After tomorrow

Desde la ventana observa la atmósfera lluviosa de esa tarde en Cáceres, el recuerdo del último sueño de la noche anterior con sus dos últimas actrices bailando con sus parejas en la feria de la Virgen de Asunción que se suele celebrar en la Rúa alrededor de mediados de agosto le produce una inhabitual desconcentración durante las clases impartidas en el aula, no todo será el día de mañana ir en verano a la Costa del Sol, las dos protagonistas de su sueño no resultarán ser lo esperado, igualmente lo mejor será eso e intentarlo con ellas, esperar y confiar en la suerte, estar en el lugar justo en el momento propicio, un macabro juego para el lector o espectador que sólo ella creerá conocer, sufrimiento a las enviadas por error arbitrariedades, negatividades e indulgencias, enclaustrarlas con notas de régimen interno pero sólo para que partan o simplemente no vengan, exprimirlas como un gajo de fruta ignorando que el zumo salpicado pondría fin al curso de los acontecimientos antes o después, siempre sufrir, nunca gozar, convertirse definitivamente en célibe por la instrucción recibida, practicar en el Teatro de la Rúa un juego de sutilezas, escándalos y lamentos legales cuando esté, paz y satisfacción egocéntrica por su desaparición labrándose las futuras secuelas, dos escenarios teatrales paralelos, solicitud de actrices para que de forma oficial actúen para los espectadores del pueblo cuando sólo ella sabrá que deberán actuar para ella misma, una discreta simulación de locura y paranoia como futura directora para provocar lástima en la oficialidad y confundir a las actrices en el guión a cumplir.

- ¿Han terminado el caso práctico?

La grave voz grave la retrotrae al presente sin olvidase del sueño con la verbena de verano de su pueblo, había terminado el trabajo.

- Está listo.

- Entréguemelo. ¿Sobre qué versa?

- La estrecha vigilancia de la actriz de turno en el recorrido de su domicilio hacia el teatro y del teatro hacia su domicilio.

No habrá otro objeto que utilizar más pronto que tarde el día que ejerza como directora de teatro comediantes invisibles que utilicen el arte de la tramoya sin que la actriz se percate, será vigilada y contralada en su rutinario periplo de ida y vuelta por la rúa sintiéndose sola completamente libre de la observación de cualquier vecino actuando casi de forma improvisada en esos momentos de paso, el día que contraten ese microbús que subirá al teatro a los espectadores durante las horas de función deberá prohibirle a la actriz que se suba como pasajera para así no faltar a su puntual recorrido a pie para de de casa al teatro y del teatro a casa. Una única calle que atraviesa el pueblo de punta a punta con entrada y salida determinada convertida en una especie de laberinto temporal para saber incluso si las actrices de turno entran a la iglesia o salen de ella, diseñará a su modo, forma y circunstancia la dimensión real de las calles de la Rúa con el reproche de futura mujer ignorante al confundir la visita turística con la feligresía al igual que otras veces confundirá la velocidad con el tocino. La ventana junto a esa iglesia en la misma plaza del Ayuntamiento de la Rúa será el verdadero control de horario de entrada y salida, explicación subyacente de no permitirle el uso del microbús, esa venta como un testigo más de sus pecados más silenciosos, un paso lento hacia la muerte misma en plena vida, nada le importará, los pecados son oficiales y le serán perdonados, los encargados de administrar a sabiendas los guiones aprobados no podrán hacer nada más, aparentando todo lo contrario también tendrán las manos atadas por ese poder en la sombra que recibirá tras en plena adolescencia relevar a ese veterano tan querido y más adelante añorado actual director de teatro que llegó a tener casa incluso en la Rúa siendo de la capital, la narración futurible no se decide al adelanto intempestivo, el lector tendrá que esperar unos breves días más, antes de las primeras destrucciones personales tiene que terminar el curso aprobando las materias y volver cuanto antes a su pueblo.

El silenciero del alcalde

Que iluso, tu silencio y el de tu ambiente era demasiado atronador, la reflexión en solitario me traicionó a lo que era más evidente de lo que había pensado en un principio, no caía que se imaginaba la relación con ella, no lo habíamos pensado, nunca le dimos importancia a cuando se interesó qué ropa iba a ponerse ese fin de semana para asistir a la boda de su prima cuyo banquete se celebró en Torreperogil, pero ahora esa deliberada y persistente mudez ha roto su silencio, eran demasiados altos esos decibelios en la callada por respuesta, no era suficiente ser vigilada en su recorrido desde una discreta ventana junto a la iglesia del pueblo, tenía que haber algo más en los rincones de su recuerdo de los primeros y apacibles meses.
Vivenciaba en el presente sus ilusiones del pasado como el más puro estado literal, nada ni nadie le impidió tampoco sentir celos cuando hablaba con aquella alumna universitaria cuya presencia no parecía sentarle tampoco demasiado bien, hablaba más con esa que con ella. Tras seguir sola sabe que una consiguió partir como por soplido huracanado con un estridente sonido de tacones femeninos escaleras abajo, de la otra sabe con orgullo que hoy tenía revisión psicológica, luego de postre y con una carta sorpresa a esta última alguien le dice que a pesar de lo gravoso de su victimario hay que ir con la cabeza alta y mantenerse sana.

Paralelismo

Muchas mañanas al despertarme descubro que las cosas probadas vuelven al estado de indiciarias haciéndome retroceder un paso hacia atrás, cuando duermo sueño con lo más siniestro del tema, contemplo un papel relleno con una solicitud de su encargo, un lugar aislado hasta de su mismo aislamiento que empieza a exhalar un aroma extraño, dolores provocados en muchos lugares por la naturaleza de ese encargo y negocio, no viene quien tiene que venir a ese lejano lugar y eso le apena, luego los niños en la cercanía estarán llorando en los rincones del patio del colegio sufriendo a más inri un ligero retroceso en su rendimiento, impensable efecto secundario que nadie apreciaría a no ser por la habitualidad paralela a la lejanía, ese tren nunca circuló por esas vías y ahí siguen todavía las estaciones esperándolo, la carretera en dirección a Albacete sigue también el recorrido casi al unísono de la inacabada línea ferroviaria que nunca escuchó otra cosa que coches y camiones junto a sí.

- ¿Por qué lloras?

- No viene hasta el viernes si la dejan.

Suena el timbre del final del recreo y a quien esperaba en lugar de la que nunca llegó sigue ahí, hace unos años también yerraron y la vida le ha otorgado una segunda oportunidad, no sabemos si será la última, nunca pensaron en el posible dolor por el efecto equivocado, un extraño encargo que transforma en real apariencia, soledades con los ojos llenos de pan para no ver más lejos de lo que le permiten sus impulsos neuronales, que mala es esa soledad, viniendo del Levante le explico que yo de pequeño y con sus abuelos también veía esas estaciones sin tren, mejor volver a soñar y donde por fin y de una vez por todas vuelva a ver todo más claro, hasta esos trenes que nunca pasaron.

Origen de la circunstancia

Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” "Meditaciones del Quijote" José Ortega y Gasset

O sea que el narrador cree que tengo influencia con el Diario Jaén, ¿le has contestado?

La última actriz vive en una impuesta atmósfera de internado, y eso que ha pasado mucho tiempo. El problema es la reiteración una y otra vez del mismo guión, el espectador se percata y se da cuenta, no es tonto, esa mujer sigue anclada en su propio pasado.

Siempre decías que salían bien preparadas, ¿ha recurrido también a la provocación de su pareja masculina?

Le habla de una selección, que si las legalidades o ilegalidades en el mundo de las artes escénicas, que si un efectivo efecto tramoyista le permite hacer lo que le da la gana, que si se ofrece en la capital y otros pueblos de la provincia un teatro inverso, su suerte artística es la que ha sido.

Igualmente no pienso ser mecenas de nadie.

La vida en la Escuela de Arte Teatral cacereña sigue con su eterna espera, como la de ese tren que nunca llegó a pasar por la ahora lejana estación de Puente de Génave, una estación construida a la espera de esa inauguración que nunca llegó, una comunicación que le hubiese ido de perlas a sus vecinos de la Rúa, y a ella misma incluso para facilitar el enlace de fin de semana con su pueblo en el actual exilio estudiantil. Las circunstancias eran así, una más de tantas, la escasa comunicación de su pueblo con Jaén un objeto más de venganzas futuras cuando lleguen otros años distintos a estos, una escena más de la vida, de su vida, la vida es como un escenario, todo es una suma de obras y de actitudes, de circunstancias, todo está en la persona, ser dirigida y dirigir, la desgracia son los ojos que no ven y lo mejor son los ojos que no verán, el silencio de los poderes, la deshumanización a la que sacarle el correspondiente partido, vivir la vida en lo trágico y lo dramático, la miopía artificial que consienta las circunstancias no satisfechas, no reprimir nada, no poner límites u obstáculos aunque se oculten y no quieran escenificarse ninguno de sus pasos.
Cuando vuelve en sí su cerebro cambia de canal, dentro de un rato toca clase de gimnasia, una asignatura tan obligatoria como el resto, una asignatura que la hacía dormir mal y al despertar le parecía no haber dormido, si a eso le añadía no poder volver a la Rúa los fines de semana por la influencia de alguna de la compañeras de vestuario le hacía sentir la víctima ideal de alguna mala pasada para comenzar a sacarle rédito a su vida académica redactando en la soledad de su aposento las primeros guiones de teatro, es su futuro, no estará sola, buscará una buena testigo de su extraño hacer, quizás una de las jóvenes bailarinas del remeneo de su pueblo, esa sería la candidata ideal que protegiese su estupidez e incompetencia del futuro directamente proporcional al maltrato psicológico impuesto a las actrices recibidas en el teatro por error y con comportamientos inadecuados a su definitiva circunstancia al no poder calmar sus particulares ayunos, todo para el día de mañana convertirse en una directora de teatro y a su vez en un curioso personaje burlesco de ese mismo circo.
Por fin suena el timbre, la hora de gimnasia era hospitalaria y tranquilizadora, todo lo contrario a la vida posterior en el interior de los vestuarios, no eran muchos, pero cada uno era diferente al resto, se adaptaban y amoldaban a la circunstancia de cada una de las alumnas, en el mejor de ellos se tenía que conformar con las peores miradas, en otros reinaba una auténtica atmósfera silenciosa de perversidad, de nada servía los argumentos de tener fiebre para terminar abocada a las duchas, como si dentro de las mismas y con el agua cayéndoles encima encontrasen las internas el medio idea de sus subsistencia como escape del entorno académico, el mejor lugar para que determinadas circunstancias las hicieran aceptarse a sí mismas, es el lugar donde surgen las primeras insinuaciones entre la bruma del vapor del agua caliente. Imposible escapar de esa realidad, una realidad plasmada en sus hojas cuadriculadas, una escena convertida en realidad, la presente en el internado extremeño y la futura en su pueblo en ese teatro vacío por más que lo imaginase lleno de público buscando su inexistente lírico buen hacer. No queda más remedio que guardar silencio, no mirar a nadie a los ojos, sean alumnas de la escuela de arte o vecinos del pueblo es mejor dejarse hacer, como si no viese nada, si opta luego por no escribir en su habituación todo lo guardará en su mente, la mejor maleta para luego un día regresar a la Rúa y descargar ese equipaje no en su domicilio sino en el Teatro del Cerro.
Cuando vuelve a sonar el timbre todas abandonan el vestuario, más tarde en su habitación no entiende tanta generosidad silenciosa, la visita semanal no la consideran algunas suficiente, un día u otro todo servirá para que cada una de las mañanas sólo sirva su reloj como norma imperativa de puntualidad, ni el campanario de la iglesia de la Rúa tendrá potestad alguna en qué hora es cuando dé las campanadas, sólo es el que diga su reloj, ningún otro, la mejor sonrisa mientras tanto es la que muestra, ninguna de sus compañeras debe de verla en aparente sufrimiento, ni ahora ni dentro de unos años dirigiendo el teatro, los temores y frustraciones ya que no son para las otras internas deben de servir para las que vengan a razón de la suerte artística, si puede ser sin novio o marido.


Predicamento

Sueño con una minisociedad paralela o inversa, permanece despierta ajena a su propia realidad, ajena al predicamento tan de moda en estos días. Desde los ventanales del Quiosco del Parque y antes de que se me enfrían los churros creo ver lo que no es, como si las vías del tranvía me tranformasen las cristaleras del edificio de enfrente en un escenario donde se permite la escenificación teatral de lo trágico. El protagonista protesta, no le agrada el guión, aún así el tramoyista le tergiversa el escenario plantándole al actor otro trágico argumento aunque mentiroso y desconocido para éste, es sólo para que el público crea que las obras se representan bien. Mientras, aquel desconocido cliente del bar para esas tres mujeres anónimas que luego desaparecerán en ese mismo edificio de critales le contarán sin percatarse (o sí) de su presencia también anónima una historia de ofrecimientos lejanos, renuncias, y nuevos escenarios cercanos creados de la nada, la Rúa para algunas actrices es un lugar demasiado lejano.
Cuando ya despierto y durante la jornada laboral acudo a ese mismo Quiosco del Parque las vías del tranvía y el edificio de cristales permanecen iguales que durante el sueño, leo la prensa, mercados y más mercados, estoy harto de los mercados, hasta en la denominación lingüística existe truco, nos encontramos con un término que siempre estuvo relacionado con nuestro lugar de compra del barrio de siempre de víveres de primera necesidad, como si quisieran hacernos creer en la cercanía de la definición, que están a nuestra altura y alcance, como si fuese nuestro lugar de adquisición de mercaderías, para que que algunos crean y para que otros no nos creamos nada. Paso página y sigo la lectura, ni el uno ni el otro, soy de los que piensa que cuando llegue el momento el auténtico candidato será aquel cerebrito discreto que corría con su jefe en los amaneceres de las cumbres, para eso ha sido transfigurado en tiempo y en forma con el objeto de que su propia sombra no le aporte ningún sinsabor de los que han sido perjudicados el resto y sin que todos hayan metido el enemigo en casa, una cadena de permisividades que te hace sufrir en lo personal, la teoría es otra, el predicamento sigue siendo el mismo, no nos lo parece. Sólo nos queda abonar el café con churros de todas las mañanas, cruzar las vías del tranvía y volviendo al descubrimiento del sueño de esa noche, dejar esas cristaleras a mi izquierda, el lado correcto, donde siempre permanecen día tras día.

Horas de clase

Que solos se quedan los muertos. Historias desaforadas – Adolfo Bioy Casares.

El animal que me habita te reconoce, te huele
y te deja hueco en mi cama
pero si no te portas bien, sacará sus garras.

El animal que me habita – Rakel Rodríguez (la RaRa)

Imagina al narrador un día sentado en el circular bordillo de la rotonda de los pavos junto al Campus Universitario de las Lagunillas, ella como buena hija de su pueblo segureño le dará su aporte literario gracias a su deseo hacia lo sorpresivo e inesperado. Un lugar adecuado para esa inspiración los pavos de la rotonda, no obstante y tal como leerá dentro de unos cuantos años tras su regreso a la Rúa en El País el Delegado de Obras Públicas en Jaén de esa época todavía sin llegar será el mecenas del autor de esas estructuras artísticas que no acaban de inspirarle a pesar de que ahora han engendrado otras nuevas formas en forma de pavitos. José Fernández Ríos también nació en la Rúa, al igual que ella que lleva muchos meses sin haber vuelto a ver su pueblo, un escultor también segureño, un escultor emanado de ese mecenazgo que tantos artistas y no sólo de la Rúa surgieron en la provincia de Jaén.
Sin levantarse de esa rotonda ya no se inspira, ahora lee, la nueva alumna sigue su recorrido por su provisional pasado en la ciudad de Cáceres, los días son repetidos y repetitivos, fuera de los muros del internado la ciudad sigue más muerta que viva aunque más muerto está el interior de ese centro estudiantil donde la vileza del profesorado de la Escuela de Arte Teatral y el extraño encasillamiento de sus compañeras la están enseñando durante el aprovechamiento de las horas lectivas a morir de forma lenta para que así en un no muy lejano futuro sean otras las que mueran cuando vayan llegando de una en una.

Lo primero es que en vuestro futuro escenario las actrices a vuestro cargo crean que todo es producto de su imaginación o de la distancia, que tengan dudas razonables, el resultado final es que todo parezca que ocurre de forma rigurosa y coherente.

La jefa de estudios gastaba una verborrea docente labrada día a día en tiempos pasados en los aseos de esa institución que la había erigido en mandamás con las alumnas a las que tenía órdenes de la superioridad de meterlas en cintura para así salir bien preparadas con el objetivo de que así empezasen en el pueblo de cada una su nueva vida desde cero, llegar a que les otorguen la confianza como cargo directivo teatral sin haber abonado nunca el precio de las entradas de alguno conocido, no haber visto nunca una obra de teatro ni por asomo, una dirección como regalo compensatorio a las penurias pretéritas.
El duro encierro en el colegio con el encasillamiento conseguido a la fuerza iba a ser más que suficiente para luego mantener el rubio de bote tantas tardes en la peluquería de la Rúa como un elemento distintivo más de ese cargo de confianza, vivir las ideas progresistas en apariencia para estar ahí con el permiso de todos, pero de aplicación práctica con las futuras desiguales nada de nada, poco que ver con Carmen de Michelena, afincada por legalis maritus a Sabiote, localidad de nacimiento también de una de las últimas actrices que calló en sus manos, todo un ejemplo real de lucha, coraje y valentía a favor del derecho de las mujeres, una luchadora por una nueva realidad social, nada que ver con la futura realidad ridícula, arcana y en desuso que practicará con las nuevas actrices de teatro cuando le otorguen la consiguiente libertad a sus manos, su sueños nunca serán los de Carmen, sean no sólo la lucha contra la desigualdad sino la atención de las mujeres que estaban a su alrededor, si un día a nuestra alumna interna al dejar de serlo el día de mañana y ostente esos poderes directivos le cae alguien con problemas visuales no dudará en sacarle los ojos.

Antes de finalizar la clase tomen nota del siguiente caso práctico: ¿Cómo se superaría la extrapolación de lo literario a lo escénico en un ejemplo de búsqueda de novia por etapas?

La pregunta no sorprendió a ninguna de las alumnas, ni a ella ni a sus compañeras de aula, demasiada decencia desmedida existía en ese centro docente de artes escénicas al que fue destinada en busca y hallazgo de sus propias circunstancias. Levanta la mano como alumna aventajada ante el enojo del resto, sabe la respuesta aunque no se la acabe de creer del todo. Deja de pensar en el ejemplo de Carmen de Michelena, su ideario nunca podrá ir con ella, Teresa Valverde como Presidenta de la “Asociación Cultural el Yelmo” nunca podrá narrar similares ejemplos vitales comparativos respecto de la una con la de la otra, da igual que Beas de Segura esté a pocos kilómetros de la rúa y se fundaran asociaciones como la anterior fundando Carmen el Instituto Sierra de Segura así como un lugar en el que se despertó todo un movimiento de asociacionismo de mujeres, nada de eso tenía que ver son la progresía sólo de vestimenta que iba a ostentar en el Teatro de la Rúa.

Sea o no actuación escénica, lo importante es que la interpretación práctica en el escenario de los guiones escritos de acoso en algunos casos de negatividad objetiva serán permitidos y les den el visto bueno desde las capitales de provincia, todo sin perjuicio de una concesión exclusiva para que la legalidad sólo exista con la sujeto activo.

Exacto.

Una alumna aventajada en efecto, las otras compañeras del colegio interno callan aunque asienten con la mirada, la única compañera procedente de la Rúa iba adaptándose a las clases, los consejos que en corrillo le daban en las letrinas durantes el rato de recreo no despertaron sospecha alguna en la profesora, esas compañeras supuestamente también amigas le enseñaban en ese rato de esparcimiento y con las voces de las conversaciones amortiguadas con el constante ruido permanente del accionado correspondiente de cada una de las cadenas de los váteres el mejor camino y derrotero para que un día ella descubriese cuál era la mejor de las entradas y salidas hacia sí misma.
Al finalizar las clases con su correspondiente rato de recreo llega sola a su aposento, no suelta lágrima alguna, las ha contenido tanto que no han llegado a convertirse en humedad, se ducha sola, se acuesta también sola tras secarse a dormir intentando olvidar otro docente día más, debe repasar o más bien preparar las lecciones para el día siguiente, abre el Manual de Conducta en el Escenario y empieza a leer: “La excesiva aplicación de la legislación artística sólo sirve para fabricar la visualización por parte de los espectadores de las legalidades inexistentes enmascarando lo prohibido, el teatro como el mejor transmisor de la condición humana”. Levanta los ojos del libro al vencerle el sueño. Sabe que la asignatura de teatralizar el precepto y los preceptuado es difícil de superar, sabe a pesar de su corto aprendizaje que la auténtica dirección escénica que aprueba el guión y argumento permanecen siempre ocultos, sabe a ciencia cierta que luego el espectador de la vida creerá y visionará de forma escalafonal y esa serán en un futuro en la Rúa y sus anejos Pinares de Amurjo su tabla de salvación, tanto de ella como de sus consentidoras, da igual que un agitado cambio de oleaje haga tambalear por las turbulencias marinas esa tabla obligándolas a corregir el rumbo, el estatus será más poderoso que vivir con los pies en la tierra. Cuando cierra los ojos empieza escuchar un algo a través de las paredes, quizás una nueva alumna disfrutando del recreo en las sombras provocando el lejano sonido hueco de los excusados, es más bien el sonido de dentro de unos cuantos años, el futuro eco de los tacones de las que serán sus aprendices de actrices producido por la huida escaleras abajo del teatro a raíz de su presencia.

Los peligros de la jurisprudencia

Malos tiempos para soñar, algunas noches lo hago contemplando un ápice de luz sobre las oscurecidas mesas, como si todo estuviese ya entregado a una suerte distinta, que no exista tanto celo extremo en los preceptos que parecen enmascarar otras situaciones de sobra sabidas por esas voces tan silenciosas. Desilusionantes diálogos políticos o de cargos públicos con nula esperanza, más eficacia de la conversación con aquellos que quieren escucharte aunque sin girarme perciba la humedad de la almohada por el sudor de la desazonante pesadilla al ser algo ligero el sueño aunque a continuación la situación onírica logre atraparme de nuevo alejándome del mundo de los despiertos. Me lío en los firmados ejemplos de jurisprudencia que recibe, la desfavorable, con la favorecedora no consigo soñar aunque exista de forma amplia, una vez despierto recordaré que en derecho español no todo es matemático aunque crean que nos lo han hecho creer, igualmente y centrándome de nuevo en ese extraño sueño me parece observar que quien le firma tanta mala jurisprudencia no es ni jurista, todo justo además cuando M se sobresalta asustada en las oscuridad de la habitación al lograr proferir y escapárseme un chillido que ni yo mismo esperaba, lo más angustioso y tenaz del sueño había sido descubrir que el subconsciente de la firmante había sido traicionado por nuestras históricas siglas. Se me ponen los dientes largos por quién nunca vio la jurisprudencia ni en sueños.

La Tramoya


Un señor haciendo fotos.

¿Dónde? ¿Aquí en Zara?

No, está en la calle, pero las fotos se las hace a los maniquís de Zara.

Dentro de Zara Glories una rubia alta, debí suponer que era la encargada obediente de la morena cajera más obediente aún de la primera.
La calle se torna policial, los estáticos maniquís que aparentan caminar hacia el exterior son temidos por las dos de que cobren vida e inmortalice la supuesta parte vital de lo inerte e inmortalizado, la Plaça les Glories dejó de ser lo que fue, en los mismos metros cuadrados dentro del agua perdí la inmovilidad nadadora hace décadas, hasta nadar mariposa y espalda aprendí con aquella guapa monitora, una fatiga inútil, la vieja factoría enseñaba a nadar a través de esos contratados monitores por el club deportivo a los hijos de los empleados, el metro de Glories con foto distinta por diferentes obras en el exterior era testigo mudo con el fugir ferroviario del transcurso de los años. Es inútil sin penetrar en Zara Glories reclamar aquel espacio de tiempo y metros cuadrados que un día fueron tuyos.
Cierro Detritus de Samuel Beckett, en el Restaurante la Tramoya esperamos un año más a Enrique Vila – Matas, el triángulo despreciativo hace efecto de vértice a vértice, llegar despreciado por quien busca algo mirando hacia otro lado un inútil aprecio, el público el mismo y la obra es la misma, algunos actores estorbamos, inútil hacerse querer, algún que otro comensal es transformado en invisible por puro arte del tramoyista.
Esa misma mañana leo en El País un frase de Beatriz Corredor: “no estoy en ninguna trinchera ni reniego de nada”, M vive en carnes lo que no debemos de consentir y más cuando es contra nosotros mismos, permitir lo no permisivo, hay que evitar a tiempo que se hable del tema en el futuro, el camarero toma nota, desde la ventana contemplamos impasibles el solitario ambiente barcelonés de la Gran Vía navideña, recordar lo soñado, se has había apañado para internar verse conmigo en solitario, Cástulo no parecía Cástulo, mi vieja admiradora es vista en distintas dependencias, una visión diferente, imagino mientras traen el primer plato que había despertado, prefiero encontrarme allanándome a su propósito, disfrutar de lo evidente sin moverme de la cama, estoy seguro que ese imprevisto despertar nos privará del solitario e interiorizado encuentro.
Lectura también casi de postre de Los asesinos lentos de Rafael Balanzá, intenso con final inesperado, el mismo llega tan lento que al protagonista no le queda otra que llegar al final de otra tacada distinta. Cojo de nuevo la carta, repaso los platos que no pedí pero que pude haberme comido, esa misma mañana en La Casa del Libro de Barcelona me inspiró para relatar algo, no me atrevía, la idea de narrar lo vivenciado en locales ajenos y casi sin tiempo me hizo pensar que debía esperar a coger el boli y el bloc cuadriculado durante las horas previas a la noche o luego más tarde en Sabiote. Fui un posible cliente esa mañana con libros ya adquiridos con el leído después Detritus de Beckett que no dejo de forma compulsiva de mirar más posibles adquisiciones en la estantería antes que de repente un librero de la Casa del Libro me llamase la atención invitándome a dejar de contemplar los libros a la venta, al parecer en el suelo y a mis pies yacía una cliente de edad avanzada en estado de desmayo en cuya presencia no había reparado, la señora necesitaba aire, un aire que yo le quitaba, el librero calibraba bien la situación, un serio aspirante a ocupar la cuarta hamaca del contigua en mi habitual aunque versionado destino veraniego, no me sentía dispuesto a que ocupara un lugar junto a mi lado y junto a mis tres mujeres de protagonismo fijo en esta historia, preferí devolverlo a su lugar, a su mostrador de información bibliográfica de la Casa del Libro, en ningún momento me eché sobre la mujer desmayada, aunque gracias a la sugerencia del librero llegué a creer que sí.
Cuando alguien abona la cuenta, dejamos atrás la Tramoya, otro año más u otro año menos, el año que viene no vendremos sugiere una voz, yo seguiré esperando a Enrique Vila – Matas, un año u otro caerá, ¿para qué necesitamos al resto?



Interior del Restaurante La Tramoya. Fotografía de Jesús Garrido.

Cuando no es ella

Ensimismada correspondencia de Pablo Gutiérrez (Lengua de Trapo) es para leerlo despacio, colocando al protagonista autor viendo desde dentro lo que ocurre en el exterior al contemplarlo, como si fuese Jaime Gil de Biedma en una lectura de frío hispalense; Ultramort merece la pena varias relecturas, con los hechos cotidianos en Antipoema 20 donde me desconcentro y pienso en la inusitada legitimidad, una decir adios en la antepenúltima página del relato, sin preocuparme la rigidez para con ella, pienso más bien en centrarla objetivándola en una situación cuando ésta dimana de manifiestas connivencias que a nadie le interesó leer desde la última primavera cuando empezaron a ser relatadas con prólogo incluído, un capítulo sin despedida, el protagonista vive en una ciudad donde todos hacen lo mismo y mastica las mismas lágrimas que a otros nos ha costado digerir, legitimidad extrema objetivada que te hace no pensar en ella, evocar lo escrito e inédito y todo sin salir de Jaén cuando no es ella.

Al cincuenta por ciento

Es alucinante el poder de la palabra, el lenguaje que hablamos que lanzamos al aire, no el que escribimos aquí que es más pensado y rectificado si hace falta. El hablado al viento es el peor y el mejor, nos bloquea y nos deja mudos, pero también nos lleva juntos de la mano por senderos por los que no habíamos andado. Averiguamos cosas sin tan siquiera el propósito de buscarlas. Un descuido, una palabra, un gesto, una conversación puede ser una disputa y una celebración. Todo un ritual. Cuando lo ves todo perdido te lanzas a escribir, borras, rectificas, la única opción de opinión vital válida, otro ritual pero distinto, las leyes son un cincuenta por ciento, la discapacidad visual no será óbice para ningún tipo de beneficio en la distancia, todo lo contrario, el enclaustramiento en la población te será de consentida obligatoriedad a pesar de que en situaciones gemelas y de distancias más cortas otorguen dicho emolumento conciliador donde además no existan ni disfunciones físicas ni leches en vinagre.
¿Para qué entonces en el acceso selectivo a lo mismo que eres en provisionalidad del párrafo anterior te otorga el mismo organismo por esta circunstancia una hora más y mesas adaptadas como premio? Te llaman por teléfono y todo para comunicarte la buena nueva, para las malas dadas seguimos acostumbrados al correo certificado con acuse de recibo. La ley desarrollada y llevada al máximo extremo aunque esta desaparezca como por ensalmo y deje de existir o no tener cabida en la mismas situaciones para la misma impersonal institución donde más falta hace, donde aplaudiríamos su existencia y aplicación, donde todo el mundo lo vería, un mitin menos con el ahorro económico, personal y material que ello supondría, política proteccionista desde la máxima literalidad, política de acercamiento realista sin necesidad de prometerla ante la proximidad electoral, la mejor carta de presentación sustituyendo a palabras que el aire hace desaparecer. Seguiremos mientras elaboramos los buenos propósitos teniendo todo al cincuenta por ciento, como el contenido del vaso de café con leche, la mitad percibida es lo paradójico al contrastarlo con la otra mitad que no vemos al no existir, sólo promesas no escritas cuyo destino final es ser borradas al transformarse en fase oral.

Groundhog night

El sí parece que es en directo aunque su no es el virtual, bellísima sonrisa de buenas noches al llegar a un acto cultural al que me habían invitado en el Bar Azulejo, los ordenadores están en los domicilios de ambos seguramente apagados. La empresa es difícil, narrar su historia y publicarla, una oscura mirada, unos dulces ojos, antes sí es verdad, ahora no lo es, pura atracción narrativa, saben hacerlo, no existen otros en la ciudad, a pesar del supuesto odio la transfiguración en la vida real es totalmente inversa, ellos no lo saben, o sí, o lo creen, o se lo figuran, da igual, pero lo más anómalo es lo sucedido al encontrarme con ellos tras pedir un refresco, saludos con más sonrisas, una proposición algo extraña, el rodaje en cine o vídeo de la historia que yo narré en su día que no es otra que la de ellos mismos.
A partir de ese momento creo sentirme sin motivo algo acorralado, siempre me digo que las calle y callejones del casco antiguo de la capital revisten de cierta atmósfera laberíntica más por los hechos a suceder que por la estructura urbanística que sigue igual por el imparable transcurso del tiempo. Quizás es pensar en otra especie de iterado día de la marmota, uno de los dos lo tiene condenado al otro, eso de momento me da igual, es su vida privada y privativa que no es la mía, la preocupación más bien es la que empiezo a sentir con el vaso de coca cola en la mano, con creces supera en proporciones épicas al desarrollo de la película de Bill Murray, rodar la película o el cortometraje, yo sólo narrar y ellos graban siendo a su vez los actores de mis historia y de ellos mismos, conseguir que el lector o espectador no conozca ni la identidad real y ficticia de los protagonistas y de los operadores de cámara de rodaje, y a su vez muchos menos la del narrador, una historia en la que no ocurra nada destacable pero sí mantengamos con la conjunta labor el mantenimiento en vilo del lector o espectador. La reprimenda nadie me la va a perdonar esta vez en plena céntrica calle y a la luz del día, debo aceptar con relativa sonrisa la propuesta recibida, firmar los tres de común acuerdo un pacto de vida de ficción, no soy quién para intentar transformar la noche de viernes, lo difícil será la decoración del argumento, nada de historias amorosas que no fueron, son o serán, quizás viejas relaciones que hubo y ahora dicen que no, y con esta noche del Bar Azulejo se conviertan de repente en un tal vez, que el lector lo tenga claro y sepa lo que lea.
Al terminar la coca cola me siento muy ilusionado por su confianza en mí aunque lo que escriba no llegue a ser ni lo más exacto ni lo más acertado de cómo iba transcurriendo cada momento. Antes de contestarles sobre si acepto o no a su oferta el resto de parroquianos del bar nos miraban, la expresión de los rostros que alcancé a mirar era de hacerse los distraídos ajenos al tema, como si fuese todos estuviésemos fuera de este lugar de encuentro en plena noche de viernes.

Te pagaremos.

No, eso nunca lo consentiré.

No dejo de titubear en mis pensamientos, no sé si dejarme querer por el uno y dejarme odiar por el otro, aún así la existencia se las daré gratis, fotografías, texto, gastos o derechos de representación, pienso cuando no los veo de repente que el acto de presentación expositiva va a dar comienzo en breves momentos, el dueño del bar toma a continuación la palabra y el otro defiende su obra artística, tras el habitual agradecido con aplauso y abono del refresco en barra entro en la noche de la Calle Hurtado algo fría y demasiado solitaria, todo el calor quedó en el interior.
La suerte narrativa echada de nuevo, quieran empujarme fuera de anonimato y no quiero, rodar y protagonizar, es difícil inventar algo de la nada, y cuando diez minutos después M es enterada y puesta al día del nuevo proyecto me aconseja olvidarme del día de la marmota, un tema es verdad que está transformado en demasiado manido, me apunta que nos vayamos a aquella noche también de viernes que pasamos juntos dos años atrás en la feria de San Lucas en la que un desconocido de un puesto fijo de fotografía en una de las calles principales del ferial me llamó la atención de si era fulanico el fotógrafo (todo vale menos la denominación de fotógrafo, hacer fotos sin saber qué se hace de forma exacta no es serlo), una amistad repentina e impulsiva y con nocturnidad iluminada por las luces y sonidos de los carruseles de la feria, un nuevo amigo a la espera de la llegada de otra nueva penumbra por las calles de Jaén, la existencia de ambos sólo por mera obligación ciudadana sin razones o metas en el texto o imagen de fotografía. Termino comentándole a M que los habitantes jienitas que no nos conocen permanecerían confusos y sin el ruido de la música en el momento de rodar la película en el escenario oscurecido. A partir de ahora ya no sé qué pensar le comento.

Aperitivo invernal

Sigue el transcurso de este agitado otoño, un otoño demasiado pedagógico donde algunos párrafos de las escritas vigentes legalidades sólo son aplicables en la práctica en lo negativo y perjudicial, siendo de obligada prohibición en lo que pueda beneficiarte a pesar de las buenas intenciones de los preámbulos y exposiciones de motivos en la cabecera de esa ley, y eso que el fin de su contenido es más pensando en la mujer a no ser que el caso real que nos ocupa sea un supuesto caso transfigurable y se equivocasen de candidata donde nada resultó ser en la cualidad de “genero” esperada a lo que tuvo que haber sido cuando la vieron llegar y ahora tengan que comérsela con papas. Terminado un libro más, un libro de lectura secundaria por estas demasiadas actividades a la vez con un sinfín de inspiraciones literarias, un libro de disfrute, de historias bien narradas y que vienen de algún lado y desembocan en algo, una buena desconexión metafísica. Por fin el crítico de cuadros le expone al duque que se siente pieza de algo, una confabulación que no llega a comprender, algo que como lector tampoco comprendía, es más me surgió la idea antes de que al personaje en su propia historia, demasiado ha tardado en darse cuenta, y los lectores diciéndoselo con la lectura. Lo del ruso y hasta que se aclara la cosa ¿por qué él como liquidador? ¿es que no se fían de tantos españoles muchos ya casi con armas en la mano?, con tanto submundo resurgente con la moda del tiroteo. Da la impresión que no sólo sabe él quién es en la historia, sino también muchos de los personajes que le rodean. Entretenimiento, lectura precisa y un lujo de autor Eduardo Mendoza, lo negativo de la novela sólo sería a nivel genérico, la proliferación de novelas y demás narraciones basadas en la guerra civil o sus años antes o sus años de después.

Poemas viajeros, Poeta en la sombra de los olivos, poemas para el iniciático ignorante en a poesía, le tocó el turno a Tomás Montoro Casas, una lectura de poeta enamorado, un mismo quijote de algún narrador cervantino de su persona, no lo dice aunque yo lo imagino, todo amor, que la siente más cerca cuando se aleja, todo en lo concerniente a la lejanía de esa amada que no vemos pero que ahí está, los astros son testigos, las calles de Buenos Aires también. Todo sin ser Borges ni Cervantes.

Fragmentos de exterior

Había escuchado hablar de los sueños recurrentes, no de los futuribles, igualmente los sueños futuribles son incontrolables, nada que resguardar en su ego, nada que intimar en la soledad cacereña, unos muros demasiado altos en cohabitáculo con otras alumnas como ella, un instituto o escuela de teatro para el día de mañana convertida de imaginario orfanato, la duda estará un día en esa rubia de bote que poco a poco y como salida de la nada entrará en escena, como un fantasma más del futuro, pero no sólo para las futuras posibles directoras de teatro, sino también para las actrices, muchos pensamientos para mirar su reloj durante el ensayo, un único desvío de sus pensamientos en el escenario para controlar el tiempo, va siendo hora de buscar y hallar su propia identidad futura, soñar con el día de mañana, ese pasado cacereño es su obsesión para cuando arribe al presente, ¿quiénes serán las elegidas vecinas de la Rúa que serán las encargadas de vigilar desde las ventanas de sus domicilios el paso de las actrices en el trayecto de casa al teatro y del teatro a casa?, ignora en ese pasado momento que sus fragmentos argumentísticos de interior le provocará el extralimitarse con sus provocados a largo plazo fragmentos de exterior, controlar el paso de una y otra por la calle, si entra o sale de la iglesia como el más destacable ejemplo, la actriz será mía mientras se encuentre en la Rúa, mía y de nadie más.
De repente en el escenario mientras se prepara para el futuro y el futuro de las que ella elija escucha risas, son las mismas de todos los días, de las propias de su índole que se ríen de ella desde las sillas simulando ser miembras del público, la alegría que le habían prometido sus amigos y familiares antes de salir de la Rúa hacia Cáceres debía de pertenecer a otra película o guión, demasiado indescriptible las escenas de su nueva vida muchos años atrás del presente, es difícil averiguar como tantas otras cosas si se mofan del personaje que interpreta o de ella como persona haciendo de actriz en ese período actual de aprendizaje. Intenta no inmutarse, se va acostumbrando al acoso de sus supuestas amigas y compañeras, pero son durante las noches de atrapamiento con soledad del triste y hermético lugar cuando sueña con esas gobernantas que la atan a la pared para que esas mismas compañeras puedan burlarse de ellas todas las tardes a las mismas horas llamándola inmadura, una inmadurez para exteriorizar el día de mañana una fortaleza déspota aprovechándose de esa dirección teatral otorgada por el mero hecho de vecindad y nacimiento en la Rúa, una entrevista y a ser un día todopoderosa, daba igual que durmiese sola en esa gris habitación para ser una y otra vez también por la noche objeto de burlas, la única salida sería esa pared y ventana cerrada que daba a un más cerrado callejón, un edificio demasiado antiguo, una extraña mezcla de colegio con un aún más extraño instituto laboral de teatro, aunque el día que llegó se le antojó como una especie de castillo aunque sin los típicos torreones o murallas, valiente lugar para alterar el perfeccionamiento del alma, ese exterior no volvió a verlo jamás de momento, dominar incluso las escenas de exterior en su pueblo el día de mañana, esa iba a ser su meta, aprovecharse de su cuestionado talento dramático para subir al Cerro cada día, aprender a dirigir siendo un personaje de sí mismo, duplicidad en dirección y actuación, las actrices son derecho a desdoblarse sometidas a su exclusivo guión
No entendía las explicaciones de esa avinagrada profesora que se pasaba en el aula en clase de teoría argumentando el por qué debe de haber siempre más público que actores o más bien actrices durante la función, el actor era el secundario sentimental que desgraciadamente para sus intereses estará unido a la actriz. Temía no poder volver en verano a la Rúa si le quedaba esa asignatura para septiembre, explicaciones difíciles de la maestra pero totalmente entendible a su manera y modo, la partida de sus compañeras, novios y maridos futuros, soledad absoluta presente y futura, ella y ellas, la y las, son las que un día vendrán al teatro de la Rúa a despedirse de sus vidas.

Previsibilidad

Me divierte y entretiene Riña de gatos, cada vez más, el personaje vaga por un laberinto improvisado que le va creando Mendoza sobre la marcha. Igualmente cada vez me creo menos muchas de las cosas a pesar de que el autor recurre a los mismo tópicos argumentísticos de filmes o novelas, el personaje principal que pueden y quieren matarlo o eliminarlo mil veces sin que ocurra, el supuesto amigo que en el bar no quiere hablar por miedo a ser escuchado para citarte en tu casa donde te lo cuncuentras muerto justo después de que el lector adivine lo que va a pasar. Confusión y previsibilidad, situaciones inversas, fácil entrar donde difícil es luego salir, y un exagerado mundo de gatillo fácil a nivel de deseo en los pensamientos de algunos de los personajes.

Mírame a los ojos

Leyendo hoy sábado a Enrique Vila - Matas (hoy por cierto más magistral que nunca) en el suplemento de El País Babelia me asalta el espanto retrotraído de lo sucedido estos días atrás en Bernabé Soriano.

¿Te hablaba con rostro de matón?

¡Anda!¡que va! Es un amigo.

Al entrar de nuevo en la cafetería y sentarme para terminar el café y la tostada M me pone cara de no creerme, muchos años y décadas para saber cuándo miento y cuando no. Quique Vila nos habla de un escritor inglés que cuando lo invitan y acude a una fiesta está a su vez en otro lado, que pertenece por lo visto a esa clase de artistas que miran, se fijan en la gente pero sólo para escribir o pintar sobre ellos, en mi caso real del café de esta mañana sucedió a la inversa, alguien de repente se siente personaje sin serlo ni haberlo sido nunca, curioso que los que sí han sido o no personajes de las presentes ficciones y realidades sean éstas invertidas o no nunca han protestado, al contrario, más de uno está orgulloso de pertenecer a lo más bajo del mundo de las letras. Lo había mirado a los ojos y tengo que reconocer que sentí algo de miedo y desazón, reconociendo también lo que según él tengo que reconocer sin saber salir ante una extraña historia de play móvils y madelmans, como un capítulo más de butterflys y sandys.
Vuelvo a la oficina pensando en esta sombría historia, lo peor es que el amigo ha tenido éxito y me ha ganado la partida por goleada con eso de mirarle a los ojos, ha conseguido hacerme sentir culpable de algo sin saber de qué, su potencial influyente ha sido arrasador, he conseguido creerme algo sin saber igualmente qué, el WC de caballeros como lugar de desahogo por un tema biológico distinto de los habituales. Varias horas después el ordenador de casa me devuelve a la realidad, repaso este diario y compruebo que el amigo ni ha sido ni es personaje de nada y pienso otra vez que Enrique Vila – Matas se ha vuelto a superar, esta historia se asemeja como él dice a ese paso atrás en la relación con el mundo, un escalón extraño que nos separa de la realidad, seres convencidos que la verdad tiene la estructura de la ficción, espero el día menos pensado no tener que poner la otra mejilla, seguro que no, no exageres, empiezo a sentir miedo eso sí, demasiado miedica para lo grande que soy, su don de gentes, su carácter fuerte, y su personalidad de lider han conseguido volcarme a la primera de cambio.

Preludio al pasado

Un amplio abanico de público en ese tiempo atrás, más de una década hacia el pasado con las manecillas del reloj demasiadas vueltas retrocedidas, eran los años en que los agricultores de la Rúa se quejaban de las malas cosechas por la escasez de lluvias que algunos pronosticaban de forma errónea que la cosa iría a más. El pasado como mal pronóstico del presente, el director del teatro sentado en su despacho al terminar la función, se siente totalmente feliz y satisfecho, cuenta las vueltas que le quedan a las agujas del reloj para irse trasladado de forma definitiva a Jaén, los vecinos del pueblo seguían encantados con cada una de las obras que por aquel entonces se representaban, no suele escribir nada, su actividad no le deja, mueve y baraja sólo el orden de las obras, respeta la vida privada de los actores, no existen por el momento bailarines extraños que conviertan el lugar en lo más parecido a la casa del terror, de hecho ninguno de los miembros del grupo acd remeneo de la Rúa suplantan funciones que no les corresponden en obras ajenas, cada uno actúa en lo que le toca, cada uno está en su sitio y lugar. Para el antiguo director el público es más que público, el teatro está siempre lleno, fantasmas ninguno, no necesita ninguna máscara para que el lugar funcione a buen ritmo. Antes de salir de sus despacho presiente y consiente, que un mal presagio se apodera de sus habituales felices pensamientos, son tonterías se dice para sus adentros, una llamada, una voz femenina en el tiempo hacia delante con él ya destinado en Jaén y las calles de la Rúa dominadas por las tinieblas, la futura directora que le sustituirá le telefoneará un imprevisto día a fin de rogarle de que desde la distancia convenza a los vecinos, a los que un día fueron público del teatro que por favor sigan acudiendo a las funciones. Empieza a saber que una escuela interna de teatro no es el mejor lugar para que sea formada, el estigma del futuro del teatro de la Rúa se empezaba a escribir en ese Instituto Obrero de Cáceres, el lugar más adecuado para incubar lo que un futuro más o menos lejano será el pasado tormentoso de la nueva directora.

Expresión corporal, la voz, el juego, la puesta en escena, todo bien, lo peor, la contemplación de sus tobillos mientras está desnuda duchándose por esas malvadas e ingratas compañeras a través de esa pequeña abertura entre la parte baja de la puerta y la húmeda solería del vestuario, ya la habían señalado y elegido como el tablero donde intentar jugar sus privativos juegos y partidas.

No aprender jamás.

La venganza futura como guión psicopatológico.

Llorar pensado en la Rúa, su pueblo.

Mucha distancia.

Atrapada los viernes.

Obsesiones futuras.

Vivir encerrada en la escuela teatral mostrando sus tobillos a sus compañeras de baño bajo la puerta de la ducha, no le parecía la institución educativa para ser sólo de mujeres el mejor ejemplo de virtud para las nuevas aprendices de la dramaturgia que se atrevían a echar la matrícula de inscripción en el lugar.
Una asignatura que no lograba superar, la representación de una farsa sobre su futuro, la imagen lejana de dirigir el teatro en su pueblo con la caratula bien colocada y dando vueltas sola en círculo en ese escenario diseñado a su medida como universo resultante para dirigir las vidas ajenas ante su incapacidad innata y manifiesta para llevarlo a la práctica en alguna institución público a la que le encomienden esa dirección. Sabe ya de antemano que su salvación futura será su cara amable unas veces y otra llorosa ante sus superiores y ante alguna que otra rubia de bote a los que les manifestará su pasión y amor por las actrices teatrales.
Obediencia ciega el día de mañana a las pautas de esa desconocida protagonista de Jaén.
Es la hora de irse a dormir a su pabellón, no le gustan sus compañeras de instituto, es como si no fuesen las cosas con ella, alimentar con el transcurrir esa mezcla de desprecio y adulación que una sentirá por las imbéciles chicas que le envíen de la ciudad.

Noticias de lecturas

Andrés Neuman no acabó de convencerme, un libro de cuentos en Hacerse el muerto, quizás sólo uno, máximo dos, más no, esperaba lo mismo pero diferente en el resto, fuerza prosaica ante argumentos que no me terminan de atrapar. Más grande es Daniel Sada en A la vista, debo de ser su único incondicional por estos alrededores, aparte de mi libro el resto siguen a la venta en la estantería y presumo de tener toda su obra, su polvo mejicano de aparente tierra extraña a pesar de que los personajes habitan donde realmente residen, Sada por lo menos preferido fue de Roberto Bolaño, se ha perdido unos cuantos libros de él por morirse. Salvo lectura antes de crearla el verdadero escritor, nos encontramos un Méjico o México peculiar donde nada parece lo que realmente es, todo vecino del parodiado oeste de John Hawkes en La pata del escarabajo, una aburrida historia de personajes desarraigados del mundo real, un libro de perfecta construcción gótica.

De conversaciones artísticas de cuasienamorados a que le vendan la moto al inglés con un plato de cocido como ayudante del corredor o mediador. ¿Se llevará a Inglaterra a la madre y a su hija? Guión dispar pero bien desarrollado que a estas alturas como lector no sé el tema por donde va a tirar, habrá que escuchar a José Antonio Primo de Rivera en ese mitin narrado mientras otros cantan la Internacional. Me gusta cuando leo que se siente al borde del abismo, no sabe ni el inglés ni Eduardo Mendoza lo placentero que es pasear por él.

Azote, máscara y travesura

Un diablo, un diablo nato, cuya naturaleza
no admite educación, y en quien el esfuerzo
que me tomé humanamente fue inútil, estéril.
Cual su cuerpo se afea con los años,
su alma se corrompe. Los voy a atormentar
hasta que aúllen.


La Tempestad (William Shakespeare)

En Jaén, la ciudad del Santo Reino, el Viejo director del teatro de la Rúa es telefoneado por la actual directora desde la soledad de su despacho, fuera parecía llover.

Necesito espectadores, cada vez vienen menos vecinos del pueblo a las funciones, mañana tenemos representación, ¿puedes llamar a todos los que puedas de la Rúa para que vengan? A ti el público te aclamaba y te hacía caso, te querían como director cuando estabas aquí.

Al director no se le aclama, es la obra a representar la que tiene que estar revestida de una atmósfera correcta, que guste y agrade al público y sobretodo que no dañe a las actrices, no me gusta lo que se viene escuchando por aquí. Llamaré a tus vecinos para que suban al teatro.

Esa mañana no bailó la bailarina, quizás fue debido a la inminente atmósfera de azote, máscara y travesura que se cernía sobre el teatro, la directora que se sentía hastiada de servirse a sí misma sin visionarias imaginarias la vio partir desde la ventana calle abajo escapando por prudencia del posible conflicto venidero.
Se reconocía en su actriz favorita con el deseo de que ésta hiciese lo mismo, buscar el entendimiento con ella o en caso contrario volver otra vez a aguardar la llegada de la próxima ahogando en el estanque a la primera y así sucesivamente hasta que de mutuo acuerdo ambas se comprendieran y entendieran, ensayar una y otra vez, luchar con sus propios nervios hasta la saciedad. Mientras luchaba con el nulo entendimiento le impondría a esa actriz la interpretación de su peor pesadilla sin la bailarina de testigo de nada, ésta había decidido dedicarse en cuerpo y alma al embrujo de su coreografía creando más confusión al marear la perdiz cumpliendo uno de los puntos de reserva pactados con la directora sin ningún tipo de máscara. La careta de ambas, de directora y bailarina remeneadora es la realidad, un carnaval privado entre las dos donde la frontera entre los rostros reales y la máscara consiste en la prohibición de dejar partir a las actrices los viernes al no haber ya función, todo por la idea de la del remeneo y la irritación atávico celotípica de la otra donde ya demostró más de una vez en las representaciones donde a los maridos o novios de esas actrices eran atraídos con sus malas artes hacia el teatro y con bronca colocando así por inercia en escena y sin ensayo el acto ya de sobra conocido de la Guardia Civil. Se ha conseguido un teatro con representaciones exteriores aunque con nula salida, pero es mejor permanecer todo lo atentos que podamos guardando silencio, la función está a punto de empezar.


Azote

Amonestación constante y contradictoria entre la una, la anterior y la posterior a la una, esta actriz ya no le sirve, no logró servirla por un posible entendimiento, la directora del teatro le reprocha que no sabe abrir ni cerrar las ventanas del local teniendo que encargarle la cuestión como acción humillante según ella a la bailarina, su primario deseo consiste en querer atarlas con un largo cinto obligándola a dar vueltas en círculo sin un segundo de reposo.
Disciplina verbal si la actriz es cogida infraganti por la calle principal de la Rúa en amistosa conversación con alguno de los casi pocos miembros del respetable público que aún subían a las funciones del teatro.

Que no te tiemble el pulso, mano firme con ella.

La jota segureña suena cada vez que habla la otra, no pertenece a la institución teatral aunque baila muy bien, su poder e influencia sobre la dirección es indiscutible, en los ensayos con sus compañeras fuera del teatro es otra, no es ella misma, en el teatro y sin música su baile hace mover a todos por igual, sean directores o actores.
Fueron las dos últimas actrices las que creyeron actuar ante la confusión impuesta por la directora en una especie de último viaje simulado incluso según la opinión de alguno de los vecinos del pueblo ignorantes a la programación que ahora se representaba en el escenario, el giratorio movimiento de sus muñecas al bailar, sus típico traje regional, su asociación de la localidad de la Rúa iba poco a poco cobrando más fama, la bailarina bailando a todas horas, dentro y fuera de la disciplina de grupo.


Máscara (en tres actos)

Ella es y no lo es, todo consciente, burla permanente a sus vecinos, compinches y superiores con un premeditado efecto óptico bipolar con la bailarina de escudo protector y viceversa ante alguna posible inspección teatral, un juego perfecto luego el de directora y actriz, obra de teatro sin audiencia y los espectadores sin obra de teatro que representar, celotipias de novios y maridos, las actrices no reconocen el guión al ser confundida con el contento de otros que son simulados antes de la actuación con la máscara.

Tu olor de ciudad.

Lo absurdo y lo retórico.

Pornografía imaginaria.

La ley del deseo.

Lujuria caducosa.

Ecos provincianos.

Traseros hombrunos.

Rostros femeninos.

Nulo gasto en afeitamiento.

Alteración de la escena.

Bailarina tramoyista.

Colegio interno.

Ahora es la mía.

Aro o agujero negro.

Soltera.

Una foto de su actriz en Peñíscola.

Barbilla empapada.

Tragicomedia pirandelliana.

Terror a amantes imaginarios.

Huir.

Escapar.

Ansiedad neurótica.

Saliva envasada.

Fin del primer acto, la tramoya es superada con perfección, los aplausos son forzados y algo imaginarios, se apagan unos fotos y se encienden otros, la directora está contenta con el resultado en el entreacto, su cometido ante la inspección de la superioridad cultural debe de ser superado sin problemas inquietantes, los hijos, ya se sabe, el reflejo de lo que no es, tornar invisible la representación de funciones anteriores, nunca se representaron a pesar del tormento imaginado por las dos también últimas actrices, ponerme y quitarme la máscara, visitas, llamadas telefónicas, todo un quita y pon, el desgaste de la careta cada vez se torna más evidente, el don de la invisibilidad me ha acompañado hasta el día de hoy, el decorado provisional, la mejor amable sonrisa, la función no definitiva, la representación ficticia, un auténtico burladero ante alguna posible embestida venga de donde venga y venga de quien venga.
Confundidas ellas, las actrices, casi las deja la directora sin identidad, tiene el beneplácito de todos y cada uno de los espectadores, también del alcalde de la Rúa. Sólo les queda el consuelo de que a veces algún atrevido del público se acerca a ellas para colaborar con el desenmascaramiento de la obra ¿quién es el dramaturgo?

El marido.

El novio.

Llama a la Guardia Civil.

El objeto de las obsesiones de la directora.

Presentar la obra por escrito.

¿Es escritor de verdad o es otro comediante?

¿Y qué pasó?

El Alcalde, Sergio se llama creo.

Me guarda silencio.

Recibe al paisano del pueblo de una de las actrices, viejo compañero de la Universidad de Granada.

Sebastián Quirós Pulgar, estudió biológicas en aquella época con ella.

Ahora es Diputado en el Congreso.

Publicar la obra por escrito, representarla con las butacas vacías y las luces apagadas.

Termina el segundo acto y no se sabe si se publicará el libro, alguien lo dejará, igualmente la directora teatral y la bailarina han manifestado que prefieren no ser personajes, ni dirigir nada en conjunto si hace falta antes de ser capturadas en forma de frase y letras para las páginas del mismo. No es mala idea solicitar al Alcalde la prologación del libro, publicar antes de que cualquiera de estas dos mujeres inviertan la dramaturgia y dejen de actuar.

¿Habrá segunda parte?

Quizás, como el Star Wars, volver hacia atrás en el tiempo buscando el origen de lo que ocurren.

Un viaje a Extremadura.

Otra institución extraña.

¿Culpable de todo?

Las gotas de rocío van envolviendo el teatro hasta ser cubierto por un blanco manto, la función ha terminado tras el tercer acto que algo anticipa al posible espectador sobre la segunda parte de la historia, tras el compás de silencio y sin nadie entre el público se escucha de lejos la música por encima de los tejados del pueblo, la bailarina no estaba, se había marchado de forma precipitada mucho antes del acto, el sonido va increscendo poco a poco en la fría y triste noche de la Rúa, es la jota del remeneo.


Travesura

La esperaba en la Rúa con los brazos abiertos.

La había visto una vez en aquel congreso de cine, literatura y teatro, maciza no rolliza, tampoco demasiado alta, aquella convención anual de todo el colectivo
artístico de la provincia de Jaén fue el lugar de la visual.

Cuando las actrices se han ido soy una de las elegidas por la directora, una más de tantas, aparezco y desaparezco, a veces me hace salir a puerta cerrada, la directora me ve desde fuera sentada en su mesa, soy una mera foto en la pantalla de su ordenador de viejo formato, me siento demasiado estática, no consigo verla aunque ella me mira, otro día la foto será la de otra, me recuerda a Viola (Cesareo) disfrazada de hombre, identidad confusa, ama pero no quiere a las mujeres, el odio de la directora es cada vez más extremo, todo inversamente proporcional al escaso número de público, todo con la complicidad de la bailarina cuya palabrería teatral está basada en los impulsos de carácter primario más inimaginables, la jota del remeneo, la bailarina también hace de actriz con el consentimiento de la directora, había vuelto pronto.

Dicen que se va para Cáceres en unos días, ¿qué puede querer buscar allí?

No lo sé, y por favor deja ya de bailar.



(Fin de la 1ª parte)

Una advertencia

Le gusta a Eduardo Mendoza insinuar la muerte o desmayo del protagonista para luego resucitarlo o recuperarlo como es algo ya demasiado habitual en las letras o en los filmes. Un tema muy manido que siempre viene bien de comodín para introducir algún nuevo personaje o darle algún giro imprevisto a la historia, o simplemente porque sí.
Los papeles del amigo van mejorando, empeorando y viceversa, enamorado, sospechoso en un tren, putero iluso, falsa víctima de robo, crítico de arte, observador político....y una advertencia.

Papel confuso (y 2)

Andar y desandar el camino por las calles de la Rúa, la noche sobre el pueblo se ha vuelto más profunda de lo habitual, una única calle con otras pequeñas en adyacencia que conduce hacia el Cerro, un único camino hacia el teatro tras atravesar la histórica plaza con el Ayuntamiento y la iglesia, en efecto no puedo escapar, no hay autobús hacia Jaén hasta las siete de la mañana del día siguiente procedente de la cercana villa de Siles. Bajo la lluvia había consultado el reloj en la parada de Alsa, el coche de línea no venía, no hay más remedio que huir bien lejos de esa función, autobús y reloj, reloj y autobús, uno de los dos o ambos me impide la evasión de la Rúa como rata cobarde por el tormento causado por la dueña del teatro.
Cuando vuelvo sin más remedio a pasar por el palacio consistorial lo veo de nuevo, el desconocido se refugia de la llovizna bajo el arco del portón de la iglesia, hablar de nuevo o no hablar, difícil sacar algo en claro.

Mi señora madre antes subía a las funciones. A las tres y media de la tarde se fue el último coche hacia la capital, supe que volvería, que no se marcharía.

A pesar de la espesa humedad del ambiente y de mi discreta distancia, el aliento a alcohol que despide me hace pensar en el giratorio movimiento siempre en el mismo sentido de las agujas del reloj, o sea que entre el haber subido al Cerro por primera vez, y regresar a la parada para ahora realizar el inverso recorrido, le había hecho dar al minutero alguna vuelta más de lo que inicialmente había calculado.

¿Qué función? Si no ha subido nadie esta noche al teatro, hace años que se terminaron las representaciones, eso sí, la directora y la bailarina siguen ahí manteniendo el lugar.

¿La bailarina?

No se fíe, hablan de que suele hablar, pero en realidad nada es cierto, otras cosas se sabe, esa no es del todo seguro, además la jota segureña está cobrando fama por toda la provincia, ella baila, como lo bailado está como el día anterior lo baila sobre eso, y así mañana y todos los días, nada que bailar, todo aparente, el estipendio, ya sabe.

Sigo sin entenderle, me conformo con llegar al teatro y que esté la directora.

Tampoco se fíe, no me tome por borracho, ya le dije que mi señora madre solía ser espectadora de las funciones, se cuenta casi en silencio que el teatro en realidad no tiene directora, que más bien quien lo dirige es un director.

El indiscutible otoño, los transeúntes de la Rúa ignoran que hay función aunque alguno olvida esta ignorancia y según la directora del teatro habían subido a presenciar ese triste espectáculo contrastable con el más literal antónimo de las tristezas vitales. Las rubias están menos jóvenes en el camerino, ambas se colocan la máscara, me gustaría admirar a la que en un mínimo intervalo de tiempo es capaz de llevar dos o más máscaras al unísono con pasmosa habilidad sorteando insuperables obstáculos que cree imaginar que sufre durante la cotidianeidad diaria. Cuando se abre el telón suena la jota casi sin baile que ofrecer al espectador, alardes mecánicos para que la triste función del “reloj que nunca marca las nueve de la mañana”, las nueve y diez es la tardanza que conlleva el elevado y mecánico tono de voz de la directora teatral, las nueve menos diez porque el teatro está aún cerrado sin la apariencia disimulada de que con el paso de unos pocos minutos se llegue a las nueve, y, las nueve en punto donde la directora es puesta en ridículo por sus actrices para ampliar y divulgar su mal a los posibles espectadores que estén ahí a esa hora, toda una representación teatral sobre la misma función.
Se cierra el telón y nadie aplaude, se saben de memoria el final de esta triste comedia que hacía huir del teatro no sólo a las dos últimas actrices sino también a alguna que otra aprendiz que enviaba la Universidad de Interpretación y que osaba con poner los pies en el lugar, los pocos espectadores no quieren parodiarse a sí mismo para así dar gusto a la directora, salen de la sala cabizbajos y en silencio, ella les reprocha en el pasillo la negación del aplauso, aunque ningún miembro del respetable público le contesta, ese extraño juego que se traen de las manecillas del reloj cuando marchan, están a punto o ya han sobrepasado las nueve les deja con un permanente gesto serio y sombrío.
Miro otra vez el reloj, son mucho más de las nueve, casi llegando a las diez, cada vez más anochecido, ni un alma por la neblina Rúa, subo el asfaltado carril que accede a la fachada con una triste farola de la sala teatral, la veo de nuevo, está sentada con su oscura camiseta en los soportales, su sonrisa es demasiado forzada, así tiene que estar todo el día para que no salgan al exterior todos los sapos y culebras que habitan dentro de ella.

Estaba despidiendo al público, buenas noches, el teatro ya está cerrado.

¿Qué público? Usted sabe como yo que de aquí no ha salido nadie, está todo el mundo en sus casas.

Su rostro y rubio cabello sigue vigilando desde la ventana lo que hablamos los dos abajo, a pesar del vaho nocturno la veo, debe ser la famosa bailarina esa, es guapa, su rostro y ojos brillan belleza en la oscuridad, un viejo cartel colgado en la columna anuncia la próxima función, no pone fecha, se asemeja a un cartel con el tiempo detenido, dice algo así como el juego de las ventanas abiertas y cerradas, la misma dirección, otra actriz vendrá a la que seguro intentará anularle el resto de poca conexión con el mundo que le quede. Pienso en volver o no volver, hasta primera hora del amanecer no hay autobús, miro otra vez a la directora, no ha perdido su teatral sonrisa, recuerdo la voz de minutos atrás, sigo viendo una directora de teatro, ¿dónde dormir sin maleta y ropa limpia?, improvisar una hospedería con algunos derechos, seguro que no, apostaría el pescuezo que su sensibilidad y quietud permanecerían inalterables, y aunque la vuelvo a mirar, sigue sonriendo, un contexto de invitación engañoso y fuera del habitual con esa expresión, teatro y más teatro, reitero que no me creo esa sonrisa, quizás no sea ella.......

Un aviso

Refugiarse en un puticlub para escapar o no escuchar los tiros, el lugar como no podía ser menos se convierte adrede o de forma improvisada en un lugar para la tertulia política, su función carnal a cambio de un precio deja por momentos su razón de ser, si a eso le añadimos que al inglés te lo llevas sin lavarse o ducharse hacia un urbano y desconocido lugar le colocas el prestigio a la altura del betún, aunque el destino sea la Dirección General de Seguridad. Se lo llevan de un lado a otro todos los personajes secundarios de la novela, se lo disputan cual pelota de tenis añadiéndose un viejo compañero de viaje en esa dirección general, que más que contarle algo nuevo le suelta un subliminal discurso de trapos sucios.

Carne de mi carne

Es como si empezase ya a llegar su hora, la hora de desenmascararse, esta tarde en su mesa donde redacta todos y cada uno de los guiones se da cuenta por fin de ser una víctima de su propia locura teatral, dirigir el teatro de forma tirana logrando con sus méritos que su carrera de dramaturga esté empezando a entrar en caída libre. Sin salir del despacho del teatro agarra un folio, luego otro, necesita un bolígrafo bic que seguramente no escribirá, el otro lo tiene con el tapón azul medio roído debido a su simulado estrés teatral, sin llegar a mirarse por tenerlo así misma prohibido cree verse en un espejo donde de forma inconsciente contempla algo sobre ella misma a lo que no le ve sentido, ni actuación ni representaciones de ningún tipo, el teatro sigue ahí expedito de espectadores pero triunfando, la superioridad cultural provincial ha preferido de aquí hacia atrás estar sorda y ciega ante las circunstancias, el jovencísimo alcalde socialista recién elegido en la Rúa la felicita un día sí y otro también, tras colgarle el teléfono se levanta y se asoma a la ventana del despacho, la presencia humana o animal en los neblinos alrededores del teatro es nula salvo la bailarina remeneadora que sigue ensayando la jota segureña en el jardín y sin música.

El pueblo está saliendo de su parsimonia habitual a costa de las actrices que se atreven a venir por aquí.

Es lo que envían la escuela de actores, una pardilla tras otra, ninguna se ajusta para que yo puede dejar de ser la directora y hacer con ellas de actriz en la escena, aunque ésta última no me gusta, sabe demasiado del lugar sin haber estado anteriormente.

Se había despedido del alcalde por teléfono ese rato antes, no recuerda ante la ventana si le dijo adiós, el alcalde también le había comentado que de alguna forma le preocupaba la atmósfera de miedo que se estaba instaurando en el pueblo que hasta los niños pequeños escondían la cabeza bajo las sábanas, era de los pocos que sabía que en la capital ya estaban desenmascarándola como directora teatral colocándole una vieja máscara interpretativa, que hasta que esta máscara no se le desprendiese del todo no se retomaría la silenciosa paz serrana característica de la zona. La directora asintió en todo escuchándolo al otro lado del auricular en silencio, ahora se mira una y otra vez su oscura camiseta, siempre el mismo disfraz como señal distintiva de que estaba por encima de las actrices en lo que respecta al bien y al mal, les daba ejemplo a todos con su permanente atrezzo, tanto que cuando sale del teatro camina de atrás hacia adelante por las calles de la Rúa con el único y exclusivo objeto que regresar a casa para luego volver a hacerlo de forma inversa hacia el teatro, siempre la misma apariencia para suplir su pobre y pésima dramaturgia. Ni bolígrafo ni folios, no se concentra en escribir despacio, todo un día para sólo redactar una triste línea del guión, o más que guión sus habituales contraconductos con el objeto de dejar encerradas con el visto bueno silencioso de la bailarina a las actrices en el teatro. Decide bajar a la puerta, a los soportales, piensa en su propia apariencia, está muy segura que su literal conducta con sus subordinadas no son observables y pertenecen al mundo de sus sombras, debe de entrar dentro otra vez y subir a escribir esa línea en la que emplea media vida, no puede o no debe, un vehículo de la Guardia Civil sube el asfaltado carril que accede al teatro, mientras observa la llegada del coche patrulla recuerda que en su día escribió alguna historia para ser representada en el que ella daba aviso a la benemérita, ahora eran los civiles los que acudían sin ser avisados, un vehículo moderno de nueva generación que a la directora se le refleja el viejo cuatro ele de toda la vida, curiosamente contrastable según su propio guión mental con su falsa capa exterior de progre.

Buenas tardes.

Agentes, hola.

Con brevedad, no queremos molestarla, imaginamos que tendrá muchísimas responsabilidades a las que atender, también mucho que escribir aunque siempre represente la misma obra y las mismas escenas con distintas actrices.

Subamos a mi despacho.

No hace falta, podemos hablar aquí. En su anterior representación incluyó en el guión nuestra presencia en el teatro sin saber nada nosotros de forma previa, redactó en el guión de su obra la presencia de la Guardia Civil, luego el día de la representación usted como directora teatral se transfiguraba de repente en actriz para representar una escena provocada que requiriera dar aviso a los agentes de la benemérita aunque luego no llegó a verificarse. ¿Tiene algo que decirnos al respecto?

Sí, les contaré, no me envían desde la capital a ninguna actriz que sea carne de mi carne.

¿Es usted consciente por mucha directora que se crea más que lo sea luego en realidad de las costas y molestias que pueden ocasionarle al Ministerio de Interior sus caprichos artísticos?

La directora contempla desde abajo sin ignorar la presencia de los agentes las ventanas del teatro, el rostro tras el cristal empañado de la bailarina que había entrado y subido sin ella percatarse la desazona, ella le expresa cuando están a solas la opinión sobre las actrices que hay que echar a la calle, negaría la sucesión de los acontecimientos siendo testigo del trato recibido por las dos últimas actrices por parte de su directora, negarlo todo, defenderla mientras pueda y tengan la confianza en ella para dirigir el teatro, refugiarse de vez en cuando en su disfraz de bailadora, consuelo en apariencia con su jefa y desesperaciones en secreto, ahora la contempla arriba desde la ventana cómo habla abajo con la Guardia Civil, una amenaza escrita que ahora se representa en la realidad aunque fuera del guión, la habían pillado de forma imprevista, ignora el contenido de la charla aunque quizás luego explique a otros esa ignota conversación a la que nunca tuvo acceso pero sí transmitirá a los vecinos de la Rúa su parecer, decir lo que no se sabe, barajar sus percepciones creando un propio mundo aparente traducido al cotilleo vecinal con el visto bueno de la directora, por eso ninguna de las dos se observa en los espejos de los pasillos del teatro, les llenaría de espanto que un día vieran en ese espejo un rostro diferente que no fueran los suyos, le asustaría ver reflejado el auténtico rostro de su alma, por eso mejor no detenerse a mirarse. A la Guardia Civil les estará diciendo lo mismo de siempre, que la última actriz tampoco es carne de su carne.

Saludo desojado

Antes de acogerme del todo un miembro me expulsa de forma confusa, tampoco había ingresado en el club, malas caras que se puede traducir en poca vista comercial, fotos, escritos, casetas de feria, al final se vive de las ventas, su saludo es desojado, el resto amabilidad, sonrisas, alguien me apunta de que es hijo de... , yo podría ser también hijo de..., quizás otros tiempos y otra época, otros lugares, la misera sólo arrastra eso, miseria desojada.
En la Librería Metrópolis no ha llegado todavía el nuevo libro de Alberto Olmos, está muy solicitado, los miembros de su club de lectores en esta ciudad seguimos mal avenidos, cada uno de nosotros viaja por caminos diferentes en el club y fuera de él, en la biblioteca provincial jugamos de forma individual y pasajera a desordenar sus libros y cambiarlos de lugar, buscar la identidad del último lector tras el olvido del bibliotecario de retirar el justificante de préstamo.

Son las siete y media de la mañana

Diferentes relojes separados por el espacio urbano, él llega a la oficina tras saludar instantes antes a alguno de los acampados de Primayor, ella mientras se ajusta su ropa interior, son las siete y media, piensa en él cada día al salir de la ducha, él lo había hecho un rato antes, tanto él por un lado como ella por el otro viven cerca de su trabajo, la ducha de ambos está separada no sólo en el ...espacio sino que los relojes ahí sí que marcan una hora distinta, ella a media noche le dice adiós y junto a su marido se ríen en el terminal, él con M (ver foto arriba) en el Bar Stadium de las protegidas hablan y también se ríen de esos propósitos sin propósito, ella le había insinuado por el chat algo de salir desnuda en una foto mientras que su marido mira una y otra vez su reloj, nunca se llegaron a ver, nunca comenzaron nada, pero como si hubiesen estado una eternidad juntos ella le deseó un “que te vaya muy bien la vida”.

Sin que él se haya percatado su reloj despertador funciona media hora atrasado, el de ella va en hora, hoy coinciden juntos en la ducha separadas ambas por algunas manzanas, son las siete y media de la mañana, un reloj desajustado los hace por fin coincidir, él llegará tarde al Juzgado a trabajar y ella hará lo propio pero de forma puntual a la Gerencia Provincial de Urbanismo, el desajuste horario ha merecido la pena, el marido de ella sigue riéndose de lo que ocurre ante la pantalla de su ordenador.

El reloj de él ya funciona en hora, que despiste ayer, pero ahora es ella el que adelanta el suyo a cosa hecha, aprovechará esa media hora en la ducha y no llegará tarde a urbanismo, ¿no será mejor que vuelva a aceptarlo en la red social y queden los dos una mañana media hora antes de las siete y media para ducharse juntos? Su mosaico de fotografías lo ha desazonado, contempla varias de diferentes etapas de su vida, no sabe cuál de cada cual corresponde al pasado o al presente, la del futuro la imagina vestida con ropa de ningún color.

La jota del remeneo

Acabamos de llegar, venimos las dos para recibir venganza por parte de tu persona.

La directora del teatro se encontraba en la puerta, llegaron de forma tan invisible que creyó no haberlas visto.

Creemos incluso que has errado con tu peculiar venganza con quienes no tienen culpa.

Ahora cae, la evocación del pasado le funciona muy bien, son dos viejas compañeras de colegio, historias de vendetas personales en el interior de instituciones educativas y culturales.

Entremos al bar, o si queréis subamos a mi despacho.

Mejor el despacho, ¿por qué dices bar si no tienes ni bar, ni casi parroquianos? Si nos han contado que representan funciones de teatro sin espectadores que realmente sepan lo que ocurre en el escenario. Somos de tu colegio.

Lo sé.

A la directora le pareció que las dos habían llegado al lugar en el que nunca estuvieron. En el pasado cuando estudiaba con ellas soñaba con otra, tendría en su día una compinche que la llevaría al teatro en su coche, por aquella época ya la imaginaba bailando el remeneo delante de los soportales del teatro, su delgada y bella figura bajo su rubio cabello gira, salta y brinca sin dejar una y otra vez de mover las manos en ese típica danza segureña, no existía la música en sus pensamientos pero se la imaginaba, lloraba boca abajo en la cama de ese odioso internado, el final de la década de los ochenta fue una etapa difícil, pero volviendo a su hoy la necesita más que nunca a su lado tras la inesperada visita, que no esté sola, que su amiga esté con ella para hacer frente a sus viejas compañeras de alumnado.

No tengo papel alguno que ofreceros

Sí que lo hay, siempre hemos estado aquí, siempre has representado la misma función en tu escenario, actrices nuevas que al confundirlas con nosotras sólo pretendes hacerles daño.

Un rato antes la directora había estado leyendo una misiva de la Delegación de Bienes Culturales, la directora eres tú aunque no tengas mucho a quién dirigir, firmeza con las actrices, que no se te suban a la parra, de poco servía ante lo que tenía presente volviendo al colegio de antaño, soñaba que un día dirigiría un teatro en la Rúa, llegaría a convertirse incluso en su dueña, cuando se levantaba de la cama se ponía sus zapatillas que dejaban mostrar por aquel entonces algo de sus pies, pensaba otra vez en el día de hoy desde el ayer, su futura amiga vestida de remeneadora bailando para ella las jotas del remeneo, pero no sólo pensaba, también apañaba en sueños que nunca sería una posible chica Almodóvar a pesar de que ya incubaba por entonces en sus adentros el germen de lo que ya es hoy su ley del deseo, evitar alguna posible trágica consecuencia, los celos dimanantes de la inexistente y nula relación pueden llegar a ser demasiado dañinos, sigue avanzando con su mente, los pensamientos no la dejan llegar al presente con sus viejas amigas procedentes del olvidado pasado en aquel colegio, sabe que ha jugado y movido a los personajes en su escenario enfrentándolos a situaciones límite con el objeto de terminar arrastrándolos a su diseñada fatalidad en el silencio de su despacho.

Me voy a bailar, tengo que ensayar.

¿Sin música?

Mi mejor amiga y compañera me deja sola con las dos inquisidoras, ensaya una y otra vez sin ese sonido musical característico, nunca ha bailado en el escenario, su remeneo es demasiado vigoroso para que ayer sólo lo viviesen sus neuronas, hoy ya pertenece al mejor grupo folclórico de la Rúa y de toda la Sierra de Segura. Imagina también el futuro sin ella, un día el destino las separará, todo no es perdurable, el primer gesto acaba de tenerlo, ha abandonado a la directora cuando la atmósfera del teatro adquiere con la visita de sus amigas una atmósfera de venganza.

¿No vas a dar aviso a la Guardia Civil?

De acuerdo, una vez escribí un guión donde amenazaba a alguien con dar parte a la benemérita.

Tus peculiares Pepi, Luci y Bom.

La directora cree escucharlas, empieza a sonar una música procedente del exterior haciéndola dudar de si finge o no ser visitada por las dos viejas alumnas que siguen permaneciendo de pie delante de la mesa de su despacho, el remeneo ha comenzado, no se atreve ante el posible ambiente vengativo a asomarse a la ventana y verle bailar la jota serrana, podía no haberse bajado y serían dos contra dos y no dos contra una, el eco del baile le apabulla, el recibimiento en el teatro a las dos parece un ensayo a la soledad, incluso había llegado a pensar que sus dos viejas amigas o enemigas habían muerto, le gustaría repetir la escena de esa soledad imaginando extrañas visitas de décadas pasadas, no iba a ser fácil disfrazar y aderezar a dos viejas alumnas de colegio que antaño le hicieron difícil la existencia, representar ahora una obra de teatro basada en su día a día de antes, ¿a quién colocarle el traje de repelente colegiala para actuar en mi espacio teatral? Aunque se sienta amenazada por las dos respira ya tranquila, quizás un día sí vengan a ser vengadas, se levanta por fin y se asoma a la ventana, contempla antes el carril que asciende hacia el teatro pos si acaso, la ve bailar en el jardín, la jota del remeneo, es la hora de preguntarse quién de las dos baila al son de la otra.

De plagios

Creo tener en casa y delante de mí una joya literaria, ha sido retirado este libro por supuesto plagio de las librerías, yo conseguí hacerme con él, lo guardaré celosamente no vaya ser que vengan a buscarlo y me descubran a mí también utilizando mis dotes de plagio al plagiar a Enrique Vila - Matas y algún que otro contacto blogero, pero eso sí, plagiador con la cabeza bien alta, como Jorge Luis Borges, el afectado y plagiado supuestamente por Agustín Fernández Mallo en El hacedor (de Borges), Remake que también reconoció ser plagiador, o Cervantes que fue el epicentro del plagio por naturaleza al plagiar a quien se le antojaba con su hechizo caballeresco fingido plagiando a sus plagiadores mucho antes que Avellaneda hiciese lo propio.

Poco que aportar con la lectura de Riña de gatos aunque no se pierda el interés, discusión de política y de arte ante el duque y el marqués tras una anterior evaluación artística, todo un viaje para tan poco aunque sus anfitriones ya le pronostican al protagonista la partida de vuelta hacia Inglaterra. Pero de momento vuelve al lugar del delito, al lugar del robo, quizás la auténtica sustancia empiece ahí.

La Directora de la Guardia Civil

El hombre nunca es más feliz que cuando va de caza. José Ortega y Gasset.

En la Comandancia de Puesto de la Guardia Civil de la Rúa nunca terminaron de comprender ni cómo ni porqué les fue dado aviso por la directora del teatro sobre la comisión de una posible acción delictiva, un actor se había presentado hacía nueve meses a discutir sobre un guión o papel impuesto a su mujer también actriz de teatro y del teatro que no terminaba de agradarles. Ahora al cabo del tiempo y con el posible delito quizás prescrito la pareja de la Guardia Civil a capricho de la directora hace acto de presencia en el cerro tras subir con un celular todoterreno desde el carril de los Pinares de Amurjo.
Los agentes al bajarse del vehículo saludan a la directora en los soportales sin entrar en las instalaciones teatrales, no saben si han subido después del transcurrir de los meses para interpretar bajo las órdenes de ella o para en efecto intervenir en la resolución y solución de los hechos. Uno de los guardias saca una carpeta oficial para levantar el atestado mientras que la directora saca una libreta con varios folios unos ordenados y otros sin ordenar donde viene reflejado el reiterativo y monocorde papel que debe representar cada actor o actriz que le envíen al teatro, el cabo de patrulla con el rabillo del ojo intentó sin mucho éxito fijarse en este último detalle. Se encontraba sola, llevaba tiempo telefoneando a Huelva con el objeto de interesarse sobre su anterior actriz preguntándole por la historia que le obligó a representar, la directora disimulaba para sí misma, sabía que el guión era el mismo siempre, se excusaba ante la superioridad que el problema era la lejanía del teatro, era la excusa perfecta para salir inmune de todas y cada una de las funciones programadas, una especie trastorno bipolar “fingido” para hacerse respetar como directora teatral de toda la comarca, su misión siempre es la misma, que los protagonistas de sus obras lleguen a caer en el olvido de si son personas y sujetos de carne y hueso en pleno ejercicio de sus derechos civiles.

Buenos días. ¿Se encuentra bien? ¿Hay que detener a alguien? ¿Qué ha ocurrido?

El aviso había sido dado por la directora por teléfono a su anterior compañía artística de Huelva, la consumación de los hechos se produjo hacía bastantes meses, fue una discusión por cuestiones del guión, al parecer uno de ellos la había amenazado y ella los amenazó con dar aviso a los civiles provocando en la pareja que tenía antes sus ojos en acto de servicio que no salieran de su asombro, era a veces habitual que fuesen llamados o que incluso la patrulla acudiese al lugar de los hechos con algo de retraso, minutos, una hora incluso como tiempo alarmante y siempre con causa justificada, la actitud caprichosa de la directora de informar de la comisión de un posible hecho delictivo o falta al cabo de varios meses empezó a verla el cabo como algo normal, el guardia raso actuaba como si el problema estuviese sucediendo en ese mismo momento cumpliendo el guión tal como lo había desarrollado la directora, aún así no se desazonaba, sabía que el cabo también entraría antes o después por el aro para que también participase éste de una obra de teatro más sin espectadores e interpretaran ambos el papel a la perfección sólo con una simple llamada de aviso a la Guardia Civil. Demasiado tiempo ya sin que ninguna de las actrices actuase en el escenario para ella de forma placentera pero también siempre con la sala sin público.

Mi cabo, con su permiso representemos ya lo que tengamos que representar, es legítimo después de tantos meses aunque los supuestos autores de los hechos estén ya lejos y no puedan actuar en la obra.

El cabo como jefe de patrulla no estaba dispuesto a dejarse engañar y pasar por el aro, no las tenía todas consigo, su vida de servicio siempre ha estado unida al benemérito cuerpo, no recuerda lo representado al año anterior ni qué actores actuaron, hace años que no acude al teatro, menos a presenciar alguna obra de esta directora que ha desmantelado de forma progresiva el aforo del patio de butacas, no le viene a la memoria qué actores había antes a pesar de las constantes patrullas visuales por los alrededores del Cerro, sólo sabía por oídas de murmullos de los bares de la Rúa que estos días atrás se habían representado obras teatrales a la fuerza como si hubiesen sido impuestas o con el objeto de cumplir un papel con la Delegación de Cultura de Jaén, nada que ver todo esto con la institución armada que él representaba.

Igualmente directora hemos recibido alguna llamada estos días atrás preguntando si conocíamos de la existencia de que en su teatro se estuviese representando alguna escena relativa a escándalos verbales y acoso.

Cabo, todas las actrices que han trabajado para mí durante estos años en el teatro elaboran un contrapapel fuera del guión, como que la directora va a la caza de ellas para colocarme a mí en una especie de estado de locura.

El cabo se adereza el tricornio, guarda silencio mirando a su alrededor, el otoño se está echando encima y la Piscina de Amurjo ha clausurado ya la temporada, una idea empieza a obsesionarle, deja a su compañero sola con la directora, se acerca al vehículo celular, se gira y contempla la fachada del teatro y sus soportales, observa desde lejos el rostro de la mujer que también lo mira a él, intenta construir un pensamiento que se le había escapado, que ciego y tonto estuve piensa para sí, en la última temporada de representaciones teatrales los últimos actores siempre han sido actrices.