Pintura tramposa


Unos bien visibles por el exterior, otros cuando llegan al túnel no tienen más remedio que entrar, de la capital a la Rúa por la vía paralela, el paso de ellos sea en grupo o individual cuando vienen de Jaén entran por los túneles ante la alteración de las voces. Sus estaciones asemejadas a casas aisladas y solitarias víctimas del progreso de otros lugares de la geografía y testigos del más rancio teatro rural que todavía se celebraba en algún que otro pueblo de la cercana Sierra de Segura. Estaciones fuera de sitio e imperturbables con la arquitectura de moda de esa época hoy condenada al fracaso, estaciones que siguen y han seguido sin moverse de su lugar durante décadas sin tampoco moverse ningún tren junto a ellas. Una estación de inicio para Amurjo junto al Palacio de Cristal, en el contiguo Quiosco del Parque una solitaria escritora y como no quiere la cosa espera todos los días el tranvía de la inspiración junto a su café solo y el diario local de mayor relevancia, en los últimos días y antes de desaparecer buscaba una mayor inspiración, un libro escrito por encargo quizás.
Los pasajeros que viajan a pie por esa vía inexistente penetran en el túnel para proteger a la directora del Teatró de la Rúa cuando no dan por cierto nada de lo que se dice y cumplen el debido deber de protegerla. Gracias a su desdoblada interpretación, su protección institucional se mantiene inalterable al circular esos viajeros por esos túneles que no dejan ver mucho y nunca vieron pasar el tren. Alguno titubea, pero cuando se abre el telón y presencian esa voz suave con el lloro del cocodrilo caen sin remedio en la trampa de la directora. Mientras, otros rumores vecinales comentaban que ese camino impecable por las vías del tren sin construir desde Jaén hasta la Rúa se desmantelaría del todo como limpio e intachable recorrido ferroviario en el mismo momento en el que cesasen determinadas falsas alabanzas. La inseguridad teatral es la causante de la búsqueda de lo que sea a costa de lo que sea, una protección municipalista como si fuese atún en conserva, voces suaves ante el Viceprefecto y otras no tanto ante las actrices, su ilusión como directora de teatro que llegó a sufrir picos de creerse más que eso era representar una sola obra bufona de tres actos  y de laga duración, de varios años si fuese preciso, al primer actor le sería aplastada y asfixiada su sentimentalidad ante la promesa de ser ascendido a tramoyista, opciones opuestas al cometido de la denominación de la institución cultural a la que representa como directora, su acción es la denominación inversa de quien confía en ella de forma definitiva, una defensa inexistente del lugar, un viaje hacia la nada, detrás de su escenografía de pura apariencia existe a su antojo y criterio sin importarle el resultado ante el resto un auténtico y diseñado juego de situaciones hacia terceros, a telón bajado un improvisado casting, no al futuro actor o actriz, más bien a sus parejas, prepararle un tipo u otro de actuación abajo del escenario, auténticas funciones a celebrar fuera del teatro aunque el teatro y su directora fuesen los principales benefactores de las representaciones, actuarían fuera del teatro, les tendría un papel reservado y preparado como protagonistas principales de la obra sin que estos imaginasen la más mínima, por eso eran acercados con malas artes y antes de nada a la puerta del teatro. Podíamos encontrarnos en otra forma más de ineficacia y falta de brillo característico de la dirección del Teatro de la Rúa, había que buscar y ampliar por ésta otros campos de función que la hiciese obtener determinado rédito personal,  por otro lado provocar la diversión de un determinado grupo de espectadores, otra forma de buscar méritos directivos a pesar de ser incluso como directora del teatro una mala comediante.
Ese grupo de espectadores que tenían que asistir a las actuaciones fuera del teatro eran fácil de convencer al ser vecinos del pueblo, debían aplaudir la dirección artística y abuchear a las actrices, todo el mundo no estaba conforme, un cabecilla del grupo intentaba convencer al resto, también el Viceprefecto intentaba poner todos los parches que podía en el convencimiento vecinal mientras el que menos pintaba resultó ser el más lo hacía. Poco a poco y en silencio algunos espectadores empezaron a desistir de los actos del resto, no les gustaba esa especie de juego fuera del teatro y otros se sentían víctimas de una especie de vacío respecto a sus compañeros, fueron las primeras traiciones dentro del grupo.

De la inédita "Tranvía para Amurjo"