En Riña de gatos una frase llamativa, el negro si es bueno irá al limbo, es decir para la criatura hija de duques del período prebélico, ser de color ya es tan castigo que tienen que perseverar en su conducta teniendo como premio algo inferior al blanco bueno en igualdad de comportamientos, diferenciación de la meta por el condicionante cromático, vaya con la niñita y las frases de su sacerdote.
El rico y el poderoso a continuación, reflexiones tras el diálogo a dos aunque sólo hable uno, vive asustado por serlo, temen a los que ellos mismos han dejado debajo y por el hecho de haberlos colocado ahí, un culpable con nombre y apellidos para exculpar un poco a que siempre sea la sociedad la que purgue la culpa, en este caso alguien de carne y hueso no las tiene todas consigo. Esos sí, a veces creen en la igualdad de clases pero el resto son salvajes, la sociedad está enloquecida, tanto que pienso que el protagonista protagoniza la historia por ser extranjero.
El aroma de tu cuerpo
Pasa junto a ella, la rodea mientras permanece sentada, queda embriagada por su aroma convertida a través de los instantes en deseo.
Completamente perdido por el barrio de San Ildefonso opto por no encontrar la salida, desciendo por la calle Chichilla hasta llegar a Piturda, una editorial jienita dedicada la cultura y el ocio, ociosos y culturetas, de momento se ha quedado la cosa ahí, las aspiraciones y posible altura de miras deben de ser más amplias, abarcar más y más, ignorar exclusiones, buscar ideas incluso a través de los más tontos, máxime cuando existan fuertes dosis de solvencia, igualmente no soy quién para hablar de esta gran iniciativa de la capital, faltan algunas más, muchas más de forma similar.
Al entrar en Piturda la máscara de Lord Vader sobre el mostrador parece darme la bienvenida, veo una muchacha que no sé si desde dentro saldrá a recibirme, intuyo la respuesta, me adelanto, el reverso tenebroso de la fuerza, el ofrecimiento a pasarme al otro lado, el pecado la manzana de Eva, la colegiala que deseaba su perfume, o era ella el objeto de su deseo, la había olido instantes antes.
No me traigas tu perfume, ven tú con él.
La colegiala sabe que es difícil que llegue el perfume adecuado, el aroma definitivo, pasan unos días y ella le lleva de regalo desde la capital el perfume de su olor. Una alegría que le dura poco, el ambiente ameno es de duración limitada, el día de la entrega de los premios a los ganadores de los bolos serranos en el punto más alto del precipicio que contrapicaba a la Piscina de Amurjo fue decisivo para percatarse que el aroma se le escaparía antes o después, mandaría a los jugadores de bolos al cinematógrafo de la Rúa para quedarse sola, necesitaba su olor, comprobar si es la que permanecerá junto a ella antes de tomar una decisión sobre el carácter a interpretar en las nuevas escenas de la obra, una posible ofuscación le aclararía las ideas, la intriga y la desazón de si será o no será la olor adecuada que pueda hacer feliz a su oscura presencia.
Los del lado oscuro se venden más, ya no se lleva ser el bueno de la obra o de la película.
Ya no veo a la chica, nadie de Piturda sale a atenderme, quiero preguntar por esa máscara de Darth Vader que preside la entrada, al final un chico se asoma, no sale de su asombro al verme, no lo conozco pero él pone rostro de todo lo contrario, el triángulo de miradas no se altera, no deja de mirarme, contemplo la máscara de Vader, no sabemos a cuál de los dos observa dese su oscuro interior, oscuro como las pesadillas de estos días atrás, subía con la colegiala por esa escalera de pared también oscura hacia el anfiteatro.
El teatro está cerrado, no se puede estar aquí.
Antes me daban miedo las máscaras, la de Lord Vader y el eco de yo soy tu padre en el mostrador de Piturda me resultan hasta simpáticos al comparar la máscara con algunas oscuras siluetas humanas.
Al final tendrá suerte, no es la olor que necesito, lo peor es que no me enviaran en mucho tiempo nuevos aromas.
La ley del deseo tiene carácter totalmente íntegro, lo totalitario y lo inflexible no tiene cabida, una historia dentro de otra para confundir y crear vértigo, el muchacho al otro lado del mostrador ante mis extrañas teóricas que aparentaba no escuchar me pregunta por fin que qué deseo, que tiene mucho trabajo y no tiene tiempo para cábalas, le comento algo de una posible relación, una decisión antigua ya y en silencio, un viejo articulista, una fotógrafa guapísima, quiero atar cabos sin éxito, el chico manifiesta no entender nada, me invita a salir de la tienda mucho más confundido que cuando entré, la máscara de Darth Vader sigue sin moverse de lo alto del mostrador.
Completamente perdido por el barrio de San Ildefonso opto por no encontrar la salida, desciendo por la calle Chichilla hasta llegar a Piturda, una editorial jienita dedicada la cultura y el ocio, ociosos y culturetas, de momento se ha quedado la cosa ahí, las aspiraciones y posible altura de miras deben de ser más amplias, abarcar más y más, ignorar exclusiones, buscar ideas incluso a través de los más tontos, máxime cuando existan fuertes dosis de solvencia, igualmente no soy quién para hablar de esta gran iniciativa de la capital, faltan algunas más, muchas más de forma similar.
Al entrar en Piturda la máscara de Lord Vader sobre el mostrador parece darme la bienvenida, veo una muchacha que no sé si desde dentro saldrá a recibirme, intuyo la respuesta, me adelanto, el reverso tenebroso de la fuerza, el ofrecimiento a pasarme al otro lado, el pecado la manzana de Eva, la colegiala que deseaba su perfume, o era ella el objeto de su deseo, la había olido instantes antes.
No me traigas tu perfume, ven tú con él.
La colegiala sabe que es difícil que llegue el perfume adecuado, el aroma definitivo, pasan unos días y ella le lleva de regalo desde la capital el perfume de su olor. Una alegría que le dura poco, el ambiente ameno es de duración limitada, el día de la entrega de los premios a los ganadores de los bolos serranos en el punto más alto del precipicio que contrapicaba a la Piscina de Amurjo fue decisivo para percatarse que el aroma se le escaparía antes o después, mandaría a los jugadores de bolos al cinematógrafo de la Rúa para quedarse sola, necesitaba su olor, comprobar si es la que permanecerá junto a ella antes de tomar una decisión sobre el carácter a interpretar en las nuevas escenas de la obra, una posible ofuscación le aclararía las ideas, la intriga y la desazón de si será o no será la olor adecuada que pueda hacer feliz a su oscura presencia.
Los del lado oscuro se venden más, ya no se lleva ser el bueno de la obra o de la película.
Ya no veo a la chica, nadie de Piturda sale a atenderme, quiero preguntar por esa máscara de Darth Vader que preside la entrada, al final un chico se asoma, no sale de su asombro al verme, no lo conozco pero él pone rostro de todo lo contrario, el triángulo de miradas no se altera, no deja de mirarme, contemplo la máscara de Vader, no sabemos a cuál de los dos observa dese su oscuro interior, oscuro como las pesadillas de estos días atrás, subía con la colegiala por esa escalera de pared también oscura hacia el anfiteatro.
El teatro está cerrado, no se puede estar aquí.
Antes me daban miedo las máscaras, la de Lord Vader y el eco de yo soy tu padre en el mostrador de Piturda me resultan hasta simpáticos al comparar la máscara con algunas oscuras siluetas humanas.
Al final tendrá suerte, no es la olor que necesito, lo peor es que no me enviaran en mucho tiempo nuevos aromas.
La ley del deseo tiene carácter totalmente íntegro, lo totalitario y lo inflexible no tiene cabida, una historia dentro de otra para confundir y crear vértigo, el muchacho al otro lado del mostrador ante mis extrañas teóricas que aparentaba no escuchar me pregunta por fin que qué deseo, que tiene mucho trabajo y no tiene tiempo para cábalas, le comento algo de una posible relación, una decisión antigua ya y en silencio, un viejo articulista, una fotógrafa guapísima, quiero atar cabos sin éxito, el chico manifiesta no entender nada, me invita a salir de la tienda mucho más confundido que cuando entré, la máscara de Darth Vader sigue sin moverse de lo alto del mostrador.
Junta de artistas
La colegiala se traza con su habitual atuendo, se dispone a representar sus dos propios mundos, sus dos tipos de comportamiento, el real y el representativo valga la redundancia, se sabe el guión a la perfección, no se deja nada al azar de la improvisación, esa tarde la Rúa permanecía más vacía, algún que otro habitante se encontraba de visita forzosa algo más lejos, el comandante de puesto carraspea, no tenía café con el que obsequiar a su contertulio, la fría sala tiene como única decoración una ventana que invitaba a ver el exterior desde la casa cuartel de la Guardia Civil, las últimas viviendas de La Puerta de Segura y los primeros olivos segureños con las lógicas separaciones de algún que otro camino vecinal o carretera.
El asunto está tomando más repercusión de lo habitual, se sale de tu municipio y afecta incluso a esta demarcación territorial.
El Alcalde de la Rúa no contesta, guarda la boca callada ante la cuestión planteada y archisabida de conocer al saber el resultado que no era otro que la extensión vecinal, miedo, lástima, un poco de todo, había sido citado para declarar como testigo ante la Guardia Civil de La Puerta de Segura, al final sólo rompió el silencio para suspirar al pensar para sus adentros que no se podía conformar su vecina con el papel de asusta viejas, quizás se sentía de un tiempo a esta parte más satisfecha con el de colegiala que espantaba a las niñas.
Conocemos que no es competencia de su municipio, ignoramos si tenemos nosotros que entrar en el fondo del mismo, me vi obligado a citarte como testigo ante la denuncia anónima de algunos conductores que vieron circular en un vehículo a este padre con su niña, les vieron en sus ojos una especie de terror y espanto, al final pasaron de largo sin atreverse a desviarse hacia estas localidades, ¿tienes algo que ver?
Comparto el criterio, pero no es problema nuestro, los de bienestar social llevan estudiando desde hace semanas y de forma concienzuda la atmósfera de la comarca, todos los indicios hallados les conducen a la Rúa, al Teatro del Cerro.
Esa mañana su biblioteca recibía un nuevo libro que como tantos nunca serían leídos, los lectores eran nulos, El mapa y el territorio – Michel Houellebecq obtendría más rentabilidad rompiéndose la cuota equitativa, mejor destinar un número superior de ejemplares del libro para obras salas donde se proyectase un mayor índice anual de representaciones, igualmente la monotonía de su lectura podía omitir esta idea, una historia lineal con pocos sustos para ofrecerla a los posibles lectores sí acostumbrados a otros tipos de sustos, sólo Houellebecq haciendo de Houellebecq anunciándonos el argumento de que ya no escribiría más libros.
La triste bombilla alguien la enciende desde fuera ante el inminente anochecer, la triste penumbra de la sala de invitados al cuartelillo es mermada por el polvo del cristal de la poca luz alumbrada, el Alcalde sabía que se iba a animar con la conversación, que contestaría a alguna que otra pregunta pendiente del pasado, su desazón pasaba por conocer el resultado de la junta de artistas que se celebraba también esa tarde noche en el Cerro, la colegiala era la encargada de dirigir el acto y de otorgarle validez al nuevo equipo de gobierno saliente, ella les tenía una especie de temor invisible, en cualquier momento los artistas podían tomar la decisión de actuar, contratar incluso más artistas de verdad, que el teatro llegara a ser un teatro de verdad, que incluso se aprobase la desgraciada determinación de colgar carteles anunciadores por las calles de la Rúa.Caería en una profunda depresión si se llamase de algún organismo cultural o incluso desde la capital de la provincia interesándose por las obras a representar.
No te sofoques, no te dejes llevar por esa atmósfera impuesta, alguna vez alguien tendrá que limpiar sobre lo realmente ensuciado.
Se lo había contado al cabo de lo esa tarde por si le servía de pista para sus pesquisas, una nueva junta teatral, quizás había que investigar, el teatro aunque no funcione nunca deja solo a sus artistas, menos que trabajen la lírica sin espectadores que acudan a la función, ojalá algún día ninguna compañía sienta temor de venir, el primer objetivo debía ser vender entradas de representaciones reales, que el espectador pierda sus miedos.

Fotografía Jesús Garrido
El asunto está tomando más repercusión de lo habitual, se sale de tu municipio y afecta incluso a esta demarcación territorial.
El Alcalde de la Rúa no contesta, guarda la boca callada ante la cuestión planteada y archisabida de conocer al saber el resultado que no era otro que la extensión vecinal, miedo, lástima, un poco de todo, había sido citado para declarar como testigo ante la Guardia Civil de La Puerta de Segura, al final sólo rompió el silencio para suspirar al pensar para sus adentros que no se podía conformar su vecina con el papel de asusta viejas, quizás se sentía de un tiempo a esta parte más satisfecha con el de colegiala que espantaba a las niñas.
Conocemos que no es competencia de su municipio, ignoramos si tenemos nosotros que entrar en el fondo del mismo, me vi obligado a citarte como testigo ante la denuncia anónima de algunos conductores que vieron circular en un vehículo a este padre con su niña, les vieron en sus ojos una especie de terror y espanto, al final pasaron de largo sin atreverse a desviarse hacia estas localidades, ¿tienes algo que ver?
Comparto el criterio, pero no es problema nuestro, los de bienestar social llevan estudiando desde hace semanas y de forma concienzuda la atmósfera de la comarca, todos los indicios hallados les conducen a la Rúa, al Teatro del Cerro.
Esa mañana su biblioteca recibía un nuevo libro que como tantos nunca serían leídos, los lectores eran nulos, El mapa y el territorio – Michel Houellebecq obtendría más rentabilidad rompiéndose la cuota equitativa, mejor destinar un número superior de ejemplares del libro para obras salas donde se proyectase un mayor índice anual de representaciones, igualmente la monotonía de su lectura podía omitir esta idea, una historia lineal con pocos sustos para ofrecerla a los posibles lectores sí acostumbrados a otros tipos de sustos, sólo Houellebecq haciendo de Houellebecq anunciándonos el argumento de que ya no escribiría más libros.
La triste bombilla alguien la enciende desde fuera ante el inminente anochecer, la triste penumbra de la sala de invitados al cuartelillo es mermada por el polvo del cristal de la poca luz alumbrada, el Alcalde sabía que se iba a animar con la conversación, que contestaría a alguna que otra pregunta pendiente del pasado, su desazón pasaba por conocer el resultado de la junta de artistas que se celebraba también esa tarde noche en el Cerro, la colegiala era la encargada de dirigir el acto y de otorgarle validez al nuevo equipo de gobierno saliente, ella les tenía una especie de temor invisible, en cualquier momento los artistas podían tomar la decisión de actuar, contratar incluso más artistas de verdad, que el teatro llegara a ser un teatro de verdad, que incluso se aprobase la desgraciada determinación de colgar carteles anunciadores por las calles de la Rúa.Caería en una profunda depresión si se llamase de algún organismo cultural o incluso desde la capital de la provincia interesándose por las obras a representar.
No te sofoques, no te dejes llevar por esa atmósfera impuesta, alguna vez alguien tendrá que limpiar sobre lo realmente ensuciado.
Se lo había contado al cabo de lo esa tarde por si le servía de pista para sus pesquisas, una nueva junta teatral, quizás había que investigar, el teatro aunque no funcione nunca deja solo a sus artistas, menos que trabajen la lírica sin espectadores que acudan a la función, ojalá algún día ninguna compañía sienta temor de venir, el primer objetivo debía ser vender entradas de representaciones reales, que el espectador pierda sus miedos.

Fotografía Jesús Garrido
Nueva recaída
Sufro una nueva recaída, es un trastorno insuperable, leer sobre lo leído, frase hecha como la de limpiar sobre lo limpiado, por cuarta vez tengo que echar una mano y leer por cuarta vez La invención de Morel de Bioy Casares, viven en sus páginas atrayentes fantasmas que te dan la espalda, creer que son vistos con la autoconfianza del autor, para existir como fantasmas tampoco están, la confusión de una imagen de mujer reflejada y proyectada como realidad, enamorarse de ella desconfiando con la consiguiente celotipia de su asimismo proyectado acompañante masculino. Nada que ver con Roberto Bolaño y Sensini, el primero busca al segundo llamado de forma complete Luis Antonio Sensini por haberlo leído en un accésit literario en el que participa el autor como tal y como protagonista, un relato algo autobiográfico, de Argentina a Alcoy, Lloret de Mar como siempre en Bolaño pasando por Madrid, buscarlo y hallarlo, obsesionarse con su obra, el lector con la de Roberto Bolaño y éste con la de su personaje también como autor literario, un escritor agobiado con la obra del otro escritor con el objetivo de agobiar al lector, son los dos de la pampa, tanto el real como el ficticio, ambos triunfan en la realidad y en la ficción en nuestro interior peninsular.
Todos mis hijos es el último cuento o relato de Alberto Olmos publicado en el libro de VV.AA Mi madre es un pez. Alberto visita sus esparcidos hijos por variados y dispersos lugares, fueron todos engendrados con diferentes mujeres, ¿cuántos hijos tienes?, ninguno que yo sepa, Alberto Olmos desmiente la frase, aquí sí lo sabe el autor que se inspiró al relatar el cuento en la tiscariana obra Vía Crucis (Relato de una noche perdida) donde el protagonista creado o inspirado en el propio Jesús Tíscar huye de bar en bar y de taberna en taberna, de hijo en hijo, o de mujer en mujer, curiosa comparación de ambos que suelen visitar el mismo barbero, disfrutan de lo soez con distinto refinamiento.
Taller de lectura con La Acequia. Riña de Gatos – Eduardo Mendoza. Capítulo 2: el protagonista abandona los trenes y las estaciones reales ocultándose en Madrid donde se siente bien en su toma de contacto con la ciudad. Que bonito queda escribirlo por un autor que describió como nadie Barcelona en La ciudad de los prodigios. Nos enfrentamos a la cultura plástica en sus visitas museísticas, el final del segundo capítulo deja abierta una ligera intriga a lo desconocido con una especie de enigmática cita.
La venganza servida en un plato más frío que la Antártida es imposible de superar, creí que ya estaba todo contado, todo relatado, que las historias habían tomado desde hace mucho tiempo formas finitas, que no puede existir nada nuevo o novedoso, un error monumental. Pedro Aldodóvar superando a Shakespeare en La piel que habito te pone los pelos como escarpias, no ya por su buen hacer cinematográfico sino sacando guiones y argumentos de dónde ya no existía nada diferente. Un argumento de principio a fin donde es imposible la vuelta hacia atrás, lo lineal sin casi posibles desvíos fundamental, la confusión del espectador es aclarada de forma rápida con objetos inanimados y almodovarianos que toman un imprescindible papel en la película, el auténtico placer es para el espectador que nadie se confunda, problemas de identidad resueltos de forma magistral, una carrera, una escuela, una universidad, un nuevo aprendizaje, se “debe aprender a vivir dentro de la piel que habita”, en otro caso estaremos perdidos y sin salida, al visionario del filme no le queda otra.

Fotografía Jesús Garrido
Todos mis hijos es el último cuento o relato de Alberto Olmos publicado en el libro de VV.AA Mi madre es un pez. Alberto visita sus esparcidos hijos por variados y dispersos lugares, fueron todos engendrados con diferentes mujeres, ¿cuántos hijos tienes?, ninguno que yo sepa, Alberto Olmos desmiente la frase, aquí sí lo sabe el autor que se inspiró al relatar el cuento en la tiscariana obra Vía Crucis (Relato de una noche perdida) donde el protagonista creado o inspirado en el propio Jesús Tíscar huye de bar en bar y de taberna en taberna, de hijo en hijo, o de mujer en mujer, curiosa comparación de ambos que suelen visitar el mismo barbero, disfrutan de lo soez con distinto refinamiento.
Taller de lectura con La Acequia. Riña de Gatos – Eduardo Mendoza. Capítulo 2: el protagonista abandona los trenes y las estaciones reales ocultándose en Madrid donde se siente bien en su toma de contacto con la ciudad. Que bonito queda escribirlo por un autor que describió como nadie Barcelona en La ciudad de los prodigios. Nos enfrentamos a la cultura plástica en sus visitas museísticas, el final del segundo capítulo deja abierta una ligera intriga a lo desconocido con una especie de enigmática cita.
La venganza servida en un plato más frío que la Antártida es imposible de superar, creí que ya estaba todo contado, todo relatado, que las historias habían tomado desde hace mucho tiempo formas finitas, que no puede existir nada nuevo o novedoso, un error monumental. Pedro Aldodóvar superando a Shakespeare en La piel que habito te pone los pelos como escarpias, no ya por su buen hacer cinematográfico sino sacando guiones y argumentos de dónde ya no existía nada diferente. Un argumento de principio a fin donde es imposible la vuelta hacia atrás, lo lineal sin casi posibles desvíos fundamental, la confusión del espectador es aclarada de forma rápida con objetos inanimados y almodovarianos que toman un imprescindible papel en la película, el auténtico placer es para el espectador que nadie se confunda, problemas de identidad resueltos de forma magistral, una carrera, una escuela, una universidad, un nuevo aprendizaje, se “debe aprender a vivir dentro de la piel que habita”, en otro caso estaremos perdidos y sin salida, al visionario del filme no le queda otra.
Fotografía Jesús Garrido
Visiones dudosas
La colegiala cree verlos, no está segura de su imagen, vaga de un extremo a otro como por condena más que por promesa por las calle de la Rúa, luce el sol, no entiende el contraste de la luminosidad del lugar con el terror que le produjo a aquella niña. Cree verlos a los tres en una tarde nublada, una piscina nudista, él lee una estupenda versión en letra grande de Hamlet, cree ver también a su compañera femenina, no sabe e ignora en ese momento si ellos creen o no el ser vistos por ella, cometen pecado contra natura ampliado al descubrir una segunda mujer junto a ellos. Seguramente él seguirá pensando en lo formidable de los sentidos, están los tres ya en el pensamiento de la colegiala, alguien se ha adelantado, o es alguien que ya existía en su convivencia en ese hotel durante los días de septiembre.
Las dos duermen desnudas a mi lado, siguen pasando las ya cortas horas de la tarde en estado nublado, tras la comida la piscina permanece más vacía, los pocos huéspedes lo dedican la siesta, a la lectura o a la reflexión, pensaba que alguien pensaba hacía un momento por mí, en efecto sostengo entre mis manos un ejemplar de Hamlet de William Shakespeare cuya lectura me provoca el contagio del sueño de mis dos compañeras, no entiendo como alguien al que no he visto puede ver lo que hago o pienso, cierro los ojos y sueño, estoy en el Cerro, abajo los Pinares de Amurjo, la cerveza de barril cae sobre el cristal de la copa, ahí la descubro y empiezo a comprender, va vestida como de la colegiala, el paso de los minutos el profundo sueño ha producido una reciprocidad casi simétrica, ignoro si está pendiente de los tres, podía hacernos quizás compañía, buscar una hamaca vacía y acercarla junto a nosotros, seríamos cuatro en lugar de tres, aún así va demasiado vestida, podía empezar desnudando sus piernas de esos botines que oculta toda la piel de sus pies, pero mejor que lo decida ella, sigo durmiendo mientras, sueño que me convierto por los bien recibidos momentos oníricos en un héroe que se enfrenta a una misión nueva encomendada, vuelvo a ver un bar, creo que estoy otra vez en el Cerro, la cerveza no cae, el bar de la barra hacia adentro está como muerto y sin camarero, no se sirven bebidas, tampoco existen, delante de la barra siguen los clientes y parroquianos jugando al dominó imaginando a ese camarero que no está pero que sí lo fue en otra época, ahora su figura humana sería un adorno estructural, sin despertar escucho las voces de otrora solicitando café, sol y sombra, un chato de vino, todo bajo los murmullos en un rincón de la penumbra de aquellos clientes que un día lo fueron y de los que ahora sólo ha quedado su extraña presencia como testigos permanentes de algo que fue y ya no lo es.
¿Se puede pedir algo en el bar?
No, es un bar viejo.
Se conserva limpio, como si todavía estuviese abierto, me apoyo en la barra, en efecto detrás no hay nadie para servir bebidas que también parecen no existir, en ese momento aparece de espaldas delante de mí, es ella, la figura de la colegiala con la que había imaginado fuera del sueño en la hamaca de la piscina con el libro de Hamlet a medio leer, ella simula la lectura de la prensa que también recibe el bar para que la lean los clientes pasando muy rápido las páginas, escucho su respiración, su brazo izquierdo vibra, preferiría despertar y contemplar mis dos acompañantes, decirles de acercarnos a la playa utilizando el acceso directo del hotel, ya completamente despierto las vuelvo a mirar recordando la brevedad del sueño anterior, entraría y no saldría.
No hay nada que tomar en ese bar. Sólo verla a ella. No hay nadie más, los parroquianos sólo suben al Cerro a jugar su partida.
No salgas, permanece en mi interior el tiempo que puedas.
Voces a dúo, son las últimas frases que recuerdo del sueño cuando casi despertaba, no acabo de precisar en cuál de los dos estados fueron proferidas, las miro otra vez pero con interrogancia en mi expresión y son ellas las que ahora se han dormido. Prefiero seguir despierto, toca pensar en vez de soñar, en el sueño era un héroe al que se le había encomendado una misión antes de distraerme con otro tema parecido cuando dormía, existió una época en que nadie sentía pánico a superar el cruce de los Pinares de Amurjo, pienso que no hay vuelta atrás cuando imagino llegar, fantasear con la fantasía de atravesar con espíritu bragado las calle de la Rúa, no echarme a temblar sólo con rebasar la vecina población de La Puerta de Segura, llegar al final y ascender al Cerro superando esa tormentosa barra del bar con un grifo de cerveza que un día dejó de funcionar, vuelvo a distraerme en el mismo tema olvidándome de la misión que tenía que superar en el sueño, ahora sí que sí, subir a la biblioteca y robar ese ejemplar casi nuevo de aspecto de El llano en llamas, volver de nuevo con ellas hasta aquí sin estar seguro de nada, la piscina de este hotel nudista se tornaría más poderosa en el tiempo, el lado opuesto al Cerro, el tiempo aquí nunca se detiene, nadie lo altera empalmando días anulando los de en medio, los días son eso días que no hay que tachar, no son más que lo que son, conjuntos de otros pequeños elementos, y a su vez elementos de otros conjuntos más grandes, no merece la pena alterarlos.
El sol no ha salido y la tarde está casi terminando, ahora estamos despiertos los tres, ha sido todo un gozo contar con la silenciosa compañía de mi musa de Cástulo como todos los días de septiembre, creemos que alguien vestido de colegiala está cerca, en la piscina del hotel están prohibidas las prendas, más los cerrados botines, ella sigue ignorando si ha sido vista por los tres, al igual que ellos que no saben si han sido vistos por ella.
Las dos duermen desnudas a mi lado, siguen pasando las ya cortas horas de la tarde en estado nublado, tras la comida la piscina permanece más vacía, los pocos huéspedes lo dedican la siesta, a la lectura o a la reflexión, pensaba que alguien pensaba hacía un momento por mí, en efecto sostengo entre mis manos un ejemplar de Hamlet de William Shakespeare cuya lectura me provoca el contagio del sueño de mis dos compañeras, no entiendo como alguien al que no he visto puede ver lo que hago o pienso, cierro los ojos y sueño, estoy en el Cerro, abajo los Pinares de Amurjo, la cerveza de barril cae sobre el cristal de la copa, ahí la descubro y empiezo a comprender, va vestida como de la colegiala, el paso de los minutos el profundo sueño ha producido una reciprocidad casi simétrica, ignoro si está pendiente de los tres, podía hacernos quizás compañía, buscar una hamaca vacía y acercarla junto a nosotros, seríamos cuatro en lugar de tres, aún así va demasiado vestida, podía empezar desnudando sus piernas de esos botines que oculta toda la piel de sus pies, pero mejor que lo decida ella, sigo durmiendo mientras, sueño que me convierto por los bien recibidos momentos oníricos en un héroe que se enfrenta a una misión nueva encomendada, vuelvo a ver un bar, creo que estoy otra vez en el Cerro, la cerveza no cae, el bar de la barra hacia adentro está como muerto y sin camarero, no se sirven bebidas, tampoco existen, delante de la barra siguen los clientes y parroquianos jugando al dominó imaginando a ese camarero que no está pero que sí lo fue en otra época, ahora su figura humana sería un adorno estructural, sin despertar escucho las voces de otrora solicitando café, sol y sombra, un chato de vino, todo bajo los murmullos en un rincón de la penumbra de aquellos clientes que un día lo fueron y de los que ahora sólo ha quedado su extraña presencia como testigos permanentes de algo que fue y ya no lo es.
¿Se puede pedir algo en el bar?
No, es un bar viejo.
Se conserva limpio, como si todavía estuviese abierto, me apoyo en la barra, en efecto detrás no hay nadie para servir bebidas que también parecen no existir, en ese momento aparece de espaldas delante de mí, es ella, la figura de la colegiala con la que había imaginado fuera del sueño en la hamaca de la piscina con el libro de Hamlet a medio leer, ella simula la lectura de la prensa que también recibe el bar para que la lean los clientes pasando muy rápido las páginas, escucho su respiración, su brazo izquierdo vibra, preferiría despertar y contemplar mis dos acompañantes, decirles de acercarnos a la playa utilizando el acceso directo del hotel, ya completamente despierto las vuelvo a mirar recordando la brevedad del sueño anterior, entraría y no saldría.
No hay nada que tomar en ese bar. Sólo verla a ella. No hay nadie más, los parroquianos sólo suben al Cerro a jugar su partida.
No salgas, permanece en mi interior el tiempo que puedas.
Voces a dúo, son las últimas frases que recuerdo del sueño cuando casi despertaba, no acabo de precisar en cuál de los dos estados fueron proferidas, las miro otra vez pero con interrogancia en mi expresión y son ellas las que ahora se han dormido. Prefiero seguir despierto, toca pensar en vez de soñar, en el sueño era un héroe al que se le había encomendado una misión antes de distraerme con otro tema parecido cuando dormía, existió una época en que nadie sentía pánico a superar el cruce de los Pinares de Amurjo, pienso que no hay vuelta atrás cuando imagino llegar, fantasear con la fantasía de atravesar con espíritu bragado las calle de la Rúa, no echarme a temblar sólo con rebasar la vecina población de La Puerta de Segura, llegar al final y ascender al Cerro superando esa tormentosa barra del bar con un grifo de cerveza que un día dejó de funcionar, vuelvo a distraerme en el mismo tema olvidándome de la misión que tenía que superar en el sueño, ahora sí que sí, subir a la biblioteca y robar ese ejemplar casi nuevo de aspecto de El llano en llamas, volver de nuevo con ellas hasta aquí sin estar seguro de nada, la piscina de este hotel nudista se tornaría más poderosa en el tiempo, el lado opuesto al Cerro, el tiempo aquí nunca se detiene, nadie lo altera empalmando días anulando los de en medio, los días son eso días que no hay que tachar, no son más que lo que son, conjuntos de otros pequeños elementos, y a su vez elementos de otros conjuntos más grandes, no merece la pena alterarlos.
El sol no ha salido y la tarde está casi terminando, ahora estamos despiertos los tres, ha sido todo un gozo contar con la silenciosa compañía de mi musa de Cástulo como todos los días de septiembre, creemos que alguien vestido de colegiala está cerca, en la piscina del hotel están prohibidas las prendas, más los cerrados botines, ella sigue ignorando si ha sido vista por los tres, al igual que ellos que no saben si han sido vistos por ella.
Ha llegado la hora
Ha llegado la hora de que no cambies de acera cuando nos vayamos a cruzar o desayune en las mesas de la terraza, es un tiempo que ha quedado obsoleto el darme ese ficticio “me alegro de verte” cuando no había burladero en la fachada junto a la acera, todo tiene algo más, quizás lo mejor sea que rompamos de forma oficial, que dejemos de ser amigos, no nos conocemos, así no provocaré que recorras más metros para evitar verme, saludarme y podrás ahorrarte las pilas cuando le des al play para repetir la misma frase de tu alegría al contemplar mi presencia.
En un semáforo de peatones, no existe burladero en la Plaza de la Concordia, solución, hacerse el remolón para evitar la comunicación, retrasar los pasos, miro hacia atrás y la veo lejos, ha conseguido su objetivo, que yo me adelante a suficiente distancia para evitarnos.
España, sol, toros, guitarras, vino ¿y los humoristas dónde están? Primero una carta de cuernos, la vida literaria no escarmienta. Segundo un tren, seguro que expreso con compartimentos donde las vidas ajenas son compartidas en un pequeño habitáculo, los cuernos vuelven de regreso a mi mente, otro libro, otra historia, matar a la mujer del otro, Extraños en un tren pero no es el caso, aunque asome la nariz un policía de la secreta, no me desvío de la novela de Eduardo Mendoza Riña de Gatos - Madrid 1936, no lo merece, más cuando en este primer capítulo viajamos por una vía por la que sí circulan los trenes con las cantinas en las estaciones de parroquia real, todo se me vuelve extraño, un viajero de tren en sentido literal, el viaje del protagonista parece onírico, líneas de trenes reales y completas donde no falta de nada, con sus relojes colgados donde siempre tuvieron que estar, con sus viajeros, con sus maletas, con el humo de las locomotoras, con sus posibles carteristas, incluso con cartas escritas a mano que regresan a su origen en dirección contraria y por el mismo camino que antes vino su redactor, la anormalidad de viajar en tren, que realmente exista el tren, que otros protagonistas sean tus compañeros de viaje y las estaciones sean estaciones, no entiendo nada, de momento nada que ver con vivir despierto por esa vía sin trenes camino de Cástulo.
En un semáforo de peatones, no existe burladero en la Plaza de la Concordia, solución, hacerse el remolón para evitar la comunicación, retrasar los pasos, miro hacia atrás y la veo lejos, ha conseguido su objetivo, que yo me adelante a suficiente distancia para evitarnos.
España, sol, toros, guitarras, vino ¿y los humoristas dónde están? Primero una carta de cuernos, la vida literaria no escarmienta. Segundo un tren, seguro que expreso con compartimentos donde las vidas ajenas son compartidas en un pequeño habitáculo, los cuernos vuelven de regreso a mi mente, otro libro, otra historia, matar a la mujer del otro, Extraños en un tren pero no es el caso, aunque asome la nariz un policía de la secreta, no me desvío de la novela de Eduardo Mendoza Riña de Gatos - Madrid 1936, no lo merece, más cuando en este primer capítulo viajamos por una vía por la que sí circulan los trenes con las cantinas en las estaciones de parroquia real, todo se me vuelve extraño, un viajero de tren en sentido literal, el viaje del protagonista parece onírico, líneas de trenes reales y completas donde no falta de nada, con sus relojes colgados donde siempre tuvieron que estar, con sus viajeros, con sus maletas, con el humo de las locomotoras, con sus posibles carteristas, incluso con cartas escritas a mano que regresan a su origen en dirección contraria y por el mismo camino que antes vino su redactor, la anormalidad de viajar en tren, que realmente exista el tren, que otros protagonistas sean tus compañeros de viaje y las estaciones sean estaciones, no entiendo nada, de momento nada que ver con vivir despierto por esa vía sin trenes camino de Cástulo.
Identidad sin imagen
No leo, curioseo títulos, los memorizo y aprendo, el libro será mío si existe fuera de esta entraña donde acabo de entrar en lo prohibido violando intimidades, accidentes casuales mientras me hallo perdido entre dos estanterías de la biblioteca, su imagen está ahí aunque un espejo nunca la devolvería a cualquier ojo humano que se aproximara. Saco la cámara para inmortalizarlo, ignoro si se pueden hacer fotos de tapadillo en la biblioteca y más contra la identidad sin imagen de alguien conocido, fotografiar papelitos roza lo absurdo pienso. Como no me conformo con la ausencia de su rostro me llevo ese viejo papel como recuerdo en el que aparecen su nombre y apellidos, también una fecha que me hace elucubrar sobre si este escritor goza admirando lectores gratuitos que seguramente devolverán sus libros antes de la fecha indicada en otro papel a estas ocultas estanterías, ignorando al que abona religiosamente el precio de sus libros quedándoselos para sí como derecho ganado y reconocido. Lectores de balde, lectores que nunca alterarán el pensamiento o lectura de otros lectores, pretender convertirlos en marionetas o maniquís de moda animados, pensar por ellos, tres libros de Alberto Olmos sacados de la biblioteca en la misma jornada, Tatami, Trenes hacia Tokio y otro que no recuerdo el título ahora, ¿dónde he metido el papel que me guardé e inmortalicé con mi cámara de fotos en secreto oculto entre las dos estanterías? Lectores de gorra que no quieren que algunos lean lo que quieren leer y que otros no escriban lo que les plazca, prefiere que siga haciendo fotos, todavía disfruto a escondidas más de las letras que de las imágenes, bien por Alberto Olmos, sus mejores lectores disfrutan gratis de su obra y trabajo. Hoy sin ponerle cara a la identidad del papelito lo imagino sentado en el suelo en la parte más sombría de la biblioteca leyendo a Philip Roth.
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