El túnel




Ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente ni por qué. Ernesto Sábato – El túnel.

En la Rúa esos días permanecía el teatro cerrado, la directora había diseñado tras el desecho del anterior un nuevo programa de funciones, anular todas las representaciones y preparar otros nuevas, obras de teatro distintas y novedosas de acuerdo con las circunstancias que se le iban cerrando día a día. El nuevo programa de actuaciones consistiría en la negación  de la anterior actuación, se abríría sobre escenario el telón, se representaría la obra, el público aplaudiría y a partir de ahí esa representación no había existido nunca, con un simple "no hubo función" ya estaba esa función terminada. La directora a los primeros que tendría que convencer que esa representación nunca existió es al Viceprefecto, espectadores y vecinos de la Rúa. A continuación desde Jaén recibiría la obra representada el correspondiente visado oficial de que nunca se llegó a representar.

Mientras la directora del teatro iba poniendo todo esto en marcha con un nuevo actor en escena recién venido de Cástulo y con aspiraciones de tramoyista, fue la mañana que coincidieron el Prefecto y el Viceprefento a unos cuantos kilómetros de la Rúa junto a la carretera general camino de Albacete. El resto del colectivo ideológico fueron llegando poco a poco, la gran mayoría procedentes de Jaén tardaron varios días en realizar el gran camino a pie, unos en grupo por puro interés y otros también por lo mismo estaban en ese despejado camino a nivel individual. Tras dejar atrás el ultimo viaducto sobre el Río Guadalimar los de la cabeza del grupo vieron el Camino de Casas Blancas de Arriba, un largo paseo más y tras sobrepasar la estación de Puente Génave alcanzaron tras otro trecho largo la siguiente de Genavé, el camino tras una ligera curva a la derecha llegarían todos por fin al túnel de los Gamonares.

Iban bajando hacia el mismo lugar algún vecino y también espectadores del Teatro de la Rúa, algún que otro también anciano del colectivo ideológico, el viejo jefe de los alguaciles, la bailarina del remeneo con su traje de jotera y tras ella y cerrando el grupo representativo de la Rúa el Prefecto y el Viceprefecto.
Una vez estaban todos ya frente a la boca del túnel optaron por decisión unánime de entrar y permamecer en su interior el tiempo que fuese preciso. Desde lo más alto de la Rúa asistida de uno de los pintores del pueblo la directora del teatro ha logrado atraparlos a todos en ese túnel que cubre un tramo de ese camino que simula la vieja vía del tren que nunca se construyó, el objetivo de unos no era seguir hasta la Rúa y del resto de pocos permanecer en ella, la directora y sin que los habitantes de ese túnel lo sepan les tiene preparados a todos sean o no de su pueblo una actuación concreta, están a punto de convertirse en víctima de su dirección teatral, unos más o menos conscientes, otros menos, otros a sabiendas y otros sin querer saber nada y otros más sin saberlo motu propio, todo ahí y por voluntad de la directiva debe de ser un inframundo diseñado a su antojo. 

La trampa sinónimo de la otra a los espectadores del Teatro de la Rúa y a los políticos del pueblo y del resto de le provincia, en su último trecho del camino se les daba la oportunidad de coger un carril anexo de la vía y caminar por el exterior observando lo que ocurre,  o no vieron ese camino o no quisieron verlo, la directora les otorgó las dos posiblidades, optaron por acercarse a la boca del túnel entrando todos sin que quedase nadie en el exterior.
El Prefecto y el Viceprefecto a pesar de sus compañeros ideológicos de la provincia y de muuchos vecinos y espectadores del Teatro de la Rúa no se separaban, intentaban verse entre ambos las caras, los dos sabían de sobra el limpio recorrido de la vía que nunca lo fue ni lo será, pero a pesar de haber entrado junto a los demás de forma voluntaria en el túnel no sabían del todo por qué la directora del teatro los había empujado a esa situación. Fue un rato antes y de forma concreta que el viceprefecto se había dado cuenta que a pesar de sus contundentes frases de intachables apoyos se había acercado al eterno proyecto de vía ferroviaria que nunca lo fue ni lo será, y aún así no estaba seguro a priori de entrar en el túnel, su progenitor como espectador veterano del teatro del pueblo le aconsejaba prudencia.

-      Pienso que el tener que estar aquí en este túnel durante un incierto pronóstico está claro que es por no haber querido reconocer la verdad de la realidad exterior.
Fue una de las solemnes primeras frases proferidas en el interior del túnel por el Prefecto de la Rúa, la siguiente  no fue para menos.

-      ¿Qué compañeros y compañeras está aquí en el túnel con nosotros?

La oscuridad del túnel no les dejaba ver no sólo el exteriorizado mundo sino que entre ellos tampoco se podían ver, permanecer metidos tanto tiempo en su interor sin conocer o más bien sin querer conocer la realidad de afuera les hace no ver nada a pesar de tantos ojos abiertos, más pecado tienen los que cierran los ojos ya en la misma oscuridad del túnel y que además están rodeados de un amplio y gastoso número de asesores y secretarios. El túnel logró sumir a este amplio grupo de forzados incrédulos en absoluta penumbra, a pesar de que se podía salir del lugar por cualquiera de los dos extremos ninguna de esas dos salidas era cierta del todo, salir a la luz era reconocer la pésima o nula dirección efectiva sólo en apariencia del Teatro de la Rúa.
En el interior y en la oscuridad del extremo del túnel que daba a Genavé permanecía de momento callado Julius el Comisario Provincial de Viviendas como uno de los cabecillas ajenos a la Rúa que había organizado la revuelta contra la última actriz que llegó al teatro, su firme palabra podía provocar rechazo, pero al ser suya y por los emolumentos adquiridos valía más que la del resto.

-      Bueno, habría que escuchar a la otra parte no os parece. Ya que informamos lo elegante es informar la versión de ambas partes.
La directora del teatro no tenía que informar de nada, sólo por el hecho de serlo oficialmente ya su palabra y guión eran los validados sin siquiera leer nada de lo actuado. Julius también se sentía para él al ser persona de carne y hueso algo responsable de haber metido en el túnel a alguno de sus compañeros convirtiéndolos en caminantes defraudados que ya algunos cuando formaban diferentes corrillos dentro del túnel no daban crédito a esas escenas que no tenían otro objeto que destruir a la última de las actrices, la directora a los del túnel les otorgaría una seguda y breve vida a sus vidas relacionada con esa destrucción artística, personajes reales de su pueblo, políticos de la provincia transfigurados en imaginarios por voluntad solo y exclusiva de ella.

-      ¿Dónde está la directora del teatro? ¿Por qué no entra también en el túnel?
Silencio total en el túnel, fue extraño cuando con tanto hombre vieron entre la oscuridad a una rubia disfrazada de escultora o pintora, alguno de los espectadores pensaban que era la bailarina de la jota del remeneo a la que vieron entrar pero con la oscuridad no volvieron a verla, no era ella, permanecía algo separada de los distintos conjuntos humanos, no dijo nada nadie al creer verla en la negrura, su presencia se sabía necesaria para dar validez a los actos de la directora, siempre podía hacerlo con total claridad en la capital de la provincia en su palacio de cristal, pero un túnel es un túnel,  ahí no se ve todo lo que ocurre al igual que tampoco veía o quería no ver lo que ocurría en algunos teatros de la provincia especialmente en el de la Rúa, aunque algún interesado murmullo en la penumbra del túnel la tildara como prototipo de las vividoras del sistema que luego para las siglas que la sostenían no daba un palo al agua ya que para eso ya estaban otros, su aportación a la causa era totalmente hueca sin contrapartidas a cambio de su favor, así podía subsistir años y años y ser partícipe como coadyuvante en la destrucción de algunas de las actrices del teatro.

La directora del Teatro de la Rúa recibía de manos del pintor y desde la propia Rúa puntual información de lo que iba ocurriendo y cómo se iba desarrollando la vida en el túnel de sus convecinos, espectadores del teatro y políticos algunos con representación pública de la provincia de Jaén, podía haber desidias en su interior, que unos optasen por huir por una de las dos salidas cambiando de criterio y no quisiesen saber nada del por qué se habían introducido en el túnel, esperaba que todos debían limitase a moverse pero sólo por su interior sin acercarse a ninguna de las salidas o de la luz, era aparte de directora teatral una experta marionetista en mover a su antojo a las personas a pesar de su personalidad de baja estopa. También temía posibles filtraciones del techo del túnel, y que antes de que alguno fuese salpicado en la oscuridad optase también por salir y subir a la Rúa a decirle en su cara directiva que no le seguía más en su juego, la directora debía llegarle antes o después el día que dejará de hacer actuar a su antojo no sólo a las actrices, vecinos, espectadores y políticos provinciales, ahora los había puesto en ese oscuro escenario para que no viera ninguno la realidad, una dirección teatral que poco a poco iba entrando en el extremo más ambiguo que se podía conocer, el pintor no daría abasto a poner masilla para taponar las posibles fugas.  No dormía mucho durante esos días, soñó la tercera noche que la voz de uno de los miembros del túnel dio la alarma, quizás una posible rebelión en representación de los políticos ajenos a la Rúa que sólo se movián por una ilógica directriz sin comprobar nada más lejos de sus narices lo que ocurría fuera y dentro, de los de su pueblo estaba seguro de ellos, veía en el sueño esas estaciones desusadas que nunca vieron y nunca verán pasar el tren y ese túnel donde nunca colocaron los raíles, soñaba en el transcurso de la noche el drama humano que supondría que esa misma oscuridad del interior no les dejara ve a algunos o a varios o a todos ver venir entrando en el túnel un imposible e imprevisto tren y se los llevara por delante. Se despierta sobresaltada en su cama con el susto directivo en el cuerpo, veía flores, túneles, lunes, conventos, teatros, viernes, actores, actrices y tramoyistas; veía todo lo que le permitía la pésima lógica de la que sus pensamientos estaban revestidos, “no podían actuar e interpretar todo un colectivo al guión de su sola persona”. Si nunca circulan ni circularán los trenes no podía pasarles nada a los del túnel, los de túnel escaparían, no se harían cómplices del dicho “había mierda para parar un tren”, llamaría al Viceprefeto como fedatario particular, se acordó que también lo introdujo en el túnel o se introdujo él mismo, no  recuerda si ella misma lo eligió para el túnel con el propio Prefecto, de forma progresiva forman ya un colectivo que es difícil darles a todos su papel de protección hacia ella con esa fuerza inusual que le era consentida tanto que se había permitido el lujo de introducir en el túnel hasta algún político que no conocía ni conocería jamás a la directora, pero sólo por serlo su camino y trayectorias era intachables ya estuviese podrido su espíritu y sólo viviese para destruir a las actrices cuando no era vista y siempre que no se sometió a su intención privada y privativa anulando su operancia artística y con la promesa de hacerlas algún día tramoyistas todo con el visto bueno de la bailarina del remeneo, aunque esta era utilizada o más bien se utilizaba ella misma para ayudar en la anulación personal de la actriz en el teatro, todo con la fuerza del titular de la Viceprefectura tenían todo a su favor manteniéndose  libres de pecado y formando un impune equipo humano.


Uno de los antiguos espectadores no está muy alegre esa misma mañana, no le gusta saber de su hijo en el interior del túnel.


De la inédita "Tranvía para Amurjo"