LA CIUDAD TENTACULAR

Espero el tranvía frente a la puerta de la Diputación justo al comienzo de Bernabé Soriano volviéndome a ver a mí mismo tal como era, tal como siempre había sido tras los años en el Sanatorio Mental de Cástulo, he dejado de pensar en demonios perseguidores de corredores cambiando las obscenas miradas a las imaginarias musas atávicas en el jardín del pecado por el placer literario fantasmal y oculto, todos los límites tienen su propio límite, por eso cuando veo acercarse el tranvía me acuerdo de Georges Perec, solía decir que los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y que los aviones sólo acceden a la existencia cuando los secuestran. Ya en el interior y perfectamente acomodado recuerdo que hacía algún tiempo que había aparecido un cadáver durmiente aquí en el tranvía en el que pocos repararon, todos hablaban de libros y de leer por encima del hombro los libros de otros pasajeros, no tuve la oportunidad de presenciar los hechos, aquellos días lo perdí por llevar el reloj adelantado, la ciudad de Jaén cada más tentacular desde que disponemos de este sistema tranviario que compite con el ferrocarril y transporte suburbano a pesar de su limitación kilométrica, los habitantes de la ciudad atrapados, han optado por él, pocos viajes al exterior, el incremento de la cifra de la población estática clama a las autoridades.
Esta noche antes de despertar me había visto en el sanatorio, en una ensoñación contemplo con beneplácito espiritual un acceso prohibido al templo del goce que tiempo atrás se me ofreció frente a mis ojos, mi llegada hasta allí no pudo tener mejor acogida. El templo está sujeto por dos hermosas columnas que han aparecido debido a la época casi invernal forradas de material elaborado con filamentos que dejan según la alteración o vaivén de sus posiciones irregulares formas romboideas desnudas al aire. Encima de la puerta observo con fruición una bóveda externa similar a un acento circunflejo juzgando que es mejor no escalarlo por la posible contingencia de riesgo de poder ser devorado por venenosa sierpe de otro templo lejano, o simplemente ser engullido hacia su interior al abrirse la entrada por parte de la habitante lengua de fuego la cual me arrastra hacia esos adentros sin enmienda o corrección. Se cuenta que en su interior corren diversos caudales fluviales que de forma inesperada entran en ebullición, todo una abstracción tentacular que te atrapa, cierro los ojos, no pienso, que pase lo que tenga que pasar, veo que es verdad lo que se cuenta, aprovecho el abrir y cerrar de la puerta que da acceso más al interior todavía para acceder otro tramo sin permiso, el lugar es complejo, parece una garganta con forma ascendente de difícil habitabilidad con el paso de la textura escabrosa y desigual a ser de repente de situación resbaladiza por culpa de la súbita emanación de líquidos de naturaleza desconocida mezclados con otros de origen residual a la vez de no poder seguir el camino debido a las alternas sacudidas del terreno por esas fuerzas misteriosas que parecen venir de más hacia adentro junto a esos alaridos brutales y ensordecedores que parecían provenir del exterior, todo ante mi jubilosa presencia y disposición después de haber desechado todo tipo de miedos y prejuicios con el disfrute del craso roce del suelo y paredes.



Cuando se produce el último desborde con agitación violenta de las aguas soy expulsado sin remedio del interior del templo, mi vació tras haber llegado al punto más alto de culminación del proceso me deja laso y sin fuerzas, dejo obviamente de ser bien recibido al transformarse repentinamente mi calidad de estancia en el sanatorio como paciente, alguien se encarga de borrar mi nombre de la lista y transcribirlo en otra, no existe nadie en el jardín, nadie en el quicio de la puerta para saludar mi partida tras la inesperada aventura, miro hacia atrás pareciéndome ver en las sombras a todo el mundo mirándome, todo el personal sanitario y pacientes del sanatorio, el templo posee otro color, más puro y bañado de luz, la bóveda externa aparece en posición natural de encogimiento, me siento débil y desahuciado.
Al descender del tranvía en la Plaza de la Concordia es cuando realmente empieza a sentirme agotado, la ciudad sigue igual de tentacular, una versión similar a la Metrópolis de Ferenc Karinthy, no se puede salir, hay que seguir atrapado en este camino de malos prodigios, seguimos sin tocar fondo, mi trastorno literario me hace buscar lo que parece no existir, lo carente de existencia, mi literatura no existe, miles y miles de libros a la venta que te hacen desear la literatura oculta no por ello trasnochada, tema a dilucidar de importancia ¿por qué suceden estas cosas?, mucha lectura, mucha lectura de autores de los que no se pone de manifiesto la venta de su hacer con las letras, la mejor literatura es la que no está.

BAJO TIERRA



Al parecer Fernand de Beaumont fue un arqueólogo de una ambición sin límites, buscó con denuedo una ciudad llamada Lebtit por los árabes, creyó que el rastro de esta legendaria ciudad estaba aquí en la provincia, enterrada en el mismísimo pie de Sierra Mágina. Busco con algo de desasosiego a Beaumont, su existencia o no, sujeto real o inventado por la pluma de Georges Perec, busco asimismo esa hipotética ciudad de Lebtit con el fin de averiguar si existió la hallase o no Beaumont o al final es todo fruto de la ficción desmesurada de Perec en La vida instrucciones de uso.
La ciudad supuesta de Lebtit, supuestamente sepultada en el subsuelo de Jaén me hizo demostrar a mí mismo una aburrida tarde de un día laboral de otoño que no es más que una leyenda con la consiguiente conjetura sobre si Perec estuvo alguna vez en Jaén para inspirarse en la redacción de su novela, o buscaba también la pista del supuesto arqueólogo avaricioso si es que al final se dejó caer por esta tierra, al final todo podía ser una leyenda dentro de otra leyenda, un círculo sinfín dentro del mágico hacer literario de los unos y los otros.
En mi opinión, más allá de la mayor o menor calidad de La vida instrucciones de uso, y más allá también de que Georges Perec y Julien Gracq son dos de los autores más honrados por Enrique Vila – Matas, el dilema estribaría en que ya son dos los escritores de fuera de más allá de nuestra frontera que de una forma u otra mencionan a Sierra Mágina en sus libros sin saber si realmente estuvieron o no por aquí. ¿O qué pensarán los lectores de estos autores tan metaliterarios que no nos conozcan a nosotros sobre la posible existencia ficticia o utópica de la provincia de Jaén y su Sierra Mágina?

LITERATOS A ESCALA



Por segunda vez en dos semanas en el País intentan hacernos aborrecer a los escritores impostores de los cuáles aspiro algún día a formar parte, Enrique Vila – Matas los llama hoy en Café Perec falsos escritores cuyos sufridos lectores deberían estar protegidos bajo algún reglamento que proteja sus derechos de leyenda, poco sabe Quique Vila de la realidad de los falsos escritores, poco sabe el escritor de la Plaça Rovira del movimiento o más bien trapicheo que se traen entre manos “no” los escritores sin serlo que escribimos de forma subrepticia sin profesar la profesión, sino más bien los propios lectores, lectores que son más bien anónimos y en algunos casos de inexistencia aparente, lectores escondidos debajo de la cama, lectores que reciben la escritura por entregas a través de otros lectores, lectores que enmascaran a otros recogiéndo en las sombras el capítulo del día enviándoselo a otro más oculto que el primero, lectores en escala, lectores de clase o por razón del cargo.
Vuelvo a los falsos escritores, soy uno de ellos, me siento harto de protagonizar el papel de creador de protagonistas, sigo prefiriendo la lectura a la escritura, en el Café Mont elado me desayuno la tostada con la presencia imaginaria de FC en la mesa, en Diario Jaén lo contemplo de forma más real y estática, opina lo ya sabido de remodelación ministerial construyendo el artículo ordenando elementos, hechos y miembros del cambio estructural, me he acordado de que la última vez que lo vi fue en la última carrera de la salud, una carrera también ordenada a pesar de su cada vez más progresiva masificación, o en una presentación de un libro en el palacio municipal de cultura, mira por dónde, de otro escritor de prensa, quizás de más prestigio que mi propio amigo FC, escritores en escala coincidiendo es en espacio y en el tiempo, de momento hoy me conformo con leerlo en una página reservada para él llamada “hoy lunes”, pasan en silencio los minutos terminando la lectura mientras apuro el café con leche donde a continuación me transformo en escritor realista de un escritor de verdad o de media verdad, los escritores deben de ser consagrados o no consagrados, ignoro si sirve el término medio, el escribir sin la búsqueda de lucro que sólo plasma en letras lo almacenado en la sesera, mientras por la parte de atrás y más oculta vuelvo a tropezarme con Vila – Matas, alguien me dice en la oficina que no lo conoce, que nunca había oído hablar de él, y que tampoco es conocido por su propia pareja después de la progresiva transformación en un consagrado escritor y lector de lectores.

CARRERAS EN LA AVENIDA


Mañana de domingo, bajo al tren con la prensa pagada, a esta cafetería acuden algunos parroquianos con hambre de leer periódicos gratis más que con gana de tostada con aceite de oliva en aceiteras en vías de extinción, mientras empiezo con el País el ejemplar dominical de Diario Jaén tengo que protegerlo del ansia de lectura gratuita, repaso con el café los cinco kilómetros terminados casi al amanecer en la vía verde, pienso en la media maratón de Jaén que no correré este año por motivos familiares, prometo correrla en otro lugar, la temporada tiene que ser ésta, poco entonces que hablar de ideain, de su recorrido, de listado y clasificaciones.
El viernes por la noche tuvo el sabor de viernes noche, diferente con diferencia, las luces de la avenida parecian iluminar lo anochecido de otro color, juego a la ventana indiscreta con la fachada del bloque de enfrente imaginando que sus diferentes ventanas y balcones son casillas de un extraño juego de mesa consistiendo la partida en averiguar qué vecinos lo harán con la luz apagada, de fondo la televisión basura como postre semanal y un libro entre las manos de esos que no has de leer, todavía nos estamos recuperando de la habitual resaca de los viernes al medio día en el Bar Stadium, el levantarme de la siesta (M decidió quedarse más rato en la cama) tuvo muy mal sabor tras tanta y tanta cerveza, del bar a la cama como mandan los viernes, a dormitar la mejor siesta de la semana, vivir un sueño como la muerte sólo por beber agua, el péndulo en el techo es contemplado por el protagonista, gris común que ambos contemplamos cada uno en nuestro techo, a mis ojos no parecen circular las agujas del reloj de pulsera en la muñeca ni las hojas del calendario de la gris pared, olor a gatos en celo, aromas a humedad y a hierro quemado, el péndulo y su oscilar cada vez más deprisa, la lentitud de las horas y los días, las quietud del almanaque y las manecillas del reloj. El pozo es el infierno, un infierno con patio, el silencio de las paredes transformado en las puertas del hades, el protagonista evita caer al pozo mientras soy arrojado por sorpresa al vacío, antes de la fatal llegada al duro suelo pude vivenciar aquel viaje de los dos juntos desde la mesa hasta el lavabo en aquel restaurante de Cástulo. Se vuelve loco, exaspera, en la estancia lloro al no existir remedio al desenlace en el que me veo envuelto, mientras, tiene y vive la esperanza con el péndulo aminorando por fin su marcha, los días del calendario acaban con la mía y la atmósfera de silenciosas miradas de amantes ficticios, la inquisición intenta acabar con él y luego conmigo, cierro El pozo y el péndulo de Edgar Allan Poe, ya no tengo resaca, el viernes noche ha dado paso a la madrugada del sábado, madrugada de lectura con la televisión de fondo, pocos coches por la avenida, las carreras nocturnas las dejaron para la madrugada del sábado.
XXXVIII



¿Por qué narrar la triste faceta de nuestra existencia? ¿Quién te otorgó esa licencia para chantajearte a ti misma exigiéndole silencio narrativo para que yo nunca llegase a leerlo? Él escribiendo en su anonimato, nosotras las estrellas de nuestra propia historia, desaparecidas y encontradas bajo el vaivén de su pluma. Tú y tu manía de abandonarlo a la soledad convirtiendo ésta en el peor de sus infortunios, se lo leí en el sanatorio a Sergio Pitol en Victoria Ferri cuenta un cuento, sólo le entregaste la intranquilidad en sus estancia para que se obsesionara contigo viéndose necesitado para su novela de otros personajes secundarios, ahí es donde entro yo.

No esperaba encontrársela en la estación de Prados de Armijo, había recorrido un tramo más de soledad hacia Cástulo, era su todavía actual compañera, su actual todavía amiga, una peculiar versión de la feminidad que nada revestía en la comparación con la pura y limpia belleza de Dulcesojos. Desconocía si había recorrido el último tramo del camino hacia delante o hacia atrás, este último trayecto más placentero al haber conseguido anular el posible dolor transformado en placer, revivir una y otra vez ese placer sin final, de volver a disfrutar lo disfrutado, un gozo sin límite difícil de exponer, la campiña olivarera en las cercanías del condado, una vía férrea que se quedó en eterno camino de soledad, Cástulo cada vez más cerca o tal vez más lejos según las formas posibles de su peregrinación. Al llegar a Prados de Armino encontró a Torvista en ese también eterno banco del andén, comunes vidas simétricas las separaban, aparentes estilos de vida paralelos que quedaban en eso, en paralelos, ecos y recuerdos del pasado, los peculiares pacientes mentales escondiéndose detrás del escritor y su obra, los sordos gemidos en el interior de las grises paredes, revolcones imaginarios del autor de esta historia, elementos comunes y no comunes como pilares que sostuvieron el borrador del argumento virgen y sin desarrollar.

No sé qué haces aquí, el recorrido es mío, ¿terminaste de hablar?

No he terminado pero me voy, nunca tuve que aparecer en esta aldea a esperar tu absurdo venir por ese camino sin vía. Me voy a Cástulo, quizás para mí sí exista un tren que me transporte por sus raíles y se deje montar.

Torvista desaparece, no la ve avanzar por el camino hacia la cercana ya localidad de Villacarrillo, mejor así, Dulcesojos imaginó que su amiga creyó partir en el tren a pesar que éste nunca llegó a existir en esta línea sin inaugurar que sí disfrutaba en primera clase del inexistente servicio ferroviario, o superaba la de ella misma que no la vio alejarse de la estación caminando por ese camino en forma de secarral que nunca vio ni verá pasar el tren.
Dulcesojos ante la insidia recelosa penetra en la estación como tantas otras veces buscando un lugar limpio para dormir, siempre que la confusión y desesperación del dilema sentimental la dejara conciliar el sueño, otro vestíbulo de estación de tren abandonada antes de su funcionamiento, una soledad sorpresiva no buscada, sí deseada para su mejor semejante, aquél al que no supo o quiso entender, una condena a los más profundo de las tinieblas ínfimas e insignificantes en el propio sanatorio donde ejercía todavía desde que él desapareció. Al subir al dormitorio de la estación el acondicionamiento no es bueno, las sábanas son de un extraño limpio que amarillean, las cortinas no existen, la silla de enea por ley física se sostiene a tres patas, en la mesa una fotografía de Paco amigo tramoyista del Teatro Cervantes de Cástulo venido a menos al ser trasladado al Viejo Teatro Asuán del Santo Reino, unos folios escritos a Boli de lo que parece ser un borrador que alguien ha pasado a limpio, lo único de la estancia:

Termino por fin, estuve pensando en esa extraña letrada que me soltó creyendo que no venía a cuento ser prima de Marion Strasse, tiro de la cadena que no sé por qué se llama así al no encontrar los pertinentes eslabones por ningún lado, me abrocho el pantalón comprobando la bragueta y me lavo las manos para que no se diga, todo en orden aunque intento abandonar el retrete cuando la puerta no se abre, el pomo giratorio de forma redonda se ha dado de sí girando como si se les hubiese soltado en su interior algún muelle o gomita dejando de cumplir la función de abrir la puerta.
Manda cojones, me he quedado encerrado en el váter, y encima es la segunda puerta, la de la taza de echar las necesidades, la que está más en el interior e impide que si doy voces al exterior, ninguno de los compañeros de oficina puedan oírme. ¿Me oye alguien? Gilipollas total.
Pienso que lo mejor será conservar la templanza y la calma que me caracterizan con el objetivo de lograr la búsqueda de una solución razonable desde las sombras del inodoro, me doy cuenta de que llevo en el pantalón el teléfono móvil, salvado por la mínima salvo error, en efecto existe el error e impedimento comunicativo, por no llevar un tiempo suficiente y prudencial todavía no se han estrechado lazos entre los compañeros con el derroche de la suficiente confianza como para tener en nuestro poder el número de teléfono de los unos para con los otros. La única esperanza que me queda es utilizar algunos números de la agenda del móvil que son del personal del Sanatorio Mental de Cástulo poniéndolos en antecedentes y que ellos llamen a la oficina, me siento integrado totalmente en la distancia, con todos los perdones concedidos, escribo para huir de la pena, nadie coge la llamada, me imagino un silencio sordo, no escucharme ni en la distancia, dejarme encerrado desde el propio Cástulo en este WC de la capital de la provincia. El perdón no debe de ser tal, el único entretenimiento en la soledad inodora que me queda es releer en esos folios que llevo doblados en el bolsillo sentado en la taza del váter el borrador en sucio del libreto “Pasavento en el sanatorio”, versión teatral de las obras del maestro Enrique Vila – Matas, Doctor Pasavento, y Pasavento ya no estaba....

(El caminante solitario por el camino bajo la falda del castillo y Parador Nacional)

VOZ INVISIBLE. ¿De dónde viene tu intención de desaparecer?

NARRADOR. Los pensadores vivimos la soledad con nuestras dudas y certezas sólo con nosotros mismos.

VOZ INVISIBLE. ¿De dónde viene tu intención de desaparecer?

(Sigue su camino en soledad, no esperaba oír sonar el teléfono móvil)

VOZ EN EL MÓVIL. Hola, le hablo desde Sevilla, nos gustaría invitarlo a impartir una conferencia con Bernardo Atxaga.

NARRADOR. ¿Sobre qué? ¿Quién es usted? ¿Dónde y cuándo?

VOZ EN EL MÓVIL. Me llamo Roldán Palomino, soy gestor cultural y esto sería el 16 de diciembre en el Monasterio de la Cartuja, el tema de de versar sobre la frontera donde la realidad y la ficción bailan juntos.

NARRADOR. Acepto, hace casi cuatro años que no veo a Atxaga.

VOZ EN EL MÓVIL. Contamos con usted, mi secretaria le proporcionará los detalles del viaje, recepción, alojamiento….

NARRADOR. Igualmente si mi amigo Atxaga no acude, tendría tema para hablar de la desaparición.

(Ha llegado el caminante al Parque del Seminario sin darse cuenta)


VOZ INVISIBLE. ¿De dónde viene tu intención de desaparecer?


Dulcesojos deja la lectura, antes de desvestirse deja con apresuramiento el lugar, menos mal que todavía no había empezado a atardecer, un camión de teatro aparca junto a la explanada de la estación, Teatro la Juana con mayúsculas letras rotuladas de negro pudo leer en la madera del remolque, carteles pegados debajo anunciando los días de representación en Prados de Armijo de la obra “Doctor Pasavento”, no logra ver el reparto de artistas que la representan, están escritos en letra pequeña, abandona el lugar sin vestirse del todo, está harta de tanta representación, pero está feliz, ha convencido en la distancia al autor de narrar su existencia por un lado, por otro que hartazón de verse envuelta en esas escenas extraídas de lo arbitrario y de lo improbable.

ESE MODO QUE COLMA

Me siento preparado para una pequeña peregrinación ferial por la Vestida, sigo todavía de feria, bajé en solitario sin mujer ni chiquillos para estar más sosegado, sigo aquí sentado en la caseta de Diario Jaén, ensimismamiento personal lleno de viejas evocaciones, pensando en los próximos recuerdos para narrar, mis cafés en la cafetería Fleming de Cástulo con trazas de abandono, lectura de Diario Jaén en este solitario rincón, me veo en el periódico fotografiado con la familia comiendo un arroz junto otras muchas fotos de otras familias haciendo lo propio, no recuerdo haber bajado a la feria con ellos, mucho menos que me hiciera alguien alguna fotografía, situación de fragilidad personal, de extraño sueño sin saber cómo reaccionar, me contemplo a mí mismo acercarme a la caseta de Diario Jaén desde el exterior, me veo con la revista Freston bajo el brazo, la misma que jamás encontré y nunca logré adquirir al ignorarse su publicación o existencia tras su presentación en un pub de la capital donde acudí hace un par de semanas al ser invitado de manera formal, presentación con café los menos, con cubalibres los más, sano ambiente cordial que enmascara la oscura discordia existente entre los presentes, relatos del lugar, escritores de la tierra, palmas hipócritas al finalizar esta especie de ágape literario de poca monta, a los pocos días nadie conoce la revista Freston, el propio Pub Delirium niega la existencia o presentación en su local de ningún tipo de revista de cuentos de autores de Jaén, una especie de ingenuidad a la japonesa que viven los testigos de mi extraña presencia casi inquisitiva en el pub, no entiendo que hago viéndome desde la mesa fuera de la caseta con la Freston en la mano. Tanto cambio me produce vértigo, más cuando las cosas no han sucedido y han parecido haber sido, alteración del guión en la situación presente, con el paso de los años le introducen matices, el papel representado de diferente forma según el espectador que presenta la función, la escenificación de las diferentes versiones morales, un día se hartarán de hacer teatro a solas, dejarán el escenario, el papel será el escrito, lecturas de soledad, atrás quedará una actriz solitaria que juega ahora a ser la intérprete de todos y cada uno de los papeles de la obra, se vive en las letras de “Cualquier cosa va”, uno de los cuentos saboreados en Ese modo que colma de Daniel Sana editado por Anagrama, humor sádico y casi soez, de mal gusto si fuese mío, a Daniel Sada le perdonamos su forma de escribir, tiene el beneplácito de Roberto Bolaño.

SIN INVITACIÓN



Estoy en la feria de Jaén sin invitación alguna, tengo la intención de encontrarme de una vez por todas a mí mismo, llevo un ejemplar de Diario Jaén bajo el brazo mientras viajo de caseta en caseta descubriendo que la cantidad de personas en su interior va siendo inversamente proporcional al número que voy recorriendo sin atreverme a entrar en ninguna. Todo hace aumentar progresivamente mi tormento, vivo una especie de desencuentro personal demasiado amargo, me siento también observado por el poco personal que circula por las calles de la feria a pesar de ser hora punta.
Busco en los bolsillos sin éxito, no tengo invitación, llego a la entrada de la Caseta de Diario Jaén contagiado unas horas antes de esas fotos que publica el periódico por la Feria de San Lucas, la tradicional cita en la Caseta de Diario Jaén, la realidad ante mis ojos es bien distinta, no hay nadie posando para los fotógrafos, nadie comiendo en multitudinaria forma, nadie en colectivo divertimento, abro el diario por las páginas en las que se publican las fotografías de los visitantes a la caseta contrastando lo impreso en sus páginas con la realidad presente que tengo delante, se han debido marchar todos, nada parece a lo visto y leído en el periódico.
Me acerco más al interior de la caseta encontrándome conmigo mismo viéndome sentado solo y totalmente exiliado en un rincón con la invitación encima de la mesa, no sé cómo reaccionar si acceder más hacia adentro o quedarme fuera, creo que se asustó al verse a sí mismo en la puerta de la caseta, el tormento va en aumento, casi le provoca nauseas, la incertidumbre sobre la mejor forma de reaccionar lleva la decepción del recién llegado a la caseta a un límite nunca vivido. Opta por desaparecer del lugar por donde vino con su periódico bajo el brazo sufriendo un incierto estado de tensión, no debió bajar a la feria sin invitación, cree de forma desesperada que nunca recordará haber vuelto a encontrarse.

LA SOLEDAD DEL CHURRERO

Sueño que estoy metido en un gallinero con olor a tal, está el lugar colmado de gallinas, las gallinas se han convertido en amenazadoras metáforas, el gallinero se convierte en un lugar peligroso, la vida ficticia es la vida reinventada, aquí el recuerdo es por fin libre. Tengo presente que mi ausencia de Cástulo no consigue anular los recuerdos, tampoco compra el olvido, la literatura es puro divertimento para sus guionistas hoy transformados en protagonistas. Voy caminando por Mágina, la churrería de siempre está cerrada por vacaciones, pienso en El Jinete Polaco, me introduzco en las entrañas de sus párrafos, un mozalbete que sirve café al mismo tiempo que hace churros me increpa por hacer fotografías, o no ha visto nunca una cámara de fotos o no ha leído nada de Ramiro Retratista que sería como un ser extraño en la churrería Anpa, ambos no coincidieron en el tiempo, la churrería Anpa no existía en la época en que Antonio Muñoz Molina como creador de Ramiro Retratista estudiaba en el Instituto San Juan de la Cruz situado hoy todavía tras generaciones y generaciones de estudiantes justo en la acera de enfrente donde se levantó con el transcurrir de los años esta histórica churrería donde los retratistas son personal obtuso y extraños otorgando motivo al silencioso churrero para que por fin emita algún sonido, dando a conocer brevemente su real existencia.
Relectura de En busca del tiempo perdido, Por el camino de Swann, más apasionante que con la primera lectura, Marcel Proust hay que leerlo dos veces para arrancarle el gustillo, todo un preámbulo para posponer de forma más cercana la lectura del tomo siguiente. De momento vuelvo a Cástulo a disfrazarme de Budai, el protagonista de Metrópolis (Épépé), el húngaro Ferenc Karinthy es hijo de otro escritor llamado Frigyes Katinthy, los escritores son producto de otros cuando no son producto de la circunstancia, la circunstancia creadora de argumentos, la vida cotidiana como futuro relato apasionado, el silencioso churrero convertido en silencioso guionista improvisado, Budai vaga por Cástulo cuando creía estar en Helsinki, un Cástulo metropolitano cuyos tentáculos atrapan al protagonista en un auténtico viaje a los infiernos, navegar en kayak por la calle Sagunto, los bancos del Paseo de Linarejos convertidos en bancos de arena, un soplo en las grises paredes donde un anónimo kiosko recibe de manos extrañas bolas de manteca en las madrugadas de Cástulo.
Ceno con Pérez Chamorro, una velada cordial en la que en los postres muestro a Gonzalo el boceto de Doctor Pasavento hablándole de la temática y de sus tramas, de cómo encajaría ante el respetable público, antes de concluir la velada decidimos que el proyecto de representación teatral de esta obra de Enrique Vila – Matas es todo un acierto, no había nadie más para oponerse, eso sin contar que Gonzalo todavía no ha entrado en el meollo de la novela, pienso en Natalia Millán como nueva musa teatral, pienso en una visita con Gonzalo al Sanatorio Mental de Cástulo a fin de recoger anotaciones diversas sobre el lugar, su paisaje y sus habitantes.

ESTOY EN LA CALLE MAESTRA

Despierto y vuelvo en sí encontrándome sentado leyendo Molly de Samuel Beckett, estoy en la calle Maestra en una mesa de la Cafetería Darymelia, junto a mí en otra mesa un lector desconocido lee también algo adormecido y a saltos Los pueblos prerromanos de la Península Ibérica de un tal Manuel Salinas de Frías, hay gente para todo, pero lo importante es que hay lectores que perdemos el tiempo en esta histórica calle mientras los hijos están en el conservatorio, huyo de esperar dentro como otros padres, una especie de bullicio extraño en un edificio que me recuerda al Sanatorio Mental de Cástulo por su estructura arquitéctónica del interior, además los profesores de música tienen cara de eso de profesores de música, algo que yo creía que ocurría sólo en las películas, los padres de los futuros músicos no, no tenemos el rostro de los padres de los futuros músicos de los filmes, tenemos el mismo rostro abotagado y cuerpo mal hecho que el resto, no serviríamos para una real representación. Creo que me había dormido leyendo en esta calle, había soñado con dibujos, con colores y estilos, tomo aquí café a la espera de las clases de música, pienso en querer llegar más lejos que Witold Gombrowicz en Ferdydurke, huir de lo escabroso y grotesco, de los posibles hechos abusivos si Polilla violaba la inocencia de Sifon por las orejas, dejarlo en fantaseo sobre los puntos del placer a producir, crear tu propia realidad sobre lo leído, la literatura me produce a veces somnolencia, me atonta sacándome en ocasiones del estado de despierto, sueño que JM se desplaza desde su Valencia habitual, lo veo plasmando su obra pictórica por los muros de la calle Julio Burell de Cástulo, accede a la llamada de su más profunda vocación. Plasmar colores y estilos propios, convertir los muros cercanos al Paseo de Linarejos en una fuente de placer, el dibujo como “desarrollo sostenible”, expresión de moda que pocos saben darle un significado preciso. Desarrollo de un estilo expresionista acorde con el lugar geográfico, plataforma para introducirse en los circuitos internacionales del arte. Empatizar con el admirador del arte, el museo sacado a la calle, evitar acudir a las salas, el arte gratis para todos, la cultura debe de empezar por la gratuidad, lo veo en solitario con sus herramientas de dibujo, sus óleos y sus pinceles, imagino el pasar de los días sus obras contempladas por los peatones que caminan de paso, la soledad del dibujante dibujando a plena luz del día en la más completa oscuridad, se inspira en los jadeos imaginarios procedentes de las cercanas calles estrechas, él es más hábil, es tiempo de olvido, todo perdido y todo olvidado, se encuentra dibujando en una ciudad desconocida para él, la ciudad de la soledad y del olvido, nunca supe por qué no me mataron del todo, sólo en parte, por qué no me dieron el tiro de gracia, quizás porque sabían que cuando recibiera el alta y volviese a mi ciudad me iniciaría en el quehacer literario con una obra dedicada a la ciudad y su viejo hospital, la narración del impresionante viaje por un camino en solitario, un camino sin desvíos, sin arbustos o mala hierba, una zanja en la que caí y sobreviví, una zanja a la que habrá de volver. Intercambio algunas palabras corteses con el dibujante, después sigo mi camino, despierto y vuelvo en sí, encontrándome sentado leyendo Molly de Samuel Beckett, estoy en la calle Maestra en una mesa…..

CAFETERÍA FLEMING

Juan Rubio recuerda con nombre y apellidos en el suplemento de Diario Jaén Paisajes, que existen lugares de interés, los cafés literarios, no repito lo mismo que el artículo, repetir los que ya conocemos por haber visitado la ciudad o haberlos visto en fotografía, refrescarnos algunos y enseñarnos otros más desconocidos; de las ciudades europeas termina en Madrid, se olvida del resto de otras, entre ellas la nuestra que no sé si es también la suya, la de Jaén. Tenemos cafés literarios, cafeterías diseñadas adecuadas a ese estilo, rincones en su interior que invitan a la tertulia y a la reflexión sobre la literatura, en estos cafés de la provincia no se habla de libros, tenemos entonces un vacío que hay que llenar en estas cafeterías, desarrollar la literatura en su interior, introducirla aprovechando las ocasiones más propicias, meterla aunque sea despacio y poco a poco llegando a retorcerla; en Cástulo me quedé con las ganas de hacerlo, la Cafetería Fleming, sabia en propiciar a los asistentes el ambiente adecuado para las tertulias, algo menos sobre la literatura retorcida, extraña era la ocasión en la que predominaba la literatura, por lo general política, hogar, cotilleo diverso, demostración en todos los temas de la escasa capacidad acompañada de simpleza humana de los presentes, o en el mejor de los casos la grandilocuencia de conocimiento de los mismos.
No era el mejor local, la evolución literaria en este cafetería de Cástulo se inflexionó a la plasmación de la soledad total, la hice evolucionar a términos y situaciones no descritas ni escritas, los instantes pasados vuelven, los oigo, nunca dejé de escucharlos, la soledad contemplada como un vacío para meter la cabeza, después el tronco con las extremidades, el final nunca se hallaba, había que estar preparado, la insatisfacción sexual de capacidad plena sin límites, oscura soledad donde no ves nada, tanta negrura que eres incapaz de ver algo, nula imaginación, los sentidos tienen que volver a ser desarrollados, veo curvas sinuosas, olfateo líquidos aromas al natural, prohibido tocar por si acaso, más placentero el saboreo, seguro que sí, visitas comprometidas, risa artificiosa, sonrisa plasmada gracias al guión desarrollado sobre la marcha, triste es quién no sabe la historia, nuestra historia, sólo la escucharon de oídas, la imitación como crítica, me comparo con el protagonista si es que existía de Cómo es de Samuel Beckett, gran edición en formato pequeño de Lumen pero con grandes caracteres.
En la primera parte del recorrido viaja la esperanza, el oído escucha sonidos de su boca, ilusión de no todo estar perdido, toda ilusión rota, como en Ferdydurke de Witold Gombrowicz (relectura), “no ocurría nada, nada cambiaría, nunca pasaba nada y aún cualquier cosa que se emprendiese no sucedería nada y nada”, variaciones preparadas del ánimo, veo luz, visión desarrollada antes de la ceguera total, tacto prohibido como estímulo, líquido emanado gota a gota, gemidos en el vació nunca proferidos, jadeos imaginados en el eco, eyaculaciones que previenen el caos, uñas que no arañan la piel, carnes mutuas en oberturas bucales, el deseo te ciega, la sinrazón te arroja al pozo de la soledad absoluta, personaje secundario de carácter proscrito sin nada que hacer, los adioses en decremento, los adioses desaparecidos del todo, saborear la oscuridad progresiva, un poco de luz en saludos como esperanza del día a día, gritos descompensatorios del silencio echados de menos, numerosas sesiones en el Fleming, demasiadas letras volátiles, oralidad absoluta, nulo sonido literario, cuánta literatura perdimos, Juan Rubio en Diario Jaén no conoce la Cafetería Fleming en Cástulo, cafetería que quedó sin ser literaria por algunos adioses definitivos, la angustia, la nada, el entontecimiento y aplastamiento de los acontecimientos, la proyección literaria de lo absurdo. La Cafetería Fleming como café de reunión para las tertulias de literatura contradictoria y sin sentido, la especialización literaria de su parroquia antes de la denominación artístico cultural del famoso café de la calle Sagunto.


La literatura como arte que produce goce estético y utiliza como instrumento la palabra

LEER POR ENCIMA DEL HOMBRO



Llevaba viéndolo muchos días atrás desde hacía unas cuantas semanas, siempre se sienta en la misma fila de asientos del tranvía. Un día y otro, nunca falla, los dos realizamos parte del trayecto, yo más reducido, cuando me subo él ya está ahí con su libro, cuando me bajo y le digo adiós está tan absorto en las páginas que ni me contesta. Suelo a veces leer algunas frases de su libro por encima de su hombro desde mi asiento de atrás, el vagón suele viajar solitario a esas horas, al hombre que viaja justo delante de mí y no deja de leer le da igual mi posible indiscreción. Adivino su libro, es una obra cuyo título leí hace años cuando estuve ingresado en el Sanatorio Mental de Cástulo, hablaba de otro famoso sanatorio llamado Wald en Davos.
Pasan las estaciones, me da la impresión que el lector que sigue delante de mí no pasa las páginas, se ha quedado leyendo la misma. Una compañera del viejo hospital me enseñó a detenerme en algunas páginas, leer despacio, reflexionar sobre lo leído, subrayar las palabras y frases de interés para luego volver sobre ellas. El libro no se mueve, el pasajero tampoco. Hoy como tantos días sigo sentado a su lado detrás.

- Una gran obra, Thomas Mann y su buen hacer literario, ¿sabe usted que yo también fui paciente de un sanatorio al igual que el protagonista de su libro.

Contemplo desde el interior del tranvía como asciende por el Paseo de la Estación, la Plaza de la Concordia, esa es mi parada de destino. Es una buena costumbre la lectura por encima del hombro de lo que leen otros en los viajes, lo aprendí en el metro de Barcelona, ahí la doble lectura de un mismo libro se realizaba incluso de pie en las horas punta, no sé si este pasajero ha advertido alguna vez mi presencia como lector que se aprovecha de su momento, no mueve sus ojos, siempre permanecen fijos en el mismo párrafo, no realiza ningún suspiro, su expresión de aplicación literaria reviste un carácter sin igual.
Contempla su libro abierto con el mismo gesto inmóvil de susto de todos los días, sus livideces han caducado incluso, el hedor también, a su lado también permanece siempre el mismo ejemplar de Diario Jaén de aquella jornada de otoño de hace ya casi medio lustro con un titular donde se leía que si el partido de la oposición llegaba a la Alcaldía de Jaén prometía arrasar con el Sistema Tranviario de Jaén a pesar de los pocos meses que llevaba en funcionamiento.

IMPUREZAS




El aperitivo en Cástulo me llevó a la Galería Cristóbal Bejarano, Pilar Andrade expone su amor y pasión por la mezcla abstraccionista y colorida, retales de la memoria, exquisitez artística, el dibujo plasmado en el recuerdo en una época de días revueltos, mucha intransigencia, censuras fotográficas entre diversos ejemplos, lo impuro en el arte o lo impuro en la mente, verborrea dialéctica condenatoria cuando esos ojos en silencio no pueden apartar la mirada de la imagen, hipocresía en las alturas, condena y escarnio ante los que anhelarían pasar a formar parte al no creerse ni ellos mismos su labrada impureza de ese arte más por los de alrededor que por ellos mismos que lo admiran en silencio fascinados y emocionados, lo sucio y pecaminoso es hermoso, lo convierte de inmediato en algo deseado y accederían a lo que se le pusiese de frente, se supone que las ganas de follar nunca las han perdido.
Había corrido 5 kilómetros esta mañana, el sábado me abstuve al no hallar la ropa para el fin y desistir de solicitar ayuda de los durmientes a esas horas de la mañana, los mismos alumnos de siempre en los inicios de la temporada en la vía verde del aceite, al terminar, café en el Tren, corredores en recorrido inusual para correr, la lógica asoma en el momento, corren siguiendo el feo trazado de la Media Maratón de Jaén Paco Manzaneda a correrse a final de mes con sus correspondientes 10 kilómetros saludables, buenas sensaciones por el ligero descenso térmico.

ANTÍTESIS DE IDENTIDAD



Quizás también seleccionemos a José Ortega “Sitoh” para la composición de la banda sonora teatral de Doctor Pasavento (Enrique Vila - Matas), música de la tierra para una obra de autor catalán del barri de Gracia, Gonzalo Pérez Chamorro así me lo transmitió con un notable visto bueno la otra tarde en la Colombia 50 ante el cotilleo visual e incrédulo sobre lo que nos oían disertar desde las mesas vecinas, un beso fugaz, un beso rápido, casi no logré ver quién fue la chica que me lo dio al abonar la consumición en la barra, ¿por qué no nos fundimos en ese lugar e instante en algo más ante el resto del respetable?, todo un ejemplo en la antítesis de la iconoclasia femenina de Cástulo, como antítesis de la gloria tenemos la soledad, Alberto Olmos es elegido para no sé qué gloria por la revista Granta bien conocida en su casa a la hora de la comida, lo veo en segunda fila en la foto de las páginas de cultura de El País de hoy, un personaje secundario buscado adrede en la azotea del Círculo de Bellas Artes de Madrid con otros elegidos y justo detrás de los glúteos cubiertos con tela vaquera de la escritora Elvira Navarro.
Escritores conocidos elegidos, ninguno de carácter local de aquí de Jaén, sigo estos días decepcionado hablando de escritores jienitas, sé quién es el escritor, pero sigo desconociendo su obra, la tiene oculta para sí o para quién él quiera, no se lo pregunto por miedo a la respuesta no buscada, mejor dejarlo así a su propia voluntariedad. Más interesante serán los viajes futuros a Cástulo, la situación se nos presenta a la inversa, antítesis literaria, conocer y narrar la verdadera historia de ese escritor como paciente en el Sanatorio Mental de Cástulo para desvelar su identidad, poco se sabe de él, se dice que cuando podía desayunaba en la Cafetería Fleming y que algunos días de permiso terapéutico almorzaba un menú casero por buen precio en el Mesón el Balconcillo, un restaurante situado en una céntrica calle peatonal. Su identidad es contradictoria, nadie quiere saber ya de él, hace varios años que le dieron el alta, todas quieren ignorarlo aunque en los recónditos silencios del hospital se sigue hablando de qué callada manera de su desventura.
Hace tiempo que no lo piso, pero alguna escapada para conocer la identidad del verdadero escritor de estas tristes vivencias que llevo años leyendo por capítulos bien pudieran servir del preámbulo de una biografía del autor desconocido escrita por mi persona sin dar a conocer a nadie su nombre y apellidos imitando así a mi amigo escritor de Jaén que sigue sin darme a conocer su obra. Leo las notas sueltas, entraba y salía del sanatorio, desaparecía y volvía a aparecer, se decía en silencio que una de las enfermeras lo pretendía pero que él por miedo a enfrentarse a la situación o debido a algún compromiso marital de carácter bilateral desistió de dejarse llevar a esa especie de atolladero enloquecedor al que se vio arrastrado. Guardo las hojas, siguen todas en desorden, leer así me desasosiega, más si son historias de desamores y odios, personajes secundarios de una película que no entiendo el hilo aunque pienso descubrirlo viajando a Cástulo en los próximos días, un oscuro escritor amante de la lectura y condenado a la soledad, una vida de esos años perdida vivida en una especie de experiencia artificial.
Formas breves se lee en una sentada, Ricardo Piglia es el último Borges, otros autores desfilaron en su plasmación de esta pequeña obra que nos enseña los trucos literarios de tantos otros, te abre los ojos ante la duplicidad cuentística, descifra lo que otros descifraron antes, ser una especie de sombra de ellos, muchas páginas en blanco para una obra corta, el prólogo de otra aún más corta que releo en la pos siesta del sábado, el Pozo de Juan Carlos Onetti.