Dos Hermanas

¿Existió antes la pasión fraternal de terceros? Quizás no, algo de testigo mudo, permanencia vigilante desde lo alto o en el otro extremo de la estancia como en la paz de los sepulcros, yo las veía a las dos por el pasillo del sanatorio, podía ser el doble la una de la obra admirándose de forma mutua en el espejo, para colmo el Sanatorio Mental de Cástulo y estos recuerdos poco o nada daban ya de sí, una ligera presión invisible me obliga a recordar volviendo a una oscuridad que nunca termina, sólo una explosión al unísono con mi musa hubiese conseguido el final de esta novela mucho antes que empezase.
Ellas están ahí silenciosas y acechantes, están pero te ignoran en lo profundo de sus actos compartidos, se deben a ellos y ellas, es la más grande, no merece lo que supuestamente se le hace aunque ignoran el preludio de esta extraña versión de la Traviata que protagonizamos en la penumbra aunque los murmullos nunca dejaron de sonar por los rincones, se sabía todo. Algún amigo aparentaba o no quería saber. La evasiva hacia mi persona como escritor se va acrecentando con el paso de los días, las risas actuales ya no son las mismas que cuando vagaba sin rumbo por el interior de los muros del sanatorio buscando mi propia sombra y perseguido por su imagen holográfica como única posibilidad de demostrarme su propio deseo.
A pesar del oscuro silencio es el relato que abre el tomo de relatos de Días de Ira – Tres narraciones en tierra de nadie, algún día ya con el alta médica en las manos me daré cuenta que Jorge Volpi quizás estuvo por aquí en una situación o régimen similar. En A pesar del oscuro silencio se narra el interior de otro sanatorio donde el autor lo compara con una versión del de La Montaña Mágica pero al revés, el sanatorio como refugio contra la maldad del exterior, Jorge Volpi describe un espejo de mi actual situación en el Sanatorio Mental de Cástulo, la maldad no estaba precisamente en el exterior, es en el interior donde se concentra todo, los dardos envenenados ya secos, las insinuaciones sin eco, el extraño amor fraternal que un día aparecería de nuevo, el conejo blanco enjaulado que no conoce la libertad, cuando más me adentro en este relato de Volpi me forjo que yo mismo lo he plagiado en este blog sin haberlo leído antes, o quizás vivencia similares, frustraciones y celotipias andantes por el mismo derrotero, fracasos y soledades de autores y protagonistas prácticamente difuminados.

1 comentarios:

Antonio de Castro dijo...

La imagen de las dos mujeres en el pasillo, y la situación del sanatorio de Cástulo en general, me han llevado a pensar en la película de Inglar Bergman “Persona”.