Prologuistas

Max Aub nos relata que escribir en España es una continua desesperanza, ser escritor o intentar serlo pienso que tendrá esa premisa desesperanzador, pero ser prologuista no, aquí en nuestro país siempre hemos tenido un rincón de privilegio para los grandes prologuistas entre tanta mediocridad escritora, entre tanto escritor perteneciente al club de los vagos, entre tanto escritor saqueador de bibliotecas como le gustaba llevar a la práctica Borges, podíamos considerar que prologar un libro y escribirlo fuese una actividad paralela, nadie se atrevió por una merma en su valor, imaginemos comprar libros con el prólogo con el único interés. Empiezo a leer por encargo una publicación de un Concurso de Relato Corto y Poesía para Personas Mayores, leo el prólogo, leo y pienso en ellos, en los prologuistas, Carmen Álvarez Arazola, Teresa Bustós Alarcón prologuistas y miembros de la organización del concurso, M me sugirió algún consejo antes de la publicación que nunca supe darle.

...la falta de recursos se superaba con la imaginación y con regalos de lata y muñecas de cartón.

La sencillez de la escritura de los mayores es bastante patente. Sin querer salir del anonimato relativo que mantengo con ellos quise utilizar mi oscura influencia en la distancia con Diario Jaén para intentar publicarle a aquel anciano su poemario de la niña que no conoció a su madre, creo que no tenía prólogo cuando me lo mostró, una anciano pletórico de bondad que conocí en los jardines de ese nebuloso punto de referencia llamado el Cerro, conocer personas como ese señor mayor te hace pensar que el mundo sin duda podemos hacerlo mejor, una actividad particular y privada si un día conseguimos hacerlo, para ello tengo que volver a la Rúa cuando mi hija deje de tenerle pavor, nada reprochable por parte de nadie la publicación de poemas, libertad de escritura, libertad de expresión, libertad de hablar en la calle de la Rúa con el abuelo o abuela que nos plazca a cada uno de nosotros, dejar de manipular alterando las horas y los minutos para romper el maleficio de la unión de dos días haciendo desaparecer otros dos de por medio como si no perteneciesen al calendario, el bienestar social lo disfrutamos para todo el mundo, no deja de ser un mero reflejo, también lo hace el superior encargado de aplicar dicho bienestar, tampoco deja su disfrute a todo aquel que va descendiendo de forma jerárquica, bienestar social por partida doble, todos deseamos el disfrute de su vivencia, vivirlo en la realidad, superando el cruce que conduce a los Pinares de Amurjo fuera de ese maldito espejo que hace multiplicar todos y cada uno de nuestros actos multiplicando también por consiguiente y en parte el horror infantil a determinados lugares.
Mejor salir de las páginas de Antonio Di Benedetto, de Juan Carlos Onnetti, ser un personaje extraño que escapa de todas esas páginas, pero escapar de lo que escriben escritores en potencia de la tercera edad puede ser luego un misterio prometedor aunque este verano aprovechando la feria y fiestas el Ayuntamiento de Sabiote la revista veraniega La Puerta de la Villa me hayan solicitado una colaboración que ya expondré puntualmente aquí cuando pase esa Feria de Sabiote, dar un rodeo en círculo a una ida y no venida a dicha feria, ignoro quién será el prologuista de la revista, siempre suele serlo el alcalde, el misterio sería desvelado para no dejar esa promesa baldía, no leer el interior de ese libro publicado y reseñar un prólogo hubiese sido más fácil, prólogos con más desarrollo vital que el contenido, me quedo con ese mencionado prólogo, no poder salir más al exterior de esa obra literaria, el grueso de lo que se pretende transmitir debe de quedar para lector habitual, prologuistas no prologados, mejor que entren en el argumentario y a mí no me hagan caso, los abuelos poetas y los abuelos narradores no deben de dejar de ser los protagonistas.

11 comentarios:

Miquel dijo...

he de decir que siempre me ha costado leer al seños Max...

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

¡Muy interesante tu artículo!

Por deformación profesional, yo lo que primero me fijo es en la manufactura del libro, revista, periódico, o panfleto. El prólogo no lo leo, me lo salto, porque me conozco y puede que deje de leerlo por lo que haya leido en el prólogo.

Además, no me dice nada que el prólogo esté escrito por alguien famoso.

Con respecto a los escritores que hay, y a los que publican, no sé decirte si todo los que publican son buenos, o todos los que no publican son malos.

¡Feliz agosto!

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Yo mantengo, en mi Universidad, un taller de escritura para personas mayores. Aprendo más de ellos que ellos de mí.

Lansky dijo...

Prologar un libro siempre es mejor que pro-longarlo, como hacen tantos hoy en día. Y, boutades al margen, luego está el divo que dice que el nunca lee los prólogos (cuando es lo único que lee), el prologuista que lo primero que dice es que te saltes su propio prólogo, el que se prologa a sí mismo, el que busca alguien de prestigio para que le prologue su bodrio, etc. A mi me fascinan los prólogos, que suelo leer después del libro para reirme un rato.

La gallina ciega de Max Aub y el conjunto de sus 'campos' es prodigioso

Dr.Mikel dijo...

Es cierto que a veces un prologo ha merecido mucho más que su contenido, ya sabes o se bien paga o se deben favores.
Me gusta la sintaxis inocente.

Frank Invernoz dijo...

Creo que el prólogo puede ser innecesario si el contenido del libro es bueno. Coincido con Dr. Mikel el prólogo se paga o hay un interés personal del autor hacia el prologuista.

Anónimo dijo...

En efecto, te darás cuenta Jesús que a veces el mismo prologuista o prologuistas son los que manejan el guión, más a veces que el autor.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Hay prologos sublimes sobre obras infumables... Llevaba días sin comentar (cosas de las vacaciones) pero ya de nuevo por aquí.

Saludos y un abrazo.

Esilleviana dijo...

Qué interesante.
Hasta ahora mismo (después de leerte), no había considerado importante (lo siento...) la función y la utilidad el prólogo; cuando el libro que leo está prologado siempre lo leo, sobre todo para conocer la visión que esa persona (la que lo escribe)tiene acerca del libro, que no tiene porqué coincidir con la mía. Estoy pensando, ya casi no encuentro prólogos en los libros que caen en mis manos. Ahora tengo Riña de gatos, y no tiene prólogo.
También pensé que para escribir una introducción solo tenías que ser famoso (no se moleste por este comentario, soy totalmente sincera e ignorante en ésta y tantas materias), conocido para que le rogaran tal menester. Pero después de leerle/te pensaré en el cometido de estas personas (que espero y deseo que se informen antes de escribir el preámbulo de una historia o relatar el trabajo del escritor del libro.

Un magnífico post...
:))

un abrazo

Francisco dijo...

Algunos prólogos quitan el hipo, con todo ese puñado de páginas encabezadas con apartados y subapartados de historia de la literatura enlazada con la biografía del autor, y se aprende muchísimo. Yo creo que no tiene importancia que se cuente la historia en el prólogo, todo el mundo sabe que lo que hace buena una historia no es tanto lo que se cuenta si no cómo se cuenta.
Como Lansky, los leo al final, porque al principio me da mucha pereza y me hacen perder interés en el libro. Leerlos al final es mucho más constructivo.
Un abrazo.

carmeloti dijo...

Aqui me he quedado leyendo un poco más, me gusta como diseccionas la letra y como juegas con ellas.

Hace justo un año me encontraba leyendo un libro inédito, de un pseudoescritor y como buena infáme lectora, y falsa escritora, le hice el prólogo a una novela, que como tu abuelo me hizo reflexionar de los que cuentan hostorias y nunca serán... por eso me sentí tan afortunada de hacerle el prólogo a un contador de historias y un escritor D. Nadie cualquiera, una prologuista sin nombre y que solo la conoce su amigo por un mail...