CAMARÍN

-Ahí va a estar más recogido- le oigo decir a una señora bastante mayor al que supongo su marido en la Cafetería El Tren preguntándome yo por qué otras dos personas han amanecido un día más en el cajero de la Caixa de la avenida Madrid tapados con cartones.
Con lo que habrá costado -y desconozco la financiación- el camarín de Jesús para acoger al abuelo y el mantenimiento de éste, más de uno sería sustentado y alojado no en lugares tan lujosos como en el camarín donde desde hace unos días es acogido el abuelo, pero sí quizás más decentes que la entrada de una sucursal bancaria, igualmente también leí no sé dónde que el verdadero Jesús condenaba la adoración y veneración de imágenes, con lo cual la cabeza se me hace un auténtico lío.
No he hablado de religión, este blog no está creado con esa intención, de hecho no entiendo ni estoy capacitado para opinar o hablar del tema, simplemente ha sido una mera impresión al bajar al comprar el periódico y leerlo tomando café……y escuchando esta vez más de la cuenta.

LITERATOS



Leo a Jesús Tíscar imaginándomelo deprimido en el periódico de ayer por la mañana, me ha contagiado su estado de ánimo el verlo o leerlo así al contarnos que no lo han invitado a la XXV edición de los Premios Literarios Jaén 2.009 que organiza Caja Granada. Si fuera él no me preouparía, por más literaria que haya sido la noche del certamen, en la foto que ha publicado Diario Jaén del acto observo que en la imagen de los ganadores hay más políticos que literatos, política y literatura tienen distintas acepciones, por lo tanto levanta el ánimo y adelante.
Un día invitaré a Jesús Tíscar a un acto político y los literatos y los que creemos serlo seremos mayoría, así a ver cómo le llaman luego a eso.
Tengo también un admirado amigo blogero y también literato, unas veces me agrega y otras me desagrega como contacto, me preocupa su actitud y también me hace sentir derrotado, yo haciendo méritos para que me agregue de forma permanente pero mi torpeza va a provocar que me desagregue para siempre. Algo ocurre con otro literato de Diario Jaén, se llama Francisco José Campaña Ortega y aunque no entiendo en ocasiones lo que dice veo que muchas veces mezcla el que es corredor con el tema en cuestión que publica en el periódico, pues no hay forma de que me agregue en el Facebook, y pensar que esta comunidad casi me importa un carajo al no conseguir sacarle alguna sustancia y ya sólo la utilizo para promocionarme a mí mismo, pero en este caso te hunde el amor propio el sentirte rechazado y no agregado y sin saber por qué narices me dio a mí por invitarlo a ser contacto. Que desazones, al carajo con facebook y que le den, pero cuando no te agragan ¿por qué será?

DEPRAVADO




La imaginación es más poderosa que uno mismo, te puede arrastrar a un barrizal mental sin control que aunque intentes escapar de esa arena movediza desde los escollos más ocultos de tus neuronas, más sucumbes cuanto más fuerzas esa situación de huida imaginando los consiguientes deseos prohibidos.
Esto podría servir para medir mi nivel de hombre depravado que puedo llegar a ser en situaciones aparentemente normales. M. me ha contado que al salir en el gimnasio desnuda de la ducha se ha encontrado también desnuda a una amiga y a otra amiga de ésta a la sazón también desnuda; el que estuviesen desnudas era lo de menos ya que me ha seguido relatando otro tema o cotilleo del que han estado hablando las tres al vestirse, al tomar un refrigerio en el bar y al venir juntas parte del camino de vuelta a casa, pero yo no he escuchado nada, no he oído ni una palabra aunque parecía importante lo que me contaba sin llegar a saber si me interesaba el tema, mi mente sólo veía a las tres juntas desnudas en el vestuario del gimnasio.
No quiero contar aquí lo fantasioso que te vuelves de repente, todo bla bla bla, pero yo no hago más que verlas sin ropa buscando una toalla para secarse antes de vestirse.
Una amiga me dijo algo una vez en un bar de vernos desnudos en la playa, fue hace años, luego la veía muchos días y aunque siempre iba con la ropa puesta podía ocurrir que yo la imaginase sin la misma debido a lo depravado que podemos volvernos tal como dije arriba aunque otros pensaréis que ya estoy desahogándome hablando de supuestos trapos sucios que me han dado para imaginar el argumento de una novela al vivir todos los días un peculiar día de la marmota sin final feliz, cuando la publique pensaré en otro tema distinto para la segunda, algo más alegre y menos divertido.

ASFIXIA



El mejor de los mundos - Quim Monzó (Anagrama Narrativas Hispánicas), es un libro de relatos, como casi todos los de Quim Monzó, corro seis kilómetros mañaneros sin asfixiarme y tras un rato largo en otros menesteres recobro la razón cuando creo que voy por el segundo cuento que no sé ni cómo se titula, pero al llegar a la página 36 del libro no del cuento tengo que cerrar el primero dejando de leer, vuelvo a pensar en Quim Monzó, estoy asfixiado, no sé si disfrutar la parte leída y dejar las cuatro páginas que me quedan en intriga para el final aunque éste luego me desencante, no leo más y me voy con M y los niños al Monje del Bulevar a comer, siempre a contracorriente, paso de comer sardinas en el castillo por ser hoy fiesta local de Santa Catalina ¿cuántas santas hay en la ciudad?, hace tiempo dejé de contarlas, también me asfixiaba, ¿quién coño es Quim Monzó? ¿de dónde se saca estas invenciones? ¿quién se las susurra? ¿ha leído historias similares en el amplio y casi desconocido mundo del relato o cuento el cual padece de mala salud y crisis permanente tal como nos dice Fernando Vals en la Revista Mercurio de este mes de diciembre que todavía no ha llegado?
Me siento dichoso y gozoso, soy el lector más feliz del mundo, tengo de repente ansia y hambre de Quim Monzó, me levanto del sofá y corro hacia mi infinita estantería de libros en espera donde capturo y ordeno para leer todo seguido Gasolina, Guadalajara, Splassshg y Mil cretinos que se morían de risa y nadie les quitaba ya el polvo.
Por cierto, el cuento se titula Vacaciones de verano, asfixia en el sofá de casa con los primeros fríos de finales de noviembre.

LOS UNOS Y LOS OTROS



He tomado la decisión de no terminar mi primera novela, dejarla inconclusa como El Castillo o el Proceso de Franz Kafka, así seré el día de mañana comparable a uno de los grandes, la publicaré pero sin acabarla. Subo al viejo Jaén, en el MP4 que utilizo como si no existiese ese número 4 vuelvo a oír por el azar del propio chisme All by Myself interpretado por Eric Carmen, la misma que escuché el día que me dieron el alta en el viejo hospital de Cástulo donde me crucé por última vez con aquel señor bajito admirado por aquella cuidadora y que nunca fue capaz de confesárselo. Los secretos inconfesables necesitan a veces ser confesados, y ella quizás se los guardaba, pero a su vez necesitaba compartirlo con los demás, compartir todo y desahuciarte como paciente después debido a una carambola de paradojas absurdas y sin sentido con el objeto de complacer otras situaciones.
Compro Diario Jaén buscando las noticias locales, la construcción del tranvía y demás, las provinciales me las paso por el forro, y las nacionales las leo en El País, busco también a los columnistas de aquí, a Jesús Tíscar hoy no lo he acabado de entender a pesar de haberlo releído como a Ulises de Joyce, porque Ulises siempre hay que releerlo, Manuel Ruiz de Adana me gusta como se expresa pero no sé por qué lo leo, este hombre vive en una auténtica burbuja de clase donde no parece que exista el pueblo llano, según él o sus artículos en época de feria la provincia de Jaén sólo ha sido levantada (si puedo aplicar el verbo) por una decena de personas del mundo judicial, económico, social, político..., a Bernardo Munuera ya no lo veo, siempre creí que volvería al periódico este amigo que escribe como los dioses y me ha enseñado unos cuantos libros que sin su buen hacer sobre el reseñar obras, muchos autores y su correspondiente trabajo permanecerían para mí en absoluta ignorancia, sus blogs son un auténtico máster gratuito en literatura.
Dibujo alguna figura abstracta con el aceite de oliva al verterlo sobre la tostada en la Colombia 50, el dibujo abstracto de hoy ha permanecido antes de su disolución por la miga de pan algo más de tiempo que en los días anteriores, se nota que el frío está cada vez más cerca, que lástima que no me ha visto ningún profe de la cercana Escuela de Arte José Nogué.
Intento en la librería Metróplos conseguir por enésima vez un libro (Cuentos reunidos Sherwood Anderson. Lumen. Barcelona 2.009), no está, se hace de rogar, estos son los buenos, los casi imposible de conseguir, yo una vez fui también imposible de conseguir, por eso sigo siendo bueno y auténtico.
Al salir, él está ahí, quería haberlo visitado en su lugar de trabajo y darle las gracias por su libro, pero no, estaba ahí leyendo (no podía ser de otra forma) la Revista Mercurio, el librero de la Metrópolis me lo advierte, ese es Juan Cruz, no el canario tinerfeño de El País, la Ser y demás que escribió Cuantas veces me pediste que te contara esos años, sinó el de aquí, el de Jaén, un abrazo amigo, que bien escribes, sobretodo en tu libro no publicado, el encuentro azaroso no ha podido ser en mejor lugar, en el mejor local del viejo y nuevo Jaén, el templo literario por excelencia.
Cojo yo también la Revista Mercurio que me hace recordar que en la estantería tengo a la espera algún libro de Quim Monzó, aunque he empezado a abordar A bordo del naufragio de Alberto Olmos tal como le he prometido hoy mismo al autor en su blog. A bordo del naufragio fue finalista de un premio herralde de novela que fue ganado por los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño, sí Roberto Bolaño, o sea que Alberto Olmos tuvo que compartir podio, flashes y demás paripés mediáticos con Roberto Bolaño, yo también hubiese querido conocer a Roberto Bolaño que se bañaba en las mismas playas catalanas que yo de jovenzuelo, que pronto se fue este antiborges.
Vuelvo a perderme por la calleabajo y vuelvo a la vida menos imaginaria, más anónima y que menos os interesa, vuelvo a pensar que hoy no he entendido a Jesús Tíscar.

EL PERMISO




Conseguí desplazarme a Jaén a un importante acto gracias al permiso de salida que me tramitó una de mis cuidadoras que también profesaba el buen vicio de correr por las tardes por las ruinosas y abandonadas naves industriales de Cástulo que otrora formaron en conjunto un polígono industrial junto a la vieja carretera que por entonces salía de la ciudad, me ponía más tontón imaginarla corriendo en solitario que imaginar el tanga de sus compañeras asomando ligeramente entre el vaquero y la camiseta, maldiciendo la casi transparente bata blanca que no me dejaba ver nada. Nunca pude salir a correr con ella, ni ella misma, ni las otras, ni la dirección del hospital me daban permiso para salir a correr solo o acompañado por la ciudad, aunque sí me lo concedían y de forma célere y sin problemas si era para salir de la ciudad, ¿era un paciente molesto?, ahora con el paso del tiempo y con el alta médica que por cierto me duró poco empiezo a pensar que sí.
Al llegar a Jaén conseguí habitación en la Colombia 50, me sentí dichoso al poder alojarme en el mismo local que al día siguiente por la tarde se celebraba un acto literario sobre temas como escatología, declamación y edición literaria organizado por Sir Alsen Bert el cual no me había invitado y por supuesto tampoco iba a ser bien recibido, todos los enteradillos de literatura de la ciudad iba a hacer cola a fin de conseguir la mejor mesa o sitio para escuchar las buenas palabritas del orador.
Me echo sobre la cama, pero no para dormir ni para follar, abro la primera página de Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, de Daniel Sada, leo el comienzo “Llegaron los cadáveres a las tres de la tarde. En una camioneta los trajeron –en mesa, al descubierto- y todos balaceados como era de esperarse”. Salomón y Papías se habían escapado por pasiones políticas tras escupirle al rostro de su padre, novela dura y fuerte cuyo título parece un sector de mis recuerdos, tengo que seguir leyendo a ver si son ellos los que vienen en la camioneta de cadáveres o son unos ladrones de urnas con votos en plenas elecciones. Me quedo dormido con la lectura, el murmullo de los espectadores de la atracción literaria me despierta, me asomo por la ventana del café y los veo a todos impacientes a la espera de Sir Alsen Bert, una llamada interior con voz fémina de invita a solicitar algún servicio más o si quiero que me preparen un café, le digo a la amable voz que sí que con leche y con azúcar moreno.
Cuando dejo la habitación y bajo a la cafetería veo a los asistentes con ansia de espectáculo literario sentados y casi en silencio a la espera del conferenciante que al girarme lo encuentro apoyado en la barra, me ve, yo no quería verlo, dice que le he robado no sé qué, no quiero problemas y más estando de permiso, tengo miedo de buscarme algún lío y que no vuelvan a concederme más permisos de salida, veo como se bebe mi café, me autoconfirmo a mí mismo de que en efecto no soy bienvenido, no me dice nada aunque me sigue mirando con cara de Aznar, yo también lo miro sin abrir la boca y pensando en regresar a Cástulo. Debo abandonar la Colombia 50 y regresar a por la puerta de atrás y sin despedidas, sin saludos, sin paripés gastronómicos, recordando sus viejos deseos que me colocaron en esta absurda situación casi pidiendo perdón a terceros que fueron testigos mudos, coadyuvantes y partícipes en el inmerso e inmenso olvido del que iba a ser víctima, veo desde la celda del patio una cuidadora con la gobernanta que vienen las dos hacia mí con la irreconocible y casi transparente bata blanca, la cuidadora lleva en las manos una bandeja que contiene un vaso de agua, y no sé si algo más.

LUCÍA



Lucía cerró el grifo de la ducha, cogió su toalla y se secó lentamente las partes de su cuerpo más cansadas.... ¿qué partes de tantas que tiene el cuerpo de Lucía pueden sentir más cansancio? Avanzamos un pelín más en el relato y leemos que Lucía sale de la ducha, así el número de partes posibles a masajear se reduce de forma considerable.

Lucía es un original y corto relato que te confunde, Lucía después del masaje en las partes de su cuerpo más cansadas se pone su mejor ropa interior por si se la tiene que quitar después, que poca originalidad la mía.

Repito, Lucía me ha confundido, me ha hecho hacer volar la imaginación haciéndome adelantar de forma ilusa y errada su destino.

Lucía es el primer cuento de 50 pasos para dar el salto de Juan Cruz López, un joven autor que empezó su larga trayectoria futura en el fanzine literario 70 VECES PUTA, Cuento y Aparte también es producto de su creación, tiene el autor la deferencia de hacérmelo llegar gracias a la Librería Metrópolis, me siento por fin fruicionado al tener ya su obra completa.

A partir de ahora ya no se escapa, sólo por haberme hecho imaginar en el primer párrafo a Lucía saliendo de la ducha y subiéndose la ropa interior ya tiene nuevo cliente y lector

Que cunda el ejemplo.




AJO BLANCO



Llevo varios días sin salir de la residencia, las agujetas no me dejan andar, en qué mala hora me dieron permiso como terapia imagino para que pudiese correr la carrera de la integración, las jornadas sin salir se me hacen más odiosas de la cuenta y me acuerdo de aquellos años de estancia en el viejo hospital de Cástulo donde los interminables días allí ingresado podían ser suplidos por pequeños paseos por el patio o claustro, o cuando el rancho no era de mi agrado realizar salidas al Restaurante del Corte Inglés donde preparaban un ajo blanco exquisito al paladar, una de las religiosas del hospital quería saber la receta de ese ajo blanco invitándome y cumpliendo por mi parte el pedirle la receta al camarero que a su vez se la solicitó al jefe de cocina, nunca obtuve respuesta, a partir de ahí los silencios de los camareros cuando seguía acudiendo al restaurante eran muy sospechosos, yo pensaba que ellos pensaban de mí que era el cliente raro o alineado que se sentaba a comer y quería saber las recetas de la comida que elegía en la carta. Total, que ante esa atmósfera extraña que yo mismo creé pensé que no debía seguir comiendo en el lugar y volver a mi habitación del viejo hospital sin fiarme de cualquier cosa que en adelante me diesen de comer que pudiese estar envenenada al no conseguir aquella solicitud propuesta.

CINISMO




Sin enterarme se me caen cinco euros en la Colombia 50 al guardar la vuelta del rico café con tostada cuando otro cliente me advierte que el billete caído estaba por los suelos, todavía queda gente honrada o quizás el valor no era muy alto, me hubiese largado con cinco euros menos y quizás no me hubiese enterado al no llevar una contabilidad exhaustiva del haber que llevo encima, no sé qué hubiese ocurrido si el billete hubiese sido con un cero a la derecha incrementando éste en 45 euros, me quedará la duda de si me hubiese dejado salir de la cafetería o me hubiese retenido con la advertencia de quedarme sin él, que retorcido que soy al pensar mal del amable caballero que me hizo resarcir el pequeño capital de mi cartera al invitarme a agacharme para colocar el billete en su lugar.
La culpa del mal la hubiese tenido sin querer Enrique Vila – Matas, que me ha hecho subir a la hora del desayuno a la librería metrópolis a buscar “Finnegans Wake” de James Joyce cuando el librero y asesor literario de la librería me ha comentado que estaba agotado nada más y nada menos que por las dos editoriales que lo mandaron editar, me parece odioso dar un viaje en balde al viejo Jaén ¿no piensa Vila – Matas antes de publicar nada en sus artículos de Babelia que muchos curiosos lectores de la obra de Joyce saldrán en su búsqueda, y más los sufridos relectores de Ulises?, porque Ulises siempre hay que releerlo, mi gozo en un pozo es consolado sabiendo que tengo “Dublineses” en casa a la espera tras haber terminado casi de un tirón y sin pena ni gloria “Los bosques de Úpsala” de Álvaro Colomer . Miro de reojo las tres torres una por cada tomo de la obra de Larson, están en el suelo de la librería, no en estantería lo que me hace ignorar si es una indirecta de la librería considerando esta literatura a nivel del suelo, el último ejemplar de la torre más alta me llega a la cintura, se venden como churros, sea el tomo 1, el 2, o el 3, del 3 ya lo dije aquí, no quise saber nada, el 2 ya lo dejé a medias tras haber leído el 1 de forma compulsiva y del 3 me negué y me sigo negando a comprarlo.
He cambiado el diseño del blog, seguro que os parecerá una tontería, pero para mí es de vital importancia que tenga para los lectores una vista más gratificante que la que tenía anteriormente, un blog donde todavía no acabo de situarme encontrando mi sitio ni acabo de ver lo que pinto dentro de él, si soy el sufridor del argumento o el ideador ficticio del mismo debido al galopante desdoblamiento de personalidad que vengo sufriendo y por el que fui ingresado en su día en el hospital de Cástulo en el que se determinó que mi problema era incurable y por más que luche por sanar el problema, el silencio y abandono médico y religioso al que fui sometido agravaron más mi patología.
-Váyase señor J.- me parecía oír detrás de las paredes.

X CARRERA POPULAR POR LA INTEGRACIÓN 2.009



Unas horas antes de la X Carrera Popular Santa Catalina de Alejandría que iba a correr con el dorsal "1518" leo en El País que Kafka dejó unos papeles secretos, no lo sabía, alegría y desazón porque pienso que un día se publicarán aunque existe el problema de la heredera de esos papeles, una tal Eva Hoffe que en realidad ni se sabe realmente si los tiene y en su caso en qué estado se encuentran los mismos. Al final el entuerto será desfacido como tantas otras cosas con una resolución judicial. Quién fuera el juez para acceder a la prueba pero no como elemento de convicción sino como solaz literario cuando nadie lo vea.
En Diario Jaén me recuerdan a Alfonso Ramírez Cano, un amigo que de alguna forma lo fue durante una época, y que se fue como eso, como un amigo, algunos aquí siguen y dejan de ser amigos al pasar el tiempo, que mundo tan incierto, muchos días tengo la suerte de seguir viendo a diario a su compañera que fue Julieta.
Me concentro en pensar en esta carrera, también llamada Carrera Popular por la Integración, donde también se corre, digo se anda una Gran Caminata Santa Catalina, pero yo corro la carrera popular, y a estas horas ya la he terminado sin saber mi tiempo, he sufrido mucho, casi expulso el hígado por la boca, sin embargo he acabado tan bien que hubiese dado otra vuelta al circuito. El tiempo, clasificaciones y demás de esta carrera se podrá consultar como casi siempre en Ideain.
Le he dedicado la carrera a los míos que me han acompañado en la salida y en la meta junto al Instituto Santa Catalina, y la mitad de la carrera a mi escurridizo y huidizo vecino escritor del que ya os hablé ahí abajo, hoy no estaba, una noche de San Antón sí se asomó a Bernabé Soriano a verme pasar no sé si a mí o al resto de corredores, quizás le pillaba muy lejos el Gran Eje y la Avenida de Barcelona, otra vez será.
La bolsa de corredor en meta regular esta vez, ni trofeo ni camiseta como en otras ocasiones, sólo agua, galletas de chocolate y la película en DVD "Charada" de Cary Grant y Audrey Hepburn.

VECINDAD




Mi vecino sigue huyendo de mí, que mala suerte haberlo conocido, fue mi escritor favorito de Jaén en prensa donde superaba con creces al resto por su estilo y personalidad diferente , pero me rechaza, se escapa, se me escurre de las manos, consigue descargar gratis “Cuento y aparte” de Juan Cruz López y se hace amigo de él, yo que adquiero con dinero contante y sonante “50 pasos para dar el salto”, también de Juan Cruz López no consigo ni que éste último diga algo sobre cómo adquirir incluso también pagando “Cuento y aparte”, menudo sistema bananero local que tenemos por nuestras calles que los grandes escapan de quienes pueden ser tus lectores o clientes futuros potenciales.
Creo que será mejor hablar de otra cosa y cruzarnos al otro lado del Atlántico y contaros por si nunca lo he hecho que me gusta Bioy Casares, pero no sólo por su obra, me gusta porque quiere darla a conocer ya que vas encontrando sus libros en las librerías, al contrario que otros autores que tienen su obra casi oculta como ocurre como mis vecinos de Jaén, tal como también viene a suceder con Daniel Sada que obtiene el premio Herralde de novela con “Casi nunca” convirtiéndose en un auténtico laberinto intentar conseguir su anterior escribienda a excepción hecha de la magnífica “Una de dos” editada gracias a Alfaguara.
La auténtica literatura no hay que buscarla en una u otra editorial, la auténtica literatura hay que buscarla desde México hacia abajo, y no basta con leer a García Márquez y a Vargas Llosa, autores para mí cada vez más en desuso, hay que buscar lo más oculto de Bolaño, del suicidado Caicedo (otro que escondió su obra como mi vecino), el mismísimo Daniel Sada, y un largo etcétera sin olvidarnos de los Borges, Cortázar y Onetti. Pero claro está nos tienen el coco comido con Larson, Zafón y toda la fanfarria de publicaciones en serie marquetinizadas y con presentaciones bien vistas que no vemos lo que hay detrás y ante nuestros ojos sólo aparece una bella encuadernación con nulo contenido literario en su interior.
Bioy Casares publicó entre otras cosas “La invención y la trama”, un libro gordo donde podemos encontrar lo mejor de sus publicaciones. “La invención de Morel” se encuentra incluida en este tomo, quizás sea su mejor obra, cautivadora y poco promocionada superando con creces a muchos de los trabajos de Jorge Luis Borges que de hecho es el prologuista de la obra en cuestión.
La imaginación y el buena hacer literario de Casares con “La invención de Morel” no se asemeja en nada a lo que publican todos estos autores que utilizan la literatura como mercadería de batir récord de ventas gracias a los lectores noveles que consideran a Larson o a Zafón como una estrella o ídolo de masas más tal como sucede en otras facetas deportivas, musicales,….
Casares te introduce con “La invención de Morel” en un mundo distinto del habitual, el cómo en una isla deshabitada a la que escapa el narrador observa a personas inexistentes de la que de una incluso se enamora las cuales son proyectadas para que siempre repitan lo mismo gracias al ingenioso argumento del autor, realidad irreal donde las haya mientras Larson nos intenta intrigar con otra manida historia de la típica heroína salida de la nada que al contrario que otras veces donde todos los héroes son guapos en este caso la niña es pequeña, anoréxica y fea.
Descruzo el Atlántico y os digo que también he leído a Larson y a Zafón, no lo niego, pero gracias a ellos he descubierto que existe algo más que la literatura de superventas, y tampoco niego que por lo menos han conseguido que muchos jóvenes se acerquen a los libros, pero poco más. Hoy leo con agrado “Winesburg, Ohio” de Sherwood Anderson editado por Acantilado, a mi vecino lo leía en el periódico o blog escondido que busco sin cesar al mismo nivel que éste autor nacido en Ohio, mientras por otro lado los cuentos completos de Faulkner y de Nabokov ya están en mi poder y a la espera. Entre una cosa y otra y como no puede deseárselo a nadie me lo deseo a mí mismo: “que me aproveche”.

Ambicioso y egocéntrico es uno a veces, y más con la lectura.

Hoy a última hora y antes de cerrar este post y lanzarlo al olvido virtual me entero gracias a Enrique Vila – Matas en “Babelia” y justo cuando por este tiempo me planteaba leer por tercera vez “Ulises” (“Ulises” no hay que dejar de releerlo nunca), que James Joyce tiene algo publicado llamado algo así como “Finnegans Wake”. Tengo que releer también este artículo en el suplemento cultural de El País de Vila – Matas y saber más de esta obra, como cuando en aquel tiempo gustaba de releer a mi vecino.

LA PLUMA



Cuando empiezo a leer la primera palabra de las crónicas lectoras de Silvio Gnisci en el primer tomo de las obras completas de su autor publicadas por Galaxia Gutemberg me vino a la memoria lo que comentó en su día el creador del personaje sobre que en las editoriales de nuevo cuño estaba la verdadera literatura.
Silvio Gnisci, insignificante personaje del insigne Sir Alsen Bert había sido citado en solitario por el autor del segundo en la Colombia 50 a tomar café como viene siendo habitual en alguna de las interminables sobremesas de entre semana, por lo que el personaje creado por este último no pincharía ni cortaría nada en la historia.
Sir Alsen Bert se sentía preocupado por la revolución personajística que se iba produciendo sin que la lograse acotar pensando en la imposible solución si la cosa acabase pasando a mayores o escapándosele de las manos, había logrado cierto prestigio como producto de la pluma ante su autor gracias a que dejó de narrar cualquier hecho concerniente a Silvio que prácticamente estaba desaparecido del panorama literario debido a que sus lectores no lograron nunca escribir o manifestar una crítica constructiva o destructiva medianamente inteligente. Con él la cosa había prosperado, tenía lectores y lograba publicar sus obras en editoriales de mala muerte y tanto él como su autor lograban leer cosas inteligentes sobre sus lecturas y escribiendas, por más que Silvio fuese luego editado por una importante editorial y gracias a la imaginación que sus lecturas, estudios y másteres sobre creación literaria le hacían plasmar sobre el papel.
Pero esa sobremesa estaba desazonado, estaba cabreado y sentía cómo le caía sobre su cabeza un principio de incertidumbre al haberse enterado que escritor y personaje habían quedado juntos a tomar café y no habían contado con él que ostentaba la doble condición de escritor de uno y personaje del otro.
Sir Alsen Bert había quedado otro día distinto conmigo en otra importante cafetería de la ciudad, quería felicitarle por la publicación de las crónicas lectoras de Silvio Gnisci, pero pensé que a su vez él quería plantearme alguna queja al haber sido relegado a un tercer plano debido a que yo como lector de su autor había convertido a este último en personaje más secundario y que además el primero gustaba de leerme al haberme incluido recientemente en alguna cita de sus penúltimas obras convirtiéndome en leído.
-A mí me escribe y a ti te lee –me dijo en el umbral de la cafetería Mont elado- pero es que encima queda a tomar café con un producto de mi invención dejándome fuera de una posible historia.
-No olvides que ese producto de tu invención ha logrado ya publicar como escritor independiente en una importante editorial, que tú tienes que seguir lamiendo culos de los mandamases de esas editoriales de nulo prestigio que están empezando ahora y no saben cómo seguir y si seguir.
Lleno de indignación pensé que no podía hacer nada, este vecino de la ciudad que me leía lo había creado, y a él le correspondía eliminarlo, aunque también podía plantearse en el argumento en una posible inducción al suicidio, pero en este caso era terrible el pensar sobre qué sería de Silvio Gnisci como personaje de Sir Alsen Bert, personaje que se habría labrado su trayectoria personajística a pesar de la crítica no inteligente de la que fue producto. Necesitaba reunirme urgentemente con el creador de Bert, yo después de todo era un mal autor más que bastante tenía con inventarme mis propias historias, pero él como más inteligente y noble que yo (escribe todavía con pluma y lleve una vida aristócrata) le gustaba crear personajes que a su vez creaban a otros y así sucesivamente.
-Tienes que convencerle para que nos suicide, yo suicidaré al mío, -me dijo antes de dejarme solo apurando el rico café del Mont elado- si se suicidan los gatos tirándose de los balcones, podemos matarlos de un plumazo.
Camino de casa comprendí el significado de su idea instantes antes de desaparecer por voluntad propia bajo las ruedas del tranvía que bajaba a todo meter por el Paseo de la Estación.


XVII

Cada vez que bajaba al ferial daba la nota, cada vez que pasaba por delante de las casetas en las que grupos más o menos organizados bebían, comían y charlaban sentía las carcajadas desde su interior que eran proferidas contra él.
Iba con su libro del cual era autor debajo del brazo, lo leía a ratos, buscaba rincones de la feria donde las risas, el estridente ruido musical y el posible encuentro con alguien le dejase un rato de paz y sosiego para leerse a sí mismo. Necesitaba un refugio, intentaba salir del lugar aunque no era tan fácil o más bien imposible, todos los habitantes de la ciudad eran atraídos por ese gigantesco imán que colocaban todos los años por las mismas fechas en una zona de las afueras de la ciudad llamada la Vestida, siendo lógico el razonamiento que iba teniendo consigo mismo, el que aprovechasen todos los ajenos a la ciudad para desde otros lugares acercarse a la misma y ante la desolación y vacío ciudadano saqueasen y robasen todo lo que se encontrasen por delante al estar tanto las autoridades de uniforme como los habitantes de paisano con sus jolgorios, risas y absurdas conversaciones que se podían tener en el lugar de destino obligatorio de esos días.
Una voz lo llamó desde el interior de una caseta. Ven aquí y siéntate conmigo le oyó decir, siéntate a mi lado. Su cara le sonaba de otras veces, se fijaba en su libro, le dijo que ignorase al resto de comensales, ya que con él se iba a sentir a gusto, sólo le exigió una condición a cambio de acogerlo en esa mesa con sus amigos.
-Quiero que dejes de escribir, tu no eres escritor, no tienes la madera suficiente, nunca vas a conseguirlo por más que has publicado esa primera obra que sólo tú has sido hasta ahora el único comprador.
Él siempre lo sabía todo sobre él. Había conocido su vida pasada, se había desplazado hasta Cástulo a esperar a la chica de la playa para hablar con ella, también la acompañó cuando sin querer entrar ambos en la Librería Entre Libros se habían acercado ambos a su puerta para ver si era verdad que había ganado aquel año el concurso de relatos que organizaba el librero, siendo éste uno de los más extraños capítulos que siempre quiso dejarlo para el final.
-La vida sigue siendo absurda, ¿por qué estamos aquí con tanto ruido? ¿Por qué tenemos que dejar sola la ciudad estos días? Me cuesta bajar, me cuesta acercarme, te veo en la ciudad y también te veo por aquí aunque parezca un mero estorbo.
-¿Quién te ha dicho que estorbas?
-Tuve que escribir la novela para que me creyesen, pare que tú me creyeses, pare que ellos, los pacientes y religiosas del hospital me creyesen, para que yo mismo que lo creyese. Mi misma historia nunca la creí cuando empecé a narrarla, y hora sí la creo, no será nunca una novela famosa, pero por lo menos ya es novela.
-Fue un silencio muy delatador, esa especie de no excusarse de nada u ofrecer su propia historia a otro escritor, mejo la hubiese escrito ella misma, su propia versión de los deseos de acudir en solitario a la playa.

-La novelas surgen solas, son la vida cotidiana, sus personajes te marcan el camino. Escucha, el otro día leí el debate de Cortázar con Bolaño en una revista que saqué de la librería Entre Libros de Cástulo cuando me presenté al premio de relatos, uno de ellos le decía al otro que el escritor es el mismo personaje que sale de dentro hacia fuera con el dictado de los hechos, argumento, historia, sucesos, da igual lo que sea, siendo el autor en realidad un mero relatador con su pluma de lo que le cuentan o le contaron. En mi caso viví una realidad maldita, una realidad que no busqué pero que me encontré.
-Yo no soy muy amante de la literatura, me conformo con ser protagonista secundario del relato, pero no sigamos hablando, bebamos, comamos y olvidemos.
-¿Estás seguro antes de que me traigan el primer plato que quieres que coma contigo?
-Sólo quiero que te olvides de tu historia y tu libro por un rato.
-Últimamente no tengo muchas ganas de comer, poco a poco he ido perdiendo el apetito con el paso de las horas, no hay nada como conocer la verdad para darte cuenta de que no tiene sentido. Echo de menos la ciudad, no sé por qué estoy aquí en el jaleo. Espero que pasen pronto estos días para volver a casa, pero jamás cambiaré la literatura por un plato de lentejas o paella, poco a poco las obsesiones son más obsesivas, se va olvidando uno de los autores extranjeros y va en busca de los autores de habla castellana, odio a Kafka y amo a Borges, y si te fijas bien tanto ahora mismo como aquellos años de pacientes en el hospital de Cástulo nos deformaron a ambos la realidad, a mí de una manera y a ti cuando llegaste de otra a través de esos diagnósticos interesados que nadie comprendía. Ahora es diferente, ¿por qué estás aquí abajo comiendo con tus amigos en vez de estar en la ciudad?¿Por qué estos días?¿Por qué no podemos estar en nuestra propia casa?.
Decidió dejarlo solo con sus amigos antes de que trajesen el obligado arroz que se les iba a poner duro, cogió su libro y entró de nuevo al desordenado caos del exterior, no entendía el extraño jolgorio donde cualquier persona de la edad que sea parecían o aparentaban divertirse. Se decía que tenía que ir a Cástulo con el lápiz y su libreta, por lo menos a la estación, visitar el andén donde se bajó en su camino de vuelta la chica de la playa, tomará notas imaginando cuando llegó el tren si es que llegó, no existía ramal que comunicara Cástulo de forma directa con Albacete. Para entonces ya habría terminado la feria y todos tendrían la obligación de volver a sus casa, podrá seguir trabajando tranquilamente en otra novela, empezarla y saborear el premio de la que ahora tenía en sus manos, el premio que un día consiguió gracias a ella en aquella librería de Cástulo.
Volvió a la feria en el último momento, quería verlo de nuevo, ya habría terminado a arroz, se le había ocurrido algo a última hora.



XXVI

A llegar a la calle Viriato se detuvo en el escaparate de la librería Entre Libros sin llegar a entender por qué la concurrida calle se iba quedando en la más completa soledad conforme había avanzado por ella, aumentándole la inquietud que ya de por sí tenía al ser incapaz de romper la duda de si entrar en la librería o largarse por el mismo camino que hasta allí la había traído.

Esa tarde en el interior de la librería Entre Libros se fallaba y entregaba el premio anual de relato corto, teniendo conocimiento de que él se había presentado con su diario de recuerdos de su estancia en el hospital de Cástulo y sólo por encontrarse ya en la puerta de la librería titubeando sobre si entrar o no estaba faltando a la palabra que les dio a las dos compañeras de tertulia prolongada más allá del viejo hospital donde se juraron y perjuraron de forma mutua que mostrarían indiferencia y no hablarían de la posible publicación de la obra basada en hechos irreales en la que se sabían personajes.

Habían optado por mostrar un absoluto desconocimiento de la obra, nunca desprecio sino más bien aparente ignorancia total a pesar de tener quién le iba relatando a una de ellas el argumento de la misma y aquellos que sí querían ser personajes sin serlo hablaban del tema con el autor como intentando ser protagonistas sin éxito. En la obra no tenían más cabida que los autores reales de la narración, no había lugar a los postizos.

El sonido luminoso de los flashes iluminaron algo más la librería sin conseguir distinguir si el escritor se hallaba en el interior, no podía verlo y jamás pensaba esperarlo por lo que se quedaría de momento y sólo por ahora sin saber si realmente hizo aquel viaje sola a la playa en busca de alguien y también si fue un sueño aquel extraño viaje desde Albacete hasta Cástulo en aquel extraño tren