Visiones dudosas

La colegiala cree verlos, no está segura de su imagen, vaga de un extremo a otro como por condena más que por promesa por las calle de la Rúa, luce el sol, no entiende el contraste de la luminosidad del lugar con el terror que le produjo a aquella niña. Cree verlos a los tres en una tarde nublada, una piscina nudista, él lee una estupenda versión en letra grande de Hamlet, cree ver también a su compañera femenina, no sabe e ignora en ese momento si ellos creen o no el ser vistos por ella, cometen pecado contra natura ampliado al descubrir una segunda mujer junto a ellos. Seguramente él seguirá pensando en lo formidable de los sentidos, están los tres ya en el pensamiento de la colegiala, alguien se ha adelantado, o es alguien que ya existía en su convivencia en ese hotel durante los días de septiembre.
Las dos duermen desnudas a mi lado, siguen pasando las ya cortas horas de la tarde en estado nublado, tras la comida la piscina permanece más vacía, los pocos huéspedes lo dedican la siesta, a la lectura o a la reflexión, pensaba que alguien pensaba hacía un momento por mí, en efecto sostengo entre mis manos un ejemplar de Hamlet de William Shakespeare cuya lectura me provoca el contagio del sueño de mis dos compañeras, no entiendo como alguien al que no he visto puede ver lo que hago o pienso, cierro los ojos y sueño, estoy en el Cerro, abajo los Pinares de Amurjo, la cerveza de barril cae sobre el cristal de la copa, ahí la descubro y empiezo a comprender, va vestida como de la colegiala, el paso de los minutos el profundo sueño ha producido una reciprocidad casi simétrica, ignoro si está pendiente de los tres, podía hacernos quizás compañía, buscar una hamaca vacía y acercarla junto a nosotros, seríamos cuatro en lugar de tres, aún así va demasiado vestida, podía empezar desnudando sus piernas de esos botines que oculta toda la piel de sus pies, pero mejor que lo decida ella, sigo durmiendo mientras, sueño que me convierto por los bien recibidos momentos oníricos en un héroe que se enfrenta a una misión nueva encomendada, vuelvo a ver un bar, creo que estoy otra vez en el Cerro, la cerveza no cae, el bar de la barra hacia adentro está como muerto y sin camarero, no se sirven bebidas, tampoco existen, delante de la barra siguen los clientes y parroquianos jugando al dominó imaginando a ese camarero que no está pero que sí lo fue en otra época, ahora su figura humana sería un adorno estructural, sin despertar escucho las voces de otrora solicitando café, sol y sombra, un chato de vino, todo bajo los murmullos en un rincón de la penumbra de aquellos clientes que un día lo fueron y de los que ahora sólo ha quedado su extraña presencia como testigos permanentes de algo que fue y ya no lo es.

¿Se puede pedir algo en el bar?

No, es un bar viejo.

Se conserva limpio, como si todavía estuviese abierto, me apoyo en la barra, en efecto detrás no hay nadie para servir bebidas que también parecen no existir, en ese momento aparece de espaldas delante de mí, es ella, la figura de la colegiala con la que había imaginado fuera del sueño en la hamaca de la piscina con el libro de Hamlet a medio leer, ella simula la lectura de la prensa que también recibe el bar para que la lean los clientes pasando muy rápido las páginas, escucho su respiración, su brazo izquierdo vibra, preferiría despertar y contemplar mis dos acompañantes, decirles de acercarnos a la playa utilizando el acceso directo del hotel, ya completamente despierto las vuelvo a mirar recordando la brevedad del sueño anterior, entraría y no saldría.

No hay nada que tomar en ese bar. Sólo verla a ella. No hay nadie más, los parroquianos sólo suben al Cerro a jugar su partida.

No salgas, permanece en mi interior el tiempo que puedas.

Voces a dúo, son las últimas frases que recuerdo del sueño cuando casi despertaba, no acabo de precisar en cuál de los dos estados fueron proferidas, las miro otra vez pero con interrogancia en mi expresión y son ellas las que ahora se han dormido. Prefiero seguir despierto, toca pensar en vez de soñar, en el sueño era un héroe al que se le había encomendado una misión antes de distraerme con otro tema parecido cuando dormía, existió una época en que nadie sentía pánico a superar el cruce de los Pinares de Amurjo, pienso que no hay vuelta atrás cuando imagino llegar, fantasear con la fantasía de atravesar con espíritu bragado las calle de la Rúa, no echarme a temblar sólo con rebasar la vecina población de La Puerta de Segura, llegar al final y ascender al Cerro superando esa tormentosa barra del bar con un grifo de cerveza que un día dejó de funcionar, vuelvo a distraerme en el mismo tema olvidándome de la misión que tenía que superar en el sueño, ahora sí que sí, subir a la biblioteca y robar ese ejemplar casi nuevo de aspecto de El llano en llamas, volver de nuevo con ellas hasta aquí sin estar seguro de nada, la piscina de este hotel nudista se tornaría más poderosa en el tiempo, el lado opuesto al Cerro, el tiempo aquí nunca se detiene, nadie lo altera empalmando días anulando los de en medio, los días son eso días que no hay que tachar, no son más que lo que son, conjuntos de otros pequeños elementos, y a su vez elementos de otros conjuntos más grandes, no merece la pena alterarlos.
El sol no ha salido y la tarde está casi terminando, ahora estamos despiertos los tres, ha sido todo un gozo contar con la silenciosa compañía de mi musa de Cástulo como todos los días de septiembre, creemos que alguien vestido de colegiala está cerca, en la piscina del hotel están prohibidas las prendas, más los cerrados botines, ella sigue ignorando si ha sido vista por los tres, al igual que ellos que no saben si han sido vistos por ella.

9 comentarios:

Miquel dijo...

a veces no cojo el hilo...debe de ser que me hago viejo...

Gemma dijo...

Muy onírico y un pelín largo pero las descripciones me gustan.

Saludos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

¿Puede haber algo más desolador que un bar en el que ni siquiera hay camarero?

El Joven llamado Cuervo dijo...

De a tres el mundo es mejor, la estructura perfecta del signo.

Esilleviana dijo...

La mezcla de los personajes literarios con alguna de las protagonistas de una fantasía no puede crear dudas, solo deseo de que se mantenga esa ficción e inventiva por tu parte.

siempre un placer abandonarme entre tus palabras.

un abrazo

Antonio de Castro dijo...

Existió una época en la que no se sentían muchos de los pánicos que sentimos ahora, y lo que hoy cuesta tanto superar, antes, simplemente, se llevaba a cabo.

Lansky dijo...

Nadie ha visto a nadie, pero todos se han presentido; para eso es un bar/piscina onírico

Miguel Ángel de Móstoles dijo...

Detrás de este blog tiene que haber un escritor, no sé si serás famoso o no, pero ESCRITOR sí. Sólo tú sabes crear una atmósfera "gris" en un sueño que parece "verde" o "rosa". Sin duda, tu musa está a tu lado y no te abandona.

Coincido con Pedro Ojeda. Un bar sin camamero, es la antesala del fin.

¡Feliz día!

Anónimo dijo...

Menudo cabrón, si leyera Ana. Se inspira en sus desgracias con el centro de día de mayores de Orcera (Jaén) y su directora que van diciendo que los acosa. Gran sinvergüenza.

Vecino de la Rua.