¿Por qué se desatan ahora lo odios sobre lo ya existente pensaba para sí? Nunca se está solo del todo aunque ahora sí lo estaba. Aquella noche ese pensativo hombre vestido con un impermeable manipuló algo en los soportales del teatro a puerta cerrada, no se veía muy bien qué porque estaba oscureciendo. Se detuvo junto a los arbustos sacándose del bolsillo un objeto pequeño que lo mismo podía ser una lima que una pinza. A continuación pasó el brazo entre lo dos últimos barrotes para alcanzar la parte alta de la puerta y conseguir entrar en el teatro por la azotea. No duró la acción en el escenario a solas ni medio minuto, el telón y la lona permanecieron intactos, a continuación salió por el mismo lugar por el que penetró continuando su anónimo paso indiferente por las calles de La Rúa.
Estamos en vísperas del ruido o del silencio. Llego a mi asiento tras empujar la trampilla que utilizo para entrar en el teatro, cada vez se resiste más, como si una invisible nube de polvo y cascotes no me dejara levantarla. En el sótano de acceso se escucha un eco y cuando se hace el silencio los que estamos aquí abajo nos contemplamos expectantes. Las miradas convergen en la mirada única de un cuerpo de soterrados que aún no saben qué suerte les espera. Demasiada indecisión y un alivio casi nulo. Todos esperamos el sonido de la sirena que parece que no se atreve a sonarles. Abundan las toses en el aforo que permanece más atento que nunca al visionado de la obra. El silencio prosigue, nadie se atreve a tomar una decisión. Probablemente esperan que sea también él el que les salve. Como si la salvación proviniera de algún ungimiento secreto que ven en mí, todo es más lógico pensando en la evolución de los tiempos, situaciones mantenidas como tomate en conserva y enquistadas que hace décadas ya eran consideradas en desuso.Están algo paralizados por un supuesto miedo. Tampoco yo estoy libre de ese temor que me hace sudar y permanecer desconcertado, siento mucho más miedo que ellos incluso sumido en un mar de confusiones cada vez más clarificadas, nunca entendía algunas protecciones, la obra teatral en estado de protección, ahora hablan y no callan, la función protegida protege a sus propios protectores, mutua protección para que todo fluya de forma normal y por supuesto todo siga igual en aras de la normalidad artística. Y así sea.
Los marionetistas enloquecen por momentos, no otorgan crédito a lo visto en cada uno de los títeres, para algunos es como atrevere a saltar a un precipicio, otro ni se mueven por más que los titiriteros agitan los hilos desde arriba, uno de los muñecos llora y plañe unas veces más en silencio que haciendo menos ruido otras. Los cómicos corren prestos a ayudar, muchos síes por un lado y mucha inversión de la escena para otorgarle sentido inverso y así intentar confundir al muñeco protagonista. Al final nada y el público entra en estado de sopor. Justo detrás, una legión titiritera casi oculta y que nadie vio llegar tuvo que actúar bajo los mismos hilos en el espectáculo de títeres como un perfecto engranaje sincronizado. La escena tiene que ver antes o después la luz, el público se lo merece, y el muñeco llorón también.
Duda si en su camino se detendrá en la iglesia, demasiado silencio en el exterior y demasiado ruido dentro, todo se invierte y en cada rincón del pueblo todo parece normal aunque tenga el presentimiento de que demasiados invisibles están ahí como si fuesen un ejército de conocidos o extraños que quieren ajustar alguna cuenta con él. Sabe que está ahí sin verlo haciéndole sentir que está vendido y no les parece suficiente. Ellos tienen su razón y solicitan ejecutar lo que no está en su mano, ni ella ni él no pertenece a ellos, han sido incluso demasiado sensibles a lo acontecido y se preocupan más de los muchos silencios de importantes adalides que no bajaron a la arena y todavía se les espera. Enfrentarse a los leones solo y callar, cerrar los ojos y dejar transcurrir el tiempo mientras nada se mueve en apariencia en lo vacíos rincones del invierno serrano a la vez que pasando la página de un libro disimula y observa al vígía que no le quita ojo cuando ella pasa por la solitaria plaza de la iglesia. Ella no logra ver a ninguno de lo dos.
No puede construir nada, ahora que los figurines habían decidido recibir en declaración al comisario sabe que ya no queda posibilidad de volver a levantar los imaginarios andamios en el escenario. Lo han decidido así, sabe que algún que otro cómico intervendrá de escribano, sus intentos de evasiva lo conduce a la misma conclusión que se niega a aceptar. Va a preferir vivir en lo inverosimil que el mismo forjó a otros que dejarse llevar por el instinto de conservación ahora que sabe por los últimos acontecimientos que en la tapadera figura como es habitual la fecha de caducidad. Ahora todo lo encaja mal con su personalidad, recuerda el valor que mostró en muchas ocasiones cuando se producían algunos desórdenes en la Rúa, su tesón policial y su fuerza de voluntad que nadie se ha atrevido a desmentir. Se planteaba hacer algo conigo mismo, algo inverosímil antes de sometere a interrogatorio alguno, podía tener buenos motivos para llevarlo a cabo, pero no podía hacerlo de forma brusca tras esbozar el gesto.
Estoy etílico perdido de cerveza, no recordaba haberme acostado la siesta, pero me he despertado con punzadas en la cabeza y otros síntoma resacosos. Lo más gracioso de todo es que cuando estoy escribiendo esto es por la mañana temprano y todavía no he ido como muchos viernes al medio día al bar. Y como dijo Stendhal, “lo que excusa a dios, es que no existe”.
Vivimos en época de milagros, los mudos de repente recobran el habla y algunos ciegos ven lo que antes no veían.......y vienen todos con cuestionario de preguntas.
El mar queda aún muy lejos de ese interior serrano percibiendo la agitación de un supuesto oleaje, como si algo fuese a ocurrir. Suele escribir en las vigilias de algunos intervalos previos al sueño, en ese mismo instante contempló que el agua no se enturbió poco a poco sino que fue de sopetón sin etapas intermedias, cree haberse dormido y se despierta sin percatarse de nada ya que cree permanecer en el interior de un sueño arrebatador y quiere aprovecharse degustando hasta la última imagen. Cuando se despierta ya del todo la última imagen que recuerda es huidiza, y con lo poco que consigue retener no logra ver claro su pertenencia a una pesadilla o a una parte transgresora de la realidad mientras todo parece moverse cada vez más, como si el interior de esas paredes se balancease por el efecto de la zozobra. Mira al escenario sin mirar hacia atrás al público que supone sentado, se sabe al dedillo ese papel que repite a diario, pero que al haberse quedado dormida ha olvidado una de las frases, a su vez la música se eterniza y tiene que empezar a actuar, decir algo, pero al igual que cada día la frase iniciada termina tal como se prescribió. A continuación baja sus brazos y en el foso la orquesta sigue tocando como en el Titánic, como si nada ocurriese.
Si lo de recoger autógrafos al acabar la función del respetable público fuese una competición a uno de nosotros se le quitarían las ganas de volver a subir al escenario. Detrás de cada uno se nos ofrece un resultado, o más bien en su interior, o quizás sea la mutua relación entre nosotros y cada rúbrica. A ella le dio por dotar de emociones, misterio, magia y afectividad cada gesto, cada celebración, a la vez que muchos tópicos se evaporaban. Mientras me sigo aferrando al café con los churros como el único resorte que me ata a lo que se perdió, al igual que aquella matutina espectadora que nunca existió ni estuvo ahí.
De negar a aceptar, la atmósfera se vuelve más terrorífica, sólo ya quedan unos pocos que mienten por ella al resultar que es incapaz de seguir mintiendo sobre sí misma si es que alguna vez lo hizo. Alguien próximo a desaparecer le dicta a las conciencias para que los empujen fuera de la realidad derruyendo su memoria, las muñecas demasiado apretadas con el cordel a la espera que en breve alguien se las desanude. Mientras le dan mucha importancia a las frases y suposiciones reales o ficticias, los hechos fueron lo actuado y eso es lo que vale, sin mirar identidad o género, sin nada que agradecerle a la comunicación oral, sin letra pronunciada.
La bailarina se encarga de hacer de maestro de ceremonias. Sin haberse consumado la transgresión recibe desde la capital de provincias la pena, la inobservancia de las más primarias normas artísticas iba ser cometida justo al día siguiente del recibo de la sanción impuesta. Actores al compás del baile serrano junto a la dirección artística se sabían tan bien la escena y conocían tan al dedillo el texto, que nada los hizo dudar en adelantarla un día. Como estar en el ataúd lista para su propio sepelio sin estar muerta, en cualquier momento podía levantarse.
Extraviar amigos, tampoco conozco si lo fueron los que llegaron un día, algunos partieron antes de arribar y consumar lo buscado, un lobo solitario y ahora se forma turnicidad para estar cerca. Ignoro si esto es sobrevivir o es metamorfosis kafkiana, o ambas cosas, desproveernos de lo que nunca tuvimos para seguir transitando, para buscar la permanencia, cuando lleguemos a las encrucijadas de los caminos ya decidiremos, pero nadie lo hará por mí o por nosotros en un café por la mañana exhibiéndose con disimulo como mero testigo/a de los aconteceres con una apariencia seudoespectral y de aparente vida errante. Menos cerca de aquí los ancianos dicen que en los vacíos y profundidades de la noche los árboles de Amurjo dialogan con la niebla relatando lo visto y oído. Al alzarse la niebla con ella se escapan las confidencias vitales que muchos no supieron apreciar.
Quedada literaria en la estación del tranvía. Antonio Reyes le da la última chupada al cigarro y nos introducimos en la estación a entregarme y aclararme cosas de su libro cuando instantes antes sale del interior uno de los figurines del Teatro de la Rúa cruzándonos todos en el acerado, protección del agua pura, un agua sin denominación de origen y sin etiqueta identificativa, circula por las calles del pueblo creyendo muchos algunos que no es de nuestro teatro sino una actriz más del teatro contiguo, un teatro detrás del nuestro como protagonista secundario, como si los árboles de Amurjo no dejaran ver qué hay otro teatro detrás. Antonio Reyes de habla de completar su trilogía, me vuelve a hablar de Bedmar su pueblo, con otra denominación en la novela, él sabrá.