
El odio es incomparable, se puede vivir en diferentes formas, en una gris pared en eterno silencio, en miradas furtivas y desafiantes, en olores y aromas creados que luego son asignados con nombres propios y apellidos, amistad cómplice sonriente, amistad cómplice huidiza con conversación de temeroso compromiso, una fotocopiadora del Sanatorio Mental de Cástulo como testigo de la lisa barriguita a lucir en la playa. Hoy la veo desde el agua, en efecto su barriga permanece lisa, al final se acercó a la arena de la playa para tomar el sol sin ropa, no me atrevo a moverme, estoy entre otras bañistas desde donde la veo tumbarse en la toalla, me dan ganas de salir del agua para ir a buscarla y meterla dentro, M ha desaparecido de la escena dejándome solo ante el peligro, los fantasmas están ahí en la arena, han regresado, debería darme la vuelta y nadar hacia el horizonte, nunca lo alcanzaría al igual que nunca alcancé a escuchar alguno de los sonidos que acompañara sus miradas.
Cuando me doy la vuelta el pensamiento real ha vuelto en sí, no veo playa alguna, sigo en el jardín, sigo sentado en este patio, tres libros cerrados en la mano, el conejo blanco sigue en su jaula, los días empiezan a ser calurosos en Cástulo y el sol le da de pleno, pobrecito, debería apartar al animalito y su silencioso encierro colocándolo en un lugar más sombrío, tampoco puedo hacerlo sin permiso por si cualquier gobernanta del hospital sale a reprenderme por mi osado intento de cambiar las normas y costumbres de la institución. Al abrir las páginas de uno de los libros veo entrar a AJ, tengo visita esta tarde por lo visto, AJ es un librero de una conocida librería de Jaén, AJ tiene gafas como cualquier buen librero, en uno de mis permisos autorizados se negaba en rotundo a conseguirme más libros de Enrique Vila – Matas, comprendía que no me dejasen salir más veces de permiso, mi obsesión con el escritor catalán lo tenía en tal estado de anonadamiento que decidió vengarse de mí otorgándole una personalidad ficticia a una vecina algo entrada en edad que es paseada por su perro por la calle Campanas a la que le adjudicaba en esa ficción la maternidad de dos hijos con cuyas edades sería más bien abuela. En efecto, sí, efecto, si estaba loco e ingresado en este Sanatorio de Cástulo sería por algo, por eso me dio alegría al volver a ver a AJ.
Veníamos a verte.
¿Veníamos?
B está fuera, como ideólogo de este capítulo prefiere mantenerse al margen y no entrar a verte, además le producen grima intensa los sanatorios mentales.
Mira este libro que siempre me negaste, es la segunda parte de Doctor Pasavento de Vila – Matas.
Vila – Matas nunca escribió segundas partes de ninguna obra suya, recuerda las posibles bondades de esas partes.
Pues míralo bien, es la única vez que lo vas a ver, no sé si lo escribió él o quién, pero pone su nombre, míralo, ¿qué pone aquí?
Y Pasavento ya no estaba.
Sí, no se te ocurra tocarlo, ahora cuando te vayas se lo cuentas a B. Habéis llegado tarde, el libro existía mientras tu amigo y en tu librería sólo conocéis la primera parte, ya os podéis ir B, tú y tu solipsismo intermitente.
¿Qué más libros tienes ahí?
Dulcesojos y su blanca bata aparecen en el patio, eran ya las seis de la tarde, ignoro la imagen real de AJ intentado averiguar la realidad de lo que habita en el interior de esa bata, nos mira, imagino su lisa barriguita, la guerra entre enfermera y paciente se habían reducido a las mutuas miradas, los malos olores, las babas caídas, las llamadas al sanatorio de M, nada convencía en la historia, recoge su bolso abandonando el lugar sin quitarse la bata, ha terminado ya, ha plegado como expresión que también aprendió en los hospitales catalanes.
Historias de amor y La Rosa.
Las dos de Robert Walser, no las tenemos a la venta en librería.
Son de la biblioteca, sigo teniendo carnet de socio.
Te conseguiré más obras de Walser…… y lo más raro de Vila – Matas.
Puede ser tarde, leo a Robert Walser por el ser autor preferido de Vila – Matas, leo a Walser buscando también su escritor favorito, seguiré así con esta secuencia hasta dar conmigo mismo, pura locura literaria, aunque me cueste seguir aquí encerrado de por vida.
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No quiero más engaños, prefieres a B que os compra muchos menos libros que yo, él prefiere la gratuidad bibliotecaria, vete con él, míralo, no se atreve a entrar a verme.
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Quiero algo más, jugasteis a ofrecerme una plaza de conferenciante literario, burda mentira, si queréis volver a verme en otro permiso buscando libros extraños por la librería la quiero ya, os la inventáis ahora de verdad si hace falta,……..que sea en el Aula Magna de la UJA con el aforo lleno, y nada de mi estado mental a anunciarla, esa es mi autopromesa para que me volváis a ver en la librería.
En la repetida soledad a la que vuelvo tras huir de esa perturbación verborréica contemplo el conejo, creo que gracias a él no me voy a volver gilipollas, me lo imagino rapado y depilado ignorando todavía su sexo, no sé de dónde saco estos sucios y secos pensamientos, entiendo que un día acabase en la sala de expulsados antes de recibir la verdadera patada en el culo con el alta médica, la jaula huele mal, una olor mala pero excitante que me obliga a volver a la habitación antes de que sea peor, me siento como alguien sin futuro y sin pasado, demasiado hiperreal el presente, intento con denotado desasosiego volver a la playa de la nunca debí de salir convirtiéndome por una ver en deseado bañista

















