Groundhog night

El sí parece que es en directo aunque su no es el virtual, bellísima sonrisa de buenas noches al llegar a un acto cultural al que me habían invitado en el Bar Azulejo, los ordenadores están en los domicilios de ambos seguramente apagados. La empresa es difícil, narrar su historia y publicarla, una oscura mirada, unos dulces ojos, antes sí es verdad, ahora no lo es, pura atracción narrativa, saben hacerlo, no existen otros en la ciudad, a pesar del supuesto odio la transfiguración en la vida real es totalmente inversa, ellos no lo saben, o sí, o lo creen, o se lo figuran, da igual, pero lo más anómalo es lo sucedido al encontrarme con ellos tras pedir un refresco, saludos con más sonrisas, una proposición algo extraña, el rodaje en cine o vídeo de la historia que yo narré en su día que no es otra que la de ellos mismos.
A partir de ese momento creo sentirme sin motivo algo acorralado, siempre me digo que las calle y callejones del casco antiguo de la capital revisten de cierta atmósfera laberíntica más por los hechos a suceder que por la estructura urbanística que sigue igual por el imparable transcurso del tiempo. Quizás es pensar en otra especie de iterado día de la marmota, uno de los dos lo tiene condenado al otro, eso de momento me da igual, es su vida privada y privativa que no es la mía, la preocupación más bien es la que empiezo a sentir con el vaso de coca cola en la mano, con creces supera en proporciones épicas al desarrollo de la película de Bill Murray, rodar la película o el cortometraje, yo sólo narrar y ellos graban siendo a su vez los actores de mis historia y de ellos mismos, conseguir que el lector o espectador no conozca ni la identidad real y ficticia de los protagonistas y de los operadores de cámara de rodaje, y a su vez muchos menos la del narrador, una historia en la que no ocurra nada destacable pero sí mantengamos con la conjunta labor el mantenimiento en vilo del lector o espectador. La reprimenda nadie me la va a perdonar esta vez en plena céntrica calle y a la luz del día, debo aceptar con relativa sonrisa la propuesta recibida, firmar los tres de común acuerdo un pacto de vida de ficción, no soy quién para intentar transformar la noche de viernes, lo difícil será la decoración del argumento, nada de historias amorosas que no fueron, son o serán, quizás viejas relaciones que hubo y ahora dicen que no, y con esta noche del Bar Azulejo se conviertan de repente en un tal vez, que el lector lo tenga claro y sepa lo que lea.
Al terminar la coca cola me siento muy ilusionado por su confianza en mí aunque lo que escriba no llegue a ser ni lo más exacto ni lo más acertado de cómo iba transcurriendo cada momento. Antes de contestarles sobre si acepto o no a su oferta el resto de parroquianos del bar nos miraban, la expresión de los rostros que alcancé a mirar era de hacerse los distraídos ajenos al tema, como si fuese todos estuviésemos fuera de este lugar de encuentro en plena noche de viernes.

Te pagaremos.

No, eso nunca lo consentiré.

No dejo de titubear en mis pensamientos, no sé si dejarme querer por el uno y dejarme odiar por el otro, aún así la existencia se las daré gratis, fotografías, texto, gastos o derechos de representación, pienso cuando no los veo de repente que el acto de presentación expositiva va a dar comienzo en breves momentos, el dueño del bar toma a continuación la palabra y el otro defiende su obra artística, tras el habitual agradecido con aplauso y abono del refresco en barra entro en la noche de la Calle Hurtado algo fría y demasiado solitaria, todo el calor quedó en el interior.
La suerte narrativa echada de nuevo, quieran empujarme fuera de anonimato y no quiero, rodar y protagonizar, es difícil inventar algo de la nada, y cuando diez minutos después M es enterada y puesta al día del nuevo proyecto me aconseja olvidarme del día de la marmota, un tema es verdad que está transformado en demasiado manido, me apunta que nos vayamos a aquella noche también de viernes que pasamos juntos dos años atrás en la feria de San Lucas en la que un desconocido de un puesto fijo de fotografía en una de las calles principales del ferial me llamó la atención de si era fulanico el fotógrafo (todo vale menos la denominación de fotógrafo, hacer fotos sin saber qué se hace de forma exacta no es serlo), una amistad repentina e impulsiva y con nocturnidad iluminada por las luces y sonidos de los carruseles de la feria, un nuevo amigo a la espera de la llegada de otra nueva penumbra por las calles de Jaén, la existencia de ambos sólo por mera obligación ciudadana sin razones o metas en el texto o imagen de fotografía. Termino comentándole a M que los habitantes jienitas que no nos conocen permanecerían confusos y sin el ruido de la música en el momento de rodar la película en el escenario oscurecido. A partir de ahora ya no sé qué pensar le comento.

11 comentarios:

Esilleviana dijo...

las noches de la marmota... tal vez éso sea lo preocupante, hay tantas noches que se repite que no sabría cual de ellas fue la más aburrida o la más divertida jaja

me alegro de volver a leerte.

un saludo

Miquel dijo...

No soy de noches. Nunca me han gustado ni mí cuerpo lo ha resistido...¡ que le vamos a hacer ¡...salut

Javier Ancín dijo...

Las noches, las calles y las decisiones. Sin noches no sería lo que soy, y sin bares tampoco. El sonido de los pasos retumbando por las estrechas calles vacías es quien en verdad ha contestado por mi muchas veces. Así dejo que mis dilemas tengan respuestas por las que seguir paseando.

Shang Yue dijo...

por qué será que, de noche, las propuestas brillan de una forma demasiado particular?
nada que ver con el reflejo solar que por la mañana las acicala

quizá necesites más tiempo para decidir

Lucía dijo...

Los efectos de la delirante cúspide noctámbula.
Muy bueno.

Saludos. :)

Lansky dijo...

cada día me gusta mas madrugar, al final casi consigo coincidir con los noctámbulos más persistentes

Céfiro dijo...

La madrugada está ahí y contarla es entrar en ella.

Sombras Chinescas dijo...

Parece un juego de espejos enfrentados.

Saludos.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

pero es justo en esos laberintos en los que nos puede suceder lo más sorprendente

Antonio de Castro dijo...

Si viéramos en la misma ciudad, Lansky y yo acabaríamos coincidiendo, él cuando va a trabajar y yo cuando vuelvo.
Una película bien planteada puede ser un buen complemento, o una prolongación, de algo escrito. Mucha suerte.

VANESSA dijo...

Las decisiones por tomar siempre son difíciles, sobre todo de noche y por calles de laberintos.
Besoss
y gracias por tu visita!