Papel confuso (y 2)

Andar y desandar el camino por las calles de la Rúa, la noche sobre el pueblo se ha vuelto más profunda de lo habitual, una única calle con otras pequeñas en adyacencia que conduce hacia el Cerro, un único camino hacia el teatro tras atravesar la histórica plaza con el Ayuntamiento y la iglesia, en efecto no puedo escapar, no hay autobús hacia Jaén hasta las siete de la mañana del día siguiente procedente de la cercana villa de Siles. Bajo la lluvia había consultado el reloj en la parada de Alsa, el coche de línea no venía, no hay más remedio que huir bien lejos de esa función, autobús y reloj, reloj y autobús, uno de los dos o ambos me impide la evasión de la Rúa como rata cobarde por el tormento causado por la dueña del teatro.
Cuando vuelvo sin más remedio a pasar por el palacio consistorial lo veo de nuevo, el desconocido se refugia de la llovizna bajo el arco del portón de la iglesia, hablar de nuevo o no hablar, difícil sacar algo en claro.

Mi señora madre antes subía a las funciones. A las tres y media de la tarde se fue el último coche hacia la capital, supe que volvería, que no se marcharía.

A pesar de la espesa humedad del ambiente y de mi discreta distancia, el aliento a alcohol que despide me hace pensar en el giratorio movimiento siempre en el mismo sentido de las agujas del reloj, o sea que entre el haber subido al Cerro por primera vez, y regresar a la parada para ahora realizar el inverso recorrido, le había hecho dar al minutero alguna vuelta más de lo que inicialmente había calculado.

¿Qué función? Si no ha subido nadie esta noche al teatro, hace años que se terminaron las representaciones, eso sí, la directora y la bailarina siguen ahí manteniendo el lugar.

¿La bailarina?

No se fíe, hablan de que suele hablar, pero en realidad nada es cierto, otras cosas se sabe, esa no es del todo seguro, además la jota segureña está cobrando fama por toda la provincia, ella baila, como lo bailado está como el día anterior lo baila sobre eso, y así mañana y todos los días, nada que bailar, todo aparente, el estipendio, ya sabe.

Sigo sin entenderle, me conformo con llegar al teatro y que esté la directora.

Tampoco se fíe, no me tome por borracho, ya le dije que mi señora madre solía ser espectadora de las funciones, se cuenta casi en silencio que el teatro en realidad no tiene directora, que más bien quien lo dirige es un director.

El indiscutible otoño, los transeúntes de la Rúa ignoran que hay función aunque alguno olvida esta ignorancia y según la directora del teatro habían subido a presenciar ese triste espectáculo contrastable con el más literal antónimo de las tristezas vitales. Las rubias están menos jóvenes en el camerino, ambas se colocan la máscara, me gustaría admirar a la que en un mínimo intervalo de tiempo es capaz de llevar dos o más máscaras al unísono con pasmosa habilidad sorteando insuperables obstáculos que cree imaginar que sufre durante la cotidianeidad diaria. Cuando se abre el telón suena la jota casi sin baile que ofrecer al espectador, alardes mecánicos para que la triste función del “reloj que nunca marca las nueve de la mañana”, las nueve y diez es la tardanza que conlleva el elevado y mecánico tono de voz de la directora teatral, las nueve menos diez porque el teatro está aún cerrado sin la apariencia disimulada de que con el paso de unos pocos minutos se llegue a las nueve, y, las nueve en punto donde la directora es puesta en ridículo por sus actrices para ampliar y divulgar su mal a los posibles espectadores que estén ahí a esa hora, toda una representación teatral sobre la misma función.
Se cierra el telón y nadie aplaude, se saben de memoria el final de esta triste comedia que hacía huir del teatro no sólo a las dos últimas actrices sino también a alguna que otra aprendiz que enviaba la Universidad de Interpretación y que osaba con poner los pies en el lugar, los pocos espectadores no quieren parodiarse a sí mismo para así dar gusto a la directora, salen de la sala cabizbajos y en silencio, ella les reprocha en el pasillo la negación del aplauso, aunque ningún miembro del respetable público le contesta, ese extraño juego que se traen de las manecillas del reloj cuando marchan, están a punto o ya han sobrepasado las nueve les deja con un permanente gesto serio y sombrío.
Miro otra vez el reloj, son mucho más de las nueve, casi llegando a las diez, cada vez más anochecido, ni un alma por la neblina Rúa, subo el asfaltado carril que accede a la fachada con una triste farola de la sala teatral, la veo de nuevo, está sentada con su oscura camiseta en los soportales, su sonrisa es demasiado forzada, así tiene que estar todo el día para que no salgan al exterior todos los sapos y culebras que habitan dentro de ella.

Estaba despidiendo al público, buenas noches, el teatro ya está cerrado.

¿Qué público? Usted sabe como yo que de aquí no ha salido nadie, está todo el mundo en sus casas.

Su rostro y rubio cabello sigue vigilando desde la ventana lo que hablamos los dos abajo, a pesar del vaho nocturno la veo, debe ser la famosa bailarina esa, es guapa, su rostro y ojos brillan belleza en la oscuridad, un viejo cartel colgado en la columna anuncia la próxima función, no pone fecha, se asemeja a un cartel con el tiempo detenido, dice algo así como el juego de las ventanas abiertas y cerradas, la misma dirección, otra actriz vendrá a la que seguro intentará anularle el resto de poca conexión con el mundo que le quede. Pienso en volver o no volver, hasta primera hora del amanecer no hay autobús, miro otra vez a la directora, no ha perdido su teatral sonrisa, recuerdo la voz de minutos atrás, sigo viendo una directora de teatro, ¿dónde dormir sin maleta y ropa limpia?, improvisar una hospedería con algunos derechos, seguro que no, apostaría el pescuezo que su sensibilidad y quietud permanecerían inalterables, y aunque la vuelvo a mirar, sigue sonriendo, un contexto de invitación engañoso y fuera del habitual con esa expresión, teatro y más teatro, reitero que no me creo esa sonrisa, quizás no sea ella.......

Un aviso

Refugiarse en un puticlub para escapar o no escuchar los tiros, el lugar como no podía ser menos se convierte adrede o de forma improvisada en un lugar para la tertulia política, su función carnal a cambio de un precio deja por momentos su razón de ser, si a eso le añadimos que al inglés te lo llevas sin lavarse o ducharse hacia un urbano y desconocido lugar le colocas el prestigio a la altura del betún, aunque el destino sea la Dirección General de Seguridad. Se lo llevan de un lado a otro todos los personajes secundarios de la novela, se lo disputan cual pelota de tenis añadiéndose un viejo compañero de viaje en esa dirección general, que más que contarle algo nuevo le suelta un subliminal discurso de trapos sucios.

Carne de mi carne

Es como si empezase ya a llegar su hora, la hora de desenmascararse, esta tarde en su mesa donde redacta todos y cada uno de los guiones se da cuenta por fin de ser una víctima de su propia locura teatral, dirigir el teatro de forma tirana logrando con sus méritos que su carrera de dramaturga esté empezando a entrar en caída libre. Sin salir del despacho del teatro agarra un folio, luego otro, necesita un bolígrafo bic que seguramente no escribirá, el otro lo tiene con el tapón azul medio roído debido a su simulado estrés teatral, sin llegar a mirarse por tenerlo así misma prohibido cree verse en un espejo donde de forma inconsciente contempla algo sobre ella misma a lo que no le ve sentido, ni actuación ni representaciones de ningún tipo, el teatro sigue ahí expedito de espectadores pero triunfando, la superioridad cultural provincial ha preferido de aquí hacia atrás estar sorda y ciega ante las circunstancias, el jovencísimo alcalde socialista recién elegido en la Rúa la felicita un día sí y otro también, tras colgarle el teléfono se levanta y se asoma a la ventana del despacho, la presencia humana o animal en los neblinos alrededores del teatro es nula salvo la bailarina remeneadora que sigue ensayando la jota segureña en el jardín y sin música.

El pueblo está saliendo de su parsimonia habitual a costa de las actrices que se atreven a venir por aquí.

Es lo que envían la escuela de actores, una pardilla tras otra, ninguna se ajusta para que yo puede dejar de ser la directora y hacer con ellas de actriz en la escena, aunque ésta última no me gusta, sabe demasiado del lugar sin haber estado anteriormente.

Se había despedido del alcalde por teléfono ese rato antes, no recuerda ante la ventana si le dijo adiós, el alcalde también le había comentado que de alguna forma le preocupaba la atmósfera de miedo que se estaba instaurando en el pueblo que hasta los niños pequeños escondían la cabeza bajo las sábanas, era de los pocos que sabía que en la capital ya estaban desenmascarándola como directora teatral colocándole una vieja máscara interpretativa, que hasta que esta máscara no se le desprendiese del todo no se retomaría la silenciosa paz serrana característica de la zona. La directora asintió en todo escuchándolo al otro lado del auricular en silencio, ahora se mira una y otra vez su oscura camiseta, siempre el mismo disfraz como señal distintiva de que estaba por encima de las actrices en lo que respecta al bien y al mal, les daba ejemplo a todos con su permanente atrezzo, tanto que cuando sale del teatro camina de atrás hacia adelante por las calles de la Rúa con el único y exclusivo objeto que regresar a casa para luego volver a hacerlo de forma inversa hacia el teatro, siempre la misma apariencia para suplir su pobre y pésima dramaturgia. Ni bolígrafo ni folios, no se concentra en escribir despacio, todo un día para sólo redactar una triste línea del guión, o más que guión sus habituales contraconductos con el objeto de dejar encerradas con el visto bueno silencioso de la bailarina a las actrices en el teatro. Decide bajar a la puerta, a los soportales, piensa en su propia apariencia, está muy segura que su literal conducta con sus subordinadas no son observables y pertenecen al mundo de sus sombras, debe de entrar dentro otra vez y subir a escribir esa línea en la que emplea media vida, no puede o no debe, un vehículo de la Guardia Civil sube el asfaltado carril que accede al teatro, mientras observa la llegada del coche patrulla recuerda que en su día escribió alguna historia para ser representada en el que ella daba aviso a la benemérita, ahora eran los civiles los que acudían sin ser avisados, un vehículo moderno de nueva generación que a la directora se le refleja el viejo cuatro ele de toda la vida, curiosamente contrastable según su propio guión mental con su falsa capa exterior de progre.

Buenas tardes.

Agentes, hola.

Con brevedad, no queremos molestarla, imaginamos que tendrá muchísimas responsabilidades a las que atender, también mucho que escribir aunque siempre represente la misma obra y las mismas escenas con distintas actrices.

Subamos a mi despacho.

No hace falta, podemos hablar aquí. En su anterior representación incluyó en el guión nuestra presencia en el teatro sin saber nada nosotros de forma previa, redactó en el guión de su obra la presencia de la Guardia Civil, luego el día de la representación usted como directora teatral se transfiguraba de repente en actriz para representar una escena provocada que requiriera dar aviso a los agentes de la benemérita aunque luego no llegó a verificarse. ¿Tiene algo que decirnos al respecto?

Sí, les contaré, no me envían desde la capital a ninguna actriz que sea carne de mi carne.

¿Es usted consciente por mucha directora que se crea más que lo sea luego en realidad de las costas y molestias que pueden ocasionarle al Ministerio de Interior sus caprichos artísticos?

La directora contempla desde abajo sin ignorar la presencia de los agentes las ventanas del teatro, el rostro tras el cristal empañado de la bailarina que había entrado y subido sin ella percatarse la desazona, ella le expresa cuando están a solas la opinión sobre las actrices que hay que echar a la calle, negaría la sucesión de los acontecimientos siendo testigo del trato recibido por las dos últimas actrices por parte de su directora, negarlo todo, defenderla mientras pueda y tengan la confianza en ella para dirigir el teatro, refugiarse de vez en cuando en su disfraz de bailadora, consuelo en apariencia con su jefa y desesperaciones en secreto, ahora la contempla arriba desde la ventana cómo habla abajo con la Guardia Civil, una amenaza escrita que ahora se representa en la realidad aunque fuera del guión, la habían pillado de forma imprevista, ignora el contenido de la charla aunque quizás luego explique a otros esa ignota conversación a la que nunca tuvo acceso pero sí transmitirá a los vecinos de la Rúa su parecer, decir lo que no se sabe, barajar sus percepciones creando un propio mundo aparente traducido al cotilleo vecinal con el visto bueno de la directora, por eso ninguna de las dos se observa en los espejos de los pasillos del teatro, les llenaría de espanto que un día vieran en ese espejo un rostro diferente que no fueran los suyos, le asustaría ver reflejado el auténtico rostro de su alma, por eso mejor no detenerse a mirarse. A la Guardia Civil les estará diciendo lo mismo de siempre, que la última actriz tampoco es carne de su carne.

Saludo desojado

Antes de acogerme del todo un miembro me expulsa de forma confusa, tampoco había ingresado en el club, malas caras que se puede traducir en poca vista comercial, fotos, escritos, casetas de feria, al final se vive de las ventas, su saludo es desojado, el resto amabilidad, sonrisas, alguien me apunta de que es hijo de... , yo podría ser también hijo de..., quizás otros tiempos y otra época, otros lugares, la misera sólo arrastra eso, miseria desojada.
En la Librería Metrópolis no ha llegado todavía el nuevo libro de Alberto Olmos, está muy solicitado, los miembros de su club de lectores en esta ciudad seguimos mal avenidos, cada uno de nosotros viaja por caminos diferentes en el club y fuera de él, en la biblioteca provincial jugamos de forma individual y pasajera a desordenar sus libros y cambiarlos de lugar, buscar la identidad del último lector tras el olvido del bibliotecario de retirar el justificante de préstamo.

Son las siete y media de la mañana

Diferentes relojes separados por el espacio urbano, él llega a la oficina tras saludar instantes antes a alguno de los acampados de Primayor, ella mientras se ajusta su ropa interior, son las siete y media, piensa en él cada día al salir de la ducha, él lo había hecho un rato antes, tanto él por un lado como ella por el otro viven cerca de su trabajo, la ducha de ambos está separada no sólo en el ...espacio sino que los relojes ahí sí que marcan una hora distinta, ella a media noche le dice adiós y junto a su marido se ríen en el terminal, él con M (ver foto arriba) en el Bar Stadium de las protegidas hablan y también se ríen de esos propósitos sin propósito, ella le había insinuado por el chat algo de salir desnuda en una foto mientras que su marido mira una y otra vez su reloj, nunca se llegaron a ver, nunca comenzaron nada, pero como si hubiesen estado una eternidad juntos ella le deseó un “que te vaya muy bien la vida”.

Sin que él se haya percatado su reloj despertador funciona media hora atrasado, el de ella va en hora, hoy coinciden juntos en la ducha separadas ambas por algunas manzanas, son las siete y media de la mañana, un reloj desajustado los hace por fin coincidir, él llegará tarde al Juzgado a trabajar y ella hará lo propio pero de forma puntual a la Gerencia Provincial de Urbanismo, el desajuste horario ha merecido la pena, el marido de ella sigue riéndose de lo que ocurre ante la pantalla de su ordenador.

El reloj de él ya funciona en hora, que despiste ayer, pero ahora es ella el que adelanta el suyo a cosa hecha, aprovechará esa media hora en la ducha y no llegará tarde a urbanismo, ¿no será mejor que vuelva a aceptarlo en la red social y queden los dos una mañana media hora antes de las siete y media para ducharse juntos? Su mosaico de fotografías lo ha desazonado, contempla varias de diferentes etapas de su vida, no sabe cuál de cada cual corresponde al pasado o al presente, la del futuro la imagina vestida con ropa de ningún color.

La jota del remeneo

Acabamos de llegar, venimos las dos para recibir venganza por parte de tu persona.

La directora del teatro se encontraba en la puerta, llegaron de forma tan invisible que creyó no haberlas visto.

Creemos incluso que has errado con tu peculiar venganza con quienes no tienen culpa.

Ahora cae, la evocación del pasado le funciona muy bien, son dos viejas compañeras de colegio, historias de vendetas personales en el interior de instituciones educativas y culturales.

Entremos al bar, o si queréis subamos a mi despacho.

Mejor el despacho, ¿por qué dices bar si no tienes ni bar, ni casi parroquianos? Si nos han contado que representan funciones de teatro sin espectadores que realmente sepan lo que ocurre en el escenario. Somos de tu colegio.

Lo sé.

A la directora le pareció que las dos habían llegado al lugar en el que nunca estuvieron. En el pasado cuando estudiaba con ellas soñaba con otra, tendría en su día una compinche que la llevaría al teatro en su coche, por aquella época ya la imaginaba bailando el remeneo delante de los soportales del teatro, su delgada y bella figura bajo su rubio cabello gira, salta y brinca sin dejar una y otra vez de mover las manos en ese típica danza segureña, no existía la música en sus pensamientos pero se la imaginaba, lloraba boca abajo en la cama de ese odioso internado, el final de la década de los ochenta fue una etapa difícil, pero volviendo a su hoy la necesita más que nunca a su lado tras la inesperada visita, que no esté sola, que su amiga esté con ella para hacer frente a sus viejas compañeras de alumnado.

No tengo papel alguno que ofreceros

Sí que lo hay, siempre hemos estado aquí, siempre has representado la misma función en tu escenario, actrices nuevas que al confundirlas con nosotras sólo pretendes hacerles daño.

Un rato antes la directora había estado leyendo una misiva de la Delegación de Bienes Culturales, la directora eres tú aunque no tengas mucho a quién dirigir, firmeza con las actrices, que no se te suban a la parra, de poco servía ante lo que tenía presente volviendo al colegio de antaño, soñaba que un día dirigiría un teatro en la Rúa, llegaría a convertirse incluso en su dueña, cuando se levantaba de la cama se ponía sus zapatillas que dejaban mostrar por aquel entonces algo de sus pies, pensaba otra vez en el día de hoy desde el ayer, su futura amiga vestida de remeneadora bailando para ella las jotas del remeneo, pero no sólo pensaba, también apañaba en sueños que nunca sería una posible chica Almodóvar a pesar de que ya incubaba por entonces en sus adentros el germen de lo que ya es hoy su ley del deseo, evitar alguna posible trágica consecuencia, los celos dimanantes de la inexistente y nula relación pueden llegar a ser demasiado dañinos, sigue avanzando con su mente, los pensamientos no la dejan llegar al presente con sus viejas amigas procedentes del olvidado pasado en aquel colegio, sabe que ha jugado y movido a los personajes en su escenario enfrentándolos a situaciones límite con el objeto de terminar arrastrándolos a su diseñada fatalidad en el silencio de su despacho.

Me voy a bailar, tengo que ensayar.

¿Sin música?

Mi mejor amiga y compañera me deja sola con las dos inquisidoras, ensaya una y otra vez sin ese sonido musical característico, nunca ha bailado en el escenario, su remeneo es demasiado vigoroso para que ayer sólo lo viviesen sus neuronas, hoy ya pertenece al mejor grupo folclórico de la Rúa y de toda la Sierra de Segura. Imagina también el futuro sin ella, un día el destino las separará, todo no es perdurable, el primer gesto acaba de tenerlo, ha abandonado a la directora cuando la atmósfera del teatro adquiere con la visita de sus amigas una atmósfera de venganza.

¿No vas a dar aviso a la Guardia Civil?

De acuerdo, una vez escribí un guión donde amenazaba a alguien con dar parte a la benemérita.

Tus peculiares Pepi, Luci y Bom.

La directora cree escucharlas, empieza a sonar una música procedente del exterior haciéndola dudar de si finge o no ser visitada por las dos viejas alumnas que siguen permaneciendo de pie delante de la mesa de su despacho, el remeneo ha comenzado, no se atreve ante el posible ambiente vengativo a asomarse a la ventana y verle bailar la jota serrana, podía no haberse bajado y serían dos contra dos y no dos contra una, el eco del baile le apabulla, el recibimiento en el teatro a las dos parece un ensayo a la soledad, incluso había llegado a pensar que sus dos viejas amigas o enemigas habían muerto, le gustaría repetir la escena de esa soledad imaginando extrañas visitas de décadas pasadas, no iba a ser fácil disfrazar y aderezar a dos viejas alumnas de colegio que antaño le hicieron difícil la existencia, representar ahora una obra de teatro basada en su día a día de antes, ¿a quién colocarle el traje de repelente colegiala para actuar en mi espacio teatral? Aunque se sienta amenazada por las dos respira ya tranquila, quizás un día sí vengan a ser vengadas, se levanta por fin y se asoma a la ventana, contempla antes el carril que asciende hacia el teatro pos si acaso, la ve bailar en el jardín, la jota del remeneo, es la hora de preguntarse quién de las dos baila al son de la otra.

De plagios

Creo tener en casa y delante de mí una joya literaria, ha sido retirado este libro por supuesto plagio de las librerías, yo conseguí hacerme con él, lo guardaré celosamente no vaya ser que vengan a buscarlo y me descubran a mí también utilizando mis dotes de plagio al plagiar a Enrique Vila - Matas y algún que otro contacto blogero, pero eso sí, plagiador con la cabeza bien alta, como Jorge Luis Borges, el afectado y plagiado supuestamente por Agustín Fernández Mallo en El hacedor (de Borges), Remake que también reconoció ser plagiador, o Cervantes que fue el epicentro del plagio por naturaleza al plagiar a quien se le antojaba con su hechizo caballeresco fingido plagiando a sus plagiadores mucho antes que Avellaneda hiciese lo propio.

Poco que aportar con la lectura de Riña de gatos aunque no se pierda el interés, discusión de política y de arte ante el duque y el marqués tras una anterior evaluación artística, todo un viaje para tan poco aunque sus anfitriones ya le pronostican al protagonista la partida de vuelta hacia Inglaterra. Pero de momento vuelve al lugar del delito, al lugar del robo, quizás la auténtica sustancia empiece ahí.

La Directora de la Guardia Civil

El hombre nunca es más feliz que cuando va de caza. José Ortega y Gasset.

En la Comandancia de Puesto de la Guardia Civil de la Rúa nunca terminaron de comprender ni cómo ni porqué les fue dado aviso por la directora del teatro sobre la comisión de una posible acción delictiva, un actor se había presentado hacía nueve meses a discutir sobre un guión o papel impuesto a su mujer también actriz de teatro y del teatro que no terminaba de agradarles. Ahora al cabo del tiempo y con el posible delito quizás prescrito la pareja de la Guardia Civil a capricho de la directora hace acto de presencia en el cerro tras subir con un celular todoterreno desde el carril de los Pinares de Amurjo.
Los agentes al bajarse del vehículo saludan a la directora en los soportales sin entrar en las instalaciones teatrales, no saben si han subido después del transcurrir de los meses para interpretar bajo las órdenes de ella o para en efecto intervenir en la resolución y solución de los hechos. Uno de los guardias saca una carpeta oficial para levantar el atestado mientras que la directora saca una libreta con varios folios unos ordenados y otros sin ordenar donde viene reflejado el reiterativo y monocorde papel que debe representar cada actor o actriz que le envíen al teatro, el cabo de patrulla con el rabillo del ojo intentó sin mucho éxito fijarse en este último detalle. Se encontraba sola, llevaba tiempo telefoneando a Huelva con el objeto de interesarse sobre su anterior actriz preguntándole por la historia que le obligó a representar, la directora disimulaba para sí misma, sabía que el guión era el mismo siempre, se excusaba ante la superioridad que el problema era la lejanía del teatro, era la excusa perfecta para salir inmune de todas y cada una de las funciones programadas, una especie trastorno bipolar “fingido” para hacerse respetar como directora teatral de toda la comarca, su misión siempre es la misma, que los protagonistas de sus obras lleguen a caer en el olvido de si son personas y sujetos de carne y hueso en pleno ejercicio de sus derechos civiles.

Buenos días. ¿Se encuentra bien? ¿Hay que detener a alguien? ¿Qué ha ocurrido?

El aviso había sido dado por la directora por teléfono a su anterior compañía artística de Huelva, la consumación de los hechos se produjo hacía bastantes meses, fue una discusión por cuestiones del guión, al parecer uno de ellos la había amenazado y ella los amenazó con dar aviso a los civiles provocando en la pareja que tenía antes sus ojos en acto de servicio que no salieran de su asombro, era a veces habitual que fuesen llamados o que incluso la patrulla acudiese al lugar de los hechos con algo de retraso, minutos, una hora incluso como tiempo alarmante y siempre con causa justificada, la actitud caprichosa de la directora de informar de la comisión de un posible hecho delictivo o falta al cabo de varios meses empezó a verla el cabo como algo normal, el guardia raso actuaba como si el problema estuviese sucediendo en ese mismo momento cumpliendo el guión tal como lo había desarrollado la directora, aún así no se desazonaba, sabía que el cabo también entraría antes o después por el aro para que también participase éste de una obra de teatro más sin espectadores e interpretaran ambos el papel a la perfección sólo con una simple llamada de aviso a la Guardia Civil. Demasiado tiempo ya sin que ninguna de las actrices actuase en el escenario para ella de forma placentera pero también siempre con la sala sin público.

Mi cabo, con su permiso representemos ya lo que tengamos que representar, es legítimo después de tantos meses aunque los supuestos autores de los hechos estén ya lejos y no puedan actuar en la obra.

El cabo como jefe de patrulla no estaba dispuesto a dejarse engañar y pasar por el aro, no las tenía todas consigo, su vida de servicio siempre ha estado unida al benemérito cuerpo, no recuerda lo representado al año anterior ni qué actores actuaron, hace años que no acude al teatro, menos a presenciar alguna obra de esta directora que ha desmantelado de forma progresiva el aforo del patio de butacas, no le viene a la memoria qué actores había antes a pesar de las constantes patrullas visuales por los alrededores del Cerro, sólo sabía por oídas de murmullos de los bares de la Rúa que estos días atrás se habían representado obras teatrales a la fuerza como si hubiesen sido impuestas o con el objeto de cumplir un papel con la Delegación de Cultura de Jaén, nada que ver todo esto con la institución armada que él representaba.

Igualmente directora hemos recibido alguna llamada estos días atrás preguntando si conocíamos de la existencia de que en su teatro se estuviese representando alguna escena relativa a escándalos verbales y acoso.

Cabo, todas las actrices que han trabajado para mí durante estos años en el teatro elaboran un contrapapel fuera del guión, como que la directora va a la caza de ellas para colocarme a mí en una especie de estado de locura.

El cabo se adereza el tricornio, guarda silencio mirando a su alrededor, el otoño se está echando encima y la Piscina de Amurjo ha clausurado ya la temporada, una idea empieza a obsesionarle, deja a su compañero sola con la directora, se acerca al vehículo celular, se gira y contempla la fachada del teatro y sus soportales, observa desde lejos el rostro de la mujer que también lo mira a él, intenta construir un pensamiento que se le había escapado, que ciego y tonto estuve piensa para sí, en la última temporada de representaciones teatrales los últimos actores siempre han sido actrices.

Tarde de artistas

Me siento eufórico, en plena situación de éxtasis, con ganas de subir y elevar alguno a los cielos y con poder de hundir a otros u otra en el mismísimo infierno, estamos a punto de destruir el puntal maestro que nos sujeta para hacernos caer, el ejemplo de la solución se posa ante nosotros haciendo ruido con pitos y sonatinas, pero queremos que se callen, que no estén, intentamos con absurdos legalismos que ahora no vienen a cuento que se volatilicen, que no existan, cuando ellos, otros como ellos y los que rodean a ellos son nuestra salvación, y lo más importante, practicar con el ejemplo nuestra razón de ser. Seguid sonando por favor, si caemos buscaremos el sonido de vuestro eco aunque sea tarde, quizás entonces alguno quiera acercarse a ese camping ya vacío con las tiendas desplegadas.
Tarde de artistas, tarde bohemia en Jaén, Jesús Tíscar y Sitoh Ortega, les pido mil perdones por no ir al teatro, cuestión parental y de no autorización para todos los públicos, han vendido entradas de “¿Sí o qué?” por la calle, debería profundizar en la noticia pero al parecer las taquillas del teatro están embargadas, ¿Por qué causa? ¿Por qué Juzgado? ¿Se puede embargar una taquilla? ¿Una taquilla no es presupuesto contemplado en la Ley de Enjuiciamiento Criminal que declara inembargables los útiles y demás para ejercicio de la profesión, arte u oficio a que se dedique el ejecutado? En este caso el ejecutado será el teatrero digo yo. El caso es que la obra “¿Sí o que?” más casera o realiza no puede ser, el teatro somos nosotros mismos, leamos sobre Cástulo o sobre la Rúa en este mismo blog y veréis a qué me refiero, teatros de amor y pasión desenfrenados donde se antepone el quiero y no puedo, teatros del terror que son una auténtica ratonera visible para algunas y de oídos sordos y ojos ciegos para otros, directoras de escena que ante su aburrimiento y desidia se buscan sus propios problemas hasta que un día los hallen de verdad, rumores de que actores minusválidos serán un día homenajeados al no impedir nadie que soportaran trastornos extraños de terceros.

En Riña de gatos una frase llama mi atención, una escena picaresca o anómala, y eso que ni la he leído, el protagonista sonríe por unos cuadros de fotos de toreros, alguien de al lado le debe de adivinar el pensamiento o imaginar una película cuando le pregunta si tanta gracia le hace, es mejor seguir leyendo para resolver el enigma que no era tal, peleas taurinas convertidas en algo de lo más abominable del ser humano, la disputa por la política, las discusiones por pensar de una forma, el odio hacia unas ideas y otras, un local apolítico convertido por un pequeño lapsus de tiempo en un icono de lo más miserable que puebla nuestra alma, el protagonista pacificado que genera más odio y animadversión, asco nos teníamos que tener a nosotros mismos, que iludo después, creo adivinar el final del capítulo 6, menos mal que el protagonista estaba cansado para sentirse timado.


Papel confuso

El viaje en la Alsina Graells lo realizo en una tarde soleada, el resto del recorrido no iba a ser igual, los primero nubarrones que empiezo a ver por la ventanilla del autobús ya me anuncia que la población de La Puerta de Segura ha quedado atrás y que el conductor de Alsa nos va acercando de forma irremediable a la Rua, mis ilusiones artísticas a pesar de la oscuridad del cielo permanecen sin alterar.
Al bajarme empieza a verse la primera oscuridad de la noche que cae sobre el pueblo con sus calles algo desoladas, el desconocido asoma por la primera esquina, la rustrida piel de su rostro me indica como transeúnte o forastero venido de fuera que puede guiarme durante el anochecer por las callejuelas del pueblo para conseguir llegar a mi destino.

Voy buscando el teatro, acabo de llegar de la capital.

Ya sabemos de dónde viene, aquí nada se ignora, los murmullos, ya sabe…

¿Queda muy arriba?

Se llega pronto, la colegiala es la dueña y la persona que dirige el teatro, le gusta que sus funciones causen espanto al espectador.

El desconocido vecino sigue hablándome, por sorpresa me sugiere sobre la posibilidad de la conveniencia de tomar o no tomar el camino del teatro, me dice de forma ilusoria que la colegiala sigue en su residencia colegial cumpliendo estrictamente las normas establecidas, el tiempo se detuvo hace más de una década, de repente se calla antes de detenernos a tomar algo, la casa del pueblo en la Plaza de la Iglesia parece un buen lugar.

Cuando viene interioriza demasiado las escenas para luego no componerlas, tanto que para los vecinos es como si el teatro hubiese desaparecido hace ya unos cuantos años, si sube hasta allí arriba comprobará que sigue vacío.

Nos sentamos en la única mesa del bar, somos los únicos parroquianos de la noche, mi desconocido interlocutor y éste pasajero que no sabe qué función hay programada para la temporada.

En Jaén nos aconsejaron que no hablásemos mal de la dueña.

¿Nos han dicho? ¿Quiénes?

A veces venimos los dos, hoy traigo un guión nuevo. Quizás interese al pueblo, seguro que están hartos de silencios, no se conforman siempre con los mismos murmullos, quieren algo diferente, hágame caso, usted los conoce mejor que yo.

Desde el interior de la casa del pueblo se escucha el tránsito por la calle de una multitud de pasos, nos coge de sorpresa al haberse roto de forma imprevista el silencio de la Rúa, van todos en la misma dirección, con la excusa de mi extraño amigo me asomo al portal, son todos personas mayores, se dirigen calle arriba hacia el teatro, pueden llegar contando desde la penumbra casi a un centenar, había entendido y me había quedado medianamente claro que en los últimos años no solía acudir casi nadie a las representaciones. Me acerco de nuevo a mi amigo permaneciendo de pie.

Si logra dar alcance al grupo no se perderá, aunque lo dudo.

¿De que me pierda?

No, de que los encuentre.

Salgo de la casa del pueblo sin darle las gracias al desconocido, empieza a llover y no he traído paraguas ni anorak, dejo atrás la iglesia en el progresivo sentido ascendente que conduce hacia el cerro, el numeroso grupo de ancianos ya no se ve, quizás sea por la ligera niebla de minutos antes, para ser espectadores de la tercera edad caminan muy ligeros.

¡Oiga!, no me ha dicho su nombre.

Demasiado tarde para dar la vuelta, no hay tiempo que perder, tampoco me ha dicho él el suyo, la calle empieza a picar hacia arriba con constantes letreros en las callejuelas de la izquierda que indican que por ahí se sube al caco antiguo, otro día quizás venga a sacar alguna fotografía, ahora mismo conforme entro en la calle del Doctor Palanca todo se me vuelve similar a otro lugar, casas idénticas a otras casas, pero los abuelos que vimos pasar desde la ventana han desaparecido del todo, pienso que debo apresurarme, va a comenzar la función y seguramente sea el único espectador.
Consigo llegar por fin a la entrada, me asomo a su interior desde la cristalera, ni rastro de los abuelos, veo un bar con apariencia abierta aunque en estado de literal abandono, abro la puerta y penetro en su interior, una chica joven baja corriendo los escalones de forma apresurada, veo el terror en su rostro, huye de algo, casi es ensordecedor el ruido de sus tacones por su precipitada huida, no la conozco, ni siquiera me mira, desaparece por la puerta.

El teatro está cerrado a estas horas.

La dueña del teatro vestida de colegiala se me aparece en lo alto de las escaleras, guardo silencio en el primer momento, no me puedo contener hasta expresarle mi intención.

Quiero un papel en la próxima función.

Imposible, es lo único que se lleva aquí a la perfección, la burocracia. Funciones que se planifican para que luego no se representen, la actividad teatral se ha convertido en inexistente desde que dirijo el teatro.

La dueña se queda sola, en realidad estuvo sola toda la tarde, ni vinieron los abuelos a ver obra alguna, ni siquiera vine yo mismo a la Rúa esa tarde a solicitar mi inclusión en algún papel artístico, no hay papel para nadie, el papel existe aquí en los cajones y archivadores con total pulcritud, el orden, la organización y la perfección son los tres mandamientos del teatro, no se puede perder ninguno, los actores perdieron el suyo año tras año y mes a mes, en el escenario se declaraban rebeldes ellos mismos cuando sin embargo cualquier papel que me exigiese la inspección de la Consejería o del Ministerio de Cultura aparecería de forma inmediata pudiendo ser supervisado, entradas y salidas con su fecha, control de permisos de feria y fiestas, vacaciones y cualquier otro tipo de desenfreno, misa y recatamiento, cada uno con su papel guardado y colocado en el lugar correspondiente, en cualquier momento puede ser inspeccionado el papel de cada uno, todo en perfecto estado de revista y de limpieza, una limpieza permanente, limpio sobre limpio.
La dueña creyó haber escuchado los pasos de alguien en la entrada, en realidad no había nadie, no escuchó ninguna voz, ni siquiera tuvo que contestarle a nadie. La noche queda cerrada totalmente, sigue lloviendo, sonríe para sí misma, sabe que no hay autobús de Alsa de la Rúa hacia Jaén hasta la mañana siguiente.