Acudo temprano a la prefectura, había recibido horas antes en el mismísimo pabellón de alineados mentales del sanatorio una citación para ser detenido e interrogado por la denuncia al parecer de la algo venida a menos religiosa mayor. El oficial de guardia desconoce verbalmente la causa por la que se me acusa, un suboficial adjunto al primero me sopla al oído que existe un murmullo por toda la ciudad de que estoy escribiendo un libro próximo al estilo de algunos de los de Franz Kafka donde de soslayo y enmascarándome en la ciencia literaria incito al nudismo en playas del levante almeriense a las sanitarias del sanatorio, más a una en concreto.
Le guardo el secreto, usted no me ha contado nada.
En el típico cuarto de bombilla única me sientan en la mesa donde elijo uno de los dos sobres, el otro es destruido y arrojado en una papelera ante mis ojos y los de los dos suboficiales que manejaban la situación con excelente profesionalidad.
Háblenos de sus conocimientos sobre infraestructura y política ferroviaria en la provincia de Jaén a mediados del siglo XX.
La pregunta más que inquisitoria se me antoja de cultura general, como si quisiesen evaluar mi aptitud y sapiencia más que interrogarme sobre los hechos dignos de la acusación.
Se le imputa la ensoñación con vías de tren abandonadas o que simplemente no existieron para luego inventarse una triste novela con personajes ficticios de Cástulo sobre lo que pudo ser y no fue.
Por una ventana que daba a un lúgubre patio se escuchaban voces y risas forzadas que impedían la buena marcha del interrogatorio, era otoño y al parecer los miembros de la prefectura con las religiosas del sanatorio mental representaban la función teatral del malogrado Álex Nortub “El triste festín”. El guardia que me vigila en el interrogatorio continuó su ronda a mi alrededor, la religiosa mayor en una extraña intervención en la comedia buscaba representar el absurdo papel de denunciar al escritor a los agentes del orden por la futura publicación de un libro subversivo.
Es un trastorno de la infancia, muchos viajes en verano de Cataluña a Jaén, al dejar atrás Albacete siempre veía esa vía del tren y sus estaciones. Ya con cinco años me contaba mi padre que sólo faltaba el tren circulando para darle vida a la zona. Esas estaciones sin tren y sin reloj sólo simbolizan el abandono, como una prescripción de absoluto silencio por parte de tu doctora.
Ya está bien de hostias, ¿nos quiere hacer ver que un problema ferroviario del siglo pasado es una enfermedad que se ha introducido en su cabeza ocultando el resto de su vida? ¿O lo suyo es más bien un problema de falda ceñida o de volantes, o vaqueros ajustados que dejan asomar unas bragas negras con la etiqueta de compra sin cortar?
En realidad no hay trenes, pero siempre los veo en ese camino que dejaron junto a la carretera y destinado a ser la vía del tren. Mi condena fue el silencio de mi tratamiento, la suya el viaje en soledad por ese recorrido.
Se escuchan aplausos, cuando termina la actuación, provienen del final de la última escena del segundo acto de El triste festín, versión teatral del blog Hotel junto a la vía, ahora exite incluso un blog llamado Hotel junto a la vía, ¿en qué vía? ¿la que llega a Cástulo? ¿el hotel es el sanatorio mental? ¿el Sanatorio Mental de Kierling donde murió Kafka?
Guarda las hojas en su bolso, esta lectura le va a levantar dolor de cabeza. Antes de hacer transbordo de tranvía para Cástulo decide entrar de nuevo en el inmueble de la redacción del periódico jienita allí clavado y sin moverse, el diario local junto a la vía contemplando sus cristales el ininterrumpido pasar de los tranvías. Esa pareja de fotógrafos saben demasiado, que le cuenten algo sobre él que le impida tomar una certera decisión sobre regresar o no a Cástulo.
Está en el centro de la ciudad en su trabajo, no se le puede molestar.
Su compañera no está, o existe sin ser vista, nunca aparece, no le ha puesto todavía rostro, a lo mejor su existencia es tan ficticia como otras, él le habla desde lo alto de la escalera, no fue en un centro comercial en día de rebajas, al autor no le gustan las masificaciones en día de inicio de temporada, fue en el primer descansillo al volver los escalones de la redacción del diario local junto a la vía. Sale corriendo hacia la parada del tranvía, no necesita más información, ha convertida en kafkiana obra teatral los trapos sucios de terceros relatados a segundos, el primera paso de es escaparse de Cástulo como personaje que quiere saber de su autor.
La vía que nunca lo fue, fotografía de Jesús Garrido en las cercanías de Beas de Segura.
7 comentarios:
Me gustan el título y la foto. Mañana copio, pego e imprimo para leer con calma en el trabajo.
la pena es esa...que por dejadez de unos políticos y poco interés de sus primos...en Jaén ni tren..ni avión...¿dije avión?...para que si ahora no están haciendo un tranvía...un saludo
¿Te ha gustado El faro por dentro? A mí me ha decepcionado un poco
hay muchas vias que nos llevan a ninguna parte....
No seamos pesimistas, tal vez vuelvan a circular trenes por las vías.
Mientras tanto, no dejes de soñar con trenes que circulan por vías, de no hacerlo perderías algo de "vida".
¡Un abrazo!
No he leído “El faro por dentro”, pero tu relato es excelente.
(“La vía que nunca lo fue”: todo un título, también.)
Es curioso cómo España está llena de vías que nunca existieron.
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