MANOLA



No siempre la manola sirve para darte consuelo, no siempre su búsqueda y consecución mutuamente compartida es el remedio a los males y pulsiones negativas que voy arrastrando desde que me ingresaron y dieron de alta obligatoria en el Sanatorio Mental de Cástulo. Hoy por la mañana al salir del oculista he decidido poner fin a todo acabando con mis días, el primer tranvía que pasara por el Paseo de la Estación en sentido descendente iba ser el arma que me provocara la autolisis fatal. La visión la iba perdiendo con el paso de los días como efecto secundario de ese desahogo, los raíles a los que pensaba arrojarme no los veía con la misma nitidez, el desahogo con la manola se convirtió en el sanatorio en un mal endémico que todavía arrastro.

El tranvía no va a venir de momento, todavía siguen las obras – me dice una conocida voz del horario laboral al que no acerté a adivinarle el rostro por mi incipiente ceguera.

Mira que me lo advirtió hace décadas aquel párroco de Santa María de Mágina, o te quedas ciego, o no creces. Ahora si me arrojo al tranvía que todavía no sé si vendrá es como renunciar a todo, a mi propio aislamiento al que fui condenado durante aquellos años, a los pocos amigos que me quedan, a la literatura, a Vila – Matas que sigue escribiendo en El País. No podré terminar de leer Bartleby y Compañía al haber ido perdiendo la visión al igual que perdí a mis compañeros pacientes mentales como yo en el sanatorio y que al final se enteraron de que soy un mal personaje que deambulo entre relato y relato. Pero ellos no saben que uno de mis sueños de siempre fue el arrojarme a las vías de un tranvía que no existe al estar en construcción.

Si te tiras a la vía, lo más que puedes hacerte es descalabrarte y te tengan que dar puntos en el Cristo Rey.

Quizás tenga razón el anónimo que pasó por ahí y me lo dijo, pero aún ni eso y más cuando en el lugar en el que pensaba suicidarme ya estaba cementado y adoquinado, pero sólo por el hecho de mencionarme el Sanatorio Cristo Rey volví a rememorar en mi hueca cavidad cerebral lo sufrido en el de Cástulo, me quedaría sin leer o que me leyera alguien lo publicado hoy en Diario Jaén por Arturo Gutiérrez de Terán sobre José Viñals. Desconocía la faceta escritora de Arturo, cuando me lo han leído al oído me ha gustado, le animo a que escriba más, su vida hasta ahora ha dado mucho de sí y seguro que tiene muchas cosas y anécdotas que contar de la vida cultural en la capital de Jaén y su provincia.

¿Pero cuántas te hacías cada día? – me preguntó el oftalmólogo.

Las primeras gotas de lluvia hicieron que todos los operarios de las obras del tranvía se refugiaran en el quiosco del parque volviendo mi persona a sufrir junto a los metálicos raíles una leve soledad de la que todavía me siento inmunizado, la soledad junto a la vía del tranvía, la soledad en las cuatro paredes, en el gris pesillo, la manola como consuelo, al oculista no le importaba el número, sí el frenar mi progresiva ceguera que no me dejaba ver algunas cosas, la compañía discreta, preparada y artificial, aquellos años estuve más ciego que ahora que soy adicto a las vías de tren o tranvía vacías, la amistad posee unos enigmas complejos según me han leído que cuenta Felipe Morente Mejías en Diario Jaén, no sé quién es, Arturo sí, los dos han escrito en la misma página sobre el poeta José Viñals, Felipe Morente no supo resolver esos enigmas, en eso se parece y piensa como yo.

DÍA GRIS




Me ha parecido oír que el otro día fue el día del libro, todo un despropósito para los libros y lectores. Por poner algún ejemplo práctico de lo que digo ayer al pasar por la Calle Cerón mis ojos pudieron contemplar como en la Librería Metrópolis habían instalado un expositor externo a fin de que cualquiera que pasara por la calle pudiese adquirir los libros en la librería, pero qué libros, sólo los comerciales, el del ángel, la del bidón de gasolina, que desmán, incluido el último de Vila – Matas Dublinesca. En Onda Jaén se demoniza la lectura al entrevistar a una librera, pero no en una librería sino en una papelería como lugar en que más que libros puedes comprarte un sacapuntas, cartulinas, pegamentos y otras drogas inhaladoras que poco tienen que ver con la lectura. Veo el libro regalado, el libro envuelto en papel de obsequio que es impuesto al destinatario con una sonrisa pero que a éste posible lector no tiene por qué gustarle, un corredor de gama alta de la vía verde del aceite compra a su novia, mujer o madre La noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina cuando a lo mejor lo que lee son tbos de Mortadelo con 13 Rue del Percebe o Jabato Color. Odio el día de esto y el día de lo otro, no se salva el libro y más cuando este libro es casi insultado al ser sólo utilizado para el vil negocio.

Tras sufrir por segunda vez el mal de Montano bajo de la Calle Cerón indignado por el mal que vienen sufriendo los libros últimamente al dedicarles un día concreto hacia la Calle Bernabé Soriano, por la poca niebla que cubre la calle veo subirse una chica en el tranvía que no tardó en desaparecer entre la espesura, había subido al mismo de forma nerviosa, la esperaban para uno más de esos cientos y cientos de acontecimientos donde uno habla y muchos escuchan en los que siempre reclamaban su persona por su buen hacer y saber estar. Cuando dejé de ver el tranvía recordé que era lunes, que el fin de semana había quedado atrás, que el día del libro había sido un mal sueño, el viento ligero en Parma fue el tercero en discordia en la cama quitando algo de tiempo a las tareas de sacar brillo a las armas antiguas que heredé de mi abuelo, había completado la mañana de domingo 8 kilómetros tras diez días de parón con nauseas como efecto secundario al volver a casa en turismo tal como en mí viene siendo habitual, el ir y volver en turismo quiero aclarar, no las nauseas que fueron aliviadas con una tostada con aceite tras la ducha en casa en solitario y sin ningún otro particular digno de contar. Cuando llego al Paseo de la Estación antes de subir a la oficina a completar el resto de jornada de lunes me embarga de los pies a la cabeza una especie de intriga, tanto divagar absurdeces por calle que no me acuerdo del tranvía y su apesadumbrada pasajera que habían desaparecido un rato antes entre la niebla, contemplo el centro de la calle y veo que las obras del tranvía siguen todavía en eso, en obras, o sea que de tranvía y pasajera nada de nada, se habían difuminado, el desayuno quizás me hizo desarrollar la imaginación más de lo debido, hoy todavía sigo sin entender por qué observé la línea del tranvía en obras, el Paseo de la Estación levantado y el tranvía sin circular, pura intoxicación literaria que me tiene fuera de sí, casi al borde de la desesperación, y eso que esa mañana pude ver muchos amigo virtuales que pasamos una línea de transformación si nos vemos en la realidad, unos te saludan y dan la mano preguntándote por la salud, otro te saludan con una cordialidad impecable, tan impecable que ese saludo levanta una barrera invisible de que hasta aquí hemos llegado con las amabilidades, otro junto a la biblioteca juraría que hasta se ha cambiado de acera para no tener que decirme ni hola, a los que más quiero no los veo, sigo esperándolos eternamente y siguen sin aparecer, la niebla se los traga con tranvía incluido, la ciudad se nos traga, aunque luego nos escupa para hacernos rodar sin destino definido a la espera de alguien que nunca llega alejándonos de nosotros mismos cuando más parece que estamos cerca de algo.

PERSONAJES SECUNDARIOS



Mi propio argumento ha tejido sobre mí una tela de araña en la que llevo años atrapado sin poder salir, un día tras otro atrapado en el tiempo, la publicación de los dramáticos días de la marmota vividos en el Sanatorio Mental de Cástulo que nunca vieron un final feliz al contrario que en la película será mi tabla de náufrago que me hará llegar a la orilla y poder pisar por fin tierra firme.
Difícil es la publicación de aquella nefasta época cuando no soy el autor sino el malvado protagonista de aquellos años que no fue capaz de escalar a la torre del hospital y rescatar a la princesa, difícil es también entender el por qué tus principales lectores son tus más acérrimos enemigos, sean las enfermeras del sanatorio que no se pierden un solo capítulo de mi extraño papel que me adjudicó el autor en las páginas de su novela. Faulkner me dio la respuesta, nunca he conseguido terminar un libro de Faulkner, aunque sí he superado dos veces y pico las obras completas de Onetti, un faulkneriano donde los haya. Pero sí entendí a Faulkner y hoy entiendo a mis viejas amigas al leer: “Una novela es la vida secreta de un escritor, el oscuro hermano gemelo de un hombre”.
Yo me reía aquellos años a carcajadas mientras mi alma gemela lloraba en los rincones, ahora estoy enfermo de literatura como Vila – Matas, enfermo y obsesionado con escribir, el mejor ansiolítico, una especie de antipolvo que esa alma gemela clama desde las páginas de la novela como personaje donde me utilizo yo mismo como excusa por no saber escribir bien, la disculpa de cualquier mal juntaletras, ser el personaje y si es posible el malo de la historia en el que me convirtieron, situación que sigo manteniendo aunque me lean tanto haciéndome pensar que por qué a mí cuando hay tantas buenas obras en las bibliotecas o mercado literario.

Hoy me han descubierto una nueva cafetería, se ha ganado el segundo día de existencia el distintivo de calidad como lugar donde sirven el aceite de oliva para la tostada en cacharra metálica, está tocando el barrio judicial y el hospital, no recuerdo su nombre, pero está al principio o al final de Arquitecto Berges, mañana cumpliré con mi obligación de volver a la Colombia 50 a ver si tengo suerte y tengo visita, aunque sea alguno de esos personajes también secundarios de la novela en la que como he dicho sigo sin poder salir.
M por fin llega, tiene la obligación de hacer una tarde a la semana en ese centro de mayores donde la junta le tiene adjudicada la misión de trabajar socialmente por ellos, son de mucha edad, pero me cuenta que con las actividades que organizan algunos jueves se divierten mejor que muchos jóvenes, ahora entiendo lo de la tercera juventud a la que nos vamos acercando paso a paso, los personajes también envejecemos, las letras se tornan más claras y las páginas pajizas.



Fernández de Moya ha salido a la calle hoy, lo veo en Onda Jaén haciéndose fotos con vecinos con aspecto de ser más de izquierdas que la Pasionaria, dicen los de su grupo político que no salen en la tele, querrán que acudan las cámaras a su despacho y grabarlos alpotronados en el sillón, el Moya no es de calle, le cuesta salir, no le gusta, nunca los veo por la calle, todo lo contrario que sus rivales políticos del PSOE de los cuales a veces veo tantos por las calles cuando subo al centro histórico que casi me tengo que esconder si no tengo ganas ese día de saludar a nadie por encontrarme en una fase o capítulo de insociabilidad. Prefiero al político que sube y baja por las calles de Jaén, el que sale y el que entra y se hace fotos y deja grabar todos los días, dos veces al mes no vale, los que se quejan que no los graban por ser sólo de despachito sanclementino sin nada constructivo que aportar seguirán sin salir en la tele, seguirán siendo simples personajes secundarios de su impropia historia, la más negra, nunca les perdonaré tanta oposición destructiva hacia el tranvía de Jaén, aunque ahora están algo más callados en ese tema, se están dando cuenta de que estaban metiendo la pata.
La exclusión sigue, Celia Mondéjar, fotógrafo o fotógrafa de Ideal Jaén también me expulsa de su facebook, seguimos sin ser nadie, tormento en aumento.

JARDÍN IMAGINARIO



La negación del amor me hizo enamorarme de las paredes vacías y casi de las alambradas que rodeaban el recinto, es como si hubiese muerto pero con la salvedad de que era consciente de todo lo que sucedía a mi alrededor. Salía muchos a días a tomar café, era un enfermo atípico al que dejaban tener libertad, sobretodo fuera del hospital, llegué a pensar que abrían las puertas con el objeto de que me fugara para no volver jamás, un régimen distinto al resto de locos aunque sufrí también el complejo los tres últimos años de ser el único loco del sanatorio de la remota, plomiza y aparentemente beata ciudad de Cástulo en cuyos grises pasillos viví una etapa brillante y otra nefasta , yo era uno del pequeño miembro de dos llamados “los otros”, en honor a esa película que más tarde rodó Amenábar quizás inspirado al llegarle a sus oídos nuestra historia de esos años.
Mi cuidadora asignada a mi persona no me decía nada, nunca hablaba, eran sus compañeras las que me acribillaban a preguntas, no soportaban mi vida algo disoluta de aparente escándalo, sus propósitos no eran otros que volver mi persona al buen camino e incluso casi obligándome a hacerme seminarista, por eso muchas tardes salía a pasear en solitario al jardín donde imaginaba un precioso conejo blanco con toda la pinta de inquieto y extrovertido que comía pienso de marca y bebía cuando sentía sed un agua blanquecina que emanaba de una fuente también imaginaria del propio jardín.
Una tarde en ese jardín en el que desaparecía del resto dentro de mis propios pensamientos consiguieron hacerme volver en sí al anunciar la enfermera jefe la llegada de otro enfermo con una manía similar o idéntica a la mía, la de creerse escritor sin serlo. Nada más presentarnos los dos el otro me preguntó de forma directa que cómo es que me dedicaba a escribir novelas y folletines si mi personalidad no daba ni para ser personaje secundario y con tachones. Intuí que antes de ser presentados tuvo que ser advertido de mi locura por la enfermera gobernanta.
Con el paso de los días me pareció creer que el escritor parecía ser de los de verdad más que un maniático desequilibrado, las cuidadoras del sanatorio lo veían guapo y atractivo aunque por mi parte nunca supe si era creyente o pagano. El caso es que pocos días después desapareció para no regresar más, quedé confuso tras analizar la situación, con la rapidez que le dieron el alta no entendí si realmente escribía o era un mal personaje folletinesco, o algo peor. El resto de las tardes siguieron su curso con la habitual monotonía, el jardín seguía ahí, y el conejo blanco extrovertido seguía rodando por mi imaginación.

CRUZAR LAS VÍAS



Llevo varios días cruzando las vías del tranvía para ir a tomar churros con café con leche en el quiosco del parque, nada que ver con el desayuno oficial en otros lugares de mi elección en el Jaén antiguo.
Volviendo al primer desayuno que tomo casi en plena noche, éste va adquiriendo un tinte romántico debido a que desde hace unos días han colocado en el Paseo de la Estación los raíles del tranvía obligándome a cruzarlos al ir y al volver. Me siento distinto, se me enciende el romanticismo al ver una vía sin tranvía que me recuerdo al argumento de un sueño lejano que tuve de vías sin trenes y estaciones sin vía.
Antes del café compro un periódico en el quiosco también del parque, pero sin churros, más bien es de revistas y periódicos, un parque de la Victoria con dos quioscos, el de los churros y el de la prensa, el primero incluye también restaurante y cervecería improvisada al medio día, sobretodo los viernes. No suelo pedir aquí la media tostada, no sirven el aceite de oliva en aceitera y no puedo dibujar por lo tanto estructuras abstractas con el aceite al caer sobre el miajón.
Si hubiese estado terminado el tranvía, esa mujer que se colocó a mi lado en la barra justo cuando empezaba a leer las noticias de economía la hubiese imaginado como una pasajera de ese tranvía que lo espera, se monta y viaja por la ciudad en el interior de mi mente, pero no, no era ella, la ficticia pasajera la imagino siempre por el centro histórico esperando el tranvía por Bernabé Soriano. Quiero tomar con ella café un día y no se deja caer.
Me fijé en ella, en la primera, la que tenía junto a mí, pidió un café con leche pero sin churros, unas absurdas pastillas de mermelada y mantequilla iban a ser abiertas y restregadas sobre el pan con el propio envoltorio del producto.
Sonó su móvil, faltaban todavía cinco minutos para las ocho de la mañana y ya recibía la primera llamada del día o la última al escuchar la extraña conversación oral con otro interlocutor para mí invisible, y que por más que utilicé la sesera no logré ponerle rostro y aspecto imaginarios. Reconozco que fui un cotilla, me inspiré en las letras de Impostura de Enrique Vila Matas, me hizo recordar el libro que una vez me llamaron cotilla cuando yo fui el cotilleado, un juego de palabricas y el entorno desfavorecedor me dejaron el estigma que todavía no he conseguido purgar.

El tiempo transcurrido es el que tiene la culpa –decía la chica a mi desconocido interlocutor.

Se lo hice a la primera, pero no conté con su mujer, tuve que mandarle un recado nuevo, la descoordinación nos hizo acabar a los tres en la misma cama a la misma hora, el SMS tuvo la culpa, me dio error justo cuando se había ido la batería.

Mira, los dos durmiendo y yo despierta. Pero pensé que tenía que salir, que irme de ese piso, mujer fatal e inconformista con todo en una cama extraña a la que no me habían invitado. Salí a la calle subiéndome todavía la falda negra y sin bragas, no las encontré, no sé qué versión contar en casa.

Aboné el desayuno y volví a cruzar las vías buscando el calor de mis compañeros de oficina, seguro que Lingarta me estaría observando desde su despacho acristalado en el Paseo de la Estación, ese primer café del día no me sirvió para completar la lectura de la prensa, luego subiré a la Colombia 50 y a encargar en el Ayuntamiento un certificado de convivencia, nos lo exigen para una ayuda por compra de vehículo, los de la financiera no se deben de creer que conviva con alguien, me deben de haber visto en el rostro cara de insufrible o condenado a la soledad absoluta. Tampoco entiendo por qué está uno amargado durante el interminable domingo si los lunes empiezan a veces de forma tan extraña.

LA PRUEBA



Después de aquel corto paseo por la feria del libro en el Paseo de Linarejos no volví a saber de la ciudad en muchos años, la plácida vida en Jaén provocó en mi desmemoriada sesera que esta localidad dejase existir, nada me ataba a sus calles, plazas, librerías o cafés, ni siquiera su semana santa llamaba la atención de mi cámara de fotos, me llamarán sacrílego más de alguno de sus habitantes por mi denostada opinión a esos pasacalles procesionales que nada tienen que ver con el voto de pobreza que profesaba el real de la imagen que representan.
Aquella mañana cogí la travimeta, había mejorado con el paso de los años, ya no era la compañía de autobuses destartalados e impuntuales como se le había caracterizado por los pasajeros que hacíamos el recorrido de Jaén a Linares, me llevé para el camino Hijos sin hijos de Enrique Vila Matas, una buena edición de Anagrama de la que fui disfrutando mientras cruzaba al otro lado del Valle del Guadalquivir alternando su lectura con el monótono paisaje olivarero o cuasi industrial de los alrededores de Mengíbar que no se había alterado en grado sumo con el transcurrir del tiempo, este viaje a Linares fue una forma de escapar a la arbitrariedad de la existencia pero que en realidad el único propósito era la adquisición de un libro y volver a pasear mi alma solitaria por esa ciudad que me convirtió en escritor fracasado al más puro estilo vilamatiano en honor al prestigioso autor barcelonés que cada vez iba pareciéndose más a mí perdiendo enteros su popularidad. Hoy descubro que con gran acierto de ha abierto en Facebook un foro para denunciar todos los males de la empresa de autobuses Jaén Linares Travimeta.
Al llegar a Linares no llovía, nadie fue a esperarme a la estación de autobuses. Linares perdió hace siglos el nombre de Cástulo aunque en la literatura sigue conservando la denominación de origen, pasé primero por la Calle Sagunto y su Cafetería Fleming a la que omití entrar, fue un lugar en el que viví las más extrañas tertulias donde algunos de los que nos juntábamos pensaban más que hablaban mostrándose ausentes, otros sin embargo pensábamos en alguna diosa de la belleza que hacía alterar los instintos provocando que más de uno luego tuviese que desahogarse de forma unilateral. A continuación llegué a la Librería Entre Libros a la que sí entré.




Buenos días.

¿Qué ha venido a hacer usted aquí?

Quería un libro.

Esta usted en la mejor librería de Linares pero todos los lectores no siempre son bienvenidos. ¿Qué libro busca?

Delirios en la arena de Randle McMurphy.

Ese libro no lo tenemos, se prohibió su venta en la ciudad al no ser Randle McMurphy un escritor sino un enfermo mental de Alguien voló sobre el nido el cuco.

¿Eso es posible?

Totalmente, no pasó la prueba de la comunidad religiosa de la ciudad.

¿La iglesia?

No, las beatas que mandan más que la propia iglesia.

Pero mi libro no es inmoral.

No es cuestión de inmoralidad, ni ellas practican moralidad alguna, simplemente no pasó la prueba.

....................

¿Ha dicho su libro? ¿Quién es usted?

Randle McMurphy.

¿El protagonista de…..? Pero si en la película es Robert de Niro el autor.

El autor soy yo.

El actor quise decir

Si el libro no fue bien recibido menos será el autor.

En efecto.

Usted no es buen librero.

Nadie es perfecto.

Camino del Bar Marce pasé de nuevo por la churrería de Manolo a la que también omití entrar para evitarme problemas, nadie por la calle me miraba de forma aparente, sólo con una especie de reojo cuando yo hacía que no me daba cuenta, la gabardina y la mascota creo que más que ocultar mi persona la hacían resaltar más, mis carencias afectivas eran superiores al protagonista de mi libro, en mi caso cada vez que veo una mujer por la calle de cualquier ciudad me la intento imaginar sobre la postura que la haría chillar más. Al llegar al bar temí que el tabernero hiciese uso del temido para mi fracasada persona “reservado el derecho de admisión”. El posadero abrió el turno de palabra.

Ha abusado usted de su condición de escritor, se le ha permitido todo tipo de rarezas y caprichos.

En realidad sólo quiero una cerveza y coger la travimeta de las 13:45 y largarme.

El dueño del local me había entrado de frente sin saludar mirándome de forma perpleja examinándome detenidamente, se le notaba su condición de alguacil de la plaza de toros en la que cogieron provocandole luego la muerte de Manolete.

Usted aspiraba a construir un imperio literario y fíjese lo bajo que ha caído, aquí en Linares ya nadie lo quiere, lo mejor que puede hacer es largarse por donde vino.

Era la primera vez que salía del Marce a palo seco, la evolución de este bar y de mi persona habían discurrido estas últimas décadas por caminos distintos, la estación de autobuses estaba cerca, me coloqué unas gafas oscuras de pasta y una bufanda, pero más me miraban los vecinos como si fuese un imbécil, no entendía que les ocurría a los habitantes de Linares, llegué a la estación a coger el autobús, no llovía, no había nadie para despedirme.

ORIFICIOS

Nos ha visto Lingarta, acude los viernes al medio día al mismo bar que nosotros, le pilla cerca al vivir en ese barrio protegido cual burguesa acomodada, también fuma como una carretera, no ha hecho falta que me vigilara desde su despacho acristalado en la 5ª planta del Paseo de la Estación cuando subo a la Colombia 50, las ganas de agüita amarilla nos ha hecho compartir dándonos la espalda un escaso metro cuadrado del bar.
En Linares se convoca por la Librería Entrelibros el Concurso de Relato Corto, no encuentro las bases, quiero presentar algo que valga la pena, creo que Linares es el único pueblo de la provincia de Jaén que convoca premios de cortos relatos como cortas son mis luces cuando recuerdo mis últimas visitas a la exposición fotográfica del médico Ángel Tirado Conde, Linares escribe, no soy de Linares pero escribo, tengo miles de hojas que narran mi vida en el Sanatorio Mental de Cástulo donde fui ingresado por inadaptado a la vida social al ver orificios por todas partes, M me decía que así no podía seguir, que con la edad que tengo con estos insanos pensamientos podía acabar si no me sometía a un rápido tratamiento en un manicomio o algún lugar peor.
Ahora ya gracias a aquellos años y en pleno estado de sanidad voy a ir con M a la Feria del Libro de Linares, buscaré por si queda algún libro de esos que hablaban sobre mi vida en Cástulo que hace muchísimos años se agotaron en las librerías, es como entrar en un agujero negro con el peligro que lleva para mi mente esta expresión, es una prueba a superar, ellos lo saben, recuerdo las tardes con la camisa de fuerza, les gusta someter a examen a todo el que llega y pasa por la institución.
Al final en la feria del libro me aburrí, me imagino que por no encontrar ningún libro autobiográfico de Randle, intenté matar el aburrimiento imaginando de forma detallada la historia de mi amistad con A que en su vida anterior creyó ser un personaje de Crimen y Castigo.



XXXVI

Dulcesojos logró despedirse del vecindario en la misma estación como incierta pasajera hacia el interior de ese camino que nunca logró ver crecer los raíles y que la conduciría a la provincia de Jaén. En la aldea no tenía futuro desde que el autor desapareció aquella tarde sin dejar ningún tipo de rastro aunque alguien dijo verlo coger el mismo camino de la inexistente vía por el que la protagonista se disponía a intentar llegar antes del anochecer a las localidades de Puente de Génave o Arroyo del Ojanco. El jefe de estación la miraba a los ojos recordando los buenos momentos que pasó con ella y que ya nunca volverían.

Vuelve pronto a Cástulo, aquí no se ha podido hacer nada, las ilusiones han quedado rotas.

Desde que se fue tengo que seguirlo, seguro que va hacia esa ciudad de donde ni él ni yo tuvimos que salir nunca, es urgente y necesario, mi futuro de protagonista sin autor es totalmente incierto sin él.

Tu escritor lo encontrarás sin duda en Cástulo, en ese sanatorio que tanta seguridad personal le dio en el tiempo que estuvo ingresado como paciente, tu camino es largo por esta vía sin tren, pero si no te desvías llegarás hasta él.

Nunca me tuve que desnudar en aquella playa vacía sin estar él por allí.

Olvida ya la escena que tanto le sirvió para el argumento de su historia, tienes que buscarlo a él y aclarar las cosas, sería el epílogo de esta novela que estamos viviendo.

Más tarde y con algo de camino andado por la vía sin raíles miró hacia atrás buscando la aldea de Bonache sin verla, ya no estaba al desaparecer del argumento como si nunca hubiese existido. Pensaba no detenerse en más estaciones con pueblos habitados donde la miraban mal como sospechosa de algo extraño, aunque siempre se defendió en silencio su inocencia con el propio autobagaje personal de mujer que siempre ha sido de noble aspecto y con disposición a ayudar a los demás dando todo por ellos, era su mejor arma, nunca le podían señalar con el dedo por esos anhelos playeros de hace tantos años. Si caminaba deprisa alcanzaría a su autor, no soportaría desdibujarse como personaje perdido por la vía y sin saber qué hacer u ofrecer. Las huellas sobre el polvo del camino son de él seguro, son sus pasos que suelen dejar huella, un autor inane e insignificante para todos pero que ahora parece que no sabemos pasar sin leerlo y ver el curso de la chica de la playa con sus acontecimientos futuros.
No recordaba el tiempo de infinita soledad que pasó caminando, no se percató de su paso por las abandonadas y que nunca llegaron a serlo estaciones de Puente de Génave y Arroyo del Ojanco, esa estación a la que llegaba sería su siguiente parada y lugar de descanso para reponer fuerzas a fin de seguir adelante con más ánimo, tras cruzar un puente romano sobre el Río Guadalimar se detuvo ante un letrero erosionado por el transcurrir de las décadas que había conservado de forma milagrosa unas letras que rezaban Ventilla de Beas.

LA COMPAÑERA



Veo pasar a Lourdes, me hago el despistado, tantos años compañeros de despacho y he tenido que descubrir por detrás que tenía un blog con publicaciones en la red, cosas de la literatura digital, se le hace una burda competencia al Lazarillo de Tormes al existir tanto autor anónimo cerca del estrellato pero en el más oscuro de los anonimatos. Demasiada ironía la mía, echo de menos a mi musa, existió una época ya lejana algo olvidada que la veía a diario, por aquel entonces yo todos los días cantaba en voz baja aquella frase de Pascal: “Es casi imposible fingir que se ama sin transformarse ya en amante”. Repaso el pasado, he perdido la cuenta de las mujeres que he amado, no es urgente volver a saberlo pero pienso en mi compañera blogera que nunca está de acuerdo con nada, nada le contenta, todo es retorcido, cuando unos se pasan los otros no llegan. Lourdes quiere ser del club lingarta al que pertenece un servidor pero no me han dejado dejarla, de la tertulia del tomate negro la inadmiten por intolerancia verbal hacia la política, no se vendía a nadie, yo siempre le dije que siempre tenía que dejarse vender algo aunque sea sólo un poquito, no lo quieras todo para ti, te dejaremos entonces vender tu obra. Lourdes es capaz de matar la gallina de los huevos de oro, pero de momento casi ha matado ya al mensajero.
Una vez quise hacer un curso de escritura, elegí la mejor academia, la más cara y reconocida institucionalmente, no llegué a apuntarme, el curso consistía en un año de graduado en escritura y otro de dos años de bachillerato en letras, no sé si quería decir lo mismo que BUP o viejo bachiller de letras de los de antes, total que le pregunté a la secretaria de los cursos si existía la especialidad de Cervantes, ante la negativa con el argumento de que no existían en los cursos de escritura especialidades con nombres de autores decidí no matricularme y especializarme por mi cuenta, me vuelvo a fijar en el anónimo del Lazarillo de Tormes, por eso últimamente me leo a mí mismo, escribo sobre mi vida real como argumento de la vida escrita con el intento de darle un sentido a lo vivido más real sobre el papel o la pantalla del ordenador. Por eso esta mañana al coincidir fuera del despacho con Lourdes me hice el despistado como dije antes, pero decido seguirla por el Paseo de la Estación hacia arriba, su comportamiento no era normal, no era la compañera de trabajo que pasa en una mesa a mi lado y a menos de dos metros de mi persona las interminables horas matutinas, era otra persona. Mis sospechas se confirmaron cuando enfilo Bernabé Soriano en dirección a la catedral, ahí no era ella, era un personaje ficticio, un personaje del que estaba harto de leer sus aventures, desventuras, desengaños y reflexiones inapelables, pero no caía en que libro, obra de ensayo o blog se relataban sus vivencias.
El problema fue sentarnos los dos en la misma terraza de la Colombia 50 en mesas distintas al ser en ese momento y en ese lugar dos personajes desconocidos fuera de su realidad, en el mismo lugar que desayuno tantas veces en solitario y mis conocidos ven al verme al otro que no soy yo, como un producto imaginario de un juntaletras que escribe por desahogo relinchando el rencor sobre su vida pasada. Ahora está ahí enfrente, también toma café, pero como personajes ficticios de diferentes autores no nos dirigimos la palabra.

Mal lo tenemos los personajes en Jaén si ya de por sí tan mal lo tienen los autores.

Se había cruzado de piernas, no se me caía la baba, me contuve como pude, hice un tremendo esfuerzo por perder la vista en el interior de su falda justo en el punto en el que sus hermosos muslos desaparecían de la claridad del día.

Creo que no nos conocemos. No debemos hablarnos, y menos delante de los que nos conocen. Igualmente no suelo ser rencorosa pero metiste la pata bien metida.

Siempre con la misma retórica, no tuviste bastante para defenderte de tu realidad en el Sanatorio Mental de Cástulo, pero te digo otra cosa, están resucitando a todos, la virtualidad está haciéndonos degenerar rescatando personajes antiguos ¿te acuerdas de Piturda?,…….. perdona, tú eres del Club Lingarta, se me olvida a veces que naciste en Cástulo, lo que decía……… Piturda tiene un club virtual y real, esa mezcla de que a veces nos confundimos en la realidad y en la ficción nos está borrando poco a poco, llevo un tiempo que cuando me levanto por la mañana tras la ducha me da la impresión de que salgo del interior de un espejo cuando alguien igual que yo se acerca desde fuera.

No sé si cortarme las venas o dejármelas largas.

Siempre igual, nunca fuiste capaz de ir en contra de tu propio guión.



LA ESTANTERÍA



Hoy lo he vuelto a saludar, es una historia extraña de mi absurda realidad, fue en el centro médico de Adeslas donde consigo comprender que donde antes existía una misma y sola persona ahora son dos distintos, y además hermanos, los dos estaban en la salida de la carrera de la salud, luego también en meta, más irrefutable no puede ser la prueba de lo que digo, mi capacidad vilamatiana de ver protagonizar a mis convecinos hechos singulares no tiene límites, el efecto de la recién llegada primavera le otorga a cada uno su propia identidad que el pasado sólo uno de ellos portaba dos identidades al no existir el otro.
He aprovechado la interminable tarde de domingo para ordenar los libros pendientes de leer, los he sacado a una de las estanterías del salón, no los leeré todos, rara es la semana que aprovecho el desayuno para visitar la Metrópolis y comprar algo nuevo sin que nuevo quiera decir novedoso, nuevo para mí aunque la obra tenga algún siglo quiero decir. La estantería la voy actualizando semanal o diariamente como cualquier vulgar página de Internet, la pendencia literaria que tengo con los libros ahí colocados es infinita, mejor leer buenos libros que no los disparates virtuales que colgamos en la red, autores como Chejov, Shriver, Bellow, Muñoz Molina o el propio Montaigne están a la espera compartiendo lugar con otro tipo de chusma literaria como Miguel Ángel Muñoz, Manuel García Rubio así como otros innombrables, Bolaño y Vila – Matas no sé cómo catalogarlos, París no se acaba nunca y Una casa para siempre son los pendientes de leer del primero, de Bolaño hay más, casi la mayoría de su obra, ahí macerando para una lectura sosegada cuando convenga. La estantería me produce vértigo al haber colocado a los simples, a los incatalogables y a los innombrables todos juntos, unos vivos y otros no, por eso a M no le extraña que luego dé alaridos en la cama y tenga que aplicarme una intravascular ansiolítica.

Tienes que volver a solicitar tu ingreso como paciente psiquiátrico en Cástulo. La literatura diversa va a acabar contigo y conmigo.

Cástulo cerró hace muchos años.

La estantería me sigue esperando a que entre la nueva semana para ser actualizada, La Sinagoga de los Inconoclastas de Juan Rodolfo Wilcock se la voy a encargar a A que vive en Madrid, aquí en Jaén y Cástulo es imposible conseguirla , La quietud que precede de José Miguel Vilar Bou y Verónica Leonetti no la envían a la Metrópolis porque al distribuidor de Sevilla no le sale de las pelotas hacerlo. Luis Heredia Barragán y su La luz entre las tinieblas permanece en otra estantería, merece un trato especial, es abogado y muchas mañanas a lo mejor me pregunta por algún expediente suyo que tramito, no hay ningún libro más que sujete al suyo por lo que la contraportada deja ver su foto que me mira impasible con los brazos cruzados.

XV CARRERA POPULAR POR LA SALUD. JAÉN 2.010



Los resultados se pueden consultar en Ideain, todavía no hay nada colgado, luego más tarde sí imagino. La carrera ha hecho resaltar mis carecias corredoras tras la hibernación cual oso perezoso de estos meses, mucha lluvia en Jaén que hacía que fuese más apetecible el sofá que calzarte las zapatillas para mojarlas o embarrizarlas. Cinco kilómetros y algo más, recorrido duro por el cambio, el llaneo del casco antiguo por la Magdalena Baja con las ascensión final por la Merced ha sido más duro que cuando la carrera circulaba por la Magdalena Alta con más vaivén pero sin repecho fuerte al final, casi unos escuderos sanantonianos en una carrera corta.
P de Huelma no viene, no habrá querido correrla, oseasé que me veo solo, mejor así para que nadie se dé cuenta del estado lamentable de corredor que llevo encima. Llego a la meta bastante fresco, claro el último kilómetro era descender de la Merced hasta la Plaza de Toros. Muchos premios, correcta bolsa de corredor con naranjas incluso, barra libre de aquarius que era de agradecer. Sólo queda ya la triste tarde de domingo para olvidarla como el resto, una mañana deportiva, el cuerpo y alma lo ha agradecido.

CONSTRUCCIÓN



He cerrado la absurda historia de Giovani Grado en El Desierto de los Tártaros (Dino Buzzati), cierro los ojos y me voy al recuerdo, paso del fútbol, no me va mucho, prefiero pensar en las absurdeces en las que nos podemos ver envueltos sin buscarlas, como un camino a medio hacer que puede romperse dejando todo tal como se quedó, aquí tenemos la construcción del tranvía de lo cual me alegro de que se empieze a oler su final, su camino y trazado ha tomado ya forma imaginando ya los pasajeros subiendo y bajando tintineando su campana para avisar su paso.

Odio los detractores destructores que no quieren que en la ciudad se construya nada, odio los que destruyen antes de construir que ahora callan como resignados y con la curiosidad de ser los primeros en subirse o verlo pasar, odio los que destruyen las amistad, a los que te consideran un cabronazo cuando son los verdugos considerándote más cabronazo si cabe cuando pasan a interpretar el papel de víctima destruyendo otras amistades no firmadas en papel pero existentes, el papel de víctima es más sangrante que el de verdugo, es la historia conocida que ya sabemos, se comete el sacrilegio contra el cabronazo en la distancia aunque esté lejos. El lugar da igual, no tiene la culpa, a destrucción más construcción en esa misma ciudad, donde no te quieren pasas a multiplicar con éxito la amistad, algunas comunes, si os preguntáis por qué os diré que porque prefiero a los que construyen, mantienen y consolidan lo hecho, y lo que es más importante, te la aumentan en cantidad y calidad, la destrucción lo único que hace al final es hacer correr ríos de tinta, un amigo que desayuna conmigo muchos días ya se ha colocado entre los históricos cinco mejores, con muy poca cosa, a veces no hace falta mucho.



José María Merino nos cuenta sus historias del otro lugar, es un cuentista actual jugando con la realidad y la ficción, todos tenemos nuestras realidades y nuestras mentiras, nuestros recuerdos ficticios que nos persiguen, nuestro día de la marmota con triste final, el camino del tranvía ya está trazado, es un cambio que cuesta en la ciudad que como todos los cambios parecen darnos miedo aquí en Jaén tal como escribe Francisco José Campaña hoy en Diario Jaén, mientras no superemos esos miedos muchos caminos no se trazarán ni construirán obligándonos quedar estancados o atrapados en la misma estación a no ser que deseemos hacer el camino a pie sin destino alguno.

SEGUNDO PRESENTADOR

Jaén es también literaria sin comparaciones con Cástulo, no sólo es un lugar en el mapa o territorio urbano y lingarto donde paseo mi patente decadencia humana, he podido comprobarlo en persona al salir de la invisibilidad dejando un lado el cinismo presentándome en un acto organizado por el Centro Andaluz de las Letras aunque se celebraba en la Biblioteca Pública Provincial como dependencia sólida y con toda la platea ocupada, ignoro si este Centro Andaluz tiene lugares propios independientes de las bibliotecas para actos de esta índole, aunque todo depende de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía por lo que al final después de tanto quebradero de cabeza todo queda en casa, de hecho el acto lo presentaba la Delegada de Cultura aunque luego se dio paso a otro presentador el cual presentó Ángeles Caso como la protagonista de la película que se iba a desarrollar.
Era nulo el interés en asistir para escuchar lo que tenía que decir Ángeles Caso, lo mismo de siempre que ya nos sabemos y que no aplicamos, el incentivo de la lectura y la igualdad de sexos en un mundo en el que la mayoría de escritores y lectores son hombres poniendo el dedo en la llaga en un tema espinoso, los hombre lectores que no leen a mujeres escritoras, ahí no estoy, cuando adquiero un libro lo hago por su contenido sin mirarle el sexo al autor salvo los de consolidación histórica de sobra conocidos por todos. Mi interés real en el acto era por ver y escuchar a Ginés Donaire el segundo presentador, llevo muchos años leyéndolo en El País cuando la noticia sea de repercusión nacional o autonómica ocurre en la provincia de Jaén, es por decirlo así y bajo mi personal entender el delegado del diario en la provincia, se podía haber pagado algo por mi fidelidad diaria al periódico contribuyendo con mi lectura y la del resto a que el siga redactando las noticias tan bien como lo hace, de forma clara y entendible, también objetiva como expresión que siempre está de moda.



Un extraño espectador justo delante de mí no hacía más que escribir de su puño y letra en un bloc cuadriculado todo lo que oía, aunque observándolo bien por detrás de su hombro pude comprobar que escribía más de lo que hablaban los otros, la conclusión es que ese raro personaje del acto no le importaba el discurso de Ángeles Caso, más o menos como a mí que quería conocer en persona a Ginés Donaire, está visto que tengo que venir a más actos de estos y tragármelos enteros, mi conocimiento literario es escaso, valoro más al autor que su obra contradiciéndome yo mismo sobre lo que dije más arriba, el otro venga a escribir bajo su propia ley del silencio, yo me dejé el bloc en casa que también es cuadriculado, que casualidad. Cuando acabó todo salimos en silencio, yo la abracé y le di un beso, pocos escritores de la provincia había, creo que ninguno, ni el Cruz ni el Tíscar, mucho menos Muñoz Molina premiado en su día con el mismo dudoso premio que Ángeles Caso.
A mí me ha gustado.
A mí también. Me ha firmado su libro.
¿Habéis visto a ese que no hacía más que escribir?

LITERATURA ORAL



Que sólo escriban unos pocos, que se midan los centímetros de la polla por el número de publicaciones y el dinero ganado para él y sus descendientes que luego sin dar un palo al agua administren ricamente fundaciones con derechos conseguidos que parecen seguir dando vida al escritor, al pobre juntaletras que se la pique un pez. Me aguanté esta mañana las ganas de mear en el Mont elado para leer a uno que sabe bastante en las páginas de cultura de El País que además me iba a servir para publicar algo hoy mediadamente decente entre tanta farsa y descrédito durante estos días que mi musa me tiene abandonado. Ya lo sé, el Mont elado es de la misma gente que la Colombiana ¿y qué?, el trato es exquisito, hacen buen café, me suda la polla que algún que otro juntaletras viva en el barrio, es como una historia de amor, nada que ver con la cafetería de la calle carmelo torres donde también siento las posaderas con compañeros de otras dependencias de la administración que toma prestados mis servicios a cambio de una insustanciosa cantidad de dineros mensual. También veo a P padre de un amigo de mi hija que cuando me ve como lobo solitario en la terraza de la Colombia 50 me saluda preguntándose en silencio sobre qué coño hago aquí arriba, como si este lugar fuese territorio de los trabajadores de otras administraciones como Ayuntamiento y Diputación, pura querencia al lugar, otro tipo de amor eterno, lo dije antes, las cosas son porque sí o son por alguna razón y es esa y no otra, sólo falta mi amiga de la gabardina que la imagino en Bernabé Soriano esperando el tranvía para convertirse en pasajera de la bancada de atrás, pero eso es otra historia, yo soy como un pasajero sin billete en un recorrido inusual de ese tranvía, no pinto nada, seguiré subiendo aunque tengan señalado su territorio.
Estaba diciendo que en el Mont elado me quedé con las ganas de mear aguantadas para leer en El País lo que opina un tal Robert Bringhurst en Cosmopoética catalogado en el artículo como poeta, filósofo y amante de la literatura oral, yo también soy amante de la literatura oral, seguro que más que él, teníais que verme practicándola en pareja relatando de memoria y en voz alta las andanzas de nuestro Quijote en la Cueva de Montesinos.
A Robert Bringhurst no le gusta que la escritura haya perdido su soporte natural del papel y que esté en peligro de pervivir por el exceso de trillones de gigabytes en datos e historias que nadie a va a tomarse la molestia ni a tener tiempo de leer todo, claro, eso está bien, que no exista competitividad, que Rosa, Lola y Ana no publiquen nada y que el ser escritor sea cosa de unos pocos y que con algo de suerte este escritor famoso gracias a sospechosos y discutibles premios literarios consiga enriquecerse él y a varios generaciones, así con el tiempo alguno dirá lo que leo a Roberto Bolaño en Entre Paréntesis: todos tenemos algún antepasado imbécil en la familia.

AGUANTE



La tarde es fría y otoñal, nos bajamos del tranvía en Bernabé Soriano tras besarnos en la última bancada del vagón con algo más de desgana que en el último viaje, no me dejaste introducir mi mano en tus desnudos muslos por debajo de la gabardina para perderla más arriba aprovechando la mirada disimulada y algo lasciva de ese pasajero que no hacía más que mirarte con la baba saliéndose de la boca en la parada de la universidad mientras no acababa de llegar este transporte que habría de llevarnos al centro de Jaén.
Paseamos en silencio en dirección a la Catedral buscando la calle Campanas cuando sin dejar Bernabé Soriano te detuviste en un escaparate, me resultaba inaguantable esperar que terminara de contemplar esos objetos que creo que nunca pensara utilizar. Inaguantable, de eso se trataba de aguantar o no aguantar.

Ese me gusta, creo que con estrías será más efectivo. ¿Cuánto le durará la batería?

Me aguanté como pude, me subía el nervio y la desazón que siempre que pasábamos por esa tienda se clisase ante el cristal mirando los diversos tipos y tamaños de los vibradores, lo peor es que esta vez se planteó la duración. Yo mientras me pongo a divagar, la otra noche vimos juntos una peli porno en canal 18, cuando visiono una película de esta temática me planteo abiertamente que me gustaría ser el actor masculino protagonista, no sé qué dotes de aguante hay que tener, si las de complacer al director, si luego al espectador o simplemente a la chica que dice actuar contigo. Actuamos a veces con aguante, más del esperado, me puedo plantear ser el actor porno en una película de aquella realidad extraña que tuviste en tu vida habitual del día a día.

FISOLOFÍA BARATA




Empiezo a estar harto de venderos gratis mi propia fisolofía, de ser el enemigo buscado, el enemigo está ahí siempre al acecho aunque tus intenciones revistan un carácter manso con el fin apaciguador de los males por venir. Me es extraños escribi tanto de mí mismo tal como veo las cosas, los mudos se quedaron sin habla alimentando el odio interno o el descojone externo, visitas a gente donde del primer vistazo que te echan ya te consideran malvado sin saber tu buen o mal hacer, no entiendo el alcance muchas hipotéticas frustraciones que hacen desencadenar determinadas exclusiones que acaban en soledad, o que para algunos lo que vean injusto sea la verdad absoluta, su verdad. No tengo la culpa por mis gustos o aficiones, disfruto de la soledad que yo busco, me amarga y me hace escribir la soledad que me buscaron otros, también de Vila Matas o Buzzati entre muchos, de milenio 3 por la radio metido en la cama de madrugada, de que Rosa, Lola o Ana lean las mentiras que yo mismo me creo sin esconderse y otros lo hagan en privado, de enseñar la polla en alguna playa que otra y que M haga lo mismo, de desayunar en la Colombia 50 como típico mentidero de la ciudad.
El tema es complejo, más cuando se produce el efecto de no llamada, nadie te llama pero alguno está en la rama observando en silencio con los ojos bien abiertos, de hecho hoy en la oficina pensaba de si alguno de mis compañeros están preparados para entrar al quite si sufriese algún percance (dios no lo quiera, uno hace siglos ya y no más) o desencuentro verbal con un tercero, hoy aquí no se me alegró la mente volviendo en sí, pero en otros lugares ocurrió así.
El enemigo deja de ser amigo cuando desapareces, pero sigue cerca de ti queriendo saber tus cosas, tu vida pensante, siento haber sido tan insufrible debido a la condena en el exilio interno que me llevó en su día al desahogo por capítulos cuando mi existencia pasada fue como un servicio militar obligatorio, río autobiográfico o libro de memorias a la altura de las cloacas. Pero lo más triste quizás es que quien en su día no lo fue, ahora lo sea habiéndote engañado varios años y eso que sólo íbamos o veníamos de una casa a otra de visita.



Llevo unos días con una mampara nueva en la ducha, es semitransparente algo que hizo sembrar la duda sobre qué tipo elegir en su momento, si opaca, si acristalada totalmente, da igual, si es semitransparente sirve para adivinar lo adivinable alimentando los sentidos de si por ejemplo tiene el pubis depilado o pensando cómo estamos tardando tanto en comprar una banqueta para colocar en el interior, la ducha será más grandilocuente al utilizarla con la banqueta ocupada y tú de pie o viceversa cayéndonos el agua a los dos. Deberías venir tú también y ducharte, si vienes y lo haces la satisfacción será doble, ahorraremos agua entre todos.
Puede que sea justo o no, que cada cuál lo piense como le dé la gana, eso es lo importante, sólo lo digo porque era apetecible en el momento de escribirlo, de momento te he devuelto al olvido que es donde siempre estuviste.

EL PAGANO Y LA SEMANA SANTA



Me he acordado de aquel paseíllo al que te invite y realicé entre el público asistente desde la mesa hasta el lavabo, no era una noche, era una tarde, yo la musa, la mejor amiga, no puedo esperarte de forma eterna en la arena.
Te has encontrado con una obra de un autor de Linares, “Espejos de soledad” de Antonio Martínez Menchén, una sorpresa para ti que te hice sentir en esa ciudad abismado en el aislamiento psicológico tal como retrata esta obra del autor de Linares en su prólogo José María Merino.
Se dice de ti que no has olvidado la historia, falsa noticia, la cuestión es la musa de la inspiración en la que me he convertido para que tú te iniciases en este peculiar y retórico mundo que se va y vuelve a venir. Linares es un lugar que la soledad ha servido ya a más de uno como fuente de inspiración, ignoro si Antonio Martínez Menchén sufrió una condena similar a la tuya, puede que nunca coja el tren que me lleve de vuelta a Cástulo, nunca construyeron la vía y poco a poco me voy acomodando a la vida vecinal de la aldea a la que me trasladaste con tu pluma tras la eterna espera en la playa como destino de nuestra amistad fracasada. Acabaste Retratos de lo inesperado de Roald Dahl y ahora descubres a mi paisano, sus historias te han recordado a tu soledad vivida. Homenaje el tuyo como nunca se ha hecho a Linares y a Cástulo, tu condena en soledad a la soledad, ya te condenaron otros antes que yo que sólo me dejé llevar al imaginarme en una balsa llegando a la arena, de ahí al laberinto del suicidio, pero eso fue antes, te suicidaste poco a poco, de forma desastrosa, nada que ver con los suicidios ejemplares de Enrique Vila – Matas, aunque te quedes estancado en el presente, tu pasado se fue y lo que esperas está ausente, como una unión de dos seres que no saben nadar y viven en dos islas distintas.
Es difícil contar todo, hace muchos viernes santo que no te veo desde el balcón pasando de largo por la calle y deteniéndote unos instantes al paso del nazareno haciendo ver que no me veías, has preferido el cristo de la expiración en Sabiote, el mismo y único que luego por no sé qué tipo de intereses le niegan la salida en la procesión general dejando desdibujado el espectáculo procesional dejando en soledad al resto de cofradías, nada que ver con el nazareno de Úbeda que contemplaste temprano en la Plaza Vieja acordándote de V al comer después churros en la torrenueva recordando ese nuevo blog que descubriste entrando como amigo pero te consideraron enemigo, ¿te suena la historia?, quieren librarse de ti, poco te conocen, yo sé quién eres aunque manipulé tu historia, te vas de Sabiote, Linares y Úbeda, de sus procesiones, mi saeta la seguiré cantando en silencio desde la mente sin voz pero con notas, te crees un mal imitador de Paul Auster me dijeron el otro día cuando te leyeron y me volvieron a dar noticias tuyas, cobarde corredor que escribe o plagiador que corre, tu eliges, me salí con la mía, aquí nadie te quiere como has comprobado.