Mi hija se inquieta en el asiento de atrás, empieza a sentir miedo, llevamos varias horas de viaje y se nos ha hecho de noche, es la primera vez que asiste conmigo al teatro, la función por fin parece que va a dar comienzo. Mientras cogemos el carril que nos conduce hacia el cerro pienso en los miedos, en el suyo y en el mío, en los vacíos de condena, llenar u ocupar un vacío que se te abre a diario, no saber sobre la cuestión, sentir pánico escénico, dejarte arrastrar hacia otro vacío mucho más abismal que pude olvidar al vivenciar un encuentro dentro de lo onírico una noche con quien vino a ocupar su lugar, visitamos un pueblo extraño y desconocido, los vecinos dicen haber visto lo que nunca vieron, nos vimos obligados los dos a representar en la realidad lo que nunca había sucedido a fin de que esa vecindad guardase silencio, nunca pude contárselo ni a la que hizo el vacío ni la que vino a llenarlo, al final o condenados unos al fracaso mientras otros siguen esperando a que les llegue antes o después, la suerte se encarga de que aunque tengamos diferentes bolas en el bombo toca siempre la misma escena como elegida a ser representada.
Nos desviamos a la izquierda, de frente el camino prosigue hacia el verdor de los pinos de Amurjo, el camino empinado hacia la desolación del Cerro me obliga a reducir a segunda, imagino el teatro cerrado, a pesar de este viaje por sus cercanías el ambiente supera la nulidad, no existe como tal, me detengo y cojo el programa que recogí esa misma mañana en Jaén, lo leo bajo la lámpara interna del vehículo, la obra tiene que representarse dentro de pocos minutos, la entrada también me saca de dudas, no hay nadie por la calle, ni siquiera por la que asciende desde la Rúa.
¿Por qué nos paramos papá?
Creo que no hay función. Teatro sí, función quizás no.
¿De qué iba?
No sé qué contestarle, es algo complicado hablar de sayones que fueron víctimas de sí mismos, de un director de escena que no sale de su época representando una y otra vez la misma obra aunque transcurra el tiempo confundiendo ese tiempo cuando se transfigura en el papel de actriz provocando que un error en ese papel representado en el escenario de alguno de los personajes secundarios la haga volver a su papel de director de escena, amenazando con ello a los actores con dar aviso a los civiles, pero el error no es tal le comento a mi hija, es una parte del argumento donde se provoca adrede una improvisación sobre el guión ya escrito.
Un día lo entenderás, si te gusta la literatura y el teatro comprenderás que salvar a los personajes sean o no secundarios es que éstos sigan el guión sin descarrilar, es decir, en sentido totalmente literal, las únicas salidas posibles en el guión no escrito serán las diseñadas por la imaginación del director aunque el libreto escrito se base en los más primitivo del ser humano, una óptima dirección teatral es la única capacitada para elegir de los actores o espectadores lo que es bueno o malo para ellos, lo que deben de decir o lo que deben de callar incluso fuera del escenario o recinto teatral, capaz incluso de opinar sobre su propia economía personal de gastos e ingresos y poseer buen criterio para reprender si hace falta a aquellos que hablen con otros compañeros de reparto por las calles de la Rúa.
Sigo pensando en el teatro cerrado y sin función, construido algo lejos del casco viejo, en el presente es como si el escenario con el telón sin levantar sufriese un castigo por su propio pasado en un entorno desértico.
9 comentarios:
Lindo texto, un juego que puede dar lugar a varias interpretaciones y obliga a releerlo para descubrir cosas nuevas, como cuando se vuelve a ver una película otra vez. Muy bueno, es mi modesta crítica.
Ante la invasión de mi ciudad por hordas católicas furibundas y hormonadas hago saber que:
SI DIOS EXISTE NO ME CAE NADA BIEN
Y disculpa que te use de tablón de anuncios (más bien de muro de lamentaciones); por cierto, el texto muy que muy vacilón, enhorabuena.
En el teatro de la vida son los personajes los que escriben el guión.... Sin saber como llegaran al final....aunque si saben que el final llegará
hasta ahora no había recapacitado acerca de la diferencia entre función y teatro; puede haber un género literario pero sin espectáculo y diversión. Tus palabras suelen ser siempre muy certeras.
un abrazo
:)
La mezcla de las realidades y el teatro de la vida...me gusta como escribes...
Besos
"Teatro sí, función quizás no". Reflexionaba sobre lo mismito anoche... Buena lección para la pequeña, es hora de que lo aprenda.
Más allá de las reflexión sobre teatro, función , actores, etc., hay una escena que se me representa sumamente Lynch. Un pequeño Deja vu ficcional, una película que vi, pero con otros personajes, desierto, polvo, soledad.
He leído la entrada sobre los triangulos y la novela de Marías, que me parece de una belleza inmensa: es la primera que leo.
Hay una cuestión ahí, porque yo, que soy proclive a los triangulos, percibo una lucha, quizá falaz, entre la ingenuidad y la perversidad. Mi imagen de Luisa ha quedado en tensión. Y ahora reparo en que, en realidad, jamás sabremos los hervideros internos de cada personaje en esa novela.
Un abrazo.
Me gustó este teatro, y tu blog. Gracias por tus huellas en mi blog.
Salu2.
He leído tres veces 'telón sin levantar' me encanta y además me parece muy bueno.
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