Como se acerca el viernes llevo en la mano La orden de finnengans, así como Otra vuelta de tuerca de Henry James, la lectura de fin de semana en un habitual pueblo de interior donde lo pasaremos con la excusa de asistir a una boda, servirá también de pretexto para ocultarnos en las letras buscando la misma protección que en su día busco Kafka. Me veo en el pabellón sentado en la cama, me prescribieron la lectura del Ensayo sobre la ceguera de José Saramago donde se me anunciaba lo evidente, fracasar como personaje de mi propio guión obligándome a teatralizar a los que me rodeaban como segunda opción, cuando llego al Colón me siento con M en el velador, hacía algo de calor, optamos por coger una mesa fuera de la lona por estar al aire libre aunque se pone a llover de repente obligándonos a cambiar de opción con la servicial ayuda del camarero, la tarde noche anterior con el fotógrafo Sitoh como compañero de parroquia en el Pósito, al parecer no lleva su cámara, aprovecho para convertirme de posible objetivo en el inverso fotografiador, el instinto de sobrevivir a cualquier precio hará que todos aquellos que les atenaza el miedo tengan que enfrentarse a lo más primitivo y ruin de la especie humana, lo imagino organizando lectura en la Asociación Qastuluna o en el Ateneo ciudadano, o paseándose por el centro de la ciudad tomando café con aquel viejo amigo, ¿lo fue?, los viejos rockeros nunca mueren, había pensado desde la lejanía que quedaba alguien, un encuentro antes de la exposición de fotos en Cástulo, una realidad muda que sigue con el paso de los años. Soy consciente cuando baja otro tranvía que nadie debería pensar en rentabilidades, las urbes del tamaño que sean deberían facilitar por su dimensión transporte público gratuito para sus pasajeros, ¿cuándo ha sido o es rentable el metro de Barcelona?
Lo veo en el sanatorio huyendo de todos los males e iniciando su vida de escritor que se lee a sí mismo, ahora vivo como en dos mundos, el del recuerdo cuando me desplazo en tranvía y en el del relato de sanatorio mental que sólo se parece a sí mismo y se diferencia de la falta de lo peculiar del resto. La transformación en población literaria de la ciudad de Cástulo, más que empezar como futuro aspirante a La Orden del Finnegans. Volver a Cástulo y volver a pasar por los muros del sanatorio antes de acceder a la sala de bejarano donde un médico y un abogado entre otros se han hecho fotógrafos, pero los fríos muros siguen ahí y me imagino con C leyendo al unísono Ulises en las cercanías de un 16 de junio, Juanra Canovaca debería llegar en su programa cultural electoral la celebración por los alrededores de la calle Cerón de un bloomsday jienita donde los aspirante a caballeros subiríamos hasta Bernabé Soriano en tranvía con un ejemplar de la obra de James Joyce bajo el brazo y recorriendo el último tramo a pie por la Plaza de San Francisco de forma ritual donde tomaremos todos café en la Colombiana o en el Fleming, las dos cafeterías están junto a la plaza de San Francisco aunque de distintas ciudades.
Al cerrar La Orden del Finnegans es como si hubiese salido de un sueño en el que no he avanzado nada, los taxis cobran lo suyo, los tranvías siguen viajando gratis y sigo teniendo el mismo miedo que le tuve a mi cuidadora durante cientos o quizás miles de horas en el sanatorio de Cástulo. La Orden del Finnegans es un libro colectivo, colectivo a dos fue la lectura de Ulises, desde aquí le invito a repetir la escena con fines libertinos y cachondos.
......tomando café con aquel viejo amigo, los viejos rockeros nunca mueren, había pensado desde la lejanía que quedaba alguien,.....
10 comentarios:
Lo malo es que se mueren. Por eso hay que refugiarse en los libros, para recordarlos.
Yo creo que no mueren nunca ¡¡¡
Confiesa ante el mundo que llevas ese libro, "La orden de Finnegans', no por ninguna devoción al Ulysses de Joyce, sino por la portada de Marilyn.
¡Confiésalo!
Hace unos años, un fulano que vino de una universidad del sur a dar una conferencia en La Coruña nos explicó que había hecho una nueva gran traducción de "Finnegan's wake" tras la que no iba a crecer la hierba, y que había buscado para el lenguaje de Joyce una versión más moderna, más adaptada al habla de nuestros días. Como si alguien le hubiera pedido que la hiciera, su famosa traducción.
La pedantería sureña es incorregible.
Igual lo es, pero el fulano podría haber venido del norte, del este o del suroeste.
De nuevo en la blogosfera.
:)
Saludos.
Linares, me gusta leerte y ver como nos cuentas la verdad de tus mentiras, seguro que sigue enamorada, sus ojos dicen demasiado.
murmullos y penumbras me rodean estos días amigo mio.... que gana tengo que pase todo ya uffffffffffff.. Es muy triste ver que todo sigue igual, un consuelo leer que siempre habrá "esos rockeros" que nos alegren la vista y llenen nuestros oidos de contenido que merezca la pena. Un beso desde el cansancio en el que estoy sumida.
Me parece que las letras perpetuan el alma de quien ha vibrado en la realidad, en la vida y el día a día.
un gusto tropezar desde flickr con tu espacio.
Publicar un comentario en la entrada