Los pasajeros que viajan a
pie por esa vía inexistente penetran en el túnel para proteger a la directora
del Teatró de la Rúa cuando no dan por cierto nada de lo que se dice y cumplen
el debido deber de protegerla. Gracias a su desdoblada interpretación, su
protección institucional se mantiene inalterable al circular esos viajeros por
esos túneles que no dejan ver mucho y nunca vieron pasar el tren. Alguno
titubea, pero cuando se abre el telón y presencian esa voz suave con el lloro
del cocodrilo caen sin remedio en la trampa de la directora. Mientras, otros
rumores vecinales comentaban que ese camino impecable por las vías del tren sin
construir desde Jaén hasta la Rúa se desmantelaría del todo como limpio e
intachable recorrido ferroviario en el mismo momento en el que cesasen
determinadas falsas alabanzas. La inseguridad teatral es la causante de la
búsqueda de lo que sea a costa de lo que sea, una protección municipalista como
si fuese atún en conserva, voces suaves ante el Viceprefecto y otras no tanto
ante las actrices, su ilusión como directora de teatro que llegó a sufrir picos
de creerse más que eso era representar una sola obra bufona de tres actos y de laga duración, de varios años si fuese
preciso, al primer actor le sería aplastada y asfixiada su sentimentalidad ante
la promesa de ser ascendido a tramoyista, opciones opuestas al cometido de la
denominación de la institución cultural a la que representa como directora, su acción
es la denominación inversa de quien confía en ella de forma definitiva, una
defensa inexistente del lugar, un viaje hacia la nada, detrás de su
escenografía de pura apariencia existe a su antojo y criterio sin importarle el
resultado ante el resto un auténtico y diseñado juego de situaciones hacia
terceros, a telón bajado un improvisado casting, no al futuro actor o actriz,
más bien a sus parejas, prepararle un tipo u otro de actuación abajo del
escenario, auténticas funciones a celebrar fuera del teatro aunque el teatro y
su directora fuesen los principales benefactores de las representaciones,
actuarían fuera del teatro, les tendría un papel reservado y preparado como
protagonistas principales de la obra sin que estos imaginasen la más mínima,
por eso eran acercados con malas artes y antes de nada a la puerta del teatro.
Podíamos encontrarnos en otra forma más de ineficacia y falta de brillo
característico de la dirección del Teatro de la Rúa, había que buscar y ampliar
por ésta otros campos de función que la hiciese obtener determinado rédito
personal, por otro lado provocar la
diversión de un determinado grupo de espectadores, otra forma de buscar méritos
directivos a pesar de ser incluso como directora del teatro una mala
comediante.
Ese
grupo de espectadores que tenían que asistir a las actuaciones fuera del teatro
eran fácil de convencer al ser vecinos del pueblo, debían aplaudir la dirección
artística y abuchear a las actrices, todo el mundo no estaba conforme, un
cabecilla del grupo intentaba convencer al resto, también el Viceprefecto
intentaba poner todos los parches que podía en el convencimiento vecinal mientras el que menos pintaba resultó ser el más lo hacía. Poco
a poco y en silencio algunos espectadores empezaron a desistir de los actos del
resto, no les gustaba esa especie de juego fuera del teatro y otros se sentían
víctimas de una especie de vacío respecto a sus compañeros, fueron las primeras
traiciones dentro del grupo. De la inédita "Tranvía para Amurjo"