Me animo a correr, parece que hago de nuevo algunos amagos, puedo seguir contemplándola en la ducha cuando miro hacia abajo y eso es importante, perder masa ahí donde sobraba a costa de visualizar lo que a veces permanece un tanto oculto, que buen cuadro pienso hacer en ese nuevo triángulo improvisado en el Sanatorio Mental de Cástulo, sus calles adyacentes siguen algo turbias, nada que ver con la violencia silenciosa en el interior de los muros del hospital, uno de los vértices sería una de las personajes creadas por el autor, el vértice no femenino quedaría en un estado provisional de ambigüedad, uno de los otros dos restantes se reiría por detrás ante mis aparentes celos, el problema iba a ser resolver como cuadrar en ese polígono de tres lados desiguales, la lectura terminada de Los enamoramientos – Javier Marías – Alfaguara, no me inspira la forma de buscar la mejor entrada de las dos posibles aunque la tenga ya decidida de antemano, Javier Marías y sus citas literarias para inanes argumentos en su libro, magistral recreación letrista para una historia que cabe en página y media, también existe un triángulo aunque más perfecto, más equilátero, María y Luisa, Luisa y María, en su lectura se me ofrece ahora el calor que al divagar de sus páginas no me deja concentrarme en la posición para que uno de los vértices se aproveche del mejor compás.
El triángulo provisional formado es una farsa, tres vértices que desconfían el uno del otro aunque guarden las mejores de las formas, la relación entre ellos es extraña e inexistente, saludos de buenos días y contarse mutuamente su propia historia que a ninguno de ellos mismos les interesa la del otro, son oyentes entre ellos de un silencio prefabricado de palabras que suenan antes de desaparecer en el aire, me prefieren a mí al creerse que practico una especie de venganza literaria sobre algún asunto no resuelto, que quiero utilizar el sexo para consumarlo, aparentan no conocerme haciendo ver que sólo han oído hablar de mí, enamorarla ya no hace falta, vivió durante todos estos años en ese estado de total permanencia, la elección del vértice lleva muchos años practicada, ahora se trata de penetrar en el propio relato, evocar el odio donde siempre te ignoraron y siguen en pos de uno a determinada distancia, seguir siendo una especie de animal malparido aunque de cierta forma bienvenido, partir de nuevo hacia Cástulo buscando vivenciar la parte del argumento que nunca escribí, la unión fuera de lo ficticio con un personaje real más que literario, en Cástulo sólo caben una de estas dos opciones, la victoria o la derrota, siempre estuvo claro que fui uno de los derrotados, aunque también estuvieron las dos seguros de que volvería.
Dudaba de si citarla a solas en la Cafetería Fleming de la todavía llamada Calle Sagunto, ya no se podía fumar en su interior facilitando las cosas del posible encuentro, los aperitivos del mostrador de cristal parecían los mismos que nunca había probado aquellos años atrás de tanta tertulia mañanera, el lugar parecía sencillo para intentar atraerla a solas no sin antes secar el sudor adquirido como alma sin pasado y al no ser saludado por ninguna de las almas andantes en la rectilínea calle que me condujo hasta ahí desde la Estación de Autobuses de Cástulo, le solicitaría permiso al camarero para entrar en la ducha y lavarme el sudor, refrescarse uno también las axilas y el mojino, descansar del viaje en una cómoda habitación.
Tengo una buena cama, ahí podrá dormir mientras la espera, tenga por seguro que vendrá, le subiré algo de pan.
No sabe nada de mi nueva venida.
Te estaba esperando.
Sí lo sabía, el camarero le había preparado la habitación como lugar de negocios para nuestra reunión, no había envejecido ninguno de los miles de días que habían pasado desde nuestra última visual, vestía con una camiseta que publicitaba una conocida marca de refresco, no llevaba pantalón ni falda, ni siquiera minifalda, sólo una breve prenda interior negra que no pude adivinar aunque tampoco la ocultaba si era de baño o pura de interior femenina.
Si tu deseo es tomarme primero debes bañarte. El baño está servido.
La bañera estaba preparada justo en la mitad de la habitación, un blanco espumerío invitaba a entrar y relajarse tumbado con la dulce contemplación de mi compañía femenina que ya se había dispuesto a pasarme la esponja por todos los rincones que sus brazos diesen de sí justo cuando aparece otra amiga de sexo fémino que no me resultaba tampoco desconocida, portaba la ropa que le faltaba a la otra que no dejaba de lavarme con un desmedido deseo y fruición.
No debes de publicar o narrar lo que ocurra en tu regreso a Cástulo, tu ropa está guardada, y estás en un local público.
Hablamos de coacción.
Poca lectura moral de la situación ante el nuevo silencio, habían terminado de bañarme, salir de la bañera no me importaba, la tercera persona que se hallaba en la habitación era de género masculino, una habitación de bar en hora punta, permanecía quieto y detenido, contemplando en silencio y desde su propia sombra la escena a la que estábamos sujetos el resto, parecía que querían humillarme entre todos sin yo saberlo, la única salida era permanecer oculto de cuello para abajo en la bañera, o practicar una exaltación de amor en la cama cercana, me imaginaba la siguiente escena con el voyeur improvisado no perdiendo detalle de nada de que parecía que iba a suceder de un momento a otro.
La culpa la tuvo la primera parte, siempre tuve necesidad de hablarte.
Habíamos terminados de lavarnos, cada uno con su propia función, su amiga había desaparecido de la escena y quizás también de la estancia, nunca supe como aparecí de repente con ella sentados en el colchón de la cama de la habitación contigua, el otro no dejaba de mirar, parecía confabulado no sólo con sus dos amigas sino también consigo mismo, analizaba la situación me dio por pensar, que nada fallase que todo funcionase a la perfección.
Ya has visto que no existe el odio, que por fin te he perdonado, hoy vuelvo a
hablarte, estamos aquí para rubricar la reconciliación.
Rubricar la reconcialición.
Pienso en voz alta sus mismas palabras. Vuelvo a mirar hacia la puerta, es un voyeur pero a la vez es el vértice, también pretende dirigir la escena, conoce bien su profesión, creo que debe de poseer una descomunal visión escénica mientras vamos los dos desarrollando el acto de cama, ella va dejando poco a poco de estar pendiente de él, se ha dejado sucumbir por el grueso de la actuación, ha sido de forma paradójica su punto débil, los ruidos desgarradores son amortiguados por una lírica versión de la Lacrimosa del Requiem de Mozar con el Coro de la Ópera y Orquesta Filarmónica de Viena.
Al terminar nos vestimos, no quiero ni pensar en algún punto de no retorno, ella asiente cuando es corregida verbalmente por el desconocido de la puerta, me parece oírle decir que para la actuación ante el público debe dejarse llevar menos por la realidad y más por la teatralidad, desde la ventana puedo contemplar la cola que parte de la taquilla todavía cerrada, sobre la mesita de noche junto a la cama húmeda veo un programa con los días y horas de las representaciones.
5 comentarios:
Una de mis fantasias, es ser refregado por dos bellas doncellas, o en su caso damiselas, me da igual jajaja, en una bañera de patas labradas,como la que comentas, en el centro goegrafico de una habitación con paredes tivias y suelo de ebano, semilugubre, alimentada con velas, mientras oteo desde la ventana la ontananza de un ocaso estival.
A mí el triángulo siempre me ha parecido una figura muy falsa y traicionera.
A mi me ha confundido, esperaba otra cosa jejejejjeje.. lo que es la imaginación. Un beso Jesus
Qué bueno, la vida es todo escenario para cualquier triángulo, ja ;-)
vaya!!
me han entrado muchas ganas de leer Los enamoramientos, auque para abrir boca, esta fantasía que nos regalas, con las protagonistas del libro (María y Luisa), el marido de Luisa y demás personajes es de lo más sugerente.
un triangulo amaroso... no sé, al final te quedas con una; ésta podría ser la respuesta a la pregunta, los impares sobran jaja.
un gusto leerte.
:)
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