XXXIX

El escritor permanece en silencio con la única compañía de su papel y su pluma, un papel eterno de difícil retorno, la igualdad de los días en la que consigue acostumbrarse a protagonizarse como fantasma que parece perseguir a sus personajes, sus letras plasmadas parecen formar y resolver un puzzle antes que dar formato y cuerpo a esa historia carente de toda lógica de su cabeza.

En la Estación de tren de Villacarrillo Dulcesojos se sentía confundida, era habitual tras esos días no elegidos, por un lado Cástulo estaba cada vez más cerca de sus pasos, pero por otro seguía en ese absurdo recreo de colegio en la que había sido colocada al objeto de revivir el argumento de una existencia temporal, frustrada y solitaria, una especie de sueño realidad, esa vía de tren que la tenía atrapada sin salida. Se sumergía en los días similares con una costumbre ya forzada, su fin era Cástulo, no había otra cosa, pasar página perdiendo para siempre ese silencio callado del escritor que últimamente la acompañaba de estación en estación. Sintió al inspeccionar los alrededores del lugar una miaja de alegría, al contrario de lo que le ofrecieron otras estaciones de su recorrido justo enfrente de la de Villacarrillo había una estafeta de correos abierta, podía aprovechar el poco suelto que le quedaba en el bolsillo trasero de sus vaqueros y escribir a alguna de sus amigas de Cástulo, contarle por escrito su viaje por esa vía con estaciones pero sin tren, a ver si alguna al final del trayecto podía explicarle esa extraña existencia por esa línea de ferrocarril sin inaugurar que la transportó por las provincias de Albacete y Jaén, que alguien le aclarase por fin el significado de vivir viajando en el interior de su propia metáfora, algo que vivía como si fuese una realidad plena más que un vil recurso literario para la ocasión. La funcionaria de correos parecía estar esperándola, como si también hubiese adivinado las intenciones de la pasajera sin tren.

¿Para dónde es la carta?

Para Cástulo.

La destinataria a la que escribe la presente no está disponible, es absurdo escribir a alguien que no figura como tal.

¿Cómo puede ser?

Ha figurado su disponibilidad hasta hace unos días, pero ha desaparecido de repente como destinataria para las posibles cartas que usted y sólo usted pueda enviarle.

Torvista siempre estuvo ahí, es de las de Cástulo de siempre.

En efecto, hasta esos días atrás existía, era usted la que no existía como destinataria de ella. Las cosas han cambiado entre ustedes dos por voluntad de ella al revertir la suya.

Incluso ella desciende de forma directa de los oretanos de Cástulo, conserva todavía un importante linaje.

Aquí no cabe la influencia para dominar la atmósfera, tampoco la alimentación del ego ajeno, quizás en Cástulo esté bien visto, aquí en Villacarrillo simplemente está prohibido.

No dijo adiós al salir, seguir caminando hasta el pueblo siguiente o esperar que construyan el tren que la lleve a lugares de difícil retorno. Cuando entra en la estación el escritor no está, sí se ha dejado un papel que quizás fuese el suyo, se pone a leer la simpleza de su contenido.

La primera vez me tienta.

El acuario me entristece.

La pajarera me oprime.

La jaula me repugna.


El club de los escritores suicidas


Tango

Quiero escapar del pesimismo. Alberto Olmos se acaba, su presencia se torna difusa, en casa falta una obra suya de título Tatami, es una mierda esta vida, perder un libro en tu propia casa sin haberlo prestado, me aguanto y me da igual, cuando quiera aparecer que aparezca, quería tener todos los libros de Olmos juntos, colocados todos en el mismo lugar para posibles relecturas en 2.011 sin poder cumplir mi propósito de momento. Sólo la obra completa de Enrique Vila – Matas permanece unida en casi unos treinta centímetros de largo de estantería sin que falte nada, sin que nadie lo toque.
Aparco a Óscar Esquivias durante una escasa semana partida, estos días de ineludible trasiego no iba a prestarle la atención que merece, tengo ya sus tres tomos, el primero acabado ya para otras lecturas más analíticas. Opto esta misma tarde por algo más liviano, algo descubierto en Babelia de un tal Édouard Levé de título Suicidio, fue escrito desde las sombras de la propia muerte, mis compañeros de trabajo de miran de forma cada vez más rara por mi extraña afición a leer libros de escritores que un día u otro optaron por suicidarse, Édouard Levé, Ernest Hemingway, David Foster Wallace, Félix Francisco Casanova (este murió de un escape de gas). Nos habla de humillaciones en la distancia entre otros factores que le llevaron a un suicidio escandalosamente bello que nadie se atrevió a explicar, hacer la vida más intensa de los que sobrevivieron aunque en un espejo contemplen el tedio o lo absurdo de sus vidas. Ser el espectador y nunca el actor de tu propia vida, compartir el visionado de tu propia actuación con el resto, percibir luego tras actuar la vida real en completa soledad, volviendo a ser un extraño de ti mismo en esa realidad donde sólo hueles a orín y a mierda.

Galería de fantasmas

Las redes sociales me molan más cada día, haces nuevos amigos desde la propia nada, algunos van y otros vienen sin saber su origen o destino, la mayoría invisibles y desconocidos, algunos se atreven incluso a dictar una imaginaria sentencia sin contenido que te acaba condenando, puede venir el indulto si tienes suerte, pero también te puede caer una segunda condena sin fecha de vista o de la llegada de la resolución. Como es vida virtual todo es irrelevante, si se quiere extrapolar la situación a la vida real me da por pensar que no somos diseño de nadie ni mis cibernéticas o reales pautas de vida van encaminadas a contentar o descontentar a alguien. Si mezclamos lo real con lo virtual, lo erótico o a veces soez predominará sobre lo artístico, o al revés, todo dependerá de los ojos del observador o el grado de confianza o conocimiento de tus gustos o aficiones que pesen sobre ellos con respecto a ti. Igualmente, en uno u otro caso esos desaparecidos que un día asomaron virtual y brevemente en tu vida formamos conmigo mismo incluido una peculiar galería de fantasmas desdibujados por las neuronas contrarias sean o no cibernéticas, revistiendo todos una fácil moldeabilidad de cara a una posible manipulación por parte de terceros. En estas redes sociales al final perdemos nuestra propia naturalidad y libre albedrío. Prefiero huir de esos corrillos virtuales en los que sus miembros van y vienen, mejor los amigos de carne y hueso que puedes encontrarte por la calle Cerón o en la Metrópolis, aquellos a los que les puedas dar una palmada en el hombro o un beso en la boca.


Fotografía de Jesús Garrido

El bolso se le cae al suelo en el salón, de repente y por una vibración interior se pone reptar como un loco por el suelo, su ex marido piensa que es el teléfono móvil que se ha conectado con la accidental caída desde los muslos de su ex mujer, es el consolador dice ella, él se había perdido algo, ambos no se mueven, dejan al bolso que realice sin interrupción su lento discurrir vibratorio por las baldosas, mientras el ex fantasea con el culo de la mujer que monta en la bicicleta estática en el gimnasio a ella le prestan un consolador que va de mano en mano en un grupo de amigas. Ignoro si Silvia Sánchez Rog (guapa en una foto a poca luz) tiene ex novio, sus historias sí, profundiza en ese punto de la relación, da igual el antes, lo que importa es el ahora, en el capítulo que da título a su libro editado por Lengua de Trapo La mujer sin memoria y otros relatos la protagonista sólo recuerda el después de cada polvo consumados todos a salto de mata, el lector resulta engañado, busca los detalles del antes, o mejor dicho del durante, no los encuentra, así no vale.

Todos los poderes se oponen



Es navidad, el tranvía sale puntual de Bernabé Soriano, el vagón se agita, un viento típico de Jaén balancea los vagones, la tarde se torna oscura con la lluvia, por las aceras algunos desvencijados peatones se aprestan en los comercios con el propósito de arrasar con los últimos paraguas y chubasqueros. Mientras viajo hacia mi destino saco un sobre del bolsillo, es una postal navideña anónima cursada con malicia quizás a la que se acompaña una extraña fotografía en la que se contempla el escaparate de la librería Entre Libros de Cástulo donde se puede ver un ejemplar de mi libro de diarios y otros de Inquietud en el paraíso de Óscar Esquivias. Mientras sigo montado por el recorrido del tranvía por las calles de Jaén creo estar en Cástulo, el único lugar donde se me transforma la personalidad que me permite o vivir o escribir, el desorden de mi estado de ánimo ante la igualdad de los días y las horas, condenado a mi propia autodestrucción por no haber hecho bien las cosas, por hablar demasiado según creyeron. Pienso en el arte perverso, imaginamos al ser humano, imágenes eclesiásticas que lo acompañan, música sacra también en principio, cualquier cosa puede ser víctima del radicalismo más que por la fe o por sus propios creyentes. Si esas imágenes están desnudas peor que peor, hay que extraerlas de lo religioso con la opción difícil de convertirlas en arte laico o atribuirles un simbolismo político. La figura de Jesucristo la quieren todos para sí, no sólo será un día un símbolo más de los creyentes más cercanos o interiorizados en el lado derecho, sino que si a su figura humana hay quien le atribuye actitudes más comunistas que conservadoras, ¿por qué no también puede ser socialista?. El debate sobre la conveniencia o no de viajar al purgatorio reviste para algunos los requisitos de alegoría, lo de menos es que exista o no exista, que sea real o espiritual, que el lugar sea región escatológica, el quid para algunas de las voces arzobispales en contra es que no es lugar para visitar en grupo como vulgares turistas, aunque los no eclesiásticos muestren sus preferencias a visitarlo junto al infierno antes que al cielo, ¿viaje clerical o civil? Todos los poderes se oponen al final de este capítulo (civil o militar, religioso), algo me suena de esta frase emanada de mis neuronas en la vida actual justo cuando cierro el libro.

Los 10 mejores del año

...y su editorial, que es lo importante más que el contenido según cotilleo vecinal.

10. Diarios. John Cheever. Emecé
9. Amras. Thomas Bernhard. Alianza Editorial
8. La vida instrucciones de uso. Georges Perec. Anagrama
7. El paseo. Robert Walser. Siruela
6. Mis dos mundos. Sergio Chejfec. Candaya
5. El mar de las Sirtes. Julien Gracq. Debolsillo contemporánea
4. La historia que no pude o no supe escribir. Javier Cánaves. Ediciones Baile del Sol
3. Impostura. Enrique Vila - Matas. Anagrama
2. Dublinesca. Enrique Vila - Matas. Anagrama
1. El estatus. Alberto Olmos. Lengua de Trapo

Lo bello está en su interior

La ciudad de Cástulo a veces se me torna más extraña y sexual, los días se vuelven en contra de mí, saben de mis intenciones y sé que no me darán el alta para que me dé tiempo a llegar a Jaén a la inauguración del tranvía. Me pregunto si ese espejo gigante que han instalado en el patio del sanatorio dejará algún día de reflejar extraños espejismos que de ningún modo se corresponden con la realidad no respetando mi posible ampliación de horizontes con la contemplación de su reflejo, lo bello está en su interior, ellas saben que estoy aquí porque mi concepción de la belleza siempre se aleja de lo sensual acercándose a lo depravado y malicioso, no logro comprenderme a mí mismo, siempre digo aquí que todo fluye pero no es así, hablan a mis espaldas y no me interesa lo que digan sobre mi persona, a efectos de diario o argumento de relato quizás sí, siempre puede ser útil, me propongo escribir alguna nueva historia para desmontarles mi soledad a causa de un amor morboso e imposible, ternura sexual en esta noche gélida.
Me despierto resacoso de paracetamol por la fuerte jaqueca de la noche de velada en el bar Marce, en la mañana ni llueve ni hace viento, quiero encontrar sentido a mi existencia en Cástulo repasando mis propios valores: cobardía, indecencia, idiopatía, incapacidad para afrontar los peligros naturales de mis congéneres, consumar la eyaculación en rincones ajenos, escribir falsedades y ambigüedades, imaginar o descubrir la parte lasciva de su mirada, dejar de jodernos de distinta manera para hacerlo al mismo tiempo.

El futuro de los días

Mis pensamientos hoy los percibo como extraños, pienso en mis propios pensamientos emanados del interior, recuerdo épocas de felicidad y de desgracia, la navidad es encantadora, veo un espléndido olmo en el jardín, quiero irme de aquí, tanta mente obtusa me convierte me hace sentir algo provinciano. Salgo del jardín, veo de nuevo el árbol, el baile de despedida está preparado, las sanitarias se han vestido de fiesta, no piensan decirme ni adiós ante mi inminente expulsión del sanatorio, disfruto en su lugar del cielo azul y ese precioso olmo que cubre todo el jardín, he pasado demasiado tiempo aquí, el árbol creo que va seguir viniendo en el futuro de los días .

Escribir para mentir



Pocas veces suscribo algo tan cercano y de forma tan cierta, nada de dejar de mirar hacia atrás y hacerlo hacia delante, escribir no es mirar hacia ningún lado, no entiendo a algunos amigos míos y otros no tanto con sus sentencias y sus moralejas, escribir es la creación de imágenes que el lector pueda concebirlas como propias creando otra realidad atrayente (o no tanto) por la insatisfacción del pasado utilizando incluso el camino de la mentira al estar compuesta de falsos recuerdos, nada más cierto que una buena mentira (Rafael Ceballos en Diario Jaén). Tal como apunta, la realidad no era de fiar.

Escribo mintiendo
con frases extrañas,
para poder decir lo que no se escucha.
J.G.

Vida medio anónima



El día amanece oscuro en Cástulo, me dirijo a la Librería Entre Libros, me habían mandado la noche anterior a paseo, como terapia del día la autorreflexión de lo vivido que además tenía que presentarla por escrito a mi regreso al sanatorio, mi vida escrita y quizás exagere pero la literatura es copia de todo, no vemos o imaginamos esa vida si nos cautiva y atrae, nos metemos en la historia y cuanto más nos gusta más ficticia la estamos viendo, si nos aburre quizás la estemos relacionando con algún aspecto de la vida de su autor. Cualquier novela nos dice cosas distintas de la vida que intentamos plasmar, lo que escribamos será algo torpe por culpa de nuestra mano inhábil y quizás esté ahí el secreto de atracción, a partir de entonces los lectores permanecen ocultos, se lanzan mensajes y consignas, se ponen al día, una especie de adicción sentida hacia lo escrito está ahí sin que puedan evitarlo, miran, leen, por eso escribo y escribimos. Si leemos creyendo que lo hacemos sobre alguien, sin importar la identidad de ese alguien, podemos entrar en una especie de desesperación, de soledad, tal vez sintamos una extraña angustia ante este tal que podemos ser incluso nosotros mismos, más de una intentaría encontrar la explicación de este fenómenos paradójico que hace que verse relatado en un escrito, blog o futuro libro no esté más cerca de uno mismo con toda la perfección que le caracterice. Alguien como digo relatado o plasmado en la literatura es alguien pasado para sí mismo.

La literatura te la están sirviendo en bandeja.

Al librero no le contesto, salgo con total seriedad de Entre Libros, una librería que es todo un símbolo por la forma y estilo de vender libros, mi última adquisición de Vila – Matas Lejos de Veracruz se volvió infumable con el tiempo, un libro desatinador y desconcertante, en el futuro no llegué a recordar qué libros de Enrique Vila – Matas han sido adquiridos en Cástulo, es difícil no tomarse las cosas en serio, no es fácil sufrir cada minuto de la soledad en días copiados de los de ayer y pegados en el de hoy, en el de mañana y así sucesivamente, convirtiendo la suerte diaria en una serie constante de copia pega con visos de infinitesimalidad. Consejos que van y vienen, demasiados guiños a mi propios miedos, la duda sobre la autoculpa también está ahí, consejos viajeros para que no tomes la vida tan a pecho, tus mejores adeptos abren el mismo jarabe y lo prueban, se lo toman todo también en serio, la prescripción médica es la misma también para ellos, el mismo tratamiento, todos éramos iguales entonces y por lo visto lo seguimos siendo, pasado y presente emprendiendo juntos el mismo viaje. Se adjudican un protagonismo que no les pertenece, son ilusorios y ficticios y quieren llevar una vida paralela a costa de la soledad que vivió el autor, ficciones salpimentadas con metáforas en lugares extraños de ciudades con la realidad transformada, el personaje más real de mi existencia en este lugar es un mero fantasma dueño de su propia angustia vagando por las calles de Jaén que camina por medio de las vías del tranvía apartándose a su paso buscando refugio en la Librería Metrópolis en constante añoranza por las horas pasadas y no pasadas en la Librería Entre Libros de Cástulo, sentimientos que pertenecerán al recuerdo formando parte del patrimonio literario de último nivel, en la propia ciudad de Cástulo alguien abre la puerta, entro en el sanatorio a recogerme, otros me la cerrarán de forma definitiva, todo se desarrollará como siempre de forma totalmente fluida, mi último deseo será imitar a un gran escritor, a uno de los mejores, otro Lazarillo de Tormes, lanzar todo al aire de forma medio anónima, autor anónimo de personajes anónimos que vivieron una extraña existencia en un lugar ficticio o medio real, inspiración de tus años de los tiempos pasados, la vacía existencia transformada en letras, alguna presentación a concurso de relatos con nombre y apellidos con tema inédito para el lector de este blog sí, por supuesto, el resto debe seguir siendo algo anónimo aunque no me pertenecerá, será incluso vuestro, nada será considerado de propiedad ajena, la pulsación del teclado quiero que siga siendo casi anónima, vivencias permanentes que un día desaparecerían sin etiquetas de copyright.

Otro tipo de supervivencia



Viajar al purgatorio escribiendo sin secuencia lógica, imitamos así nuestro propio pensamiento, viajar son orden alguno, el pensamiento humano no sigue una sucesión ordenada, los estímulos externos o internos como recuerdos, visiones, lectura, encuentros, sonidos, nos hacen ir cambiando el contenido de lo que vamos pensando sobre la marcha de forma fluida, libre y generalmente desinhibida, un viaje largo, viajes en forma de misión, viajes solitarios, contemplar cómo todo fluye a su alrededor, la prostituta que promociona, que asciende, que llega a madame y crea su propio prostíbulo, carrera profesional, riqueza, puestos de trabajo, no pinta tan mala la profesión en Inquietud en el paraíso por más que me inquiete ese tema.
Encontrar el camino hacia la inmortalidad que otros poseen, no quedarte atrás, la historia es una pesadilla de la que estoy tratando de despertar (James Joyce), el purgatorio puede llegar a ser un lugar no definido, subir o bajar, el mismo nivel es el más inaccesible, no te dejarían entrar, no te dejan seguir perteneciéndoles, autolisis por pasos con desenlace fatal, la lectura se torna amena, se aprecian los primeros códigos y consignas del personal militar que es fiel a la república y del que no lo es tanto, códigos en el interior de los muros del sanatorio, hay quien es fiel y quien no tanto, da igual que sea a los más o menos cercanos o a una simple idea o doctrina aunque revista forma de holograma, las consignas se convierten en actitudes fascinantes que condicionan mi existencia entorpeciendo a su vez mi necesidad de supervivencia, la ciudad de Cástulo empieza a volverse oscura y difícil de comprender, un día me iré lleno de historias y secretos, obsesionado por ese tiempo detenido, leo a muchos autores que cada ciudad tiene su época, Cástulo y su sanatorio mental tuvo también la suya, es mejor que sea un lugar sin tener ningún tipo de presente o vivencias del actual momento, que su forma o estructura condicione las situaciones futuras. Seguir soñando de forma recurrente, los sacerdotes dicen no tener sexo a pesar de representar al hijo del hombre, una inquietud más para ellos, sacerdotes impuros que sufrieron una ablación espiritual para no dejarse llevar por ningún tipo de acceso carnal, en el paraíso todo será diferente, de momento buscaremos el purgatorio, reclutar el personal no a va ser fácil, el primer paso es volver, revivir parte de esa época para emprender un camino distinto.

DANTE EN EL SALÓN ROJO



Fotografía Jesús Garrido

Mientras descubro algo más del libro y gracias al tópico de algo que sucedió tiempo atrás a la realidad de una imagen con libro en mano, creo que no sólo se trata de intentar otorgarnos la real existencia de un purgatorio o un infierno, sino también de darle sentido físico o material y además al alcance de todos, al alcance de los mortales cuando son lugares destinados a las almas o ánimas según la categoría pecaminosa que lograron como seres humanos en estado de carne y hueso, todo sin perjuicio que me dé por pensar de que estos lugares puedan ser alcanzados en vida en el sentido filosófico y/o espiritual.
El lugar despista a algunos de los peculiares personajes (alguno de momento invisible y al que le pronostico especial relevancia aparezca o no) en contra de lo que pensamos de que hay que buscar este purgatorio descendiendo, pero no es así, hay que subir a la cima de la montaña.

El domingo ha servido para correr bajo la lluvia, mucho tiempo hacía que no me mojaba con agua del cielo mientras corría, mucha puta cuesta para entrar en calor en la cercanía domiciliaria, Barrio Belén, Avenida Madrid, Paseo de la Estación, Navas de Tolosa, Cuesta de la Virgen, siempre hacia arriba como si buscase el mismísimo purgatorio al llegar arriba, correr dependiendo sólo de uno mismo como dice Vagamundos, la sangre artificial la dejo para el elitismo atlético, creía que su consumo era legal cuando B comentaba en las cervezas veraniegas en las Protegidas la habitualidad del rendimiento de los atletas de élite gracias a estos preparados sanguíneos. Parece ser que no entonces.
Antes de las ocho termino, estiramientos en casa, antes de ducharme y después, pierdo el calor conseguido, me quedo helado en el ritual de entrar a la ducha, miro hacia abajo, se ha encogido tanto que ni me la veo.

EL SILENCIO DE LOS BALIDOS



No que me quedaba otra opción que acabar algún día magnificando mi propio drama, retratar artistas adolescentes no es fácil, demasiados pensamientos confusos, demasiadas actitudes localistas, el patio escucha la violencia dialéctica del poder establecido, mecanismo silencioso de manipulación de masas que acaba asolando y enviando al ocaso la dulce convivencia diaria.

No me cuentes nada, no vivo en la ciudad, mi estancia es de paso, devuélveme ese libro de Joyce.

Él no duerme, ella tampoco, de momento no están juntos, existen otros modos de unir a un hombre y a una mujer, hay que retratar a un artista adolescente. Te lo cuentan y me lo cuentan, ellas se hacen culpables de callada forma, escándalos y humillaciones de terceros que le gustaba relatar y a mí no oír, el poder parental hace mella de diferente forma en cada hogar, existe la opción de la playa como meta, que mis ojos vean como te quitas la parte de abajo.

Parece que le está chorreando la baba…..así Dios le salve.

Aguantarnos de forma mutua para luego admirar al opresor que no es como otros lo pintaban, desproporción en las relaciones donde al final el culpable es uno sólo, el necesario, buscado y permanente, tenía que ser uno el elegido para que ellas sigan sintiéndose bien, intentar un día sí y otro también salir impune de esa absurda trifulca, el silencio de los balidos no da tregua, todo se hace y se desarrolla para que lo que no es acabe siendo, silencio de unos y aplausos de otros, todo dentro y fuera del claustro, un paseo entre los bordes del placer y las puertas del infierno, una auténtica duda sobre qué es lo que hay que elegir, nunca la muerte total, todo lo que podamos hacer lo haremos, vivirá una aventura maravillosa o seguiré otro poco más de tiempo en estado de idiotez con la misma música sonando, la vida transcurre por aquí tan banal e intrascendente.

Y había sentido también una presencia oscura, sutil y susurrante que penetraba por todo su ser, que lo incendiaba en las llamas pasajeras de un deseo vedado.

No te limites a la lectura de Ulises antes de que la radicalización secular no te deje leer el Retrato del artista adolescente, el sistema religioso ha sido abandonado por la mano de Dios, la lujuria con poder de consumir, el sanatorio como refugio de pecadores. Retrato del artista adolescente de James Joyce, obra de confesiones y eucaristías, el libro les invita a entrar en una Orden, terminó la época de deleites para morir y ser juzgado en cuestiones de segundos escuchando gemidos sin saber su origen y que nadie más escucha, nadie oye nada, sólo el sonido de su dulce voz cuando nunca le da por hablar, la obediencia de los obispos y sacerdotes, aventuras con orden y sin orden de Stephen Dedalus, o más bien su indudable alter ego, el monólogo de interior a nivel magistral, el verdadero Joyce alterándose en sí mismo durante la narración, otro ejemplo de Joyce descendiendo a los infiernos con su escritura.

Juventud y locura
nos casan cuando jóvenes,
por eso aquí no puedo
quedarme ya.
Para lo que no hay cura
no hay más que sepultura.
Con que, adios, que me voy...


LA CONTEMPLACIÓN DE LAS MUSAS



¿Para qué quiero a mis musas y su indirecta contemplación? Escribir con ellas otras veces y otras dejarlas en el olvido, escribir en la fría madrugada escuchando a Hans Zimmer y su composición para el film Black Rain, bonita melodía de influencia nipona, Zimmer es todo un referente del mundo del synthpop y new wave ese como se escriba, escribir con dulce sinfonía de sintetizadores. Pertenecer a un club de lectura con dudas sembradas de si es club o no, la Avenida Nevski me ha traído a la memoria algunos solitarios paseos por los grises pasillos de mis años en Cástulo, amor y muerte en permanente estado de unión para el protagonista Poskariov el pintor, el teniente Pigorol más bien es con honores rendido, un capítulo extraño de las Novelas de San Petersburgo de Nikolai V. Gogol, era la última a leer, mi libre albedrío ha tenido buen olfato de lectura, ha sido la mejor de la obra con creces.
Vuelvo al club de lectura, Inquietud en el paraíso de Óscar Esquivias, la primera entrega de una trilogía que hay que leer en grupo a nivel virtual, no sé por qué se fían de mí, invisibles comentarios de texto virtuales y a nivel grupal con comida de hermanamiento en el frío Burgos del Espolón transformado también en una especie de Avenida Nevski, mientras a leer, a mezclar Esquivias con Gogol, a buscar en Inquietud en el paraíso alguna parábola o apólogo que nos haga extraer una certera moraleja que nos explique qué hacemos aquí, bienvenidas sean todas las musas contemplativas.

VOLVÍA ANTES DE QUE SE MARCHARA



Al salir de la mundana y judicial comida de navidad en el Condestable Iranzo me detengo en la misma puerta del hotel, era ya de noche a pesar de ser poco más de las seis de la tarde, contemplo la catenaria del tranvía que parece desplazarse sobre el mismo raíl con todas las luces de la plaza reflejadas, la plataforma tranviaria sigue a la espera del último tren, con poco esfuerzo me hago cargo de que tengo que enterarme de lo que sucedió minutos antes en el comedor con todos los invitados, un nuevo ataque de pánico ante las multitudes que comen y beben a tu alrededor aunque nadie permanezca a tu lado para hacer el paseíllo camino de los lavabos al más puro estilo de los restaurantes de Cástulo.
Me quedo sin salir en la foto, el artista y fotógrafo de Diario Jaén José Poyatos inmortaliza el acto durante mi corta ausencia para recoges a la prole del cole, hay que joderse, me hubiese gustado invitarlo a tomar algo, que su corta estancia en el salón comedor no se hubiese limitado a decir que estaba de servicio, que no siempre acabe siendo modelo improvisado de mi adicción callejera a la fotografía, creo que otra vez será, otra ocasión alguna vez espero.
Durante el ágape la contemplé reflejada de cuerpo entero en el espejo, pasa más tiempo por nuestra ciudad que por la que reviste sobre su persona el carácter de oriundez. Cástulo, la ciudad de su vida, pero ella siempre está por aquí. Viene ella hacia mí, dejó dos compañeros para reunirme con ella en ninguna mesa concreta de aperitivos, los dos solos en medio del pasillo entre tanto comensal, hablamos de las ráfagas de calor que vuelan por las atmósferas de interior de su ciudad, flechas ardientes que envenenan el ambiente, volver a intentar lo imposible, volver hacia atrás para obrar de distinta manera, la dificultad añadida para gestiona la poca felicidad que me quedaba en el lugar.

"Nada sucede dos veces ni va a suceder, por eso sin experiencia nacemos, sin rutina moriremos." — Wislawa Szymborska

Nos hemos reído, nos damos dos besos, hablamos poco, le expreso el problema de mi nula personalidad, la has enriquecido de forma virtual me comenta, la veo más guapa que nunca, no se pierde ninguna comida de navidad de compañeros aquí en la capital, cuando vuelve a su mesa está otra vez metida en el espejo, fuera de él no puedo verla al taparla otras compañeras, una personalidad virtual desconocida, es como la mitad de La Celestina de Fernando de Rojas, en Cástulo comíamos a veces juntos en la misma mesa, la solíamos despedir antes de darle la bienvenida de nuevo, antes de que se difuminara ya estaba otra vez con nosotros, había vuelto antes de su partida. En mi caso nunca volví, tampoco me fui al no ser nunca despedido.

CASADOS CON TERCEROS



Mi orgullo de conformista social no se resiente al encontrar por azar en la recién renovada biblioteca municipal de la calle Maestra una obra de teatro cuya representación ya supuso un fracaso debido a las críticas adversas el mismo día de su estreno, la obra como libro consumible de lectura no aparecía por ninguna librería, la propia red incluso invitaba al pirateo descargable dado su escaso tamaño, mientras en el Café Mont elado alguien se quedó esperando por no poder completarse mi parte de la cita.
El argumento es fácil, (Richard Rowan y Bertha) la relación hombre y mujer como pareja que viven en relación extramatrimonial, gracias a ella él consigue llegar a ser un gran artista hasta que aparece el periodista primo de ella (Robert Hand), algo que no es óbice para declarar su enamoramiento por Bertha. Richard la quiere, aunque por otra parte desea que ambos lleguen hasta el “final” de la situación, todo sin que la historia aclare si la protagonista pareja iniciática de Richard y Bertha están legalmente casados con terceros aunque dormiten y forniquen juntos, consintiendo ambos al periodista su entrada al terreno de juego.
Del argumento y esta historia a tres decido pasar un poco, la leo sin ponerle mucho interés, me gusta fantasear con los protagonistas invisibles, imaginar cómo será la vida de los respectivos cónyuges matrimoniales Richard y Bertha que no aparecen en la historia y que tampoco sé de su existencia y si el autor cuando creo a los primeros y al amante de ella pensaba en el abandono de estos inexistentes protagonistas. Podía bien tratarse de un triángulo a cinco en el mejor de los casos.
Descubro en el interior de mis pensamientos que ambos dos desconocidos de la obra se conocen, que pueden compartir horas juntos, que siempre existirá la duda del resto de los mortales sobre si sí o sobre si no, otra obra odio sexo amor donde los personajes que no salen al no estar sí parecen luego evolucionar hacia su propia realidad, la realidad también de aquellos que no se ven, he sentido a veces apetencia de ser el protagonista inexistente de más de un argumento literario, teatral o fílmico, el tercero en discordia o no como personaje marital.

RICHARD. Sí Bertha. Eras mi esposa en el exilio.

La rotura de la virginidad del alma, el marido formalizando la entrega de su esposa a su amante, las llamadas telefónicas que se callaron de repente, Richard Rowan se la entrega a Robert Hand sin que Bertha sea su esposa, los tranvías rugen por las calle de Dublín, el Dublín de Jame Joyce, de sus adeptos y secta pegadiza a su figura. Exiliados, James Joyce.

ES TARDE DE ABURRIMIENTO

Es tarde de aburrimiento, no había interrogatorio, no entro tampoco en la cafetería
Fleming, salgo en busca de la plaza del Gallo, intento compartir mi existencia
con otros caminantes olvidados de Cástulo y no ser el único paseante del día.
Esta conocida plaza tiene un jardín interior y su perímetro está rodeado de una valla de cristal, no pasean por ella patos ni gallos a pesar de tener también una especie de fuente con un lugar con agua que parecía querer albergarlos, sólo los vejetes llenos de vacío existencial esperan que alguien se acerque para ser protagonistas de algo que les dé contenido a su existencia. Observando los peatones por la ventanilla logro desconcentrarme de la retórica dialogante de un amigo que vino expresamente de Madrid a entablar conmigo una charla sobre libros dándonos de mutua decisión un paseo en tranvía por los rincones más antiguos de la ciudad, disfrutamos de las vistas que nos ofrecía el paso elevado del viaducto a la altura de la plaza de los Perfumes, contemplo los dos carriles de la autovía urbana subterránea que construyeron para enmendar el caos de vehículos existente en la zona, por la plaza de la Concordia los peatones se arremolinan a vernos pasar, nunca han visto a ciudadanos transformados de repente de pasajeros tranviarios, la curiosidad desde el exterior es totalmente extrema. Cuando llegamos a nuestro destino completando el itinerario tranviario mi amigo abandona primero el convoy al cederle el paso por esa pequeña exteriorización de educación que no he perdido del todo y que todavía me caracteriza, contemplo en la plaza esos de la diferencia de edad y contarles el problema que tuve esa mañana en el sanatorio con una moneda que no entraba en la ranura, que me hizo quedar con las ganas de saborear el bote de zumo que no logró expulsar la máquina.
Entramos los dos en la Calle Cerón, peatonal paseo histórico que todavía sigue así sin moverse y a la que llegamos sin problemas y sin necesidad de plano al ser suficientemente conocida, todo el mundo saluda a mi amigo, a mí por lo visto nadie me reconocía, parecía ser yo el amigo invisible que siempre acompaña a quien está dotado de más don de gentes por decisión casi unánime del resto que giran alrededor, por eso ante el silencio de los ancianos de la plaza del Gallo opto totalmente en solitario por buscar en el mapa la calle Pontón y descender orientado hacia el sanatorio, si logré llegar a la plaza solo no necesitaba ningún tipo de nueva compañía, si me dejaron en soledad esos años atrás que me sigan dejando así, las calles seguían vacías, volver al hospital era volver a la soledad completa, mi amigo amante de la literatura lo entendía aunque no me aportaba nada nuevo, nunca logré decidirme a contarle nada de mis años en Cástulo, acordamos para volver que el coja el tranvía volviendo por donde vino en busca de su domicilio, yo volveré andando a mi casa, la moneda que no entra, simplemente no llegó a entrar, no tenía más monedas para intentar sacar el zumo, no se llegó a atascar la primera que utilicé, el desenlace fue quedarme con una eterna sed que a veces lograba saciar en solitario, entramos a tomar mi amigo y yo un refresco en un bar cerca de la catedral, el pide un zumo, le entrego unos papeles que le debía, me habla de Rusia, de la URSS, de los autores rusos, cada día leo yo también más a los rusos, Navokov, Dostoevsky, de pequeño me asombraba el pedazo de trozo que ocupaba ese inmenso país en el mapa, del tamaño de decenas o centenas de otros países, en el viejo hospital muchos libros de autores rusos me los quemaron, El lobo estepario que no era ruso fue de los pocos que utilicé, era mi libro de cabecera impuesto, impuesto además en la cabecera del catre, me lo empapo una vez y otra también, literatura censurada y literatura obligatoria, no consigo encontrar la calle del medio a pesar de la cercanía de la Librería Entrelibros, cuando llego a la habitación ahí estaba esperándome junto al vaso de agua y las pastillas, muy cerca del catre en efecto, así todas las noches y los días. Me sentía cansado, los fantasmas del pasado siguen ahí perennes sin desplazarse, sin ninguna proposición, para una proposición extraña que tengo me la hacen los de carne y hueso, el médico se pasará por las habitaciones, ansío el alta y largarme de aquí de una vez para siempre, la vida aquí no tiene ningún objeto. Esta tarde vuelvo al conservatorio, el tranvía no llega de momento hasta ahí, he quedado con un amigo, ha venido desde Madrid, el ejemplar de El lobo estepario lo veo en la estantería, no sé qué hace aquí en casa, es un libro que nunca compré, en Cástulo me fue prestado.
Despierto había soñado con el alta viajando con varios libros bajo el brazo y un amigo que vino desde la capital, en realidad cada vez que pienso en la enjundia pasada tengo sueños extraños, como si viviese una vida anterior llena de humillaciones, fracasos y malos tragos, atrapado en temas de los que no sé cómo salir, creer que a pesar de tantos pacientes y personal sanitario uno está solo aislado de los demás e incluso aislado de sí mismo.

BUSCANDO SILENCIO



Con aire templado busco silencio, es un día más de tantos para viajar por la ciudad de parada en parada, desde el interior del vagón no oigo el tilín de la campana que suelo escuchar cuando se aproxima al andén, hacía falta una buena información tranviaria y ya la tenemos, Diario Jaén la llama Lanzadera hacia el futuro, buen título que nos intenta hacernos parecer que el infinito realmente existe, que el viaje no tiene final, matices del que escribe simplemente.
Me asombro a mí mismo leyendo en el asiento de un modo inagotable esta revista que hoy tengo en mis manos, veo el buen hacer de alguien que sé que estuvo en Barcelona y en Santa Cruz visionando tranvías, de momento lo bueno es que viajo en silencio, mañana será lunes y sé que algo no me fallará, breve período de tiempo para volverte tan exigente a pesar de la sencillez del revestimiento pronosticado en los mentideros, el verde que cubre los raíles no es tan fácil verlo desde el interior, es mejor verlo desde fuera viendo el tranvía pasar, valorarlo desde el exterior para no sentirte incómodo si no has conseguido verlo claro una vez dentro. Prefiero seguir así hacia el silencio, sin pensar en nada, la sensatez ha vuelto a predominar las vidas y los ambientes, creer en los que creen en la palabra antes que en la extraña mirada, los pocos pasajeros del domingo por la mañana en el tranvía permanecen así, unos hablan y otros no, llevo meses viajando en este tranvía y hoy por fin he comprado la revista, dos puntos comparativos, el interior de donde viajo y el interior informativo, al llegar a casa todo ha sabido como siempre a poco.

LOS ANDANTES



Los andantes. Federico Guzmán Rubio. Depravación visual con la portada que te coloca en la escena de la trilogía de los días, los días iguales, los días ajenos, los días distantes, llego hasta aquí gracias a Babelia, Sévrine narra sus orgasmos en un diario tal como los va experimentando, narra el orgasmo que se proporciona ella misma mientras se ducha para limpiarse de su piel las costras de semen de dos pollas distintas, premio de cambio de agujero si cada amante es capaz de aguantar mientras Sévrine sigue escribiendo al segundo entre gemido y gemido su vida sexual en la libreta. Babelia y su buen olfato literario, vendeta sexual en Los andantes, su contenido no todo es morbo, también te invita a no dejar nunca de regresar, el no acostumbrarnos a la normalidad anómala de la inmovilidad de las cosas, humor y fina ironía a retazos más amplios de lo que esperaba.
Laureados y excluidos, una voz no me deja sentarme en alguna de las vacías sillas, están todas ocupadas, amigos y compañeros para qué os quiero, pero aquí no te sientas, no hay sitio para ti, un homenaje a Gaspar Zarrías con espacio para la exclusión y la soledad, esa misma voz grita el nombre de Marta en las frías noches de enero, una voz atlética que no corre pero nos presenta los corredores al resto y al público asistente a la carrera de las antorchas, menciona una y otra vez a Marta, la quiere, dice que Jaén la quiere, por los altavoces sólo parece existir Marta, una voz amplificada para animar la Noche de San Antón, la Carrera de San Antón, la presunción de los inocentes prima, Marta de momento lo es, seguro que aquel día hubiese encontrado lugar en la mesa a pesar de no tener nada que ver con el homenajeado, carrera de exclusiones sin límite con Marta Domínguez y una mesa puesta sin lugar para ti como principales protagonistas de la película.
Ahora pienso que una vez fui la prolongación de la parte ficticia de El lobo estepario, ahora entiendo su interés en que me lo llevase a casa para leerlo, un intento de transformarte en pocos días de lector a protagonista, nada que decir de La montaña mágica de Thomas Mann, ahora también comprendo el por qué de las cosas, en el Sanatorio Mental de Cástulo parte de la terapia consistía en leer una parte de la ficción reflejada de la maldita existencia de uno, un intento por mi parte de no hacer ningún caso de las voces que me recriminaban algo que nunca llegue a moldear, la mirada más avinagrada hoy es fiel lectora, las horas de aquellos entonces son las mismas que las de ahora, no se parecen en nada a pesar de ser diferentes, unidades de tiempo de sistemas distintos, recuerdo el viaje ficticio de los dos a la playa, la playa era otra prolongación, la de la mutua estancia compartida un día tras otro, alpotronarnos desnudos en la arena, rebozarnos bien rebozados antes de ser sumergidos en la espuma marina cuyo recuerdo nos haga volver un día y otro a esa playa, vagar por el deseo de unas y otras mientras esperaba el alta médica por el limbo de los escribidores sin suerte de Mario Vargas Llosa, la literatura como rescate de la desolación extrema, personajes que una vez vendieron billetes en la taquilla de la estación vacía cuyo tren nunca pasó por sus vías, por sus vidas, todo unos recursos literarios para el eterno recuerdo.

MELUSINA ME LO PONE FÁCIL



Que triste es ver desde el tranvía esos pilares que se desmontan, se
desmoronan, otros chillan en el Paseo de la Estación protestando, otros no
afectados lloran en silencio, no confían ya en nada, piensan en sus vecinos,
sufren por el pelo que les brota del rostro, no saben si ponerlo a empapar en
agua, no entiendo por qué se enturbia la situación estable, nadie con poder de
decisión con la que cae debería estar conforme con este descuadre del balance
de sumas y saldos futuros, hablan de sinsabores, regustos insípidos que tiran a amargo, expresan no merecer lo que ven venir.
Disfruto también en el interior del vagón de un auténtico espectáculo, un
teatro de personajes, son momentos bellos de gran atracción, contemplo
proyecciones, puestas en escenas sólidas y originales. El resto de pasajeros
no protesta aunque la obra presente agujeros argumentísticos, han abonado
grandes sumas de dinero por recorrer los destinos que esperaban a la presa y
quieren saber el final, James Joyce inventó un dramático soliloquio donde sólo
existía un personaje, aquí el viajero quiere más en esta representación
visual, quiere dramatismo donde prevalezcan todo tipo de acciones, de
desamores, de situaciones tensas y pasiones conflictivas, no logra satisfacer
sus pretensiones leyendo un libro en el asiento mientras llega a su destino
por más dramático que sea el argumento, tampoco se conforma si viaja de pie
con leer por encima del hombro lo que leen sus compañeros de viaje, el viajero
del tranvía necesita el auténtico drama vivido, instalarse en la realidad
misma de la obra.
Mientras me aproximo al final del trayecto sigo visionando desde el interior
del tranvía con auténtica fruición esa frialdad escénica de una de las
protagonistas secundarias, la de las bambalinas, calores ocultas con la
frialdad de sus ojos y su mirada. Un viajero extraño sentado frente a mí,
residió dos años en Japón, aprovecha la promoción del II Salón del manga en
Jaén para venir a difundir su obra malherido, llevo su libro abonado con
dinero contante y sonante en el bolsillo del anorak, creo que soy el único
lector de la ciudad que ha comprado Vida y opiniones de Juan Mal - herido cuyo contenido está en un blog, Melusina me lo ha puesto fácil, Melusina lo merece, también los que trabajan para este grupo en Jaén de forma anónima para lucimiento de la editorial, son en estas editoriales donde se encuentra la verdadera literatura, la de los observadores de calle en silencio que relatan sus pensamientos, la de los que se desahogan de su mala vida otorgada contando sus desafueros transformando la escritura en la cura de sus males, la de los que relatan en directo lápiz en mano sin intervenciones marketinizadas que no tienen otro objeto que llenar el suelo de las librerías de libros en promoción. Este Salón del Manga es una forma de ocio alternativo en Andalucía, la forma de promocionarse Melusina también es alternativa, ni 24 horas tardó la obra de Alberto Olmos en llegar en la Librería desde la confección de la nota de pedido, me da por pensar que el taller de impresión o almacén está a muy pocas yardas de la librería, tanta rapidez me asusta para un libro de autor vallisoletano que se retrata de forma desganada con otros escritores en las azoteas madrileñas.
Te tengo enfrente, el tranvía llegó a su hora al final del recorrido, tomamos
café juntos en el Mont elado, hablamos del campus, de paisajes, hacía tiempo
que tenía ganas de hablar contigo. No entiendo ese hastío de la palabra si
vives de la imagen aunque también de la palabra, la imagen plasmada en un
medio escrito, imagen y palabra una misma cosa, pensar que la expresión oral o
escrita, puede producir una placentera sensación comunicativa para el
enriquecimiento de los sentidos, estrechar vínculos y relaciones, ese silencio
excluyente no te honra, más cuando vives de tu amistosa expresión y quieres
seguir estando ahí delegando tu cometido en la identidad virtual de ella al
no existir la tuya por voluntad propia y con el objeto de seguir disfrutando
del espectáculo desde el anonimato y sus vanos intentos de desvirtuación de la
escritura. La palabra es una herramienta de comunicación oral y escrita, el
silencio es un arma con doble filo cortante, sirve para rebelarse contra aparente
enemigo, ese enemigo que no quiere serlo, que quiere seguir siendo tu amigo de
forma invisible utilizando la vía mediática con otra denominación de origen
donde ambos se unirán por la noche, por la tarde, en un calentón y así acabar
confluyendo los fluidos de ambos formando uno sólo, amigos y enemigos ambos en
uno por el mismo precio. Bastante tenemos los infelices con parecernos a
nuestros propia deformidad, no necesitamos esas extrañas piedras en el camino
que aparecen de la nada como si quisieran hacernos volcar, me siento volcado
desde hace mucho tiempo, estamos todos muertos desde que nacimos, prefiero
seguir en mi propia mediocridad buscada, me da igual la persona o el
personaje, seguir leyendo en papel cada día el vertebrador lugar donde
escribes en forma de imágenes que humildemente y de forma colaboro en
mostrarlo siempre que puedo muy lejos con las mías, seguir también escribiendo
de forma vana y sin fundamento para todo aquel que le guste seguir visitando
esta especie de terreno seco, sobran anonimatos, sobran tantos desaparecidos y
encontrados, no dar lugar a que el lenguaje enloquezca y desaparezca su
cometido.

LA POSIBILIDAD DEL RELEVO OTOÑAL

No te sustentas todo lo bien que quisieras. Sigues en tu empeño de mantener casi lisa esa barriguita playera. La palma de tu mano la frota, tu palma es la mía, los cristales vibran sin llegar a romperse. Me mola tu barriguita casi plana. Es bueno para el verano, comenta. A veces la puerta se abre, la veo acercarse hacia nosotros tras los cristales, ocupó mi cama ante mi ausencia, volvió a dormir en la suya al faltar ella.

CREACIÓN AMBIENTAL

Siento frío, no por la temperatura, más bien por el viento. No parece que
ocurra, o es así como ellos creen que tienen que verte o eres y serás un
fracasado elaborado del entorno. Ahora todo es culpa del sufrimiento de las
obsesiones con las imágenes y escenas infraordinarias, cosas que están ahí que
unos pocos ven y otros pocos no ven o no muestran el suficiente interés en
hacerlo, además sin visitas, en Cástulo ya no las recibo, algunas pocas de
carácter interno. Seelig visitó una y otra vez a Robert Walser, conversó con
él, paseó con él, Paseos con Robert Walser, Ediciones Siruela, lo cerré la
otra tarde tras leerlo de una sentada una cafetería de la calle Maestra. Es
mejor seguir con el abandono desde el propio interior, un viaje en tranvía por
desiertas carreteras.

Hay cosas que se pierden para no volver a recuperarse.

Huir de todo, huir de ti mismo, de uno mismo, pienso en otros descalabros, si
no te gustan las fotos sigo sin entender por qué las visitas, una etapa más de
huida de mi propio ego, quizás incluso mañana las done para la historia al
diario que te proporciona el caliente sustento, la aspiración que alimento en
artes o letras es nula.
Las noches se han vuelto vacías, más todavía, las calles siguen sin salida,
figuras desnudas por propia iniciativa, superficies ásperas y humedecidas que
han convertido el ambiente en opresivo. Antes de que me marchara de puente
estuve deseando terminar Para esta noche de Juan Carlos Onetti para ascender
otro peldaño de fuerte literatura.

Todo aquello sucio, el deseo y la mentira.....guardados en la liga.

La naturaleza del mundo que me rodea durante estos últimos días no encajan,
como si estos años atrás algo no se hubiese completado, me gustaría que algún
día tanta extraña inquietud llegue a ser vinculante, el tranvía no lo vi
llegar, no se bajo nadie, consiguió seguir el recorrido que tenía marcado a
pesar de la aparente catástrofe que me rodeaba esa tarde, seguro que completó
toda su agenda sin que el conductor presentase algún parte de incidencia, todo
era cuestión de esperar al siguiente.
Ese anochecer tocaba divagaciones solitarias, recuerdos de las últimas
lecturas, la presente merece algo mejor, demasiado frío tras la siesta del
viernes, había salido de paseo en solitario, el viento gélido me obligaba a
pensar también en la oscuridad de la noche en zonas sin luz fuera de las
ciudades, cuando llega el siguiente opto por cogerlo, me subo al vagón más
vacío, tocaba analizar bajo la espera la autobiografía de Thomas Bernhard, un
viaje iniciático del pensamiento a su estilo de vida estableciendo
comparaciones, vivir con el autor un ejemplo de compartido suicidio matutino,
circular por su vida sin casi saber de él, ambos fracasamos en el sanatorio,
para Bernhard el culpable del suicidio que yo que tenía que practicarme poco a
poco según mi cuidadora era el entorno convertido en escuela literaria de
observación, Javier Marías tampoco me lo pone fácil, ya éramos tres nadando
cada uno por su lado y con el mismo fin, empiezo a ver coños detestables o
coños de vitriolo como los que describe en El País Semanal, son las ventajas
de la zafiedad reinante según él, las extremidades inferiores de sus dueñas se
doblan perdiendo el equilibrio que intentan mantener a cualquier precio, la
visión del mar y el entorno del parque natural se vuelve totalmente nula,
coños deseados y coños de cianuro, coños sin control en la boca de uno, la modernidad vital de imbécil hispano me invade y supera, verlos solos o acompañados, coños dominantes que dominan todo lo que tienen alrededor y coños sumisos de absoluta obediencia. Todo convertido en un ambiente sin esperanza, el pensamiento del suicidio, un suicidio lento pero seguro, El Origen, Relatos Autbiográficos Thomas Bernhard, menos mal que el tranvía iba vacío esta noche de viernes, mejor así para mantener el ambiente pervertido que había creado yo mismo en el vagón, me siento también un creador de ambientes, total, a veces con la comunicación o su intento no se consigue nada, la inutilidad de las
palabras, los ambientes creados ya lo dicen o mejor, hacen todo.

TODO DEPENDE DE QUIÉN ES QUIEN



No es fácil volver todas las mañanas al pasado ignorando de forma anticipada en qué capítulo te vas a detener, ahora ya de noche la veo pasar montada en el tranvía que cuando éste desaparece paseo arriba deja de nuevo reflejar en los raíles la luz de los faros de la plaza, preferí por entonces no montarme y contemplar ese férreo y luminoso brillo que parecía mirarme cada día.
Hoy me bajo en la Plaza de la Concordia, una parada antes del destino en el Mont elado, no era por andar quemando así cantidades de azúcares o lípidos, era por verla partir solitaria en su vagón desde el andén sin volver a ser compañeros de viaje. Aunque era tarde me esperaba en la cafetería un periodista desconocido para el intercambio de pareceres sobre el número de noviembre de la revista Quimera pese a que estábamos ya en el mes de diciembre y a pesar también de llevarme yo personalmente a primeros de noviembre el último ejemplar que quedaba en la Librería Metrópolis como único lugar de Jaén que se sepa, en el que se vende la revista, una ejemplar donde se volvía a publicar una entrevista histórica con Thomas Bernhard de la que el anónimo periodista quería saber más por culpa del transcurrir de los meses ideando el contenido de la revista del mes anterior, donde por otra parte mi mente buscaba anticipar los temas de la de diciembre impidiéndomelo la desconcentración sobre la posibilidad o deseo de cometer un desliz con algunos de esos personajes, un acto de pura cobardía al ser decisión o pensamiento unilateral. La intención no era otra que la de tomar a Tomas Bernhard como ejemplo de la lectura y la protagonización a la que invita ésta.
Cuando nos sirven el café a mí y a mi desconocido contertulio intento plantearle el tema de los personajes y lectores, si ambos puede llegar a compartir el mismo papel en su vida, si pueden llegar a ser por un lado intérpretes de ese papel de forma diferente leyéndose a sí mismos como lectores y por otro actuando en su vida desde que amanece hasta que anochece como producto literario plasmándose en letras cada conversación, cada silencio, todas y cada una de las miradas dadas o recibidas.
Dialogamos a la misma altura, estoy harto también de ver en la tele noticias y más noticias de cualquier ámbito territorial donde casi siempre vemos o más bien escuchamos a alguien hablando ante un auditorio de público o prensa, todos estos últimos de cuantía diversa y con expresión de hastío vital a pesar de simuladas sonrisas al final que previamente han escuchado de forma aparentemente atenta las palabras del orador, da igual que estas sean asépticas, vacías o meros soliloquios desesperados con la intención de convencerles de algo que no han visto con sus propios ojos, a lo cual deben de corresponder con aplausos agradecidos de que comparezca ese alguien para abrírselos, indicándoles el camino de sus vidas o narrándoles la historia presente.
Le comento que Thomas Bernhard vino a España no sólo a leer el País o a ser el protagonista de su propios libros, vino a dejar en la revista Quimera sus respuestas a las preguntas de alguien de la revista, sus obsesiones con leer la prensa diaria, le hablo inevitablemente de cómo se hizo famoso protagonizándose a sí mismo, no mencionó al no saberlo que un día acabaría metido en una fosa sin nombre, de momento aquí en el Mont elado y gracias a Paisajes evoco ese número de Quimera agotado donde se rememora el primero número de la revista pensando en silencio si habré vivido estos años atrás el mismo horror que él aunque con sombras distintas. A veces escribimos para encontrar la salida de un involuntario laberinto al que te ves arrojado simplemente por culpa de la humedad de la atmósfera, peor es el exterior, quizás nos pueda esperar una niebla negra más angustiosa que la propia búsqueda de la salida, cuando le comento a mi desconocido esto último me sentía como el protagonista de El Ruletista que escribió hace años Mircea Cartarescu, una historia imposible de un hombre sin suerte, el desarraigo convertido en fortuna gracias a la ruleta rusa.

Personajes: Pura invención, aunque algunos hayan visto aquí una especie de imagen interiorizada e invertida.

Lectores: M por ejemplo no me lee, aunque me orienta e inspira, pienso que ninguno de mis lectores soportarían vivir apretujados conmigo en el mismo vagón del tranvía, comiendo lo mismo y respirando el mismo aire, pero siempre hay alguien que te busca, que necesita seguir sabiendo de ti para contrastar estos dos mundos absurdos, el real y el escrito, tras la ausencia de sus vidas, pan y circo, pero ambos por separado, el pan por un lado y el circo por el otro, todo dependerá de quién es quién.