CERÓN



¿Por qué te fuiste dos veces en silencio y la tercera vez ni siquiera te acercaste a pesar de que te esperé? Te imagino sin nada entrando en el agua cuando piensas en mis imágenes, no soy yo el que caza los momentos, sino el dedo mágico que pulsa el botón para hacerte ver y sentir sensaciones inimaginables, búscame a pesar de la cercanía para saber si sigo escribiendo sobre ti o te invito a seguir pasando por la cafetería en la que desayuno buscándome de reojo.
A veces me pregunto si existe vida fuera de la calle Cerón, no soporto que el nuevo tranvía no suba hasta la Catedral por Bernabé Soriano y la calle Campanas con una pasajera saliendo de la calle Obispo Aguilar esperándolo con gabardina como única prenda y paraguas esa tarde lluviosa, una estampa única que superaría las mejores imágenes tranviarias de Viena o Lisboa. Por eso me refugio en esta calle, para ladrar en la libreta cuadriculada mi rencor sobre la parte de la vida que no está de acuerdo conmigo y me huye dejándome en la más completa soledad en esa cafetería, alguno de mis buenos amigos si es que en realidad lo son también pasan por aquí parte de su vida, es difícil verlos y sentirte en la calle Cerón alguna vez acompañado, y más desde que en la oficina hablan todos los días en latín (in patris egestate) se aprovechan de su condición de juristas o galenos donde no sólo aprendieron las leyes y praxis correspondiente, también los adoctrinaron en latín, la oficina parece una torre de babel ya que el que tiene estudios de leyes no habla el mismo latín que el que estudio la ciencia médica, yo que soy titulado en otra disciplina donde no ves el latín me siento tan desazonado que huyo hacia arriba buscando la calle Cerón que siempre me espera con sus libros y olor a café,imaginando que pasa ella buscándome de reojo.
Quiero que un día me encontréis, ahora mismo paso a liberar a mi presa para que podamos entrar el uno en el otro. Adoro esas piernas que apuntan hacia ese viejo reloj parado colgado en la pared, me da igual que no entiendas nada, seguiré también viendo tus fotos después de leer tus poemas aunque algún día te vea desde el interior de la Colombia 50 saliendo de la calle Cerón sin verme de reojo, da igual que el tranvía no suba nunca por Bernabé Soriano yo escribiré como si de verdad fuese así después de imaginármelo con esa pasajera de paraguas y gabardina

VISITANTES



¿Qué esperará encontrar aquí en este blog un moscovita? ¿O es un español en Moscú que de la pura insidia o aburrimiento cayó por azar? Tengo desde hace varios días alguien que me visita desde Moscú o eso creo, porque el origen es Moscorow que no sé si viene a decir lo mismo que Moscú, si ponemos Moscorow en google no encuentras nada asequible a nivel de lectura, por lo cual sólo que meda la opción de darle la bienvenida y que se sienta como en su casa. También puede ser un español de mi barrio que utilice una página moscovita para entrar aquí sin ser visto, yo hace tiempo cuando era más pirata de la red que lo que soy ahora entraba a muchas páginas de aquí del país a través de una página argentina para no indicar datos de mi origen.
Mi emérita amiga del bajo levante me sigue visitando, necesito que lo haga, yo procuro visitarla todos los días aunque ha sido la segunda persona en mi vida que me excluye de la suya obligándome ante la incertidumbre de si volvía o no a convertirme en más retorcido hablando en términos cibernéticos, pero me he equivodado, sigue ahí en su mundo fotográfico y poéticomusical con su instrumento de viento siempre cerca para que le toque la melodía que ella elija y sea la que le produzca más placer.
Estoy disfrutando las noches difíciles gracias a Dino Buzzati y la magnífica edición de acantilado, no sabes si el irreal eres tú o el protagonista, me estoy cansando de tanto mal imitador de Kafka, aunque éstos se retuerzan más convirtiéndose en deprimentes escritores, Dino Buzzati se salva, aunque no lo ha hecho Víctor García Antón en Nosotros, todos nosotros editado por Gens donde en su página 40 no sabe su autor de qué color tienen el coño las pelirrojas, si contacta conmigo quizás le pueda resolver el misterio, aunque hace más de veinte años que no he vuelto a ver ninguno de ese color.



XXXIV

Dulcesojos se sentía fugazmente dichosa y en otros destellos de sus pensamientos se descubría como la más desgraciada de la comarca sin que precisamente ésta fuese la de su residencia. Ya se lo decían varios lugareños oriundos de la aldea, no era tan fácil ser o hacer de musa, pero ser un personaje más principal que el propio jefe de estación ya le proporcionaba esos sinsabores no buscados aunque sin ser rechazados por las situaciones secundarias derivadas del argumento. Nunca imaginó escribir de esa forma la segunda parte de su propia historia dictándole a su amigo ahora desde lejos, jamás imaginó verse lejos de Cástulo viviendo otro tipo de silencios plasmados en forma de letras y frases sólo rotos por los formales encuentros pactados de forma previa con el jefe de estación o el propio autor. Jamás pensó que sería la fuente inspiradora de la formalización del club de lectura en la primera aldea de su provincia conforme se venía de tierras manchegas y levantinas.
Esa misma tarde fue la más satisfactoria, se quedó desnuda en la habitación un rato contemplando a lo lejos el edificio de la vieja estación después de despachar a su jefe que le había echado todo en su interior. La situación cada día era más insostenible, ese juego del devaneo a dos no le iba a conducir a buen puerto, esa infidelidad mutua y paralela entre el uno y el otro simulando pasar el rato con pleno disfrute sin ser totalmente saciada debía ponerle fin, los vecinos de Bonache que siempre la miraron bien cada vez la miraban peor, e incluso algunos dejaban hasta de mirarla.
Casi anocheciendo camino de la estación planificó mentalmente la retahíla de disparates verbales que le pensaba soltar al autor, estaba harta de ser ridiculizada cada día más como personaje en un contexto argumental que no iba con ella y su habitual estilo de vida aparente, otra cosa es lo que pensase en la realidad, pero ante los demás no había sido así nunca pues siempre había llevado bien colocada la máscara sobre su rostro y por un farfolla de escritor no debía de consentir que completara la historia de la vida de sus pensamientos.
Casi al llegar tropezó cayendo sobre un charco que no se llegó a secar del todo tras las últimas lluvias sobre la comarca, la falda de volantes que se había colocado para la ocasión se puso perdida de barro, su cara y sus manos, no hablaría con el autor, le solicitaría permiso para darse una ducha antes de su charla y volver a sentirse con el alma primorosa. Chorreando agua embarrizada consiguió llegar a la estación donde por vez primera se encontró la puerta cerrada, no había luz arriba, la encendía pronto su único habitante que no era precisamente un pasajero, no había nadie, no entendía dónde podía estar el autor a esas horas ya oscurecido cuando se había autocondenado a esa existencia monástica y de recogimiento en el edificio de la estación que nunca fue.
¿Estás ahí arríba?
Silencio total, nadie respondía, le podía haber pasado algo, pero le daba igual, podía estar en el lavabo llorando su amarga existencia, pero ella jamás iba a consolarlo a pesar de concederle el suculento argumento para su libro, era mejor irse, podía darse un paseo nocturno por el camino destinado a la no construida vía del tren con la incertidumbre de si subir hacia Bienservida o bajar hacia Puente de Génave, esa era la satisfacción de sus haceres, subirse y bajarse si las neuronas no le causaban traición, un ejemplar atrasado del diario provincial pegado en el suelo hablaba del proyecto literario en Bonache, el Alcalde de Puente de Génave era el encargado de la inauguración si éste se producía, la noticia hablaba de la colocación de una primera piedra para el proyecto literario en la aldea, ese ejemplar no lo leyó en su día, ella que no se perdía ningún ejemplar del diario, tuvo que ser un lapsus o ese día lo tuvo que dedicar a otras actividades más autocomplacientes. Ahora veía que la cosa iba en serie, el libro, el club de lectura que un día sería un auténtico apéndice del centro andaluz de las letras con la aldea manchega y vecina de Bienservida como otra rama vecina del proyecto una vez desarrollado, la noticia hablaba de un experto literario de la provincia que venía ya de camino desde Jaén para asesorar a los habitantes de la aldea sobre el proyecto y realizar un previo estudio de campo sobre la viabilidad o inviabilidad de la promoción de la lectura en el lugar en el que ya de por sí se leía poco, total, a ella le daba igual y no le iba a producir este problema local ningún tipo de sinsabor o quebradero de cabeza. Se apartó un poco del camino y se desnudó completamente no importándole el esfuerzo que le supuso desabrocharse la ancha falda floreada que tanto le gustaba al autor cuando lo visitaba aquellos años en su celda del sanatorio mental de Cástulo, se dio cuenta que no llevaba ropa interior, se le había olvidado quizás de forma deliberada.

EN TORNO A UNA FOTOGRAFÍA

La fotografía evoluciona por sí misma o por el impulso de nuestro comportamiento diario ya sea por azar o provocando determinada situación aunque ésta no sea buscada. No hablo de la fotografía dicho sea en el término genérico de su relación con el arte, me refiero a una fotografía propia no publicada e inédita guardada en las entrañas del ordenador y que ahora ve la luz.


El curioso o curiosa puede agrandar la fotografía picando sobre ella y sabrá a que me refiero.

La fotografía de un grupo formando una pequeña muchedumbre puede dejar de ser totalmente urbana cuando su autor contempla lo resuelto percibiendo que alguno de los elementos humanos que la integran se han percatado de la actuación del fotógrafo cuando les disparaba con la cámara. Ambos personajes, sean fotógrafo y fotografiados siguen siendo anónimos los unos con los otros, desconocidos en la vida diaria, aunque algunos de ellos en un momento o instante de su vida se percataron que estaban siendo inmortalizados por la otra parte.
La evolución no siempre termina ahí, la fotografía urbana totalmente anónima que en el momento o instante de apretar el disparador se convirtió de repente en un robado al conocer los personajes que salen en ella ese momento también decisivo del fotógrafo inmortalizándole a éste con sus miradas, puede llegar un momento en que ya no es tal robado, esa fotografía ha evolucionado por sí sola y esos factores humanos ahí recogidos dejan de ser personajes desconocidos convirtiéndose por la parte más corta en conocidos de vista dejando un poco de ser anónimos los unos con los otros. El fotografo no busca a sus personajes, pero en un momento dado los puede encontrar, ellos lo miraron a él cuando él los miró y detuvo con su objetivo, sí, hablo en plural, la magia de la fotografía tiene tanta fuerza que no son dos sino uno los fotografiados y posteriormente hallados por el azar, ellos dos lo miran a él decía en la estampa fotográfica, yo los miro a ellos al conocerlos de mi foto, las incertidumbres en el caso que nos ocupa consisten en que en el ámbito ajeno a la fotografía totalmente dentro de la vida real ambos dos o ellos también han dirigido su mirada contra ti ignorando el que suscribe si fue porque te reconocieron incluso suponiendo que la cámara réflex al ser accionada te cubre el rostro o por simple contestación a tu casi por inercia descarada mirada hacia los dos, más por puro asombro que por el significado real del descaro.
Me estaba despidiendo en ese momento de alguien y al mutuamente vernos me atolondré, la despedida no fue normal, la persona despedida parecía mirarme incluso con extrañeza ante mi enorme desazón. El adios de despedida a mi amiga me devolvió a mi habitual olvido hasta la próxima claro está, o era yo el olvidado desconocido y todo eso por una fotografía.

Esa misma noche sucedieron otras extrañas sorpresas, un amigo que indirectamente relacionaba con el lugar en el que me encontraba apareció por relación directa con el resto que allí nos encontrábamos, unos por azar, otros por obligación y otros vete tú a saber. El caso es que ese amigo ahora lo será más todavía, aunque ya de por sí lo era ya que nos hablábamos poco y creo que así seguiremos, nuestras vidas van en oblicuo y es difícil volver a coincidir, pero el encuentro silencioso me hizo sentir dichoso, en cualquier parte la nada engendra amigos para que no te sientas tan solo o como el único que está pendiente de que los demás no estén pendientes de él.

Me gustaría ser como el Vizconde Demediado, este curioso personaje de Italo Calvino es partido literalmente en dos de un cañonazo por los turcos, cada mitad de su cuerpo queda con suficiente autonomía para seguir viviendo pero por separado al negarse los médicos a coser las dos mitades. Estoy harto de plagiar en la vida real los personajes de libros y blogs que leo, o incluso de mi propio blog donde mi otra mitad viaja ya con destino incierto.


PERTURBACIONES




Después de varias décadas sigo con las erecciones mañaneras justo a la hora que está para sonar el despertador impidiéndome su inminente sonido darle una solución digna al tema, más si tu compañera de cama se levanta antes que tú y estés oyendo desde la propia cama cómo le cae resbalando sobre ella el agua caliente de la ducha. A veces siento la tentación de utilizar mi capacidad diestra para en pocos segundos vaciarme lo mismo que la pila, o asaltar la ducha a saco en su caso desafiando al frío en los pocos metros que separan el cuarto del aseo, son tantas veces y tantos los días con estar circunstancia que me sería insoportable vivir otra vez el día de la marmota.

Otra vez los funcionarios. El Diario El Pais se vende en el artículo que leo ayer sábado a determinados cargos como un tal Enrique Cejudo que deben de velar por el cumplimiento del horario del trabajador denunciando éste que son los funcionarios de a pie los que no trabajan elevando con total osadía el problema a instancias superiores. En mi caso me ocurre al revés, mira por dónde El País no me ha preguntado nada, otra vez será, he tenido y tengo compañeros que trabajan muchas más horas de la cuenta para llevar adelante su negociado, pero también he conocido funcionarios con el mismo cargo que el denunciante en El País que el día que les apetece ni acuden a trabajar sin que nadie pueda acudir (pobre de ti) a la llamada superioridad elevando también el problema, poca objetividad del diario recabando la opinión o criterio para su artículo sobre el colectivo a través de jefes o profesores (pensantes para la ocasión) de derecho administrativo, como si nosotros los de a pie no tuviésemos capacidad de pensamiento propio o fuésemos meras marionetas de los de arriba que tienen también la capacidad de pensar tanto por ellos como por nosotros.

Perturbaciones - Antología del relato fantástico español actual Salto de Página y prólogo de Muñoz Rengel, lo tengo sobre la mesa en la fría mañana de sábado en la Colombia 50, no lo leo todavía, hoy he cambiado de tostada, la he pedido de jamón de York y esta modalidad te la sirven con el aceite untado, no puedo pintarla yo, una camarera o cocinera de la cafetería se me ha adelantado aunque al ser la obra de otro tengo que visionarla y valorarla, saco la Panasónic y la inmortalizo como obra pictórica de autora desconocida, todo parece una película escrita, o ya serán en plural, películas escritas.



XXXIII

Se encontraban los dos a la espera, el jefe de estación y el autor, Dulcesojos tenía que venir esa tarde al encuentro con los dos en la estación donde tras ducharse celebraría un rato de asueto con ambos.
Ya viene de camino
¿Duldesojos?
No, Blom.
¿Blom? ¿No es Blum?
No, es Blom, como el heredero universal y guardián de las letras de Bloom, que viene de camino para dirimir.
El autor conocía la historia del libro mejor que nadie, para eso era el escritor de su propia obra aunque no podía confiar en los lectores cercanos, mayormente los de Cástulo, Dulcesojos llegó a prohibirles de forma ingeniosa a la vez de sutil que no estuviesen pendientes del boceto de la historia a publicar en el futuro libro, que con ese silencio y haciéndole ver a su autor que la cosa no iba con ellos ni era la protagonista ni se terminaría de escribir y llegar luego a publicar, aunque también tenía a lectores con funciones de espía poniéndola al día de su propia historia pasada y presente con los frustrados deseos de un affaire buscado sin ser hallado, por eso al jefe de estación inducido por el autor se le ocurrió que después del asueto podían interrogarla sobre el tema, no podían invertir tanto tiempo en la escritura para que luego fueran ignorados por los lectores de Cástulo aunque el autor ya estaba experimentado en esa ignorancia cuando tuvo como cuidadora a la protagonista en el viejo hospital de Cástulo.
He traído el pliego de preguntas, yo haré de secretario, pero tú debes hacer de interrogador como más experimentado en ser obligado a la soledad e ignorancia por la chica.
Me imagino que no vendrá por la carretera.
Pero si el pueblo está a un paso, vendrá a pie con sus vaqueros ceñidos.
No, hablo de Blom, no te ilusiones aunque vistas de jefe de estación, el tren no va a venir, sin vías no hay ferrocarril aunque tengamos estación.
Ojalá venga a pie por la ruta en principio destinada a la vía del tren, si de vez en cuando circulan caminantes no crecerá la mala hierba que un día haga desaparecer el camino y aparezca una vía de tren inexistente desmantelada del todo incluso por la naturaleza.
Yo me quedé esperando con el silbato para dar salida a los trenes que nunca vinieron ni vendrán.
En mi caso es peor, no sabes lo que es vivir en la estación, no veo por qué sigo aquí con esta absurda historia de mi vida, por las noches veo las luces de Bienservida desde aquí y me pregunto si en su estación que tampoco fue destinada a su función habrá otro abandonado y condenado escritor a la pena de varios años de silencio y soledad.
Podía averiguarlo, Bienservida no está muy lejos y si voy caminando por la vía ayudaré a que no crezca la mala hierba.
Desde la ventana de la estación la vieron venir por el camino que conducía a la aldea, a la derecha seguía como siempre igual el camino hacia los lugares del Condado con Cástulo como destino final, encendieron las calderas para que si aceptase darse una ducha tuviese agua caliente.
Buenas tardes. En Bonache no quieren ni oír hablar de círculo literario. Tú ya lo sabes como autoridad ferroviaria de la aldea que eres.
Siempre lo supuse, es difícil inducir la lectura a unos vecinos a los que se les negó el paso del tren.
Voy a ducharme, espero que me hayas preparado toallas y roma interior limpia.
El autor observó en silencio e imaginándola desvistiéndose cómo se perdía en el interior de la ducha, el cuestionario que tenía que responder tras el baño esperaba sobre la mesa, Dulcesojos no podía ser la instigadora de la condena de su novela que todavía no existía a lo más bajo de los desechos literarios, el jefe de estación haría de notario aunque bien podían acudir vía auxilio al de Bienservida u otra población de las que se quedaron esperando el tren para garantizar la seguridad de la instrucción de la encartada en el proceso.

APUESTA





Leo a Javier Marías en la Colombiana quejándose de la futura ley antitabaco, el humo del cigarro de una cliente de la cafetería me envuelve a mí, al periódico y a la tostada, le toso en la cara una buena ración de saliva pulverizada.


Tenga más cuidado, me ha puesto lleno de babas.

Su pestoso humo me ha hecho toser.

Pero aquí no está prohibido fumar.

Tampoco está prohibido toser.

Volvemos cada uno a lo nuestro, la señora a su cigarro y yo a mi tos fortuita e inopinada, por lo menos aunque permitan fumar el aceite lo tienen en aceiteras de las de siempre, el otro día en la cafetería Zahori de la calle Cerón me lo sirvieron en una especie de cápsula cilíndrica y que dios sabe de qué tipo plástico estaba hecha, todo un desprestigo para el local, para el degustador, para el aceite e incluso para la propia calle Cerón, no hay que dejar la Colombiana ni una sola vez por cafeterías vecinas que te causan sinsabores dejando mal a la tierra que tan buen aceite produce, aceite encapsulado ¿a quién coño se le ocurrió semejante barbaridad?, odio estos locales que quieren jubilar o dejar obsoleto un objeto como la aceitera o cacharra de aceite de oliva que tan buen uso le damos imaginando que es un pincel que pinta figuras sobre el miajón de la tostada.

Me hace gracia a mí José Enrique Fernández de Moya cuando cuenta que Gaspar Zarrías sólo se ha preocupado por su sillón, él cuando con su funesta fama de politiquillo de despacho lo tienen que sacar casi a empujones del mismo para subir a algún barrio de Jaén a soltar exabruptos del resto haciéndolo más bien por lo general cuando viene algún mandamás de su partido para hacer bueno el dicho de que la causa obliga, como si no supiese salir solo a la calle. De Gaspar precisamente poco o nada lo vemos en sillones, más bien si pones la televisión lo puedes ver recorriéndose la provincia de cabo a rabo inaugurando algún colegio, comiendo con madres, o en algún acto de personas mayores. No hablo como defensor de uno o detractor de otro, este no es lugar, hablo de lo que veo, y si alguno se le ocurre pensar que se me ve el plumero que no se preocupe que se lo enseño si quiere.

Me consuelo con que Salinger (El guardián entre el centeno) tendrá su obra inédita oculta a la espera del oportuno rescate, no me imagino las últimas décadas de su vida sin escribir nada, mi apuesta es que sí, un escritor de este calibre no se puede conformar sólo con una gran obra que ya lo hizo leyenda, tiene que haber algo más, aunque todo esté en sucio o en borradores.

Mientras sigo mi autoficción excluyente Francisca Ortega Álvarez Secretario de Educación del PSOE me expulsa de su facebook, siento miedo, puede ser un primer paso para la expulsión del partido, me hizo recordar mi inminente expulsión del Sanatorio Mental de Cástulo, eterno excluido para todo, el vacío significativo vuelve a volar encima de mí.
XXXII



Al dejar la calle desde la que Dulcesojos contempló desde su balcón una madrugada de viernes santo pasar el cristo nazareno con el autor de espectador sorpresa, Blum consiguió llegar con no poca torpeza debido al desconocimiento del orden de las calles de la ciudad al viejo sanatorio mental no sin antes detenerse en la puerta de la cafetería Fleming recordando que según los primeros bocetos leídos este local era el santuario que convertían a Cástulo en la capital del rico café, una cafetería que vivió sabias e inteligentes conversaciones y sirvió de fuente de inspiración al autor cuando acudía en busca de su propia supervivencia y que ahora le servía para reescribir literariamente sus recuerdos.
Camino del sanatorio donde pasó aquellos años su amigo como enfermo mental fracasado y con ideas literarias desconcertantes tan útiles para llenar su silencio que ahora lo citaba en Bonache rogándole que hiciera de intermediario y aportara su saber y experiencia para fundar el club de lectura pensó en detenerse también en lo que quedaba del bar Marce como viejo referente de lugar de encuentro entre los pacientes y personal sanitario del hospital, todo le resultaba extraño sin entender que hacían esos personajes variopintos en esa aldea con estación pero sin tren que curiosamente si algún día hubiese circulado por su vía la estación final de trayecto era Cástulo, lugar en el que no salía de su asombro al desconocer ahí su misión como paso previo a su periplo hacia esa dichosa aldea para por encargo del autor poner en marcha ese proyecto que no iba ser o ponérselo tan fácil, antes tenía que conocer dónde se desarrolló el argumento y lugar en el que habitaron sus personajes, el futuro club de lectura en Bonache iba a ser perfilado según la solidez de la historia de la también futura novela.
Antes de doblar por la calle de los Marqueses de Cástulo decidió acercarse a la librería Entrelibros, no era tal ya, había quedado como un mero y a su vez importante círculo de lectores a nivel local que organizaba algún que otro concurso o premio al relato corto, todo estaba alterado para ser la primera vez que visitaba la ciudad, se imaginó en su interior a musa y autor con sus lenguas entrelazadas en la estantería más recóndita del local, era una lástima que ya no se vendan libros, sólo el premio anual de relatos le daba algo de sentido a su existencia, la imagen inexistente le hizo abandonar pensando que su imaginación superaba a la del autor por momentos, y esto no era bueno.
Llegó con el mismo estado de decrepitud que las paredes, el sanatorio llevaba algunos años cerrado debido a los tristes acontecimientos de carácter sentimental entre el personal sanitario y los pacientes, al asomarse algo encaramado a una ventana sin saber cómo se precipitó junto con su mochila al patio interior viéndose atrapado como en un pozo del que era inviable salir.
La curiosidad mató al gato. Que se los folle un pez a los que aquí estuvieron.
Esos mismos que lo esperaban ansiosos en la aldea, pero dentro del viejo lugar percibió la situación de ridículo silencio condenado al que iba a ser sometido por la no buscada ni deseada circunstancia atisbando que lo mejor sería ponerse en antecedentes de lo sucedido hace años entre enfermos y cuidadoras, sólo conocía como premisa que en una de esas oscuras habitaciones se fraguó el viaje a la playa aunque luego se materializase como deseo fuera de los muros del hospital. Lo primero era ponerse en marcha y buscar algún diario conocido del autor, algún borrador o papel suelto o quemado que le colocase en situación de partida para el análisis de la futura novela, no bastaba con llegar a Bonache y de buenas a primeras darle el visto bueno a todo, ahí tenía que haber algo que le diese por lo menos lógica y sustancia literaria al prólogo como una estantería rota, algún pañuelo en desuso, alguna mancha de restos de fluidos en el suelo o rincón, el eco no apagado del todo de alguna insinuación o bronca como preludio al eterno silencio, lo que sea, el viaje por los interiores del sanatorio no iba a ser corto, soltó en una vieja mesa su único equipaje de viaje que constaba de un par de libros, un Boli y una libreta cuadriculada.