Doctor Glas

Leo en el tranvía sentado entre dos sacos de arena que los relojes sin manecillas tienen la misma cara que la de los muertos, al Doctor Glas le atrae la insatisfacción de la mujer de alguno de sus pacientes, H. Söderberg es mejor compañero de viaje que tantos kilos de arena, busco entre los sacos a mi musa o a la mujer de la gabardina y es como si hubiesen desaparecido de mi vida, el Doctor Glas es solitario aunque busca amigos en quien confiar, acaba reconociendo que la soledad enseña más que cualquier extraña o comprometida amistad, el Doctor Glas recomienda que no comprendamos muchas de las cosas que nos ocurren aunque si aplicamos la frase ya hemos comprendido demasiado y estamos perdidos. Si mis nuevos compañeros de viaje en vez de sacos de arena fuesen sacos de patatas pensaría por lo menos en una posible fritura.
El mapa del sur, lo busco y lo encuentro, no me gusta su hallazgo, un goteo por aquí, otro goteo por allá, muchos en la casa gobernada, la suma de goteos otorgan montantes tan globales como los primeros, la suma de esos resultantes globales se aproximan a la desgracia, no se entiende el concesionar sabiéndose que no se transforma en enteros estadísticos, al contrario, los viejos aspirantes de la escala piramidal sí eran fieles y ahora andan más desilusionados sin encontrar su razón de ser como efecto secundario dentro de las mismas cuentas, amén de la atmósfera retrógrada de muchos confiables que si un día lo fueron ya no lo son tanto por el mismo encasillamiento sin su viejo predecesor que a lo mejor ni existe. Las matemáticas no engañan, la lengua española tampoco, es todo un mero cálculo o la semántica de lo singular contra lo plural.
Busco a Jesús Tíscar y sigue sin estar, me soplan que un sector de la tramoya intermediaria lo quiere otra vez dentro, sueño que el Tíscar resucitó al trigésimo mes mientras se va mascullando en su vieja casa sobre el error de su prematuro retiro, algunos incautos de fuera de esa casa creían que las cosas eran eternas, precisamente por hacer caso a quién sí cree en otras eternidades algo más divinas. Y aunque yo regalo imágenes y escritura si fuese el Tíscar pediría a cambio un saco lleno de monedas de oro y varios barriles de ron.



Los sacos de arena ya están cargados

6 comentarios:

Lola dijo...

Ya solo queda pedir que esos sacos pasen a ser relojes de arena y así poder apreciar como el tiempo pasa grano a grano..............

Anónimo dijo...

Llegó por accidente de facebok, lo mejor esos libros desconocidos que nadie conoce, fuera de las comerciales recomendaciones habituales comerciales de periódicos y librerías.

Miquel dijo...

A veces, los relojes de arena se quedan atascados...el tiempo no corre nunca...

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

Si es para lo que me trae a la imaginación la foto, mejor que ni existan.

¡Un abrazo!

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Hay mapas que tienen demasiadas tierras incógnitas para los que quieren cartografiarlo todo.

Lansky dijo...

Los sacos de arena, como las armas de fuego, los carga el diablo