El público no aplaude, casi abandono la función a media representación, el miedo escénico es superado a medias, no consigo verme a mí mismo actuando. El eslogan Acércate al Teatro me convierte en un oscuro actor de pleno derecho de la Compañía la Paca, precisamente con demasiada oscuridad y poco o más bien un número de público simbólico representamos la negatividad de La Paca a representar la obra Cástulo, mis últimos años en el sanatorio, un capítulo más donde por fin se va viendo el final.
En este teatro todos tenemos derecho a tener un papel aunque no se consienta vivenciar realidades que tenían que residir ya en el olvido, en la reunión previa a la representación que tuve con Mari Camen Gámez como directora de La Paca, por ésta se me reprocha la dificultad de encasillarme como autor de la otra o como actor, y en uno y otro caso dilucidar si mi papel en la historia era de bueno o de malo.
En los ensayos no conformados como tales ya se veían venir los problemas de entendimiento, me deniegan algunas escenas, un ejemplo es la tergiversación de la realidad al querer aprovecharme de la situación para darme en el escenario todo tipo de placeres con las mujeres del sanatorio, también se me echa en cara el tratar de imitar el argumento de La máscara de la Muerte Roja de Edgar Allan Poe donde existe una abadía calcada al Sanatorio Mental de Cástulo, una abadía donde se practicaba el disfrute de lo hermoso, de lo extraño, también de lo licencioso, sin faltarle al maníaco o baboso (según sea abadía o sanatorio) la representación de fantasías delirantes y donde cada miembro, fuese paciente, religioso o personal sanitario tenía su propio disfraz, y para más inri a veces se celebraban ágapes del adios que me voy, lugar con su situación en la que se podía practicar el divertimento carnal incluso hasta sin límites gracias al enmascaramiento de cada uno y los paseos posteriores en vehículo al salir de la discoteca. Durante la conclusión del acto una de las máscaras se convertía luego en la muerte y uno por uno fueron cayendo el resto en las salas de orgía.
6 comentarios:
El público siempre es un monstruo temible, aunque esté integrado por amigos y conocidos.
Saludos.
Lo malo es cuando representamos con métodos diferentes.
Nada de eso ¡¡¡ lo malo es cuando nos vemos representados ¡¡¡¡¡¡
Cunde el mido y no consigues verte a ti mismo actuando, porque en realidad, tienes que sentirte haciéndolo...
Escribir una obra, dirigirla,
representarla y verla desde el patio. No sé cómo se hace para vivirla.
El miedo escénico es peor que el miedo a la muerte, sobre todo si estas implicado en una obra a la sombra de Poe.
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