Historia de la eternidad

Hablábamos horas y horas sobre Borges, ella había leído su obra completa, yo no todavía, veo esas obras completas de Jorge Luis Borges en su domicilio, concretamente en el comedor, salir del sanatorio para ser recibido en casas ajenas es vertiginoso, en efecto hoy hemos estado en tu casa, pero más que Borges el contemplar tu cama de matrimonio fue una experiencia estética de difícil superación, de un nivel que me sirvió para elevar mi propia visión al nivel poético de Baudelaire, pocos segundos que se me hicieron una eternidad al dar la coincidencia de estar estos días gozando de La historia de la eternidad de Jorge Luis Borges.
Pero lo vivo en mi imaginación como si hubiesen sido horas de lozana batalla cuerpo a cuerpo entre los dos, aunque hubiese provocado la sospecha y la inquietud por la muda de pasión en el interior de los muros del sanatorio y tener que ahogarlas unidas las dos en compartida taza de café en Cástulo, convertir sin más remedio lo breve en duradero y mejor todavía, en eterno. Cuando observo en breves segundos tu cama me siento como representando algo ínfimo pero necesario. Borges nos mete en una historia que nos hace dudar en lo establecido, cuántas veces dudé de la veracidad de la vida impuesta, la lectora y admiradora de Borges por un lado junto a su cama, y por otro lado el papel diario de ejecución que el aroma a café no logró separarlos, el papel de no ser nada cierto sin tener alternativa, sólo verla mover sus redondeadas apretadas por los vaqueros, Borges juega con las palabras sin ofrecer tampoco alternancia alguna, el tiempo circular donde se repite siempre lo mismo, sólo algunas mañanas imagino el final de su recorrido en la parte alta con la falda de volantes con el intento de vivenciar de penetrar en lo más oculto. La Doctrina de los Ciclos, lo más asombroso, parece como si se lo hubiese dictado la lectora de Borges a la que nunca lo leyó, el tiempo es infinito, aunque la parte pequeña de la materia sí es finita, es decir lo que ocurre es que todo se va repitiendo una y otra vez, todos los hechos vuelven de una manera u otra a ocurrir, daba igual que fuese en el interior del pabellón del sanatorio o en la breve contemplación de tu cama de matrimonio donde siempre he tenido el propósito de dignificar la imaginaria y ampliada estancia bajo la búsqueda de una mutua satisfactoria representación ahogando el deseo en agua carbonatada, cuando te enseña una amiga su habitación y cama de matrimonio la realidad es demasiado breve, sólo lo literario se une para remediar la situación.

Su plenitud es precisamente la de un espejo que simula estar lleno y está vacío es un fantasma que ni siquiera desaparece, porque no tiene ni la capacidad de cesar. Historia de la eternidad - Jorge Luis Borges.

Máscaras de teatro

El público no aplaude, casi abandono la función a media representación, el miedo escénico es superado a medias, no consigo verme a mí mismo actuando. El eslogan Acércate al Teatro me convierte en un oscuro actor de pleno derecho de la Compañía la Paca, precisamente con demasiada oscuridad y poco o más bien un número de público simbólico representamos la negatividad de La Paca a representar la obra Cástulo, mis últimos años en el sanatorio, un capítulo más donde por fin se va viendo el final.
En este teatro todos tenemos derecho a tener un papel aunque no se consienta vivenciar realidades que tenían que residir ya en el olvido, en la reunión previa a la representación que tuve con Mari Camen Gámez como directora de La Paca, por ésta se me reprocha la dificultad de encasillarme como autor de la otra o como actor, y en uno y otro caso dilucidar si mi papel en la historia era de bueno o de malo.
En los ensayos no conformados como tales ya se veían venir los problemas de entendimiento, me deniegan algunas escenas, un ejemplo es la tergiversación de la realidad al querer aprovecharme de la situación para darme en el escenario todo tipo de placeres con las mujeres del sanatorio, también se me echa en cara el tratar de imitar el argumento de La máscara de la Muerte Roja de Edgar Allan Poe donde existe una abadía calcada al Sanatorio Mental de Cástulo, una abadía donde se practicaba el disfrute de lo hermoso, de lo extraño, también de lo licencioso, sin faltarle al maníaco o baboso (según sea abadía o sanatorio) la representación de fantasías delirantes y donde cada miembro, fuese paciente, religioso o personal sanitario tenía su propio disfraz, y para más inri a veces se celebraban ágapes del adios que me voy, lugar con su situación en la que se podía practicar el divertimento carnal incluso hasta sin límites gracias al enmascaramiento de cada uno y los paseos posteriores en vehículo al salir de la discoteca. Durante la conclusión del acto una de las máscaras se convertía luego en la muerte y uno por uno fueron cayendo el resto en las salas de orgía.

Los once

El mismo sanatorio me niega el haber estado allí, cierto es que la estancia no dio más de sí, seguramente para ser creíble mi extraña historia tendrán que pasar varios años. Los once – Pierre Michón, lo descubro en Anagrama gracias a un dibujante valenciano que admira a este escritor que aunque mayor en edad parece haber nacido ahora, todo tal como me apuntan en la Librería Metrópolis sólo por el hecho de que uno de los factores de ser reconocido es ser convenientemente traducido.
El Sanatorio de Cástulo inexistente, al igual que tampoco existe ese cuadro del que tanto se habla en la densa lectura del libro y estuviese colgado en el mismísimo Louvre. Pierre Michón es autor de culto, totalmente desconocido para la Delegación de Cultura de Jaén, tienes que lanzar atmósferas invisibles convertidas en anzuelo para que en esta ciudad se lea a este superable de Borges. La historia que se cuenta en Los once es mentira, pero está tan bien escrita y descrita que rebasa muchas verdades, por eso me sentí al leerlo reviviendo mis propias mentiras sobre Cástulo, ni existe el cuadro, ni el pintor, ni el propio relato, sólo el autor o escritor solitario.
El dibujante de Valencia es un descubridor nato de secretos literarios, su propia obra es un auténtico tesoro de la red que se sobrevalora a sí mismo con el extraño silencio con que camina su autor.

Como los viejos rockeros

El túmulo levantado en el mismo patio como destino al evadirse del tálamo, el lugar que un día soportó la jaula del conejo como lugar de cobijo ante la lluvia de extremo silencio. Estos días cuando salgo a desayunar subo el Paseo de la Estación y el escuchado compás de la campana del tranvía me hace verme en ese dichoso patio con similar tintineo procedente de los pabellones situados en diagonal.
Como se acerca el viernes llevo en la mano La orden de finnengans, así como Otra vuelta de tuerca de Henry James, la lectura de fin de semana en un habitual pueblo de interior donde lo pasaremos con la excusa de asistir a una boda, servirá también de pretexto para ocultarnos en las letras buscando la misma protección que en su día busco Kafka. Me veo en el pabellón sentado en la cama, me prescribieron la lectura del Ensayo sobre la ceguera de José Saramago donde se me anunciaba lo evidente, fracasar como personaje de mi propio guión obligándome a teatralizar a los que me rodeaban como segunda opción, cuando llego al Colón me siento con M en el velador, hacía algo de calor, optamos por coger una mesa fuera de la lona por estar al aire libre aunque se pone a llover de repente obligándonos a cambiar de opción con la servicial ayuda del camarero, la tarde noche anterior con el fotógrafo Sitoh como compañero de parroquia en el Pósito, al parecer no lleva su cámara, aprovecho para convertirme de posible objetivo en el inverso fotografiador, el instinto de sobrevivir a cualquier precio hará que todos aquellos que les atenaza el miedo tengan que enfrentarse a lo más primitivo y ruin de la especie humana, lo imagino organizando lectura en la Asociación Qastuluna o en el Ateneo ciudadano, o paseándose por el centro de la ciudad tomando café con aquel viejo amigo, ¿lo fue?, los viejos rockeros nunca mueren, había pensado desde la lejanía que quedaba alguien, un encuentro antes de la exposición de fotos en Cástulo, una realidad muda que sigue con el paso de los años. Soy consciente cuando baja otro tranvía que nadie debería pensar en rentabilidades, las urbes del tamaño que sean deberían facilitar por su dimensión transporte público gratuito para sus pasajeros, ¿cuándo ha sido o es rentable el metro de Barcelona?
Lo veo en el sanatorio huyendo de todos los males e iniciando su vida de escritor que se lee a sí mismo, ahora vivo como en dos mundos, el del recuerdo cuando me desplazo en tranvía y en el del relato de sanatorio mental que sólo se parece a sí mismo y se diferencia de la falta de lo peculiar del resto. La transformación en población literaria de la ciudad de Cástulo, más que empezar como futuro aspirante a La Orden del Finnegans. Volver a Cástulo y volver a pasar por los muros del sanatorio antes de acceder a la sala de bejarano donde un médico y un abogado entre otros se han hecho fotógrafos, pero los fríos muros siguen ahí y me imagino con C leyendo al unísono Ulises en las cercanías de un 16 de junio, Juanra Canovaca debería llegar en su programa cultural electoral la celebración por los alrededores de la calle Cerón de un bloomsday jienita donde los aspirante a caballeros subiríamos hasta Bernabé Soriano en tranvía con un ejemplar de la obra de James Joyce bajo el brazo y recorriendo el último tramo a pie por la Plaza de San Francisco de forma ritual donde tomaremos todos café en la Colombiana o en el Fleming, las dos cafeterías están junto a la plaza de San Francisco aunque de distintas ciudades.
Al cerrar La Orden del Finnegans es como si hubiese salido de un sueño en el que no he avanzado nada, los taxis cobran lo suyo, los tranvías siguen viajando gratis y sigo teniendo el mismo miedo que le tuve a mi cuidadora durante cientos o quizás miles de horas en el sanatorio de Cástulo. La Orden del Finnegans es un libro colectivo, colectivo a dos fue la lectura de Ulises, desde aquí le invito a repetir la escena con fines libertinos y cachondos.



......tomando café con aquel viejo amigo, los viejos rockeros nunca mueren, había pensado desde la lejanía que quedaba alguien,.....

Duplicados, triplicados, ...

Todas las obras son mentira, da igual que sean o no imaginadas, el deseo no prospera, imitar el bloomsday en un sanatorio no se le ocurre a nadie cuerdo, la atmósfera prohibicionista viaja a través de un doble camino entre lo deseado y lo prohibido, aún así no ha sido difícil promover la lectura del relato Los muertos (Dublineses) de James Joyce entre algunos de los compañeros.

Esto no es Dublín

Da igual, la tensión de las pasiones y la hueca frivolidad en este rincón de Cástulo son similares, en el sanatorio se trabaja mucho lo “duplicado”, una doble sociedad donde las frustraciones sentimentales y sexuales son metabolizadas en pabellones de atmósfera religiosa con múltiples prejuicios. En secreto se me prohíbe la renovación de las letras o argumentación de lo que ocurre en el lugar y más aún la degradación de alguno de los personajes aunque todo sea la representación de un acto aparte en un sanatorio mental que se ha vuelto intemporal, me da igual, una vez leí que las obras de Chejov están desprovistas tanto de tema como de argumento, habiendo disfrutado de su éxito su autor desde el mismo momento en el que fueron escritas.

Entonces hoy, por alguna razón, según usted, el sistema ha enloquecido.

Es más fácil creer en el loco que personificar a otros.

En la lectura amagada y a solas de Teatro se pone algo de luz sobre lo que cuento, Don DeLillo nos corta, unifica la realidad, aunque lo que no se quiera oír siga en silencio para no alterar la atmósfera de la críptica sociedad del sanatorio, el teatro existe para escenificar el bien y el mal enfrentados el uno al otro y sin que ninguno de los dos tenga clara su identidad.

.....ayudando a un amigo a suicidarse.

Don DeLillo en el futuro iba a anticiparnos el presente, nadie sabía que una enfermera me lo impedirá al otro lado del cristal para que lo ejecutase poco a poco, la tormenta de ideas me transforma en un futuro autor, no sé si simple o duplicado, mientras buscaré pensando en ella una habitación para dos por la zona centro de Cástulo, cuando me despierto cada mañana y la veo a ella apretando el gatillo tras apuntar hacia mí yo me la imagino bajándose las bragas.

El final siempre está abierto.

Sé que no dormiré. Nunca estuve tan dispuesta.

El resto de actores no están, su misión es duplicada y paralela, Enrique Vila – Matas con toda la razón nos pone varios ejemplos hoy en El País, pero ella sigue aquí, la miro a los ojos y comprendo que con su silencio quería negar al resto sus dobles sentimientos, la transformación del guión escénico en realidad cierta valdría la pena para ilusionar al espectador que se le hace larga la espera del regreso de los artistas, y como no tienen con qué consolarse les hablo a todos desde el escenario mientras aguardan el comienzo de la función de los universos paralelos de Vila – Matas basado en el artículo de emulación borgiana de su artículo en Café Perec que publica martes sí y martes no en El Páis. Me digo cuando les hablo que quién fue a hablar con su facilidad para no sólo duplicarse sino también para triplicarse, cuatriplicarse o quintuplicarse a su antojo e incluso provocando que otros imaginemos duplicados inexistentes allí donde no está, como cuando creí verlo sin estar él allí al no haber sido invitado en el Restaurante la Tramoya de Barcelona o rizando más el equívoco, pasar a la situación de fallecimiento por voluntad propia sin haber siquiera existido, habrá que ver si Vila – Matas está realmente como dice en Brasil o sigue contemplando tomando un café por su alto ensanche barcelonés como sus propios lectores leen a su alrededor el artículo de hoy en Café Perec (Dirección Brasil) sobre su voluntaria desaparición transoceánica, o quizás ambas cosas.

La gallina o el huevo

Hablo de teatro pensando en la lectura de un buen libro, visionando una obra escénica bajo la poca luz, o quizás simplemente viviendo en una vida impuesta por demonios compartidos. Viajando en Jaén en tranvía en interminables viajes de idas y vueltas mientras leo la prensa acabo de recordar que conocía en el Sanatorio de Cástulo auténticas expertas del tramoyismo y de la escenografía, todos en uno éramos la auténtica academia del esperpento.
Una de mis profesoras de literatura en el sanatorio que se fue antes que yo y también antes de que empezase a enloquecer, me ayudó con la terapia de la lectura de Borges y sin que ella lo supiera a deformar caprichosamente la vida de otros para convertir el teatro en el mejor espectáculo de la variedad deformando más la ficción obligatoria del ambiente impuesto bajo terapia, aunque ahora en el tranvía leo en Babelia que Don DeLillo escribió algo parecido a lo que me hicieron vivir en el sanatorio en Teatro, concretamente en La habitación blanca. Cuando me baje del tranvía iré a comprar de forma urgente Teatro de Don DeLillo editado por Seix Barral, quizás descubra pasajes de mi propia existencia que por una circunstancia u otra se me pasaron.
Al terminar su lectura y gracias a la recuperación del teatro para la ciudad de Cástulo resolveremos unos de nuestros vitales misterios.

Yo soy la locura

Ana María Matute nos decía que inventaba para vivir, ahora no se encuentra
necesariamente junto a la vía aunque tengo noticias que el circular de los tranvías los escucha cada día a pesar de trabajar en un habitáculo con vistas a los interiores más silenciosos de por sí. Él se fue, ya no está afortunadamente con nosotros y ampliando el pensamiento de Matute siempre escribía para sobrevivir, el mejor ejemplo de idiota obsesionado con la reunión de letras sin sentido formando historias como él creyó vivirlas, escribir como un ejercicio absurdo para sí mismo y verse en la distancia de su propio pasado que al resto no nos importa o interesa.
Esta mañana he vuelto a sentenciar por la omisión de saludo, o simplemente porque no me gusta su cara o por el tipo de chanclas que calza. Por aquella época cuando ella se duchaba a la vez que era traicionada por las rendijas de entrada a sus abismos se dibujaba abstracciones sobre su piel que automáticamente se desdibujaban con el interminable caer del agua, siempre pensé que deberían haber compartido los dos ese baño para que llegase la supervivencia al poner límites a la temperatura que había aumentado por la humedad sin necesidad de recurrir a la lectura o a la escritura .
Por la tarde ensayamos el peculiar plagio teatral de una de las obras de la compañía de Cástulo Claroscuro y Zarambeques, concretamente Yo soy la locura, una obra adecuada a mis situaciones de evaluación de todo el que entra y sale del sanatorio aunque sólo sea el título lo destacable del supuesto duplicado de esta obra dramática, reproducción de escenas teatrales de terceros, personajes fuera de la historia a los que diseño a mi antojo su automarginación, diseño una versión copiada pero adaptada a la realidad de la vida del sanatorio, me lo comentó en su despedida cuando recibió el alta, el contexto ahora lo empiezo a comprender, me comentó que era la más cachonda y burlona del hospital, importante recordar que recogí prestada de su mano la Trilogía de Nueva York de Paul Auster como síntoma de que el tratamiento que recibía en el sanatorio no le estaba surtiendo ningún efecto, Yo soy la locura como título recabado de mi propio ego.
Volviendo al ensayo de la pieza principal repasamos ahora el acto del autor succionando con sus labios uno de los pechos desnudos de la protagonista principal, la escena está basada en hechos reales de cuando hacía varios años ella amamantaba a su criatura recién nacida en aquel pueblo costero catalán como lugar de paso de él en otra época distinta a la ambientación de la realidad, con el transcurrir de las décadas y el destino que los ha unido el bebé se ha convertido en un hombre hecho y derecho cuya edad ya se equipara en muy poquitos años a los de su supuesta madre, ahora son escritor y protagonista respectivamente reviviendo la realidad con el protagonismo lírico de la preparación de la próxima representación en uno de los roñosos teatros de Cástulo. Él se ve dominado en el montaje y ejecución previa por un súbito apetito venéreo que no sabe controlar, ella se adecua al guión vivenciando lo mejor que sabe la circunstancia narrada en el libreto emitiendo sonidos reales y sinceros por el medio placer recibido bajo la iluminación de los focos del escenario, en la realidad de hace varios años en el sanatorio con él como pacientela imaginaba a ella como una especie de madre en la que buscaba resguarecerse del resto de fuerzas vivientes del hospital, incluyéndome a mí misma. Había empezado por azares del destino a ejercer la asistencia sanitaria en la misma localidad de nacimiento del autor, con el tiempo y por similares azares lo recibió sin que él sospechase nada como paciente en el sanatorio mental donde empezó a tratarlo como a un hijo de su misma edad, una pasión filial memorable hasta que se deshizo como se deshacen todas las cosas, ahora para que el estreno de la función salga bien le deja lamer uno de sus pezones, otorgarle a la obra un adecuado ritmo interior que supera la soledad y el aislamiento a que fueron abocados, llenar de prosa su historia abandonando el tiempo cronológico así como el habitual y tradicional suspense donde predomine la aventura del lenguaje, el odio hacia él se transforma en maternidad, ahora lo tiene entre sus brazos y todo gracias al teatro.
La versión apócrifa y a mi manera rebuscada de Yo soy la locura será todo un éxito representativo en Cástulo, ahora tras el ensayo él cogerá el tranvía hacia la capital con un agradable regusto en su boca pensando seguramente que todo parece destinado a la literatura.