Mientras cae la tarde le parece oír descendiendo por la adoquinada cuesta los ecos amortiguados del teatro, tuerce a la izquierda, se dirige con su disfraz de colegiala a la entrega del premio adjudicado por sus últimas obras y representaciones teatrales, el Consistorio ha sido generoso con esta merecida concesión, no obstante se ha elevado el nivel del interés artístico de los vecinos gracias a las tristes funciones que hicieron incluso llorar al público infantil asistente en su día, tanto que algunos niños sienten pánico cuando presienten la posibilidad de volver a la Rúa a presenciar alguna otra función. El premio le es concedido por su dirección artística mientras que la dirección teatral al ser prácticamente nula y no existir otros candidatos dejaba su reconocimiento desierto, pocos artistas para un desdeñable teatro casi carente de existencia.
La calle se vuelve más oscura conforme avanza hacia el Palacio Consistorial, no hay nadie por las aceras, cree escuchar la presencia de algunas sombras, el recorrido de su casa hacia el lugar de entrega del premio dista a pocos silenciosos minutos, aún así se le está haciendo de noche, el callejón que acaba de dejar para coger el camino principal se sumerje aún mas en la penumbra, no ve nada de lo existente ante sus ojos, casi tropieza con una especie de tela, cuando sale al escenario sigue sin haber nadie en las butacas, soledad total ante unas muecas improvisadas que todavía emite su inexpresivo rostro, nadie aplaude, cree escuchar murmullos lejanos.
El alcalde de Comala
Por donde pisa ya no crece la hierba, ¿Qué destruiría José Enrique Fernández de Moya en Comala? Lo veo a media tarde con su caballo y sus mixtos practicando la tierra quemada echando a suertes consigo mismo lo próximo a ser arrasado con toda su crudeza, le roban de cuajo en su remota ciudad del Santo Reino el césped artificial mientras en ese desierto cercano a Comala se encarga de quemar la tierra empolvada por la que pretendían circular otros caballos, su política en el gran vacío que pretende en Jaén es pretérita y analógica, un anacronismo que cabalga en otro tiempo destrozando el presente convirtiéndose en un nostálgico de su propio pasado, decisiones de aprendizaje para un político de primera cartilla que aspira a un Jaén de Crónicas de un pueblo, que no exista la existencia presente en esa ciudad que no considera suya al permitir el menudeo con la hierba del césped del tranvía, consentir que otros le hagan el sucio trabajo del trapicheo tras haber conseguido que el calor de verano haya alterado la mejor visión urbana de la época y enterrando cualquier infraestructura perteneciente a la ciudad que sus antepasados mantuvieron en el olvido bajo el polvo del sol de verano.
El primer año la ciudad lleva camino de la desolación, José Enrique Fernández de Moya sería el mejor alcalde de Comala, tendría la ciudad merecida llena de polvo y hierba resecada al sol, el nulo sistema urbanístico de agujeros de remate, su ciudad sería aquella de arena seca en la llanura, ecologismo de sequía deshidratada, jardines y macetas que tiemblan al verlo pasar mientras los alacranes bajo las piedras le hacen la ola. Su atmósfera ideal la de Santa María de Onetti, la desestructura y el fin, nada de nueva sendas o caminos, cerrar y destruir lo que hay, caminar por los raíles del tranvía, por donde pisa no crece la hierba, la vida muerta, la muerte en vida.
Rulfianas
Las nubes siguen demasiado oscuras, no nos atrevemos a dejar atrás el cruce de la Piscina de Amurjo, el vehículo parece calado, la niña sigue en una especie de trance, su cara de asustada me conmueve a la vez que escuchamos desde abajo casi al unísono los ecos rulfianos procedentes del Cerro.
Viene la gente pero no ha nadie.
Recuerdo otro lugar donde la muchedumbre era real, bailes, comidas, podía palpar con mis manos a los comensales y bailarines, aquí contemplo esos figurines de la inexistencia en una atmósfera de rigidez.
Repito que no hay nadie pero sí están, lo vivimos las dos como si así fuera, nos creemos la escena.
Los fantasmas visitaban la monotonía, la novela de Pedro Páramo no supe hallarla en aquella biblioteca a pesar de encontrarme en primera fila con El llano en llamas, el fantasma de Juan Rulfo parece poblar el lugar, la lectura de esas dos fabulosas historias no me ha dejado impasible, todavía recuerdo aquella tarde mucho antes de que tanto la madre como la hija empezasen a sentir miedo, aquel día en el cruce de los Pinares de Amurjo parecía lucir el sol.
- Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados. Pedro Páramo – Juan Rulfo.
Viene la gente pero no ha nadie.
Recuerdo otro lugar donde la muchedumbre era real, bailes, comidas, podía palpar con mis manos a los comensales y bailarines, aquí contemplo esos figurines de la inexistencia en una atmósfera de rigidez.
Repito que no hay nadie pero sí están, lo vivimos las dos como si así fuera, nos creemos la escena.
Los fantasmas visitaban la monotonía, la novela de Pedro Páramo no supe hallarla en aquella biblioteca a pesar de encontrarme en primera fila con El llano en llamas, el fantasma de Juan Rulfo parece poblar el lugar, la lectura de esas dos fabulosas historias no me ha dejado impasible, todavía recuerdo aquella tarde mucho antes de que tanto la madre como la hija empezasen a sentir miedo, aquel día en el cruce de los Pinares de Amurjo parecía lucir el sol.
- Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados. Pedro Páramo – Juan Rulfo.
Cartelera
Después de tanto tiempo con el teatro desierto la cola del respetable público parece querer llegar hasta Benatae, la dirección teatral se confunde en el tiempo si no es que el tiempo la confunde a ella primero, dirigir la escena fuera de la obra, tanto los actores como los espectadores no se pueden concentrar y entra todo en un resultado inesperado. A pesar de ello el éxito parece asegurado, en el exterior aire caliente y zureo de las palomas, un letrero colgado en la fachada al sol pajizo y blanquecino por la confusión del largo tiempo transcurrido anunciando la función al posible espectador. Justo cuando se abre el telón el protagonista principal confunde en la actuación su papel, se enfrenta al dobles niveles de espectadores, en uno de ellos ese protagonista es perjudicado por el daño de los efectos secundarios del guión, en el otro nivel de forma distinta es donde el actor provoca el maleficio para ese nivel. En ambos sólo conocen su parte asignada de la escena, comparten aforo pero permanecen ciegos ante la versión que no les corresponde presenciar aunque la tengan ante sus ojos, prefieren no reconocerla, cada uno con lo suyo. Es el tercer nivel silencioso situado en el mismo patio de butacas, aquí se guarda silencio, son la mayoría de vecinos de la Rúa que asisten con curiosidad al Cerro para visionar el estreno de la función de que con una cosa y otra, y esa diferenciación de niveles respecto de la misma historia ofrecida, la sala del teatro aparezca con el aforo completo a pesar de la poca iluminación. El director de escena no estaba desacostumbrado a la oscuridad, entiende del guión lo que no interesa al resto, incluso un espectador de Villanueva del Arzobispo que abonó religiosamente la entrada prefiere asistir de forma gratuita a la representación teatral del resto de otras voces que niegan la literalidad que presencian sus ojos ante el escenario.
Mañana viene de la capital una nueva actriz, debo prepararle la cama.
¿Cómo van a venir tantos espectadores a la función? Cada vez viene menos público, poca expectación para tanto actor.
Mis actrices protagonistas suelo elegirlas. Olvido siempre que puedo su circunstancia personal, no quiero saber nada de sus vidas del tiempo presente hacia atrás., tienen que actuar para mí en el escenario con dos guiones, el escrito y el improvisado.
No confíes en la improvisación, desde el cruce de los Pinares de Amurjo un padre y su hija que han llegado tarde, les da miedo presenciar la función, siguen en el coche con el motor parado y las luces encendidas, no se atreven a seguir hacia el Cerro, la niña sobretodo llorar al oír la denominación del lugar.
Le tienen miedo hasta a las mismísimas calles de la Rúa.
Un especia también improvisado entre el actor del escenario y el espectador cómodamente sentado. Le solicitan a éstos de las butacas que intercedan ante la dirección escénica, no cuadran con la función asignada, el guión es uno, la interpretación es otra, el actor con poca esperanza espera algo del espectador, que sean estos los que actúen, que se solidaricen con ellos y su papel de llegar a creerse que han pecado sin saber sobre qué mandamiento legal o divino, más en un teatro al que últimamente nadie acudía, ni espectadores ni actores entraban en su interior, su cartel de cartelera anunciaba una obra la que no sólo no era presenciada por nadie, sino que tampoco nunca se representaba, así un día y otro. Ahora todos los espectadores de los diferentes niveles se sienten atrapados ante el argumentarlo existente, el padre y su hija prefieren permanecer sin salir del vehículo en el cruce de la piscina de Amurjo, el progenitor le cuenta a la niña que no existe tal obra, que está anunciada en cartelera tanto en el cerro como por la Plaza de la Iglesia, un cartel o cartelera anunciadora de algo que quizás fue en su día, ¿para qué subir entonces?
Al principio venía feliz, nunca había funciones, me gustaba subir y bajar corriendo por las escaleras.
Hasta la época en que las campanas de la Iglesia de la Rúa dejaron de sonar entre el viernes y el lunes, como si cuatro días se tornasen uno sólo o incluso ninguno, el tiempo volatilizado, las horas encogidas por voluntad humana.
El curso de los acontecimientos hace mella entre los espectadores, ya daba igual que fuesen del pueblo, de la ciudad, incluso algún que otro espectador de la capital que no se encontraba entre el público se sentía implicado como el resto, pasado a ser protagonista de lo que previamente estaban presenciando, costaría atender a dos situaciones personales imprevistas e improvisadas. El espectador que pago su entrada para terminar actuando, el actor intérprete que cobra por presenciar la obra desde el escenario en el patio de butacas, ahora los nuevos actores no portan ningún tipo de atrezzo para la nueva e imprevista situación, su vestimenta o máscara son sus actos vitales que poco a poco van viniendo a menos, aquellos que niegan que nunca lo fueron como ellos tampoco, empiezan a negarse a sí mismos, salen todos al final por la misma puerta, la obra teatral vuelve a ser inexistente, el tiempo manipulado y el sol ha descolorido el anuncio que todavía cuelga y colgará donde siempre estuvo anunciando lo que no es, en el Cerro la vida sigue ausente.
Debemos de darnos la vuelta y volver a casa. Creo que arriba no hay nadie.
Descubre en la foto al impostor
Mañana viene de la capital una nueva actriz, debo prepararle la cama.
¿Cómo van a venir tantos espectadores a la función? Cada vez viene menos público, poca expectación para tanto actor.
Mis actrices protagonistas suelo elegirlas. Olvido siempre que puedo su circunstancia personal, no quiero saber nada de sus vidas del tiempo presente hacia atrás., tienen que actuar para mí en el escenario con dos guiones, el escrito y el improvisado.
No confíes en la improvisación, desde el cruce de los Pinares de Amurjo un padre y su hija que han llegado tarde, les da miedo presenciar la función, siguen en el coche con el motor parado y las luces encendidas, no se atreven a seguir hacia el Cerro, la niña sobretodo llorar al oír la denominación del lugar.
Le tienen miedo hasta a las mismísimas calles de la Rúa.
Un especia también improvisado entre el actor del escenario y el espectador cómodamente sentado. Le solicitan a éstos de las butacas que intercedan ante la dirección escénica, no cuadran con la función asignada, el guión es uno, la interpretación es otra, el actor con poca esperanza espera algo del espectador, que sean estos los que actúen, que se solidaricen con ellos y su papel de llegar a creerse que han pecado sin saber sobre qué mandamiento legal o divino, más en un teatro al que últimamente nadie acudía, ni espectadores ni actores entraban en su interior, su cartel de cartelera anunciaba una obra la que no sólo no era presenciada por nadie, sino que tampoco nunca se representaba, así un día y otro. Ahora todos los espectadores de los diferentes niveles se sienten atrapados ante el argumentarlo existente, el padre y su hija prefieren permanecer sin salir del vehículo en el cruce de la piscina de Amurjo, el progenitor le cuenta a la niña que no existe tal obra, que está anunciada en cartelera tanto en el cerro como por la Plaza de la Iglesia, un cartel o cartelera anunciadora de algo que quizás fue en su día, ¿para qué subir entonces?
Al principio venía feliz, nunca había funciones, me gustaba subir y bajar corriendo por las escaleras.
Hasta la época en que las campanas de la Iglesia de la Rúa dejaron de sonar entre el viernes y el lunes, como si cuatro días se tornasen uno sólo o incluso ninguno, el tiempo volatilizado, las horas encogidas por voluntad humana.
El curso de los acontecimientos hace mella entre los espectadores, ya daba igual que fuesen del pueblo, de la ciudad, incluso algún que otro espectador de la capital que no se encontraba entre el público se sentía implicado como el resto, pasado a ser protagonista de lo que previamente estaban presenciando, costaría atender a dos situaciones personales imprevistas e improvisadas. El espectador que pago su entrada para terminar actuando, el actor intérprete que cobra por presenciar la obra desde el escenario en el patio de butacas, ahora los nuevos actores no portan ningún tipo de atrezzo para la nueva e imprevista situación, su vestimenta o máscara son sus actos vitales que poco a poco van viniendo a menos, aquellos que niegan que nunca lo fueron como ellos tampoco, empiezan a negarse a sí mismos, salen todos al final por la misma puerta, la obra teatral vuelve a ser inexistente, el tiempo manipulado y el sol ha descolorido el anuncio que todavía cuelga y colgará donde siempre estuvo anunciando lo que no es, en el Cerro la vida sigue ausente.
Debemos de darnos la vuelta y volver a casa. Creo que arriba no hay nadie.
Descubre en la foto al impostor
Vivencia sin disfrute
Publicado en el nº 29 de La Puerta de la Villa. Especial Feria de Sabiote 2.011.
¡Como un “pobre de mí” sabioteño! Cuántos años la misma visión posterior que no es otra que la habitualidad predominante del resto del año, es la noche siguiente, la primera de demasiados días para algunos y quizás no tantos para otros, las calles que rodean el parque aparecen en este primer anochecer algo tristes y silenciosas sin los chiringuitos de churros recién hechos, donde en esos puestos portátiles y durante el transcurrir de las madrugadas de estos días el feriante intenta reponer fuerzas que en algún otro caso sirven más bien para coger el camino de la cama para así volver a empezar en esos agotadores días de feria con unas fuerzas engañosamente renovadas, vuelvo a vivir la feria sin saber si realmente nos veremos inmersos en ella.
En la presente edición de la Feria de Sabiote nos desplazamos a disfrutarla o a lo mejor no, quizás un día, o dos, quizás ninguno, hace ya algunos años que no la proyectamos como destino forzoso de los últimos días de agosto, dejamos que sea el mero azar o lo fortuito el que nos conduzca o no a la feria, estos días dejaron de ser una obsesión, precisamente me obsesiona más pasar días en el pueblo cuando desaparece el calor y asoman los anocheceres con pocas o ningún alma por la calle, es una especie de egoísmo particular que te hace buscar la localidad de Sabiote una vez llegado el silencio del resto de los meses con el objeto de leer un libro de forma callada y que cuando te entren ganas de salir a tapear, o al cualquier otro tipo de diversión que no sea el mero paseo fotográfico o reflexivo, sea la televisión de fondo, la tertulia familiar o unos folios en blanco a la espera que les diga algo con el bolígrafo a un borrador con las primeras letras garabateadas de una nueva historia lo que te deje clavado en la silla o sillón, todo para decirte a ti mismo que a dónde voy con lo a gusto que estamos sin salir de la casa de la madre política.
La Feria de Sabiote sigue siendo un termómetro generacional, sigo observando con extraña curiosidad como muchos de los que viven su disfrute no gustan de salir del mismo lugar de divertimento que el resto del año, los que todavía buscan rincones históricos como el viejo Caracol o sus denominaciones sucesoras con ofertas de combinados de refrescos con otros de variación gradual no despreciables para bolsillos de menor poder adquisitivo, siempre acompañado de la típica música ratonera a un tan elevado nivel de decibelios que a cada uno de los miembros de los corrillos de pie o de los parroquianos en barra les impide mantener una fluida conversación, y con las cosas que se tendrán que decir al homogeneizarse cada uno de ellos con miembros procedentes de otros lugares y provincias a disfrutar de estos regocijantes días de jolgorio en su pueblo. Termómetro también para los que buscamos lo de sabor más añejo pero que es totalmente distinto en la verbena popular, últimamente y de varios años acá si lo inopinado me conduce a la feria es el único lugar al que me dejo llevar por tener una magia distinta . Fuera de esta verbena o los sucesores del Caracol aparece todo en un estado de anegación humana callejera, familias enteras paseando e invadiendo las terrazas de toda la vida, una música se mezcla con la otra, más si te introduces en la calle que soporta el ferial, truenos y jolgorio que resquebrajan de forma literal la madrugada sabioteña. Al final el conflicto generacional puede estar servido por un lado entre los grupos que quieren y no sienten como propio el acto de bailar como sus padres y abuelos delante de una orquesta y por otro aquellos que se resisten a abandonar el cuadrilátero del descampado rodeado y protegido durante estos días por ese aparente protector cañizo que poca función amortiguadora tiene de lo sonoro e incluso de lo visual.
Es uno de los primeros días de septiembre, hace algunos minutos ya que nos desviamos a Sabiote como descanso periplo viajero cuando regresamos del Alto Levante, es un sábado preotoñal, se respira el silencio de los habituales días del año que nada tienen que ver con los pasados días de feria o los que ya la iban anunciando con la mezcla del ambiente veraniego de por medio, con el silencio agradecido de esa tarde imagino las calles repletas de multitud de esos feriales días que ya pasaron, pudimos vivirla de alguna forma a través del sonido secundario al hablar por el teléfono móvil con algún familiar que en ese momento estaba bajo su disfrute, la solanera ya es más suave, tiene las fuerzas totalmente perdidas, un pequeño refrigerio en la casa familiar y a continuar hasta la capital, el recuerdo gracias a la tranquilidad vecinal de la tarde también te hace añorar sobre esa feria que no hemos disfrutado, el resto del año seguirás recordándola ya con los días más cortos y las noches más largas, un imprevisto o programado viaje a Sabiote de puente, navidad o fin de semana desde la capital te obligarán a volver a pasar e imaginar la madrugada con ese olor y ambiente de los chiringuitos humeantes junto al parque con el eco de la verbena aunque ésta no suene, los churros dejaran de elaborarse y no sepamos todavía si estuvimos o dejamos de estar en la presente feria.
¡Como un “pobre de mí” sabioteño! Cuántos años la misma visión posterior que no es otra que la habitualidad predominante del resto del año, es la noche siguiente, la primera de demasiados días para algunos y quizás no tantos para otros, las calles que rodean el parque aparecen en este primer anochecer algo tristes y silenciosas sin los chiringuitos de churros recién hechos, donde en esos puestos portátiles y durante el transcurrir de las madrugadas de estos días el feriante intenta reponer fuerzas que en algún otro caso sirven más bien para coger el camino de la cama para así volver a empezar en esos agotadores días de feria con unas fuerzas engañosamente renovadas, vuelvo a vivir la feria sin saber si realmente nos veremos inmersos en ella.
En la presente edición de la Feria de Sabiote nos desplazamos a disfrutarla o a lo mejor no, quizás un día, o dos, quizás ninguno, hace ya algunos años que no la proyectamos como destino forzoso de los últimos días de agosto, dejamos que sea el mero azar o lo fortuito el que nos conduzca o no a la feria, estos días dejaron de ser una obsesión, precisamente me obsesiona más pasar días en el pueblo cuando desaparece el calor y asoman los anocheceres con pocas o ningún alma por la calle, es una especie de egoísmo particular que te hace buscar la localidad de Sabiote una vez llegado el silencio del resto de los meses con el objeto de leer un libro de forma callada y que cuando te entren ganas de salir a tapear, o al cualquier otro tipo de diversión que no sea el mero paseo fotográfico o reflexivo, sea la televisión de fondo, la tertulia familiar o unos folios en blanco a la espera que les diga algo con el bolígrafo a un borrador con las primeras letras garabateadas de una nueva historia lo que te deje clavado en la silla o sillón, todo para decirte a ti mismo que a dónde voy con lo a gusto que estamos sin salir de la casa de la madre política.
La Feria de Sabiote sigue siendo un termómetro generacional, sigo observando con extraña curiosidad como muchos de los que viven su disfrute no gustan de salir del mismo lugar de divertimento que el resto del año, los que todavía buscan rincones históricos como el viejo Caracol o sus denominaciones sucesoras con ofertas de combinados de refrescos con otros de variación gradual no despreciables para bolsillos de menor poder adquisitivo, siempre acompañado de la típica música ratonera a un tan elevado nivel de decibelios que a cada uno de los miembros de los corrillos de pie o de los parroquianos en barra les impide mantener una fluida conversación, y con las cosas que se tendrán que decir al homogeneizarse cada uno de ellos con miembros procedentes de otros lugares y provincias a disfrutar de estos regocijantes días de jolgorio en su pueblo. Termómetro también para los que buscamos lo de sabor más añejo pero que es totalmente distinto en la verbena popular, últimamente y de varios años acá si lo inopinado me conduce a la feria es el único lugar al que me dejo llevar por tener una magia distinta . Fuera de esta verbena o los sucesores del Caracol aparece todo en un estado de anegación humana callejera, familias enteras paseando e invadiendo las terrazas de toda la vida, una música se mezcla con la otra, más si te introduces en la calle que soporta el ferial, truenos y jolgorio que resquebrajan de forma literal la madrugada sabioteña. Al final el conflicto generacional puede estar servido por un lado entre los grupos que quieren y no sienten como propio el acto de bailar como sus padres y abuelos delante de una orquesta y por otro aquellos que se resisten a abandonar el cuadrilátero del descampado rodeado y protegido durante estos días por ese aparente protector cañizo que poca función amortiguadora tiene de lo sonoro e incluso de lo visual.
Es uno de los primeros días de septiembre, hace algunos minutos ya que nos desviamos a Sabiote como descanso periplo viajero cuando regresamos del Alto Levante, es un sábado preotoñal, se respira el silencio de los habituales días del año que nada tienen que ver con los pasados días de feria o los que ya la iban anunciando con la mezcla del ambiente veraniego de por medio, con el silencio agradecido de esa tarde imagino las calles repletas de multitud de esos feriales días que ya pasaron, pudimos vivirla de alguna forma a través del sonido secundario al hablar por el teléfono móvil con algún familiar que en ese momento estaba bajo su disfrute, la solanera ya es más suave, tiene las fuerzas totalmente perdidas, un pequeño refrigerio en la casa familiar y a continuar hasta la capital, el recuerdo gracias a la tranquilidad vecinal de la tarde también te hace añorar sobre esa feria que no hemos disfrutado, el resto del año seguirás recordándola ya con los días más cortos y las noches más largas, un imprevisto o programado viaje a Sabiote de puente, navidad o fin de semana desde la capital te obligarán a volver a pasar e imaginar la madrugada con ese olor y ambiente de los chiringuitos humeantes junto al parque con el eco de la verbena aunque ésta no suene, los churros dejaran de elaborarse y no sepamos todavía si estuvimos o dejamos de estar en la presente feria.
Telón sin levantar
Mi hija se inquieta en el asiento de atrás, empieza a sentir miedo, llevamos varias horas de viaje y se nos ha hecho de noche, es la primera vez que asiste conmigo al teatro, la función por fin parece que va a dar comienzo. Mientras cogemos el carril que nos conduce hacia el cerro pienso en los miedos, en el suyo y en el mío, en los vacíos de condena, llenar u ocupar un vacío que se te abre a diario, no saber sobre la cuestión, sentir pánico escénico, dejarte arrastrar hacia otro vacío mucho más abismal que pude olvidar al vivenciar un encuentro dentro de lo onírico una noche con quien vino a ocupar su lugar, visitamos un pueblo extraño y desconocido, los vecinos dicen haber visto lo que nunca vieron, nos vimos obligados los dos a representar en la realidad lo que nunca había sucedido a fin de que esa vecindad guardase silencio, nunca pude contárselo ni a la que hizo el vacío ni la que vino a llenarlo, al final o condenados unos al fracaso mientras otros siguen esperando a que les llegue antes o después, la suerte se encarga de que aunque tengamos diferentes bolas en el bombo toca siempre la misma escena como elegida a ser representada.
Nos desviamos a la izquierda, de frente el camino prosigue hacia el verdor de los pinos de Amurjo, el camino empinado hacia la desolación del Cerro me obliga a reducir a segunda, imagino el teatro cerrado, a pesar de este viaje por sus cercanías el ambiente supera la nulidad, no existe como tal, me detengo y cojo el programa que recogí esa misma mañana en Jaén, lo leo bajo la lámpara interna del vehículo, la obra tiene que representarse dentro de pocos minutos, la entrada también me saca de dudas, no hay nadie por la calle, ni siquiera por la que asciende desde la Rúa.
¿Por qué nos paramos papá?
Creo que no hay función. Teatro sí, función quizás no.
¿De qué iba?
No sé qué contestarle, es algo complicado hablar de sayones que fueron víctimas de sí mismos, de un director de escena que no sale de su época representando una y otra vez la misma obra aunque transcurra el tiempo confundiendo ese tiempo cuando se transfigura en el papel de actriz provocando que un error en ese papel representado en el escenario de alguno de los personajes secundarios la haga volver a su papel de director de escena, amenazando con ello a los actores con dar aviso a los civiles, pero el error no es tal le comento a mi hija, es una parte del argumento donde se provoca adrede una improvisación sobre el guión ya escrito.
Un día lo entenderás, si te gusta la literatura y el teatro comprenderás que salvar a los personajes sean o no secundarios es que éstos sigan el guión sin descarrilar, es decir, en sentido totalmente literal, las únicas salidas posibles en el guión no escrito serán las diseñadas por la imaginación del director aunque el libreto escrito se base en los más primitivo del ser humano, una óptima dirección teatral es la única capacitada para elegir de los actores o espectadores lo que es bueno o malo para ellos, lo que deben de decir o lo que deben de callar incluso fuera del escenario o recinto teatral, capaz incluso de opinar sobre su propia economía personal de gastos e ingresos y poseer buen criterio para reprender si hace falta a aquellos que hablen con otros compañeros de reparto por las calles de la Rúa.
Sigo pensando en el teatro cerrado y sin función, construido algo lejos del casco viejo, en el presente es como si el escenario con el telón sin levantar sufriese un castigo por su propio pasado en un entorno desértico.
El astillero – Juan Carlos Onetti
Empieza a llover justo cuando detengo el vehículo en el cruce donde la carretera bifurca hacia los pinares de Amurjo. Más hacia arriba pronto se abrirá el Teatro Principal, su nombre me recuerda a aquel que nunca más volvieron a abrir en Úbeda en la época de mi estival infancia pasajera por la ciudad, es el momento de negociar con compañías que traigan funciones atrayentes, sólo así se le podrá dar el sentido que merece la existencia del cerro, abrirlo al mundo, cerrarlo a la soledad que impera en su alrededor y pueda dejar de hacernos agravar nuestra propia locura.
El tomo segundo de estas obras completas me invitan a una detenida lectura de El Astillero – Juan Carlos Onetti, esos árboles junto al cruce hacia Amurjo invitan a sentar el lomo junto al tronco con el libro abierto y la mirada fija en sus páginas, no es posible ante esa fina lluvia que apareció de repente y que no cesa, mejor seguir leyendo en el interior coche con los cristales empañándose poco a poco. No me concentro en la lectura, hay que traer lo no material, lo material existe, lo que le hace falta al Cerro son nuevas obras participativas de teatro que atraigan las multitudes silenciosas de la rúa, dejar de ser el cerro una especie de lugar confuso, que no sirva de trampa manipuladora del tiempo al despistado visitante de tantos fracasados momentos
- Puerto Astillero está muerto, doctor. Apenas si atracan las lanchas, nadie llega ni se embarca.....
Seguramente me expulsarán de la Rúa si es que no lo han hecho ya sin darme primero la bienvenida, sin tan siquiera conocerme, la población no está acostumbrada a representaciones quiméricas, la rúa no es ni Mágina ni Cástulo, posee de identidad argumentística propia, le sobran pardillos ocasionales con ambición individualizada en el mundo de las letras que vengan a remover sus emociones, sensaciones e ideas propias, todo lo contrario y siento tener que regresar a Cástulo, los habitantes de este último iban desarrollando su propia historia a fin de que en el futuro pudiese ser narrada, aquí en la Rúa ya está todo narrado.
- .....Petrus es un farsante cuando le ofrece la gerencia general y usted otro cuando acepta. Es un juego, y usted y él saben que el otro está jugando. Pero se callan y disimulan. Petrus necesita un gerente para poder chicanear probando que no se interrumpió el funcionamiento del astillero. Usted quiere ir acumulando sueldos....
Es difícil pero lo aceptamos, lo hacemos y nos dejamos llevar, convertimos en un recreo y pasatiempo lo oscuro en apariencia, el traer en tren un grupo de mujeres para alegrar la vida de los hombres corresponde al mismo personaje a Larsen, pero la historia es otra, corresponde a Juntacadáveres que fue escrita después aunque sucedió antes, el nombre de la novela y apodo del personaje es muy significativo pareciendo concentrar el grueso de la línea argumental.
.......descubrir, con asombro, con fastidio y una indominable excitación, que el hecho de que el astillero hubiera llegado a convertirse en un mundo completo, infinitamente aislado e independiente, no excluía la existencia del otro mundo, este que pisaba ahora y donde él mismo había residido alguna vez.
Por eso siento desconcierto, me cuesta arrancar el coche de nuevo y cerrar El astillero justo por el punto de lectura en el que me he quedado, arrancar el vehículo y subir al cerro para que no me cuente ni transmita nada nadie que me encuentre ahí arriba, un lugar donde la vida parece carecer de sentido por esa atmósfera de la no existencia, una no existencia que se invierte progresivamente tal como se desciende a pie por las calles de la Rúa, todo más arriba es más pecaminoso aunque no se cometan ni pecados ni actos virtuosos, simplemente nada de entre la mismísima nada, Larsen nuestro protagonista descubre o reflexiona que lo que hace pecaminoso al pecado es su inutilidad, que no sirva simplemente por no existir. La lectura se me torna con la incesante lluvia un poco abrasiva, es como si estuviese atrapado en este cruce de Amurjo, no ocurre ni sucede algo nuevo en esas líneas de Juan Carlos Onetti que me trasladan imaginariamente al cerro sin poder moverme del lugar, lugares donde no ocurre algo que valga la pena contar o suceder demasiadas cosas a la vez aunque todo sea producto de narrar algo, el autor dibuja lo oscuro con una construcción magistral de sus palabras en frases, la densidad de los párrafos de El astillero es poca, simplemente tienes que vivirlos como tal, sin ninguna línea o argumento concreto al no existir éste. Vuelvo a pensar que buenas obras de teatro puedan otorgarle valor vital a aquello donde nada existe, algo que me haga viajar más lejos de este cruce que nos llevaría a los pinares de Amurjo, Juan Carlos Onetti me tiene totalmente atrapado al igual que la atmósfera del lluvioso paraje sigo sin poder salir de este entramado que sucede en la bifurcación.
El tomo segundo de estas obras completas me invitan a una detenida lectura de El Astillero – Juan Carlos Onetti, esos árboles junto al cruce hacia Amurjo invitan a sentar el lomo junto al tronco con el libro abierto y la mirada fija en sus páginas, no es posible ante esa fina lluvia que apareció de repente y que no cesa, mejor seguir leyendo en el interior coche con los cristales empañándose poco a poco. No me concentro en la lectura, hay que traer lo no material, lo material existe, lo que le hace falta al Cerro son nuevas obras participativas de teatro que atraigan las multitudes silenciosas de la rúa, dejar de ser el cerro una especie de lugar confuso, que no sirva de trampa manipuladora del tiempo al despistado visitante de tantos fracasados momentos
- Puerto Astillero está muerto, doctor. Apenas si atracan las lanchas, nadie llega ni se embarca.....
Seguramente me expulsarán de la Rúa si es que no lo han hecho ya sin darme primero la bienvenida, sin tan siquiera conocerme, la población no está acostumbrada a representaciones quiméricas, la rúa no es ni Mágina ni Cástulo, posee de identidad argumentística propia, le sobran pardillos ocasionales con ambición individualizada en el mundo de las letras que vengan a remover sus emociones, sensaciones e ideas propias, todo lo contrario y siento tener que regresar a Cástulo, los habitantes de este último iban desarrollando su propia historia a fin de que en el futuro pudiese ser narrada, aquí en la Rúa ya está todo narrado.
- .....Petrus es un farsante cuando le ofrece la gerencia general y usted otro cuando acepta. Es un juego, y usted y él saben que el otro está jugando. Pero se callan y disimulan. Petrus necesita un gerente para poder chicanear probando que no se interrumpió el funcionamiento del astillero. Usted quiere ir acumulando sueldos....
Es difícil pero lo aceptamos, lo hacemos y nos dejamos llevar, convertimos en un recreo y pasatiempo lo oscuro en apariencia, el traer en tren un grupo de mujeres para alegrar la vida de los hombres corresponde al mismo personaje a Larsen, pero la historia es otra, corresponde a Juntacadáveres que fue escrita después aunque sucedió antes, el nombre de la novela y apodo del personaje es muy significativo pareciendo concentrar el grueso de la línea argumental.
.......descubrir, con asombro, con fastidio y una indominable excitación, que el hecho de que el astillero hubiera llegado a convertirse en un mundo completo, infinitamente aislado e independiente, no excluía la existencia del otro mundo, este que pisaba ahora y donde él mismo había residido alguna vez.
Por eso siento desconcierto, me cuesta arrancar el coche de nuevo y cerrar El astillero justo por el punto de lectura en el que me he quedado, arrancar el vehículo y subir al cerro para que no me cuente ni transmita nada nadie que me encuentre ahí arriba, un lugar donde la vida parece carecer de sentido por esa atmósfera de la no existencia, una no existencia que se invierte progresivamente tal como se desciende a pie por las calles de la Rúa, todo más arriba es más pecaminoso aunque no se cometan ni pecados ni actos virtuosos, simplemente nada de entre la mismísima nada, Larsen nuestro protagonista descubre o reflexiona que lo que hace pecaminoso al pecado es su inutilidad, que no sirva simplemente por no existir. La lectura se me torna con la incesante lluvia un poco abrasiva, es como si estuviese atrapado en este cruce de Amurjo, no ocurre ni sucede algo nuevo en esas líneas de Juan Carlos Onetti que me trasladan imaginariamente al cerro sin poder moverme del lugar, lugares donde no ocurre algo que valga la pena contar o suceder demasiadas cosas a la vez aunque todo sea producto de narrar algo, el autor dibuja lo oscuro con una construcción magistral de sus palabras en frases, la densidad de los párrafos de El astillero es poca, simplemente tienes que vivirlos como tal, sin ninguna línea o argumento concreto al no existir éste. Vuelvo a pensar que buenas obras de teatro puedan otorgarle valor vital a aquello donde nada existe, algo que me haga viajar más lejos de este cruce que nos llevaría a los pinares de Amurjo, Juan Carlos Onetti me tiene totalmente atrapado al igual que la atmósfera del lluvioso paraje sigo sin poder salir de este entramado que sucede en la bifurcación.
Triángulo escaleno
Me animo a correr, parece que hago de nuevo algunos amagos, puedo seguir contemplándola en la ducha cuando miro hacia abajo y eso es importante, perder masa ahí donde sobraba a costa de visualizar lo que a veces permanece un tanto oculto, que buen cuadro pienso hacer en ese nuevo triángulo improvisado en el Sanatorio Mental de Cástulo, sus calles adyacentes siguen algo turbias, nada que ver con la violencia silenciosa en el interior de los muros del hospital, uno de los vértices sería una de las personajes creadas por el autor, el vértice no femenino quedaría en un estado provisional de ambigüedad, uno de los otros dos restantes se reiría por detrás ante mis aparentes celos, el problema iba a ser resolver como cuadrar en ese polígono de tres lados desiguales, la lectura terminada de Los enamoramientos – Javier Marías – Alfaguara, no me inspira la forma de buscar la mejor entrada de las dos posibles aunque la tenga ya decidida de antemano, Javier Marías y sus citas literarias para inanes argumentos en su libro, magistral recreación letrista para una historia que cabe en página y media, también existe un triángulo aunque más perfecto, más equilátero, María y Luisa, Luisa y María, en su lectura se me ofrece ahora el calor que al divagar de sus páginas no me deja concentrarme en la posición para que uno de los vértices se aproveche del mejor compás.
El triángulo provisional formado es una farsa, tres vértices que desconfían el uno del otro aunque guarden las mejores de las formas, la relación entre ellos es extraña e inexistente, saludos de buenos días y contarse mutuamente su propia historia que a ninguno de ellos mismos les interesa la del otro, son oyentes entre ellos de un silencio prefabricado de palabras que suenan antes de desaparecer en el aire, me prefieren a mí al creerse que practico una especie de venganza literaria sobre algún asunto no resuelto, que quiero utilizar el sexo para consumarlo, aparentan no conocerme haciendo ver que sólo han oído hablar de mí, enamorarla ya no hace falta, vivió durante todos estos años en ese estado de total permanencia, la elección del vértice lleva muchos años practicada, ahora se trata de penetrar en el propio relato, evocar el odio donde siempre te ignoraron y siguen en pos de uno a determinada distancia, seguir siendo una especie de animal malparido aunque de cierta forma bienvenido, partir de nuevo hacia Cástulo buscando vivenciar la parte del argumento que nunca escribí, la unión fuera de lo ficticio con un personaje real más que literario, en Cástulo sólo caben una de estas dos opciones, la victoria o la derrota, siempre estuvo claro que fui uno de los derrotados, aunque también estuvieron las dos seguros de que volvería.
Dudaba de si citarla a solas en la Cafetería Fleming de la todavía llamada Calle Sagunto, ya no se podía fumar en su interior facilitando las cosas del posible encuentro, los aperitivos del mostrador de cristal parecían los mismos que nunca había probado aquellos años atrás de tanta tertulia mañanera, el lugar parecía sencillo para intentar atraerla a solas no sin antes secar el sudor adquirido como alma sin pasado y al no ser saludado por ninguna de las almas andantes en la rectilínea calle que me condujo hasta ahí desde la Estación de Autobuses de Cástulo, le solicitaría permiso al camarero para entrar en la ducha y lavarme el sudor, refrescarse uno también las axilas y el mojino, descansar del viaje en una cómoda habitación.
Tengo una buena cama, ahí podrá dormir mientras la espera, tenga por seguro que vendrá, le subiré algo de pan.
No sabe nada de mi nueva venida.
Te estaba esperando.
Sí lo sabía, el camarero le había preparado la habitación como lugar de negocios para nuestra reunión, no había envejecido ninguno de los miles de días que habían pasado desde nuestra última visual, vestía con una camiseta que publicitaba una conocida marca de refresco, no llevaba pantalón ni falda, ni siquiera minifalda, sólo una breve prenda interior negra que no pude adivinar aunque tampoco la ocultaba si era de baño o pura de interior femenina.
Si tu deseo es tomarme primero debes bañarte. El baño está servido.
La bañera estaba preparada justo en la mitad de la habitación, un blanco espumerío invitaba a entrar y relajarse tumbado con la dulce contemplación de mi compañía femenina que ya se había dispuesto a pasarme la esponja por todos los rincones que sus brazos diesen de sí justo cuando aparece otra amiga de sexo fémino que no me resultaba tampoco desconocida, portaba la ropa que le faltaba a la otra que no dejaba de lavarme con un desmedido deseo y fruición.
No debes de publicar o narrar lo que ocurra en tu regreso a Cástulo, tu ropa está guardada, y estás en un local público.
Hablamos de coacción.
Poca lectura moral de la situación ante el nuevo silencio, habían terminado de bañarme, salir de la bañera no me importaba, la tercera persona que se hallaba en la habitación era de género masculino, una habitación de bar en hora punta, permanecía quieto y detenido, contemplando en silencio y desde su propia sombra la escena a la que estábamos sujetos el resto, parecía que querían humillarme entre todos sin yo saberlo, la única salida era permanecer oculto de cuello para abajo en la bañera, o practicar una exaltación de amor en la cama cercana, me imaginaba la siguiente escena con el voyeur improvisado no perdiendo detalle de nada de que parecía que iba a suceder de un momento a otro.
La culpa la tuvo la primera parte, siempre tuve necesidad de hablarte.
Habíamos terminados de lavarnos, cada uno con su propia función, su amiga había desaparecido de la escena y quizás también de la estancia, nunca supe como aparecí de repente con ella sentados en el colchón de la cama de la habitación contigua, el otro no dejaba de mirar, parecía confabulado no sólo con sus dos amigas sino también consigo mismo, analizaba la situación me dio por pensar, que nada fallase que todo funcionase a la perfección.
Ya has visto que no existe el odio, que por fin te he perdonado, hoy vuelvo a
hablarte, estamos aquí para rubricar la reconciliación.
Rubricar la reconcialición.
Pienso en voz alta sus mismas palabras. Vuelvo a mirar hacia la puerta, es un voyeur pero a la vez es el vértice, también pretende dirigir la escena, conoce bien su profesión, creo que debe de poseer una descomunal visión escénica mientras vamos los dos desarrollando el acto de cama, ella va dejando poco a poco de estar pendiente de él, se ha dejado sucumbir por el grueso de la actuación, ha sido de forma paradójica su punto débil, los ruidos desgarradores son amortiguados por una lírica versión de la Lacrimosa del Requiem de Mozar con el Coro de la Ópera y Orquesta Filarmónica de Viena.
Al terminar nos vestimos, no quiero ni pensar en algún punto de no retorno, ella asiente cuando es corregida verbalmente por el desconocido de la puerta, me parece oírle decir que para la actuación ante el público debe dejarse llevar menos por la realidad y más por la teatralidad, desde la ventana puedo contemplar la cola que parte de la taquilla todavía cerrada, sobre la mesita de noche junto a la cama húmeda veo un programa con los días y horas de las representaciones.
El triángulo provisional formado es una farsa, tres vértices que desconfían el uno del otro aunque guarden las mejores de las formas, la relación entre ellos es extraña e inexistente, saludos de buenos días y contarse mutuamente su propia historia que a ninguno de ellos mismos les interesa la del otro, son oyentes entre ellos de un silencio prefabricado de palabras que suenan antes de desaparecer en el aire, me prefieren a mí al creerse que practico una especie de venganza literaria sobre algún asunto no resuelto, que quiero utilizar el sexo para consumarlo, aparentan no conocerme haciendo ver que sólo han oído hablar de mí, enamorarla ya no hace falta, vivió durante todos estos años en ese estado de total permanencia, la elección del vértice lleva muchos años practicada, ahora se trata de penetrar en el propio relato, evocar el odio donde siempre te ignoraron y siguen en pos de uno a determinada distancia, seguir siendo una especie de animal malparido aunque de cierta forma bienvenido, partir de nuevo hacia Cástulo buscando vivenciar la parte del argumento que nunca escribí, la unión fuera de lo ficticio con un personaje real más que literario, en Cástulo sólo caben una de estas dos opciones, la victoria o la derrota, siempre estuvo claro que fui uno de los derrotados, aunque también estuvieron las dos seguros de que volvería.
Dudaba de si citarla a solas en la Cafetería Fleming de la todavía llamada Calle Sagunto, ya no se podía fumar en su interior facilitando las cosas del posible encuentro, los aperitivos del mostrador de cristal parecían los mismos que nunca había probado aquellos años atrás de tanta tertulia mañanera, el lugar parecía sencillo para intentar atraerla a solas no sin antes secar el sudor adquirido como alma sin pasado y al no ser saludado por ninguna de las almas andantes en la rectilínea calle que me condujo hasta ahí desde la Estación de Autobuses de Cástulo, le solicitaría permiso al camarero para entrar en la ducha y lavarme el sudor, refrescarse uno también las axilas y el mojino, descansar del viaje en una cómoda habitación.
Tengo una buena cama, ahí podrá dormir mientras la espera, tenga por seguro que vendrá, le subiré algo de pan.
No sabe nada de mi nueva venida.
Te estaba esperando.
Sí lo sabía, el camarero le había preparado la habitación como lugar de negocios para nuestra reunión, no había envejecido ninguno de los miles de días que habían pasado desde nuestra última visual, vestía con una camiseta que publicitaba una conocida marca de refresco, no llevaba pantalón ni falda, ni siquiera minifalda, sólo una breve prenda interior negra que no pude adivinar aunque tampoco la ocultaba si era de baño o pura de interior femenina.
Si tu deseo es tomarme primero debes bañarte. El baño está servido.
La bañera estaba preparada justo en la mitad de la habitación, un blanco espumerío invitaba a entrar y relajarse tumbado con la dulce contemplación de mi compañía femenina que ya se había dispuesto a pasarme la esponja por todos los rincones que sus brazos diesen de sí justo cuando aparece otra amiga de sexo fémino que no me resultaba tampoco desconocida, portaba la ropa que le faltaba a la otra que no dejaba de lavarme con un desmedido deseo y fruición.
No debes de publicar o narrar lo que ocurra en tu regreso a Cástulo, tu ropa está guardada, y estás en un local público.
Hablamos de coacción.
Poca lectura moral de la situación ante el nuevo silencio, habían terminado de bañarme, salir de la bañera no me importaba, la tercera persona que se hallaba en la habitación era de género masculino, una habitación de bar en hora punta, permanecía quieto y detenido, contemplando en silencio y desde su propia sombra la escena a la que estábamos sujetos el resto, parecía que querían humillarme entre todos sin yo saberlo, la única salida era permanecer oculto de cuello para abajo en la bañera, o practicar una exaltación de amor en la cama cercana, me imaginaba la siguiente escena con el voyeur improvisado no perdiendo detalle de nada de que parecía que iba a suceder de un momento a otro.
La culpa la tuvo la primera parte, siempre tuve necesidad de hablarte.
Habíamos terminados de lavarnos, cada uno con su propia función, su amiga había desaparecido de la escena y quizás también de la estancia, nunca supe como aparecí de repente con ella sentados en el colchón de la cama de la habitación contigua, el otro no dejaba de mirar, parecía confabulado no sólo con sus dos amigas sino también consigo mismo, analizaba la situación me dio por pensar, que nada fallase que todo funcionase a la perfección.
Ya has visto que no existe el odio, que por fin te he perdonado, hoy vuelvo a
hablarte, estamos aquí para rubricar la reconciliación.
Rubricar la reconcialición.
Pienso en voz alta sus mismas palabras. Vuelvo a mirar hacia la puerta, es un voyeur pero a la vez es el vértice, también pretende dirigir la escena, conoce bien su profesión, creo que debe de poseer una descomunal visión escénica mientras vamos los dos desarrollando el acto de cama, ella va dejando poco a poco de estar pendiente de él, se ha dejado sucumbir por el grueso de la actuación, ha sido de forma paradójica su punto débil, los ruidos desgarradores son amortiguados por una lírica versión de la Lacrimosa del Requiem de Mozar con el Coro de la Ópera y Orquesta Filarmónica de Viena.
Al terminar nos vestimos, no quiero ni pensar en algún punto de no retorno, ella asiente cuando es corregida verbalmente por el desconocido de la puerta, me parece oírle decir que para la actuación ante el público debe dejarse llevar menos por la realidad y más por la teatralidad, desde la ventana puedo contemplar la cola que parte de la taquilla todavía cerrada, sobre la mesita de noche junto a la cama húmeda veo un programa con los días y horas de las representaciones.
Frases de paso
Frases descontextualizadas que tienen a veces algún que otro efecto sorpresivo si son escuchadas al vuelo y en silencio al pasar por esos corrillos o veladores que nos ha creado la tan bien recibida por nosotros los no fumadores ley antitabaco. Venía aquel día de desayunar y al pasar por el velador improvisado de la entrada de la Administración vecina escucho una voz ignorando el contexto anterior y posterior en el que fue soltada: “En la última remodelación han puesto a más de uno de no comulga con lo que tiene que comulgar”, a buen entendedor ya se sabe, nos podemos creer de izquierdas y exhalar aroma retrógrada, lo he vivido luego aunque no venga a cuento en mis propia en temas personales.
Esto había sucedido algunos meses atrás, pero hoy lo he recordado, ha sido al leer en Diario Jaén a un tal Luis Chica Hermoso sobre la posibilidad de la desaparición del festival de arte flamenco de Pegalagar, no conozco nada ese festival, pero me ha emocionado y despertado el interés en conocerlo al leer al autor de esta carta como auténtico partidario de buscar su brillo y esplendor, se percibe en sus letras su pasión y amor por este festival, pero a cambio quiere su completa despolitización para convertirlo en algo serio. Le doy todos los puntos a su favor, máxime cuando luego con nosotros mismos no somos capaces de politizarnos cuando tenemos el viento a favor y la sartén por el mango, al final en la práctica, lo orgánico e institucionalizado nos puede dejando a un lado la ideología que nos condujo hasta ahí, no hablo de derechización de la institución que se presupone de izquierdas, la derechización entraría por donde el delegado o consejero correspondiente no llega, por abajo y por inercia al no vislumbrarse la izquierda por ningún lado al surgir tanto tecnicismo y legalismo en detrimento de lo humano, o que como dijo aquella voz fumadora, que algún que otro nombramiento no comulgue con lo que tiene que comulgar. Pienso que deberíamos empezar por politizar ideológicamente nuestra propia administración y hablo de alguna de la más cercana, más si está gobernada por los que fueron candidatos en su día desde la izquierda empezando a aplicar esa ideología de forma eficiente y sin tanto artículo al administrado pasando por la masa trabajadora que puebla la administración y es la primera que si no corre por decirlo así el peligro de derechizarse, sí es la encargada de dar la publicidad o imagen que necesita la administración tanto en el entorno laboral como luego fuera de él, la masa humana funcionarial es nuestra primera carta de presentación, mucho más a veces que el tan fotografiado apretón de manos. Volviendo al inicio de este improvisado escrito, dejemos que las actividades y agrupaciones culturales gocen de completa independencia y no nos involucremos más allá de la mera expectación contemplativa, la ideología deben de introducirla o mantenerla de forma eficaz antes en su propia casa ya que están en ella, dando ejemplo a todo el mundo, para ello os eligieron.
Esto había sucedido algunos meses atrás, pero hoy lo he recordado, ha sido al leer en Diario Jaén a un tal Luis Chica Hermoso sobre la posibilidad de la desaparición del festival de arte flamenco de Pegalagar, no conozco nada ese festival, pero me ha emocionado y despertado el interés en conocerlo al leer al autor de esta carta como auténtico partidario de buscar su brillo y esplendor, se percibe en sus letras su pasión y amor por este festival, pero a cambio quiere su completa despolitización para convertirlo en algo serio. Le doy todos los puntos a su favor, máxime cuando luego con nosotros mismos no somos capaces de politizarnos cuando tenemos el viento a favor y la sartén por el mango, al final en la práctica, lo orgánico e institucionalizado nos puede dejando a un lado la ideología que nos condujo hasta ahí, no hablo de derechización de la institución que se presupone de izquierdas, la derechización entraría por donde el delegado o consejero correspondiente no llega, por abajo y por inercia al no vislumbrarse la izquierda por ningún lado al surgir tanto tecnicismo y legalismo en detrimento de lo humano, o que como dijo aquella voz fumadora, que algún que otro nombramiento no comulgue con lo que tiene que comulgar. Pienso que deberíamos empezar por politizar ideológicamente nuestra propia administración y hablo de alguna de la más cercana, más si está gobernada por los que fueron candidatos en su día desde la izquierda empezando a aplicar esa ideología de forma eficiente y sin tanto artículo al administrado pasando por la masa trabajadora que puebla la administración y es la primera que si no corre por decirlo así el peligro de derechizarse, sí es la encargada de dar la publicidad o imagen que necesita la administración tanto en el entorno laboral como luego fuera de él, la masa humana funcionarial es nuestra primera carta de presentación, mucho más a veces que el tan fotografiado apretón de manos. Volviendo al inicio de este improvisado escrito, dejemos que las actividades y agrupaciones culturales gocen de completa independencia y no nos involucremos más allá de la mera expectación contemplativa, la ideología deben de introducirla o mantenerla de forma eficaz antes en su propia casa ya que están en ella, dando ejemplo a todo el mundo, para ello os eligieron.
Alicia y Marina
La Parreta queda un poco como hacia el oeste, Alicia contempla los naranjos de ese campo si mira hacia el sur, las montañas de los maquis podemos verlas ambos, ella y yo, los dos, sobretodo tras un baños en el azul cloro. Las historias de segundos maridos tienen puntos en común, qué le podría contar a ella de propósitos pero sin enmienda, Babelia (El País) lo tiene fácil, estuvieron por aquí por esta parte del Bajo Maestrazgo y ni me enteré, Rosa Mora y Joseph Lluis Sellart hicieron un buen trabajo textual y fotográfico, conseguir el retrato de esa espléndida mujer no siempre es tarea fácil, la novela Donde nadie te encuentre de Alicia Jiménez Bartlett no la leeré al quedar un día ya saturado de historias de maquis y acontecimiento similares de la guerra civil y otras guerras de mayor escala, la autora llegó tarde conmigo, igualmente a Alicia es difícil encontrarla aquí aunque siempre esté, esas montañas compartidas son las que esconden su personaje que un día fue alguien real, alguien de carne y hueso, ahora sólo hueso, mientras Babelia da fe de la visual de su escondrijo seguiremos escribiendo con refugio o sin él.
Con Marina Perezagua recorro la ciudad, un escaparate y otro, unos nos miran con rostro más o menos expresivos, otros parecen insinuarse al cliente, otros los atemoriza provocando que la posible cliente llame a su marido asustada al sentirse perseguida por estos muñecos. Caza de muñecas es un relato inspirador, después de tanta fotografía a maniquís encerrados en los escaparates se me había ocurrido escribir un relato basándome en un posible tráfico de estos seres inertes pero que parecen tener más vida propia que lo que generalmente pensamos, pero al final he pensado que no lo haré, y es que la autora de Criaturas abisales no puede vivir sólo de relatos como el cuento Lengua foránea, lenguas deseadas que se conectan al sexo femenino, lenguas utilizadas en la entrepierna hasta la saciedad en un vuelo transoceánico, excuso a la imaginativa autora Marina Perezagua con esas Criaturas abisales tan reales que no son más que una extensión metafórica de nuestros propios deseos. Mezclando dos relatos podíamos experimentar en plena calle el grado de excitabilidad y de llegar al clímax de estos seres aparentemente inorgánicos, si mezclamos otro más podemos añadir un nuevo giro al argumento, materia orgánica e inorgánica capaz de penetrar o no (La Impenetrable), personajes inmortales, materia narrativa y mezcolanza ridícula que harían capaz de hacer arder hasta el hartazgo y saciedad no sólo su sanatorio sino también las históricas ruinas que todavía perviven en la vieja ciudad de Cástulo.
Cuando terminemos de ver tanto maniquí podrías llevarme a esa ciudad.
Marina es atrevida, con sus relatos lo ha demostrado, clásica originalidad, sería capaz de penetrar en la ciudad de Cástulo para intentar hacerme la competencia, el mejor relato que se adecua a lo que le conté un rato antes cuando nos reunimos los dos a tomar café fue El rendido, se deja hacer, lo deja hacer, la condena no es otra que cadena perpetua, una condena predestinada en el deseo antes de hacerle caer en el delito, “......Él no podía adivinar qué había detrás de mi comportamiento,.....”, ella siempre supo que lo sabía, “......él tendría ya preparada la manera de quitarse la vida......”, los cristales y espejos hablan, aquel suicidarse poco a poco, en Cástulo todo es poco a poco, los suicidios, los medios orgasmos, por eso es mejor que no vayamos.
Por eso tenemos que ir. ¿Qué son los medios orgasmos?
Cuando te los cuentan, no te quieren contar todo lo que sienten o les gustaría sentir, por eso te cuentan sólo la mitad, todo es la mitad, orgasmo incluído.
Me quitaría a mí Marina la redacción de esa segunda parte que quizás circula ya por ahí de los alegres días de Cástulo, el amable reverso de los sinsabores vividos y establecidos, en su segundo viaje a esta provincia iremos, que esté segura.
Con Marina Perezagua recorro la ciudad, un escaparate y otro, unos nos miran con rostro más o menos expresivos, otros parecen insinuarse al cliente, otros los atemoriza provocando que la posible cliente llame a su marido asustada al sentirse perseguida por estos muñecos. Caza de muñecas es un relato inspirador, después de tanta fotografía a maniquís encerrados en los escaparates se me había ocurrido escribir un relato basándome en un posible tráfico de estos seres inertes pero que parecen tener más vida propia que lo que generalmente pensamos, pero al final he pensado que no lo haré, y es que la autora de Criaturas abisales no puede vivir sólo de relatos como el cuento Lengua foránea, lenguas deseadas que se conectan al sexo femenino, lenguas utilizadas en la entrepierna hasta la saciedad en un vuelo transoceánico, excuso a la imaginativa autora Marina Perezagua con esas Criaturas abisales tan reales que no son más que una extensión metafórica de nuestros propios deseos. Mezclando dos relatos podíamos experimentar en plena calle el grado de excitabilidad y de llegar al clímax de estos seres aparentemente inorgánicos, si mezclamos otro más podemos añadir un nuevo giro al argumento, materia orgánica e inorgánica capaz de penetrar o no (La Impenetrable), personajes inmortales, materia narrativa y mezcolanza ridícula que harían capaz de hacer arder hasta el hartazgo y saciedad no sólo su sanatorio sino también las históricas ruinas que todavía perviven en la vieja ciudad de Cástulo.
Cuando terminemos de ver tanto maniquí podrías llevarme a esa ciudad.
Marina es atrevida, con sus relatos lo ha demostrado, clásica originalidad, sería capaz de penetrar en la ciudad de Cástulo para intentar hacerme la competencia, el mejor relato que se adecua a lo que le conté un rato antes cuando nos reunimos los dos a tomar café fue El rendido, se deja hacer, lo deja hacer, la condena no es otra que cadena perpetua, una condena predestinada en el deseo antes de hacerle caer en el delito, “......Él no podía adivinar qué había detrás de mi comportamiento,.....”, ella siempre supo que lo sabía, “......él tendría ya preparada la manera de quitarse la vida......”, los cristales y espejos hablan, aquel suicidarse poco a poco, en Cástulo todo es poco a poco, los suicidios, los medios orgasmos, por eso es mejor que no vayamos.
Por eso tenemos que ir. ¿Qué son los medios orgasmos?
Cuando te los cuentan, no te quieren contar todo lo que sienten o les gustaría sentir, por eso te cuentan sólo la mitad, todo es la mitad, orgasmo incluído.
Me quitaría a mí Marina la redacción de esa segunda parte que quizás circula ya por ahí de los alegres días de Cástulo, el amable reverso de los sinsabores vividos y establecidos, en su segundo viaje a esta provincia iremos, que esté segura.
Prologuistas
Max Aub nos relata que escribir en España es una continua desesperanza, ser escritor o intentar serlo pienso que tendrá esa premisa desesperanzador, pero ser prologuista no, aquí en nuestro país siempre hemos tenido un rincón de privilegio para los grandes prologuistas entre tanta mediocridad escritora, entre tanto escritor perteneciente al club de los vagos, entre tanto escritor saqueador de bibliotecas como le gustaba llevar a la práctica Borges, podíamos considerar que prologar un libro y escribirlo fuese una actividad paralela, nadie se atrevió por una merma en su valor, imaginemos comprar libros con el prólogo con el único interés. Empiezo a leer por encargo una publicación de un Concurso de Relato Corto y Poesía para Personas Mayores, leo el prólogo, leo y pienso en ellos, en los prologuistas, Carmen Álvarez Arazola, Teresa Bustós Alarcón prologuistas y miembros de la organización del concurso, M me sugirió algún consejo antes de la publicación que nunca supe darle.
...la falta de recursos se superaba con la imaginación y con regalos de lata y muñecas de cartón.
La sencillez de la escritura de los mayores es bastante patente. Sin querer salir del anonimato relativo que mantengo con ellos quise utilizar mi oscura influencia en la distancia con Diario Jaén para intentar publicarle a aquel anciano su poemario de la niña que no conoció a su madre, creo que no tenía prólogo cuando me lo mostró, una anciano pletórico de bondad que conocí en los jardines de ese nebuloso punto de referencia llamado el Cerro, conocer personas como ese señor mayor te hace pensar que el mundo sin duda podemos hacerlo mejor, una actividad particular y privada si un día conseguimos hacerlo, para ello tengo que volver a la Rúa cuando mi hija deje de tenerle pavor, nada reprochable por parte de nadie la publicación de poemas, libertad de escritura, libertad de expresión, libertad de hablar en la calle de la Rúa con el abuelo o abuela que nos plazca a cada uno de nosotros, dejar de manipular alterando las horas y los minutos para romper el maleficio de la unión de dos días haciendo desaparecer otros dos de por medio como si no perteneciesen al calendario, el bienestar social lo disfrutamos para todo el mundo, no deja de ser un mero reflejo, también lo hace el superior encargado de aplicar dicho bienestar, tampoco deja su disfrute a todo aquel que va descendiendo de forma jerárquica, bienestar social por partida doble, todos deseamos el disfrute de su vivencia, vivirlo en la realidad, superando el cruce que conduce a los Pinares de Amurjo fuera de ese maldito espejo que hace multiplicar todos y cada uno de nuestros actos multiplicando también por consiguiente y en parte el horror infantil a determinados lugares.
Mejor salir de las páginas de Antonio Di Benedetto, de Juan Carlos Onnetti, ser un personaje extraño que escapa de todas esas páginas, pero escapar de lo que escriben escritores en potencia de la tercera edad puede ser luego un misterio prometedor aunque este verano aprovechando la feria y fiestas el Ayuntamiento de Sabiote la revista veraniega La Puerta de la Villa me hayan solicitado una colaboración que ya expondré puntualmente aquí cuando pase esa Feria de Sabiote, dar un rodeo en círculo a una ida y no venida a dicha feria, ignoro quién será el prologuista de la revista, siempre suele serlo el alcalde, el misterio sería desvelado para no dejar esa promesa baldía, no leer el interior de ese libro publicado y reseñar un prólogo hubiese sido más fácil, prólogos con más desarrollo vital que el contenido, me quedo con ese mencionado prólogo, no poder salir más al exterior de esa obra literaria, el grueso de lo que se pretende transmitir debe de quedar para lector habitual, prologuistas no prologados, mejor que entren en el argumentario y a mí no me hagan caso, los abuelos poetas y los abuelos narradores no deben de dejar de ser los protagonistas.
...la falta de recursos se superaba con la imaginación y con regalos de lata y muñecas de cartón.
La sencillez de la escritura de los mayores es bastante patente. Sin querer salir del anonimato relativo que mantengo con ellos quise utilizar mi oscura influencia en la distancia con Diario Jaén para intentar publicarle a aquel anciano su poemario de la niña que no conoció a su madre, creo que no tenía prólogo cuando me lo mostró, una anciano pletórico de bondad que conocí en los jardines de ese nebuloso punto de referencia llamado el Cerro, conocer personas como ese señor mayor te hace pensar que el mundo sin duda podemos hacerlo mejor, una actividad particular y privada si un día conseguimos hacerlo, para ello tengo que volver a la Rúa cuando mi hija deje de tenerle pavor, nada reprochable por parte de nadie la publicación de poemas, libertad de escritura, libertad de expresión, libertad de hablar en la calle de la Rúa con el abuelo o abuela que nos plazca a cada uno de nosotros, dejar de manipular alterando las horas y los minutos para romper el maleficio de la unión de dos días haciendo desaparecer otros dos de por medio como si no perteneciesen al calendario, el bienestar social lo disfrutamos para todo el mundo, no deja de ser un mero reflejo, también lo hace el superior encargado de aplicar dicho bienestar, tampoco deja su disfrute a todo aquel que va descendiendo de forma jerárquica, bienestar social por partida doble, todos deseamos el disfrute de su vivencia, vivirlo en la realidad, superando el cruce que conduce a los Pinares de Amurjo fuera de ese maldito espejo que hace multiplicar todos y cada uno de nuestros actos multiplicando también por consiguiente y en parte el horror infantil a determinados lugares.
Mejor salir de las páginas de Antonio Di Benedetto, de Juan Carlos Onnetti, ser un personaje extraño que escapa de todas esas páginas, pero escapar de lo que escriben escritores en potencia de la tercera edad puede ser luego un misterio prometedor aunque este verano aprovechando la feria y fiestas el Ayuntamiento de Sabiote la revista veraniega La Puerta de la Villa me hayan solicitado una colaboración que ya expondré puntualmente aquí cuando pase esa Feria de Sabiote, dar un rodeo en círculo a una ida y no venida a dicha feria, ignoro quién será el prologuista de la revista, siempre suele serlo el alcalde, el misterio sería desvelado para no dejar esa promesa baldía, no leer el interior de ese libro publicado y reseñar un prólogo hubiese sido más fácil, prólogos con más desarrollo vital que el contenido, me quedo con ese mencionado prólogo, no poder salir más al exterior de esa obra literaria, el grueso de lo que se pretende transmitir debe de quedar para lector habitual, prologuistas no prologados, mejor que entren en el argumentario y a mí no me hagan caso, los abuelos poetas y los abuelos narradores no deben de dejar de ser los protagonistas.
Quiéreme
Leer por primera vez a Séspir y en la tele visionar la grabación de un cortometraje sobre vacíos existenciales puede llegar a enloquecerte la perola, tres obras de pequeño formato de Cátedra. Termino de ver Quiéreme, me la pasan de estrangis para ver o más bien saber qué opino, creo que a Séspir le hubiese alucinado de algún modo, coincide con lo leído en prensa hace varios meses, creo que a pesar de su larga duración y ser presentado como cortometraje no me hace olvidar que tiene una especie de carácter autoficcional, pero no sólo eso, la película reviste de una especie de simbolismo sobre la mujer, actriz como principal, actriz creo que secundaria, directora, operadora de cámara, sólo un tal Chema Trujillo es el hombre que acompaña a la puesta en escena de esta pequeña gran película, Lola Vico, Luisa Medina, Yolanda Ogáyar, Noelia Camacho, la visión de su directora y de su operadora de cámara y vídeo le otorgan una cualidad algo surreal, historias de féminas dirigidas y grabadas por más féminas, como si las encargadas de la grabación y la dirección fuesen capaz de verse desde fuera como ha sido la primera impresión que ha cautivado al espectador, como queriendo representar con este cortometraje su vivencia del mundo real, en pocas palabras el deseo de verse reflejadas en un espejo, acabar pensando si con su hacer cinematográfico quieren promocionarse ellas mismas o más bien el producto de su trabajo. Temática social tan de moda que transmite tristeza con la intención lograda por lo menos con ellas de haber dejado penetrar lo vital en su obra, no decepciona, imagino a Séspir escapando de los influjos féminos de la película en pequeño formato, en este caso es el propio argumento de Quiéreme el que dirige la voluntad del mensaje de las técnicas y directoras de rodaje y obra.
Distorsión de lo evidente
Se percibe en la estancia un calor con demasiada humedad cuando es introducida justo en el momento en el que la luz indica la posición correcta de encencido, el gozo compartido por los dos no se hace esperar en ese sofá con los treinta y tantos grados dominicales algo aplacados con el aire acondicionado, el aparato reproductor parece seguir funcionando sin problemas. Creo que me la entregaron a cambio de pago un también domingo por la mañana con El País, ahí la tenía guardada en la estantería como desconocida, hoy domingo la vuelvo a coger al verla ahí colocada sin querer, parece ideal para el medio día con el aperitivo, comida y postre tras la siesta sea en el mismo sofá o en la habitación. Cine español no demasiado conocido, uno de los actores principales es Tristán Ulloa, el malo de la serie esa de los jueves de los vinos, miro el DVD de Mensaka por la parte de atrás, quiero descubrir algo en la portada o contraportada que me seduzca a ver la película con M, una de las intrigas del cine español antes de visionarlo y entrando en lo insustancial es averiguar si los protagonistas independientemente de su relación en el guión follan o no, y en el mejor de los casos cuántas veces, o que ocurra que a veces se les ve con ganas a él o a ella y no sabes si acaban follando simplemente porque no sale en la película aunque dejan entrever algo como si realmente hubiesen echado un buen polvo en la cama, unas simples sábanas revueltas y una voz femenina en off en un contiguo lavabo invisible hablándole al chico también fuera de la escena suele ser suficiente, medio pijama en un sofá vacío con dos pares de zapatillas en el suelo y la televisión con DVD en marcha sin espectadores también puede ser muy elocuente, a partir de ahí sin salir de lo trivial ya sabes a qué atenerte, se folla en la película pero no vas a ver nada, si el argumento no es bueno es mejor sacarla a la mitad e interrumpir su visionado compartido, el director ha sido demasiado hábil distorsionando lo evidente.
Elaboración artificial
Conduce y no deja de pensar, faltan pocos kilómetros para llegar al cruce que le conducirá a los Pinares de Amurjo, vuelve a contemplar la carne, la carne que esconde algunos límites, no ser objeto de masticación, por la tarde tras la cabezada, la siesta o el cuscurro como le enseñó a decir su musa en el Sanatorio Mental de Cástulo, deja de masticar todo tipo de materia sólida, cuando vuelve a ver lo que ve piensa que algunos centímetros han decrecido a cambio de mostrar otros, toda la tarde a base de té fresquito, algún zumo, gazpacho de mi cosecha, nada que ver con esos absurdos fabricados y envasados en tetra breaks de marca, no le haría ascos a algún sorbete de sensación salina sea aquí, en Cástulo, donde fuere....., convertirlo todo en un poema de sabor clásico como si después de que probasen varios adquiriesen todos la propiedad de parecerse entre ambos a efectos comparativos.
Si los centímetros aumentan el nivel sonoro de los que asoman a quejidos que no lo fueron aumentan determinados niveles que no logro medir, compartiremos la ducha con la primera voluntaria ahora cuando vuelva a correr, estoy en condiciones de volver a correr otra vez, tras cinco ediciones de la Carrera Popular Noche de San Antón esta no se debe de escapar, espero que José Enrique Fernández de Moya no la destruya como tantas otras cosas está destruyendo en Jaén, hasta el césped verde lo está volviendo pajizo y blanquecino, surgen los instintos primarios, estoy acostumbrado a ellos, vivirlos cosmopolitamente en forma de rubia de bote, seguimos siendo todos igual de idiotas, no escarmentamos, hacen sabio algún refrán al tropezar en el mismo año en el mismo error, provincianismo meditado, impuesto y elaborado de forma artificial, muchos más dañino que el natural que supuestamente pasó y menos mal también a mejor vida, complicidades bilaterales a muchos kilómetros de distancia y sin salir de la provincia, le pregunta a su hija y sigue teniendo miedo de la Rúa, pánico al recorrido de un oscuro textil que atraviesa varias veces al día la Plaza de la Intendencia camino del Cerro, quiere engañarla y no puede, su consuelo y el de ella es su meta para que deje de sentirse torturada, le dice de forma ilusa que todo eso que vio tuvo que ser un sueño, su hija le cuenta que parecía una aparición y que permanecía despierta, parece que ambos dos, padre e hija permanecen en el interior del coche, se encuentran junto a ese letrero del cruce que indica la dirección hacia Amurjo, no saben qué hacer.
Si los centímetros aumentan el nivel sonoro de los que asoman a quejidos que no lo fueron aumentan determinados niveles que no logro medir, compartiremos la ducha con la primera voluntaria ahora cuando vuelva a correr, estoy en condiciones de volver a correr otra vez, tras cinco ediciones de la Carrera Popular Noche de San Antón esta no se debe de escapar, espero que José Enrique Fernández de Moya no la destruya como tantas otras cosas está destruyendo en Jaén, hasta el césped verde lo está volviendo pajizo y blanquecino, surgen los instintos primarios, estoy acostumbrado a ellos, vivirlos cosmopolitamente en forma de rubia de bote, seguimos siendo todos igual de idiotas, no escarmentamos, hacen sabio algún refrán al tropezar en el mismo año en el mismo error, provincianismo meditado, impuesto y elaborado de forma artificial, muchos más dañino que el natural que supuestamente pasó y menos mal también a mejor vida, complicidades bilaterales a muchos kilómetros de distancia y sin salir de la provincia, le pregunta a su hija y sigue teniendo miedo de la Rúa, pánico al recorrido de un oscuro textil que atraviesa varias veces al día la Plaza de la Intendencia camino del Cerro, quiere engañarla y no puede, su consuelo y el de ella es su meta para que deje de sentirse torturada, le dice de forma ilusa que todo eso que vio tuvo que ser un sueño, su hija le cuenta que parecía una aparición y que permanecía despierta, parece que ambos dos, padre e hija permanecen en el interior del coche, se encuentran junto a ese letrero del cruce que indica la dirección hacia Amurjo, no saben qué hacer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)