El escritor permanece en silencio con la única compañía de su papel y su pluma, un papel eterno de difícil retorno, la igualdad de los días en la que consigue acostumbrarse a protagonizarse como fantasma que parece perseguir a sus personajes, sus letras plasmadas parecen formar y resolver un puzzle antes que dar formato y cuerpo a esa historia carente de toda lógica de su cabeza.
En la Estación de tren de Villacarrillo Dulcesojos se sentía confundida, era habitual tras esos días no elegidos, por un lado Cástulo estaba cada vez más cerca de sus pasos, pero por otro seguía en ese absurdo recreo de colegio en la que había sido colocada al objeto de revivir el argumento de una existencia temporal, frustrada y solitaria, una especie de sueño realidad, esa vía de tren que la tenía atrapada sin salida. Se sumergía en los días similares con una costumbre ya forzada, su fin era Cástulo, no había otra cosa, pasar página perdiendo para siempre ese silencio callado del escritor que últimamente la acompañaba de estación en estación. Sintió al inspeccionar los alrededores del lugar una miaja de alegría, al contrario de lo que le ofrecieron otras estaciones de su recorrido justo enfrente de la de Villacarrillo había una estafeta de correos abierta, podía aprovechar el poco suelto que le quedaba en el bolsillo trasero de sus vaqueros y escribir a alguna de sus amigas de Cástulo, contarle por escrito su viaje por esa vía con estaciones pero sin tren, a ver si alguna al final del trayecto podía explicarle esa extraña existencia por esa línea de ferrocarril sin inaugurar que la transportó por las provincias de Albacete y Jaén, que alguien le aclarase por fin el significado de vivir viajando en el interior de su propia metáfora, algo que vivía como si fuese una realidad plena más que un vil recurso literario para la ocasión. La funcionaria de correos parecía estar esperándola, como si también hubiese adivinado las intenciones de la pasajera sin tren.
¿Para dónde es la carta?
Para Cástulo.
La destinataria a la que escribe la presente no está disponible, es absurdo escribir a alguien que no figura como tal.
¿Cómo puede ser?
Ha figurado su disponibilidad hasta hace unos días, pero ha desaparecido de repente como destinataria para las posibles cartas que usted y sólo usted pueda enviarle.
Torvista siempre estuvo ahí, es de las de Cástulo de siempre.
En efecto, hasta esos días atrás existía, era usted la que no existía como destinataria de ella. Las cosas han cambiado entre ustedes dos por voluntad de ella al revertir la suya.
Incluso ella desciende de forma directa de los oretanos de Cástulo, conserva todavía un importante linaje.
Aquí no cabe la influencia para dominar la atmósfera, tampoco la alimentación del ego ajeno, quizás en Cástulo esté bien visto, aquí en Villacarrillo simplemente está prohibido.
No dijo adiós al salir, seguir caminando hasta el pueblo siguiente o esperar que construyan el tren que la lleve a lugares de difícil retorno. Cuando entra en la estación el escritor no está, sí se ha dejado un papel que quizás fuese el suyo, se pone a leer la simpleza de su contenido.
La primera vez me tienta.
El acuario me entristece.
La pajarera me oprime.
La jaula me repugna.














