Viene la noche (3)

A partir de la página 104 y con los ecos de la lotería, entramos en una navidad que sin haber leído nada a partir de esa página nos lleva este nuevo tirón lector a la 198 como el día de año nuevo. En principio y por más que se diga que viene la muerte, que si la antesala y demás mandangas fúnebres yo sigo viendo rutina urbana, luz y vida en aparente esplendor. Movimiento urbano, vacaciones, viajes, no falta nada. La frase más subrayada, quizás la mejor y todo por mis postulados proferroviarios de la trilogía es “....un lugar sin ferrocarril no tiene ningún interés, está al margen de la civilización y de lo habitable....”. A la provincia de Jaén llega una línea desde Albacete y Utiel, una línea más triste que las propias localidades sin tren que narra Óscar Esquivias, a cualquiera le invitaría a ver el trazado que hoy sigue siendo un camino de recorrido infinito pasando por esas frías y silenciosas estaciones sin reloj que nunca lo fueron y nunca vieron pasar el tren. Albacete o Utiel en su caso era el inicio, Cástulo como final del recorrido, y esa línea de tren inexistente sigue ahí, a la vista del viajero que viene de Albacete a nuestra provincia decorando el viaje por carretera con algo que quiso ser y nunca lo fue. En mi caso, una visión que la llevo viviendo desde la infancia, como a Benjamín, uno de los protagonistas de Viene la noche. Todavía un puente de esa carretera entre El Robledo y Alcaraz (Albacete) que cruza esa inexistente vía, anuncia al conductor sobre la línea del tren que nunca pasó ni pasará por ahí. De repente me incorporo, por primera vez esta tercera parte me desazona sin saber lo que viene, en la narración asoman el título de las dos primeras obras de la trilogía, sean La ciudad del Gran Rey e Inquietud en el paraíso, dos libros dentro de otro que es el mismo, me suena la historia, cada vez estoy más convencido de que Óscar Esquivias hubiese disfrutado de lo lindo como observador en el Sanatorio Mental de Cástulo. El pasado se literaturiza y se convierte en regalo, y si al poco tiempo asoma algo la muerte es en forma de enfermo. Ahora Burgos solitario con extraños semáforos parpadeantes, hermosa atmósfera de soledad estilo sanatorio en Cástulo sin semáforos, ojo es nochebuena y por un momento me da por pensar que la misa del gallo sea el cebo que los haga caer en la trampa, pero no. Después una carta, sorpresa, no es una carta sorpresa, es una sorpresa el leerlo, el libro Viene la noche que tengo en mis manos de forma física lo toco, lo leo, lo miro por las portadas, lo vuelvo a tocar, lo giro y lo pongo con las letras al revés, al parecer está todavía sin publicar, no existe, una carta o reseña de los dos primeros tomos anuncian lo que no es o sí forma parte de no sé qué, me estoy volviendo loco, me incorporo otra vez, el catarro se me va a curar de golpe con los sustos de Esquivias, el autor convertido en personaje, ambos dos somos el mismísimo interior del Sanatorio Mental de Cástulo. Personajes que se tornan verdaderos, o no, todo es o debe de ser una escala dentro de la misma ficción. Suenan las campañas de fin de año.

Viene la noche en la Estación de Cástulo durante los albores de los primeros capítulos de la historia

11 comentarios:

Miquel dijo...

..."una línea más triste que las propias localidades sin tren...." Si que me ha gustado este párrafo....

Andrea dijo...

Ay, hoy he ingresado en un sanatorio mental que está aquí mismo, en mi barrio... Es que una ya no encuentra recursos con los que hacer frente a la rapidez de los días y al estrés de los días. El estrés de los días... Qué terrible...

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Que me vas a contar del ferrocarril de Jaén....un caos...¿pero existe?...abandonada por las administraciones...un abrazo

Lansky dijo...

El ferrocarril era el progreso tal como lo entendían los de la Union Pacific en la conquista del 'Oeste', pero desde el momento que empezó no sólo a exterminar indios, sino hombres blancos abandonados en esas estaciones, o sea, en el momento en que el tren democrático fue sustituido por el AVE, ese avión terrestre para empresarios con ínfulas, adios a todo eso...

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

Me dejas muy triste hoy, al leer las frases hermosas que siempre compones, eso cae en segundo plano, ya sea el Cástulo o en Burgos, el recuerdo de dónde hubo antes un tren es el recuerdo de dónde hubo antes personas.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

¿Y no es suficiente muerte la rutina diaria en una urbe que se te antoja, cada vez más inhóspita? Tienes razón. He de agradecerte la perspectiva de análisis que has tenido a lo largo de la lectura.

Myriam dijo...

Estoy de acuerdo. <una ciudad por la que no pase el tern es una ciudad muerta. Un pueblo porque el que3 no pase el tren es un pueblo re-muerto.

Toni Sagrel dijo...

Después del deceso, surgen los comentarios de los de "siempre":
¡ La vida sigue !

Preciosa la foto de la estación. Y el reloj.

mjromero (alfaro) dijo...

Algunos autores juegan con su personaje, se les revela, lo transforman en personaje casi,
efectivamente es una escala más dentro de ls ficción, siempre y cuando el autor domine la técnica de su ficción desde el principio hasta el final. No importa que la excusa sea la ausencia o no de la estacíon, si la carta..., si la misa de gallo, cualquier excusa es válida para narrar y llevarnos. Las ideas repetitivas incluso son perfectamente válidas y más teniendo en cuenta ese sanatori-cabeza-cástulo.

Merche Pallarés dijo...

Con ese tren inexistente y esa solitaria estación de Cástulo has descrito muy bien la sensación de vacío y tristeza (con sus toques humorísticos por supuesto) que emana la trilogía esquiviana. Besotes, M.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Los trenes que partes, las estaciones que permanecen...

Saludos y buen fin de semana.