Carne de mi carne

Es como si empezase ya a llegar su hora, la hora de desenmascararse, esta tarde en su mesa donde redacta todos y cada uno de los guiones se da cuenta por fin de ser una víctima de su propia locura teatral, dirigir el teatro de forma tirana logrando con sus méritos que su carrera de dramaturga esté empezando a entrar en caída libre. Sin salir del despacho del teatro agarra un folio, luego otro, necesita un bolígrafo bic que seguramente no escribirá, el otro lo tiene con el tapón azul medio roído debido a su simulado estrés teatral, sin llegar a mirarse por tenerlo así misma prohibido cree verse en un espejo donde de forma inconsciente contempla algo sobre ella misma a lo que no le ve sentido, ni actuación ni representaciones de ningún tipo, el teatro sigue ahí expedito de espectadores pero triunfando, la superioridad cultural provincial ha preferido de aquí hacia atrás estar sorda y ciega ante las circunstancias, el jovencísimo alcalde socialista recién elegido en la Rúa la felicita un día sí y otro también, tras colgarle el teléfono se levanta y se asoma a la ventana del despacho, la presencia humana o animal en los neblinos alrededores del teatro es nula salvo la bailarina remeneadora que sigue ensayando la jota segureña en el jardín y sin música.

El pueblo está saliendo de su parsimonia habitual a costa de las actrices que se atreven a venir por aquí.

Es lo que envían la escuela de actores, una pardilla tras otra, ninguna se ajusta para que yo puede dejar de ser la directora y hacer con ellas de actriz en la escena, aunque ésta última no me gusta, sabe demasiado del lugar sin haber estado anteriormente.

Se había despedido del alcalde por teléfono ese rato antes, no recuerda ante la ventana si le dijo adiós, el alcalde también le había comentado que de alguna forma le preocupaba la atmósfera de miedo que se estaba instaurando en el pueblo que hasta los niños pequeños escondían la cabeza bajo las sábanas, era de los pocos que sabía que en la capital ya estaban desenmascarándola como directora teatral colocándole una vieja máscara interpretativa, que hasta que esta máscara no se le desprendiese del todo no se retomaría la silenciosa paz serrana característica de la zona. La directora asintió en todo escuchándolo al otro lado del auricular en silencio, ahora se mira una y otra vez su oscura camiseta, siempre el mismo disfraz como señal distintiva de que estaba por encima de las actrices en lo que respecta al bien y al mal, les daba ejemplo a todos con su permanente atrezzo, tanto que cuando sale del teatro camina de atrás hacia adelante por las calles de la Rúa con el único y exclusivo objeto que regresar a casa para luego volver a hacerlo de forma inversa hacia el teatro, siempre la misma apariencia para suplir su pobre y pésima dramaturgia. Ni bolígrafo ni folios, no se concentra en escribir despacio, todo un día para sólo redactar una triste línea del guión, o más que guión sus habituales contraconductos con el objeto de dejar encerradas con el visto bueno silencioso de la bailarina a las actrices en el teatro. Decide bajar a la puerta, a los soportales, piensa en su propia apariencia, está muy segura que su literal conducta con sus subordinadas no son observables y pertenecen al mundo de sus sombras, debe de entrar dentro otra vez y subir a escribir esa línea en la que emplea media vida, no puede o no debe, un vehículo de la Guardia Civil sube el asfaltado carril que accede al teatro, mientras observa la llegada del coche patrulla recuerda que en su día escribió alguna historia para ser representada en el que ella daba aviso a la benemérita, ahora eran los civiles los que acudían sin ser avisados, un vehículo moderno de nueva generación que a la directora se le refleja el viejo cuatro ele de toda la vida, curiosamente contrastable según su propio guión mental con su falsa capa exterior de progre.

Buenas tardes.

Agentes, hola.

Con brevedad, no queremos molestarla, imaginamos que tendrá muchísimas responsabilidades a las que atender, también mucho que escribir aunque siempre represente la misma obra y las mismas escenas con distintas actrices.

Subamos a mi despacho.

No hace falta, podemos hablar aquí. En su anterior representación incluyó en el guión nuestra presencia en el teatro sin saber nada nosotros de forma previa, redactó en el guión de su obra la presencia de la Guardia Civil, luego el día de la representación usted como directora teatral se transfiguraba de repente en actriz para representar una escena provocada que requiriera dar aviso a los agentes de la benemérita aunque luego no llegó a verificarse. ¿Tiene algo que decirnos al respecto?

Sí, les contaré, no me envían desde la capital a ninguna actriz que sea carne de mi carne.

¿Es usted consciente por mucha directora que se crea más que lo sea luego en realidad de las costas y molestias que pueden ocasionarle al Ministerio de Interior sus caprichos artísticos?

La directora contempla desde abajo sin ignorar la presencia de los agentes las ventanas del teatro, el rostro tras el cristal empañado de la bailarina que había entrado y subido sin ella percatarse la desazona, ella le expresa cuando están a solas la opinión sobre las actrices que hay que echar a la calle, negaría la sucesión de los acontecimientos siendo testigo del trato recibido por las dos últimas actrices por parte de su directora, negarlo todo, defenderla mientras pueda y tengan la confianza en ella para dirigir el teatro, refugiarse de vez en cuando en su disfraz de bailadora, consuelo en apariencia con su jefa y desesperaciones en secreto, ahora la contempla arriba desde la ventana cómo habla abajo con la Guardia Civil, una amenaza escrita que ahora se representa en la realidad aunque fuera del guión, la habían pillado de forma imprevista, ignora el contenido de la charla aunque quizás luego explique a otros esa ignota conversación a la que nunca tuvo acceso pero sí transmitirá a los vecinos de la Rúa su parecer, decir lo que no se sabe, barajar sus percepciones creando un propio mundo aparente traducido al cotilleo vecinal con el visto bueno de la directora, por eso ninguna de las dos se observa en los espejos de los pasillos del teatro, les llenaría de espanto que un día vieran en ese espejo un rostro diferente que no fueran los suyos, le asustaría ver reflejado el auténtico rostro de su alma, por eso mejor no detenerse a mirarse. A la Guardia Civil les estará diciendo lo mismo de siempre, que la última actriz tampoco es carne de su carne.

11 comentarios:

El Joven llamado Cuervo dijo...

Esta relación entre artista y funcionario me perturba, perturba el ambiente, lo corrompe. Un abrazo.

mjromero dijo...

Es un ambiente muy de cotilleo, de pensar que piensan..., de decir que dicen... Yo no iría a ese teatro a no ser que representasen algo costumbrista. Creo que está muy logrado el ambiente obsesivo que vive la directora.

kriztian Gakan dijo...

Geniales narrativas, llenas de mundo imaginario que lo lleva los lugares... Mi favorita "papel confuso"

Miquel dijo...

incluso la foto confunde....

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Curiosamente, el teatro genera laberintos sin salida, siempre mediocres. Solo cuando se levanta el telón todo parece magnífico.

Mandalas, Espacio Abierto dijo...

Hola J. G.

Pobre directora, no le salen las cosas como le gustaría. Parece vivir en un laberinto continuao, me recuerda un poco a la película "El día de la marmota".

Besotes.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Las relaciones entre arte y política son bien conflictivas, pues no apuntan en la misma dirección.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Un placer haber pasado de nuevo por tu casa. Estupendo blog.

Saludos y un abrazo.

Antonio de Castro dijo...

Esta saga es apasionante, tanto como la del sanatorio de Castulo.
Ya lo decia Ingmar Bergman: quien vive sumergido en el teatro, esta siempre con un pie al borde del abismo. Y no cambia nada el que, en este caso, se trate de un teatro de provincias.
No es dificil identificarse con esa directora que pasa todo un dia en escribir una triste linea de guion, y que se disfraza e interpreta mas alla de la obra que este escenificando.

Lansky dijo...

Al teatro lo que le hace falta es que se le piratee en Internet para dejar de ser un coñazo

Céfiro dijo...

Lansky es punk!