Vivencia sin disfrute

Publicado en el nº 29 de La Puerta de la Villa. Especial Feria de Sabiote 2.011.

¡Como un “pobre de mí” sabioteño! Cuántos años la misma visión posterior que no es otra que la habitualidad predominante del resto del año, es la noche siguiente, la primera de demasiados días para algunos y quizás no tantos para otros, las calles que rodean el parque aparecen en este primer anochecer algo tristes y silenciosas sin los chiringuitos de churros recién hechos, donde en esos puestos portátiles y durante el transcurrir de las madrugadas de estos días el feriante intenta reponer fuerzas que en algún otro caso sirven más bien para coger el camino de la cama para así volver a empezar en esos agotadores días de feria con unas fuerzas engañosamente renovadas, vuelvo a vivir la feria sin saber si realmente nos veremos inmersos en ella.
En la presente edición de la Feria de Sabiote nos desplazamos a disfrutarla o a lo mejor no, quizás un día, o dos, quizás ninguno, hace ya algunos años que no la proyectamos como destino forzoso de los últimos días de agosto, dejamos que sea el mero azar o lo fortuito el que nos conduzca o no a la feria, estos días dejaron de ser una obsesión, precisamente me obsesiona más pasar días en el pueblo cuando desaparece el calor y asoman los anocheceres con pocas o ningún alma por la calle, es una especie de egoísmo particular que te hace buscar la localidad de Sabiote una vez llegado el silencio del resto de los meses con el objeto de leer un libro de forma callada y que cuando te entren ganas de salir a tapear, o al cualquier otro tipo de diversión que no sea el mero paseo fotográfico o reflexivo, sea la televisión de fondo, la tertulia familiar o unos folios en blanco a la espera que les diga algo con el bolígrafo a un borrador con las primeras letras garabateadas de una nueva historia lo que te deje clavado en la silla o sillón, todo para decirte a ti mismo que a dónde voy con lo a gusto que estamos sin salir de la casa de la madre política.
La Feria de Sabiote sigue siendo un termómetro generacional, sigo observando con extraña curiosidad como muchos de los que viven su disfrute no gustan de salir del mismo lugar de divertimento que el resto del año, los que todavía buscan rincones históricos como el viejo Caracol o sus denominaciones sucesoras con ofertas de combinados de refrescos con otros de variación gradual no despreciables para bolsillos de menor poder adquisitivo, siempre acompañado de la típica música ratonera a un tan elevado nivel de decibelios que a cada uno de los miembros de los corrillos de pie o de los parroquianos en barra les impide mantener una fluida conversación, y con las cosas que se tendrán que decir al homogeneizarse cada uno de ellos con miembros procedentes de otros lugares y provincias a disfrutar de estos regocijantes días de jolgorio en su pueblo. Termómetro también para los que buscamos lo de sabor más añejo pero que es totalmente distinto en la verbena popular, últimamente y de varios años acá si lo inopinado me conduce a la feria es el único lugar al que me dejo llevar por tener una magia distinta . Fuera de esta verbena o los sucesores del Caracol aparece todo en un estado de anegación humana callejera, familias enteras paseando e invadiendo las terrazas de toda la vida, una música se mezcla con la otra, más si te introduces en la calle que soporta el ferial, truenos y jolgorio que resquebrajan de forma literal la madrugada sabioteña. Al final el conflicto generacional puede estar servido por un lado entre los grupos que quieren y no sienten como propio el acto de bailar como sus padres y abuelos delante de una orquesta y por otro aquellos que se resisten a abandonar el cuadrilátero del descampado rodeado y protegido durante estos días por ese aparente protector cañizo que poca función amortiguadora tiene de lo sonoro e incluso de lo visual.
Es uno de los primeros días de septiembre, hace algunos minutos ya que nos desviamos a Sabiote como descanso periplo viajero cuando regresamos del Alto Levante, es un sábado preotoñal, se respira el silencio de los habituales días del año que nada tienen que ver con los pasados días de feria o los que ya la iban anunciando con la mezcla del ambiente veraniego de por medio, con el silencio agradecido de esa tarde imagino las calles repletas de multitud de esos feriales días que ya pasaron, pudimos vivirla de alguna forma a través del sonido secundario al hablar por el teléfono móvil con algún familiar que en ese momento estaba bajo su disfrute, la solanera ya es más suave, tiene las fuerzas totalmente perdidas, un pequeño refrigerio en la casa familiar y a continuar hasta la capital, el recuerdo gracias a la tranquilidad vecinal de la tarde también te hace añorar sobre esa feria que no hemos disfrutado, el resto del año seguirás recordándola ya con los días más cortos y las noches más largas, un imprevisto o programado viaje a Sabiote de puente, navidad o fin de semana desde la capital te obligarán a volver a pasar e imaginar la madrugada con ese olor y ambiente de los chiringuitos humeantes junto al parque con el eco de la verbena aunque ésta no suene, los churros dejaran de elaborarse y no sepamos todavía si estuvimos o dejamos de estar en la presente feria.



7 comentarios:

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Cuantos recuerdos del pueblo. Me gusta la soledad de las noches cuando ya refresca. Estoy deseando que vuelvan y este caló enorme se vaya. Aquí en la ladera de la Mota no estamos acostumbrados a este caló y me deja muerta. Quiero que llegue la feria aunque tampoco vaya, y pasearme por los arrabales, necesito recuperar el entorno habitual para ser yo.
Disfruta cuando puedas de esas escadas y volveremos a seguir leyéndonos.
Besicos muchos.

Miquel dijo...

...un saludo......

La sonrisa de Hiperión dijo...

Estupendas siempre las cosas que nos dejas. Que pases un buen domingo.

Saludos y un abrazo.

Lansky dijo...

No es ni el verano ni el otoño, sino el 'estío' que los urbanícolas confunden con el primero: la quinta estación de los antiguos.

Bonitos recuerdos

Francisco dijo...

Yo, afortunadamente, no tengo pueblo, tan solo una ciudad gastada y olvidada.

Isabel dijo...

No saber si estás o no en el sitio en cuestión, que por cierto, lo cuestionas muy bien.
Es ese querer o no que me identifica, porque soy de pueblo, y también me arranca la sonrisa en un lunes de agosto y eso, es de agradecer.

Dr.Mikel dijo...

Suelo esperar con cierta ansiedad las fiestas de mi pequeña y querida ciudad de Huesca, pero me rompen tanto los habitos, los usos y las costumbres, que acabo huyendo despavorido al tercer dia.
Será que nos hacemos mayores, supongo....