Sigue el transcurso de este agitado otoño, un otoño demasiado pedagógico donde algunos párrafos de las escritas vigentes legalidades sólo son aplicables en la práctica en lo negativo y perjudicial, siendo de obligada prohibición en lo que pueda beneficiarte a pesar de las buenas intenciones de los preámbulos y exposiciones de motivos en la cabecera de esa ley, y eso que el fin de su contenido es más pensando en la mujer a no ser que el caso real que nos ocupa sea un supuesto caso transfigurable y se equivocasen de candidata donde nada resultó ser en la cualidad de “genero” esperada a lo que tuvo que haber sido cuando la vieron llegar y ahora tengan que comérsela con papas. Terminado un libro más, un libro de lectura secundaria por estas demasiadas actividades a la vez con un sinfín de inspiraciones literarias, un libro de disfrute, de historias bien narradas y que vienen de algún lado y desembocan en algo, una buena desconexión metafísica. Por fin el crítico de cuadros le expone al duque que se siente pieza de algo, una confabulación que no llega a comprender, algo que como lector tampoco comprendía, es más me surgió la idea antes de que al personaje en su propia historia, demasiado ha tardado en darse cuenta, y los lectores diciéndoselo con la lectura. Lo del ruso y hasta que se aclara la cosa ¿por qué él como liquidador? ¿es que no se fían de tantos españoles muchos ya casi con armas en la mano?, con tanto submundo resurgente con la moda del tiroteo. Da la impresión que no sólo sabe él quién es en la historia, sino también muchos de los personajes que le rodean. Entretenimiento, lectura precisa y un lujo de autor Eduardo Mendoza, lo negativo de la novela sólo sería a nivel genérico, la proliferación de novelas y demás narraciones basadas en la guerra civil o sus años antes o sus años de después.
Poemas viajeros,
Poeta en la sombra de los olivos, poemas para el iniciático ignorante en a poesía, le tocó el turno a Tomás Montoro Casas, una lectura de poeta enamorado, un mismo quijote de algún narrador cervantino de su persona, no lo dice aunque yo lo imagino, todo amor, que la siente más cerca cuando se aleja, todo en lo concerniente a la lejanía de esa amada que no vemos pero que ahí está, los astros son testigos, las calles de Buenos Aires también. Todo sin ser Borges ni Cervantes.
10 comentarios:
La guerra civil, seguirá dando cuerda para las novelas... Pero la verdad sigue siendo absoluta. Está claro quien amortajó a un pueblo.
Saludos y un abrazo.
A pesar de eso, creo que todavía debe seguir escribiéndose sobre ese período. Le memoria es frágil...
Como nuestras dictaduras argentinas, como las calles de Madrid, como los campos de concentración, todo escribible todo poetizado todo en la memoria.
¿Qué haríamos sin los libros?
Incluso cuando empezamos alguno y no nos gusta demasiado, queremos seguir, parece una traición dejarlo.
Besos
Estoy con el comentario de Pedro Ojeda ¡
Entretenimiento y lectura precisa, eso es siempre (o casi siempre) lo que ofrece Eduardo Mendoza.
En cuanto a las novelas sobre la Guerra Civil, yo distinguiría entre aquellas que cuentan lo de siempre con el enfoque de siempre, y las que vuelven a ese tema con un punto de vista nuevo y tal vez más riguroso, como esta de Mendoza, o la penúltima de Javier Marías.
ya lo dijo mi amigo, el joven cuervo...todo poetizado en la memoria
abrazo*
El pasado no solo deja huellas de sangre,también de Alma...
Felicidades por el texto.
Un beso desde mis Amanteceres.
Me encanta lo que escribes y quería dejar huella de ello, un saludo :)
La primera vez que lei a Eduardo Mendoza fue en La verdad sobre el caso Savolta, tengo más, pero especialmente me llama la atención uno qur una persona que influyo mcho en mí vida me regalo: El año del diluvio.
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