Azote, máscara y travesura

Un diablo, un diablo nato, cuya naturaleza
no admite educación, y en quien el esfuerzo
que me tomé humanamente fue inútil, estéril.
Cual su cuerpo se afea con los años,
su alma se corrompe. Los voy a atormentar
hasta que aúllen.


La Tempestad (William Shakespeare)

En Jaén, la ciudad del Santo Reino, el Viejo director del teatro de la Rúa es telefoneado por la actual directora desde la soledad de su despacho, fuera parecía llover.

Necesito espectadores, cada vez vienen menos vecinos del pueblo a las funciones, mañana tenemos representación, ¿puedes llamar a todos los que puedas de la Rúa para que vengan? A ti el público te aclamaba y te hacía caso, te querían como director cuando estabas aquí.

Al director no se le aclama, es la obra a representar la que tiene que estar revestida de una atmósfera correcta, que guste y agrade al público y sobretodo que no dañe a las actrices, no me gusta lo que se viene escuchando por aquí. Llamaré a tus vecinos para que suban al teatro.

Esa mañana no bailó la bailarina, quizás fue debido a la inminente atmósfera de azote, máscara y travesura que se cernía sobre el teatro, la directora que se sentía hastiada de servirse a sí misma sin visionarias imaginarias la vio partir desde la ventana calle abajo escapando por prudencia del posible conflicto venidero.
Se reconocía en su actriz favorita con el deseo de que ésta hiciese lo mismo, buscar el entendimiento con ella o en caso contrario volver otra vez a aguardar la llegada de la próxima ahogando en el estanque a la primera y así sucesivamente hasta que de mutuo acuerdo ambas se comprendieran y entendieran, ensayar una y otra vez, luchar con sus propios nervios hasta la saciedad. Mientras luchaba con el nulo entendimiento le impondría a esa actriz la interpretación de su peor pesadilla sin la bailarina de testigo de nada, ésta había decidido dedicarse en cuerpo y alma al embrujo de su coreografía creando más confusión al marear la perdiz cumpliendo uno de los puntos de reserva pactados con la directora sin ningún tipo de máscara. La careta de ambas, de directora y bailarina remeneadora es la realidad, un carnaval privado entre las dos donde la frontera entre los rostros reales y la máscara consiste en la prohibición de dejar partir a las actrices los viernes al no haber ya función, todo por la idea de la del remeneo y la irritación atávico celotípica de la otra donde ya demostró más de una vez en las representaciones donde a los maridos o novios de esas actrices eran atraídos con sus malas artes hacia el teatro y con bronca colocando así por inercia en escena y sin ensayo el acto ya de sobra conocido de la Guardia Civil. Se ha conseguido un teatro con representaciones exteriores aunque con nula salida, pero es mejor permanecer todo lo atentos que podamos guardando silencio, la función está a punto de empezar.


Azote

Amonestación constante y contradictoria entre la una, la anterior y la posterior a la una, esta actriz ya no le sirve, no logró servirla por un posible entendimiento, la directora del teatro le reprocha que no sabe abrir ni cerrar las ventanas del local teniendo que encargarle la cuestión como acción humillante según ella a la bailarina, su primario deseo consiste en querer atarlas con un largo cinto obligándola a dar vueltas en círculo sin un segundo de reposo.
Disciplina verbal si la actriz es cogida infraganti por la calle principal de la Rúa en amistosa conversación con alguno de los casi pocos miembros del respetable público que aún subían a las funciones del teatro.

Que no te tiemble el pulso, mano firme con ella.

La jota segureña suena cada vez que habla la otra, no pertenece a la institución teatral aunque baila muy bien, su poder e influencia sobre la dirección es indiscutible, en los ensayos con sus compañeras fuera del teatro es otra, no es ella misma, en el teatro y sin música su baile hace mover a todos por igual, sean directores o actores.
Fueron las dos últimas actrices las que creyeron actuar ante la confusión impuesta por la directora en una especie de último viaje simulado incluso según la opinión de alguno de los vecinos del pueblo ignorantes a la programación que ahora se representaba en el escenario, el giratorio movimiento de sus muñecas al bailar, sus típico traje regional, su asociación de la localidad de la Rúa iba poco a poco cobrando más fama, la bailarina bailando a todas horas, dentro y fuera de la disciplina de grupo.


Máscara (en tres actos)

Ella es y no lo es, todo consciente, burla permanente a sus vecinos, compinches y superiores con un premeditado efecto óptico bipolar con la bailarina de escudo protector y viceversa ante alguna posible inspección teatral, un juego perfecto luego el de directora y actriz, obra de teatro sin audiencia y los espectadores sin obra de teatro que representar, celotipias de novios y maridos, las actrices no reconocen el guión al ser confundida con el contento de otros que son simulados antes de la actuación con la máscara.

Tu olor de ciudad.

Lo absurdo y lo retórico.

Pornografía imaginaria.

La ley del deseo.

Lujuria caducosa.

Ecos provincianos.

Traseros hombrunos.

Rostros femeninos.

Nulo gasto en afeitamiento.

Alteración de la escena.

Bailarina tramoyista.

Colegio interno.

Ahora es la mía.

Aro o agujero negro.

Soltera.

Una foto de su actriz en Peñíscola.

Barbilla empapada.

Tragicomedia pirandelliana.

Terror a amantes imaginarios.

Huir.

Escapar.

Ansiedad neurótica.

Saliva envasada.

Fin del primer acto, la tramoya es superada con perfección, los aplausos son forzados y algo imaginarios, se apagan unos fotos y se encienden otros, la directora está contenta con el resultado en el entreacto, su cometido ante la inspección de la superioridad cultural debe de ser superado sin problemas inquietantes, los hijos, ya se sabe, el reflejo de lo que no es, tornar invisible la representación de funciones anteriores, nunca se representaron a pesar del tormento imaginado por las dos también últimas actrices, ponerme y quitarme la máscara, visitas, llamadas telefónicas, todo un quita y pon, el desgaste de la careta cada vez se torna más evidente, el don de la invisibilidad me ha acompañado hasta el día de hoy, el decorado provisional, la mejor amable sonrisa, la función no definitiva, la representación ficticia, un auténtico burladero ante alguna posible embestida venga de donde venga y venga de quien venga.
Confundidas ellas, las actrices, casi las deja la directora sin identidad, tiene el beneplácito de todos y cada uno de los espectadores, también del alcalde de la Rúa. Sólo les queda el consuelo de que a veces algún atrevido del público se acerca a ellas para colaborar con el desenmascaramiento de la obra ¿quién es el dramaturgo?

El marido.

El novio.

Llama a la Guardia Civil.

El objeto de las obsesiones de la directora.

Presentar la obra por escrito.

¿Es escritor de verdad o es otro comediante?

¿Y qué pasó?

El Alcalde, Sergio se llama creo.

Me guarda silencio.

Recibe al paisano del pueblo de una de las actrices, viejo compañero de la Universidad de Granada.

Sebastián Quirós Pulgar, estudió biológicas en aquella época con ella.

Ahora es Diputado en el Congreso.

Publicar la obra por escrito, representarla con las butacas vacías y las luces apagadas.

Termina el segundo acto y no se sabe si se publicará el libro, alguien lo dejará, igualmente la directora teatral y la bailarina han manifestado que prefieren no ser personajes, ni dirigir nada en conjunto si hace falta antes de ser capturadas en forma de frase y letras para las páginas del mismo. No es mala idea solicitar al Alcalde la prologación del libro, publicar antes de que cualquiera de estas dos mujeres inviertan la dramaturgia y dejen de actuar.

¿Habrá segunda parte?

Quizás, como el Star Wars, volver hacia atrás en el tiempo buscando el origen de lo que ocurren.

Un viaje a Extremadura.

Otra institución extraña.

¿Culpable de todo?

Las gotas de rocío van envolviendo el teatro hasta ser cubierto por un blanco manto, la función ha terminado tras el tercer acto que algo anticipa al posible espectador sobre la segunda parte de la historia, tras el compás de silencio y sin nadie entre el público se escucha de lejos la música por encima de los tejados del pueblo, la bailarina no estaba, se había marchado de forma precipitada mucho antes del acto, el sonido va increscendo poco a poco en la fría y triste noche de la Rúa, es la jota del remeneo.


Travesura

La esperaba en la Rúa con los brazos abiertos.

La había visto una vez en aquel congreso de cine, literatura y teatro, maciza no rolliza, tampoco demasiado alta, aquella convención anual de todo el colectivo
artístico de la provincia de Jaén fue el lugar de la visual.

Cuando las actrices se han ido soy una de las elegidas por la directora, una más de tantas, aparezco y desaparezco, a veces me hace salir a puerta cerrada, la directora me ve desde fuera sentada en su mesa, soy una mera foto en la pantalla de su ordenador de viejo formato, me siento demasiado estática, no consigo verla aunque ella me mira, otro día la foto será la de otra, me recuerda a Viola (Cesareo) disfrazada de hombre, identidad confusa, ama pero no quiere a las mujeres, el odio de la directora es cada vez más extremo, todo inversamente proporcional al escaso número de público, todo con la complicidad de la bailarina cuya palabrería teatral está basada en los impulsos de carácter primario más inimaginables, la jota del remeneo, la bailarina también hace de actriz con el consentimiento de la directora, había vuelto pronto.

Dicen que se va para Cáceres en unos días, ¿qué puede querer buscar allí?

No lo sé, y por favor deja ya de bailar.



(Fin de la 1ª parte)

19 comentarios:

mientrasleo dijo...

Me encantó Máscara. Lo leí varias veces, y me encanta.
Un saludo

Lola dijo...

Besitos........... quiero más....

El Joven llamado Cuervo dijo...

Si la directora esta contenta, yo estoy contento...

Frank Invernoz dijo...

Un placer leer semejante texto. Bueno para reflexionar.

La sonrisa de Hiperión dijo...

El mundo tiene la obligación de seguir bailando...
Saludos y un abrazo.

Myriam dijo...

MO sé porque... pero intuyo que esa directora necesitará un estanque muy grande....


Gracias por tu felictación en mi cumple bloguero.

Buen fin de semana.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

No va a dejar de bailar. No puede.
Es un magnífico texto el de hoy.

Juan Herrezuelo dijo...

Un texto complejo e inteligente, que requiere de una lectura atenta para reunir las claves. En la vida, como en el teatro, cuántas cosas ocurren en los entreactos y entre bambalinas. Quedó suspendido de ese implícito continuará.

virgi dijo...

El teatro, como la vida.
Unos dirigen, otros acatan. Y otros, se hacen los despistados para hacer lo que les da la gana.
Besos

Gemma dijo...

Voy a releerlo todo otra vez, en especial Máscara es una especie de deleite mental, me gusta...ahora entiendo porque no pones ni vídeos ni fotos :D no todos tenemos este Don. Te leo.

Sigue escribiendo...

Amanteceres dijo...

Una delicia de texto...

Un beso desde mis Amanteceres.

Céfiro dijo...

Al fin y al cabo, el ser humano es consciente de que hay un final. En el teatro y en la vida. Pero se siguen dando pasos. Y si pueden ser de baile, mejor, como dice La sonrisa de Hiperión. Exquisito texto. Un saludo.

Lansky dijo...

Muy bien cocinado

Antonio de Castro dijo...

Un texto soberbio. El narrador aumenta su campo de visión y en el teatro de la Rúa empieza a ponerse en escena la vida entera. Es irresistible la forma en que confluyen lo recóndito con lo cotidiano, lo puramente administrativo con lo íntimamente onírico. Para recopilat entregas anteriores, releerlas todas seguidas y perderse en el misterio de ese teatro tan dolorosa y, tal vez, inevitablemente cercano.
Enhorabuena.

Javier Ancín dijo...

Todos utilizamos las mismas veintipico letras para componer cosas tan diferentes. A veces lo reduzco todo a cosas así. Me gusta saber leer y leerte pero de bailar... ni idea.

Rayuela dijo...

impresionante!!!

si todo esto transcurriera en argentina, te diría que veo cierta suspicacia política...

que gran texto!

abrazos*

mjromero dijo...

En general me gusta, incluido lo que precede y sigue a los dos actos de 'máscaras'
no acabo de entender las largas enumeraciones,que a veces son respuestas a las preguntas que preceden, es como un poema, y no me cuadra, a no ser que sean anotaciones -guía.
Exceptuando esto, el resto me parece muy logrado.
dices que son tres actos, yo solo veo dos, o ¿esa última parte 'Travesura' (por cierto magnífica) es el tercer acto?
Ando hoy un poco espesa, necesito descansar.

David C. dijo...

que frase tan intensa la de Shakespeare.

MTeresa dijo...

Me gusta leerte y la realización
del relato entretiene mi tarde
de sábado, es genial,
un abrazo