TIEMPOS PARA EL ANONIMATO

Me he imaginado llegando a la ciudad sin salir nadie a darme ningún tipo de bienvenida, me alojo en una pensión cercana, me faltó el valor para acercarme hasta el viejo hospital, preferí solicitar una habitación para alojarme y ponerme al día con la lectura de La Verdadera vida de Sebastián Knight escritura de Vladimir Nabokov para combatir el aislamiento, para Nabokov el sentirse aislado sirve de alimentación a posibles escritores y pensadores, plasmar con letras las sensaciones, desahogarte de las seductoras curvas de tu alrededor. No puedo concentrarme, leer en la cama es difícil, más en Cástulo, me imagino con una mujer en la cama realizándome piruetas sexuales en forma de actuación para llamar mi atención teniéndome a mí como único espectador agradecido con aplauso.



En principio cierro los ojos encima de la colcha donde recuerdo lo último que escribí, pienso en la mentira que narré sobre lo que solté en la librería Metrópolis esa mañana de días pasados, negué haber leído un libro que llevaba meses terminada su lectura, fue un texto de ficción que te introduce en la confusión al convertirme en lector de mi propia escritura, no sabes si al final ha sucedió o no lo relatado, si la visita a la librería o la lectura de la obra en cuestión ha sido ficción o realidad. Escritores anónimos, leen y devoran literatura son ningún tipo de control provocándoles casi indigestiones literarias, Juan Benet, Ricardo Piglia, Quim Monzó,........................, después escriben sin darse a conocer ocultado su obra al resto, o a parte del resto, así sucedió con el Lazarillo de Tormes, el primer referente de este caso, el anónimo del Lazarillo falleció sin compadrear con otros escritores, el conchaveo con terceros literatos puede servir para dar fe o tener en forma de guarda o custodia la obra del primero, igualmente el compadreo no me interesa, prefiero antes o después conocer la obra oculta del autor ignoto, la obra del novicio antes o después la leeremos comprada en la librería o regalada por el mismo autor, el anónimo juego a confundirte, a situarte en otro estado de soledad.


Caja de Granada contra el arte.
de Lorena Olmo.

La exposición que se encontraba programada dentro del marco de Fotogranada10, para la Plaza de las Culturas y perteneciente al edificio del Centro Cultural Memoria de Andalucía ha sido censurada por la organización de la Caja de Granada por motivos ajenos a mi obra, siendo estos en su totalidad económicos, puesto que coincide con la fusión con otra entidad bancaria y no ha sido considerada apropiada en estos momentos. Manifiesto mi descontento ante esta situación, y culpo a los responsables de la agenda cultural del Centro, dado que esta exposición fue aprobada con 6 meses de antelación.

Por otro lado, resalto el evidente desinterés que el Centro Cultural ha mostrado con mi obra, dejando de convocar a los medios de comunicación, no publicitando mi exposición, no acudiendo a la inauguración de la misma, escondiendo algunas fotografías al público sin mi consentimiento, y relegando mi obra a un pasillo totalmente inadecuado y que no reúne ni las condiciones necesarias de iluminación.

Exijo una disculpa y una compensación formal, que de no producirse se transformará en mi insistencia ante los medios de comunicación informando de lo sucedido, y no tendré ningún reparo en hacerlo con los nombres y apellidos pertinentes.




Lorena Olmo con gafas

HÁBITAT INOPINADO

Salgo de la miseria de la soledad, estoy en agradable compaña, un acto primario puede ser vivenciado de forma inminente, ha terminado la carrera del Quiebrajano, no conseguí disputarla, el deseo fue tan fuerte que mi estado ilusorio es el de haber llegado destrozado a la meta, nos cae el agua a los dos bajo la ducha a la que entramos sudorosos en esa pensión de las afueras de Cástulo, por la ventana el sol se empieza a ocultar, en la mesita de noche descansa Respiración artificial de Ricardo Piglia.
La compañera de la ducha no es corredora, no corre, no es con quien yo imaginé subir el Quiebrajano, no logro ver los motivos que tengo para ducharme con ella, no ha corrido conmigo, el acto puede ser apocalíptico, creo que la situación se va a volver más complicada, la veo, la miro, nos cae el agua a los dos, cogemos al unísono el bote de gel, la cita era en la playa, nunca nos citamos en la ducha. Me habla por fin, tardé mucho, una larga espera, un silencio demasiado largo, es una mujer casada, ella sabe que yo también lo estoy, me dice que no sabe cómo llegó hasta ahí conmigo, yo tampoco pienso, lo último que recuerdo es una carrera popular en Jaén que imaginé correr aunque no con ella.
La ducha, la habitación, nuestro hábitat inopinado va adquiriendo gracias a los dos personalidad propia, nos va condicionando la existencia del momento haciéndonos vivir una situación no buscada que al final habrá que sacarle el máximo provecho disfrutando el goce de haber sido partícipes accidentales, pienso en la habitación que tenemos al lado, contengo la respiración mientras el agua nos sigue cayendo, mejor esto que el silencio de los grises pasillos del sanatorio, imagino el itinerario que recorreremos de la ducha hacia la cama, quién de los dos abrirá el camino esperando al otro, otra eterna espera, Enrique Vila – Matas la vive en Lyon, en la mesita sigue mi libro de Piglia, la miro y suda, no es el agua, su pulso se acelera, llamo a Vila – Matas a la habitación de su motel de Lyon, me responde al instante, su voz catalana sigue amable, un escritor consolidado que atiende a sus lectores, nada que ver con esos escritores de tres al cuarto que nada quieren saber de algún lector que otro, flotan en esa frágil pompa de jabón que antes o después explotará haciéndolos estamparse en el suelo, Vila – Matas me aconseja que para escribir una buena novela debo reconstruir lo mejor posible los rastros de mi vida en esos años de Cástulo entre los restos y los testimonios, revisar las notas de mi diario, sólo así seré un veraz fedatario de la certidumbre de aquella vida, que la nostalgia del pasado no influya.

Siento no haberte escrito ninguna carta desde que te fuiste de Cástulo.


Vuelvo a entrar en la ducha, sigue con su piel cubierta de jabón, el agua sigue saliendo, los años desgraciados en Cástulo me enseñaron a escribir para algún día explicar las ilusiones sólo con el objeto de intentar sostenerlas, buscar la inspiración en otros escritores, por las calles de mi ciudad, en las cafeterías como Mont elado, en la librería habitual, con los escritores novicios y otros que permanecen en estado de anonimato, plasmar en palabras esa especie de exilio interno, obligarte a abandonar el propio interior sin posibilidad de escape al exterior, escribir más allá de los protagonistas con sus hábitos puestos y sus costumbres aparentes.

Nunca quisiste hablar conmigo de literatura, todo lo dejabas para ella.

Celotipia literaria pienso mientras empezamos a aclararnos el gel cambiando la temperatura del agua, las voces son robadas y entregadas por error, la conversación literaria fue intercambiada confundiendo la interlocutora, ella quiso haber sido partícipe, hubiese estado dispuesta a leer con el objeto de alterar el curso de la narración.

Esta mañana en la librería metrópolis he mentido a un amigo, le confesé no haber leído nunca Respiración artificial de Ricardo Piglia, en realidad no me acordaba, me habló de un argumento cuando yo entendí otro, tuve que buscar mucho tiempo atrás en el diario y en la estantería de mi habitación para reconocerme a mí mismo que le había mentido.

Últimamente Ricardo Piglia me tiene atrapado, La ciudad ausente me defraudó o eso creí, sus libros de relatos permanecen en la capital a la espera de ser leídos en el momento en que vuelva a dejar otra vez la ciudad de Cástulo tras la ducha por quitarme el sudor de la subida al Quiebrajano que disputé en el recuerdo, ya estamos aclarados, dudo entre si coger las toallas o estrecharla junto a mí.

¿Ves como puedes hacerlo? No sé qué te lo impidió aquellos años.

Mido bien las palabras antes de proseguir la conversación, bajo la ducha no parece el lugar más adecuado para contarle que Ricardo Piglia es como Enrique Vila – Matas pero en argentino.

El libro me confundió, no se desarrollaba tal como el autor trazaba en la línea narratoria, cada paso alteraba el desarrollo de la lectura, esta mañana en la librería con la mentira como expresión descubrí un nuevo punto de vista de la obra gracias a aquel que sí decía la verdad.


BIENVENIDOS



No sé por qué me da por pensar que este lugar interminable es narrado por el propio lector, la historia va surgiendo de mi bolígrafo como una necesidad artificial que va logrando satisfacer las curiosidades lectoras de unos y las ansias indescifrables de otros. Siento un profundo deseo de volver a Cástulo, revivir de nuevo la misma soledad, el mismo deseo, las mismas inspiraciones, tomar nuevas notas, últimamente me da la impresión que los fantasmas más que perseguirme me huyen, anhelo volver a escuchar aquellas frases tan literarias. Le presentaría a cada uno de los personajes a Patricia Esteban Erlés, hoy termino su extraño libro Azul ruso, historias kafkianas de carácter latino, utiliza de forma tendenciosa lo absurdo del ser humano, al estilo Sanatorio de Cástulo, un viaje incompleto, historias que no terminaron de cuajar o que fueron desviadas por otro derrotero, me siento en el recuerdo como el invitado a un acto que es atrapado por su propia soledad al llegar a la ciudad donde se celebraba el acto literario en Perder teorías de Enrique Vila – Matas, la soledad traicionera que sin buscarla ni desearla te acoge, Patricia Esteban Erlés no ha visitado el Sanatorio de Cástulo, Enrique Vila – Matas sí lo hizo, en la misma ciudad de Lyon pudo comprobar lo que es que nadie te dé la bienvenida que bien equivale a no ser bienvenido o bien recibido, una espera eterna, Perder teorías es la eterna espera del escritor, ¿de qué me suena?, frases eternas, invitación a lo prohibido, la manzana de Eva, la que no has de morder, ofrecida entre las estanterías de la biblioteca en vivo y en directo.

NO ESTAR

Hoy pienso en su capacidad y aguante para disputar la subida al Pantano del Quiebrajano, me parece leer su nombre y apellidos en la clasificación o resultados, desconozco su actual estado de forma, también sus lecturas que siempre fueron únicas, cuantas impresiones vacías de contenido nos dejamos en el camino, la San Antón que nunca vino a disputar, autores que por entonces permanecían en el más puro anonimato a los que no les añadimos nuestra dialéctica simplista de meros lectores de la calle que nunca se las dieron de entendidos, echo de menos aquellas mañanas del sanatorio donde me dopaba a primera hora del día con su mirada hacia mi persona como personaje secundario de la representación principal, Enrique Vila – Matas, Marcel Proust, Julien Gracq, Robert Walser, muchos más, todos se quedaron sin saber de los dos. Al hablar de Proust, pienso que tengo que terminar su lectura, desconozco si llegó a abordarlo, me produce vértigo pensar lo que nunca llegamos a hablar de libros por la separación de los destinos, mi inconsciencia ha sido así de traidora, vivir las letras con los recuerdos, con el presente, dejar el futuro al libre albedrío, es una tortura necesaria, pensar en lo que nunca ocurrió en ningún lugar, un loco cuerdo al borde del abismo viviendo su ficción.
Esta carrera del Quiebrajano quizás era para ella, sus niveles de fibra por entonces eran aptos para la ascensión, estas carreras que no corres tienen una emotividad sin remedio, recrearla con corredores que no la disputaron, imaginar un inexistente desplazamiento a esta ciudad, fabricar imágenes mentales como si así fuese, como si realmente hubiésemos estado ahí, como si hubiese ido a esperarla horas antes de la hora de salida, como si hubiésemos terminados la carrera juntos sudorosos, decirle adiós o un triste hasta luego a la hora de partir hacia su ciudad tras esa comida que no se celebró.

ARES

Ser un lobby intencional, un lobby anónimo que no piensa en hacer regalos a nadie, el olvido numérico hace su pequeña mella en términos estadísticos, un don nadie sin nada que hacer. Ahora están al lado, los tengo cerca, los veo y los huelo, siguen y siguen con la élite que luego les olvidará, hay que contentarlos, tenerlos bien sujetos y amordazados aunque a la hora de la sujeción y apuntalamiento bajes abajo, la cosa a nivel de silencio pinta diferente esta vez, voces y caras de perro como nunca, me entra el desasosiego, ojalá ande bien errado en el planteamiento, lo peor está a nivel medio, justo los que tengo al lado y cerca, los que veo y huelo.
La nueva temporada no empieza bien, llegó por fin septiembre, la ganadora republicana de una primarias (Chistine O´Donnell) no se masturba predicando la abstinencia sexual, en las librerías de Jaén los literatos de nueva hornada trapichean con las letras junto a los escritores ocultos, en una accidental breve visita a Marina d´Or comprobé la masiva y rancia práctica del puritanismo textil. Rescato del olvido dos obras de Sherwood Anderson, Winesburg, Ohio y Cuentos reunidos, todo antes de casi idiotizarme con la lectura de La posada de las almas de una tal Luisa González, el abuelo poeta que predica la poesía a sus cercanos antes de inundarse con el camposanto del pueblo castellonés, Campos es el lugar, no le pinta mucho como denominación de localidad mediterránea, visito este verano de forma vacacional la impresionante localidad de Ares del Maestre, por más interior que se localice hueles el mar, Campos para Castilla y para el olvido como lugar literario. Almorzamos en el Hotel D´Ares en plena Plaza Mayor donde a mis compañeros de mesa y gracias a la complicidad de las guapas y rubias camareras les pongo en situación del último viaje a la ciudad de Cástulo que nunca llegó a materializarse, ella había llegado temprano a la pensión de las afueras, el ligero frescor del mes de septiembre fue óptimo para cumplir esa penitencia impuesta que no consistía en otra cosa que la de dejarse ser robada por mi presencia en el momento de la llegada a ese punto de encuentro sin necesidad de entrar en la ciudad donde ya no tenía nada al haber sido sembrado en mi contra todo tipo de desavenencias y de discordias, sólo me quedaban las letras, la pluma o bolígrafo para rehogar aquellas imágenes de hastío viviendo entre sombras que hoy tras la salida y transcurso del tiempo se han transformado en fantasmas que siguen conmigo en todos mis pasos de un lado hacia otro, no es la memora a lo que tenía miedo, sino a esos pensamientos de antaño ahí atesorados, las largas jornadas que vivió conmigo, los cafés, la feria de Cástulo, el mirador de las otras afueras que apuntaba hacia Mágina. Volví a la ciudad en busca de la captura del contenido del rastro que dejaron mis huellas, todavía perduraba un ligero efecto big ban, visionado y aborrecido, odiado y leído, muchos sueñan con ver publicada la obra, ella busca en silencio algo que le ayude a su recuerdo admitiendo que puede enviarme al olvido convirtiendo esa solitaria espera de aquella tarde en intrascendente y sin rumbo determinado que no me aportaría nada a mi ilustrado viaje por el mundo de las letras, personajes, pasiones, deseos y odios, en su espera me imaginaba vagando en Jaén por las cafeterías bohemias rodeado de prostitutas, músicos ambulantes, dibujantes callejeros, encuentros furtivos en el parque, follar en el coche en pleno olivar……. Se desnudó ante mi tardanza, seguiría así la espera en este estado, un acto que le traería suerte, no pondría límite a ningún tipo de control cuando apareciese, compensar el desamparo pasado en la soledad de las grises paredes mientras pertenecía al mortificable coro de risas transformadas en eco en el silencio de la tarde. Le gustaría decirme que soy un canalla, un cobarde, un mal artista, un pésimo viajero que sólo busco la satisfacción de mis primarios deseos, mientras me espera no mira hacia atrás del camino que le condujo a las afueras de Cástulo, todo seguía igual ante mi tardanza que ya me producía una cierta desazón estomacal, no entendía la posible razón si es que ésta existía, era la hora del postre, tardaba mucho en rematar el camino, el menú era especial por ser el día de Santa Elena, no me había dado cuenta en el viaje hasta el pueblo que en el resto de la provincia era jornada laboral y en Ares del Maestre día festivo por su patrona, M invitó, mesa para seis que nos costó conseguir gracias a Elena la santa patrona, después de Ares, el fin del mundo tendrá que esperar todavía.

ASIDUIDADES



Difícil la convivencia entre fantasmas, verte rodeado de personajes ilusorios que le otorga a tu existencia un morbillo placentero que te hace optar al no poder invertirlo en quedarte entre su mundo y el de los vivos. Aparece ella, se tumba desnuda en una hamaca entre los dos mientras cerraba Saúl ante Samuel de Juan Benet.

Tu naturaleza es así de compleja.

No quiero hacer caso a esa voz, es fantasmal, no existe a pesar de que sus pechos sirven de cebo para esa mirada inquieta que no logro controlar. Pienso que aunque ella esté aquí sigue siendo un personaje de ficción que quizás pueda ser real en otro contexto de la vida, la ficción se me ofrece como realidad, un efecto secundario traducido en completa idiotez que va creciendo de forma progresiva trasladándome a la realidad de ese estado de autodestrucción que no logro refrenar al regresar mentalmente una y otra vez a Cástulo como si fuese una ciudad desconocida anterior a mis recuerdos.
No establezco elementos comparativos en el playazo de Vera, la convivencia del bañista naturista con el bañista textil se consolida, cada uno tiene su margen territorial estrechando lazos de silencio pero de respeto, un ejemplo de feliz estancia otra vez en este hotel nudista, una asiduidad discontinua de dos décadas ya, M dice que no conoce otra zona, escapadas por Europa y sin Europa, Canarias, Levante…. Volvemos aquí como un resorte, aquellos tiempos en plan salvaje casi hippy, nunca imaginamos esta situación asidua al lugar. Estado natural en piscina y arena, libre de cargas emocionales, relajación en situación máxima, si aparecen los fantasmas al lado mejor que mejor.
Ahora siguen ahí en mi mente, en la cafetería, están todos, los de cuello más estirado y los de ignotos deseos acuciantes de pasión, recuerdos y evocaciones que emergen de tiempos pasados para adornar la incertidumbre del presente antes de levantarme dejando a ambas en sus hamacas y dirigirme al interior de la piscina con la intriga de ver qué ocurre a continuación.