Empieza a llover justo cuando detengo el vehículo en el cruce donde la carretera bifurca hacia los pinares de Amurjo. Más hacia arriba pronto se abrirá el Teatro Principal, su nombre me recuerda a aquel que nunca más volvieron a abrir en Úbeda en la época de mi estival infancia pasajera por la ciudad, es el momento de negociar con compañías que traigan funciones atrayentes, sólo así se le podrá dar el sentido que merece la existencia del cerro, abrirlo al mundo, cerrarlo a la soledad que impera en su alrededor y pueda dejar de hacernos agravar nuestra propia locura.
El tomo segundo de estas obras completas me invitan a una detenida lectura de El Astillero – Juan Carlos Onetti, esos árboles junto al cruce hacia Amurjo invitan a sentar el lomo junto al tronco con el libro abierto y la mirada fija en sus páginas, no es posible ante esa fina lluvia que apareció de repente y que no cesa, mejor seguir leyendo en el interior coche con los cristales empañándose poco a poco. No me concentro en la lectura, hay que traer lo no material, lo material existe, lo que le hace falta al Cerro son nuevas obras participativas de teatro que atraigan las multitudes silenciosas de la rúa, dejar de ser el cerro una especie de lugar confuso, que no sirva de trampa manipuladora del tiempo al despistado visitante de tantos fracasados momentos
- Puerto Astillero está muerto, doctor. Apenas si atracan las lanchas, nadie llega ni se embarca.....
Seguramente me expulsarán de la Rúa si es que no lo han hecho ya sin darme primero la bienvenida, sin tan siquiera conocerme, la población no está acostumbrada a representaciones quiméricas, la rúa no es ni Mágina ni Cástulo, posee de identidad argumentística propia, le sobran pardillos ocasionales con ambición individualizada en el mundo de las letras que vengan a remover sus emociones, sensaciones e ideas propias, todo lo contrario y siento tener que regresar a Cástulo, los habitantes de este último iban desarrollando su propia historia a fin de que en el futuro pudiese ser narrada, aquí en la Rúa ya está todo narrado.
- .....Petrus es un farsante cuando le ofrece la gerencia general y usted otro cuando acepta. Es un juego, y usted y él saben que el otro está jugando. Pero se callan y disimulan. Petrus necesita un gerente para poder chicanear probando que no se interrumpió el funcionamiento del astillero. Usted quiere ir acumulando sueldos....
Es difícil pero lo aceptamos, lo hacemos y nos dejamos llevar, convertimos en un recreo y pasatiempo lo oscuro en apariencia, el traer en tren un grupo de mujeres para alegrar la vida de los hombres corresponde al mismo personaje a Larsen, pero la historia es otra, corresponde a Juntacadáveres que fue escrita después aunque sucedió antes, el nombre de la novela y apodo del personaje es muy significativo pareciendo concentrar el grueso de la línea argumental.
.......descubrir, con asombro, con fastidio y una indominable excitación, que el hecho de que el astillero hubiera llegado a convertirse en un mundo completo, infinitamente aislado e independiente, no excluía la existencia del otro mundo, este que pisaba ahora y donde él mismo había residido alguna vez.
Por eso siento desconcierto, me cuesta arrancar el coche de nuevo y cerrar El astillero justo por el punto de lectura en el que me he quedado, arrancar el vehículo y subir al cerro para que no me cuente ni transmita nada nadie que me encuentre ahí arriba, un lugar donde la vida parece carecer de sentido por esa atmósfera de la no existencia, una no existencia que se invierte progresivamente tal como se desciende a pie por las calles de la Rúa, todo más arriba es más pecaminoso aunque no se cometan ni pecados ni actos virtuosos, simplemente nada de entre la mismísima nada, Larsen nuestro protagonista descubre o reflexiona que lo que hace pecaminoso al pecado es su inutilidad, que no sirva simplemente por no existir. La lectura se me torna con la incesante lluvia un poco abrasiva, es como si estuviese atrapado en este cruce de Amurjo, no ocurre ni sucede algo nuevo en esas líneas de Juan Carlos Onetti que me trasladan imaginariamente al cerro sin poder moverme del lugar, lugares donde no ocurre algo que valga la pena contar o suceder demasiadas cosas a la vez aunque todo sea producto de narrar algo, el autor dibuja lo oscuro con una construcción magistral de sus palabras en frases, la densidad de los párrafos de El astillero es poca, simplemente tienes que vivirlos como tal, sin ninguna línea o argumento concreto al no existir éste. Vuelvo a pensar que buenas obras de teatro puedan otorgarle valor vital a aquello donde nada existe, algo que me haga viajar más lejos de este cruce que nos llevaría a los pinares de Amurjo, Juan Carlos Onetti me tiene totalmente atrapado al igual que la atmósfera del lluvioso paraje sigo sin poder salir de este entramado que sucede en la bifurcación.
10 comentarios:
“...Saludó tocándose el sombrero y revisó todos sus cálculos acerca de la edad de la mujer. Estaban en el centro de una nube, concluidos e incrédulos, y ningún rumor llegaba para ayudarlos...”
El astillero
J. C. Onetti
apetece leer todos los libros que nos propones.
:)
Interesante ...
he retomado a Onetti con plan estipulado por unos de sus más grandes estudiosos, y la misiva ahora es hacerlo cronologicamente. Así que me reservo su post para dentro de tres semanas en las que llegaremos al astillero. Por ahora acabamos de descifrar al posible Baldi, sumergirnos en la metonímica Avda de Mayo - Diagonal, y estamos emergiendo del Pozo, ya comenzamos a zambullirnos en el sueño realizado, y ahora me tiene en el entramado de Para esta noche, nada simple éste último. Venga a contarme del Pozo que hace una semana escribí sobre mis párrafos subrayados. Alguna vez me reclamó que no lo había invitado a bailar un tango en mi ciudad, ahora lo invito al laberinto.
http://delaberintosydeespejos.blogspot.com/
Onetti sí que me gusta, Javier Marías no.
Gracias por tus murmullos.
Besos
Acabo de recordar que hace demasiado tiempo que no leo a Onetti.
yo estoy ahora con Dejemos hablar al viento; curiosa coincidencia; saludos, J. G.
Onetti es "matute", que se decía en mi pueblo cuando un futbolista de más edad entraba a jugar con los pequeños. Era ventajista. Como Onetti.
J.C. Onetti qué zarpado!
Onetti me deprime.
Eso demuestra que es bueno, el muy cabrón y su astillero...
De nuevo por tu casa, amigo.
Saludos y un abrazo.
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