Alicia y Marina

La Parreta queda un poco como hacia el oeste, Alicia contempla los naranjos de ese campo si mira hacia el sur, las montañas de los maquis podemos verlas ambos, ella y yo, los dos, sobretodo tras un baños en el azul cloro. Las historias de segundos maridos tienen puntos en común, qué le podría contar a ella de propósitos pero sin enmienda, Babelia (El País) lo tiene fácil, estuvieron por aquí por esta parte del Bajo Maestrazgo y ni me enteré, Rosa Mora y Joseph Lluis Sellart hicieron un buen trabajo textual y fotográfico, conseguir el retrato de esa espléndida mujer no siempre es tarea fácil, la novela Donde nadie te encuentre de Alicia Jiménez Bartlett no la leeré al quedar un día ya saturado de historias de maquis y acontecimiento similares de la guerra civil y otras guerras de mayor escala, la autora llegó tarde conmigo, igualmente a Alicia es difícil encontrarla aquí aunque siempre esté, esas montañas compartidas son las que esconden su personaje que un día fue alguien real, alguien de carne y hueso, ahora sólo hueso, mientras Babelia da fe de la visual de su escondrijo seguiremos escribiendo con refugio o sin él.

Con Marina Perezagua recorro la ciudad, un escaparate y otro, unos nos miran con rostro más o menos expresivos, otros parecen insinuarse al cliente, otros los atemoriza provocando que la posible cliente llame a su marido asustada al sentirse perseguida por estos muñecos. Caza de muñecas es un relato inspirador, después de tanta fotografía a maniquís encerrados en los escaparates se me había ocurrido escribir un relato basándome en un posible tráfico de estos seres inertes pero que parecen tener más vida propia que lo que generalmente pensamos, pero al final he pensado que no lo haré, y es que la autora de Criaturas abisales no puede vivir sólo de relatos como el cuento Lengua foránea, lenguas deseadas que se conectan al sexo femenino, lenguas utilizadas en la entrepierna hasta la saciedad en un vuelo transoceánico, excuso a la imaginativa autora Marina Perezagua con esas Criaturas abisales tan reales que no son más que una extensión metafórica de nuestros propios deseos. Mezclando dos relatos podíamos experimentar en plena calle el grado de excitabilidad y de llegar al clímax de estos seres aparentemente inorgánicos, si mezclamos otro más podemos añadir un nuevo giro al argumento, materia orgánica e inorgánica capaz de penetrar o no (La Impenetrable), personajes inmortales, materia narrativa y mezcolanza ridícula que harían capaz de hacer arder hasta el hartazgo y saciedad no sólo su sanatorio sino también las históricas ruinas que todavía perviven en la vieja ciudad de Cástulo.

Cuando terminemos de ver tanto maniquí podrías llevarme a esa ciudad.

Marina es atrevida, con sus relatos lo ha demostrado, clásica originalidad, sería capaz de penetrar en la ciudad de Cástulo para intentar hacerme la competencia, el mejor relato que se adecua a lo que le conté un rato antes cuando nos reunimos los dos a tomar café fue El rendido, se deja hacer, lo deja hacer, la condena no es otra que cadena perpetua, una condena predestinada en el deseo antes de hacerle caer en el delito, “......Él no podía adivinar qué había detrás de mi comportamiento,.....”, ella siempre supo que lo sabía, “......él tendría ya preparada la manera de quitarse la vida......”, los cristales y espejos hablan, aquel suicidarse poco a poco, en Cástulo todo es poco a poco, los suicidios, los medios orgasmos, por eso es mejor que no vayamos.

Por eso tenemos que ir. ¿Qué son los medios orgasmos?

Cuando te los cuentan, no te quieren contar todo lo que sienten o les gustaría sentir, por eso te cuentan sólo la mitad, todo es la mitad, orgasmo incluído.

Me quitaría a mí Marina la redacción de esa segunda parte que quizás circula ya por ahí de los alegres días de Cástulo, el amable reverso de los sinsabores vividos y establecidos, en su segundo viaje a esta provincia iremos, que esté segura.

2 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

En el fondo, no hemos dejado de ser ese tipo de criaturas, por mucho que hayamos salido a la luz en apariencia.

Esilleviana dijo...

Alicia Jiménez Bartlett, premio Nadal con ayuda de "La Pastora" y
Marina Perezagua: “Como cualquier virus, la locura se contagia”. Interesante.

Y de tu modo de explicar y narrar deseo también contagiarme :))

Siempre es una agradable lectura la que nos ofreces.

un abrazo