Le gusta a Eduardo Mendoza insinuar la muerte o desmayo del protagonista para luego resucitarlo o recuperarlo como es algo ya demasiado habitual en las letras o en los filmes. Un tema muy manido que siempre viene bien de comodín para introducir algún nuevo personaje o darle algún giro imprevisto a la historia, o simplemente porque sí.
Los papeles del amigo van mejorando, empeorando y viceversa, enamorado, sospechoso en un tren, putero iluso, falsa víctima de robo, crítico de arte, observador político....y una advertencia.
Y hoy es un día triste para Mari, Mariano Cencillo Valdés y Carmen Álvarez Arazola Delegada de Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía en Jaén le abren un expediente disciplinario, el tema es unas bajas mal presentadas, y del acoso laboral que sufre y que sufrió en el mismo lugar y por la misma persona otras trabajadora no dicen nada.
10 comentarios:
Mendoza juega con todas las claves de la novela popular para construir al personaje: al final, el protagonista de Riña de gatos nos cae bien de puro frágil.
Como el profe, pienso lo mismo aunque me falta leer la novela. Besotes, M.
no siempre funciona, fíjate en la tercera parte del Quijote, cuando el Hidalgo resucita...
Una argucia de tiempos del folletín: matar al personaje al final de una entrega para resucitarle en la siguiente.
Saludos.
Ya se sabe que en la novela todo cabe, que para eso es tal.
Otra cosa distinta es que el autor salga mejor o peor parado con estas aventuras.
Parecen cosas de un dios...
Comparto lo que dice Isabel Martínez.
Hola J.G.
Gracias por la advertencia. Todavía no he leído nada de Mendoza, me da cierta pereza. Será cuestión de que desaparezca ;).
Besotes.
Tengo ganas de leer la novela de Mendoza, pero estoy esperando a que salga la edición de bolsillo, porque la de tapa dura la vi en el aeropuerto la última vez que cogí el avión y costaba una pasta.
Lo habitual suele ser más comercial.
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