Preludio al pasado

Un amplio abanico de público en ese tiempo atrás, más de una década hacia el pasado con las manecillas del reloj demasiadas vueltas retrocedidas, eran los años en que los agricultores de la Rúa se quejaban de las malas cosechas por la escasez de lluvias que algunos pronosticaban de forma errónea que la cosa iría a más. El pasado como mal pronóstico del presente, el director del teatro sentado en su despacho al terminar la función, se siente totalmente feliz y satisfecho, cuenta las vueltas que le quedan a las agujas del reloj para irse trasladado de forma definitiva a Jaén, los vecinos del pueblo seguían encantados con cada una de las obras que por aquel entonces se representaban, no suele escribir nada, su actividad no le deja, mueve y baraja sólo el orden de las obras, respeta la vida privada de los actores, no existen por el momento bailarines extraños que conviertan el lugar en lo más parecido a la casa del terror, de hecho ninguno de los miembros del grupo acd remeneo de la Rúa suplantan funciones que no les corresponden en obras ajenas, cada uno actúa en lo que le toca, cada uno está en su sitio y lugar. Para el antiguo director el público es más que público, el teatro está siempre lleno, fantasmas ninguno, no necesita ninguna máscara para que el lugar funcione a buen ritmo. Antes de salir de sus despacho presiente y consiente, que un mal presagio se apodera de sus habituales felices pensamientos, son tonterías se dice para sus adentros, una llamada, una voz femenina en el tiempo hacia delante con él ya destinado en Jaén y las calles de la Rúa dominadas por las tinieblas, la futura directora que le sustituirá le telefoneará un imprevisto día a fin de rogarle de que desde la distancia convenza a los vecinos, a los que un día fueron público del teatro que por favor sigan acudiendo a las funciones. Empieza a saber que una escuela interna de teatro no es el mejor lugar para que sea formada, el estigma del futuro del teatro de la Rúa se empezaba a escribir en ese Instituto Obrero de Cáceres, el lugar más adecuado para incubar lo que un futuro más o menos lejano será el pasado tormentoso de la nueva directora.

Expresión corporal, la voz, el juego, la puesta en escena, todo bien, lo peor, la contemplación de sus tobillos mientras está desnuda duchándose por esas malvadas e ingratas compañeras a través de esa pequeña abertura entre la parte baja de la puerta y la húmeda solería del vestuario, ya la habían señalado y elegido como el tablero donde intentar jugar sus privativos juegos y partidas.

No aprender jamás.

La venganza futura como guión psicopatológico.

Llorar pensado en la Rúa, su pueblo.

Mucha distancia.

Atrapada los viernes.

Obsesiones futuras.

Vivir encerrada en la escuela teatral mostrando sus tobillos a sus compañeras de baño bajo la puerta de la ducha, no le parecía la institución educativa para ser sólo de mujeres el mejor ejemplo de virtud para las nuevas aprendices de la dramaturgia que se atrevían a echar la matrícula de inscripción en el lugar.
Una asignatura que no lograba superar, la representación de una farsa sobre su futuro, la imagen lejana de dirigir el teatro en su pueblo con la caratula bien colocada y dando vueltas sola en círculo en ese escenario diseñado a su medida como universo resultante para dirigir las vidas ajenas ante su incapacidad innata y manifiesta para llevarlo a la práctica en alguna institución público a la que le encomienden esa dirección. Sabe ya de antemano que su salvación futura será su cara amable unas veces y otra llorosa ante sus superiores y ante alguna que otra rubia de bote a los que les manifestará su pasión y amor por las actrices teatrales.
Obediencia ciega el día de mañana a las pautas de esa desconocida protagonista de Jaén.
Es la hora de irse a dormir a su pabellón, no le gustan sus compañeras de instituto, es como si no fuesen las cosas con ella, alimentar con el transcurrir esa mezcla de desprecio y adulación que una sentirá por las imbéciles chicas que le envíen de la ciudad.

5 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Entiendo que unos tobillos así merecen mejor destino.

Lola dijo...

Aplausos que hagan merecer la pena a seguir con la siguiente actuación, aunque el lugar no sea el más apropiado.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Amigo, mirar atrás siempre da vértigo...

Saludos y un abrazo.

Rayuela dijo...

encierro, opresión, eso siento


abrazos*

Antonio de Castro dijo...

La directora me recuerda a Eleanor Rigby porque lleva un rostro que deja en una jarra junto a la puerta, el rostro con el que se enfrenta a sus superiores y con el que trata de ocultar su turbación ante las actrices. No creo que ella y el antiguo director sean tan distintos: quizá la directora se apartó un grado de la senda prevista y fue eso lo que la llevó a esta maraña de inseguridades pasadas y obsesiones futuras.
“La semilla del futuro ha sido sembrada en el presente”, decían en aquella película.