Completamente perdido por el barrio de San Ildefonso opto por no encontrar la salida, desciendo por la calle Chichilla hasta llegar a Piturda, una editorial jienita dedicada la cultura y el ocio, ociosos y culturetas, de momento se ha quedado la cosa ahí, las aspiraciones y posible altura de miras deben de ser más amplias, abarcar más y más, ignorar exclusiones, buscar ideas incluso a través de los más tontos, máxime cuando existan fuertes dosis de solvencia, igualmente no soy quién para hablar de esta gran iniciativa de la capital, faltan algunas más, muchas más de forma similar.
Al entrar en Piturda la máscara de Lord Vader sobre el mostrador parece darme la bienvenida, veo una muchacha que no sé si desde dentro saldrá a recibirme, intuyo la respuesta, me adelanto, el reverso tenebroso de la fuerza, el ofrecimiento a pasarme al otro lado, el pecado la manzana de Eva, la colegiala que deseaba su perfume, o era ella el objeto de su deseo, la había olido instantes antes.
No me traigas tu perfume, ven tú con él.
La colegiala sabe que es difícil que llegue el perfume adecuado, el aroma definitivo, pasan unos días y ella le lleva de regalo desde la capital el perfume de su olor. Una alegría que le dura poco, el ambiente ameno es de duración limitada, el día de la entrega de los premios a los ganadores de los bolos serranos en el punto más alto del precipicio que contrapicaba a la Piscina de Amurjo fue decisivo para percatarse que el aroma se le escaparía antes o después, mandaría a los jugadores de bolos al cinematógrafo de la Rúa para quedarse sola, necesitaba su olor, comprobar si es la que permanecerá junto a ella antes de tomar una decisión sobre el carácter a interpretar en las nuevas escenas de la obra, una posible ofuscación le aclararía las ideas, la intriga y la desazón de si será o no será la olor adecuada que pueda hacer feliz a su oscura presencia.
Los del lado oscuro se venden más, ya no se lleva ser el bueno de la obra o de la película.
Ya no veo a la chica, nadie de Piturda sale a atenderme, quiero preguntar por esa máscara de Darth Vader que preside la entrada, al final un chico se asoma, no sale de su asombro al verme, no lo conozco pero él pone rostro de todo lo contrario, el triángulo de miradas no se altera, no deja de mirarme, contemplo la máscara de Vader, no sabemos a cuál de los dos observa dese su oscuro interior, oscuro como las pesadillas de estos días atrás, subía con la colegiala por esa escalera de pared también oscura hacia el anfiteatro.
El teatro está cerrado, no se puede estar aquí.
Antes me daban miedo las máscaras, la de Lord Vader y el eco de yo soy tu padre en el mostrador de Piturda me resultan hasta simpáticos al comparar la máscara con algunas oscuras siluetas humanas.
Al final tendrá suerte, no es la olor que necesito, lo peor es que no me enviaran en mucho tiempo nuevos aromas.
La ley del deseo tiene carácter totalmente íntegro, lo totalitario y lo inflexible no tiene cabida, una historia dentro de otra para confundir y crear vértigo, el muchacho al otro lado del mostrador ante mis extrañas teóricas que aparentaba no escuchar me pregunta por fin que qué deseo, que tiene mucho trabajo y no tiene tiempo para cábalas, le comento algo de una posible relación, una decisión antigua ya y en silencio, un viejo articulista, una fotógrafa guapísima, quiero atar cabos sin éxito, el chico manifiesta no entender nada, me invita a salir de la tienda mucho más confundido que cuando entré, la máscara de Darth Vader sigue sin moverse de lo alto del mostrador.
7 comentarios:
La máscara es ingrata, a lo que parece. Tanto la deseas y ella no dice nada.
Aceptar que uno no saldrá nunca de un laberinto es es comprender la razón exacta de la vida.
Varias historias que conforman la historia, el olor, la colegiala, la máscara..., la máscara por sí misma bastaría para interpretarse,para ser el centro de la historia en vez de testigo mudo, el narrador se va pero ella se queda allí sobre el mostrador.
¿y qué tal 'El hedor de tu cuerpo'?
Por otro lado, todos somos máscaras (personas)
Un laberinto del que a veces me gustaría romper las paredes para salir mmmmmmmmm. Besitos amigo mio
Hace tiempo escuchaba mucho una canción que se llamaba “El roce de tu cuerpo” y oí por primera vez en un autobús que recorría Castilla de regreso de Madrid camino de Galicia.
Me gusta cómo utilizas un personaje tan popular como ese para reflexionar sobre las máscaras que estamos (o nos sentimos) obligados a utilizar.
sí si los aromas son tan metonímicos como la música, los lugares, y van...
o será que yo reverencio a todo lo que ha sido y de hecho es lo único que nos hace ser.
Publicar un comentario en la entrada