Cartelera

Después de tanto tiempo con el teatro desierto la cola del respetable público parece querer llegar hasta Benatae, la dirección teatral se confunde en el tiempo si no es que el tiempo la confunde a ella primero, dirigir la escena fuera de la obra, tanto los actores como los espectadores no se pueden concentrar y entra todo en un resultado inesperado. A pesar de ello el éxito parece asegurado, en el exterior aire caliente y zureo de las palomas, un letrero colgado en la fachada al sol pajizo y blanquecino por la confusión del largo tiempo transcurrido anunciando la función al posible espectador. Justo cuando se abre el telón el protagonista principal confunde en la actuación su papel, se enfrenta al dobles niveles de espectadores, en uno de ellos ese protagonista es perjudicado por el daño de los efectos secundarios del guión, en el otro nivel de forma distinta es donde el actor provoca el maleficio para ese nivel. En ambos sólo conocen su parte asignada de la escena, comparten aforo pero permanecen ciegos ante la versión que no les corresponde presenciar aunque la tengan ante sus ojos, prefieren no reconocerla, cada uno con lo suyo. Es el tercer nivel silencioso situado en el mismo patio de butacas, aquí se guarda silencio, son la mayoría de vecinos de la Rúa que asisten con curiosidad al Cerro para visionar el estreno de la función de que con una cosa y otra, y esa diferenciación de niveles respecto de la misma historia ofrecida, la sala del teatro aparezca con el aforo completo a pesar de la poca iluminación. El director de escena no estaba desacostumbrado a la oscuridad, entiende del guión lo que no interesa al resto, incluso un espectador de Villanueva del Arzobispo que abonó religiosamente la entrada prefiere asistir de forma gratuita a la representación teatral del resto de otras voces que niegan la literalidad que presencian sus ojos ante el escenario.

Mañana viene de la capital una nueva actriz, debo prepararle la cama.

¿Cómo van a venir tantos espectadores a la función? Cada vez viene menos público, poca expectación para tanto actor.

Mis actrices protagonistas suelo elegirlas. Olvido siempre que puedo su circunstancia personal, no quiero saber nada de sus vidas del tiempo presente hacia atrás., tienen que actuar para mí en el escenario con dos guiones, el escrito y el improvisado.

No confíes en la improvisación, desde el cruce de los Pinares de Amurjo un padre y su hija que han llegado tarde, les da miedo presenciar la función, siguen en el coche con el motor parado y las luces encendidas, no se atreven a seguir hacia el Cerro, la niña sobretodo llorar al oír la denominación del lugar.

Le tienen miedo hasta a las mismísimas calles de la Rúa.

Un especia también improvisado entre el actor del escenario y el espectador cómodamente sentado. Le solicitan a éstos de las butacas que intercedan ante la dirección escénica, no cuadran con la función asignada, el guión es uno, la interpretación es otra, el actor con poca esperanza espera algo del espectador, que sean estos los que actúen, que se solidaricen con ellos y su papel de llegar a creerse que han pecado sin saber sobre qué mandamiento legal o divino, más en un teatro al que últimamente nadie acudía, ni espectadores ni actores entraban en su interior, su cartel de cartelera anunciaba una obra la que no sólo no era presenciada por nadie, sino que tampoco nunca se representaba, así un día y otro. Ahora todos los espectadores de los diferentes niveles se sienten atrapados ante el argumentarlo existente, el padre y su hija prefieren permanecer sin salir del vehículo en el cruce de la piscina de Amurjo, el progenitor le cuenta a la niña que no existe tal obra, que está anunciada en cartelera tanto en el cerro como por la Plaza de la Iglesia, un cartel o cartelera anunciadora de algo que quizás fue en su día, ¿para qué subir entonces?

Al principio venía feliz, nunca había funciones, me gustaba subir y bajar corriendo por las escaleras.

Hasta la época en que las campanas de la Iglesia de la Rúa dejaron de sonar entre el viernes y el lunes, como si cuatro días se tornasen uno sólo o incluso ninguno, el tiempo volatilizado, las horas encogidas por voluntad humana.

El curso de los acontecimientos hace mella entre los espectadores, ya daba igual que fuesen del pueblo, de la ciudad, incluso algún que otro espectador de la capital que no se encontraba entre el público se sentía implicado como el resto, pasado a ser protagonista de lo que previamente estaban presenciando, costaría atender a dos situaciones personales imprevistas e improvisadas. El espectador que pago su entrada para terminar actuando, el actor intérprete que cobra por presenciar la obra desde el escenario en el patio de butacas, ahora los nuevos actores no portan ningún tipo de atrezzo para la nueva e imprevista situación, su vestimenta o máscara son sus actos vitales que poco a poco van viniendo a menos, aquellos que niegan que nunca lo fueron como ellos tampoco, empiezan a negarse a sí mismos, salen todos al final por la misma puerta, la obra teatral vuelve a ser inexistente, el tiempo manipulado y el sol ha descolorido el anuncio que todavía cuelga y colgará donde siempre estuvo anunciando lo que no es, en el Cerro la vida sigue ausente.

Debemos de darnos la vuelta y volver a casa. Creo que arriba no hay nadie.



Descubre en la foto al impostor

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya Ful!
Juan sin miedo.

Miquel dijo...

Ostras ¡¡¡ la foto es de lo más intrigante..

Lansky dijo...

¡Macho..! ¿de dónde has sacado esa foto?

Emma dijo...

El impostor está en el ataud, no?

La sonrisa de Hiperión dijo...

Estupendas las cosas que nos dejas, gracias por compartir.

Saludos y un abrazo.

Antonio de Castro dijo...

Magnífica y compleja entrada. La dos últimas frases son demoledoras, así como la soledad que se presiente a lo largo de todo el relato: “entre lo que no sucede y sucede”, que diría Marías.
Un saludo.

Lola dijo...

Al de la barba????????????????? creo tambien que arriba no va a haber nadie noooooooooo

Esilleviana dijo...

(estaba convencida que había dejado un comentario... porque recuerdo que escribí un encabezamiento tal como: el impostor -como señala Lola-, está entre los dos pilares de madera jaja).

No sé por qué he pensado que este teatro, actuación y anuncio de espectáculo coincide de pleno con toda la parefernalia, protocolo y teatro organizado en torno al JMJ y la visita del papa... seguro que me confundo, pero me ha resultado muy evidente. Los tres niveles: el primero de ellos "ese protagonista es perjudicado por el daño de los efectos secundarios del guión", el actor principal se cree dios; el segundo nivel "otro nivel de forma distinta es donde el actor provoca el maleficio para ese nivel", el actor envia mensajes contradictorios con la libertad, la moral y la felicidad del hombre y, el tercer nivel, "situado en el mismo patio de butacas, aquí se guarda silencio, son la mayoría de vecinos de la Rúa que asisten con curiosidad al Cerro para visionar el estreno de la función de que con una cosa y otra", todos los seguidores y creyentes...
bueno, es muy temprano y hoy estaba dando vueltas en la cama... usted perdone por la interpretación jajaja.

un abrazo

the81swriter dijo...

Las palabras te hacen viajar, y hoy lo han hecho las tuyas para mi. :)

Pedro Ojeda Escudero dijo...

¿Qué otra cosa es el teatro, quiero decir, la vida? Por cierto: arriba, me temo, casi nunca hay nadie.

Anónimo dijo...

o arriba... cuarta fase. Alegra esa cara, entrada, que hable el futbol.
Leo.