La Directora de la Guardia Civil

El hombre nunca es más feliz que cuando va de caza. José Ortega y Gasset.

En la Comandancia de Puesto de la Guardia Civil de la Rúa nunca terminaron de comprender ni cómo ni porqué les fue dado aviso por la directora del teatro sobre la comisión de una posible acción delictiva, un actor se había presentado hacía nueve meses a discutir sobre un guión o papel impuesto a su mujer también actriz de teatro y del teatro que no terminaba de agradarles. Ahora al cabo del tiempo y con el posible delito quizás prescrito la pareja de la Guardia Civil a capricho de la directora hace acto de presencia en el cerro tras subir con un celular todoterreno desde el carril de los Pinares de Amurjo.
Los agentes al bajarse del vehículo saludan a la directora en los soportales sin entrar en las instalaciones teatrales, no saben si han subido después del transcurrir de los meses para interpretar bajo las órdenes de ella o para en efecto intervenir en la resolución y solución de los hechos. Uno de los guardias saca una carpeta oficial para levantar el atestado mientras que la directora saca una libreta con varios folios unos ordenados y otros sin ordenar donde viene reflejado el reiterativo y monocorde papel que debe representar cada actor o actriz que le envíen al teatro, el cabo de patrulla con el rabillo del ojo intentó sin mucho éxito fijarse en este último detalle. Se encontraba sola, llevaba tiempo telefoneando a Huelva con el objeto de interesarse sobre su anterior actriz preguntándole por la historia que le obligó a representar, la directora disimulaba para sí misma, sabía que el guión era el mismo siempre, se excusaba ante la superioridad que el problema era la lejanía del teatro, era la excusa perfecta para salir inmune de todas y cada una de las funciones programadas, una especie trastorno bipolar “fingido” para hacerse respetar como directora teatral de toda la comarca, su misión siempre es la misma, que los protagonistas de sus obras lleguen a caer en el olvido de si son personas y sujetos de carne y hueso en pleno ejercicio de sus derechos civiles.

Buenos días. ¿Se encuentra bien? ¿Hay que detener a alguien? ¿Qué ha ocurrido?

El aviso había sido dado por la directora por teléfono a su anterior compañía artística de Huelva, la consumación de los hechos se produjo hacía bastantes meses, fue una discusión por cuestiones del guión, al parecer uno de ellos la había amenazado y ella los amenazó con dar aviso a los civiles provocando en la pareja que tenía antes sus ojos en acto de servicio que no salieran de su asombro, era a veces habitual que fuesen llamados o que incluso la patrulla acudiese al lugar de los hechos con algo de retraso, minutos, una hora incluso como tiempo alarmante y siempre con causa justificada, la actitud caprichosa de la directora de informar de la comisión de un posible hecho delictivo o falta al cabo de varios meses empezó a verla el cabo como algo normal, el guardia raso actuaba como si el problema estuviese sucediendo en ese mismo momento cumpliendo el guión tal como lo había desarrollado la directora, aún así no se desazonaba, sabía que el cabo también entraría antes o después por el aro para que también participase éste de una obra de teatro más sin espectadores e interpretaran ambos el papel a la perfección sólo con una simple llamada de aviso a la Guardia Civil. Demasiado tiempo ya sin que ninguna de las actrices actuase en el escenario para ella de forma placentera pero también siempre con la sala sin público.

Mi cabo, con su permiso representemos ya lo que tengamos que representar, es legítimo después de tantos meses aunque los supuestos autores de los hechos estén ya lejos y no puedan actuar en la obra.

El cabo como jefe de patrulla no estaba dispuesto a dejarse engañar y pasar por el aro, no las tenía todas consigo, su vida de servicio siempre ha estado unida al benemérito cuerpo, no recuerda lo representado al año anterior ni qué actores actuaron, hace años que no acude al teatro, menos a presenciar alguna obra de esta directora que ha desmantelado de forma progresiva el aforo del patio de butacas, no le viene a la memoria qué actores había antes a pesar de las constantes patrullas visuales por los alrededores del Cerro, sólo sabía por oídas de murmullos de los bares de la Rúa que estos días atrás se habían representado obras teatrales a la fuerza como si hubiesen sido impuestas o con el objeto de cumplir un papel con la Delegación de Cultura de Jaén, nada que ver todo esto con la institución armada que él representaba.

Igualmente directora hemos recibido alguna llamada estos días atrás preguntando si conocíamos de la existencia de que en su teatro se estuviese representando alguna escena relativa a escándalos verbales y acoso.

Cabo, todas las actrices que han trabajado para mí durante estos años en el teatro elaboran un contrapapel fuera del guión, como que la directora va a la caza de ellas para colocarme a mí en una especie de estado de locura.

El cabo se adereza el tricornio, guarda silencio mirando a su alrededor, el otoño se está echando encima y la Piscina de Amurjo ha clausurado ya la temporada, una idea empieza a obsesionarle, deja a su compañero sola con la directora, se acerca al vehículo celular, se gira y contempla la fachada del teatro y sus soportales, observa desde lejos el rostro de la mujer que también lo mira a él, intenta construir un pensamiento que se le había escapado, que ciego y tonto estuve piensa para sí, en la última temporada de representaciones teatrales los últimos actores siempre han sido actrices.

6 comentarios:

Antonio de Castro dijo...

Genial.
Hoy por hoy, la presencia de una pareja de la benemerita que no sabe como hacer para resolver un embrollo le da una cierta comicidad a una situacion que en realidad indigna y asusta.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Dicen que el teatro es el esquema mismo de la vida.
En una situación de este tipo, la Guardia Civil termina siendo la tabla salvadora.

El Joven llamado Cuervo dijo...

La era del recelo. Al cabo, a quién le importa?

Lansky dijo...

El juez, el juez no lo va a admitir a trámite

Anónimo dijo...

Lo que está claro es que esa mujer da miedo aunque esté rodeada de afines.

Sombras Chinescas dijo...

Es tan surrealista que debiera ser real en lugar de ficción.

Saludos.