
¿Por qué te fuiste dos veces en silencio y la tercera vez ni siquiera te acercaste a pesar de que te esperé? Te imagino sin nada entrando en el agua cuando piensas en mis imágenes, no soy yo el que caza los momentos, sino el dedo mágico que pulsa el botón para hacerte ver y sentir sensaciones inimaginables, búscame a pesar de la cercanía para saber si sigo escribiendo sobre ti o te invito a seguir pasando por la cafetería en la que desayuno buscándome de reojo.
A veces me pregunto si existe vida fuera de la calle Cerón, no soporto que el nuevo tranvía no suba hasta la Catedral por Bernabé Soriano y la calle Campanas con una pasajera saliendo de la calle Obispo Aguilar esperándolo con gabardina como única prenda y paraguas esa tarde lluviosa, una estampa única que superaría las mejores imágenes tranviarias de Viena o Lisboa. Por eso me refugio en esta calle, para ladrar en la libreta cuadriculada mi rencor sobre la parte de la vida que no está de acuerdo conmigo y me huye dejándome en la más completa soledad en esa cafetería, alguno de mis buenos amigos si es que en realidad lo son también pasan por aquí parte de su vida, es difícil verlos y sentirte en la calle Cerón alguna vez acompañado, y más desde que en la oficina hablan todos los días en latín (in patris egestate) se aprovechan de su condición de juristas o galenos donde no sólo aprendieron las leyes y praxis correspondiente, también los adoctrinaron en latín, la oficina parece una torre de babel ya que el que tiene estudios de leyes no habla el mismo latín que el que estudio la ciencia médica, yo que soy titulado en otra disciplina donde no ves el latín me siento tan desazonado que huyo hacia arriba buscando la calle Cerón que siempre me espera con sus libros y olor a café,imaginando que pasa ella buscándome de reojo.
Quiero que un día me encontréis, ahora mismo paso a liberar a mi presa para que podamos entrar el uno en el otro. Adoro esas piernas que apuntan hacia ese viejo reloj parado colgado en la pared, me da igual que no entiendas nada, seguiré también viendo tus fotos después de leer tus poemas aunque algún día te vea desde el interior de la Colombia 50 saliendo de la calle Cerón sin verme de reojo, da igual que el tranvía no suba nunca por Bernabé Soriano yo escribiré como si de verdad fuese así después de imaginármelo con esa pasajera de paraguas y gabardina




