Viene la noche (final)

El tranvía procedente de Cástulo llega a Jaén de forma puntual, había perdido en estos últimos dos años el contacto y el rastro de su viejo paciente y se sabía ilusionada de un posible encuentro casual con él, aunque conocía el deseo de dedicarle algunos de sus relatos a Óscar Esquivias la misma tarde que terminó la lectura de Viene la noche y había adquirido un rato después La marca de Creta. Se apea en la parada de la Universidad frente al diario, sabe que ahí en la redacción y a través de una pareja de fotógrafos puede conseguir la información necesaria sobre su paradero e incluso que le aporten las señas de su domicilio. Había decidido ante el hartazón de estar rodeada de fantasmas que revoloteaban alrededor de su cama matrimonial partir en busca persecutoria de lo realmente vivo. Durante el viaje entre las dos localidades separadas por el Río Guadalquivir recordaba aquellos años en que fue la doctora del escritor que como paciente nunca logró domesticar de forma completa, también evocaba aquel viaje a Conil pensando en su ausente compañía aunque hizo las maletas pensando como no podía ser de otra forma en él, un tiempo en que era imposible en términos reales haber relativizado la situación de ambos, ahora conforme se desplazaba de Cástulo hacia la capital de la provincia no pensaba en que lo había perdonado, sus sentencias dictadas como facultativa eran firmes sólo con la primera redacción o incluso con el borrador, impensable algún posible recurso, el perdón inexistente, ahora sus pensamientos le traicionaban cada vez que viajaba en tranvía, dos planteamientos, devorar a su propio autor y eliminarlo, o vivir un mutuo y largo yacimiento sin que ese deseo se convirtiese en tabú para ella misma o que los compañeros del sanatorio empezasen a mirarla como practicante de algún tipo de apostasía cuando el hecho consumado ya fuese noticia.
El fotógrafo permanece de pie en lo alto de la escalera sin acercársele.

¿Y el proyecto de vuestro Cástulo literaturizado?

No se sabe nada.

El vació de la respuesta le recuerda a las resoluciones del pabellón de psiquiatría, ella sabe que su antiguo paciente quiere conocer a la pareja de forma completa, no uno por un lado y otro por otro. Antes de salir del diario aprovecha en el mostrador para comprar el periódico del día donde una vez el ejemplar en sus manos ve en una foto de la portada junto a su titular que el tranvía sigue en obras, imagina que debe ser un número atrasado donde se describen supuestas fases actuales de su construcción cuyo sistema de recorrido definitivo no contempla la llegada a su ciudad, la comunicación con Cástulo se rompía para siempre en lo sucesivo a pesar del puente comunicativo que lo había traído hasta él sin haberlo encontrado en la entrada de las afueras de la ciudad. El anuncio de la muerte acude a sus ojos como lectora hasta en voz infantil ante una realidad paisajística. Lee una noticia en las páginas que cultura que existe un extraño Burgos tan mudo como lo fue durante aquellos años ya olvidados el Sanatorio de Cástulo. Una muerte progresiva hasta materializarse al final de un libro, todo antes se fue volviendo oscuro, poco a poco, hasta la propia meada. Curiosa trilogía que le pone en conocimiento de otros escritor llamado Óscar Esquivias. Cerrar el periódico y entrar en el centro de la ciudad en busca del autor principal podía ser un paso para la penumbra previa a la oscuridad total en versión jienense bajo el desconcierto del dilema del tranvía y otros símbolos de la ciudad que ahora no están aunque cuando él pasa por ahí camino de la Colombiana parezca que siguen existiendo y marcándole un tiempo inexacto, un tiempo detenido en una imagen imborrable, una imagen que no existe pero que algunos capturaron para guardarla en conserva, como condenada a una noche eterna.

Una versión ya archivada de la ciudad. Fotografía de Jesús Garrido.

10 comentarios:

Lola dijo...

Ir en busca de lo que deseamos es lo sabio y lo que a fin de cuentas nos reconforta, aunque nos sorprenda lo que encontremos al final de nuestro viaje........ una amiga agobiada de tanto ir y venir de gente y todavía quedan unas semanas ¿como acabaré? mmmm Quien lo sabe jejejejej. Un besazo

Lansky dijo...

Todo viaje abre puertas

Miquel dijo...

¿ Cómo acaberemos el viaje ?...¿ Estaremos preparados ?....salut

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

¿Quién dijo miedo?, lo peor es quedarse quieto.

He "viajado" contigo en el tranvía, rumbo al encuentro, o a dejame encontrar.

¡Feliz fin de semana!

Lansky dijo...

http://www.magina.org/biblioteca/publicaciones/librojornadasmagina.pdf

A propósito de Gracq en Mágina y al hilo de tu comentario en mi blog

Anónimo dijo...

ojalás vengas un día a buscarme pero no como musa

La sonrisa de Hiperión dijo...

Condena a una noche eterna, a un olvido inconmensurable...

Saludos y un abrazo.

Myriam dijo...

¡qué tu viaje tengha un final feliz. jesús y que pases felices fiestas!

Antonio de Castro dijo...

Intrigante viaje, brumosos escenarios, tortuosa y atrayente relacion.
(Si el del hospital de Castulo no es un mundo litarario con tanta fuerza como el que mas, que baje Vila-Matas y lo vea.)

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Es curioso cómo nos pertenecen las ciudades que no existen como las recordamos.