Es alucinante el poder de la palabra, el lenguaje que hablamos que lanzamos al aire, no el que escribimos aquí que es más pensado y rectificado si hace falta. El hablado al viento es el peor y el mejor, nos bloquea y nos deja mudos, pero también nos lleva juntos de la mano por senderos por los que no habíamos andado. Averiguamos cosas sin tan siquiera el propósito de buscarlas. Un descuido, una palabra, un gesto, una conversación puede ser una disputa y una celebración. Todo un ritual. Cuando lo ves todo perdido te lanzas a escribir, borras, rectificas, la única opción de opinión vital válida, otro ritual pero distinto, las leyes son un cincuenta por ciento, la discapacidad visual no será óbice para ningún tipo de beneficio en la distancia, todo lo contrario, el enclaustramiento en la población te será de consentida obligatoriedad a pesar de que en situaciones gemelas y de distancias más cortas otorguen dicho emolumento conciliador donde además no existan ni disfunciones físicas ni leches en vinagre.
¿Para qué entonces en el acceso selectivo a lo mismo que eres en provisionalidad del párrafo anterior te otorga el mismo organismo por esta circunstancia una hora más y mesas adaptadas como premio? Te llaman por teléfono y todo para comunicarte la buena nueva, para las malas dadas seguimos acostumbrados al correo certificado con acuse de recibo. La ley desarrollada y llevada al máximo extremo aunque esta desaparezca como por ensalmo y deje de existir o no tener cabida en la mismas situaciones para la misma impersonal institución donde más falta hace, donde aplaudiríamos su existencia y aplicación, donde todo el mundo lo vería, un mitin menos con el ahorro económico, personal y material que ello supondría, política proteccionista desde la máxima literalidad, política de acercamiento realista sin necesidad de prometerla ante la proximidad electoral, la mejor carta de presentación sustituyendo a palabras que el aire hace desaparecer. Seguiremos mientras elaboramos los buenos propósitos teniendo todo al cincuenta por ciento, como el contenido del vaso de café con leche, la mitad percibida es lo paradójico al contrastarlo con la otra mitad que no vemos al no existir, sólo promesas no escritas cuyo destino final es ser borradas al transformarse en fase oral.
8 comentarios:
Las palabras son aire...y van al aire ...¿ se acuerda de la rima ?..Salut
De la potencia al acto, que decía Aristóteles.
Procuremos saborear el café que nos queda porque quizá dentro de poco ni el 50% nos reste.
Pero a veces, las palabras también pueden ser cuchillos!
Añadimos leche al café, pero la cafeína contenida sigue siendo la misma.
La vida está llena de rituales, la del enclaustramiento es el que más me gusta, y a pesar de ello te enteras de todo, como tú dices, las noticias llegan sin ir a buscarlas.
Y para los diversos organismos el ciudadano de a pie es un número de expediente, y eso si no lo pierden. En fin,ánimos y paciencia para todo el que ande con asuntos burocráticos.
en esa mitad caben muchos mundos y también el vacío, a lo mejor todo depende del otro 50%
y quedarnos en el filo, en tierra de nadie?
Al contrario de otros mensajes que, una vez pronunciados de una manera determinada, aunque inmediatamente después de hacerlo se nieguen o se maticen, ya es demasiado tarde y su eco permanece, las promesas electorales son un ejemplo de palabras cuyo valor desaparece al poco tiempo de ser dichas.
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