribir, sabía por puro presentimiento que iba a vivir momentos revestidos de cierta dualidad si salía esa tarde de casa. La llegada a la ciudad como decisión estratégica de la peculiar sexta unidad, junto con su puesta en circulación antes de la inauguración del tráfico tranviario convencional parecía haber acallado a los escépticos. A pesar de viajar con ellos en ese mismo vagón que me sugería la posibilidad de ser el protagonista de alguna escena esporádica sin que lo supiesen los extremos maritales de las flamantes veteranas pasajeras, decidí no acceder a la invitación, preferí tomar asiento y disfrutar del acto como espectador sin participar en nada aunque sí disfrutando con un ojo puesto en la lectura de
Trópico de Capricornio de Henry Miller, pero por otro lado sin perder de vista lo que sucedía en el interior de este vagón que parecía transportarme hacia una gruta entreabierta que esperaba a los nuevos pasajeros que todavía no habían perdido el rostro de novicios pardillos y tampoco sabían nada del camino que conducía al acceso de lo insondable.
Sin perder de vista la tentación viajera sigo con Henry Miller en una lectura a escondidas del resto del pasaje, Herman Hesse formó parte en su día de la medicación, Henry Miller hoy sigue siendo un polizón en el Sanatorio Mental de Cástulo, ninguna ha conseguido verlo o leerlo, a estas alturas con sus dos trópicos y una primavera negra tengo una especie de sobredosis que me sirve de ayuda para empatizar conmigo mismo en un plano distinto de soledad perteneciente al pasado en Cástulo.
El ocioso y extraño viaje en tranvía de esta tarde de jueves me ha servido para no dejar de vivir alguna escena de años pasados para coincidir con Henry Miller en la idea de escribir buscando un desahogo personal, ambos seguro que con la meta de exorcizar fantasmas revoloteadotes que acuden en nuestra búsqueda cuando cojo un libro nuevo trasladando la interminable y estática escena propuesta sin materializar a un rutinario viaje tranviario. Las características de la sexta unidad invitan a acceder a la parte más accesible de lo desconocido que siempre estuvo cerca.
12 comentarios:
No me extraña que Hesse fuera un medicamento, y con efectos secundarios notorios
Seguramente un viaje en tranvia, un tranvia llamado deseo.
A mí, Hesse me ha provocado siempre más paranoias que Miller. Y más adicción.
Un libro nuevo es enfrentarse a una puerta a lo desconocido.
Saludos.
Me gusta mucho tu estilo monocorde y delirante a un tiempo. Gris. De un gris sucio que te inventas a cada rato.
Un viaje en tren que seguro recordarás !
Así da gusto, vives a la vez dos viajes.
Escribir solo puede ser por eso mismo o por ganar dinero. A veces -casi nunca- se mezclan ambas.
la parte más extraordinaria es la que asume ser jefe de personal...contratando y despidiendo...esas tres páginas son sublimes...
Mi querido amigo gris, con ese encanto personal que solo el ha sabido darme a conocer con el paso del tiempo. Y mira que han pasado años desde que nos conocimos ufffffffff muchossssss
Siempre un placer volver a pasar por tu casa...
Saludos
Una sobredosis de Miller, el recuerdo de Castulo, la sombra de Hesse y un viaje en tranvia la tarde del jueves: una buena forma de exorcizar los fantasmas que pueblan ese territorio desconocido y a la vez tan cercano.
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