"Los niños apenas se separan de sus padres: los árboles amenazadores son las altas piernas de los extraños". El miedo de los niños. Antonio Muñoz Molina. Babelia. El País.
Justo cuando están a punto de degustar el arroz abro la primera página de Crímenes ejemplares de Max Aub, un coro de voces aplaude, el enorme sofrito desprende un aroma capaz de abrir la boca en lo alto del cerro a todo anciano asistente, todo consiste en una paella gigante, fue idea mía en la sombra la celebración de este acto gastronómico de dudoso nivel y por eso más de uno sigue sin soportarme. Una operaria permanece a la escucha desde la puerta, está en el interior, lo que controla y está pendiente de ellos sucede al contrario de lo habitual, el objeto de la curiosidad no está dentro, está en el exterior, es lo que tienen los extraños acontecimientos que se celebran en la solana aprovechando el buen tiempo reinante, sigue perfilando su infinitesimal función combinatoria de las tradiciones populares con el aseo y pulimiento de lo forjado, lo pintado y lo embaldosado, ha echado más talento con el transcurrir de tantos meses, la madurez había provocado la exclusión de lo imprudente e influyente, hacía años que no veía de nuevo a las mellizas, no se podía concentrar, estaban ahí otra vez, escuchar desde el quicio de la puerta en situación inversa a la normal le había extirpado el hipo crónico que padecía.
El intendente municipal es el maestro de ceremonias, ha envejecido con los años y la gobernanza local, la administración que representaba y los ideales nunca dejaron de ser amigos del escritor, él directamente nunca lo fue, siempre lo rechazó, no lo aceptó a pesar de que se invitaron mutuamente a tomar café en la capital en la Colombiana junto a la Diputación Provincial, pertenecía al meritoriado culto con afán investigatorio con el objeto de conocer cada día más y más las entrañas históricas y arqueológicas de toda la tierra que le rodeaba, el tiempo lo había consolidado como gobernador haciéndole perder por falta de tiempo material esas aptitudes intelectuales de forma progresiva permaneciéndole constantemente el tema en su sino pero sólo ya como inquietud sin desarrollar, lo contemplo en fotografías en la red que fueron tomadas en un acto y otro, me pongo a recordar oculto tras los árboles mientras preparan el fuego y las parrillas aquella época de tomar la vestimenta y la pegatina roja y circular de UGT, salir a la calle en solidaridad con los trabajadores de Primayor, recuperar la o y la s, eran días de política a nivel del suelo que pisamos, algunos me reprendían por hacerlo, vender negocios familiares para que incluso algunas trabajadoras de la carne tengan sustento en la provincia, vendérselo incluso al mismo empresario que explotaba ese tipo de negocio en la cercana localidad de Puente de Génave, eran días de política a nivel del suelo que pisamos, el auténtico mediatismo rentable era quizás ese, darle una salida laboral efectiva a estos trabajadores, la auténtica foto que vende electoralmente, una foto sólida en aquellos días de crisis mundial, nacional, autonómica y local, una foto que hace subir enteros electorales como nada, y nada que ver con tanta foto hueca que no resuelve ningún problema ni obsequia con nada al ciudadano. Al igual que los indignados, no estuvieron ninguno, tampoco durmieron con ellos en la puerta de la Delegación de Gobierno de la Junta e Andalucía, aquellos días del espíritu del 15M sí los entendía, acampadas en toda España, en la Puerta del Sol en Madrid, la Plaza Cataluña en Barcelona, la Plaza de las Palmeras en Jaén, mucha ilusión tenían, muchas propuestas generales o generalizadas pero qué gran olvido tuvieron con los trabajadores de Primayor, una gran causa para hace acopio de fuerza y que ambos sacaran su propio rédito reivindicativo, la recuperación del puesto de trabajo unos y los otros, trabajar sobre el carácter práctico de sus reclamaciones, que no quedaran en otro ejemplo más del mediatismo, al final, a la hora de lo práctico y efectivo todo se desvanece, no estaba ni estuvieron con ellos, la causa era propicia.
Cuando llegan las homenajeadas los pensionistas aplauden, se me acaban de disipar los recuerdos de aquellos días de manifestaciones y licencias médicas, me mantengo más al margen aún, así estamos varios, contemplando la fiesta cada uno desde su buscado ángulo, la operaria, el que suscribe, la rubia de bote que toma notas desde el coche con su bic de toda la vida, en su día hubiese sido de total inspiración como argumento para las columnas de opinión de su marido que ya no escribe con el mismo volumen que antes para el periódico local, vivir de lo progre aunque una cierta estrechez de espíritu o apego a la mentalidad o costumbre particular no le deje ver tres en un burro, la realidad es otra aunque haga pasar por el aro a cuatro infelices, y el político responsable consintiendo en solitario aquella función exitosa de público totalmente en silencio desde un palco o grada donde sólo se paraba a leer y memorizar decretos, leyes, cánones, lo humano no existe, el peligro acecha, no quiero que ocurra lo inevitable, recuperaron el calor justo a tiempo. Cuando se me abre el apetito han echado ya a la gigantesca satén con el caldo humeante el arroz, una actividad de homenaje a la propia actividad que antes no se celebraban, la añoranza de lo celebrado en la propia imaginación de los asistentes, relatos poéticos, fotografía, talleres de manualidades, fisioterapia, yoga, excursiones a la Manga del Mar Menor, M es muy válida personalmente, le han ofrecido incluso dirigir un centro de menores en la ciudad de Cástulo M y M desayunaron juntas un día de hace años, M me lo contaba luego desayunando ya conmigo ante mi interrogativa expresión, me habló de su valía, una puede desarrollarla, la otra no, lugares donde demostrar tu capacidad a mucha distancia, la distancia tampoco importa, el hecho es poder ejercer y ejercitar de forma real y no ficticia aunque luego se venda como teatro real a los invitados de la capital, desarrollar ideas, pensar, crear, que para eso incluso te pagaban como DISCAPACITADA en ese lejano lugar al que por la casi nula comunicación interurbana te costaba sudor y lágrimas desplazarte desde la capital elevando la altura así de los muros con alambre de espinos, todo en beneficio luego del anciano vecino, una de tus especialidades profesionales a la que más tiempo y alma has dedicado en conocimientos teóricos y buen hacer laboral en el pasado del pasado, o lo que importaba más eran las impuestas esas alambradas psicológicas levantadas en las afueras de la rúa para que no huya y otros puedan entrar como si de un asedio a la ciudad del cerro se tratase, pero nada de crear, nada de programar, ni siquiera estaba autorizada la contraprogramación a lo inexistente, el miedo de los niños a la rúa sigue ahí, no quieren ni oírla mencionar, menos el cerro aunque con el transcurrir de los años a alguien se le ocurra preparar una paella gigante para los ancianos, quizás imaginaria también para el que suscribe, el tiempo lo dirá.
2 comentarios:
"...Preparar una paella gigante para los ancianos...".Para los ancianos ya nadie quiere preparar nada...aunque no comprendan que de los años que uno tiene a llegar a ser anciano solo es cuestión de días...
El retrato costumbrista siempre estará de moda.
Por cierto: cuántas lecturas le debemos todos a Max Aub.
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