La Pilota Transhumant (1)



La pilota transhumant en Lima - Perú

Me tenía que bajar del tranvía a plena niebla junto al periódico, un encargo de índole fotográfica con su novia antes que con él, nada de entrevistas de escritura fracasada a la que ella me había citado estos días atrás antes que esa niebla no me dejase ver el edificio del periódico, por eso pensé que la citación era una farsa similar a un conejo disfrazado que se te ofrece para que se te haga la boca agua, un episodio más de desgracia y de soledad sobre la que versa mayormente este lugar, nada que ver con la consideración de amigo fiel que tuvo Ernest Hemingway sobre Robert Capa, un Robert Capa local fue el que me recomendó a ella para el reportaje sobre la Pilota Transhumant.

La pilota transhumant en New York

Total, que me siento como un modelo gris sin fotógrafa, la pilota transhumant será una protagonista más en el puro abandono excluyente, quizás sea esta ciudad jienita la más triste de sus estaciones después que la pelota haya entrado ya en el libro guiness de los récords por ser el balón más pasado de pases largos en algunos casos transoceánicos, también viene a Jaén, no sé si con tiempo a que visite la parte ficticia de Cástulo, Aulabar, la redacción del diario junto a la parada del tranvía separados ambos por la niebla que no dejan verse el uno al otro; su novia era la señora de mis pensamientos llamada a ser la fotógrafa de la pelota viajera, las exclusiones virtuales en cascada colocan la situación en extraña, quizás lo sabía, a lo mejor le referí el deseo a ese alguien en común y no le hizo gracia a él, podemos estar trabajando aquí la primera teoría del desagradable entuerto en la red virtual con un edificio de prensa asomando entre la niebla desde la estación del tranvía. Celotipias estáticas con una vieja pelota como invitada
La pilota transhumant en Patzcuaro - México

Pienso en el tranvía, si para su llegada no circula nos daremos la pelota y yo un paseo por la adoquinada vía tranviaria aunque esté sin inaugurar, las vías de tranvía que no han sido inauguradas me recuerdan a otras ciudades en los que el tranvía ha sido desmantelado quedando los raíles en desuso como mudos testigos, como los que veía de pequeño en la Barcelona de los años setenta, pelota y un servidor desmantelados que viajan por los raíles y la estación junto a la redacción envuelta en la niebla con la fotógrafa que se ha negado antes de tiempo contemplandola bruma desde la ventana, pelota viajera que ha visitado lugares como Madrid, New York, Cádiz, Mallorca, Grenoble, México, San Juan de Puerto Rico, Castellón, Valencia, Islandia, Girona, etc. Ahora llega a su triste parada al caer en mis manos, quién quiera conocer la pelota está invitado antes de que siga su interminable viaje de pases largos por el planeta.
La pilota transhumant con el conejo de mi amiga Virginia Montoliu en Sitges

Trópico de Cáncer

Con este kit kat laboral me doy cuenta que desde hace rato no pasa ningún tranvía, la estación que hay delante de la redacción parece paralizada hasta que parece resurgir de sí misma cuando escucho una campana de lo que parece ser una unidad que llega a la estación, no es ningún tranvía, falsa alarma, a continuación un silencio otra vez de muerte. Delante del diario la niebla poco a poco va cubriendo los raíles, de la parada va quedando poca parte visible, pero él permanece ahí sentado esperando un tranvía que lo suba a la ciudad, logro ver que está leyendo con poco entusiasmo Trópico de Cáncer de Henry Miller.

Todo aquel babear empezó a tener sentido.


Desde la ventana y por su expresión pienso que la lectura de Trópico de Cáncer le pronostica algunos pasajes de su pasado, de Cástulo no vienen indudablemente tranvías, el camino no llega tan lejos, el vacío todavía lo invade, le cuesta superar los obstáculos de la vida, Henry Miller lo sitúa en distintas escenas del fracaso y la soledad, una compañera del diario y una de sus mejores modelos de la última feria también lo ha hecho desaparecer, y más que le caerán, perderá los pocos amigos que le quedan, su única defensa es la palabra, la mía al ser publicable es más resistente que la suya que vaga a la deriva sin posibilidad de retroceder, convertirlo en pura nulidad a pesar de su obcecada fidelidad lectora.

El trayecto desde la estación fue un largo sueño.


Trópico de Cáncer es la desolación convertida en escritura que todavía escandaliza a más de uno en Cástulo y sus falsas apariencias a dos bandas, como el deseo de la foto del fotógrafo con la otra comensal, permanecer los dos desnudos bajo la cascada en el exterior acristalado del Restaurante Los Jardines de la Villa, rostros obsoletos que enmascaran mentes colmadas de deseo, volver al sanatorio a dormir sin la preciada foto.

El caso es que empezaron a darle tratamiento mental. Y, mientras tanto, le sacaban los dientes, cada vez más, hasta que no le quedó ninguno.

Siente miedo ahí sentado esperando entre la cada vez más espesa niebla un tranvía que lo devuelva a la ciudad, es demasiado estúpido para saber que la soledad y el fracaso sigue con él, y que no corra el peligro de cruzarse conmigo para escuchar cuatro frescas.

No parecía dase cuenta bien de lo que yo estaba insinuando.

Henry Miller lo condena también a una perplejidad momentánea que interrumpe para olvidarse tanto de Trópico de Cáncer como de Cástulo para mirar hacia las ventanas del periódico entre las que me encuentro, es inútil que siga, si subiese a hablar conmigo nos pasaríamos toda la tarde riñendo y armando escándalo, de momento prefiero recrearme en la burla mordaz, pero esa frase del autor lo tiene todavía tan obsesionado que creo que es mejor vivir como protagonista de reparto.

En el último minuto, trastornado como estaba, era capaz de saltar del tren y acudir corriendo junto a ella.

No respondo a este párrafo del libro, ya no hay tiempo, cuando por fin llega el tranvía él ya no está sentado en la parada leyendo, no posee ni categoría de pasajero para subir al vagón. Dejo de mirar por la ventana, vuelvo al trabajo, es complicada la lectura compartida del mismo libro en una distancia de pocos metros.

......, su pasado, su antiguo suelo,

......, su curso es inmutable.


Pronosticar el pasado con vivencias literarias del presente se ha convertido en una obsesión, no es esa la lectura por la que se dejó influir como lo hizo Big Sur, esa obra también de Henry Miller que le sigue aguardando criando ácaros en la estantería, como ese tranvía que llegó cuando dejó de ser el pasajero leyente de literatura que lo esperaba para convertirlo en un fiel lector del periódico local. Pero todo producto de pasiones excluyentes que él mismo se labró sin saber todavía por qué.

Café desconocido

Entra en la cafetería como no ocurre nunca, me huele que busca el desconocimiento de alguien en particular que además acude de forma habitual al local. Pide un café solo y en principio no habla, contempla las fotos que se exponen esta semana, se da perfecta cuenta que las de ella no están colgadas, quería verlas sin descubrirlas, seguramente sabe que sus fotografías fueron expuestas aquí en el Dean aunque soy yo ahora el que no recuerda muy bien en qué fecha, a veces las exposiciones de fotos se solapan unas con otras y desde el otro lado de la barra todas las imágenes me parecen iguales.
No sé cómo llegó hasta la cafetería, se sabe que pasaba muchas tardes por la puerta buscándola a ella o a sus fotos, mejor si fuera ella, mejorar la amistad real que los unía pero que los estaba enemistando, una actitud medio lunática y medio cínica, mejorar la amistad del nuevo cliente con una fotógrafa que dice no conocer el desconocido que tengo delante, el meterme en lo que no me importa me iba a hacer romper alguna taza o vaso de cuba libre que me disponía a fregar. El desencuentro personal de ambos es virtual, yo no quiero permanecer en medio, se han declarado la inexistencia mutua, tanto que en la vida de calle van ambos buscándose por todas las cafeterías de Jaén para desconocerse el uno del otro.

El café de Aulabar

Es inevitable combatir el absurdo vicio el de escribir en las terrazas de las cafeterías de Aulabar con las impresionantes y vertiginosas vistas a las separadas localidades por sendos barrancos Solera y Bélmez de la Moraleda, escribir para expulsar el veneno moral acumulado por la vida de condena, el fracaso como compañero de arte. Mientras repaso la lectura de La calle Fontanills de Juan Antonio Massoliver Ródenas me da por pensar que este escritor quizás no exista, que sea un negro producto de la invención de Enrique Vila – Matas para mostrar al lector lo más nostálgico del relato delirante y absurdo, personajes creados por un protagonista que hace de escritor aunque alguno de los primeros tienda a confundirse con el verdadero escritor referenciado.
La imagino subiendo por el arcén de la carretera hacia la aldea de Aulabar en la que me encuentro descansando unos días, un lugar al que nunca iba a llegar a ese paso de ascenso con su negra falda ceñida, nunca iba a coronar la cima entrando en la aldea en cuya terraza tomo café esta tarde, la imagino totalmente herida de amor huido como relataba Federico García Lorca. Entre tanto me siento una especie de intruso en este pequeño pueblo de artesanos sin futuro e insidiosos jugadores de chinchón en el bar junto a la iglesia. La creo ver cada vez más cerca, me hace recordar con la contemplación a lo lejos de su ascensión una época de exilio con el enemigo cerca. Había soñado con ella esa noche, había vuelto después de varios años al Sanatorio Mental de Cástulo como paciente sano y salvo, me la encuentro en el mismo lugar de siempre, hablamos, me pone al día de todos los murmullos del lugar, el momento más grato de la visita fue cuando en el mismo sueño me mostró esas zonas privadas que no llegó a enseñarme nunca, fue el instante más agradable y complaciente, imagino el recorrido de esas dependencias ocultas que siempre mantuvo en perfecto estado de protección hacia mi persona, romper lo insoslayable de los entrantes, un camino sin espesura difícil pero no imposible de recorrer, un retroceso a la época de la miseria y de absoluta impotencia que una visita onírica como la de esta noche me ha hecho mejorar el recuerdo, la huida de la soledad ad infinitum, pienso otra vez despierto en ese bollo de harina que me ha servido el camarero aquí en Aulabar con el café, por el efecto del ambiente se vuelve jugoso y más dilatado justo cuando está a punto de ser ingerido, la crema del café se torna más espesa por la espera, dejo a un lado los anteriores pensamientos cuando llega ella junto a mí tras la subida, estaba exhausta por lo empinado del camino.

Tienes que volver a Cástulo aunque sea de visita.

Le pregunto si ha comprado mi libro, si lo ha leído, no contiene ninguna frase hecha. La observo otra vez, pensaba que no iba a llegar nunca a la aldea, fue desesperante e interminable el café. En el sueño había desaparecido como habitualmente ocurre con los buenos sueños, que siempre te despiertas en el mejor momento, y más cuando estaba descubriendo esos lugares que nunca me mostró. Ahora la tenía junto a mi presencia, mucho mejor que verla en sueños, en vista de que no quiere saber nada del libro opto por contarle el contenido del sueño de esta noche pasada que todavía me traigo entre pensamientos. Se gira y mira hacia la montaña que todavía se elevaba más por encima de al aldea.

¿No te gustaría ir de excursión y ascender hasta a lo inaccesible?

Me sorprende la pregunta, podemos esperar hacia el anochecer, a veces tras un cuscurro antes de la penumbra y esa espera puede convertir el camino en más asequible igualmente me sorprende el conocimiento de las veredas y senderos de la zona de la recién llegada.

¿Y si vuelves a soñar conmigo otra vez como anoche?

Al despertarme en el Sanatorio de Cástulo tras dormir profundamente por efectos de las pastillas no reconocía si había soñado con ella visitándome en el café de Aulabar, o era yo que regresaba a Cástulo como visitante a conocer esas partes que nunca logré descubrir, igualmente me la encuentro al amanecer, la veo como todas las mañanas, el eco de su invitación me ilusiona percibirlo todavía en estado de vigencia, sé que la lectura de La calle Fontanills de Juan Antonio Masoliver Ródenas me había desconcertado, ha permanecido toda la noche en la mesita junto a mi cama, ella se fija en el título por si le da por pedírmelo prestado, no sería el primero, se sienta en un taburete, permanezco de pie.

Pienso que estoy a punto de descender a lo inaccesible.

De oca a oca

Para Pola Oloixarac la red está colmada de vida, la literatura anónima que circula por la misma va tomando un volumen casi de pesadilla, leo esta frase de Pola en la Revista Quimera y me da por pensar que quizás con la fotografía ocurre otro tanto, el momento fotográfico viaja por el interior de sí mismo con si todo fuese una cadena de eslabones sin final. Otro día hablaré del argumento literal de esa reflexión en la que también me veo a veces envuelto al plasmar en planos de color blanco letras y letras sin límite, pero ahora prefiero hablar de fotos, una afición o adicción más limitada que la de juntaletras, recordar por ejemplo las fotos veraniegas en entrevista2 (así se llamaba "entrevista2"), personajes reales mostrados al resto de los vecinos lectores día a día mientras se aproxima el otoño, fotografías, texto, curiosidades, aficiones y buenos haceres de los protagonistas que hace ya dos casi inviernos fueron expuestos gracias al periódico en formato fotográfico para el disfrute de algunos invitados y de ellos mismos que también degustaron nunca mejor dicho aquel acto con convite incluido, un lugar donde algunos casi anónimos aprovechamos para inmortalizar algunos de esos momentos capturándolos también en imágenes, realizar particulares inmortalizaciones de otras inmortalizaciones, la inmortalización de la inmortalización, atravesar de un plano a otro desde la realidad pretérita a la actual engarzando el último eslabón de la cadena con el primero, escenas para luego trabajarlas y mostrarlas en una exposición en la que me han metido aunque eso sí, por amor a este arte, otro eslabón de la cadena que es mejor que se cierre, como digo, no sé luego si yo mismo saldré, no soy muy de personalizaciones, lo que importa son las letras y las imágenes, para el disfrute o reprobación. Con ser adicto al tema me conformo, a la red incluida, permanecer aquí siempre que se pueda de forma virtual, también con la fotografía, el redefinirse de forma humana más de lo necesario sería el comienzo de una especie de voluminosa pesadilla como mencioné antes en la que prefiero no entrar, yo los admiro, también a los del imaginario lado oscuro de exclusividad virtual, le doy la razón a la colaboradora de Quimera, la red está más viva que la vida misma, pero la realidad no se queda atrás al poder viajar entre planos reales gracias al mostrar la muestra de lo que otros mostraron.

Ellas (2)

No quiero subir pronto a la churrería para no encontrármela llena de feligreses recién salidos de misa acaparando la barra, prefiero seguir en la cama en esta mañana de domingo pensando mentalmente que estoy por esos callejones adyacentes a la cafetería imaginando en ese lugar una especie de viaje a una aventurada travesía carnal e intentando adivinar el nivel de frondosidad de sus accesos. Cuando salgo me encuentro que ella no está, me tengo que conformar con que la falda de Jabalcuz se muestra totalmente clara, la veo de lejos en este dichoso domingo, se convierte en zona circunscribible con miras a rellenar huecos, actuó la mañana del día anterior con libertad añadida, yo también obro en libertad y me acerco a su falda sin ningún trámite digno de contar, su espada no estaba junto a ella, aunque la tenía cerca.
Sigo leyendo a Juan Antonio Masoliver Ródenas en La calle Fontanills, ha transformado en este libro de Acantilado a Enrique Vila – Matas en personaje, con su abismo y todo, sabía que el escritor catalán antes o después acabaría también protagonizando los libros de otros, lo llama Vil Amat cuando me hacer recordar El Masnou y Ocata, también podemos pensar en otro blog llamado El Café de Ocata aunque no se hable ahí del verdadero Vila - Matas. Creo que la culpa de todo es por mi afición desmedida a los libros de Acantilado.

Ellas

Las relaciones no casan con los bullicios, la soledad personal aumenta de forma inversamente proporcional al incremento de la unidad de población presente. Al trasladar lo virtual a lo real las resultantes circunstancias se tornan extrañas. En la primera todo sigue igual, sin alteraciones inesperadas, la primera ella se alegra de verme, un placer conocernos, ya era hora, con la otra ella al haber abordado a la primera por la espalda provoca que con la segunda no nos veamos y así sigamos en ignorancia mutua, la realidad en la escena se mantiene totalmente igual que en la ficción.
Otra secuencia, ella no está conmigo, me transmite una celotipia que controlo, el vernos ahora después es cortante y demoledor, está con otro o con otros, abandono extremo que vivo de nuevo entre multitudes, otro de los mejores lo veo a lo lejos, coincidimos después en una cola, fue uno de los mejores breves momentos, todos los capítulos fueron breves esa mañana, una mañana para olvidar, mi existencia quedó durante un rato debilitada, la soledad se convierte en enemigo personal, va a por ti a veces, te busca además tal como te encuentras en esos momentos, solo, confuso, incontrolable con las hojas del diario como testigos de forzadas sonrisas, un vértigo rodeado de la muchedumbre.

Con el ordenador apagado

De repente y al ver llegar desde la ventana el tranvía empecé a sentirme como si me fuese a visitar una relación amistosa de otro tiempo. Se baja en la parada que hay junto a la redacción, lo veo descender con libro bajo el brazo desde la cristalera gracias a la cual se divisa también la nueva glorieta de accesos y salidas de la urbe, me pongo en guardia antes de que suba, guardo en el armario la cámara de fotografiar, cierro la red en la que administro todo lo que tiene que ver con la prensa virtual, imagino lo que voy a decirle, sé que sus frases son imprevisibles, como las de una persona a la que aún no conozco, quizás haga el papel de autor de memorias imitándolo sin aparentarlo demasiado aunque de forma algo absurda y sólo por darle algo de coba, para que se sienta bien durante este rato, igualmente mientras coloco y ordeno la oficina pienso que la auténtica realidad debe de radicar en cada uno de esos elementos reales e inesperados que forman el todo de este encuentro, cada cosa bien milimetrada. Sabía que iba a recibir los sms, sentía una especie de adicción que le hizo visionar admirando en silencio aquella exposición fotográfica en la cafetería el Dean, en realidad nuestra relación es buena, cada día que pasa mucho más franca, es lógico que el plano virtual se haya enfriado y deteriorado, la situación reviste una total habitualidad y más cuando apagamos el terminal del todo sin ahorro de energía y la relación entra en una fase de reposo donde no se produce ninguna situación en especial, ni buena ni mala, un intermedio interminable e infinito donde la nada puede ser manipulada hasta la saciedad, el silencio de lo que puede ocurrir a través de una pantalla de ordenador apagado y de color oscurecido puede llegar a tener desde tintes criptográficos de formación ilusoria hasta imaginarse el que está al otro lado la desnudez parcial o integral de la inexistente interlocutora, y todo sin webs cam de esas o cómo coño se llamen. Creo que a veces al no existir conexión y estar los terminales apagados alguien hace de alcahuete entre los dos que permanecen sin conectar al efecto de presentarles luego sólo a uno de ellos lo que ha visto, no en sucesión cronológica, sino como si todo fuese un reflejo en el que se ha invertido el orden de las partes. Por eso él cree que soy yo la persona que expuso hace un par de años en la cafetería Deán Mazas, todo se lo han invertido esos interlocutores ausentes para que parezca y se asemeje la cosa a lo que no es y mis pensamientos permanezcan permanentemente verdaderos produciéndole a este recién llegado que ya tiene que estar subiendo las escaleras una especie de pesada digestión. Ahora lo saludaré como siempre, no tengo más remedio, guardaremos las apariencias de buena relación e intentaré reorientar sus inquietudes. Cuando siento unos golpes en la puerta una voz invisible al otro lado pregunta si se puede pasar.

Te veo más guapa que en tus fotos de la red.

A veces no tenemos en cuenta cuando visitamos una exposición fotográfica, leemos cualquier libro, vemos una película, lo que sea, no caemos que quien nos interesa realmente no es el contenido, más bien es el autor o creador de la cosa, no sé por qué será. Otro día os cuento lo que pasó al vernos.

La segunda salida

Hoy ha tocado ir al teatro, no vamos mucho al teatro, deberíamos ir más, sobretodo cuando se representan obras que suelen versar sobre lo divino y lo humano. La atmósfera es halagadora y atrayente para casi todos con las falsas apariencias que están dispuestos a contemplar en virtud del derecho que les da la entrada, todo es artificioso y con fines única y exclusivamente representacionales. El paisaje urbano se contradice en sí mismo, Burgos al igual que Cástulo también es amable con esa mezcla que esconde una violencia invisible, al lector de La ciudad del Gran Rey le da que el comandante sea otro y Galaz el cabo que al parecer y dentro de los límites del libro nunca llegará a comandante. Para problemas otros, más los de carácter monetario que se vuelven absurdos sobretodo para los exciviles al igual que otras divertidas situaciones comunes a ambas ciudades como las purezas y las impurezas, no sé si carnales o de pensamiento, ambas tienen su punto de morbo. Gracia me hace lo de exciviles, exmilitares sí me suena el término, el otro no.
En Cástulo el efecto realidad atrapa al turista que llega a la ciudad, se orquesta la situación por escrito, no falta ningún actor, cada uno estudia su papel, el espectador nunca necesitará buscar la sensación de realidad en otros lugares, le saldrá gratis la representación por el hecho de residir en Cástulo, no hará falta que abone cantidad alguna por la entrada, cada miembro recibe su libreto, tienen pocas horas para aprendérselo aunque dos de las aparentes actrices se saben el papel de memoria, más por la inercia prefabricada que por la calidad literaria de la obra de teatro. El público turista no sale de su asombro, contempla todo enrevesado sin moverse de su asiento, los espectadores de la ciudad permanecen juntos con ellos en la platea, son estos últimos los que conocen el guión de sobra, los que llegaron a la ciudad en visita turística no, no saben de qué va la obra, quizás le han comentado algo sobre el argumento, pero no han asistido a la función, todo al contrario que los habitantes de la ciudad que conocen de sobra la obra a pesar de haber acudido nunca a visionarlo o haberla leído primero.
La protagonista posee un carácter turbio y dolorido, igualmente y tal como contemplo en el escenario tiene una gran habilidad para convocar comidas con tertulias discretas en las que apenas intervenía, permanece muda casi todo el tiempo, sólo se reafirma verbalmente a la hora de señalar quiénes eran los mejores situados para que rodaran cabezas a pesar de que la mayoría eran amigos comunes a ambos comensales, igualmente y por exigencias del guión me da la impresión que existe tanta armonía entre esos amigos seleccionados que cada uno de forma individual se percata de la separación con el resto, reconociendo según mi parecer al ver el rostro de los actores que no serían los mismos si siempre hubiesen permanecido más o menos unidos en la apariencia. Con el transcurrir de la obra me doy cuenta de que la representación teatral no iba a ser muy prometedora, poco le servía a la protagonista principal a la que todos obedecían, apiadarse por menos de unos pocos y menospreciar a aquellos que le otorgaron más. El escepticismo del espectador no se transforma en ninguna clase de apasionamiento, otra de las protagonistas expresa distinto frenesí según fuesen sentimientos matrimoniales o no matrimoniales los que iba sintiendo con el transcurrir de los días.
Al terminar la función y justo a la salida es donde se descubre por obra y magia de Óscar Esquivias que los turistas no eran tales, estaban disfrazados, así tenían más fácil el pasar inadvertido que no conocieran las costumbres locales, en este capítulo de la novela a pesar del vació urbano los protagonistas optan por el disfraz para disimular su incultura local de Burgos, el turista que llegó al teatro de Cástulo simplemente no quería desvelar su desacuerdo con la realidad, no tenía más remedio que vivir a diario, no mezclarse con el espectador local que cierra los ojos y se deja llevar, igualmente, tanto en Burgos como en Cástulo el disfraz y la careta podía ser elegido a la carta.
Cuando ya se han ido todos bajo a la plaza de San Francisco, contemplo el buzón de correos, Burgos y Cástulo tienen unos buzones que simulan cabezas de leones que rugen, destrozan y escupen aquellas cartas con insuficiente franqueo, también su aspecto y atmósfera cambian de aspecto sin salir de las mismas, da igual que estemos fuera o dentro del teatro, y en su interior sea el escenario o contemplando la actuación desde la platea, unos y otros se acaban encontrado de forma mutua a pesar de que uno de los grupos no emprendió nunca ese viaje.


Fotografía Jesús Garrido

Página subrayada

Me dejo contagiar y quiero leer algo de Henry Miller, de momento tras días
largos de lectura y poco avance llego a la conclusión de que me aburre Proust,
leo sobre el amor que ya no está, de una felicidad permanente que rodea a
personajes y ambientes, el narrador es todavía joven, el segundo tomo A la sombra de las muchachas en flor (En busca del tiempo perdido – Marcel Proust) se me hace muy largo, dicen que es complicada su lectura, nada más incierto, sólo que te enfrentas a una especie de innumerables construcciones del argumento gracias a esas frases que unas veces sí y otras no están relacionadas con lo anterior o con lo sucesivo. Extrapolo las muchachas en flor a las de más edad en estado de plenitud y se me ofrecen en la distancia varias existencias invisibles imposible de abarcar, todo fantasía. Quiero tomar notas. Recuerdo bien quién me enseñó a hacerlo, no entiendo por qué lo hacen si no vuelven a ellas, no cogen el libro subrayado nunca más, es un acto que hecho de menos, el recordarla enseñándome las palabras y frases de sus libros subrayadas a lapicero, a veces la engañaba incluso, le pedía prestados libros que yo tenía en mi poder y ya había leído sólo por el hecho de leer los suyos subrayados deteniéndome en cada frase o palabra subrayada y pensando en el porqué estaba subrayada, pensando también en alguna frase que relacionara aquel entonces con el futuro distante.

Punto omega

No se deja entrar a nadie con la función comenzada, todos los días empieza puntualmente a la misma hora, los personajes del acto somos los dos, ella y yo, otros quieren entrar tras llegar todos en el primer viaje del tranvía, no pueden pasar ya, algún mediador cumple fielmente su papel, no es posible, para que la musa inspire un libro en la distancia necesita tranquilidad y sosiego casi absoluto, mi silencio colabora y ayuda a la actuación, el lugar es céntrico, en el casco histórico, cerca de la Plaza de San Francisco con su iglesia del mismo nombre, pero esto da igual, parece que estamos en mitad de la nada.
Punto Omega de Don DeLillo nos muestra un mejor ejemplo que el vivido en Cástulo de lo que es un auténtico destierro de interior, me atrae leyendo esta novela como si la protagonizara. Jim Finley quiere rodar una película, en mi caso publicar este libro inacabable con una nula búsqueda de algún tipo de prestigio o beneficio, sólo altruismo y trabajo de escritura en un anonimato relativo como compañero de viaje.
No hablábamos de todo a pesar de tantas cosas en común, sus deseos frustrados eran mi modo de vida, el protagonista odia la violencia, que frase tan fácil para acabar odiando la violencia silenciosa mucho más dañina para el alma.
Ella desaparece para el autor que narra, ella se quedó en el mismo lugar.
Sospechas que ella se pueda haber suicidado en pleno desierto, yo lo estaba haciendo poco a poco según me dijeron.
Al acabar la función vuelven los empujones, no sabemos si es comedia o terror, nuestra vida es lo que queremos, lo que pensamos, somos los tramoyistas del decorado que nos rodea y adaptamos a nuestros deseos, los decorados artificiales con trampa son creados por las reacciones impasibles.

Constatación brutal del presente

Si la realidad nos mata la literatura nos devuelve a una libertad que nos quitaron, le diría a Javier Avilés que incluso puede llegar a resucitarnos del todo. Te sumerges con entusiasmo en su forma de escribir, defiende la idea de crear ficciones concretas para enfrentarnos a lo real, una historia que me suena, no sólo a mí sino también a las protagonistas que crearon de la nada a su propio autor. Los efectos secundarios son incluso demasiado variopintos, el otro día en plena calle alguien trataba de mezclar mi vida de cuentista con la privada, le comenté que no, que ambas dos no podían ser, o en mi caso que confundo realidad y ficción, como el intentar verla sin éxito el día que más guapa se pone, me voy a prohibir a mí mismo coincidir en más presentaciones corales, alguien totalmente real que busca sin éxito ser literario, aunque en la realidad podamos vivir un morbo placentero en silencio y en la distancia.
Javier Avilés Viaplana es rescatado por Enrique Vila – Matas, Constatación brutal del presente es una obra que ha buscado por pura inercia su refugio en otro autor, su interior nos refleja a nosotros y nuestra vida presente, sólo cambia la historia, al final todo es igual, al leer este formidable libro editado por Libros del Silencio te pones a pensar que no hacen falta tantos poetas, es de agradecer que Javier Avilés y su idea en sí formada por tantas frases descoordinadas, que junto con los de sobra conocidos túneles húmedos se te haga ver que con poco puede ser más que suficiente.
Javier Avilés no pertenecerá a ninguna generación, él mismo confunde la realidad con lo que escribe o con lo que escriben de él, con su lectura me siento un eslabón de la parte más baja de una cadena sin final.


Fotografía Jesús Garrido

En estado de carnaval

Nos dice Enrique Vila – Matas que escribir siempre lleva a un desazonante túnel porque nunca llegas a estar plenamente satisfecho, que todos fracasamos al intentar estar a la altura de nuestros deseos, yo le digo que la satisfacción la encuentras con la mera transformación del pensamiento sin la necesidad de ser descargada la tinta sobre el papel, y que nuestro fracaso debe ser un estado positivo más de nuestra existencia, por eso cuando Enrique Vila hablaba tanto hace años de Dublineses de James Joyce, me daba ya cuenta y por ciencia propia que antes o después acabaría escribiendo Dublinesca.
Hoy estamos los dos despiertos, la religiosa me sirve el café en la cama, me susurra algunas cosas que no entiendo aunque no me engaña, tanto exceso sexual impide reconciliar el sueño, ya no me fío de nadie aquí en el Sanatorio Mental de Cástulo, ahora que se acerca el carnaval pienso en aquellos que se creen que pueden viajar por la ciudad enmascarados sin ser apercibidos por el resto, me sentía obligado a inmortalizarme a mí mismo con la lectura de La montaña mágica con la carátula en mano, al leer en la novela el capítulo sobre la llegada del protagonista al sanatorio de Davos me planteo sobre la posibilidad de no dejarme convencer para el posterior ingreso por recomendación médica y así no conocer nunca a personajes como Hans, Settembrini y Naphta. Si sigo leyendo sin salir de mi propio diario le cuento al lector la vida de cómo permaneciendo encerrado en la habitación o como mucho estando fuera en la bancada del patio leía y releía la terapia de Thomas Mann como escritor, se dice que es la literatura la que imita las vidas ajenas, aquí la prescripción médica es todo lo contrario, sobrevivir imitando lo que uno lee por obligación practicando en el convivir y en el día a día con la gente que te rodea los cambios de argumento que vas leyendo en la lectura de la misma novela impuesta en este caso La montaña mágica, la doctora creyó conmigo que sería un paciente fácil a pesar de la mala pasada que le gastó la naturaleza desde que me asignaron con ella, leer sin reconocerse a uno mismo, no entiendo cómo algunos se acusan a sí mismos de haberse visto reflejados en algunos escritos literarios relacionados con otra ciudad que no es la suya, o deben de basarse en algo que hayan leído a Georges Perec sobre lo extraordinario y fuera de lo común de los acontecimientos, o simplemente son víctimas del Google, no saben que vivir en este blog es vivir en otro mundo, un mundo donde sólo existe la rueda de sustituciones como definición del enamoramiento, están ahí, estuvieron y existieron sin quererlo reconocer, como dice Javier Marías en su novela Los enamoramientos, nos cuesta admitirlo porque pensamos que la última historia es la de verdad y porque nosotros mismos también somos sustituidos por alguien.
Vivimos en permanente estado de carnaval. Para sosegar los ánimos debido a la atmósfera apocalíptica que se respiraba en el viejo hospital y hablando de carnaval, me comentan sobre la necesidad de que para el baile de máscaras se utilicen las ruinas del Castillo de Cástulo con esas paredes que todavía permanecen en pie llenas de cuernos disecados colgados cada uno por un único gancho para que queden bien sustentados a los ojos del eventual espectador, que a los asistentes a este baile al contemplar los adornos de estas paredes les quede a la vista lo que quieren ocultar con sus carátulas. A veces creo que en Cástulo vivo estos días en un permanente baile de máscaras, el auténtico teatro de las máscaras, aunque en este carnaval definitivo no creo que nadie consiga la purificación que se busca con esta comedia de la careta, carnaval como fiesta pagana relacionado con carne, el pecado de la carne, “Carnis Trivium”y “Carnis Tollendas” añadiría, la gastronomía típica de la fiesta tampoco se queda atrás, chorizos, butifarras, longanizas, todo en plural y sin perjuicio de la inquisición eclesiástica para aplicar la privación de la carne dejando previamente un buen pedazo para sí, por eso siempre tuve al lado la experiencia de contemplar qué es igual que se pongan una máscara o que se quiten la que tienen, es exactamente lo mismo, actuar y visionar lo actuado se convierte todo en el mismo acto.

Piano piano

Gracias al primer paseo fantasma del tranvía por las calles de Jaén, léase sin pasajeros y rodeado de ingenieros vestidos de amarillo, Enrique Vila – Matas se me aparece de repente convertido en una imagen como holográfica en el Paseo de la Estación junto a la parada final del recorrido tranviario y a plena luz del día justo cuando era Paul Auster el escritor en el que iba pensando en ese histórico momento para la ciudad. Ante la situación hablamos de la posible navegación por dos situaciones o constituciones situacionales distintas sin moverme de la acera y sin dar ningún paso con los recién aparcados vagones tranviarios y su estrenado recorrido como testigos, todo como si fuese una paradoja temporal, la posibilidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, disfrutar de la sinuosa realidad y la ficción, no saber cuál de las dos posiciones vitales es la que tenía delante, además por primera vez alguien se ofrece a ser protagonista de forma voluntaria en este blog. Me niego en absoluto a invitar a nadie, en el interior de las letras de este lugar sólo conviven desaparecidos y encontrados, ficticios sin remordimientos y también chusma incendiaria con su falta de existencia como máscara principal, incluso tranvías con pasajeros que tal vez no querrían haberlo sido jamás, pero nunca personajes o seres reales de carne y hueso salvo que sean designados con nombre y apellidos, nada que ver con esas extrañas relaciones en las que nos vemos a veces envueltos debido a confusiones inexactas que no tienen ni pies ni cabeza pero que están ahí haciéndonos compañía mal que les pese a algunos de sus viajeros iniciáticos.
Por eso a veces opto por escribir como si yo también fuese otro, ese otro que no soy yo, intento introducir esquemas innovadores como elementos de una extraña falta de armonía que acabe con la cotidianeidad y el delirio a la que estábamos llevando esta mala relación invisible con el principio amigo en cuestión, pero normalizada y totalmente óptima en esa realidad en nuestra habitual actuación de ciudadanos de la urbe en la que habitamos. Prefiero hacer como Vila – Matas, amoldar los temas a lo literario describiendo las vivencias como si fuese literatura de personajes ficticios, pongamos un ejemplo, imaginemos la narración de un asesinato, un tren o tranvía que descarrila, un asalto bancario, no imagino a nadie buscando tapujos para adjudicarse lo leído a la plena realidad buscando la página de sucesos del diario local o nacional para ver si ha sucedido o no lo narrado por sistema en este lugar. No hay que negar que lo ocurrido oscile alrededor de esa ficción o realidad, pero tanto como identificar autores, protagonistas o habitantes de la ciudad es entrar de lleno en lo más absurdo de la existencia real cotidiana, o enredarse tus amigos o las compañeras de tus amigos en líos literarios de mal gusto similares a los aquí narrados al creer verse metidos en argumentos como víctimas de un paseo por algún borde abismal que parece arrastrarlos hacia alguna especie de vacío al que no llegan a saltar nunca ni de propia voluntad ni empujados por alguien, o en otro caso podría yo mismo suponer que si esos argumentos ficticios o literales nunca han existido, cabría pensar que ellos son autores del robo de una historia que no es la suya. Más extrañeza e intriga no cabe con el tranvía aparcado en su primer viaje en el Paseo de la Estación justo al lado de la Cafetería Colón, la vida vilamatiana va introduciéndose poco a poco y piano piano en la ciudad de Jaén, todo gracias a estas extrañas historias con personajes inexistentes que ya opositan para serlo y otros con vida propia que denuncian su insoportable realidad. El próximo viaje de pruebas a mitad de la madrugada de esta noche, y sin conductor dicen algunos.

La primera salida

Podemos encontrarnos con expediciones que se convierten en un modo de vida, más cuando lo monótono les va dejando vivir, otras veces en otras situaciones ya consabidas no te dejarían ni respirar, las dificultades sirven para imaginar las vías de escape, las comparaciones odiosas como siempre la ciudad de Burgos no es la de Cástulo y la de Cástulo no llegará a ser nunca la de Burgos a pesar de que ambas puedan aparecer o haber aparecido ante los ojos del resto como amablemente peligrosas, no quiero comparar, pero poco ambiente laico fuera de lo castrense y religioso, lo castrense con textura de vinagre, a veces por los diálogos se confunde la cosa y parece todo un mismo unísono a pesar del discurrir normal de la guerra ¿o es guerra fría? Todo parece ser una pesadilla, el pasado de ambas ciudades puede ser tal, Burgos se recrea en su propio argumento como si viviese su particular patio escolar donde sus habitantes a veces no saben donde están para así tampoco saberlo mucho menos el lector, personajes que viven gracias a su actuación como tales más adentro que en las letras de Óscar Esquivias en La ciudad del Gran Rey, mención de la libertad, el sentirse libres gracias a esa actuación, son liberados de forma más acentuada por el propio escritor.
Infiernos de soledad, vuelve Cástulo a la imaginación, los buenos la crean, la elaboran, te la plantean y ofrecen cada mañanita sea del mes de abril o no lo sea, todo para que la vivas y la disfrutes, tenemos la duda hipotética de cómo alguien aparentemente bueno crea un infierno a la vez que el cielo, o lo uno o lo otro, buen énfasis de Esquivias para el discernimiento de ese debate que por el ficticio aquel entonces también debatían algunos de los personajes, otros cielos serían cada una de las dos oquedades prácticamente juntas de tamaño desigual y que en algunos casos el mismo oscilaría según el caudal del arroyo interior de una de ellas.
Morir en vida, los habitantes viven en un lugar donde se supone que sólo se va en estado de óbito, están vivos pero están muertos, en cuatro grises paredes puedes ser condenado a morir en vida, mientras, ellos sufren, viven, presienten, les surge la duda de si morirían algún día si su permanencia fuese redundantemente permanente.
Días diferentes e iguales a su vez, calor y frío uno sí y otro no, el unísono de estas magnitudes no es agradable sufrirlo con la única visión satisfactoria de sus contornos y esa ventana que daba al patio de ese viejo hospital, el purgatorio es así.

Cámara oscura

Navegar por dos planos distintos es una tarea difícil, es casi imposible elegir uno de los dos cuando la fiesta ya ha empezado, los extraños duendes se me aparecen con la lectura íntegra de la revista piturda, dos dimensiones distintas para un único sujeto, los dos planos son considerados simbólicos o retóricos, diferentes de por sí, uno de ellos es el humano, quizás el más complicado y desconocido, el otro es más interesado, entre el papel de lector como tal, el buen hacer artístico y la mutua supervivencia, por otro lado la válvula de escape desaparece del festín y de momento no ha vuelto a aparecer.
Lo veo, no sé cómo reaccionar, estoy atrapado en el salón de actos, no puedo salir, tengo que enfrentarme a vivenciar ambos planos, no es una pesadilla de la que trato de escapar como en otras tantas ocasiones, es la pura realidad, incluso M me acompaña en esta ceremonia. El ambiente es regido por la música y por la lectura de muchos capítulos corales relacionados con la provincia. En una pantalla se proyectan imágenes simultáneas mediante proyectores con sonidos y luces de colores mezcladas gracias a la imagen de su autor, un play móvil, una cámara oscura, el Auditorio de la Alameda aparece de repente en la pantalla.
El paseo por el plano artístico es agradable, la cámara te busca una y otra vez, nos da las gracias el operador que se vuelve inexistente en el plano más puramente humano, te ha lanzado al fracaso, a la soledad, al auténtico vacío de la existencia, seguimos ahí en la fiesta con cada vez más y más aplausos agradecidos atrapado en esa ficción permanente por su decisión de poner fin a tu persona conservando su amistad plena como afamado artista del periódico local para el que vende su trabajo. En el momento de entablar la conversación tras romper de forma inevitable el hielo no sé cómo dirigirme a él, por qué camino llegar, el Auditorio de la Alameda permanece cerrado con la nostalgia en su atmósfera de las proyecciones del cine de verano, la cámara oscura quedó guardada para otros mejores momentos estivales, vuelvo a pensar en él, en cómo será su estudio compartido con ella que también es artista con un rostro que seduce gracias a su mirada tranquila y amable, el salón de actos es un símbolo de esta existencia que no deja de terminar nunca, de un lugar del que no podemos escapar de ese plano que te transmite más desasosiego, que te arrastra y no te deja recurrir a su otro yo, da igual que el tedio de verlo siempre grabando con la cámara no lo deje cambiar de posición.

Atmósferas contagiosas

No es un acierto vivir sin pensar que no circulamos por ningún lugar. No hay nada que nos envuelva o atrape para quedar juntos en un playazo antes de soltarme a tu propia vera a la deriva. Un náufrago en tu propio entorno para que el tiempo casi acabe con mi existencia, creando argumento, la playa como tema preferido, vivo consciente del estado del mismo, un argumento eterno, los papeles victimizados por el propio bolígrafo bic reflejando siempre lo mismo un día tras otro, argumentos triviales e insustanciales, baños de realidad que las transforma en adictas lectoras, el folio haciendo un hábil labor de papel secante, los pensamientos trasladados al literal encuentro, al que no quieren, no la quieren porque alguien decide que no hay que quererla, el miedo a quedarte en tu pueblo atrapado por la nieve puede ser uno de los efectos secundarios, tu nueva visita atrapó en el ambiente hasta los nuevos desconocidos que en principio no sabían nada de ti, las atmósferas se tornan contagiosas más que nunca, sólo uno contempla el camino, la tecnología hace el resto describiéndoles el camino a las demás con una sola orden.
La televisión no te gusta. No te gusta nada relacionado con la televisión. Lo que tú hagas luego es otra cosa. Si lo que haces no lo entendemos, más raro es que me llames por sorpresa a mi casa y por teléfono me invites a que sintonice un canal concreto de televisión para que los dos en la distancia disfrutemos del mismo contenido. Son programas basura, no me gustan pero los veo por inercia aunque con nula atención, no lo niego, es una forma de ver lo que ellos quieren pero de fondo, lo que más me gusta es la sorpresa de la llamada ya que pensaba que a ti no te gustaban y sí lo negabas. Es lo que dije al principio de este párrafo, que la televisión no te gusta. Yo te hago caso y disfrutamos juntos del canal.

Rellenar huecos

La peculiar intoxicación que produce en el organismo las lecturas los martes en el País de Café Perec por Vila Matas, te deja una sensación de resaca demasiado difícil de digerir, y es que cuando llega el sábado y te lo encuentras en Babelia hablando de las Azores como Muñoz Molina de las calles de su pueblo parece que algún impostor literario ha usurpado su escritura casi con el fin de intentar engañar a los editores de Babelia.

El hombre no se siente mirado y se vuelve, por ello, un poco inexistente.

Contradicción al autor por la inexistencia personal de su mirada, más bien en el silencio o la voz baja es donde se amasa la existencia inexistente, un juego a tres propondría en este caso como ejemplo real, él intenta dominar la situación, su vida, sus actos y ella se deja dominar, quiere ir con ellos y con el resto, un tocayo de tantos no soporta verla tomar cerveza con el resto de la cuadrilla, un abismo compartido, total que aunque Vila – Matas relea Tabucchi, yo no pienso leerlo, es el ejemplo donde se produce el ejemplo del existente abismo de los celos cerveceros que me hacen pasar del plano de la inexistencia al otro de la existencia, y por fin ya te sientes alguien, aunque el autor de esta relectura considere que muchos pasajes de este libro son un paso más en la soledad del lector que ya no lo es, desapareciendo incluso cualquier tipo de persecución, el dominador de la situación te coloca de nuevo en la casilla de salida con todas las opciones intactas. El abismo que separa la insoportable tolerancia a que otros vean lo que no deben ver, a compartir la existencia rellenando incluso esos huecos de vacío.

Un libro coral



Antes de viajar de nuevo hacia Aulabar saludo a autores de verdad, la fracasada existencia no entiendo cómo da para tanto, hasta para acudir esta tarde en pleno año del conejo a una gala a la universidad a ver la presentación del libro (Escritores en potencia - Un libro coral a Jaén con 715 firmas) al que me invitaron a ser partícipe con otros 714 firmantes más. Como siempre me pregunté por mi estancia en el lugar, la preocupación por el orden visto en la sala, supuestos extraños de alguna red social me saludan y me graban incluso para la tele del periódico, en la realidad somos mejores, en la virtualidad no sé todavía qué ocurrió aunque me tolera con pasaporte femenino, también está F como magnífico espectador que ante mi descuido me burló partiendo hacia a la primera fila, y L que leyó en el estrado para luego desaparecer cuando le tenía un sitio reservado junto a mí, majestuosa intervención la suya, todo un reflejo de la conciencia para el resto de silenciosos mortales que poblamos la sala de la magna aula. Me siento como una especie de espía infiltrado en una élite que no es la mía, mi sonrisa ante los pocos que saludé fue mi verdadero disfraz esta tarde, también es la primera vez que me hago el encontradizo con el llamado amado dire, recordaba mi virtual debate con él sobre la verdadera patria de Rosa Conde, qué cara le eché a la cosa, tampoco sabía la existencia de televisiones internas con emisiones públicas en periódicos locales, qué grande es la tecnología y qué desazón sentimos todavía algunos al no haber salido de su particular estado prehistórico.
La noche camino de Aulabar en vehículo es silenciosa en estado extremo a pesar de la suave música radiofónica, la familia constipada se ha dormido, a la vuelta tengo que reabrir esos últimos emails que me dejé por la tarde a medio leer de carácter anónimo donde se me preguntaba sobre esos disparates como que Jabalcuz es una mujer con navaja y falda o el hecho de si es cierto o no que alguna vez existieron sanatorios mentales en Cástulo, recuerdo a P, no sé qué contestarles, buscaré inspiración este fin de semana en Rimbaud o en Josep Pla, los quintos y sextos pasajeros que viajan también a Aulabar.

Discreta nocturna

Inventamos metáforas absurdas para resarcir los tropiezos sufridos en nuestras propias realidades, escribir en este lugar sin importar la cantidad o tipo de lectores, sólo el Ulises de James Joyce le importó al autor el número de su lectura sin querer entrar en patrañas comparativas, símplemente lo he leído por ahí y ya está. Volver a recordar a la misma vez aquel chateo furtivo que mantuvo conmigo en la red, y eso que Jabalcuz no es Castúlo. Por eso me encanta su sobrenombre televisivo de salteadora de caminantes que con el torso desnudo espera a su presa por esas veredas de Jabalcuz, la identidad ficticia con nombre del escultor de la estatua al minero de Cástulo no lo fue todo ¿ o se hizo pasar por ella? Me llama, aparece, voy a su encuentro, me pregunta por todo lo que le dejo preguntar, contestar sí o no como hacía también Joyce con sus compañeros de lectura, querer saber demasiado, es mejor ser taciturno y despectivo en la soledad virtual, por eso se detiene ante mi cuestionario, cuando la busco no está al haber desaparecido, después de hace algún tiempo vuelve a aparecer, se desenmascara de su propio papel inspirador, se deja caer en visitaciones colectivas para que la vea sin perdernos de vista del todo, que sigamos ahí casi juntos pero medio separados en la corta distancia que separa sus montes habitados en la falda del Jabalcuz con la capital santoreinita, que morbo si un día nos descubrimos en ese laberinto humano que nos obligue a ignorar nuestra mutua mirada limpia ya de los restos del lodazal de conocidos y desconocidos que abren y cierran las puertas al destino. Desde hace tiempo vuelvo a vislumbrar su impronta ignorada que ha dejado huella en mi memoria después de haberla desconocido sin haberla conocido primero, cuando nunca supe quién era, me quedé con las ganas de que me practicase un análisis psicoterapéutico en la distancia como ser desconocido que sigue manteniendo ese estado, más cuando se olvidó de nuestra propia amistad virtual por un torpe accidente al darle sin querer a “aceptar” al borrar contactos.
La imagino vagando por el monte mientras voy a trabajar, buscando un beso que nunca nos daremos, imaginar la continuación de sus rodillas hacia arriba buscando los mejores rincones para exiliarme, más ahora que no me siento dopado después de la medicación por el estado griposo, es incómodo vagar en esa distancia virtual, un fin de semana vivimos juntos nuestro propio numerito en la red, me da igual imaginarla con la oscura melena que sin ella, con el torso moreno desnudo o en pelotas del todo, odio no haberla conocido antes en la realidad, la insalvable lectura trémula de su propia historia iba a hacerle dar conmigo antes o después disfrazada de discreta internáuta nocturna, y eso que no le molaba el google de los cojones.

La ciudad doliente

Cuando desde la ventanilla del tranvía observo alguna moza paseando por la acera demasiado atrayente, no sólo se me cae hoy la baba, lo hace también un rebelde moquillo que desafiando las buenas costumbres intenta huir hacia el exterior, lo hago incluso imaginando una mecenas del arte como Patrizia Sandretto desnuda. En un viaje como en el de hoy me siento resacoso de paracetamol, de codeína, me huelo a mí mismo a descongestionador nasal, no he ido a trabajar, la química farmacéutica que puebla en mi cerebro no me deja leer dos párrafos seguidos, no sé si seré capaz de publicar algo medianamente legible en una huida al exterior como si protagonizara una distinta historia en otra lejana ciudad que no es la mía, donde entramos a lugares para luego querer salir, sobrevivir a lo que observamos en lugares de culto, túneles, pasadizos, todo no está luego, unos quieren permanecer y otros salir, todos parecen haber perdido el norte, el exterior y destino del aparente purgatorio es el mismo lugar de origen aunque unos vean la misma ciudad y otros un lugar distinto, una especie de huida hacia ningún lugar. Cuando llego hasta aquí en La ciudad del gran rey de Óscar Esquivias me pregunto por una posible extrapolación a la realidad de esos extraños personajes que parecen vivir, recrearse y sufrir en el interior de una metáfora a la que han sido invitados a viajar en pleno inicio de la guerra civil tan bien diseñada (la metáfora), que algunos de los que ven en el purgatorio el lugar de origen a este último lo ven tergiversado, surgiendo incluso las posibles y absurdas a su vez lógicas dudas sobe la situación vital. Militares, religiosos y rojos, creo que ya no cabe nadie más en esta historia, igualmente no sé si se habrá enterado ya Antonio Muñoz Molina que su famoso Comandante Galaz de El jinete polaco puede aparecer aquí como el mero Cabo Galaz.