Mientras ordena las pinturas ella lee, lee el capítulo de los turistas que no se atrevían por consejo vecinal a visitar el pueblo de al lado, le recuerda a aquella escena que había visto hace muchos años por la tele de El Planeta de los Simios donde Charlton Heston es aconsejado de darse la vuelta y no visitar la zona prohibida. Ahora comparten el mismo gabinete que no es otra cosa que un taller en pleno estado de desorden aunque la situación de pureza se mantiene incólume gracias a la fusión de ambos dos, por más que intente cambiar el pintor la posición del caballete no logra alterar esa agitación espiritual que le acompaña desde varios años atrás, todavía recuerda cuando a base de pinceladas circulares sobre la tela le producía entrar en extraños momentos de rigidez y confusión obligándolo a caer en esa cama que unas veces sí y otras veces no compartía con la modelo. Cuando ella lo veía en ese trance prefería evadirse y dejarlo solo, estaba acostumbrada y sabía aprovechar el fluir de esa situación acabaran como acabaran, por eso entre cuadro y cuando lee de forma compulsiva, siempre buscando un tiempo muerto en su quehacer, al releer esas historias del mismo libro es como si la viese nueva, no por el argumento que ha veces parece alterarse fuera del propio libro, más bien por la captación de matices y por la valoración que ella hace del significado de lo que lee. Por todo ese contenido procuraba mantener una distancia entre lectora y el texto escrito en las páginas, lo principal es que ella misma ratifique el contenido de su lectura ya que como lectora es ella misma la que añade o quita acción o introduce interpretaciones desarrollando otras posibilidades del argumento, todo hasta llegar a un punto que reescribe lo que el autor se ha dejado en el tintero al concluir su libro, toda una desmedida ocurrencia que le hace entrar en estado de rubor. Es como sobrevivir a la propia lectura, ansiar un cierto estado de redención.
Cuando cierra el libro no puede recostarse sobre el colchón a defenderse de ese sueño que empezaba a rodearla, se había abierto la puerta de taller, un aliento cromático sin tanto olor a pintura fresca se escapaba hacia las otras salas de la estancia.
murmullos y penumbras
Me la quedo mirando
Me la quedo mirando, la leo, la colgaron estos años atrás, la placa que no reconoce al no haber sido colgado por él ni en honor a él sigue ahí colgada en la pared como algo subliminal, como cegando al que se asome por ignorar el color corporativo de que la reforma de las instalaciones no fueron tal, que nunca existieron, una placa del pasado ya que contrasta con el lamentable estado de las instalaciones en el presente. Quizás también por otro lado que se piense lo de siempre, el no reconocimiento de lo que otros hicieron buscando con algo pequeño la universalización de su interés propio antes que el que concierne al general o usuarios de su disfrute, primero mi propio ego antes que el beneficio vecinal que es el que realmente llevará a sus hijos quedándose con ellos a ver como se divierte sin salir de su barrio en sus momentos de ocio. En conjunto ocultar como si viajara en el tiempo la insuficiencia en su actuación municipal para y por los barrios a los que vendió su imagen muchos meses atrás. En lo pretérito nunca hicieron antes nada y mucho menos lo van a hacer o en este caso mantener ahora o más bien mañana.
Un pincel ante el cuadro
Un pincel ante el cuadro que está a punto de pintar no es el mejor instrumento o herramienta, puede ser un punto de observación para otear la obra, como una tramoya que va a sostener en primer lugar un lienzo virgen e inmaculado. A continuación vendría la previsión, después la escena, y más allá para finalizar el misterio.
Los pinceles esperan en la maleta, acaban de ser desembalados como esa vajilla de porcelana heredada de la vieja casona de la Liga Hanseática poblada de brumas y nocturnos destellos imprevistos. La pintura está como en tránsito, hoy la luz del día generosa y complaciente ejerce de maestro de ceremonias, es el momento más óptimo, instalar los objetos al vaciar la maleta de utensilios es fijar una identidad sea ésta efímera o circunstancial. Dará igual que se cambien los muebles de posición, que se cambien de habitación, asentarlos con otra perspectiva, los pinceles exigirán un trato diferente, se sentirán necesarios y se harán valer, conseguirán que se abra una vía de comunicación con el maestro, no es la primera vez que éste pinta algo y se le ha abandonado al azar desviándose de la centralidad artística extraviada, por eso admira a otros maestros cuyos talleres eran el esbozo de lo captado en las calles, en los paisajes, en los aposentos, en los ojos de los mismos personajes que deseaban hacer perdurar en la tela, nunca esas imágenes de pintores eran lo primero a proyectar. Como autodidacta que es decide hacer caso a sus propios pensamientos, mayor razón para otorgar carta de naturaleza definitiva al juego de pinceles que todavía sigue en la maleta de madera junto al resto de útiles de pintura.
Se dirige hacia un rincón donde los baúles conservan el secreto de los colores que más tarde irán a parar a la tela sobre el caballete, logra poner en marcha el vínculo entre los utensilios y la intención, da igual la hora que es, el ruido acucia demasiado y es hora del silencio absoluto.
Los pinceles esperan en la maleta, acaban de ser desembalados como esa vajilla de porcelana heredada de la vieja casona de la Liga Hanseática poblada de brumas y nocturnos destellos imprevistos. La pintura está como en tránsito, hoy la luz del día generosa y complaciente ejerce de maestro de ceremonias, es el momento más óptimo, instalar los objetos al vaciar la maleta de utensilios es fijar una identidad sea ésta efímera o circunstancial. Dará igual que se cambien los muebles de posición, que se cambien de habitación, asentarlos con otra perspectiva, los pinceles exigirán un trato diferente, se sentirán necesarios y se harán valer, conseguirán que se abra una vía de comunicación con el maestro, no es la primera vez que éste pinta algo y se le ha abandonado al azar desviándose de la centralidad artística extraviada, por eso admira a otros maestros cuyos talleres eran el esbozo de lo captado en las calles, en los paisajes, en los aposentos, en los ojos de los mismos personajes que deseaban hacer perdurar en la tela, nunca esas imágenes de pintores eran lo primero a proyectar. Como autodidacta que es decide hacer caso a sus propios pensamientos, mayor razón para otorgar carta de naturaleza definitiva al juego de pinceles que todavía sigue en la maleta de madera junto al resto de útiles de pintura.
Se dirige hacia un rincón donde los baúles conservan el secreto de los colores que más tarde irán a parar a la tela sobre el caballete, logra poner en marcha el vínculo entre los utensilios y la intención, da igual la hora que es, el ruido acucia demasiado y es hora del silencio absoluto.
Se acuerda que polvo es
Se acuerda que polvo es y que al polvo volverá, así lo lee todas las mañanas en el inexistente cuadro de mala imitación de letra gótica que seguramente habrá adquirido su dueño en algún rastrillo o le habrá sido regalado por alguien a cambio de algún favor. Todos los días lo piensa mientras también lo retira en el cumplimiento de sus funciones con la balleta de cada uno de los muebles a la vez que lo mira sentado en el sofá con la mirada perdida, así un día y otro. Tantos años ya transcurridos de alegría, de alboroto, de correteo por los pasillos, de que le derramaran el cubo de agua o de que le escondieran la escoba, ahora sigue sentado en el sofá sin hablar. Todo se ha transformado en el más completo de los silencios, hace años incluso que no suena la absurda campana que adorna el tejado de esa especie de capilla contigua a la vivienda, sólo su automatizada nómina daba fe de su rutinaria actuación diaria. Se pregunta muchos días al verlo sin hablarse si escucharía el circular de los tranvías a pesar de la lejanía de las vías, seguro que no, aún así y sin moverse de su asiento su canoso flequillo se movía ligeramente por la corriente que entraba por la ventana al escucharse la circulación de éstos. Cuando limpia los cristales traseros observa la explanada y el patio adyacente donde los habituales visitantes parecen guardar más silencio del que ya de por sí se veían obligados a guardar.
Dentro del salón la permanente aroma a sudor de pies por el cerrado ambiente no le servía para venir un día y otro sin descanso a hacerle las camas que nunca se encontraban desechas, ni lavarle la ropa que nunca se le ensuciaba o limpiarle la cocina en la que por lógica nunca se utilizaba ningún cacharro.
Sólo respiraba aroma natural cuando tras la conclusión de su jornada y abandonando la vivienda la brisa de media tarde le purificaba el correspondiente sentido gracias a ese agradable perfume a ciprés.
Dentro del salón la permanente aroma a sudor de pies por el cerrado ambiente no le servía para venir un día y otro sin descanso a hacerle las camas que nunca se encontraban desechas, ni lavarle la ropa que nunca se le ensuciaba o limpiarle la cocina en la que por lógica nunca se utilizaba ningún cacharro.
Sólo respiraba aroma natural cuando tras la conclusión de su jornada y abandonando la vivienda la brisa de media tarde le purificaba el correspondiente sentido gracias a ese agradable perfume a ciprés.
El verbo dimitir
El verbo dimitir no existe, y con eso conllevamos todos el no ocurre nada, en otros casos se buscan salidas a la carta, en otros se coloca el máximo mandatario en atmósfera cero como esperando que deje de llover cuando antes tendrá sin tambalearse que soportar una auténtica granizada, intentarán incluso eliminar a una legión de grafólogos si hace falta. Igualmente seguiremos creyendo en la Política; ¿será porque la vinculo a una actitud ética digna?, ¿será porque intento dibujarla en forma paralela a la Utopía?; emulando aquella frase de James Joyce sobre el amor también yo digo: “cuando oigo la palabra servicio me dan ganas de vomitar; y mira que la hemos escuchado desde el rey al personajillo más mediocre de la corte; esos no sirven, más bien se sirven de”; esa clase de gente vive en función de hacer negocios particulares o de medrar, que es una forma aparentemente inocua de hacer negocio; resultado, que esa gente que se cree esa clase ungida no practica la política, sino el chanchullo, ellos no son nosotros. Puedo decir que gracias a la gente sencilla que conozco y que los veo cada día por las calles de mi ciudad, en agrupaciones, en las redes sociales, personas comprometidas, algunos anónimos y otras no tanto, gracias a ellos no pierdo el norte y me dan esperanzas. A partir de ahí pensando en los primeros tampoco generalizo mi hastío en decir que todos son iguales, son situaciones concretas y hechos (previamente supuestos) también concretos. Se me antoja recuperar la lectura de Platón y de Aristóteles, tal vez la belleza literaria y utópica me ayuden a pasar la travesía del desierto en que estamos inmersos. No aporto nada nuevo escribiendo esto a las tantas de la madrugada del viernes al sábado, ya lo sé, muchos se reirán incluso; ni siquiera en dosis de indignación, qué le voy a a hacer; hoy de azul esperanza (nunca supe por qué demonios ridículos había que reservar el verde para ese tibio concepto) solo queda la letra, para una menudencia de lucha o protesta y ya es bastante.
Lo ve otro día
Lo ve otro día más al empezar como siempre a limpiar por el salón,el día empieza como todos a avanzar sin ruidos, hay otros que al verlo al llegar no sabe si es ánima o materia, es cuando siente algo de miedo al verlo a pesar de que ni habla ni se mueve, se imagina incluso alrededor de él otros seres desconocidos que pasaron por la casa que no se conocieron entre ellos, que nunca se vieron, pero que cree que se mueven entre ella durante las horas de la jornada, cree que desde que permanece sentado en el sillón sin moverse ha colocado esa irrespirabilidad en torno al silencio de la vivienda, desecha esta imaginación en forma de pesadilla tranquilizándose al verlo sentado sin perturbarse, tan en silencio como la nieve de fuera que empieza a derretirse, recuerda con tristeza los años en que se animaba más la atmósfera gracias al vicario que subía todas las mañanas a impartir misa a la capilla contigua a esas cuatro abuelas vestidas de luto.
Al empezar de nuevo la jornada de limpieza no sabe qué coger del pasado, siempre es lo mismo, ahí sigue sentado en silencio y sin decirle adiós cuando termine el día, sabía que aunque impasible y sin moverse de su sillón había dejado escrito algo que prolongaba esa atmósfera en la distancia, los vecinos tampoco se escuchaban al estar lejos las primeras casas, dejó de tomar su anfitrión las sopas con leche en ese tazón tan suyo de loza rústica que ahora descansa como él en esa estantería de la vitrina de cristal, recuerda cuando dejó de reclamar que en la habitación entrara más iluminación desde todos los lados posibles, en otro tiempo él mismo hubiese colocado el caballete en una zona donde la luz le guíe los trazos a dibujar sin que ninguna sombra le interrumpa, ni siquiera las de esos altos cipreses que aún hoy siguen ahí. Los cuadros que trajo de otra vivienda menos lúgubre los colocó de forma dispersa, otros no llegó ni a colgarlos, los dejó en el suelo apoyados en las pared, ahora su mirada sin moverse los contempla sin poder ni abrir la boca. Mientras va avanzando el día realizando sus funciones de limpieza y acondicionamiento sabe que aunque siga día tras día sin moverse de su sillón su actividad sigue siendo observar y comparar, ambas cosas son las herramientas más elementales de la actividad que realiza sin moverse del sitio, luego vendrá el valorar los volúmenes y la ubicación de los objetos, la consideración del vacío si cabe. Tanto actividad desde lo inerte la irrita y cree cuando pasa la mopa por el mueble bar que sería una buena solución para hacer más llevadera su estancia que ponerse a hablar sola consigo misma y sin que nadie la escuche, él seguirá ahí tan ensimismado que ni la escuchará, también una buena opción sería canturrear, está segura que ni pestañeará. Las ventanas por las que entra tanta luz sin que él la perciba se le asemejan fichas de dominó que se moverían entre sus inertes pinceles, sabe mientras se va quitando la bata de limpieza y vestirse para volver a su casa de que en ese estado todavía es capaz de producir miedo, quizás terror incluso a pesar de la lejanía del pasado los que habitaban esa época y que en el presente permanecen ocultos en ignorado paradero.
Al empezar de nuevo la jornada de limpieza no sabe qué coger del pasado, siempre es lo mismo, ahí sigue sentado en silencio y sin decirle adiós cuando termine el día, sabía que aunque impasible y sin moverse de su sillón había dejado escrito algo que prolongaba esa atmósfera en la distancia, los vecinos tampoco se escuchaban al estar lejos las primeras casas, dejó de tomar su anfitrión las sopas con leche en ese tazón tan suyo de loza rústica que ahora descansa como él en esa estantería de la vitrina de cristal, recuerda cuando dejó de reclamar que en la habitación entrara más iluminación desde todos los lados posibles, en otro tiempo él mismo hubiese colocado el caballete en una zona donde la luz le guíe los trazos a dibujar sin que ninguna sombra le interrumpa, ni siquiera las de esos altos cipreses que aún hoy siguen ahí. Los cuadros que trajo de otra vivienda menos lúgubre los colocó de forma dispersa, otros no llegó ni a colgarlos, los dejó en el suelo apoyados en las pared, ahora su mirada sin moverse los contempla sin poder ni abrir la boca. Mientras va avanzando el día realizando sus funciones de limpieza y acondicionamiento sabe que aunque siga día tras día sin moverse de su sillón su actividad sigue siendo observar y comparar, ambas cosas son las herramientas más elementales de la actividad que realiza sin moverse del sitio, luego vendrá el valorar los volúmenes y la ubicación de los objetos, la consideración del vacío si cabe. Tanto actividad desde lo inerte la irrita y cree cuando pasa la mopa por el mueble bar que sería una buena solución para hacer más llevadera su estancia que ponerse a hablar sola consigo misma y sin que nadie la escuche, él seguirá ahí tan ensimismado que ni la escuchará, también una buena opción sería canturrear, está segura que ni pestañeará. Las ventanas por las que entra tanta luz sin que él la perciba se le asemejan fichas de dominó que se moverían entre sus inertes pinceles, sabe mientras se va quitando la bata de limpieza y vestirse para volver a su casa de que en ese estado todavía es capaz de producir miedo, quizás terror incluso a pesar de la lejanía del pasado los que habitaban esa época y que en el presente permanecen ocultos en ignorado paradero.
Cuando contemplo
Cuando contemplo por última vez tu foto tomando café me doy cuenta de que nunca estuviste en esa cafetería y que yo igualmente jamás estuve, y que ni siquiera existe la foto que tengo entre mis manos.
Terminada la pena
Terminada la pena se cierra la puerta del teatro, al concluir ésta no se abre la puerta del museo, tampoco se abren los libros que dormirán en los cajones para que sus páginas no sean hojeadas. La propia laboriosidad cotidiana de las verdades ajenas simbolizadas mediante una balanza te hace huir de esas elaboradas situaciones de que hoy esto es negro, mañana gris y dentro de una semana de color amarillo, esa balanza te hace ver la vida de otra manera, de otro color, pero ese color es siempre el mismo. Es como vivir observando sin comulgar con lo convencional, como si no se atreviesen luego a delegar en exceso sobre los bienes de uso, de los que intuyen que envejecen en paralelo a ellos mismos. Al final sus habitantes, los que vieron y los que no, los cuadros y los escenarios, ninguno quiere envejecer, sólo dimensionar y ampliar el espacio interior de sí mismos. Cuando se termine la pena la puerta del despertar se abrirá a ellos, seguro que a todos, el día les brindará su inmensa apoteosis.
Es un juego
Es un juego, cuando pone el cebo en el cepo o trampa empieza a jugar contemplando su forma en ese cristal lanzando al resto la realidad misma que se presenta ante él. Es como reafirmarse ante el mismo, el espejo es un objeto inventado o descubierto para la cuestión, la necesidad de contemplarnos y hacernos dudar de nosotros mismos, cuando ante nuestros semejantes lo utilizamos para consolidarnos en algo. El reflejo nuestro se transforma en forma de juego, y luego el juego es una forma de pretexto, pero también es lo que te hace atravesar puertas que fueron previamente selladas iluminando los puntos más oscuros. El juego es una iniciación, una prueba, un desafío, por lejos que esté intentaré que pise el cepo que le coloque en la distancia.
Esa es la verdadera máscara, su auténtico divertimento, todavía se percibe algún eco lejano, como si este terreno no fuese nuestro y le perteneciera. Hay quien cree que la máscara proviene de los tiempos del nacimiento de la humanidad, cuando la magia primitiva potenciaba un mundo simbólico y protector ¿Pero la humanidad nació alguna vez? ¿De dónde viene ese significado dudoso sobre nuestros orígenes y del combatir por la vida más esforzada y en las condiciones más difíciles? La falsa ética de nuestros tiempos pretende que estos son un tesoro de madurez cuando cada día tenemos mil y un ejemplos de situaciones insensatas y viajando por la brutalidad y la destrucción. Por eso ante un espejo no nos vemos a nosotros mismos, vemos una máscara más que nos traslada hacia otra, y al final fallan todas, no cubren lo que realmente somos, como si se hubiesen quedado incluso obsoletas. Queda el recurso de ponernos trampas los unos a los otros, es el juego, no hay otra, nunca aprendimos a conjurar, ni a exorcizar, ni tampoco a purificar.
Esa es la verdadera máscara, su auténtico divertimento, todavía se percibe algún eco lejano, como si este terreno no fuese nuestro y le perteneciera. Hay quien cree que la máscara proviene de los tiempos del nacimiento de la humanidad, cuando la magia primitiva potenciaba un mundo simbólico y protector ¿Pero la humanidad nació alguna vez? ¿De dónde viene ese significado dudoso sobre nuestros orígenes y del combatir por la vida más esforzada y en las condiciones más difíciles? La falsa ética de nuestros tiempos pretende que estos son un tesoro de madurez cuando cada día tenemos mil y un ejemplos de situaciones insensatas y viajando por la brutalidad y la destrucción. Por eso ante un espejo no nos vemos a nosotros mismos, vemos una máscara más que nos traslada hacia otra, y al final fallan todas, no cubren lo que realmente somos, como si se hubiesen quedado incluso obsoletas. Queda el recurso de ponernos trampas los unos a los otros, es el juego, no hay otra, nunca aprendimos a conjurar, ni a exorcizar, ni tampoco a purificar.
Estaban sus detalles
Estaban sus detalles y bordes mellados, algunos trozos rodeaban su parte entera, otras señales manifestaban un cierto deterioro, todo había sido producto del efecto de la caída desde una considerable altura. En el momento que empiezo a elucubrar sobre las causas de tanto desplome junto tengo que caminar con cuidado para que ningún trozo punzante de madera, tela o incluso cristal atraviese la suela de mis zapatos y me lastime. Había llegado esa tarde al museo y me lo encontré vacío con todos los cuadros e imágenes de mármol por el suelo, la puerta estaba abierta sin ningún tipo de vigilancia.
A base de pensar y darle vueltas visuales al destrozo pienso en una posible sublevación del mármol contra los símbolos a costa de abonar o canjear todo con el sacrificio de su propia texturización, de las pinturas revolviéndose contra su propio pincel, como si no representasen aquello que quería expresar el pintor. Quizás algo salió mal entre la base que sostenía cada una de las enormes esfigies de gran solidez y apariencia permanente, también pensé en la salinidad acuosa que hubiese producido por efectos de la limpieza algún desgaste en la cimentación de las altivas obras, todo sin minimizar el posible efecto erosivo de todo tipo de huracanes que entrasen en las salas del museo cuando dejasen las ventanas abiertas en el momento del zafarrancho. Sospeché que algunos desgastes fueron demasiado rápido, estoy seguro que si cae la estética la materialización de una obra queda ya sentenciada y con ella su verdadero significado.
Llegó un momento del ya de por sí mal rato que hasta sentí miedo, las imágenes que dominaban en la sala principal percibí de un simple vistazo que fueron dañadas de forma expresa por algunos de los propios adoradores que le rendían culto y fidelidad, una situación plena de ingratitud dentro de su mismo caos.
Al final era todo posible, con mis propios yemas de los dedos las toqué, las palpe, las olí e incluso con los labios y punta de la lengua saboreé su textura tanto del mármol como del óleo no exento del polvo del destrozo, me di cuenta que todas estas estatuas y pinturas no eran de este tiempo.
A base de pensar y darle vueltas visuales al destrozo pienso en una posible sublevación del mármol contra los símbolos a costa de abonar o canjear todo con el sacrificio de su propia texturización, de las pinturas revolviéndose contra su propio pincel, como si no representasen aquello que quería expresar el pintor. Quizás algo salió mal entre la base que sostenía cada una de las enormes esfigies de gran solidez y apariencia permanente, también pensé en la salinidad acuosa que hubiese producido por efectos de la limpieza algún desgaste en la cimentación de las altivas obras, todo sin minimizar el posible efecto erosivo de todo tipo de huracanes que entrasen en las salas del museo cuando dejasen las ventanas abiertas en el momento del zafarrancho. Sospeché que algunos desgastes fueron demasiado rápido, estoy seguro que si cae la estética la materialización de una obra queda ya sentenciada y con ella su verdadero significado.
Llegó un momento del ya de por sí mal rato que hasta sentí miedo, las imágenes que dominaban en la sala principal percibí de un simple vistazo que fueron dañadas de forma expresa por algunos de los propios adoradores que le rendían culto y fidelidad, una situación plena de ingratitud dentro de su mismo caos.
Al final era todo posible, con mis propios yemas de los dedos las toqué, las palpe, las olí e incluso con los labios y punta de la lengua saboreé su textura tanto del mármol como del óleo no exento del polvo del destrozo, me di cuenta que todas estas estatuas y pinturas no eran de este tiempo.
Es como no querer saber nada
Es como no querer saber nada de historias de fantasmas, no ser tampoco el invisible fantasma de nadie a pesar de lo blanco de su vestimenta. Desde la ventana contempla a los turistas por la calle, pensaba que el desplazamiento desde el otro lado de la ría en el ferry les había generado algún malestar que requiriese su consulta, aunque a estas alturas el diagnóstico seguramente hubiese resultado equivocado, lo mejor es que al parecer tuvieron que tener algún síntoma de repentina mejoría que no hizo ya falta que subieran a la consulta. Cerro con llave tras quitarse la bata sustituida por un buen pertrecho de abrigo, cogió la acera en el sentido contrario a la de los ancianos. La niebla lo hizo desaparecer esta vez sí del todo en esa misma calle con vistas a la ría, una ría que por haber tantas por esa zona geográfica nunca llegó a saber su nombre.
Bajas hacia el puerto
Bajas hacia el puerto, hay poca cola en la taquilla en la que estás dispuesta a sacar el pasaje, no quieres encontrarte aquí durante el período inmediato en que te van a acoger las sombras de la conciencia, recuerdas todavía su voz que parecía salir del lado oscuro, entregaste hace un rato las llaves a unos de los porteros más fieles del museo, el mismo que abrirá la puerta sólo a los misteriosos viajeros de paso por esos abruptos parajes de acantilados que anhelas recorrer cuanto antes, sacar un viaje en el ferry y cruzar cuanto antes la ría con el resto de turistas, ahí tienes esa amiga del silencio justo al otro lado, la que te prometió aquellas palabras que ya no quieres oír, buscar las dos un borrón y cuenta nueva, callar de forma mutua en vuestro encuentro, haceros sólo una foto que luego colgarás en el taller del artista.
Igualmente no puedes evitar lanzar un guiño a alguna de las recónditas memorias que le cuestan alejarse, sabes que hasta que no cruces la ría no vaciarás el contenido de tu mente con esa opacidad de tantos quehaceres a los que te has obligado, esa retahíla de circunstancias que te distrae y no te deja concentrar. Adviertes como si debajo de ti hubiese unos raíles moviéndose bajo tus pies, con el traqueteo cada vez más fuerte como si quisiera poseerte, tu mente para sosegarse se imagina transformar los pensamientos en un tren nocturno que te la desposee haciéndola desmadrar hasta pensar en conocer nuevos lugares y otras vidas que todavía permanecen en las tinieblas. Deseas que tu itinerario se desenvuelva en unas dimensiones imposibles de identificar y de las que ignoras si realizarás el viaje de regreso. Aún así aunque todavía esperas su llamada que ya no sirve para nada, sabes que siempre la tuviste presente, mejor vuestro encuentro hoy antes que ayer.
Igualmente no puedes evitar lanzar un guiño a alguna de las recónditas memorias que le cuestan alejarse, sabes que hasta que no cruces la ría no vaciarás el contenido de tu mente con esa opacidad de tantos quehaceres a los que te has obligado, esa retahíla de circunstancias que te distrae y no te deja concentrar. Adviertes como si debajo de ti hubiese unos raíles moviéndose bajo tus pies, con el traqueteo cada vez más fuerte como si quisiera poseerte, tu mente para sosegarse se imagina transformar los pensamientos en un tren nocturno que te la desposee haciéndola desmadrar hasta pensar en conocer nuevos lugares y otras vidas que todavía permanecen en las tinieblas. Deseas que tu itinerario se desenvuelva en unas dimensiones imposibles de identificar y de las que ignoras si realizarás el viaje de regreso. Aún así aunque todavía esperas su llamada que ya no sirve para nada, sabes que siempre la tuviste presente, mejor vuestro encuentro hoy antes que ayer.
La otra noche soñó que estaba muerta
La otra noche soñó que estaba muerta, pero no el que se hubiese producido o reviviese su propio óbito, no, era sencillamente que la gente comentaba entre unos y otros que había dejado de vivir, que ya no existía, pero tampoco se lo decían a ella, no le decían nada, pero sólo el hecho de comentarlo en la calle, en los despachos, en los cafés, en el ferry que cruzaba la ría, en la cooperativa del pan, en cualquier lugar….. sólo con eso ya era una verdad impuesta, todo sin percatarse la protagonista dentro de su sueño del grado de ficción de su vivenciada nueva situación. El vigilante del museo la miraba como si no la conociese, también su mejor amiga pintora con la que tantas veces había posado para ella y su marido en el taller, hasta el administrador del museo la contemplaba y se le ofrecía como a una desconocida turista de tantas y no como a quien realmente era.
A partir de ese momento ya hablaban de ella como si no existiese de verdad, y el hecho de que su presencia física ante el resto no fuese reconocida le llenaba de mayor dolor todavía, tanto que creía en su sueño que se iba a morir de verdad, y mira que intentaba a voces y con señas mostrar su presencia y hacerse valer, que era la misma de todos los días, la misma de siempre. Al final nadie conseguía identificarla, en el peor de los casos si tenían que hablar sin más remedio con ella lo hacían como si fuese otra persona distinta como una ciudadana anónima o alguien que ha venido de visita a la ciudad. Llegó a la conclusión de que las palabras de otros o de terceros podían adquirir una dimensión inimaginable, de ahí para atrás nunca había sido consciente de hasta qué punto eran capaces de sobreponerse a la dimensión de sus vidas.
Cuando ya lo daba todo por perdido apareció alguien que sí pareció reconocerla y que incluso le ofrecía su mano, reconoció en ese rostro sonriente alguien que hacía algún tiempo había muerto de verdad, sintió un gran alivio y los pulmones se le llenaron de oxígeno, por primera vez y como de sorpresa dentro de su sueño se dio cuenta de que empezaba ahora a vivir de verdad.
A partir de ese momento ya hablaban de ella como si no existiese de verdad, y el hecho de que su presencia física ante el resto no fuese reconocida le llenaba de mayor dolor todavía, tanto que creía en su sueño que se iba a morir de verdad, y mira que intentaba a voces y con señas mostrar su presencia y hacerse valer, que era la misma de todos los días, la misma de siempre. Al final nadie conseguía identificarla, en el peor de los casos si tenían que hablar sin más remedio con ella lo hacían como si fuese otra persona distinta como una ciudadana anónima o alguien que ha venido de visita a la ciudad. Llegó a la conclusión de que las palabras de otros o de terceros podían adquirir una dimensión inimaginable, de ahí para atrás nunca había sido consciente de hasta qué punto eran capaces de sobreponerse a la dimensión de sus vidas.
Cuando ya lo daba todo por perdido apareció alguien que sí pareció reconocerla y que incluso le ofrecía su mano, reconoció en ese rostro sonriente alguien que hacía algún tiempo había muerto de verdad, sintió un gran alivio y los pulmones se le llenaron de oxígeno, por primera vez y como de sorpresa dentro de su sueño se dio cuenta de que empezaba ahora a vivir de verdad.
Me contaba que fantaseaba
Me contaba que fantaseaba con el cosmopolitismo que generaba la reunión de todo aquel grupo reconocido que vivía bien o, mejor dicho, que aparentaba vivir bien o en el peor de los caso decían al resto que vivían bien. No se trataba de vecinos dedicados a la ostentación, sino de los ambiciosos sin escrúpulos, de los buscavidas, de la clientela del gobierno, incluso de los ociosos que se ofrecían para cualquier cosa al mejor postor, y cuya actividad les permitía una disposición del tiempo y una presunción de hábitos de vida que a otros les estaba vedado. De la misma manera que las aguas del río se deslizaban silenciosas pero avasalladoras buscando el sur, todo aquel encuentro de intereses, lenguas y objetivos más o menos velados confluía en una ligera algarabía, en una muestra de aproximaciones y fraternidades gozosas a fin de emular los comportamientos occidentales. Daba que sus conveniencias residiesen en estado de enfrentamiento; aquel espacio nocturno de expansión jugaba el doble papel de recreo y de negocio cerrado, de tanteo y de transmisión de informaciones, de contactos y de decisiones avanzadas. Unos y otros se escuchaban y criticaban las mismas actitudes que habitualmente respaldaban. A veces parecía el mundo al revés, un mundo invertido. Qué había de debate sincero o de condescendencia en orden a una finalidad superior nunca lo supe. Mis ojos de niño detectaban pero no traducían y mucho menos interpretaban.
Supo que ese matrimonio
Supo que ese matrimonio había ido buscado la mano del pintor, o quizás también la maleta y herramientas del escultor, sin despertarse y desde su inanidad los ve ahora marchar desde la ventana en dirección también al puerto seguramente a coger el último ferry de la tarde que es el que suele trasladar a los turistas al otro lado de la ría. Aún así había sido un sueño, después de posar para el artista se había dormido en el sofá del taller, ahora se despierta, sabe que lo soñado es difícil recordarlo, aún así creyó que eran una pareja de ancianos turistas los protagonistas del mismo, ella cotilleando con los vecinos del barrio y él cámara en mano inmortalizando cada momento que se le presentaba. Se habían acercado al museo, visitaron la sala principal así como dos adyacentes con obras de menor importancia, seguramente nunca sepa el por qué pero no le dio importancia a que en esa visita ninguno de los dos fotografiaba los cuadros, todo a pesar de la relevancia de las obras pictóricas que colgaban en las tres salas y de las reconocidas cualidades de sus pintores amén de la respectiva fama. Se fijó detenidamente sin preguntarse nada en que la pareja de ancianos se dedicaba a retratar a otros turistas como ellos, también al personal a cargo del museo incluido el propio guardia de seguridad, logró saber también que se habían interesado por saber el lugar del paisaje pintado de cada uno de los cuadros con la intención de acudir luego a fotografiarlos, o en su caso de la identidad de la persona que había posado para el encargado de esa obra artística para hacer lo mismo, y todo sin detenerse practicamente ni un segundo en la contemplación de cada cuadro.
Logró ya despierta hablar por teléfono con los del museo, nadie ya los recuerda, y nadie los vio por el barrio, tampoco se tiene conocimiento de verlos por el puerto antes de subir y partir en el ferry, en el propio museo sólo alguno cree recordarlos de forma difusa, ¡vienen tantos turistas a diario que cualquiera se acuerda! Al parecer en esa visita turística no querían saber nada de la visión de lo plasmado en los cuadros, su afición artística iba mucho más lejos, hacia algo más profundo y palpable sin saber nadie qué.
Logró ya despierta hablar por teléfono con los del museo, nadie ya los recuerda, y nadie los vio por el barrio, tampoco se tiene conocimiento de verlos por el puerto antes de subir y partir en el ferry, en el propio museo sólo alguno cree recordarlos de forma difusa, ¡vienen tantos turistas a diario que cualquiera se acuerda! Al parecer en esa visita turística no querían saber nada de la visión de lo plasmado en los cuadros, su afición artística iba mucho más lejos, hacia algo más profundo y palpable sin saber nadie qué.
Cree estar en el taller del artista
Cree estar en el taller del artista, siente como si la desalzaran de un objeto en forma de cruz, como si unas cortas manos la empujaran a descender, a continuación percibe sin ver el rostro el contacto húmedo y cálido de unos labios sobre su cuello, siente también que tiene que ponerse algo, cubrir alguna zona que permanece demasiado al aire, le entra miedo y angustia de haber podido ser objeto de blasfemia, ignora si tiene algo pendiente y con quién, el desconocido no puede ser, quiere correr hacia el espejo para exhibirse a la vez de cuestionar en voz alta las locuras de los hombres.
Ahora que el ferry ha partido piensa en el escultor, ¿o es pintor?, no lo sabe seguro, siempre supo que nunca tuvo que oponerse a sus divagaciones y sus búsquedas, sólo dejase llevar y dejarse hacer, trasladar su cuerpo al arte, piensa que nunca la creación será a gusto de todos y menos para los propios colegas del desconocido. Le desazona al ver las estanterías a través de ese espejo donde vuelve a hacerse la coleta esas figuras de madera, sabe que ahí él se ha superado al tallarlas hasta darles la forma adecuada, sabe que con su trabajo ha sobrepasado el manido tratamiento académico otorgándoles su propia sangre y personalidad, los ha llenado de luz generando una adecuada temporalidad, promoviendo una categoría escénica donde no existe costumbrismo sino más bien ampliación y conquista del vacío, contrastando la tonalidad sobredimensionando y proyectando esas figuras, le produce una angustia espantosa que esas situaciones inviolables lleguen a estar categorizadas como actos injuriosos, por otro lado le entra pleno sosiego al saber que no ha sido presentada a nadie.
Ahora que el ferry ha partido piensa en el escultor, ¿o es pintor?, no lo sabe seguro, siempre supo que nunca tuvo que oponerse a sus divagaciones y sus búsquedas, sólo dejase llevar y dejarse hacer, trasladar su cuerpo al arte, piensa que nunca la creación será a gusto de todos y menos para los propios colegas del desconocido. Le desazona al ver las estanterías a través de ese espejo donde vuelve a hacerse la coleta esas figuras de madera, sabe que ahí él se ha superado al tallarlas hasta darles la forma adecuada, sabe que con su trabajo ha sobrepasado el manido tratamiento académico otorgándoles su propia sangre y personalidad, los ha llenado de luz generando una adecuada temporalidad, promoviendo una categoría escénica donde no existe costumbrismo sino más bien ampliación y conquista del vacío, contrastando la tonalidad sobredimensionando y proyectando esas figuras, le produce una angustia espantosa que esas situaciones inviolables lleguen a estar categorizadas como actos injuriosos, por otro lado le entra pleno sosiego al saber que no ha sido presentada a nadie.
Tras despedir al pintor
Tras despedir al pintor que esta tarde estuvo de buen talante se quita la goma que suelta su rubia melena, sabe que amar a los artistas es toda una odiseea por la insensatez. A lo lejos y dando el primer sorbo a la taza la divisa cruzando la ría en ferry desde la cristalera del café, sabe que la dio a conocer al resto marchándose la otra sin que la presentara con recíproca cortesía, pero no buscándolo en lo narrado o cantado en forma lírica ante el auditorio, sino a su recuerdo detenido en el tiempo y que siempre permanece, nada existe más inútil que la búsqueda de la combinación entre la atracción y el desdén. Se olvida de los cumplidos de atento saludo que se materializó en el tiempo mientras el barco cada vez lo ve más lejos, presiente que en cualquier momento pueda alterarse el rumbo por los vientos propios del arte de navegar y aunque no todos son Ulises a los hombres es sencillo manejarlos entre los escollos, acantilados o tormentas perfectas, sabe por otro lado que el teatro salvaguarda a sus viejos actores y actrices no dejándolos caer en el olvido, aunque todos pertenezcan al recuerdo y a su vez lean esa última página del libreto donde ya ni aparecen, al fin y al cabo todo es digno de ser representado, se consuela pensando cuando la línea del horizonte se traga el ferry que desde Platón todo ha funcionado así.
No se siente feliz
No se siente feliz, analizar fotografías con imágenes sufrientes con sus pautas elegidas le resulta incómodo, también le resulta algo lóbrego ese visillo que acaba de colocar en la ventana y que por estar esta abierta se agita con menos lentitud de lo que esperase, demasiada rigidez y más opacidad de la que deseara. Ha transformado su estado comportamental en un estética que le aprisiona, como el dibujo es ese y no otro se pregunta si en realidad es así su vida, prefiere permanecer en soledad con sus pensamientos aunque también se debata entre el azar de las nuevas experiencias que han devuelto todo a su vida anterior. No puede dejar de mirar la cortina que se agita y que sabe que esconde algo más allá, le produce confusión esa pantalla ocultadora pero entra en estado de hipnotismo por su admirable blancura. Sus propias metáforas le hacen sentir como prisionera de ellas.
La oscuridad y el silencio ahí siguen
La oscuridad y el silencio ahí siguen, ignoro si volvemos al origen o vamos a viajar por un tránsito sin nada nuevo en el horizonte, había que esperar acontecimientos sin adelantarlos, quizás se trate de una renovación sin descartar una disolución, aún así y para el que no lo sepa la sombra se abre y se cierra sobre sí misma, está ahí sin haberse perdido el miedo. Confiar en estas pocas horas, el tiempo es eso, la nadería, lo inconsistente y lo no probable. Al hombre le toca sufrir en muchas ocasiones y sin buscarlo la realidad hecha carne y la probabilidad convertida en incertidumbre. Apariciones, sucesos, fluctuaciones, ahogos. Los griegos hablaban de que cuando llegan los acontecimientos a determinado nivel es necesaria la catarsis, retornar al proceso, reencarnar la secuencia del orden armónico, calcular un posible reinicio, quizás también eliminar lo extraño y lo que sobra para intentarlo todo de nuevo o en otro caso escapar de un anticipado desarraigo. La oscuridad y el silencio siguen ahí como dije al principio, quizás no exista luz más allá de la nada, o tal vez nos toque atravesar el espejo del agua.
Apareces hoy de forma inesperada
Apareces hoy de forma inesperada, te recuerdo como aquella viajera sin yo conocer por entonces de tu condición de pasajera del tranvía que debía impedir que subiera a ese tranvía que me llevara hasta Amurjo y que no faltabas a tu cita en la estación cada mañana. Tu gesto parece querer decirme que me presentas la correspondiente factura detallada por tu interpretación, yo no fui quien te contraté y ni tú misma sepas quién lo hizo, seguramente lo haría una invisible voz en off. Me acostumbré a tu presencia, nunca me importó tu compañía mañanera con la lectura de Diario Jaén saboreando tu café solo, todo durante días, semanas y meses, la misma representación en el escenario sin yo saber si era ensayada o no, todo con tu serenidad y calma que exhibías acorazándote de una cierta íntima luctuosidad. Después cuando nos conocimos fuera de la estación del tranvía no llegué a entender tu hábito de negar tus visitas cada mañana a la estación del tranvía y de no admitir que alguna vez me habías visto tomar café a tu lado, decías no conocerme, todo a pesar de que sigo viendo y escuchando tu actuación en algún que otro capítulo del teatro en diferido donde apareces en esa cafetería junto a los andenes una y otra vez, un día y otro y una semana y otra. Ahora tu inesperada presencia ya fuera de la ficción quiere hacer un poco de ruido, como si éste viniese bien para desviar lo que no se quiere afrontar por una parte ni entender por la otra, a estas alturas debería haber sabido que no podía obtener sino esas horas de sorpresa, no me parecería poco y más cuando en la cafetería uno de nosotros vivía en la realidad y el otro en lo ficticio, todo un ambiente de tinieblas desde la calma hasta el desasosiego.
Con la incertidumbre si la función concluye de una vez por todas, todo forma parte ya del teatro inédito y oculto, el que no debe volver a representarse, hay que empezar en estos próximos días a cerrar y guardar el libreto que deseo no tenga que volver a abrirse. Ahora me miras a pocos metros desde tu propia lejanía, no sólo del tiempo que ya parece pasado y muerto, pienso como muchos que la representación de esta obra ha estado excesivo tiempo programada en el Teatro de la Rúa, el telón ha estado subido durante demasiados meses ya convertidos en años, tenía que haberse retirado antes de la cartelera, el cartel de la función debía haberse arrojado muchos antes a lo más profundo de lo infiernos, y sin tener que volver a escuchar a discípulos y apóstoles que silenciaban y decían desconocer las mismas epifanías que su mesías conocía al dedillo, como si tuviese una actriz protagonista de excepción sacada como un conejo de la chistera que conocía cada una de las representaciones en el teatro de la Rúa, alguna otra más que las últimas actrices desconocían y que con su declamación lograra incluso su propia liberación.
Con la incertidumbre si la función concluye de una vez por todas, todo forma parte ya del teatro inédito y oculto, el que no debe volver a representarse, hay que empezar en estos próximos días a cerrar y guardar el libreto que deseo no tenga que volver a abrirse. Ahora me miras a pocos metros desde tu propia lejanía, no sólo del tiempo que ya parece pasado y muerto, pienso como muchos que la representación de esta obra ha estado excesivo tiempo programada en el Teatro de la Rúa, el telón ha estado subido durante demasiados meses ya convertidos en años, tenía que haberse retirado antes de la cartelera, el cartel de la función debía haberse arrojado muchos antes a lo más profundo de lo infiernos, y sin tener que volver a escuchar a discípulos y apóstoles que silenciaban y decían desconocer las mismas epifanías que su mesías conocía al dedillo, como si tuviese una actriz protagonista de excepción sacada como un conejo de la chistera que conocía cada una de las representaciones en el teatro de la Rúa, alguna otra más que las últimas actrices desconocían y que con su declamación lograra incluso su propia liberación.
Se suspenden los acontecimientos
Se suspenden los acontecimientos empezándose a bajar el telón sin bajarse del todo cuando la profecía me da la espalda el frío día de iconos y banderolas, se gira huyéndome de la foto, sólo consigo sacar a alguno de su corrillo ajeno a las circunstancias, la próxima nos la tenemos que hacer juntos. La pasajera del tranvía durante tantos días de aquellos meses viéndonos en la estación aparece de la nada, como si quisiese ser protagonista otra vez de algo, hacerse visible de nuevo buscando quizás un diferente protagonismo de las viejas escenas iniciáticas, un protagonismo más de protesta, como preguntándome a mí que ni la conocía de nada ni fui el que la coloqué en el guión que qué hay de lo suyo.
El frío hace esa mañana de elemento igualador sobre la aparente escenificación de la ética y de las convicciones, también el de llevarlas de forma efectiva a cabo, el aire gélido cae sobre los presentes y sobre los que siendo vistos es como si no estuvieran repitiéndose todo como un esquema de palabras ya dichas, se tiene que hacer visible ante el resto aunque sólo sea a uno al que tenga que darle la espalda, siempre me dijeron que era un compañero muy de “teatro” y que se podía confiar en él. Unas veces apoya las circunstancias y otra aunque toque reivindicar las escenas en directo a pie de calle le obligan a ocultarse el rostro, no es fácil ante algunas presencias sobrellevar la aparente realidad estética, se ofrecen a los espectadores a pie de calle símbolos que en ocasiones no se aprecian, inimaginable el hecho de que al ir ya bajándose progresivamente el telón y empezar a acabar de una vez con esta obra todos deseen que se le dé a la misma el cierre definitivo, que los tranvías se queden aparcados y no haya que volverlos a coger. La reprimenda y castigo debe llegar a su fin, concluir del todo esta narración, que el último capítulo narrado quede inédito, que el telón no vuelva a subirse, y que tanto el teatro en directo como el teatro en diferido caigan en el olvido.
El frío hace esa mañana de elemento igualador sobre la aparente escenificación de la ética y de las convicciones, también el de llevarlas de forma efectiva a cabo, el aire gélido cae sobre los presentes y sobre los que siendo vistos es como si no estuvieran repitiéndose todo como un esquema de palabras ya dichas, se tiene que hacer visible ante el resto aunque sólo sea a uno al que tenga que darle la espalda, siempre me dijeron que era un compañero muy de “teatro” y que se podía confiar en él. Unas veces apoya las circunstancias y otra aunque toque reivindicar las escenas en directo a pie de calle le obligan a ocultarse el rostro, no es fácil ante algunas presencias sobrellevar la aparente realidad estética, se ofrecen a los espectadores a pie de calle símbolos que en ocasiones no se aprecian, inimaginable el hecho de que al ir ya bajándose progresivamente el telón y empezar a acabar de una vez con esta obra todos deseen que se le dé a la misma el cierre definitivo, que los tranvías se queden aparcados y no haya que volverlos a coger. La reprimenda y castigo debe llegar a su fin, concluir del todo esta narración, que el último capítulo narrado quede inédito, que el telón no vuelva a subirse, y que tanto el teatro en directo como el teatro en diferido caigan en el olvido.
Los violetes campiñeros
Los violetes campiñeros eran dignos de probar en el bar de uno de sus vecinos. Ahora mira desde la lejanía, olvidar de una vez por todas el intentar ordenar tanta incongruencia, no volver la vista hacia atrás, no sólo del tiempo que nos parece pasado ni muerto, sino del tiempo que en ese momento debe estar por llegar, ella sabe que él quiere saludarlos por la calle y por los cercanos cafés, volver a saludarlos ella y volver a saludarlos él, que la pasajera tranviaria desaparezca como lo que fue, y que si vuelve a verla sea como una vecina más de su ciudad, ¿desde cuándo ha tenido la capital tranvías hacia Amurjo? Un tranvía que nunca salió y que tampoco debe de regresar. Mejor recuperar el saludo en el acerado con ellos, tanto él como ella, el que nunca tuvieron que perder, y no tener que volver a vivir esa pesadilla. Al final sin embargo, lo que parece tan evidente estaba cargado de enigmas, todo hasta que sufrimos y conocemos los efectos pero apenas comprendemos el por qué de las causas. Qué poco se nos ha legado sobre las pequeñas rebeldías y luchas cuando tanto se ha dado por hecho sobre las absurdas aquiescencias. Si realmente sale el sol, el primer café lo pago yo.
Al silenciarse los acordes
Al silenciarse los acordes armónicos de la jota segureña se imaginan los aplausos por un lado y se perciben los proyectados por otro, por eso sin ruido te observaba con una máscara que te hacía mantenerte en un plano distante, los movimientos de los objetos que tocaba en el teatro parecían no ser tales convirtiendo todo en una falsa representación. El baile es el orden y la auténtica confianza, eso dicen cuando corriges tu actuación y te asesoras bien, algo que no hiciste al principio cuando partiste hacia la Rúa. Bailaba y permanecía a pesar que también vivió en su época que el teatro quisiese permanecer solo, pero sucedió hace mucho tiempo, al teatro al viajar con su propio riesgo a cuestas le fue coadyubada una sombra que baile de forma discreta hasta que las actrices se den cuenta e incluso sin buscarlo en el escenario fuera del guión le tiren de la lengua, el perdón de los pecados contenía esos ojos que avizoran dentro y fuera del teatro coadyuvando que en la Rúa todo siga colocado de forma adecuada. Teatro muchas mañanas hacía años clausurado, y todo sin que a nadie se le aplicara algún tipo de escarmiento. La loa de la profecía hacia los sonidos del baile ignorando al teatro como digno de la oficial visita se convierte en el cuarto acto antes de que diese comienzo a la programación teatral de la jornada, tus ojos no se detenían, tu actividad teatral que querían anular no cesaba ni cuando el lado aparente en este caso de la profecía se queda inmóvil por un rato a la vez que te invita a sentarte a su diestra al introducirte por error en el escenario prohibido de donde la superiora también de visita al teatro se encargó públicamente de expulsarte ante todos los espectadores congregados.
La fotógrafa que vino con ellos y no estaba invitada a esa especie de cónclave teatral secreto se hace cargo de ti, te pregunta el por qué está el teatro vacío a pesar de la representación programada que incluso los habían hecho venir de la capital en visita oficial a la misma con reserva en el palco reservado a las autoridades. Todo para hacerte entrar en tal confusión cuando te dijeron lo que se representó en el interior, no había tal obra de teatro, todo era coger en un papel una colección de autógrafos a cual más fiable y mejor garabateado, no sabes si ponerte a llorar, el principio de error como parte de esa dinámica es producto de la decisión de no detener esos actos contra los que no puedes hacer nada, en el perdón de los pecados cabe también eso y mucho más. No tenías solución, tu condena iba a quedar más afirmada, hay que salvaguardar el cuerpo invisible que permanece hábilmente oculto y a su vez a la vista ante el aplauso de todos según el contexto, y aquel teatro y sus espacios de opacidad transmitían así un “simulado” aspecto misterioso y extraño.
-Lo mejor que puedes hacer es irte de aquí. Te aconsejo que te vayas. ¡Lárgate por donde viniste!
A una aprendiz le preparan una frase, también vivió en cierta parte el cuarto de los horrores, así el día que visita el teatro le alteran la obra a la que fue obligada a representar, ahora es obligada a decir que fue otra. Todo va adquiriendo rostro y forma, todo va adquiriendo calor aunque no se mueva, aunque te siga asustando, igualmente no modifiques tus costumbres por eso, quisieron darte dos escarmientos por no cerrar ni los ojos ni la boca por convicción y ética tanto personal como artística ante el primer acto y tienes que seguir como si no hubieses visto nada en este segundo acto, y menos exhibirte ante esa invisible figura, alguno ya se ha encargado de desaparecer de tu vista. Y si alguna vez intuyo que la máscara de tu rostro emerge de ese segundo plano discreto y preservado en el que te refugias con miedo de mujer, no temas, desviaré mi mirada y yo seguiré narrando hasta el fin de los escarmientos para proteger tu intimidad.
La fotógrafa que vino con ellos y no estaba invitada a esa especie de cónclave teatral secreto se hace cargo de ti, te pregunta el por qué está el teatro vacío a pesar de la representación programada que incluso los habían hecho venir de la capital en visita oficial a la misma con reserva en el palco reservado a las autoridades. Todo para hacerte entrar en tal confusión cuando te dijeron lo que se representó en el interior, no había tal obra de teatro, todo era coger en un papel una colección de autógrafos a cual más fiable y mejor garabateado, no sabes si ponerte a llorar, el principio de error como parte de esa dinámica es producto de la decisión de no detener esos actos contra los que no puedes hacer nada, en el perdón de los pecados cabe también eso y mucho más. No tenías solución, tu condena iba a quedar más afirmada, hay que salvaguardar el cuerpo invisible que permanece hábilmente oculto y a su vez a la vista ante el aplauso de todos según el contexto, y aquel teatro y sus espacios de opacidad transmitían así un “simulado” aspecto misterioso y extraño.
-Lo mejor que puedes hacer es irte de aquí. Te aconsejo que te vayas. ¡Lárgate por donde viniste!
A una aprendiz le preparan una frase, también vivió en cierta parte el cuarto de los horrores, así el día que visita el teatro le alteran la obra a la que fue obligada a representar, ahora es obligada a decir que fue otra. Todo va adquiriendo rostro y forma, todo va adquiriendo calor aunque no se mueva, aunque te siga asustando, igualmente no modifiques tus costumbres por eso, quisieron darte dos escarmientos por no cerrar ni los ojos ni la boca por convicción y ética tanto personal como artística ante el primer acto y tienes que seguir como si no hubieses visto nada en este segundo acto, y menos exhibirte ante esa invisible figura, alguno ya se ha encargado de desaparecer de tu vista. Y si alguna vez intuyo que la máscara de tu rostro emerge de ese segundo plano discreto y preservado en el que te refugias con miedo de mujer, no temas, desviaré mi mirada y yo seguiré narrando hasta el fin de los escarmientos para proteger tu intimidad.
Aún es de noche
Aún es de noche, el diferido deja como prófugo y atrapado al teatro en sí mismo, los árboles de Amurjo empiezan a secarse, el resto de plantas se marchitan y la estación del tranvía empieza a recibir a los que serán los últimos pasajeros, pensar en los quehaceres de las próximas horas está fuera de lugar, el cuerpo muere y el alma queda en el teatro como definitivo libreto de las representaciones que ya son historia, al matar a castigos a la actriz el diferido empieza a proyectar los olores, el añejo y caciquil atavismo, los saludos prohibidos, los encierros y manipulación de las vidas ajenas por decreto, los terrores en el gimnasio, el robo musical, las conciencias y sus remordimientos y la impasibilidad y ausencia de cualquier brote empático, la seducción simulada y promesa de paraísos a los tramoyistas de género masculino, la bailarina que no era tal al ser otra cosa distinta siendo algo más que eso, las condiciones inasibles del teatro, bailarina y tramoyista que querían producir la evanescencia de la actriz. La realidad aunque se representara al resto brillaba sin ser fácil de atravesar, se le dio una apariencia de indestructible para asentar la apariencia de lo real. Todo proyectándose una y otra vez mientras perdura la situación y tiempo de escarmiento en la actriz, todo repitiéndose una y otra vez mientras una sombra furtiva toma protagonismo, deambulan por el teatro como si fuesen reproducciones en diferido que más de uno no quiere ni oír mencionar, el directo va a quedar prohibido verlo y que lo vean, todo entra en un estado de alteración que nadie preveía.
El teatro podía y puede ser un peligro para sí, el teatro puede acabar consigo mismo, todo por el teatro que a veces no puede controlarse, como en aquella época donde todos guardaron silencio al no obligarse a abrirse y permanecer en días sorpresivos completamente cerrado.
Ahora cuando sale de cumplir su función encomendada te mira como actriz ese rostro no cubierto en esta ocasión por humo, le ves la cara por primera vez a pesar de las veces que la viste sin poder apreciar su rostro oculto bajo su propia humareda. Ese rostro te mira, no esperaba ese alcance de la obra, la jurisdicción creada por ellos mismos obligaba a cumplimentar otros rigores como practicar interrogatorios a cualquier elemento humano e infrahumano que se pasease por el teatro a fin de esclarecer los hechos que previamente y con el teatro diseñó y redactaron los dos que ocurría sin haber sucedido todavía, había que guardar los preceptos legales de cara a la galería cuando en el interior de esta y de soslayo los hechos estaban redactados con anterioridad y esto formaba parte de un teatro más dentro del teatro.
Desde el acto segundo contempla al salir a la actriz casi con asombro, ella no entiende cuando sin tener que ser partícipe también la hicieron asumiéndolo bajo su responsabilidad ser un actor más en la obra, una obra que luego en la vida real nadie quería saber nada de ella, hasta de la actriz querían olvidarla allí a su suerte, no volver a recordarlo, como si el teatro y la propia Rúa no existiera para muchos en el palacio de cristal en la capital, pero si el primero hablaba había que hacer lo que hacía éste, el teatro siempre mandaba y se le permitía mandar. Por eso siempre quisieron y sin que lo supiera olvidarlo del todo, como si ningún tranvía te llevase hasta él, pero al final algo extraño ocurría, todos se apuntaban a ser actores, el guionista, el rostro envuelto en humo, el teatro también los obligaba a ellos, ese eterno y comercializado perdón eterno a cualquier situación también daba para eso, por eso ahora y de un tiempo a esta parte más de uno mira mal por el acerado al narrador.
El teatro podía y puede ser un peligro para sí, el teatro puede acabar consigo mismo, todo por el teatro que a veces no puede controlarse, como en aquella época donde todos guardaron silencio al no obligarse a abrirse y permanecer en días sorpresivos completamente cerrado.
Ahora cuando sale de cumplir su función encomendada te mira como actriz ese rostro no cubierto en esta ocasión por humo, le ves la cara por primera vez a pesar de las veces que la viste sin poder apreciar su rostro oculto bajo su propia humareda. Ese rostro te mira, no esperaba ese alcance de la obra, la jurisdicción creada por ellos mismos obligaba a cumplimentar otros rigores como practicar interrogatorios a cualquier elemento humano e infrahumano que se pasease por el teatro a fin de esclarecer los hechos que previamente y con el teatro diseñó y redactaron los dos que ocurría sin haber sucedido todavía, había que guardar los preceptos legales de cara a la galería cuando en el interior de esta y de soslayo los hechos estaban redactados con anterioridad y esto formaba parte de un teatro más dentro del teatro.
Desde el acto segundo contempla al salir a la actriz casi con asombro, ella no entiende cuando sin tener que ser partícipe también la hicieron asumiéndolo bajo su responsabilidad ser un actor más en la obra, una obra que luego en la vida real nadie quería saber nada de ella, hasta de la actriz querían olvidarla allí a su suerte, no volver a recordarlo, como si el teatro y la propia Rúa no existiera para muchos en el palacio de cristal en la capital, pero si el primero hablaba había que hacer lo que hacía éste, el teatro siempre mandaba y se le permitía mandar. Por eso siempre quisieron y sin que lo supiera olvidarlo del todo, como si ningún tranvía te llevase hasta él, pero al final algo extraño ocurría, todos se apuntaban a ser actores, el guionista, el rostro envuelto en humo, el teatro también los obligaba a ellos, ese eterno y comercializado perdón eterno a cualquier situación también daba para eso, por eso ahora y de un tiempo a esta parte más de uno mira mal por el acerado al narrador.
En en cuarto un sinfín de trastos
En el cuarto un sinfín de trastos, muchos objetos, fotografías, herramientas en desuso, cuadros que parecen haber sido arrancados de la pared, una mesa de trabajo donde diseñas el cartel anunciador junto al programa de la próxima representación en diferido, quieres hacer de guionista, ¿por qué no? Si los guionistas y tramoyistas a veces se convierten en actores por qué no al revés, más cuando has visto en la escena que conduciría a tu segundo escarmiento un juego de ilusión y máscaras hasta que en el futuro y en caso de que se logre representar la tuya vuelva a alguno a la realidad de la que nunca debió salir, una escena tan dolorosa le hicieron vivir que hizo falta una capa demasiado gruesa y misteriosa para que nunca se viese lo que sólo ella veía, proteger una segunda y más lejana profecía, proteger esos huecos y concavidades donde podía caber un teatro entero dentro de sí mismo, segundo castigo para darle más protección a los pecados, cuanto más sufras más quedará en salvaguarda tanto el presente como el pasado. Dolor sólo para la actriz de forma necesaria y una ilusión para el resto a fin de que momentaneamente se tranquilizasen hasta que se les ocurriese otra cosa, o a ellos o al mismísimo teatro que a pesar de interpretarse a sí mismo todo era aprobado sin verificar o viabilizar sus efectos en los espectadores, actrices o cualquier sujeto humano, en el teatro se vivía la obra pero en otro escenario distinto, había que burlar a alguien, conjugar de forma adecuada la representación principal aunque la secundaria aminore la eficacia visual, se determina primero el plano o escena que se acople al arquetipo original, el que tenía siempre que tener el teatro y nadie y mucho menos desde la capital se tenía que haber roto, todo un artificio creado por el teatro de la Rúa, según quién lo veía o vivía, o simplemente lo interprete o se vea obligado a representar otra cosa, todo configurado adecuadamente para que la realidad fuese ficción y viceversa, todo luego escrito mutuamente en la distancia entre el teatro y la mujer ocultada tras su propia nube de humo para que el primer castigo y el segundo surtan el efecto propuesto. Lo representado en diferido creará más confusión, pero ordenará cada obra representada, cada clausura en el camerino, la prohibición cortés de las despedidas, el control viajero en tranvía o sin él, su coincidencia o no marital con seguimientos añadidos, el desapego hacia lo infantil, toda una interpretación que te hizo confundir en un principio pero no tenía otro objeto que tu abandono voluntario del teatro.
Cuando lees la crónica de aquella representación absurda la contrastas y vas comprendiendo más, el teatro obligaba a redactarse o informarse de lo que no se representó, obligaba a la plana humana a firmar lo contrario a la escena, estaban tan hartos de ese sistema de teatro para dos que firmaban lo que sea, como el día del estreno de “Dos pájaros de un tiro”, así se llamó la obra, los espectadores no abonaron entrada porque fue gratis sus representación, alguien venía desde la capital a recoger firmas en contra de la actriz, el teatro como en el título del cartel mataba de forma efectiva dos pájaros de un tiro, se cargaba a la actriz y a la propia visitante de la capital al adquirir a partir de ahí una fama desinherente a su situación.
-Tú tienes que ver aquí en el teatro lo que yo te ordene que veas.
El teatro entraba sin darse cuenta en actuaciones más forzadas de lo habitual, fuera del escenario escuchaste como el tramoyista fue convencido a actuar por sorpresa para así hacerte a ti la figura central de la tragedia, también le oíste como le contestaba al teatro de no querer participar en ninguna farsa contra nadie al ser tramoyista de paso, el teatro le replicaba con un futuro prometedor tras las bambalinas e incluso fuera de su propia tramoya transformado en guapo actor. Te vuelves a acordar de aquella fugaz mujer tramoyista que llegó y al segundo día nadie volvió a saber más de ella, sólo tú y el propio teatro la visteis, precisamente el teatro se la quedó mirando de la forma más rara que podía mirarla, como una sorpresa que no esperaba, aquellos días de visita te sembró de incertidumbre sobre lo que pudo pasar para que al volver no la vieses más a pesar de la ilusión de volver a conocer más a aquella nueva compañera, era normal, no estaba a tu vuelta a la Rúa, todo un paso más para comprender el teatro en diferido del que ultimas el cartel al nunca haber entendido al principio las representaciones en directo.
Cuando lees la crónica de aquella representación absurda la contrastas y vas comprendiendo más, el teatro obligaba a redactarse o informarse de lo que no se representó, obligaba a la plana humana a firmar lo contrario a la escena, estaban tan hartos de ese sistema de teatro para dos que firmaban lo que sea, como el día del estreno de “Dos pájaros de un tiro”, así se llamó la obra, los espectadores no abonaron entrada porque fue gratis sus representación, alguien venía desde la capital a recoger firmas en contra de la actriz, el teatro como en el título del cartel mataba de forma efectiva dos pájaros de un tiro, se cargaba a la actriz y a la propia visitante de la capital al adquirir a partir de ahí una fama desinherente a su situación.
-Tú tienes que ver aquí en el teatro lo que yo te ordene que veas.
El teatro entraba sin darse cuenta en actuaciones más forzadas de lo habitual, fuera del escenario escuchaste como el tramoyista fue convencido a actuar por sorpresa para así hacerte a ti la figura central de la tragedia, también le oíste como le contestaba al teatro de no querer participar en ninguna farsa contra nadie al ser tramoyista de paso, el teatro le replicaba con un futuro prometedor tras las bambalinas e incluso fuera de su propia tramoya transformado en guapo actor. Te vuelves a acordar de aquella fugaz mujer tramoyista que llegó y al segundo día nadie volvió a saber más de ella, sólo tú y el propio teatro la visteis, precisamente el teatro se la quedó mirando de la forma más rara que podía mirarla, como una sorpresa que no esperaba, aquellos días de visita te sembró de incertidumbre sobre lo que pudo pasar para que al volver no la vieses más a pesar de la ilusión de volver a conocer más a aquella nueva compañera, era normal, no estaba a tu vuelta a la Rúa, todo un paso más para comprender el teatro en diferido del que ultimas el cartel al nunca haber entendido al principio las representaciones en directo.
La memoria es incombustible
La memoria es incombustible y el dolor del castigo también. Tú castigo no es su castigo a pesar del vértigo que produce leer las leyes y costumbres comparativas, los altos niveles de falta de enmienda te hace desembocar en lo narrativo, en repasar las oscuras escena del teatro en diferido, teatro que un día de representación en directo no sólo fue una trampa para aquellos encerrados espectadores en alguno de sus cuartos, todo por quebrantar la prohibición de hablar con las actrices, voces encerradas tras una puerta a cuatro pareces y que quedaron atrapadas para formar parte de la representación teatral del día. El precio más alto de la puja hace efecto, papeles guardados si no quemados por la propia orden del teatro de convertir en nula su representación. El precio más alto de la puja le hace creer al teatro que tiene jurisdicción como si en su interior se administraran leyes antes que actividades culturales para el esparcimiento de la vecindad, se refugiaba bajo ellas si éstas no elegían bien su destinatario a aplicarlas.
Ahora la sorpresa es que alguno afirma haber visto sin verlo lo que antes negaba ¿o era el mismo teatro el que la obligaba a hacerlo?, en los alrededores de la estación del tranvía en la capital se vivieron más lloros, el tuyo no fue el único, también algunas miradas desafiantes parecen atestiguar que hubo algún otro tipo de disciplina entre los invisibles pasajeros que con sólo oír el nombre de la Rúa deseaban ocultar su rostro tras esa nube de humo en forma de látigo antes que seguir siendo un títere más no sólo en los actos sino también en los entreactos, obligados a disfrazar su rostro cuando como actriz te dirigías a ellos. Te alegras un poco por no haber ya tanto silencio, oír su voz y actualizar para olvidarse de todo, no lo recuerda el teatro de la Rúa, y aún más, no siente remordimientos, la empatía es nula, no sabes ahora de qué te suenan esos síntomas aunque todavía recuerdas estos primeros días de otoño cuando con un extraño escalofrío empezaste a entender todo, con voces y sin ellas, con títeres y sin estos, tampoco con la voz del apuntador en el foso del teatro aunque a veces ésta pudo ser providencial.
La memoria no sólo es incombustible, también se construye por las sensaciones de hoy y de ayer, un largo puente, y demasiado pesado. Todo se resume a humedades, sonidos, fragancias, escalofríos, justiprecio, risas y dolor, mucho dolor.
Ahora la sorpresa es que alguno afirma haber visto sin verlo lo que antes negaba ¿o era el mismo teatro el que la obligaba a hacerlo?, en los alrededores de la estación del tranvía en la capital se vivieron más lloros, el tuyo no fue el único, también algunas miradas desafiantes parecen atestiguar que hubo algún otro tipo de disciplina entre los invisibles pasajeros que con sólo oír el nombre de la Rúa deseaban ocultar su rostro tras esa nube de humo en forma de látigo antes que seguir siendo un títere más no sólo en los actos sino también en los entreactos, obligados a disfrazar su rostro cuando como actriz te dirigías a ellos. Te alegras un poco por no haber ya tanto silencio, oír su voz y actualizar para olvidarse de todo, no lo recuerda el teatro de la Rúa, y aún más, no siente remordimientos, la empatía es nula, no sabes ahora de qué te suenan esos síntomas aunque todavía recuerdas estos primeros días de otoño cuando con un extraño escalofrío empezaste a entender todo, con voces y sin ellas, con títeres y sin estos, tampoco con la voz del apuntador en el foso del teatro aunque a veces ésta pudo ser providencial.
La memoria no sólo es incombustible, también se construye por las sensaciones de hoy y de ayer, un largo puente, y demasiado pesado. Todo se resume a humedades, sonidos, fragancias, escalofríos, justiprecio, risas y dolor, mucho dolor.
Todavía no existe el tranvía
Todavía no existe el tranvía aunque sí su proyecto para conectar Jaén con Amurjo, línea tranviaria llamada a ser una especie de símbolo donde no lo fueron otras construidas y terminadas pero inexistentes que nunca se llegaron a despachar como la de Utiel – Albacete – Baeza. Le hubiese servido al futuro teatro para desplazarse en sus años de estudio de una provincia a otra dejándose llevar a otros mundos a los que dijo haber pertenecido y a los que no quiere dejar porque juró y perjuró que sí estuvo aunque parezca por no haberla visto nunca llegar verse abandonada a la intemperie. Ya no le hará falta por tanto ya que acababa de volver de estudiar de esa región distinta a la suya, más adelante ya nos acostumbraríamos a llamar Comunidades Autónomas a lo que hoy todavía nombramos como regiones. Han sido muchos años fuera de su casa, muchos años de estudio y de sacrificio, tantos que el primer día de titulada en su localidad y ya instalada en él antes de que desinstalarán al viejo y triunfador teatro devolviéndolo a su ciudad para ponerla a ella se les olvidó a sus vecinos y parientes que había estado estudiando varios años fuera de la Rúa, tan lejos que sólo venía en periodos vacacionales y en algún que otro puente, la extraña amnesia generalizada hizo caer a más de alguno en el error de que quizás sí, que el teatro estuviese fuera del pueblo aunque lo vieran todos los días en la calle de siempre, “yo que yo sepa siempre lo he visto aquí en el mismo sitio, pero a lo mejor….no sé, la amnesia quizás”. Un teatro que conforme se vaya asentando provocará alteraciones sensoriales, ya no será que ante su presencia algunos se tornen ciegos o mundos, sino que aquellos que no estuvieron en el teatro ni ante el escenario adquirirán de la noche a la mañana y a la orden de “ya” determinados poderes o extrañas destrezas para decir haber visto lo que nunca pudieron ver.
La liturgia de origen no es apta para menores, en el futuro no los dejará entrar, como si en esa época venidera hubiese quedado en el interior del teatro algún mal escrúpulo que no pueda ser visto, el teatro confunde el tiempo, lo no apto corresponde al hoy presente y no al mañana donde por el hecho de ser menores que se verán como expulsados del paraíso al no dejarlos entrar aplicando un excesivo celo que contraste con el actual libre albedrío rozando la anarquía institucional. El teatro se paseará con el transcurso de los meses y años por la inconsciencia de sus actos, no podrá ser controlado del todo, el papel en la sombra de refrendar los actos teatrales brillará en forma de jota del remeneo, todo tenerlo bajo control e incluso dar parte llegado el caso a la autoridad competente. La bailarina y su baile le darán belleza al teatro que de por sí perdió desde el cambio en el origen, será una especie de extensión de la profecía, la profecía y el remeneo todo en uno, una extensión del control en la sombra por no ser el propio teatro de fiar si se le deja solo actuando en solitario, por eso recordaban en la mutua reverencia en la que el teatro y su escenario quedaban ignorados y relegados a mero protocolo de pasárselo bien, algo que explicará luego el por qué dentro de diez o más años llegarán al teatro mal asesoradas las actrices preguntándose si a alguien se les olvidará asesorarlas o no fueron asesoradas adrede para que no conozcan de algo inconfesable, por eso algunos tenían más funciones en la sombra de las que tenían de forma oficial, toda una falta de asesoramiento para las futuras actrices.
Mal asesoradas como yerro futuro que también traerán un día sus variaciones escénicas, el baile como falso papel que le hará obrar con cautela bailando en el transcurso de los años como queriendo recuperar el tiempo en el que nunca bailó, tanto que cuando le aperciban que tiene el mismo carnet de socio que la actriz se le ofrecerá a bailar ante su presencia en el interior del camerino antes de que junto al tramoyista se vean obligadas a colocarse las máscaras de susto cuando entren en esa extraña atmósfera teatral al ser partícipes ambos del segundo escarmiento a la actriz, un nuevo castigo que no querrán llevarlo por lo que sea a efecto, hasta la visita desde la capital en un futuro de ese invisible rostro que el humo no dejaba verlo sí se le ofrecerá a la actriz una pequeña y fugaz expresión extraña, como si ese humo que le cubre el rostro se le dejara ver un poco hacia la actriz, como si les llegara a decir al resto que guarden la compostura y las formas en la actitud de ellos y el teatro hacia la actriz, llegará el tema a tal punto por la reprimenda del rostro oculto entre el humo que le crearán una atmósfera enrarecida a ver si puede ser que la actriz abandone el teatro de forma voluntaria, al parecer no lo tendrán tan seguro al preparar en colectivo por orden del teatro y del guionista el diseño del segundo escarmiento. Ese segundo castigo preparado en colectividad y con diseñadores partícipes a la luz del día ajenos al teatro no querrán ni verlo ni volver a saber de él, intentarán alterar de nuevo el guión por otro nuevo giro teatral ya sin contar con nadie en la capital, el propósito será que se marche ella de forma voluntaria.
La liturgia de origen no es apta para menores, en el futuro no los dejará entrar, como si en esa época venidera hubiese quedado en el interior del teatro algún mal escrúpulo que no pueda ser visto, el teatro confunde el tiempo, lo no apto corresponde al hoy presente y no al mañana donde por el hecho de ser menores que se verán como expulsados del paraíso al no dejarlos entrar aplicando un excesivo celo que contraste con el actual libre albedrío rozando la anarquía institucional. El teatro se paseará con el transcurso de los meses y años por la inconsciencia de sus actos, no podrá ser controlado del todo, el papel en la sombra de refrendar los actos teatrales brillará en forma de jota del remeneo, todo tenerlo bajo control e incluso dar parte llegado el caso a la autoridad competente. La bailarina y su baile le darán belleza al teatro que de por sí perdió desde el cambio en el origen, será una especie de extensión de la profecía, la profecía y el remeneo todo en uno, una extensión del control en la sombra por no ser el propio teatro de fiar si se le deja solo actuando en solitario, por eso recordaban en la mutua reverencia en la que el teatro y su escenario quedaban ignorados y relegados a mero protocolo de pasárselo bien, algo que explicará luego el por qué dentro de diez o más años llegarán al teatro mal asesoradas las actrices preguntándose si a alguien se les olvidará asesorarlas o no fueron asesoradas adrede para que no conozcan de algo inconfesable, por eso algunos tenían más funciones en la sombra de las que tenían de forma oficial, toda una falta de asesoramiento para las futuras actrices.
Mal asesoradas como yerro futuro que también traerán un día sus variaciones escénicas, el baile como falso papel que le hará obrar con cautela bailando en el transcurso de los años como queriendo recuperar el tiempo en el que nunca bailó, tanto que cuando le aperciban que tiene el mismo carnet de socio que la actriz se le ofrecerá a bailar ante su presencia en el interior del camerino antes de que junto al tramoyista se vean obligadas a colocarse las máscaras de susto cuando entren en esa extraña atmósfera teatral al ser partícipes ambos del segundo escarmiento a la actriz, un nuevo castigo que no querrán llevarlo por lo que sea a efecto, hasta la visita desde la capital en un futuro de ese invisible rostro que el humo no dejaba verlo sí se le ofrecerá a la actriz una pequeña y fugaz expresión extraña, como si ese humo que le cubre el rostro se le dejara ver un poco hacia la actriz, como si les llegara a decir al resto que guarden la compostura y las formas en la actitud de ellos y el teatro hacia la actriz, llegará el tema a tal punto por la reprimenda del rostro oculto entre el humo que le crearán una atmósfera enrarecida a ver si puede ser que la actriz abandone el teatro de forma voluntaria, al parecer no lo tendrán tan seguro al preparar en colectivo por orden del teatro y del guionista el diseño del segundo escarmiento. Ese segundo castigo preparado en colectividad y con diseñadores partícipes a la luz del día ajenos al teatro no querrán ni verlo ni volver a saber de él, intentarán alterar de nuevo el guión por otro nuevo giro teatral ya sin contar con nadie en la capital, el propósito será que se marche ella de forma voluntaria.
En la aparente e inexistente sinergia
En la aparente e inexistente sinergia estaba la trampa para recibir como mujer el segundo escarmiento. Cuando termina el acto se asoma a la terraza, desde lo alto del cerro hacia Amurjo sólo le queda la contemplación de los copos que en su caída ha logrado recubrir los pinos provocado humedecer el lúpulo que asciende hacia ella plácido y sinuoso, piensa en lo ilusa que fue al confiar en la profecía. El tranvía detenido en las vías de la estación se le va borrando y desdibujando de su rostro, el agua del cercano arroyo también parece querer borrarse, el camino que sube al teatro también busca su ocultación, los tenaces testimonios apenas reconocidos por los hombres actuales se resisten a perder no obstante la ingratitud que reciben de estos a cambio. No hay nada que reclamar sino su persistencia y diáfana claridad, es como si hiciese siglos que en el teatro feneció tiempo, su huella en el mismo escenario, en la Rúa y por todos los alrededores de Amurjo es también su origen y fundación, y el espejo de los habitantes de las calles perdidas que adaptaron la situación a sus necesidades, nada que rescatar aunque tuvo esperanzas, todo reducido a la inclemencia y a la altura, se mira desde lo alto del cerro sus manos, no quiere darse la vuelta para contemplar el teatro, la señal del ritual del segundo escarmiento está a punto de empezar.
En Cástulo la profecía sacaba todo su espíritu
Mientras en Cástulo la profecía sacaba todo su espíritu ante la forma de gobernarse el teatro, en la Rúa se veía obligada a mantenerse sumisa reclinándose ante las circunstancias de no querer participar en la construcción teatral que se intentaba aparentar, la actriz había visto al coincidir por la profecía aquella vez en Cástulo diferentes formas de teocracia entre un teatro y otro, en el último imperaba una construcción de desprecio a cualquier perfume de mujer que se atreviese a poner allí los pies como si los que se creen sus dueños vivieran al margen de representar un papel sin estar en contacto con la realidad teatral ni querer asumir de que a la estación de Amurjo pueden seguir llegando tranvías aunque ellos no lo quieran.
La representación del segundo castigo está preparada, aquella mañana los diálogos entraron de repente como en una representación normal hasta que todo fue entrando en desorden, el pensamiento se vio interrumpido por el ofrecimiento de un saludo a una imagen, por el saludo de un conocido baile del remeneo, teatro ignorado y jota segureña con excesiva pleitesía que los ojos de la actriz no daban crédito pero a su vez éstos se le iban abriendo comprendiendo el por qué de las circunstancias. Justo al momento suena la campana que la hace salir por primera vez del camerino, un rato antes el tramoyista le había entregado un libreto ordenandole que se lo leyera, el guionista en la distancia y el teatro había acordado celebrar una fiesta a fin de colocar aunque sea sólo una vez a la actriz en el centro de la obra, obra que con la lectura del guión y con el aumento del temor se da cuenta de que es distinta a la preparada, sabe que va a entrar en una maldición de la que no va a poder librarse, todo a la espera de que un día se le dé licencia para ver la obra en diferido que pueda desmentir a tramoyista, bailarina e incluso al propio teatro al hacerle representar por sorpresa un acto indeterminado, tienen que prepararle a la actriz a fin de darle más solidez a la salvaguarda de la dignidad de algún honorífico una escena distinta a la escrita que le haga desembocar en víctima de un segundo castigo, condenación y maldición eterna por acudir allí como mujer, y no fue ni la primera ni la segunda. Sólo sabían acudir al arresto femenino como única forma de mantener limpia la imagen de quien tenía que ser inmerecedor de censura. El plan concebido al efecto era otorgarle más importancia antes que a la obra a las frases y palabras de los otros que ya conocían con un libreto distinto el verdadero guión. El segundo castigo llegó también como una especie de trampa a la actriz femenina, pero una trampa en que la que el teatro tuvo que acudir a actores coadyuvantes sin iniciáticamente serlo, convertirlo todo en un significado abstracto dejándose influir en lo concreto, sólo un espectador de edad se quedó no como tal sino para ser también partícipe de ese intercambio de sombras.
-Ya veremos si mi función aquí en el teatro es sólo bailar o algo más- fue la frase que hizo desmayar en todo su simbolismo a la actriz, a partir de ahí todo tenía que ser diferente.
En el teatro que siempre se hacía lo que se quería cuando funcionó durante más de una década sin actrices se recoge en acta lo interesado por el propio teatro, todo lo ocurrido y representado, como si el teatro de la Rúa solo adquiriera formalidad y legalidad con la presencia de las indeseadas actrices, el guionista que ya estaba preparado aprueba el acto, la ejecución del segundo castigo está lista, sólo queda recurrirlo por medio de volver a representarse la misma obra pero en diferido, un tema que no interesa ni al guionista ni a la envuelta en la nube de humo por el acerado o en el discreto interior de su propio excusado, comentan que no quieren ver la realidad, tienen la orden de someterse a lo que ellos mismos han diseñado, tiene que ser castigada por segunda vez a favor de que los espectadores, vecinos y resto de ciudadanos sigan percibiendo cualquier imagen pública como no necesariamente es en realidad.
La representación del segundo castigo está preparada, aquella mañana los diálogos entraron de repente como en una representación normal hasta que todo fue entrando en desorden, el pensamiento se vio interrumpido por el ofrecimiento de un saludo a una imagen, por el saludo de un conocido baile del remeneo, teatro ignorado y jota segureña con excesiva pleitesía que los ojos de la actriz no daban crédito pero a su vez éstos se le iban abriendo comprendiendo el por qué de las circunstancias. Justo al momento suena la campana que la hace salir por primera vez del camerino, un rato antes el tramoyista le había entregado un libreto ordenandole que se lo leyera, el guionista en la distancia y el teatro había acordado celebrar una fiesta a fin de colocar aunque sea sólo una vez a la actriz en el centro de la obra, obra que con la lectura del guión y con el aumento del temor se da cuenta de que es distinta a la preparada, sabe que va a entrar en una maldición de la que no va a poder librarse, todo a la espera de que un día se le dé licencia para ver la obra en diferido que pueda desmentir a tramoyista, bailarina e incluso al propio teatro al hacerle representar por sorpresa un acto indeterminado, tienen que prepararle a la actriz a fin de darle más solidez a la salvaguarda de la dignidad de algún honorífico una escena distinta a la escrita que le haga desembocar en víctima de un segundo castigo, condenación y maldición eterna por acudir allí como mujer, y no fue ni la primera ni la segunda. Sólo sabían acudir al arresto femenino como única forma de mantener limpia la imagen de quien tenía que ser inmerecedor de censura. El plan concebido al efecto era otorgarle más importancia antes que a la obra a las frases y palabras de los otros que ya conocían con un libreto distinto el verdadero guión. El segundo castigo llegó también como una especie de trampa a la actriz femenina, pero una trampa en que la que el teatro tuvo que acudir a actores coadyuvantes sin iniciáticamente serlo, convertirlo todo en un significado abstracto dejándose influir en lo concreto, sólo un espectador de edad se quedó no como tal sino para ser también partícipe de ese intercambio de sombras.
-Ya veremos si mi función aquí en el teatro es sólo bailar o algo más- fue la frase que hizo desmayar en todo su simbolismo a la actriz, a partir de ahí todo tenía que ser diferente.
En el teatro que siempre se hacía lo que se quería cuando funcionó durante más de una década sin actrices se recoge en acta lo interesado por el propio teatro, todo lo ocurrido y representado, como si el teatro de la Rúa solo adquiriera formalidad y legalidad con la presencia de las indeseadas actrices, el guionista que ya estaba preparado aprueba el acto, la ejecución del segundo castigo está lista, sólo queda recurrirlo por medio de volver a representarse la misma obra pero en diferido, un tema que no interesa ni al guionista ni a la envuelta en la nube de humo por el acerado o en el discreto interior de su propio excusado, comentan que no quieren ver la realidad, tienen la orden de someterse a lo que ellos mismos han diseñado, tiene que ser castigada por segunda vez a favor de que los espectadores, vecinos y resto de ciudadanos sigan percibiendo cualquier imagen pública como no necesariamente es en realidad.
Descoloca sus propios recuerdos
Descoloca sus propios recuerdos, el sueño le vuelve a traicionar, tantos días de castigo la van convirtiendo en un personaje onírico de su propia pluma, al pasar un día y otro las horas de ese castigo se le hacen instantáneas perecederas con el único destino de buscar una especie de melancolía literaria, ser la protagonista de sus propias páginas.
Un rato antes que la profecía la invitara a sentarse a su diestra ésta entró en la confusión de por qué quién le ofreció una vez su hombro ignoraba al teatro en sí al llegar de visita enviando las alabanzas sólo a la bailarina sin baile. Al teatro no lo saludan, parece no existir a pesar de que están ahí y de que éste guarda la apariencia, sólo mera formalidad protocolaria para que no faltase algo en la representación inminente. Pensando entre sueños cree entender por qué el teatro se hace invisible en su propio pueblo, por qué rueda por las calles adyacentes olvidándose a veces de la principal que conduce hasta el mismo. El teatro que anunció a la actriz la profética visita sólo tuvo adoración excesiva para la bailarina. Ahora los pensamientos le traicionan, cree que hay bailarinas que encarnaban a otras, por eso era algo más, formaba parte del propio control del teatro, como si alguien ajeno a la historia temiese la inseguridad de algo desconocido, como si faltase algún requisito formal o de cualquier otra índole que hay que ayudar a conservar, temple, capacitación, o quizás aversión o rechazo al sector artístico femenino.
La actriz va detrás de la profecía, entran en la sala, muchos espectadores se sientan junto a ellos, antes de invitarla a sentarse junto a él lo acompañó hasta el lugar que buscaba, su hombro estaba ahí para que quién ahora no está se encargara de expulsarla de la estancia. Todo ya como recuerdo, ahora todo son objetos que cabalgan entre su memoria sin librarse de ellos por su vida de ese castigo preparado según las actas antes de perpetrarse la obligada caída en la trampa que le tendieron.
Un rato antes que la profecía la invitara a sentarse a su diestra ésta entró en la confusión de por qué quién le ofreció una vez su hombro ignoraba al teatro en sí al llegar de visita enviando las alabanzas sólo a la bailarina sin baile. Al teatro no lo saludan, parece no existir a pesar de que están ahí y de que éste guarda la apariencia, sólo mera formalidad protocolaria para que no faltase algo en la representación inminente. Pensando entre sueños cree entender por qué el teatro se hace invisible en su propio pueblo, por qué rueda por las calles adyacentes olvidándose a veces de la principal que conduce hasta el mismo. El teatro que anunció a la actriz la profética visita sólo tuvo adoración excesiva para la bailarina. Ahora los pensamientos le traicionan, cree que hay bailarinas que encarnaban a otras, por eso era algo más, formaba parte del propio control del teatro, como si alguien ajeno a la historia temiese la inseguridad de algo desconocido, como si faltase algún requisito formal o de cualquier otra índole que hay que ayudar a conservar, temple, capacitación, o quizás aversión o rechazo al sector artístico femenino.
La actriz va detrás de la profecía, entran en la sala, muchos espectadores se sientan junto a ellos, antes de invitarla a sentarse junto a él lo acompañó hasta el lugar que buscaba, su hombro estaba ahí para que quién ahora no está se encargara de expulsarla de la estancia. Todo ya como recuerdo, ahora todo son objetos que cabalgan entre su memoria sin librarse de ellos por su vida de ese castigo preparado según las actas antes de perpetrarse la obligada caída en la trampa que le tendieron.
Fue su primer día de castigo
Fue su primer día de castigo cuando volvió a ver como todos los años esa enorme bañera donde cabe todo un teatro entero. Antes de dejar las vacías maletas en el armario y bajar a comer pensó en por qué no se vino éste detrás con sus figurines de rigor a disfrutarlo como teatro en lugar de elucubrar el mal hacia las actrices contemplando o vivenciando en silencio las escenas de su consagrada desunión. No le hace falta ese permanente viaje por el mal aunque convenza al resto con escenas de llanto, es más disfrutable y saludable lo primero, y es tan grande que cabe toda entera ella como teatro que es.
La actriz no se ve inquietada
La actriz no se ve inquietada por esa vieja representación, se siente martirizada como mujer al tener que asumir a la fuerza y sin defensa alguna la preservación del recato y cualidades morales ajenos a ella. Durante el encierro en casa provocado por el castigo impuesto sueña, lo hace con un efecto placebo en el teatro donde hasta su fingida entrada fue producto de voluntades ocultas que le producía el intentar o conseguir la meta de ser castigadas las actrices haciendo buena la forma más primitiva de juicio moral extendiéndose la bondad a teorías platónicas cuando se recurre en contra de su persona a ese castigo que cubra el fracaso de resolver los problemas, o en su caso de proteger dignidades. Subida en el escenario del teatro, unas veces ante el público y otras sin él se llegaba a unas inimaginables y difícilmente superables cotas de la parodia sobre la estupidez humana al vivir la víctima la tragedia en la vida real tras haberlo interpretado previamente como actriz en ese escenario con espejos instalados provisionalmente que alteraran las imágenes por obra y gracia del propio teatro.
No quiere despertarse para no vivir su encierro, máxime cuando el principal problema del pasado y que nunca tuvo relación con ella consistía en el control de esas impregnaciones vaporosas que evitaran las fecundidades. Por su parte las caricias, los besos y resto de similar simiente quedaron en el recibimiento mutuo con justiprecio. En su futuro misterio ya no se servirá la palabra para entrar en su interior, no hará falta residir en cualquier franja de la noche, cualquier acto será factible en cualquier verdor a media tarde, o en lugares más destinados al silencio y al recogimiento con el único sonido de uniformes plegarias y las consiguientes omnipresentes oraciones que amortigüen los gozosos gemidos seguramente simulados, todo visto desde el sueño de su castigo y preguntándose al despertar que qué tenía que ver todo eso con su ocasional destino teatral. Cuando se duerme de nuevo ve otra vez su ordenado cabello, de noche es todo más secreto, durante el día todo es más disimulado, se ve obligada a leer que el teatro tuvo que renunciar a su propia niñez, darle credibilidad a las escenas que nunca existieron en el pasado, otorgarle madurez y experiencia, añadirle como comisión un tanto por ciento de amplios conocimientos así como la reiterada por las voces de unos y otros limpia y nítida trayectoria. A cualquier cosa o persona que se les antoje le crearán legalidad propia validándola de forma oficial.
Al despertarse y antes de buscar la reveladora y diaria palabra desde su castigo le dicen que el teatro no fue el único, todo se extendió en diferentes épocas por el pueblo y seguro que en más pueblos en otras ajenas realidades, como si sin conocerse formasen parte del mismo colectivo.
No quiere despertarse para no vivir su encierro, máxime cuando el principal problema del pasado y que nunca tuvo relación con ella consistía en el control de esas impregnaciones vaporosas que evitaran las fecundidades. Por su parte las caricias, los besos y resto de similar simiente quedaron en el recibimiento mutuo con justiprecio. En su futuro misterio ya no se servirá la palabra para entrar en su interior, no hará falta residir en cualquier franja de la noche, cualquier acto será factible en cualquier verdor a media tarde, o en lugares más destinados al silencio y al recogimiento con el único sonido de uniformes plegarias y las consiguientes omnipresentes oraciones que amortigüen los gozosos gemidos seguramente simulados, todo visto desde el sueño de su castigo y preguntándose al despertar que qué tenía que ver todo eso con su ocasional destino teatral. Cuando se duerme de nuevo ve otra vez su ordenado cabello, de noche es todo más secreto, durante el día todo es más disimulado, se ve obligada a leer que el teatro tuvo que renunciar a su propia niñez, darle credibilidad a las escenas que nunca existieron en el pasado, otorgarle madurez y experiencia, añadirle como comisión un tanto por ciento de amplios conocimientos así como la reiterada por las voces de unos y otros limpia y nítida trayectoria. A cualquier cosa o persona que se les antoje le crearán legalidad propia validándola de forma oficial.
Al despertarse y antes de buscar la reveladora y diaria palabra desde su castigo le dicen que el teatro no fue el único, todo se extendió en diferentes épocas por el pueblo y seguro que en más pueblos en otras ajenas realidades, como si sin conocerse formasen parte del mismo colectivo.
Lejos del teatro
Lejos del teatro ya se profetizó con el guionista de la actitud hacia lo femenino, lo quijotesco y el que sea sólo hacia la mujer no se representa ni debía constar en las actas oficiales de las obras programadas, las inteligentes profecías tras los cristales eran reconocidas como todo totalmente en silencio. El mejor ejemplo fue que por pocos minutos la actriz vio llegar al teatro una nueva mujer que nunca jamás volvió a verla a pesar de que se encargó de hacer las presentaciones, traía funciones de trabajar entre las bambalinas, y en efecto, en unos pocos días su figura también se desvaneció esta vez en silencio en el mismo teatro y con la ausencia de la propia actriz de viaje en la capital. La nueva y recién llegada feminidad se tuvo que ir por donde vino tan de forma inesperada como su repentina arribada, la más efímera que se conoce en el Teatro de la Rúa, tanto que muchos ni siquiera la vieron, ni tuvieron conocimiento ni de su llegada ni de su partida, pero la actriz la vio por pocos segundos cuando salía del teatro acompañándola en su encuentro hacia el interior subiendo con ella al propio camerino. Desapareció, al parecer ni siquiera existió, su estancia breve en la Rúa fue como mujer invisible, en la capital tampoco sabían nada del nombramiento de nuevos actores o tramoyistas en versión femenina, un acto más que hace intervenir o silenciar las sombras que no formando parte del teatro oficial sólo unos pocos conocen su representación, son las sombras en el escenario que controlan el propio teatro porque éste no es de fiar, como si tuviese que permanecer bajo un quijotesto control. El baile de la silueta de esa sombra concreta se encarga de moverse en el escenario manteniéndolo en apariencia de que todo va bien y refrendando los actos del propio teatro.
Cuando se da cuenta la actriz no sale de su asombro, sabe que el teatro ficticio no entra en lo prohibido, nunca fue éste a puerta cerrada o transformado en ficticio sin su asistencia, fue la susodicha actriz partícipe y protagonista, como tal y al haberlo viviendo no entra como quieren hacerle ver dentro del teatro de lo prohibido. Todo una especie de moraleja donde se veía obligada a crear ficciones que estimularan su imaginación asumiendo que era autora de su diario o historia personal antes que narradora de un relato.
Cuando se da cuenta la actriz no sale de su asombro, sabe que el teatro ficticio no entra en lo prohibido, nunca fue éste a puerta cerrada o transformado en ficticio sin su asistencia, fue la susodicha actriz partícipe y protagonista, como tal y al haberlo viviendo no entra como quieren hacerle ver dentro del teatro de lo prohibido. Todo una especie de moraleja donde se veía obligada a crear ficciones que estimularan su imaginación asumiendo que era autora de su diario o historia personal antes que narradora de un relato.
¿Qué pensará que es más importante?
¿Qué pensará que es más importante envuelta en su propia nube de humo bajo los cristales y sin mover los pies del acerado? ¿Le otorgará más importancia a que el tranvía se averíe o al miedo escénico de mujer de asistir a su encierro? El propio humo delante de su rostro quizás no le permitiese ver la derogación de los actos musicales o corales, o que simplemente se apagara cualquier tipo de nota musical que sonara, o el hecho de que no le agradase que pinturas o cuadros ajenos colgasen de las paredes del teatro. Una nube de humo que le hace olvidar de forma deliberada la mitad de las lecciones que aprendió en la universidad.
-Tú vienes mal asesorada.
Esta frase la escucha mucho más lejos, una frase sacada mientras duerme de quien tiene la función única de bailar todo reducido al sueño en caso de que la realidad no revista los auténticos visos de verdad de su situación. Esa noche se le había alargado el sueño más de la cuenta, sus dotes proféticas habían sido transformadas cuando llegó al teatro en reverencias a la bailarina que parecían indicar que estaba llamada a prestar su colaboración en cualquier tipo de castigos a terceros que hiciere falta, un cariño extremo hacia quién viviendo asignada al baile nunca bailaba, por eso decía ser algo más que bailarina, como si el teatro tuviese miedo, podía ver a las últimas actrices como suplantadoras, había que invertir el papel a la última que llegó, desorientarle, concederle y negarle lo mismo en cuestión de una corta franja de tiempo, el postre lo colocaría el guionista denegándole todo.
Una falsa pasajera tranviaria que creyeron no ser una actuación realizaría labores en los alrededores de la cafetería de la estación, controlar determinados movimientos, su lectura, el viaje a dejar a los niños al colegio, si tomaba un café o si se tomaba dos, seguirla hasta el punto de escritura en su caso, negarlo todo cuando se viese descubierta, a pesar de formar parte de alguna de las más horrendas escenas del teatro en diferido.
El silencio vecinal se convirtió en demasiado ruidoso en contraste con la brutal verborrea del tramoyista, o se murmuraba más de la cuenta o la callada por respuesta era demasiado sospechosa, una institucional vigilancia local se encargaría de husmear en las entradas y salidas de la actriz de la iglesia, un buen complemento para que cuando ésta viajase al interior de su propio encierro ya llevase el miedo metido en el cuerpo tras vivir esos instantes en la plaza del pueblo tan repulsivos como ineluctables, como si esos electos corregidores decidieran que el hecho letal es una cosa y el padecimiento otra.
Las protestas de los espectadores se convierten en una parte ficticia del guión, se encargarían de abuchear a la actriz en sus actuaciones, actuaciones inexistentes por su condenado encierro en el camerino, pero el abucheo tenía que existir para darle oficialidad, no serviría explicar lo que ha ocurrido aunque no haya existido si no se interpreta como si hubiese existido de verdad. Una cuestión de imaginar los acontecimientos finales en sí, como una obra propia donde el dolor no exista aunque sí por el castigo diseñado y preparado de antemano antes de la comisión de los hechos. La definición literal del término protección llevado a su grado más extremo, a unos límites desorbitantes.
Olvidar todo piensa cuando se despierta con angustia, sigue recordando cada uno de los protagonistas y su papel sea cierto o incierto, ha pensado en aquella gente que ha visto irse de cerca, algunos con la suerte que nunca llegaron a ese momento escénico que les invitaron a representar. Por desgracia o sin ella alguno o más de uno se daba cuenta de lo que ocurría, su deseo es que con digna conciencia se obligasen ante lo que les era dado realizar por sí mismos
-Tú vienes mal asesorada.
Esta frase la escucha mucho más lejos, una frase sacada mientras duerme de quien tiene la función única de bailar todo reducido al sueño en caso de que la realidad no revista los auténticos visos de verdad de su situación. Esa noche se le había alargado el sueño más de la cuenta, sus dotes proféticas habían sido transformadas cuando llegó al teatro en reverencias a la bailarina que parecían indicar que estaba llamada a prestar su colaboración en cualquier tipo de castigos a terceros que hiciere falta, un cariño extremo hacia quién viviendo asignada al baile nunca bailaba, por eso decía ser algo más que bailarina, como si el teatro tuviese miedo, podía ver a las últimas actrices como suplantadoras, había que invertir el papel a la última que llegó, desorientarle, concederle y negarle lo mismo en cuestión de una corta franja de tiempo, el postre lo colocaría el guionista denegándole todo.
Una falsa pasajera tranviaria que creyeron no ser una actuación realizaría labores en los alrededores de la cafetería de la estación, controlar determinados movimientos, su lectura, el viaje a dejar a los niños al colegio, si tomaba un café o si se tomaba dos, seguirla hasta el punto de escritura en su caso, negarlo todo cuando se viese descubierta, a pesar de formar parte de alguna de las más horrendas escenas del teatro en diferido.
El silencio vecinal se convirtió en demasiado ruidoso en contraste con la brutal verborrea del tramoyista, o se murmuraba más de la cuenta o la callada por respuesta era demasiado sospechosa, una institucional vigilancia local se encargaría de husmear en las entradas y salidas de la actriz de la iglesia, un buen complemento para que cuando ésta viajase al interior de su propio encierro ya llevase el miedo metido en el cuerpo tras vivir esos instantes en la plaza del pueblo tan repulsivos como ineluctables, como si esos electos corregidores decidieran que el hecho letal es una cosa y el padecimiento otra.
Las protestas de los espectadores se convierten en una parte ficticia del guión, se encargarían de abuchear a la actriz en sus actuaciones, actuaciones inexistentes por su condenado encierro en el camerino, pero el abucheo tenía que existir para darle oficialidad, no serviría explicar lo que ha ocurrido aunque no haya existido si no se interpreta como si hubiese existido de verdad. Una cuestión de imaginar los acontecimientos finales en sí, como una obra propia donde el dolor no exista aunque sí por el castigo diseñado y preparado de antemano antes de la comisión de los hechos. La definición literal del término protección llevado a su grado más extremo, a unos límites desorbitantes.
Olvidar todo piensa cuando se despierta con angustia, sigue recordando cada uno de los protagonistas y su papel sea cierto o incierto, ha pensado en aquella gente que ha visto irse de cerca, algunos con la suerte que nunca llegaron a ese momento escénico que les invitaron a representar. Por desgracia o sin ella alguno o más de uno se daba cuenta de lo que ocurría, su deseo es que con digna conciencia se obligasen ante lo que les era dado realizar por sí mismos
Quiero invitarlos
Quiero invitarlos a un importante acontecimiento, yo pago la entrada, tú que me entregaste en cuerpo y en carne a la mujer de los limpios caminos, también tú serías un buen espectador que decían conocer de un teatro radicalmente opuesto, me gustaría que la viéramos juntos, entremos en el teatro si miedo alguno, mi versión es que se abona para silenciar la acción de la violación de la moralidad, sobretodo de aquellos que predican contra las conductas de los ciudadanos libres, aquellos que sólo sabían hacerse fotos y poco más, negar la obra que bien sabía de ella antes de irse del todo. Impresentabilidad y sólo querer retratarse son los más positivos adjetivos que me han testimoniado.
Enfrente de la estación del tranvía y su cafetería con de momento pocas historias que contar la acera es amplia, tan amplia que cabe todo un territorio y también toda una vida, se apoya en el cristal sin descender los escalones, por encima de la humareda más y más cristales, sabe y era también consciente del argumento, ¿no quiso verlo o le ordenaron no verlo? Quizás ese humo que envolvía su rostro en el acerado cuando no en el escusado le podía servir para quedar excusada y perdonada también por el mismo perdón que se transmite de unos a otros para acallar esos actos que no pueden volver a representarse, el teatro aquel ya se cerró y quedó completamente clausurado. El humo que cubre su rostro para que así ningún peatón de paso por el acerado pueda verlo o retratarlo le inspira la tendencia a narrar sólo a un similar problema en que la actriz o actrices que pasaron por el teatro se vieron sumidas. El aseo era inminente, más por propia higiene que por la visión de esas huellas permanentes del teatro en diferido totalmente lícito al ser la actriz plenamente partícipe y no revestir por tanto y por ese mismo motivo tintes de teatro privado.
Sin humo y en la estancia totalmente limpia y nítida de ese mismo pedazo de acerado sus ojos me atraviesan, pensar que eras uno a quién en su nombre había que solicitar socorro cuando se apagaban las luces del escenario y no se podía ver nada.
Enfrente de la estación del tranvía y su cafetería con de momento pocas historias que contar la acera es amplia, tan amplia que cabe todo un territorio y también toda una vida, se apoya en el cristal sin descender los escalones, por encima de la humareda más y más cristales, sabe y era también consciente del argumento, ¿no quiso verlo o le ordenaron no verlo? Quizás ese humo que envolvía su rostro en el acerado cuando no en el escusado le podía servir para quedar excusada y perdonada también por el mismo perdón que se transmite de unos a otros para acallar esos actos que no pueden volver a representarse, el teatro aquel ya se cerró y quedó completamente clausurado. El humo que cubre su rostro para que así ningún peatón de paso por el acerado pueda verlo o retratarlo le inspira la tendencia a narrar sólo a un similar problema en que la actriz o actrices que pasaron por el teatro se vieron sumidas. El aseo era inminente, más por propia higiene que por la visión de esas huellas permanentes del teatro en diferido totalmente lícito al ser la actriz plenamente partícipe y no revestir por tanto y por ese mismo motivo tintes de teatro privado.
Sin humo y en la estancia totalmente limpia y nítida de ese mismo pedazo de acerado sus ojos me atraviesan, pensar que eras uno a quién en su nombre había que solicitar socorro cuando se apagaban las luces del escenario y no se podía ver nada.
Volvía de la capital
Volvía de la capital por primera vez en tranvía, otras veces había cogido un autobús hasta el Puente pero desde ahí hasta la Rúa pasando por la Puerta se veía obligada a coger un taxi cuyo conductor siempre le relataba historias de anteriores actrices que realizan el mismo trayecto llorando, una distancia de descoincidencias, viejas historias negadas ya antes de suceder, sin que hubiesen sucedido antes de saber de ellas cuando también ella se había visto obligada a llorar en el interior de ese mismo taxi al alejarse casi con miedo del pueblo para volver con los suyos. Viejas historias también de teatro repetitivo, como si no se pudiese o supiese alterar el argumento, todo ya como parte de lo más triste de las narradas en un futuro crónicas serranas. Los guionistas siempre preparaban la misma historia una y otra vez hasta que les diese resultado, hasta que cuajase la obra y triunfase, el dolor causado no había que erradicarlo, simplemente no ocurría o existía, subiendo y bajando un telón se descubría o se ocultaba la escena confundiendo al espectador que nunca sabía de forma cierta lo que se le representaba ante sus ojos.
-Entra sola en teatro, yo entraré después cuando ya estés dentro, no quiero problemas con la dirección.
Se habían bajado en Amurjo, un viejo espectador del teatro y la actual actriz recién bienvenida que deja en el vagón esos anteriores manidos pensamientos, también la mujer del primero, que sólo acudía al teatro cuando se celebraba de forma ocasional alguna obra festiva. El pinar de camino hacia la Rúa permanecía silencioso cuya calma sólo era rota por los habituales trinos de las aves y por las salidas y llegadas de los tranvías, las ramas parecían echar un pulso a los nuevos que se atrevían a llegar al lugar que nada tuviesen que ver con el turismo.
-Ahora se utilizan otro tipo de trampas para cazar conejos.
En la Ventilla el tranvía había sufrido un percance mecánico y su llegada al Bosque de Amurjo se produjo con cierta demora que también hizo que el matrimonio de espectadores llegaran igualmente tarde a la función, cuando la mujer los deja el hombre habla de nuevo a la actriz.
-No pueden vernos entrar juntos en el teatro, no quiero pensar qué diría la dirección si se entera que he venido contigo por el pueblo hablando, me prohibiría las entradas futuras. Entra tú sola, yo me quedo atrás, luego dentro nos vemos y si nos dejan seguimos dialogando, pero que no nos vean llegar juntos.
La actriz estaba acostumbrándose a este nuevo tipo de vida, distinguía ya no sólo el bien y el mal, sino también el mal impuesto y el bien también obligado, le faltaba alguna experiencia más en la zona para discernir entre lo limpio y lo sucio.
El espectador se esconde en una callejuela, la actriz le conmueve, sabe lo que ella no sabe, del inminente castigo al que va a ser sometida, muchos espectadores lo sabían antes que ella por la propia voz de la dirección o por la bailarina segureña, aún así apoyado en un banco le narra para dárselo luego a ella por escrito la invitación a que sea ahora la que pase a la situación de narradora mientras dure el tiempo de ser castigada sin que la dejen ser actriz, que su obra narrativa dure el mismo tramo temporal que el del castigo, que cuando una de las representaciones del derramamiento de sangre concluya ella remate su obra literaria que supla la obra escénica que no le han dejado representar en el escenario ante el público.
Cuando le ha dado tiempo sobrado a la actriz de entrar en el teatro el espectador sale de su escondrijo buscando también la entrada como si nunca se hubiese encontrado con ella en el tranvía y mucho menos hubiesen subido juntos desde Amurjo.
Cuando empieza el espectáculo al igual que el resto de tardes ningún actor o actriz actúa en el escenario, éste al subirse el telón permanece vacío, con los únicos muebles de siempre colocados por el tramoyista para burlar si hace falta la situación, por si algún espectador no se pone bueno del todo y se convierte en actor más parlanchín de lo debido, el decorado se alteraba sin ser visto con otros inservibles cachivaches y enseres, los objetos y los espacios y las miradas intrigantes de los espectadores acostumbrados ya al mismo número se adecuan al tránsito forzado por la traslación del interior de las bambalinas. A continuación al finalizar toda la representación los aplausos de los espectadores en conjunto se escuchaban desde todas las calles adyacentes al teatro. La realidad seguía permaneciendo callada e impotente en el interior del camerino sin que la dejasen salir, lo que sí importaba en el teatro es que por una avería en el tranvía había llegado tarde la actriz a su propio encierro, esa era la única oficialidad existente y validada para tenerse encuentra, no sólo como presión sobre ella sino también para añadirla al futuro castigo, la inmersión permanente la mantiene viva, como si fuese una sobreviviente más de los contrastes interiores no habituales en otros teatros. Aunque venga el castigo y aún el siguiente debe de permanecer en el agujero al que le empujaron, como otros deben de seguir navegando con sus desencuentros. Los aplausos han dejado de escucharse.
-Entra sola en teatro, yo entraré después cuando ya estés dentro, no quiero problemas con la dirección.
Se habían bajado en Amurjo, un viejo espectador del teatro y la actual actriz recién bienvenida que deja en el vagón esos anteriores manidos pensamientos, también la mujer del primero, que sólo acudía al teatro cuando se celebraba de forma ocasional alguna obra festiva. El pinar de camino hacia la Rúa permanecía silencioso cuya calma sólo era rota por los habituales trinos de las aves y por las salidas y llegadas de los tranvías, las ramas parecían echar un pulso a los nuevos que se atrevían a llegar al lugar que nada tuviesen que ver con el turismo.
-Ahora se utilizan otro tipo de trampas para cazar conejos.
En la Ventilla el tranvía había sufrido un percance mecánico y su llegada al Bosque de Amurjo se produjo con cierta demora que también hizo que el matrimonio de espectadores llegaran igualmente tarde a la función, cuando la mujer los deja el hombre habla de nuevo a la actriz.
-No pueden vernos entrar juntos en el teatro, no quiero pensar qué diría la dirección si se entera que he venido contigo por el pueblo hablando, me prohibiría las entradas futuras. Entra tú sola, yo me quedo atrás, luego dentro nos vemos y si nos dejan seguimos dialogando, pero que no nos vean llegar juntos.
La actriz estaba acostumbrándose a este nuevo tipo de vida, distinguía ya no sólo el bien y el mal, sino también el mal impuesto y el bien también obligado, le faltaba alguna experiencia más en la zona para discernir entre lo limpio y lo sucio.
El espectador se esconde en una callejuela, la actriz le conmueve, sabe lo que ella no sabe, del inminente castigo al que va a ser sometida, muchos espectadores lo sabían antes que ella por la propia voz de la dirección o por la bailarina segureña, aún así apoyado en un banco le narra para dárselo luego a ella por escrito la invitación a que sea ahora la que pase a la situación de narradora mientras dure el tiempo de ser castigada sin que la dejen ser actriz, que su obra narrativa dure el mismo tramo temporal que el del castigo, que cuando una de las representaciones del derramamiento de sangre concluya ella remate su obra literaria que supla la obra escénica que no le han dejado representar en el escenario ante el público.
Cuando le ha dado tiempo sobrado a la actriz de entrar en el teatro el espectador sale de su escondrijo buscando también la entrada como si nunca se hubiese encontrado con ella en el tranvía y mucho menos hubiesen subido juntos desde Amurjo.
Cuando empieza el espectáculo al igual que el resto de tardes ningún actor o actriz actúa en el escenario, éste al subirse el telón permanece vacío, con los únicos muebles de siempre colocados por el tramoyista para burlar si hace falta la situación, por si algún espectador no se pone bueno del todo y se convierte en actor más parlanchín de lo debido, el decorado se alteraba sin ser visto con otros inservibles cachivaches y enseres, los objetos y los espacios y las miradas intrigantes de los espectadores acostumbrados ya al mismo número se adecuan al tránsito forzado por la traslación del interior de las bambalinas. A continuación al finalizar toda la representación los aplausos de los espectadores en conjunto se escuchaban desde todas las calles adyacentes al teatro. La realidad seguía permaneciendo callada e impotente en el interior del camerino sin que la dejasen salir, lo que sí importaba en el teatro es que por una avería en el tranvía había llegado tarde la actriz a su propio encierro, esa era la única oficialidad existente y validada para tenerse encuentra, no sólo como presión sobre ella sino también para añadirla al futuro castigo, la inmersión permanente la mantiene viva, como si fuese una sobreviviente más de los contrastes interiores no habituales en otros teatros. Aunque venga el castigo y aún el siguiente debe de permanecer en el agujero al que le empujaron, como otros deben de seguir navegando con sus desencuentros. Los aplausos han dejado de escucharse.
Prefería el cine o el baile
Prefería el cine o el baile, nunca el teatro, el teatro era sólo eso, teatro sin más, pero cuando le invito a asistir en la capital una representación de teatro segureño en diferido se alegra, no se arrepiente de haber acudido conmigo pese a su edad. El teatro en diferido al dejar constancia era más creíble que el teatro en directo.
En un lugar más lejos aquel mismo día empezó a bailar, no sé qué tipo de consigna o sobresalto recibió que por impulso pasó del estado inerte al bailoteo desmesurado. Se ofrecía voluntariamente a bailar una y otra vez, aprovechar la solaz artística no vista con demasiados ojos para decirle que quería utilizar el camerino que había servido para el encierro de las actrices para bailar y ensayar como si quisiese recuperar todos esos años en los que nunca bailó. Cesaron algunos consejos, las lágrimas ya no eran sólo de una, el mal asesoramiento se evaporó de forma repentina.
En un lugar más lejos aquel mismo día empezó a bailar, no sé qué tipo de consigna o sobresalto recibió que por impulso pasó del estado inerte al bailoteo desmesurado. Se ofrecía voluntariamente a bailar una y otra vez, aprovechar la solaz artística no vista con demasiados ojos para decirle que quería utilizar el camerino que había servido para el encierro de las actrices para bailar y ensayar como si quisiese recuperar todos esos años en los que nunca bailó. Cesaron algunos consejos, las lágrimas ya no eran sólo de una, el mal asesoramiento se evaporó de forma repentina.
El segundo acto
El segundo acto está a punto de empezar, revestirá para la actriz encerrada por imposición en su camerino todos los imaginativos tintes sorpresivos. Tramoyista y jotera remeneadora con funciones artísticas soslayadoras y con el papel bien aprendido para que la representación llegue a buen puerto. Había que programar una representación urgente, la pasajera tranviaria no había cumplido la meta asignada del tercer acto de la desunión consagrada, una representación escénica sin saberlo la actriz podía ser la solución, sin que de momento lo supiese había que sacarla cuando menos se lo esperase al ruedo teatral. Se quejaba en la capital al guionista de que no la dejaban actuar, ¡pues ahora iba a actuar por fin!
Por entonces no conocía a la actriz, ni a la anterior, ni al primer ni segundo tramoyista, todo lo fue aprendido en su estudiosa etapa de juventud en el internado, lugar donde aprendió más durante las horas de confesión que con las meramente lectivas, institución educativa donde se iba preparando para una vida de expiación previa, colegio donde podía dar rienda suelta a los apetitos de la sangre sin importarle la pernicie de los actos o el dolor causado, soñar con la debilidad por entonces de quien ahora ose habitar sus mismos planos vitales.Su refugio en el internado fue su habitación, en el futuro actual se sentiría tan poderosa e impune que su propio cuerpo podía servir de llameante anuncio con el que agitara si mover un dedo ni hacer ningún ruido alguno una provincia entera. Lo más curioso de su vida académica fuera de su localidad fue el que más adelante a su vecindario se le había olvidado u omitido de forma consciente buscando cualquier efecto que su vecina los había abandonado durante varios años para residir en el internado.
Cuando llega la hora y sin saberlo al no existir programa la actriz es sacada por la fuerza de las tinieblas interiores para representar algo y sin saber qué, le extrañaba que en ese momento del día sí la querían para actuar cuando nunca la dejaron actuar, se le acrecenta su pavor cuando se ve atrapada entre bailarina y tramoyista haciendo funciones de actores, la llevan a continuación por el camino escénico que le asignaron desde arriba a estos disfrazados actores, todo representado a butacas vacías, con ningún espectador, todo con el teatro a puerta cerrada. Todo un apéndice escénico ultimado para cumplimentar el no dejar a la actriz partir a su ciudad para así provocar su partida voluntaria, y todo con el visto bueno del guionista.
Cuando cierro el libreto me entra la profunda desazón que había previsto. El libreto oficial no cuadraba nada con lo representado, el argumento escenificado fue distinto, ahora comprendo las lágrimas de la actriz y el no querer recordar aquel día. Vuelvo a verlo todo en diferido una y otra vez, las horas que hagan falta, cojo el libreto y lo vuelvo a soltar, lo leo y releo visionando el diferido a la misma vez, no doy crédito, el guión oficial era uno y luego la obra de aquel día representada a puerta cerrada fue totalmente distinta. Cuando llega el momento de no poder volver a leer lo mismo a pesar de recurrir a narrarlo impulsado por los demonios es cuando decido ceder los derechos del diferido, que algunos que conozcan la obra representada casi en secreto conozcan su literal contenido, que se olviden del libreto que nada tenía que ver con el planteamiento artístico que ella vivió, o más bien le hicieron vivir.
Por entonces no conocía a la actriz, ni a la anterior, ni al primer ni segundo tramoyista, todo lo fue aprendido en su estudiosa etapa de juventud en el internado, lugar donde aprendió más durante las horas de confesión que con las meramente lectivas, institución educativa donde se iba preparando para una vida de expiación previa, colegio donde podía dar rienda suelta a los apetitos de la sangre sin importarle la pernicie de los actos o el dolor causado, soñar con la debilidad por entonces de quien ahora ose habitar sus mismos planos vitales.Su refugio en el internado fue su habitación, en el futuro actual se sentiría tan poderosa e impune que su propio cuerpo podía servir de llameante anuncio con el que agitara si mover un dedo ni hacer ningún ruido alguno una provincia entera. Lo más curioso de su vida académica fuera de su localidad fue el que más adelante a su vecindario se le había olvidado u omitido de forma consciente buscando cualquier efecto que su vecina los había abandonado durante varios años para residir en el internado.
Cuando llega la hora y sin saberlo al no existir programa la actriz es sacada por la fuerza de las tinieblas interiores para representar algo y sin saber qué, le extrañaba que en ese momento del día sí la querían para actuar cuando nunca la dejaron actuar, se le acrecenta su pavor cuando se ve atrapada entre bailarina y tramoyista haciendo funciones de actores, la llevan a continuación por el camino escénico que le asignaron desde arriba a estos disfrazados actores, todo representado a butacas vacías, con ningún espectador, todo con el teatro a puerta cerrada. Todo un apéndice escénico ultimado para cumplimentar el no dejar a la actriz partir a su ciudad para así provocar su partida voluntaria, y todo con el visto bueno del guionista.
Cuando cierro el libreto me entra la profunda desazón que había previsto. El libreto oficial no cuadraba nada con lo representado, el argumento escenificado fue distinto, ahora comprendo las lágrimas de la actriz y el no querer recordar aquel día. Vuelvo a verlo todo en diferido una y otra vez, las horas que hagan falta, cojo el libreto y lo vuelvo a soltar, lo leo y releo visionando el diferido a la misma vez, no doy crédito, el guión oficial era uno y luego la obra de aquel día representada a puerta cerrada fue totalmente distinta. Cuando llega el momento de no poder volver a leer lo mismo a pesar de recurrir a narrarlo impulsado por los demonios es cuando decido ceder los derechos del diferido, que algunos que conozcan la obra representada casi en secreto conozcan su literal contenido, que se olviden del libreto que nada tenía que ver con el planteamiento artístico que ella vivió, o más bien le hicieron vivir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)