Vidilla en la rúa

VIDILLA EN LA RÚA

Brotes unilaterales de un cierto caciquismo provinciano, argumentos que no parecían existir y que hasta los mismos médicos se sentían confusos para establecer un diagnóstico sobre un cuadro depresivo.

Su problema parece de otra época, cuando incluso al paciente le daba vergüenza contar estas cosas.

El doctor la ausculta con un viejo chisme de los años sesenta, un humor se le desparrama por la sien más por que lo oye que por lo elevado temperatura. Extraños comportamientos que surgen allí donde menos te lo esperas a través de una absurda minoría, un guión nuevo para verlo en el escenario, la platea iluminada son las luces iluminadas de Segura de la Sierra voces y risas desde lo alto de la montaña formando varios palcos ante el nuevo espectáculo, al parecer ya se sabían el anterior del que ya tuvieron noticia en directo, su realidad es la obra a representar, su pareja interpretativa remenea y vuelve remenear, brillo sobre lo que está mate pero mate se queda aunque pocos lo sepan, la ignorancia de lo privado aunque critique ante el sector vecinal lo público que cree que le afecta sobre los niveles de vagancia de la persona elegida, el silencio del que ordena, muchos silencios que siguen haciendo ruido, la escena principal está ensayada, se la saben de memorias las actrices de reparto, ya tuvieron su éxito en anteriores representaciones, todavía imagino a una de las viejas protagonistas plañiendo por la calle, el argumento principal es elevar los muros del tiempo, el último día y el primero de la semana unidos en forma de barrote carcelario, la unión de dos días separados por otros dos sin que existan éstos, es el mejor sistema para evitar la evasión, sin intención evasiva los días pierden la dilatación y vuelven a ensancharse, Vidilla en las Ondas era un programa de radio en Melilla en la década de los ochenta, todavía recuerdo escucharlo en aquel enorme cuartel llamado Teniente Flomesta o algo así a mediados de los ochenta, vidilla en la rúa si permaneces de los muros hacia dentro, a disfrutar de la estancia, la vida se vuelve con su permanencia en fácile y divertente, las iteraciones con los anteriores actores de diferente provincia le otorga a la historia una fuerza argumentística impresionante, historia que crecerá con el tiempo y ese argumento haya viaja más hacia el pasado.

Dos en una o una en dos, el apéndice humano ajeno a lo público que le gustan unos fregados sí y otros fregados no tanto, el mate sobre el brillo domina la escena en el decorado. Volvería al mate ocurra lo que ocurra, debe de brillar todo más que nunca.

No soportan el ruido en habitaciones contiguas si son de número par y ella sigue de forma impar en la suya.

Narrar lo que vemos y escuchamos, también lo que no oímos pero sí percibimos, los niños siguen con el susto en el cuerpo, el nombre de la villa les causa un sinsabor desazonante, no por lo que ocurra durante la noche sino por lo que vean y escuchen a pleno sol, actores de argumento intenso que aminoran y ridiculizan los pocos méritos del escritor o en este caso de un humilde servidor. También como escritor siento miedo, pánico escénico de volver a caminar por sus calles. He querido acercarme al intendente de la villa, compartimos mucho, más de lo que imaginamos ambos, lazos de carne que son un granito de arena en creación de riqueza y otras bienaventuranzas en el territorio, pasado y presente, futuro incierto, muchos cambios políticos últimamente, somos amigos, pero me respeta con su silencio mientras sigo buscando ángulos o perspectivas nuevas para las tomas fotográficas, repetir la discreción y el objetivo pequeño para seguir buscando lo decisivo del instante, me anunciaron una nueva expo, todavía nos une la ilusión mientras otros echan talento, quizás exponga con él ante un nuevo fracaso.

5 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Me quedo con tu reflexión inicial. Todavía, en provincias, hay demasiado caciquismo. Como la mala hierba.

Rayuela dijo...

vida de provinicias, caciques, hipocresía.


abrazo*

Miquel dijo...

Yo no vivo en provincias...vivo en una aldea grande...no se que es peor...

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

Pero nos podemos revelar, y aunque pasen años, puede cambiar.

Me uno a las palabras de Miquel. Yo también vivo en una aldea grande, con pensamiento pequeño.

Antonio de Castro dijo...

Yo me quedo con la reflexion del final, ese intento de acceder a lo que hay detras de ese caciquismo provinciano del que hablas al principio, tal vez para tratar de trascenderlo.