Predicamento

Sueño con una minisociedad paralela o inversa, permanece despierta ajena a su propia realidad, ajena al predicamento tan de moda en estos días. Desde los ventanales del Quiosco del Parque y antes de que se me enfrían los churros creo ver lo que no es, como si las vías del tranvía me tranformasen las cristaleras del edificio de enfrente en un escenario donde se permite la escenificación teatral de lo trágico. El protagonista protesta, no le agrada el guión, aún así el tramoyista le tergiversa el escenario plantándole al actor otro trágico argumento aunque mentiroso y desconocido para éste, es sólo para que el público crea que las obras se representan bien. Mientras, aquel desconocido cliente del bar para esas tres mujeres anónimas que luego desaparecerán en ese mismo edificio de critales le contarán sin percatarse (o sí) de su presencia también anónima una historia de ofrecimientos lejanos, renuncias, y nuevos escenarios cercanos creados de la nada, la Rúa para algunas actrices es un lugar demasiado lejano.
Cuando ya despierto y durante la jornada laboral acudo a ese mismo Quiosco del Parque las vías del tranvía y el edificio de cristales permanecen iguales que durante el sueño, leo la prensa, mercados y más mercados, estoy harto de los mercados, hasta en la denominación lingüística existe truco, nos encontramos con un término que siempre estuvo relacionado con nuestro lugar de compra del barrio de siempre de víveres de primera necesidad, como si quisieran hacernos creer en la cercanía de la definición, que están a nuestra altura y alcance, como si fuese nuestro lugar de adquisición de mercaderías, para que que algunos crean y para que otros no nos creamos nada. Paso página y sigo la lectura, ni el uno ni el otro, soy de los que piensa que cuando llegue el momento el auténtico candidato será aquel cerebrito discreto que corría con su jefe en los amaneceres de las cumbres, para eso ha sido transfigurado en tiempo y en forma con el objeto de que su propia sombra no le aporte ningún sinsabor de los que han sido perjudicados el resto y sin que todos hayan metido el enemigo en casa, una cadena de permisividades que te hace sufrir en lo personal, la teoría es otra, el predicamento sigue siendo el mismo, no nos lo parece. Sólo nos queda abonar el café con churros de todas las mañanas, cruzar las vías del tranvía y volviendo al descubrimiento del sueño de esa noche, dejar esas cristaleras a mi izquierda, el lado correcto, donde siempre permanecen día tras día.

16 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

ES curioso: hay desayunos tempranos que nos llevan a soñar y luego nos empeñamos en buscar, durante el día, las huellas de lo soñado...

El Joven llamado Cuervo dijo...

Seguir en la cotidianeidad, mientras esperamos a Mesías, o a Godot.

Lansky dijo...

Es mi opinión, claro, pero noto que cada vez que introduces el tranvía mejoras

Céfiro dijo...

Muchas veces merece la pena dejar la parte onírica intacta.

Isabel dijo...

Nuestro problema es esperar demasiado y confiar en que otro nos lo resuelva.
El de los otros que sepamos salir del gris de cada día.

MTeresa dijo...

Los sueños son los que
nos ayudan a continuar cuerdos

Raúl dijo...

El protagonista protesta, no le gusta el guión, pero ahí anda, subiéndose día a día al escenario... No nos queda otra.

Juan Payeras dijo...

Un blog estupendo, una delicia. Encantado.

Esilleviana dijo...

No me dirás que no es preferible seguir soñando antes que encontrarse de lleno con los quioskos repletos de periódicos y de noticias sobre los mercados, su poder y liderazgo?

el mercado dejé de tener buena opinión y estimación hace bastante tiempo...

un abrazo escritor.

Mista Vilteka dijo...

Me has hecho reír con aquello del mercado, en principio pensé en la plaza de mercado, la de los víveres, luego cuando hablaste del truco lingüístico de la palabra pensé: ¿en dónde? Y por supuesto, me acordé de la especialidad o Master en Mercadeo y luego a la imagen le puse los víveres y entonces me reí con más ganas. Algo tiene de misterioso darle a un sustantivo una denominación de proceso en un sistema como de lugar claro y conciso. ¿Qué más clásico que filas de personas vendiendo comida?

Yo creo que no sólo es preferible seguir soñando sino que es una inevitabilidad que me gusta particularmente. Soñar es la manera más efectiva de quitarle aburrimiento a la incertidumbre.

En fin...muy bueno. ¡Felicitaciones!

Felipe.

Paco Cuesta dijo...

Cada uno en su lugar. Los mercados a un lado las cristaleras al otro.

Antonio de Castro dijo...

Hay un paso muy corto entre lo cotidiano y rutinario y el reverso onírico de esa cotidianidad, un paso que se puede dar a través de algo tan representativo tanto de lo primero como de lo segundo como es el tranvía: transporte colectivo que puede implicar también desplazamiento hacia el mundo de los sueños; metáfora de la vida cotidiana y, sobre todo, de esa otra vida que es evasión y al mismo tiempo posible interpretación de la primera.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Por aquí ando, disfrutando de las cosillas que nos regalas. Un placer siempre.

Saludos!

ÁFRICA dijo...

Soñar es peligroso.
Me gusta tu espacio

Dr.Mikel dijo...

Utilizas el predicamento como el embrollo en el que andas metido?.

Carles Valls dijo...

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